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Wednesday, April 23, 2025

Bryn Terfel: "Estoy cruzando los dedos para debutar en México"

Foto: Mitchel Jenkins / DG

José Noé Mercado

Un antojito mexicano y una cancelación de último momento marcaron el primer intento de Sir Bryn Terfel por debutar en tierras aztecas, en 2024. “Una hora antes de la función, estaba sentado comiendo una quesadilla y casi me atraganto cuando me dijeron que el concierto en Bellas Artes no se realizaría”, recuerda el bajo-barítono galés, cuya voz ha resonado en los escenarios más prestigiosos del mundo durante tres décadas. Este 27 de mayo próximo, Terfel se presentará finalmente en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Minería bajo la dirección de Roberto Kalb. En una conferencia de prensa vía Zoom desde Escocia, este 22 de abril el cantante conversó con medios de comunicación mexicanos, incluido sobre el programa ecléctico que interpretará en su debut mexicano, sus inicios mozartianos, la crisis global de las artes y su amor por el guacamole que, asegura, es “muy bueno para la voz”. “Estoy emocionado y ansioso por conocer al público mexicano”, dice Terfel, con la calidez de quien se prepara ..para un encuentro largamente pospuesto. El concierto incluirá piezas que abarcan desde fragmentos wagnerianos de Die Wälkure y Die Meistersinger von Nürnberg, hasta canciones celtas como ‘Loch Lomond’, ‘Danny Boy’ y ‘Ar hyd y nos’, además de hits de musicales como ‘Si yo fuera rico’ de El violinista en el tejado de Jerry Bock. 

“Es un programa que refleja mi trayectoria, una biografía musical que ha ido de Mozart a Strauss, Rossini, Donizetti, Schumann, Pfitzner, Brahms y Puccini. Mirar atrás es un ejercicio nostálgico, pero también una celebración de contar historias a través de la música”, expresó el artista. Para estructurar sus recitales, Terfel toma inspiración de un grande: “Siempre sigo la fórmula de José Carreras: ocho piezas por mitad, con pausas y momentos hablados que dan unos 45 minutos. Es uno de los mejores timings para un concierto”. Su selección incluye pasajes operísticos que domina con maestría como la “Despedida de Wotan” con la música del fuego mágico o el ‘Te Deum’ de Tosca de Puccini, pero también canciones celtas y de musicales que conectan con el público. “La orquesta tiene su propio desafío, y yo elijo piezas donde ambos podamos brillar”. Esa versatilidad tiene raíces en su Gales natal, donde la ópera y los musicales convivían en su juventud. “Mi primera experiencia fue en la escuela, cantando ‘Libera me’ del Requiem de Gabriel Fauré. Su estilo vocal me marcó profundamente. Además, crecíamos escuchando a gigantes como Geraint Evans y Gwyneth Jones, lo que despertó mi interés por la ópera.” Los musicales también dejaron huella: “Veía en la televisión El violinista en el tejado con Chaim Topol cada Navidad. Su carisma me inspiró a querer ser como él”.

Los roles mozartianos fueron un pilar en sus inicios. “Cuando comencé, Mozart era la llamada para los cantantes jóvenes. En 1998 canté mi primer Figaro en Hamburgo, y ese fue el arranque de mi carrera europea. Luego vinieron debuts en la Scala, el Met, París y Londres. Figaro, Masetto, Leporello, el Conde, Guglielmo. En ese entonces, era joven e imparable. Mozart me quedaba muy cómodo. Papageno me faltó; espero no ser demasiado viejo para cantarlo algún día. El próximo año, eso sí, haré Don Alfonso. Mozart es un proceso continuo”. Terfel también reflexionó sobre el presente de la ópera. “Acabo de cantar Tosca en el Met, y se vendió todo. Había muchos jóvenes en el teatro, atraídos por una Tosca magnífica como Sondra Radvanovsky. Esta generación tiene cantantes sorprendentes: Nadine Sierra, por ejemplo, con quien canté L’elisir d’amore en Viena junto a Xabier Anduaga y Javier Camarena. Hay nuevas voces y producciones que mantienen vivo el interés. La ópera está en un buen momento y seguirá presente”.

El también Embajador de la Música en Gales aún no ha trabajado con la Orquesta Sinfónica de Minería ni con el maestro Kalb, pero su confianza en lo bien que saldrá el concierto es absoluta. “No necesitamos conocernos antes. Subimos al escenario preparados. Conozco la historia de Minería y sus colaboraciones con artistas como Diana Damrau y Nadine Sierra. Será un honor unirme a esa lista”. Sobre la cancelación de 2024 en Bellas Artes, al margen de la anécdota de la quesadilla, Terfel dijo comprenderla. Fueron razones sindicales de los grupos artísticos del teatro. “No es la primera ni la última vez que pasa en el mundo. He visto cancelaciones en París, Londres o Escocia por cuestiones sindicales u otros imprevistos, sin contar las veces que nosotros mismos cancelamos por enfermedad”.

Aquella vez fue una lástima, pues en los dos días que tuvo de ensayos, el intérprete “estaba cantando como un dios. El guacamole que comí esos días fue muy bueno para mi voz. Espero repetir la experiencia y que esta vez el concierto sí se dé”. Más allá de la ópera, Terfel expresó su preocupación por la crisis de las artes. “No quiero abrir la caja de Pandora, pero en Gales estamos pasando momentos muy difíciles: perdemos programas musicales en universidades y escuelas, los coros se reducen a 20 integrantes, y las orquestas están luchando por sobrevivir los próximos años”. Esta crisis, sin embargo, trasciende geografías. “La música está arrodillada en muchos lugares, al menos es así en Gales, pero debemos luchar. Como Embajador de la Música en Gales y el segundo en recibir la Medalla de la Reina tras Charles Mackerras, siento esa responsabilidad. Si no lo hago yo, ¿entonces quién lo hará? Los gobiernos deben ver el impacto del teatro y la música en la economía y la sociedad. ¿Qué está pasando en el mundo? Algo tendría que cambiar”.Wagner, un pilar y atractivo en su carrera, también tuvo su espacio en este encuentro con el intérprete. “Cantar mi primer ciclo de Der Ring des Nibelungen fue asumir el manto de grandes cantantes del rol de Wotan, como James Morris y John Tomlinson, quienes lo habían abordado por dos décadas. Además, fue fantástico, bajo la batuta de Antonio Pappano. Fue un brinco a las aguas wagnerianas, a veces turbulentas, que me exigían dejar la ligereza de Mozart para sumergirme en un reto vocal y dramático distinto”.

Finalmente, Terfel habló de su evolución como intérprete y las diferencias musicales entre enfrentar una ópera integral o solo sus fragmentos estelares en un concierto. “En estos últimos, rezo por estar saludable y lograr que la voz funcione en un programa expansivo. Somos contadores de historias, y si no puedes transmitir el mensaje en diferentes idiomas y libretos, es mejor dejar el escenario de inmediato. Ahora, a punto de cumplir 60 años, prefiero los conciertos a las óperas completas. Es un cambio natural, quizá debido a la edad”. Con esa reflexión final, el galés se prepara para venir a México. “Estoy cruzando los dedos para debutar en México”, concluye, con la esperanza de que su voz, alimentada por guacamole y cargada de historias, resuene en la Sala Nezahualcóyotl como lo ha hecho en el mundo.

Tuesday, June 6, 2023

Renée Fleming: Greatest Moments at The Met CD

Lloyd Schwartz

Renée Fleming: Greatest Moments at the Met (2-CD) Compositores: Varios.  Artistas: Renée Fleming, Cecilia Bartoli, Susan Graham, Dmitri Hvorostovsky, Samuel Ramey, Bryn Terfel, Metropolitan Opera Orchestra & Chorus Directores: Varios.  Numero de discos: 2 Sello: Decca Classics Fecha de lanzamiento: enero 13, 2023

Esta grabación contiene extractos de la mayoría de los 26 roles de Fleming en el Metropolitan de Nueva York. Las grabaciones de estudio de Fleming siempre han capturado su hermosa voz, pero estas grabaciones en vivo demuestran su magia en el escenario. Durante más de 30 años, la soprano Renee Fleming ha sido una gran estrella de la Ópera Metropolitana donde ha cantado cerca de 300 actuaciones en seis idiomas diferentes. Pero, aunque ha hecho muchas grabaciones, pocas de sus presentaciones en vivo han sido lanzadas al mercado. Este año el sello Decca ha publicado un CD de doble de Fleming cantando en vivo en ese escenario. Junto con Yo-Yo Ma, la soprano Renee Fleming puede ser un de las intérpretes de música clásica más querida en su país. Ella no es solo una glamorosa estrella de ópera con una de las voces más hermosas jamás grabadas, sino que fue la cantante elegida para la primera ceremonia inaugural del presidente Obama, para la ceremonia en la zona cero del World Trade Center justo después de los ataques del 11 de septiembre e incluso para cantar en el Super Bowl. Recibió la Medalla Nacional de Honor y apareció como invitada en Wait Wait... Don't Tell Me. Ella es ese tipo de artista, una diva que también tiene los pies sobre la tierra. También es una estrella discográfica ganadora de un Grammy. Pero pocas de sus presentaciones en vivo, que a menudo dicen más sobre un artista que las grabaciones de estudio fabricadas, han sido lanzada al mercado alguna vez. Ahora, esencialmente se ha retirado del escenario de la ópera. Y en homenaje a su larga carrera, Decca Records ha lanzado un disco doble con extractos de la mayoría de sus 26 diferentes papeles en el Met. La ópera "Rusalka" de Dvorak en checo debe haber sido montada especialmente para darle a Fleming la oportunidad de cantar su aria más famosa. Esta ópera es la historia de una ninfa del bosque, Rusalka, que se enamora trágicamente de un ser humano. Ella cantándole a la luna era una de sus arias más emblemáticas. Se podría describir la voz de Fleming como una combinación de oro y seda. Ella sobresale en el repertorio que le permite tejer interminablemente largas líneas que uno desearía que duraran para siempre. Pero también es excelente en los brillantes trinos y giros de compositores pasados como Handel y Bellini y los ritmos propulsores de Verdi. Fleming es también una de nuestras cantantes de Mozart más conmovedoras e ingeniosas. No sorprende que hiciera su debut en el Met en "Las bodas de Fígaro" de Mozart, la ópera más humana jamás escrita. Pero quizás la actuación más sublime de Fleming en estos nuevos discos es el aria de una ópera con la que nunca se presentó, y la cantó en la gala que celebraba el 125 aniversario del Metropolitan Opera con la magnífica Orquesta del Met dirigida por James Levine. Esta aria es la de "Cancion de Marietta", una aria de amor perdido de la ópera "Die Tote Stadt", "La Ciudad Muerta" de Erich Wolfgang Korngold, un compositor probablemente más conocido por sus numerosas partituras cinematográficas que por sus grandes óperas. Renee Fleming comparte con impresionantes coprotagonistas en este álbum: como la mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli, la mezzosoprano estadounidense Susan Graham, el difunto barítono ruso Dmitri Hvorostovsky y los barítonos estadounidenses Samuel Ramey y Nathan Gunn. Todas las arias y escenas de esta grabación se interpretaron entre 1989 y 2010, y Fleming tiene una voz espectacular. Mi única queja es que en el paquete discos no se proporcionan textos ni traducciones. Las grabaciones de estudio de Fleming siempre han capturado la belleza de su canto. Pero estas grabaciones en vivo demuestran que fuera del estudio y en un escenario real, ella podría ser igual de mágica o incluso más.

*El poeta estadounidense Lloyd Schwartz enseña en el programa MFA de escritura creativa en la Universidad de Massachusetts, Boston. Es editor sénior de música clásica para la revista en línea New York Arts, además de ser crítico musical para la estación de radio NPR National Public Radio. Fue editor de música clásica del desaparecido periódico The Boston Phoenix. En 1994, recibió el prestigioso premio Pulitzer por su labor como crítico.

 

Saturday, November 18, 2017

Falstaff en Paris

Foto © Sébastien Mathé / OnP

Luis Gutiérrez Ruvalcaba


La Opéra National de Paris decidió reponer la producción de Falstaff puesta en escena originalmente por Dominique Pitoiset en 1999. Desde 1999 estaba de moda entre los directores de escena modificar la época y lugar de la acción de las óperas. Pitoiset desplaza la acción del siglo XIV a la primera década del siglo pasado, pero afortunadamente mantiene Windsor como localidad en la que se desarrolla la acción. La escenografía, diseñada por Alexandre Beliaev, tiene como elemento ancla una pared de ladrillo ubicada al fondo del escenario y deslizable trasversalmente al mismo. El empleo de la utilería es muy importante, pues ello permite caracterizar sin problema los espacios interiores, tales como la posada y los aposentos de Alice Ford. Un fonógrafo primitivo, en el que Alice colocará un disco que interpreta los acordes de laúd al recibir a Sir John, y un automóvil de época en el que Bardolfo y Pistola abandonan la escena al final del segundo acto, son elementos que permiten fijar la acción en los 1900’s. El parque de Windsor, y especialmente el gran roble, se caracterizan nítidamente mediante la iluminación, diseñada por Philippe Albaric. Por cierto, éste último tiene un toque de virtuosismo artístico al desplazar continua y suavemente, en coordinación perfecta con la música, un haz de luz, iluminando a Ford cuando canta “È sogno? o realtà?” hasta dejarlo en la penumbra al concentrar el haz de luz en la gran cornamenta de un trofeo que adorna la sala de la posada, en forma absolutamente simultánea con la melodía que interpretan los cornos acompañando el final del aria. El vestuario diseñado por Elena Rivkina es elegante y acorde con la época y clases sociales de los personajes. En mi opinión, la producción de Pitoiset trabaja bien con la ópera, aunque no veo razón de actualizar la época planteada por Verdi, Boito y, sí, Shakespeare. Bryn Terfel cantó y personificó un grandioso Sir John Falstaff. Su voz siempre me ha parecido hermosa y flexible, aunque de repente evita emitir ciertas notas agudas, como en “Te lo cornifico, netto!”, lo que resuelve con creces dada su gran musicalidad. Sus solos fueron magníficos, destacando el famosísimo “Quand’ero paggio del Duca di Norfolk”, como lo fueron frases sueltas como “Vado a farmi bello” o “Va, Vecchio John”. Resolvió con elegancia y sencillez el problema de los trinos del inicio del acto III, cosa no simple en verdad. Como actor es casi insuperable en este papel; se divierte y divierte a sus colegas en el escenario y, por supuesto, al público. Aleksandra Kurzak me sorprendió muy gratamente como Alice Ford. Su voz es fresca y no tuvo problemas con su parte musical, logrando imprimirle esa intención que Verdi exigía cuando dijo, más o menos, “después de Falstaff, Alice es el personaje más importante pues, aunque su música es fácil, debe comportarse como si tuviera el diablo en el cuerpo pues es la que lidera toda la trama”. Como actriz estuvo a la altura de quien la cortejó. Franco Vasallo tuvo también una excelente noche como Ford, tanto musical como actoralmente. Cantó su solo espléndidamente y su pedantería fue ejemplar durante la “boda” de Cajus y Bardolfo, asimismo no escatimó esfuerzo al buscar a Falstaff aún en los cajoncitos del secreter del aposento de su esposa. La armenia Varduhi Abrahamyan fue una bien actuada Quickly, desgraciadamente tuvo muchos problemas musicales, pues sus malos agudos y graves débiles fueron notables. Verdi recurrió a la narración de hechos conocidos, lo que Wagner usó en muchas ocasiones, solamente cuando Quickly cuenta a las otras comadres su visita a Falstaff, pues “necesitó” realzar las características vocales de la creadora del papel, Giuseppina Pasqua; de haberse tratado la señora Abrahamyan no hubiera compuesto la narración. Francesco Demuro fue un muy buen Fenton vocalmente. El soneto del tercer acto fue declamado con una gran belleza y sus mini duetos con Nannetta siempre lograron convencerme. Julie Fuchs confirmó mis expectativas positivas. Su entrada como Reina de las Hadas fue espectacular vocalmente y su presencia e interpretación escénica fueron impecables durante toda la ópera. Un de los momentos que espero con fruición cada vez que asisto a esta ópera es los versos de Fenton y Nannetta extraídos del Decameron: “Bocca baciata non perde ventura” exclama él y ella responde “Anzi rinova come fa la luna”; esto sucede, afortunadamente tres ocasiones y esta noche no hubo un solo defecto al producirlos. Julie Pasturaud como Meg, Graham Clark como Cajus, Rodolphe Briand como Bardolfo y Thomas Dear como Pistola lograron interpretaciones vocal y dramática bien por arriba del promedio. Fabio Luisi realizó una lectura nítida y elegante de la partitura al dirigir solistas y al Coro, tan importante en el tercer acto, dirigido por José Luis Basso, y la Orquesta de la Opéra National de Paris tuvieron una actuación muy sólida y hermosa. En resumen, hoy asistí a una gran función de Falstaff en la que el Falstaff de Terfel lideró una gran interpretación de todo el reparto, casi todo.

Monday, December 21, 2015

Splendours and errors: « La Damnation de Faust » at the Opéra de Paris

Photo Felipe Sanguinetti

Suzanne Daumann

Alvis Hermanis’ staging is splendid to watch, but a tad overloaded. The background projection of very big, very beautiful video images would have been sufficient to underline the stage director’s ideas, without adding crowds of dancers, humans in cages, props and plants… It is an interesting idea to transpose the Faust legend into our time and to compare the character of Faust to Stephen Hawking, but does it really work? In the story , the old scientist Faust is tired  of life. Mephisto appears and promises him youth and joy of life. He takes Faust on a trip and shows him the lovely Marguerite. Faust wants her, seduces her and abandons her.  Marguerite is taken to jail for having poisoned her mother and condemned to death. Faust gives up his soul to Mephisto in order to save her from hell. So Faust is supposed to be Stephen Hawking, and in a certain way the entire humankind, who, having made its planet impossible to live on, sets out to colonize Mars. Its Marguerite? Its condemnation ? Not to be found in this chaos of dances and videos. Maybe stage directors with huge ideas like this should write their own pieces, instead of trying to fit their ideas onto existent ones. The staging is beautiful to see in a way, quite musical, following the score even color-wise, but the overload of images, people, dancers, suggestions ends up tiring the eye and also the mind. One wonders how the singers can concentrate on the job at hand, in the middle of this beautiful chaos; especially since the characters don’t seem to have made the object of much psychological exploration. At least the singers are not called upon to do all kinds of strange things while singing. Musical splendor throughout:  the Orchestra and Choir of the Paris Opera, conducted by Philippe Jordan, interpret Berlioz’ sublime score with finesse and deep understanding. They seem to cover Faust a bit in the beginning, until the balance is found. Knowing Jonas Kaufmann’s extraordinary abilities however, one wonders is this is not happening on purpose. For Kaufmann seems drab and withdrawn at first, before he uncovers, in the first call of “Margarita!”, the splendour of his voice. From then, he is just sublime in the arias, captivating as a fine actor in such a discreet and flat character as this Faust. Sophie Koch is Marguerite, touching and convincing with her warm and generous voice. The aria « D’amour l’ardente flamme… » is a moment of utter grace, she sings it with such abandon, and now the staging joins the music, colors, movements, forms – now it becomes one. Just for this moment, alas. Bryn Terfel is an ideal Méphisto with his joviality that hides the diabolical purpose. And the three voices blend together just marvellously in the ensembles. In the end we leave the concert hall elated by the music, and slightly tormented by unanswered questions.  A pity, this could have been perfect. 

Splendeurs et erreurs : La Damnation de Faust à l’Opéra de Paris

Foto: Felipe Sanguinetti / OP

Suzanne Dauman

La mise en scène de cette nouvelle production de l’Opéra de Paris, signée Alvis Hermanis, est splendide à regarder, quoique quelque peu surchargée. La projection vidéo, en arrière-plan et en très très grand, d’images souvent somptueuses aurait suffi à souligner les propos du réalisateur. Les propos du réalisateur ? L’idée de transposer la légende de Faust dans notre temps et de comparer le personnage de Faust à Stephen Hawking est intéressante, mais est-ce qu’elle fonctionne jusqu’au bout ? Dans la légende, Faust, savant vieux et désabusé, veut retrouver jeunesse et joie de vivre. Méphisto lui promet cela et l’emmène en voyage. Faust séduit  l’innocente Marguerite, et l’abandonne ensuite. Marguerite est poursuivie pour matricide. Faust donne alors son âme pour lui sauver la sienne. Faust donc égal à Stephen Hawking, et en quelque sorte l’humanité toute entière qui, ayant rendu quasi inhabitable sa planète, envisage de coloniser Mars. Sa Marguerite ? Sa condamnation ? Pas vues dans ce fatras de danses et projections vidéo. Peut-être vaudrait-il mieux que les metteurs en scène avec des idées si poussées écrivent des pièces à part entière, au lieu de vouloir à tout prix les faire coïncider avec un texte donné. Splendeur visuelle donc, une mise en scène musicale qui suit la partition jusque dans le choix des couleurs – mais surchargée d’images, de personnages, de suggestions, fatigante pour l’œil,  et à la longue pour l’esprit. L’on se demande comment les chanteurs peuvent se concentrer et s’épanouir au milieu de ce beau chaos, d’autant plus que la psychologie des personnages ne semble pas intéresser le metteur en scène. Au moins, ainsi, les chanteurs ne sont pas obligés de faire toutes sortes de choses étranges tout en chantant. Splendeur musicale sans équivoque : l’Orchestre de l’Opéra National de Paris sous la baguette de Philippe Jordan sert la sublime partition avec finesse, tout comme le Chœur. Ils couvrent un peu Faust au début, jusqu’à ce que l’équilibre soit trouvé. Connaissant les qualités de Jonas Kaufmann, qui donc est Faust ce soir, l’on peut se demander d’ailleurs si cet effet n’est pas voulu. Car Kaufmann semble terne et effacé tout au long de la première partie, avant de dévoiler avec son premier « Margarita ! » tout l’éclat de sa voix, et à partir de là, il est simplement sublime dans ses airs, captivant et fin acteur dans la discrétion d’un personnage sans beaucoup de relief. Sophie Koch incarne Marguerite, très touchante et convaincante avec sa voix chaude et ample. Son air « D’amour l’ardente flamme… » est un instant de grâce totale, d’autant plus qu’ici, la mise en scène rejoint la musique, formes, couleurs, mouvements – ici, c’est un tout. Seulement pour ce moment, hélas… Bryn Terfel est un Méphisto de rêve avec sa bonhomie doublée de perfidie diabolique. Les trois voix sont merveilleuses aussi dans les ensembles. Ainsi, l’on sort de la salle, le cœur en joie par la musique, l’esprit tourmenté par des questions. Dommage, cela aurait pu être parfait. 

Sunday, March 17, 2013

El Holandés Errante de Wagner – Teatro alla Scala de Milán

 
Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano
 
Massimo Viazzo
 
Der Flegende  Holländer, la segunda entrega del año wagneriano en el Teatro alla Scala de Milán, después del magnifico Lohengrin inaugural, tuvo un éxito parcial.  Bryn Terfel realizó un Holländer escénicamente carismático, de desbordante presencia, pero demasiado muscular y con una emisión vocal forzada en ocasiones y un fraseo poco inclinado hacia la suavidad.  Por el contrario, la Senta de Anja Kampe fue calida y apasionada.  La voz de la soprano alemana vibró y conmovió, y su imperiosa y alucinada Balada permaneció como uno de los mejores momentos del espectáculo.  Más ordinario, pero incisivo fue el Daland de Ain Anger, mientras que Klaus Florian Vogt delineó un Erik con buena intención interpretativa y musicalidad, aunque su voz sonó un poco palida en el timbre y perdió consistencia en el registro mas agudo. Completaron el elenco el Stuermann de Dominik Wortig, quien se encontró en dificultades en las notas altas, mientras que Rosalind Plowright vistió el papel de una Marie anónima.  Harmut Haenchen dirigió de modo genérico, con algún desequilibrio entre las cuerdas y los metales, y con un paso teatral un poco descolorido, fruto quizás de una concertacion no muy precisa. Al final, además de mencionar la optima prueba del Coro del Teatro alla Scala dirigido por Bruno Casoni, llegamos a la parte mas problemática del espectáculo, que fue la dirección escénica de Andreas Homoki, que fue protestada por el publico. El director alemán, realizó una ambientación claustrofobia en la que el mar fue solo evocado por algunos cuadros y algunos mapas y situó la acción en la oficina de una empresa naviera.  Nada marinero, y los todos empleados que dependían del manager Daland que se movían de manera monótona en una plataforma que giraba en torno a un gran rectángulo de madera hicieron un espectáculo poco poético, y sobretodo carente de magia y de misterio

Friday, March 15, 2013

Der Flegende Holländer - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano
 
Massimo Viazzo
 
Der Flegende  Holländer, secondo appuntamento dell’anno wagneriano al Teatro alla Scala di Milano, dopo il magnifico Lohengrin inaugurale, ha avuto un esito interlocutorio.  Bryn Terfel realizzava un Holländer carismatico scenicamente, di debordante presenza, ma un po’ troppo muscolare, con una emissione vocale che pareva a volte forzata ed un fraseggio poco incline a morbidezze. Per contro la Senta di Anja Kampe era calda e appassionata. La voce del soprano tedesco vibrava e sapeva commuovere, e la sua imperiosa e allucinata Ballata restava uno dei migliori momenti dello spettacolo. Più ordinario ma comunque incisivo il Daland di Ain Anger, mentre Klaus Florian Vogt tratteggiava un Erik con buone intenzioni interpretative e musicalità, ma la sua voce suonava timbricamente un po’ sbiancata e perdeva un po’ di consistenza nel registro più acuto. Completavano il cast lo Steuermann di Dominik Wortig, un po’ in difficoltà in alto, mentre Rosalind Plowright vestiva i panni di una Marie un po’ anonima. Hartmut Haenchen dirigeva in modo un po’ generico, con qualche disequilibrio tra archi e fiati, e con passo teatrale in po’ smorto, frutto forse di una concertazione non precisissima. Detto, infine, dell’ottima prova del Coro del Teatro alla Scala diretto da Bruno Casoni veniamo alla parte più problematica dello spettacolo: la regia di Andreas Homoki, regia contestata vivacemente dal pubblico. Il regista tedesco, infatti, con una ambientazione claustrofobica, nella quale il mare era solo evocato da qualche quadro e da qualche cartina geografica, ambientava l’azione negli uffici di una compagnia di navigazione. Niente marinai, e niente filatrici, dunque, ma tutti impiegati alle dipendenze del manager Daland, che agivano un po’ monotonamente attorno a una pedana girevole attorno ad un grande parallelepipedo ligneo, per uno spettacolo poco poetico e, soprattutto, senza magia né mistero.

Monday, October 18, 2010

Inauguración de la Temporada 2010-2011 de la Orquesta Sinfónica de Boston dirigida por James Levine

Foto: Michael J. Lutch

Lloyd Schwarz

¡Volvió James Levine! para dirigir a la Orquesta Sinfónica de Boston (BSO).
James Levine, el celebre director de dos reconocidas instituciones a nivel mundial de música clásica como: el Metropolitan Opera, compañía con la que celebra su 40 aniversario, y la Orquesta Sinfónica de Boston (BSO), en la cual esta iniciando su sexta temporada, esta de regreso después de una operación que lo había mantenido alejado del podio desde el mes de abril. Levine dirigió un elegantemente planeado concierto para la inauguración de la temporada de la BSO, un concierto que nadie mas que el podría haber planeado y ejecutado con tanta maestría; serio y ambicioso y breve pero extremadamente satisfactorio. Levine nos ofreció un programa de opera, actividad por la que es mas conocido, en un programa dedicado a Wagner. El invitado fue un reconocido interprete wagneriano, el bajo-barítono gales Bryn Terfel en tres importantes arias que iniciaron o concluyeron con música orquesta de esas operas. Levine dio inicio con el preludio de celebración de Die Meistersinger von Nürnberg intensa música de entrada, la cual después de un enfangado inicio (mas difícil escuchar las cuerdas que los metales) se incremento en momentum y alegría. Después Terfel cantó el meditativo monologo de Hans Sachs con dignidad interior y consideración. Levine es ciertamente uno de los mas sensibles y comprensivos directores de opera, y su ejecución tuvo una radiante transparencia.
De esta tranquilidad pasamos a la vigorosa “Cabalgata de las Valquirias” de Die Walküre, con ocho maravillosas trompetas que señalaban el arribó de las semidiosas con un Levine definiendo el ritmo de manera incisiva. Así como el famoso tema de las Valquirias pasó de los cornos a los trombones, las valquirias parecieron acercarse más y más. Esta no fue solo cualquier pieza orquestal. Como en el preludio de Meistersinger fue una verdadera historia contada. Terfel, interpretó la conmovedora despedida de Wotan a Brünnhilde. Despues, Terfel se volteo de frente a la orquesta mientras Levine nos rodeó con sublime “Música de fuego mágico” La obertura de Der fliegende Holländer fue muy dramática y la impresionante interpretación de Terfel del atormentado monologo del Holandés hizo que el teatro explotara en aplausos. Al final volvió para un bis, que fue la tierna plegaria de Wolfram a la “estrella nocturna” de Tannhäuser, una de las versiones mas encantadores que haya yo escuchado, y que termino el concierto con un exquisito pianissimo.