Showing posts with label Alvis Hermanis. Show all posts
Showing posts with label Alvis Hermanis. Show all posts

Wednesday, January 4, 2017

Madama Butterfly en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

En esta ocasión Riccardo Chailly  propuso una opera pucciniana en la Scala,  teatro del cual es el director principal, y su elección fue una versión no esperada. La ópera que inauguró la nueva temporada fue Madama Butterfly, y la versión fue la de su estreno mundial en 1904, versión que el propio Puccini reelaboró inmediatamente después de haber visto el  funesto resultado de su première scaligera.  La reconstrucción filológica fue curada por Julian Smith para la Casa Ricordi de Milán después de trabajar minuciosamente sobre las fuentes.  No es este el momento para juzgar cual es la mejor Butterfly posible, si precisamente aquella de 1904 silbada en la Scala o la que retocó inmediatamente el compositor para los teatros de Brescia, Turín, Londres y Paris (las modificaciones principales tienen que ver principalmente con cambios en algunas partes melódicas, algunos cortes para hacer más agiles algunas escenas, el aumento de la celebérrima aria del tenor del último acto“Addio fiorito asil”, como también la subdivisión en tres y no más en dos actos); lo cierto es que la dirección artística  del Teatro alla Scala le dio a los apasionados, la rarísima posibilidad de escuchar la primera composición de una de las más aclamadas obras maestras del compositor toscano. Esta es sin duda, una operación meritoria.  Chailly quiso enérgicamente esta Ur-Butterfly, y ha fue justo él, el protagonista absoluto de la velada.  La suya fue una dirección nada fingida o sentimental, siempre muy atenta al detalle sin perder nunca de vista la visión del conjunto.  La Orquesta del Teatro alla Scala sonó de manera magnifica, con transparencia y extrema claridad restituyendo la trama musical y con un buen paso teatral.  Lamentablemente desde el punto de vista visual pareció demasiado disminuido. Alvis Hermanis ilustró más que hacer dirección escénica, diseñando un Japón de cartulina, sin cuidar de manera profunda los movimientos escénicos de los cantantes  a quienes dejó un poco a la deriva.  El debut en el papel principal de María José Siri pareció convincente en general. Su canto seguro y de timbre homogéneo quizás no suscitó el entusiasmo de otros tiempos, pero la soprano sudamericana verdaderamente supo captar de manera eficaz los trazos del carácter de la protagonista yendo vocalmente in crescendo durante el transcurso de la función. Por su parte, fue desilusionante la prueba de Bryan Hymel, cuyo Pinkerton tuvo un peso vocal muy limitado como para electrizar al público, y un timbre que no fue particularmente cautivante.  Al inicio de la ópera, fue despiadada su confrontación con el Goro bien cantado por Carlo Bosi.  Bosi mostró un grato timbre, optima proyección vocal, dicción perfecta, cualidades que desafortunadamente cubrieron el canto de Hymel.  Carlos Álvarez dotó de extrema nobleza al papel de Sharpless, que cantó con envidiable rotundidad de timbre y acento casi perfecto. También la intensa y expresiva Suzuki de Annalisa Stroppa gustó mucho.  También los papeles menores dieron su buena contribución al éxito de un espectáculo que mostró buenas flechas al propio arco.


Madama Butterfly Teatro alla Scala Milano

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Anche questa volta Riccardo Chailly nel proporre un’opera pucciniana alla Scala, di cui è il direttore principale, ha preferito scegliere una versione non scontata. L’opera che ha inaugurato la nuova stagione è stata Madama Butterfly, e la versione scelta quella della prima mondiale del 1904, versione che Puccini stesso rielaborò subito dopo visto l’esito funesto della première scaligera. La  ricostruzione filologica è stata curata da Julian Smith per la Casa Ricordi di Milano dopo un minuzioso lavoro sulle fonti. Non è questa la sede per giudicare quale sia la miglior Butterly possibile, se quella appunto del 1904 fischiata alla Scala o quella ritoccata in seguito dall’autore per i teatri di Brescia, Torino, Londra e Parigi (le modifiche principali riguardarono principalmente cambiamenti in alcune parti melodiche, vari tagli per rendere più agili alcune scene, con l’aggiunta anche della celeberrima aria del tenore nell’ultimo atto “Addio fiorito asil”, nonché la suddivisione in tre e non più in due atti); certo è che la direzione artistica del Teatro alla Scala ha dato agli appassionati la rarissima possibilità di ascoltare la prima stesura di uno dei più acclamati capolavori del compositore toscano. E questa resta senz’altro un’operazione meritevole. Chailly ha fortemente voluto questa Ur-Butterfly, ed è stato proprio lui il protagonista assoluto della serata. Una direzione mai leziosa o sentimentale la sua, sempre attentissima al particolare senza perdere mai di vista la visione di insieme. L’Orchestra del Teatro alla Scala ha suonato magnificamente, con trasparenza ed estrema chiarezza restituendo la trama musicale anche con bel passo teatrale. Purtroppo lo spettacolo dal punto di vista visivo è parso parecchio scontato. Alvis Hermanis ha più illustrato che fatto regia, disegnando un Giappone da cartolina, senza curare in modo approfondito i movimenti scenici dei cantanti, lasciati un po’ troppo a loro stessi. Il debutto nel ruolo del titolo di Maria José Siri è parso convincente nel complesso. Il suo canto sicuro e timbricamente omogeneo forse non ha suscitato entusiasmi d’altri tempi, ma il soprano sudamericano ha certamente saputo cogliere in modo efficace i tratti caratteriali della protagonista andando anche vocalmente in crescendo nel corso della recita. Deludente invece la prova di Bryan Hymel. Il suo Pinkerton aveva un peso vocale troppo limitato per elettrizzare il pubblico e un timbro non particolarmente accattivante. All’inizio dell’opera, impietoso è stato il confronto con il Goro ben cantato da Carlo Bosi. Bosi mostrava bel timbro, proiezione vocale ottimale, dizione perfetta, tutte qualità che latitavano purtroppo nel canto Hymel. Carlos Alvarez ha donato estrema nobiltà al ruolo di Sharpless  cantato con invidiabile rotondità timbrica ed accento pressoché perfetto. Anche l’intensa ed espressiva Suzuki di Annalisa Stroppa è piaciuta molto. Come pure i ruoli minori hanno tutti dato un bel contributo alla riuscita di uno spettacolo che ha palesato diverse buone frecce al proprio arco.

Thursday, October 20, 2016

Das Liebe Der Danae en Salzburgo

Salzburger Festspiele / Ruth Walz

Oxana Arkaeva

En 1944 después del ensayo general Richard Strauss le dijo a los miembros de la Filarmónica de Viena.”Señores, espero que nos veamos en un mundo mejor” Lleno de resignación, el compositor nunca pudo ver esta obra en escenario y en julio de 1944 después del infructuoso intento de asesinato a Hitler, RM Dr Goebbels anunció el estado de guerra y un veto a la vida social.  Fue hasta 1954 cuando Dánae tuvo su estreno en Salzburgo, y su la segunda producción fue en el festival hasta el 2002. La obra final de Strauss presenta un intento del viejo compositor de escapar de la realidad hacia dos mundos místicos basando su opera en dos mitos el de la seducción de Dánae por Júpiter, y la historia del rey midas y su toque dorado.  Buscando contar un alegre cuento milesiano, el director Alvis Hermanis se centró en el triangulo amoroso entre Dánae, Jupiter y Midas. Visualizando la música creó un escenario amplio y uniforme con una escalera grande en el medio, una abertura en la parte trasera del escenario y lo llenó de oro y colores rojos, alfombras orientales, y una mezcla de Jugen Still y proyecciones de estilo oriental (Ines Sipunova), con coloridos y opulentos vestuarios.   El socio musical fue la Filarmónica Estatal de Viena conducida por Franz Welser-Möst, algo distante del escenario, algo evidente antes de la pausa, donde obtuvo un opulento pero dinámicamente incomodo y dominante sonido sinfónico.  Esto pudo haber sido adecuado para la música de Strauss, pero demostró ser injusto hacia los cantantes que fueron cubiertos por la música.  Todo mejoró dramáticamente y se escuchó un sonido casi impresionista y considerado reminiscente de las primeras composiciones de Strauss y el leitmotiv de Wagner.  El elenco merece reconocimiento por hacer que esta difícil composición sonara ligera y fácil.  Krassimira Stoyanova dominó el escenario como Dánae física y vocalmente como una elegante y sensual mujer, plena, elegiaca, de hermosa emisión y fascinantes pianos. Al inicio sacrifico su dicción alemana por la emisión y al final alcanzó un mejor entendimiento del texto, mejorando esta ideal función. Como Júpiter, Tomasz Konieczny dio una memorable actuación con poderosa voz de bajo barítono y perfecta dicción. Convenció como un viejo macho-dios y realizo su parte con facilidad y flexibilidad.  El tercer miembro del triangulo, rey Midas de Gerhard Siegel, fue un firme heldentenor con una cálida media voz y tensas notas altas. Por momento cuando logró abrir la voz se escuchó un grato timbre y una enorme y fácil emisión. Los cuatro reyes fueron cantados por Pavel Kolgatin, Andi Fruh, Ryan Speedo Green, Jongmin Park y las cuatro diosas por Maria Celeng, Olga Besmertna. Michael Selinger y Jennifer Johnston. Norbert Ernst como Mercurio y Wolfgang Ablinger-Sperrhacke como Polux completaron el bueno elenco. Regine Hangler como Xanthe, se mostró nerviosa pero tuvo buena dicción. Trece bailarinas sirvieron como coro antiguo de tragedia griega al interpretar diferentes papeles con diversos vestuarios. Compuesta durante los años más oscuros de la historia europea esta ópera presenta un testimonio musical e ideológico de Strauss.  Su deseo de un mundo mejor se ha cumplido y esperamos que ninguna otra creación teatral tenga que ser prohibida por el motivo que sea.

Sunday, September 18, 2016

Strauss’s Golden Rain in Salzburg “Die Liebe der Danae” at Salzburg Festival

Photo: SF Monika Forster

Oxana Arkaeva

In 1944, after the general rehearsal, Richard Strauss addressed the Vienna Philharmonic Orchestra by saying “Gentlemen, I hope, we will see each other in the better world!”. Full of resignation and Escapism, this great composer would never get a chance to see his opera on stage: on July 29, 1944, after the unsuccessful attempt to assassinate Hitler, RM. Dr. Goebbels announced the total warfare and complete ban on public life. Only in 1954 did “Danae” finally receive its world premiere in Salzburg, followed by the second festival´s production in 2002.

This final oeuvre by Strauss presents an attempt of the aging composer to escape the reality into the world of Mystics by basing his new opera on two ancient myths: Jupiter’s golden rain seduction of Danae and the story of King Midas with his magic golden touch. Pursuing composer’s intention to write a joyful, Milesian tale style opera, the stage director, and designer, Alvis Hermanis, refused to “abuse the piece as a political message” and concentrated his attention on the antique love triangle between Danae, Jupiter, and Midas.

Purely visualizing the music, he created a broad, uniform stage with a big staircase in the middle, a frame-like opening in the wall on the back and furnished it with lots of gold and red colors. Oriental rugs, a mixture of Jugend Still and eastern influenced ornamented video projections (Ineta Sipunova), colorful, opulent costumes (Juozas Statkevičius) and joyful Bollywood like action seemed to underline composer´s initial intentions.

Herman's musical partner on that evening was the State Vienna Philharmonic conducted by Franz Welser-Möst. Somehow appearing to be distant from what was happening on the stage, especially evident before the break, he pulled out an opulent, dynamically cumbersome and dominant, symphonic sound. This might have been to some extent suitable for Strauss’s music, but often proved to be unjust towards singers since they were often covered by the orchestra. The situation has improved dramatically after the break and we experienced almost impressionistic, thoughtful sound, reminiscing Strauss’s early compositions and Wagner’s Leitmotivs.

The singers’ ensemble, built together out of young but internationally well-established musicians, deserves praise for making this complicated score sound light and easy.


Krassimira Stoyanova as Danae dominated the stage physically and vocally from beginning on. We experience an elegant, sensual woman with dance-like movements, full, elegiac and beautiful sound topped by mesmerizing Pianis. At the beginning she sacrificed her German diction for the sound and only after the break, and particularly in the final scene, achieved better text understanding, thus enhancing this ideal performance.

In the role of Jupiter Tomasz Konieczny gave a memorable performance by presenting a powerful bass-baritone and perfect diction. Entering the stage on a giant, papier-mâché white Elephant he gave a convincing portrayal of an aging Macho-God and mastered this extremely high part with easiness and flexibility. His final solo scene marked a musical culmination of the evening, both by the singer and the orchestra.

The third member of love triangle King Midas was sung by Gerhard Siegel. His firm, Helden Tenor, possessed a warm middle voice and strained high notes. At some rare moment, when he achieved to open up, we experienced incredibly beautiful timbre and big, easy sound.

The four Kings sung by Pavel Kolgatin, Andi Früh, Ryan Speedo Green, Jongmin Park as well as four goddesses of Maria Celeng, Olga Besmertna, Michel Selinger and Jenifer Johnston, as well as Norbert Ernst´s Mercury and Wolfgang Ablinger-Sperrhacke´s Pollux, gave a joyful crowd of good singing and acting characters. Regine Hangler as Xanthe sung with edgy soprano and excellent diction. Thirteen female dancers served as mute moving antic Choir of the Greek tragedy by slipping into different roles and costumes hence commenting the story. The smart looking, white donkey Erna shortly stole the show and, suddenly, reminded us of an actual story of Midas as the poor Syrian donkey-driver.


Written during the darkest years of the European history, this opera presents the musical and ideological testimony of Strauss. His wish for the best world has come true, and we can only hope that no other new theater creation ever should experience being isolated or forbidden for political or any other reasons.

Monday, March 7, 2016

I Due Foscari en Milán

Foto: Brescia&Amisano Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

La nueva producción de la Scala de I Due Foscari, titulo verdiano no menor pero que es representado con cierta regularidad en el máximo teatro italiano, no convenció.  El espectáculo firmado por Alvis Hermanis, caracterizado por una escena bastante desnuda  con proyecciones  al fondo que evocaban escenas de Venecia,  así como un grupo de mimos demasiado caricaturescos pareció muy descolorido. Por su parte, la dicción de escena fue inexistente con personajes colocados en escena a su propia suerte.  En este clima grisáceo Placido Domingo impuso su indudable carisma escénico.  El y solo él, magnetizó la atención del público sin importar si su voz posee un timbre uniforme pobre en el registro grave y poco matizado.  El público apreció y reconoció al célebre tenor (ahora barítono) como el más sobresaliente de todos. En términos vocales Francesco Meli fue el mejor en este caso. Su Jacopo Fiesco fue cantado con una grata línea musical sazonada de matices y suavidad.  Quizás Meli carezca de  la capacidad de esculpir mejor la palabra verdiana en las partes declamadas, pero su canto es sin dudas un placer para escuchar. A su vez, la prestación de Anna Pirozzi fue un poco problemática ya que su Lucrezia Contarini no estuvo siempre bien proyectada vocalmente ni estuvo perfecta y en su punto en su registro más agudo.  El resto del elenco se presentó con discreción. La dirección orquestal de Michele Mariotti fue refinada y expresiva y Bruno Casoni y su coro, estuvieron como siempre el pie del cañón. 

I Due Foscari - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia&Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

La nuova produzione scaligera de I Due Foscari, titolo verdiano non certo minore e presente nel massimo teatro italiano con una certa regolarità, non ha convinto. Lo spettacolo firmato da Alvis Hermanis, caratterizzato da una scena abbastanza spoglia con proiezioni veneziane evocative su fondali  e gruppi di mimi spesso troppo macchiettistici, è parso scialbo. La regia è sembrata spesso inesistente con personaggi lasciati in palcoscenico un po’ al loro destino. In questo clima grigiastro Placido Domingo impone ancora una volta il suo indubitabile carisma scenico. E’ lui e solo lui a calamitare l’attenzione del pubblico e poco importa se la sua voce abbia una timbrica uniforme, povera nel registro grave e con un fraseggio poco sfumato. Il pubblico apprezza e decreta al celebre tenore (ora baritono) il successo più grande. Vocalmente parlando è Francesco Meli il migliore in campo. Il suo Jacopo Foscari è cantato con bella linea musicale screziata da sfumature e morbidezze. Forse a Meli manca la capacità di scolpire maggiormente la parola verdiana nelle parti più declamate, ma il suo canto è comunque un piacere all’ascolto. Un po’ problematica, invece, la prestazione di Anna Pirozzi la cui Lucrezia Contarini non è parsa sempre ben proiettata vocalmente e perfettamente a fuoco nel registro più acuto. Discreto il resto del cast e direzione orchestrale di Michele Mariotti ben rifinita ed espressiva. Bruno Casoni e il suo Coro sempre sugli scudi!  

Monday, December 21, 2015

Splendours and errors: « La Damnation de Faust » at the Opéra de Paris

Photo Felipe Sanguinetti

Suzanne Daumann

Alvis Hermanis’ staging is splendid to watch, but a tad overloaded. The background projection of very big, very beautiful video images would have been sufficient to underline the stage director’s ideas, without adding crowds of dancers, humans in cages, props and plants… It is an interesting idea to transpose the Faust legend into our time and to compare the character of Faust to Stephen Hawking, but does it really work? In the story , the old scientist Faust is tired  of life. Mephisto appears and promises him youth and joy of life. He takes Faust on a trip and shows him the lovely Marguerite. Faust wants her, seduces her and abandons her.  Marguerite is taken to jail for having poisoned her mother and condemned to death. Faust gives up his soul to Mephisto in order to save her from hell. So Faust is supposed to be Stephen Hawking, and in a certain way the entire humankind, who, having made its planet impossible to live on, sets out to colonize Mars. Its Marguerite? Its condemnation ? Not to be found in this chaos of dances and videos. Maybe stage directors with huge ideas like this should write their own pieces, instead of trying to fit their ideas onto existent ones. The staging is beautiful to see in a way, quite musical, following the score even color-wise, but the overload of images, people, dancers, suggestions ends up tiring the eye and also the mind. One wonders how the singers can concentrate on the job at hand, in the middle of this beautiful chaos; especially since the characters don’t seem to have made the object of much psychological exploration. At least the singers are not called upon to do all kinds of strange things while singing. Musical splendor throughout:  the Orchestra and Choir of the Paris Opera, conducted by Philippe Jordan, interpret Berlioz’ sublime score with finesse and deep understanding. They seem to cover Faust a bit in the beginning, until the balance is found. Knowing Jonas Kaufmann’s extraordinary abilities however, one wonders is this is not happening on purpose. For Kaufmann seems drab and withdrawn at first, before he uncovers, in the first call of “Margarita!”, the splendour of his voice. From then, he is just sublime in the arias, captivating as a fine actor in such a discreet and flat character as this Faust. Sophie Koch is Marguerite, touching and convincing with her warm and generous voice. The aria « D’amour l’ardente flamme… » is a moment of utter grace, she sings it with such abandon, and now the staging joins the music, colors, movements, forms – now it becomes one. Just for this moment, alas. Bryn Terfel is an ideal Méphisto with his joviality that hides the diabolical purpose. And the three voices blend together just marvellously in the ensembles. In the end we leave the concert hall elated by the music, and slightly tormented by unanswered questions.  A pity, this could have been perfect. 

Splendeurs et erreurs : La Damnation de Faust à l’Opéra de Paris

Foto: Felipe Sanguinetti / OP

Suzanne Dauman

La mise en scène de cette nouvelle production de l’Opéra de Paris, signée Alvis Hermanis, est splendide à regarder, quoique quelque peu surchargée. La projection vidéo, en arrière-plan et en très très grand, d’images souvent somptueuses aurait suffi à souligner les propos du réalisateur. Les propos du réalisateur ? L’idée de transposer la légende de Faust dans notre temps et de comparer le personnage de Faust à Stephen Hawking est intéressante, mais est-ce qu’elle fonctionne jusqu’au bout ? Dans la légende, Faust, savant vieux et désabusé, veut retrouver jeunesse et joie de vivre. Méphisto lui promet cela et l’emmène en voyage. Faust séduit  l’innocente Marguerite, et l’abandonne ensuite. Marguerite est poursuivie pour matricide. Faust donne alors son âme pour lui sauver la sienne. Faust donc égal à Stephen Hawking, et en quelque sorte l’humanité toute entière qui, ayant rendu quasi inhabitable sa planète, envisage de coloniser Mars. Sa Marguerite ? Sa condamnation ? Pas vues dans ce fatras de danses et projections vidéo. Peut-être vaudrait-il mieux que les metteurs en scène avec des idées si poussées écrivent des pièces à part entière, au lieu de vouloir à tout prix les faire coïncider avec un texte donné. Splendeur visuelle donc, une mise en scène musicale qui suit la partition jusque dans le choix des couleurs – mais surchargée d’images, de personnages, de suggestions, fatigante pour l’œil,  et à la longue pour l’esprit. L’on se demande comment les chanteurs peuvent se concentrer et s’épanouir au milieu de ce beau chaos, d’autant plus que la psychologie des personnages ne semble pas intéresser le metteur en scène. Au moins, ainsi, les chanteurs ne sont pas obligés de faire toutes sortes de choses étranges tout en chantant. Splendeur musicale sans équivoque : l’Orchestre de l’Opéra National de Paris sous la baguette de Philippe Jordan sert la sublime partition avec finesse, tout comme le Chœur. Ils couvrent un peu Faust au début, jusqu’à ce que l’équilibre soit trouvé. Connaissant les qualités de Jonas Kaufmann, qui donc est Faust ce soir, l’on peut se demander d’ailleurs si cet effet n’est pas voulu. Car Kaufmann semble terne et effacé tout au long de la première partie, avant de dévoiler avec son premier « Margarita ! » tout l’éclat de sa voix, et à partir de là, il est simplement sublime dans ses airs, captivant et fin acteur dans la discrétion d’un personnage sans beaucoup de relief. Sophie Koch incarne Marguerite, très touchante et convaincante avec sa voix chaude et ample. Son air « D’amour l’ardente flamme… » est un instant de grâce totale, d’autant plus qu’ici, la mise en scène rejoint la musique, formes, couleurs, mouvements – ici, c’est un tout. Seulement pour ce moment, hélas… Bryn Terfel est un Méphisto de rêve avec sa bonhomie doublée de perfidie diabolique. Les trois voix sont merveilleuses aussi dans les ensembles. Ainsi, l’on sort de la salle, le cœur en joie par la musique, l’esprit tourmenté par des questions. Dommage, cela aurait pu être parfait.