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Friday, February 13, 2026

Götterdämmerung en Milán

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Con la representación de Götterdämmerung de Richard Wagner (1813-1882) concluye la representación completa del ciclo “Der Ring des Nibelungen” en el Teatro alla Scala de Milán, inaugurado en otoño del 2024 con el prólogo “Das Rheingold”. La conducción musical de la tetralogía completa se le había confiado inicialmente a Christian Thielemann, pero a raíz de la renuncia del director alemán, la producción le fue posteriormente asignada a Simone Young y a Alexander Soddy, quienes se alternaron en el podio.  El próximo mes de marzo, ambos directores se alternarán también en dos ejecuciones del ciclo completo del Anillo, con motivo del 150º aniversario de su estreno mundial en Bayreuth. Götterdämmerung (El Crepúsculo de los dioses), la ultima entrega del Anillo, representada por primera vez en el verano de 1876 en Bayreuth, como parte de la primera ejecución completa de la tetralogía entera constituye el epilogo trágico de la saga. En este vórtice de engaños, traiciones y destinos inevitables, el mundo de los dioses y de los héroes se precipita hacia la destrucción. La catástrofe final se realiza con el incendio del Walhalla, mientras las aguas del Rin se reapropian del Anillo, purificándolo de la maldición. Alexander Soddy, joven director inglés, dirigió con gran concentración la función de hoy, guiando a una muy preparada Orchestra del Teatro alla Scala en la búsqueda de un sonido pleno y redondo, pero que no sobrepasara a los cantantes. Una tarea nada fácil, sobre todo fuera del foso orquestal de Bayreuth. A pesar del cuidado y la atención a los detalles camerísticos de la partitura, Soddy mantuvo un paso teatral apremiante.  Los Leitmotiv, elementos fundamentales de la partitura de (y Wagner en esta obra los entrelaza de manera, por decirlo menos, virtuosa) sonaron indispensables y necesarios, no como simples siglas o eslóganes musicales, pero como verdaderos elementos constitutivos de la trama musical. Sin caer nunca en la exageración o la redundancia, Soddy supo captar los matices más sutiles sin sacrificar intensidad y vigor. Esta interpretación, caracterizada por fuerza y rigor, confirmó las impresiones más que favorables ya suscitadas por sus interpretaciones de las otras jornadas de la Tetralogía milanesa. El elenco vocal confirmó ser de alto nivel, a partir de Camilla Nylund, quien encarnó una Brünnhilde segura, tenaz, con una voz sobresaliente, pero también capaz de pasar con soltura a los momentos de profunda intimidad, gracias a un control impecable de la respiración y a un fraseo musical ágil y comunicativo. A su lado, Klaus Florian Vogt presentó de nuevo su Siegfried lírico, de timbre brillante y cristalino, y aunque resultó menos heroica, su interpretación se destacó por claridad, nitidez y excelente proyección vocal, además de una presencia escénica impecable. Günther Groissböck, aunque estuvo escénicamente carismático, ofreció una interpretación de Hagen algo decepcionante, con una actuación vocal un tanto forzada y bastante áspera. Por su parte, Russell Braun, encarnó a Gunther con elegancia y nobleza, aunque sin presumir de una vocalidad particularmente impactante. Perfectamente, y a sus anchas en la parte de Gutrune, Olga Bezsmertna mostró facilidad de emisión, extensión vocal y pureza tímbrica. Las interpretaciones de Nina Stemme y de Johannes Martin Kränzle se distinguieron por su indiscutible calidad. Stemme ofreció una Waltraute de gran intensidad emotiva, caracterizada por una refinada musicalidad y una notable variedad de matices interpretativos. Su firme y bien sostenida voz, se impuso también por un legato impecable. Con su canto Kränzle, interpretó un Alberich con una meticulosa atención a la dicción, al acento y al color de cada palabra única, enriqueciendo su desempeño con un timbre franco. De gran intensidad fue el canto de las tres nornas (Christa Mayer, Szilvia Vörös y una vez más Olga Bezsmertna), y literalmente desencadenas las tres doncellas del Rin (Lea-ann Dunbar, Svetlina Stoyanova, Virginie Verrez). En sus fundamentales intervenciones del segundo acto, el Coro del Teatro alla Scala, mostró una vez mas su propia preparación. Alberto Malazzi lo guio con su habitual atención, precisión y vigor.  En lo que respecta a la producción escénica firmada por David McVicar, quien también se ocupó de la dirección escénica como de las escenografías con Hannah Postlethwaite – con vestuarios creados por Emma Kingsbury, la iluminación confiada a David Finn, con  proyecciones de Katy Tucker, y las coreografías, en realidad poco convincentes de Gareth Mole; y David Greeves como maestro de artes marciales/ actuaciones circenses, ya se ha escrito al respecto en esta página, y la ultima jornada del anillo no podía más que confirmar el enfoque fantasioso del director de escena ingles de la obra maestra wagneriano, un enfoque ya evidenciado (y por mi criticado) en las primeras tres entregas de la tetralogía. La aproximación de McVicar se caracterizó de una fuerte propensión a la ilustración y a la didascalia, careciendo de una fuerte visión conceptual capaz de estimular la imaginación y el pensamiento crítico.  En lugar de proponer una lectura original e innovadora del libreto, se limitó a satisfacer las expectativas de aquel público que buscaba una correspondencia directa entre las indicaciones textuales y los efectos escénicos, los cuales, desafortunadamente, resultaron a menudo predecibles y carentes de originalidad. En conclusión, este Anillo scalígero probablemente dejará una huella significativa por su componente musical, pero no tanto por el visual.



 

Sunday, April 30, 2017

Rescatando la historia – Louis Riel, Toronto Canada

Fotos: Michael Cooper / Sophie L'Anson

Giuliana Dal Piaz

Toronto, 26-IV-2017. Four Season Centre for the Performing Arts, 20 de Abril-13 de Mayo. Temporada 2016-17 de la Canadian Opera Company. LOUIS RIEL, música de Harry Somers, libreto de Mavor Moore (1967). Dirección teatral: Peter Hinton. Dirección musical: Johannes Debus. Dirección del Coro: Sandra Horst. Escenografía: Michael Gianfrancesco. Vestuario: Gillian Gallow. Dirección de Luces: Bonnie Beecher. Coreografías: Santee Smith. Orquesta y Coro de la Canadian Opera Company.  Personajes e intérpretes principales: Louis Riel – Russell Braun, barítono; Obispo Taché: Alain Coulombe, bajo; Primer Ministro Sir John Madonald – James Westman, barítono; orangista Thomas Scott – Michael Colvin, tenor; Gobernador William McDougal & un juez – Doug MacNaughton, barítono; Julie Riel, madre de Louis – Allyson McHardy, mezzo-soprano; Marguerite Riel, esposa de Louis – Simone Osborne, soprano; Coronel Garnet Wolseley – Peter Barrett, barítono; Donald Smith, Director de la Hudson Bay Company – Aaron Sheppard, tenor; Sir G.E. Cartier – Jean-Philippe Fortier-Lazure, tenor... 

El compositor canadiense Harry Somers escribió Louis Riel que él llamaba “drama en música” y no “ópera” con el libretista Mavor Moore en 1967, en ocasión del 1º Centenario de la creación de Canadá como Estado independiente (Dominion), por encargo de una importante Fundación canadiense. La Canadian Opera Company lo presentó por primera vez con el famoso barítono Bernard Turgeon (nacido en la Provincia de Alberta en una familia de raíces anglo-francesas, hispánicas y Métis) en el papel protagónico, que el cantante siguió interpretando en la mayoría de las sucesivas reposiciones: desde entonces ése ha sido el rostro de Riel en la imaginación popular. Al tanto de esta nueva edición de la ópera, Turgeon esperaba poderla ver, pero falleció hace apenas unos meses, a los 85 años. Desde su estreno, la obra ha sido representada unas cuantas veces en Canadá y una vez en los Estados Unidos. La Canadian Opera Company vuelve a presentar ahora LOUIS RIEL para el 150º de la Federación en una nuevísima producción, no sólo con un equipo de realizadores e intérpretes todos canadienses (la única excepción es el Johannes Debus, alemán, que sin embargo es el Director artístico permanente de la C.O.C.), sino añadiendo la participación de unos miembros de las llamadas “Primeras Naciones indígenas, y el uso de la lengua Michif tanto en ciertos pasos del texto que como tercer idioma en los sobretítulos, junto al inglés y al francés. 

Me parece indispensable resumir la historia de Louis Riel, personaje importante y controvertido de la historia de Canadá, considerado por muchos un héroe y por otros un traidor, como rezaba la sentencia que lo condenó a muerte en 1885. Una vez creado en 1867 el Dominion, o Federación canadiense, con la unión de cuatro Provincias orientales (Ontario, anglófono y protestante; Québec, francófono y católico; y las Provincias marítimas anglófonas y protestantes de Nueva Escocia y New Brunswick), había que enfrentar la situación de los territorios occidentales dominados por la británica Hudson Bay Company”. Con la aprobación de la Corona inglesa, que formalmente seguía – y sigue siendo – la máxima autoridad en Canadá, la Compañía aceptaba “vender” sus territorios al Gobierno canadiense, así que el Primer Ministro Sir John Macdonald (con el apoyo de Sir George-Étienne Cartier,  Ministro de la Defensa) promulga una ley que preve la incorporación al Dominion de los territorios occidentales, pero sin compensación alguna para los colonos que los habían poblado y cultivado. Los colonos ingleses e irlandeses están dispuestos a aceptar la situación; no así los Métis (desde la palabra por “mestizos”) franco-indígenas, que no sólo se verían despojados de sus tierras sino que tampoco adquirirían la ciudadanía canadiense. En la región de Red River parte de la actual Provincia de Manitoba o “tierra de Manitú, los Métis se rebelan guiados por Louis Riel, un místico que siente haber sido encargado de esa misión directamente por Dios (afirma ser la re-encarnación del bíblico David). Riel y sus tropas logran ocupar Fort Garry, la actual Winnipeg, base occidental entonces de la Hudson Bay Co., e instalar un Consejo Nacional de los Métis; Riel se vuelve de hecho el gobernador del Red River y el fundador de Manitoba. Ottawa nombra a un Gobernador propio, el incompetente William McDougall, que llega a Fort Garry antes de tiempo a través de los Estados Unidos, irritando a los Métis y complicando la situación mientras que arrecia el invierno. A pesar de ello, el Director de la Hudson Bay Co., Donald Smith, logra establecer con Riel un diálogo constructivo, mientras que el Obispo Taché intenta defender la causa de los Métis ante el Primer Ministro Macdonald y el Ministro Cartier. Estos prometen satisfacer todos los pedidos de Riel pero dilatan arteramente la amnistía solicitada por los rebeldes para deponer las armas. Mientras tanto, en Red River, grupos de patriotas anglófonos protestantes causan disturbios pidiendo la renuncia de Riel. Derrotados una primera vez, pero indignados por la condena a muerte del violento orangista Thomas Scott de parte de una corte marcial Métis, se alzan nuevamente contra el Gobierno provisional induciendo al Gobierno a intervenir. Riel huye a los Estados Unidos donde sobrevive dando clases. Quince años más tarde, un grupo de Métis e indios Cree de la actual Provincia de Saskatchewan lo visita para pedirle volver a Canadá a guiar una nueva insurrección. A pesar de las súplicas de su joven esposa Métis, Marguerite, Riel vuelve a su país, radicalizado en sus ideas y decidido a oponerse incluso a la Iglesia, que intenta frenar el levantamiento. Derrotado y capturado en Batoche, Riel es acusado de rebelión y alta traición; su defensor intenta salvarlo por insanidad mental, con base en sus ideas religiosas, pero la autodefensa que Riel pronuncia en la Corte convence a los jueces de su sanidad mental, por lo cual lo condenan a la horca. 

Harry Somers es una fascinante figura de músico, el más prolífico e importante que tenga el país: nacido y formado en Canadá, estudió también en Gran Bretaña, Alemania e Italia; murió con el siglo (1999), escribió muchísima música de todo tipo,  sinfónica, coros, bandas sonoras de películas, música para teatro, y una media docena de óperas. Su producción es heterogénea como sus intereses y sus experiencias musicales. La partitura que compuso para Louis Riel es muy hermosa y vigorosa, con algunos momentos líricos y hasta un esbozo de canto gregoriano; me pareció evidente la influencia de Luigi Nono, quizás también de Giacinto Scelsi, en las secuencias atonales o dodecafónicas, una influencia filtrada, sin embargo, y evolucionada en un estilo muy personal. Por supuesto no se trata de una “ópera” en el sentido proprio de la palabra: la música no da la melodía a las arias (la mayoría de ellas son puramente vocales, sin acompañamiento instrumental), determina más bien atmósferas y a su manera “cuenta” los estados de ánimo de los personajes; por momentos la orquesta calla del todo, dejando campo libre a las voces o que hable el movimiento, como en la “danza del búfalo” del bailarín Kainai-Pie-Negro Justin Many Fingers. Los personajes principales “cantan” en el escenario de manera distinta según sus caracterización: los representantes de gobierno, en especial el Primer Ministro Macdonald, utilizan un “discurso cantado” rítmico, bastante satírico. Louis Riel canta largos solos melódicos, que exigen una increible agilidad vocal y a menudo un gran virtuosismo. Para su partitura, Somers utiliza también ritmos pre-existentes: la canción que da inicio a la ópera, “Riel está sentado en su estudio”, es la re-elaboración en forma de lamento indígeno (entonado por la cantante Métis Jani Lauzon sin acompañamiento musical) de la marcha militar compuesta por un funcionario de la Hudson Bay Company en época de Riel; en el Tercer Acto, durante la escena en la iglesia, el compositor superpone el tintineo de cascabeles de trineo y panderetas a la Misa cantada en latín; la “canción de cuna”, Kuyas, que Marguerite Riel canta a su bebé al inicio del Tercer Acto, ya existía bajo el título deSong of Skateen”, no es una canción de cuna y no es Métis, sino un canto fúnebre Nisga’a, una de las muchísimas piezas que los etnógrafos recopilaron de las poblaciones indígenas a principios del siglo XX.

Todos los cantantes son muy buenos, también desde el punto de vista de la actuación, en especial el barítono Russell Braun, un Louis Riel apasionado y poderoso pero muy atormentado; la mezzo-soprano Allyson McHardy, severa y amorosa madre de Riel, de voz cálida y fuerte; y la soprano Simone Osborne, una Marguerite Riel de hermosa voz dulce y dolida, que mantiene muy bien por toda su pieza sin acompañamiento instrumental. El barítono James Westman interpreta con gran eficacia al Primer Ministro Macdonald, subrayando con medida los aspectos negativos que le atribuye el libreto. Con semejante gama de talentos a disposición, no se entiende por qué se llamen a menudo de los Estados Unidos a cantantesa veces ¡mucho menos capaces! – que cubran los papeles protagónicos en las óperas que se producen en Toronto. 

Peter Hinton ha realizado una puesta en escena muy esencial y original llevando al escenario laLand Assembly”, un grupo de 15 representantes de las Primeras Naciones, en calidad de testigos mudos (y ¡acusadores!) de lo que ocurre en el escenario, todos vestidos de rojo en los dos primeros actos de la ópera y de negro en el tercer acto, cuando la derrota de Riel. El coro (integrado por 40 cantantes) se vuelve visible, en dos hileras de tribunas como los bancos de un jurado, cuando se alzan despacio dos grandes paneles verticales, que, cerrados, parecen un fondo de escena, abiertos, develan a su vez fondos de colores distintos según el momento de la acción. Son miembros del coro, además, los que dan vida primero a los grupos de Métis o de feligreses católicos que ensalzan a Riel, y luego a grupos de colonos exaltados que piden su renuncia y su muerte. Me pareció muy atinada la escenografía minimalista de Michael Gianfrancesco, pocos elementos de decoración indispensable, introducidos o quitados a la vista del público. Dos distintos telones que escurren verticalmente definen el lugar de la acción, con la mapa del Palacio del Parlamento que nos “lleva a Ottawa, donde el Primer Ministro Macdonald, primero con el Ministro de Defensa Cartier y el Director de la Hudson Bay Co., Donald Smith, y luego Macdonald con Cartier, planean su hipócrita estrategia. No tan bueno me pareció, en cambio, el vestuario diseñado por Gillian Gallow, que enfatiza el intento denigratorio hacia el Gobierno de Ottawa, vistiendo a los ministros con absurdos trajes de cuadros, rojo para Macdonald y azul para Cartier (que además no era de origen escocés), o al Director de la Hudson Bay de traje blanco con listas multicolores en el borde de la chaqueta y del pantalón, mientras que viste siempre a los Métis con sombríos trajes oscuros. Magistral por enfasis y precisión, la concertación orquestada por el Johannes Debus, así como la ejecución proporcionada por la orquesta de la Canadian Opera Company. 

LOUIS RIEL ha sido una magnífica novedad en el panorama operístico de Toronto, a la cual desafortunadamente una buena parte del público, e incluso los críticos musicales de dos importantes diarios, no han respondido como es debido...