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Monday, June 18, 2018

Norma - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

Si è conclusa un’altra stagione dell’opera di Houston con Norma, un’opera poco vista su questo palcoscenico, ma sempre interpretata da soprani molto noti al vertice della carriera: Renata Scotto, Ghena Dinitrova e Carol Vaness. Considerando che l’ultima volta che fu allestita qui è stato nell’aprile del 1996, queste recite sono servite come una reintroduzione di questo titolo, un primo incontro per molti partecipanti, soprattutto giovani, con questo capolavoro del belcanto. Oggi, l’attenzione si è incentrata sul soprano Liudmyla Monastyrska, che non ha deluso nella sua interpretazione. La sua voce ha un gradevole colore brunito, omogeneità, proiezione e varietà nei colori, con cui ha saputo dare senso ed intenzioni al suo canto. Anche se è più conosciuta per ruoli drammatici, la Monastyrska ha mostrato flessibilità e sottigliezza adattate al belcanto, riuscendo a commuovere. Nel ruolo di Pollione Chad Shelton si è disimpegnato correttamente vocalmente e come attore; è un tenore molto affidabile, ma in questa recita in certi momenti era fuori stile, privilegiando la spinta alla raffinatezza vocale. E’ piaciuto il mezzosoprano Janie Barton come Adalgisa, un ruolo che ha maturato nel tempo e che canta con maggior rilassatezza, acquisendo corpo e facile coloratura. Come Oroveso il basso Peixin Chan ha mostrato una voce profonda e scura, ma nulla di più; e corretta è stata la Clotilde di Yelena Dyachek. Molto bene il Coro e notevole l’esecuzione dell’orchestra diretta da Patrick Summers, che ha emesso una varietà di colori, sfumature, con dinamismo e vivacità, così come precisione nell’accompagnamento delle voci. La parte scenica ha lasciato dubbi, sebbene la cornice era funzionale, ma sconcerta immaginare relazione tra alcuni simboli utilizzati in relazione alla trama, come il tempo in cui si situa, i costumi poco attraenti, la parrucca rossa della protagonista e l’enorme toro metallico che entra in scena e si utilizza come pira. Nel contesto la regia di Kevin Newbury è parsa essere composta di eventi estemporanei. Se questa è una coproduzione tra teatri importanti (San Francisco, Chicago, Toronto e Barcelona uno si potrebbe chiedere quali siano i criteri per scegliere questo allestimento tra tutti gli altri.  Ricordo che questa è stata l’ultima produzione della compagnia fuori dalla sua sede originaria. Il Wortham Center che subì danni dopo l’uragano Harvey, riaprirà i battenti a metà del mese di ottobre dl presente anno con L’Olandese Volante.


Monday, May 21, 2018

Norma en Houston


Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

Concluyó una temporada más de la ópera de Houston con Norma, una obra poco vista en este escenario, pero que siempre contó con destacadas sopranos en la cúspide de sus carreras como: Renata Scotto, Ghena Dimitrova y Carol Vaness.  Considerando que la última vez que la obra se montó aquí fue en abril de 1996, estas funciones servirían como una reintroducción con el teatro, así como el primer encuentro de muchos asistentes, sobre todo de jóvenes, con esta joya belcantista. Hoy, la atención se centró en la soprano Liudmyla Monastyrska quien no defraudó en su interpretación.  Su voz posee un agradable color oscuro, homogeneidad, proyección y variedad en los colores con los que supo darle sentido e intención a su canto. Aunque es más conocida por papeles dramáticos, Monastyrska mostró flexibilidad y sutileza que adaptó al belcanto, logrando conmover En el papel de Pollione Chad Shelton tuvo un correcto desempeño vocal y actoral; es un tenor muy confiable, pero en esta función cantó por momentos fuera de estilo, privilegiando el empuje sobre el refinamiento vocal.  Gustó la mezzosoprano Jamie Barton en Adalgisa, un papel que ha madurado con el tiempo y que canta con mayor soltura, adquiriendo cuerpo y alegre coloración. Como Oroveso el bajo Peixin Chan mostró una voz profunda y oscura, pero nada más; y correcta estuvo Clotilde de la mano de Yelena Dyacheck.  Muy bien por el coro, y notable la ejecución de la orquesta dirigida por Patrick Summers, que emitió una variedad de colores y matices, con dinamismo y vivacidad, así como precisión en el acompañamiento con las voces.  La parte escénica dejo dudas, si bien el marco es funcional, desconcierta imaginar relación entre algunos símbolos utilizados con la trama, como el tiempo en el que se sitúa, los poco atractivos vestuarios, la peluca rubia de la protagonista o el enorme toro metálico que entra al escenario y que se utiliza como hoguera. En el contexto, la dirección escénica de Kevin Newbury pareció ser una serie de ocurrencias propias sin sentido.  Si esta es una coproducción entre importantes teatros de ópera (San Francisco, Chicago, Toronto y Barcelona) uno se preguntaría ¿Cuáles serían los criterios por los que se llegó a un acuerdo para elegir este montaje sobre otros?  Cabe mencionar que esta fue la última producción de la compañía fuera de su sede original.  El Wortham Center que sufrió daños con el huracán Harvey, reabrirá sus puertas e mediados del mes de octubre del presente año con El Holandés Errante.

Friday, March 30, 2018

Nabucco y Pescadores de Perlas en Los Ángeles


Fotos: Ken Howard

Ramón Jacques

Nabucco, ópera que se había escenificado solo una vez en la temporada 2002 de este teatro, volvió con una nueva concepción escénica y dirección de Thaddeus Strassberg quien situó  la escena dentro del contexto histórico que indica el libreto, pero a la vez, la obra se desarrolla dentro del periodo en el que Verdi la estrenó en la Scala de Milán, ya que antes de abrirse la cortina cortesanos y publico con elegantes vestidos de esa época, hicieron su entrada al escenario socializando; y después ocupando sus butacas en los palcos situados a ambos lados del escenario, el teatro dentro del teatro, que pudo funcionar, de no ser porque Strassberg la banalizó haciendo que los cantantes interactuaran con el publico de esos palcos creando situaciones innecesariamente burdas y cómicas, sin ninguna relación o aporte a la obra. Me atrevería a decir que a este teatro le vendría bien una renovación, un cambio de rumbo, algún revulsivo que le devuelva el lugar que ha ocupado siempre como uno de los teatros estadounidenses más importantes. 
Placido Domingo asumió el papel principal de barítono, en una ópera más de Verdi, como ha sucedido en las ultimas temporadas. Si bien su desempeño vocal y actoral debe verse desde un punto de vista histórico y anecdótico, más que crítico, ya comienzan a notarse ciertas dificultades en su canto. El desempeñó vocal más notable, correspondió a la soprano Liudmyla Monastryrska, como Abigail. Voz potente, uniforme, de grato color y agilidad, pero cuyo desempeñó actoral fue empañado por la dirección escénica que dispuso que fuera una diva neurótica y caprichosa que tuvo intercambios con el público de los palcos mencionados. Estuvieron correctos en sus partes la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera con su voz oscura y larga experiencia como Fenena; y el imponente bajo Morris Robison como Zaccaria.  Discreta fue la presentación del tenor Mario Chang en el papel de Ismael.  Muy bien estuvo el coro, sin dejar de mencionar el inconfundible y siempre esperado “Va pensiero” así como la orquesta, bajo la energética y entusiasta batuta de James Conlon.  De manera paralela, Plácido Domingo dirigió musicalmente las funciones de Pescadores de Perlas de Bizet, con una producción de la cineasta inglesa Penny Woolcock que colocó la escena en un ambiente oriental, en la época actual, con brillante uso de proyecciones de olas del mar y un tsunami, al fondo del escenario; pero con deslucidos vestuarios. La obra contó con un elenco uniforme, encabezado por Nino Machaidze, ágil y brillante como Leila y Javier Camarena como Nadir cuya voz se adaptó bien a esta obra. El papel de Zurga fue interpretado por el barítono Alfredo Daza, y el de Nourabad, por el joven bajo-barítono Nicholas Brownlee.

Friday, November 25, 2016

Aída en el Metropolitan de Nueva York

Gentileza Prensa del Metropolitan Opera. Crédito: Marty Sohl.

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Nueva York, 19/11/2016. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Giuseppe Verdi: Aida, ópera en cuatro actos. Libreto de Antonio Ghislanzoni, Eduard Mariette y Camille du Locle. Sonja Frisell, dirección escénica. Gianni Quaranta, diseño de escenografía. Dada Saligeri, vestuario. Alexei Ratmansky, coreografía. Gil Wechsler, iluminación. Stephen Pickover, repositor. Liudmyla Monastyrska (Aida), Ekaterina Gubanova (Amneris), Marco Berti (Radamés), Marc Delevan (Amonasro), Dmitry Belosselskiy (Ranfis), Soloman Howard (El Rey). Eduardo Valdes (Mensajero), Jennifer Check (Sacerdotisa). Orquesta y Coro Estables del Metropolitan Opera. Director del Coro: Donald Palumbo. Dirección Musical: Marco Armiliato.

Las funciones de matinée de los sábados en el Metropolitan Opera son populares en todo el mundo por sus trasmisiones en vivo tanto en audio para diversas radios como en HD a cientos de salas en todo el mundo. Muchas de estas funciones grabadas en audio y video de alta resolución se comercializan, posteriormente, en DVDs y por ello las puestas en escenas son conocidas por todos los públicos del orbe. Estar, por ello, una tarde en el Met se convierte en una experiencia inolvidable, por la sala repleta, por la calidad de sus cuerpos estables, la presencia de grandes estrellas canoras en el escenario y la posibilidad de apreciar en directo puestas en escenas -vislumbradas a través del video- pero que en vivo resultan majestuosas. La concepción de Aida Sonja Frisell -estrenada en 1988- es de una perfección casi insuperable. Cada detalle es tenido en cuenta tanto en el diseño como en la realización. Los movimientos de los solistas resultan naturales y las masas se mueven con soltura y grandiosidad. La parte de gran espectáculo está asegurada pero no se pierden los momentos más íntimos. A la excelencia contribuyen los magníficos decorados de Gianni Quaranta -que usa toda la potencialidad del escenario del Met con escenografías que bajan o suben, con planos superpuestos y con aperturas o cierres cuando son necesarios- y el bellísimo vestuario de Dada Saligeri de alta calidad y buen gusto en cuanto a formas, colores y diseños. Terminan de concretar una puesta verdaderamente inolvidable la sutil coreografía de Alexei Ratmansky y la ajustada iluminación pensada por Gil Wechsler. 
La soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska deslumbró como Aida, por calidad vocal, potencia del registro, homogeneidad de timbre y temperamento interpretativo. El tenor Marco Berti (Radamés) comenzó un poco forzado y algo exigido pero se fue asentando en el curso de la representación redondeando un muy buen trabajo. El bajo Dmitry Belosselskiy fue un Ramfis de calidad y que exhibió sólida autoridad, mientras que El Rey de Soloman Howard resultó compenetrado y profundo. Mark Delavan fue un perfecto Amonasro mientras que Ekaterina Gubanova (Amneris) lució su registro pleno de mezzo, una voz pequeña pero bien manejada y una interpretación sin ninguna exageración y sin excesos. Adecuados, para terminar de ofrecer un marco vocal sonoro de calidad, Eduardo Valdes (Mensajero) y Jennifer Check (Sacerdotisa), así como los Coros que dirige Donald Palumbo. Inobjetable la orquesta de la casa bajo la dirección de la experimentada batuta de Marco Armiliato.

Wednesday, December 9, 2015

Tosca en Houston - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas

Houston inauguró una nueva temporada con Tosca de Puccini, una obra que no importa cuántas veces haya sido escuchada convence y nos recuerda porqué que es una de las principales del repertorio. Claro, el éxito o fracaso depende de la elección de cantantes principales que se haga, y este punto en la actualidad, a mi entender, es de lo que adolece este teatro donde las figuras que llegan son contadas. Por ello, fue un acierto la presencia de la soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska, que ya había debutado Aida en este escenario,  quien actuó y cantó con aplomo al personaje principal con persuasiva fuerza actoral y profundidad en su desempeño escénico. Su voz es amplia, homogénea de buena proyección cargada de grato color y expresividad.  Alexey Dolgov es un tenor que no impresionó como Pinkerton en su anterior aparición local, y su interpretación de Cavaradossi no fue más que correcta, cumplió satisfactoriamente pero su voz lirica pareció carecer del peso adecuado para sobresalir más. El papel de Scarpia fue encomendado a Andrzej Dobber quien convenció con su interpretación, su voz fue adecuada, profunda y mostró buena presencia escénica, sin incurrir en las exageraciones a las que se presta esta producción; la de John Caird, conocido por su montaje del musical Les Misérables. Su propuesta es bastante oscura y lúgubre, y las escenas de excesiva violencia, ejecuciones y sangre vistas en escena, francamente parecen  innecesarias y poco aportaron a la trama que es clara y directa. Una iglesia destruida, una bodega abandonada con obras de arte, y lo que parecía un campo de concentración con cuerpos ahorcados colgando es lo que se enfrentó el espectador con este montaje. Los vestuarios, adecuados y elegantes sugerían un tiempo cercano a la primera guerra mundial. El coro dejó una grata impresión y los papeles menores cumplieron.  De dirigir a la orquesta se encargó Patrick Summers director musical del teatro, quien mostró conocimiento y pericia.

Friday, December 20, 2013

Aida di Verdi - Houston Grand Opera


Foto: Lynn Lane
 
Carlos Rosas Torres
 
La Houston Grand Opera non poteva trascurare il bicentenario della nascita di Wagner e di Verdi. Infatti la sua attuale stagione 2013-14 è stata inaugurata con la monumentale Aida e dal prossimo aprile partirà, al ritmo di un'opera all'anno, la Tetralogia: Das Rheingold nella realizzazione de La Fura del Baus. Un'Aida di successo deve coniugare diversi aspetti tra quello vocale, quello musicale e quello scenico, ma in questa occasione non tutti questi elementi erano messi a punto. Iniziamo coll'elemento più interessante e solido di questa produzione: il cast vocale. Il soprano russo Liudmyla Monastyrska ha combinato perfettamente la forza, la soavità e l'anima del personaggio di Aida, mostrando sicurezza scenica e un canto caldo e uniforme arricchito di espressività e dolcezza. Poco si può aggiungere a quanto non sia già stato detto sull'esibizione di Dolora Zajick, il cui nome è sinonimo ormai del personaggio di Amneris, tra i tanti che le appartengono come Adalgisa, Azucena, eccetera. Il leggendario mezzosoprano statunitense ha dimostrato gran energia vocale e drammatica dando vita al personaggio con brio e impeto, manifestando comunque, ove richiesto, dei momenti di raffinatezza. Al suo debutto locale come Radames era il tenore italiano Riccardo Massi di buon carisma scenico e una gradevole voce di proiezione non molto ampia, quasi fredda all'inizio ma con un crescendo d'intensità emotiva durante l'opera, per concludere la scena finale nel lirismo più assoluto. Il baritono Scott Hendricks ha impersonato un autoritario e vigoroso Amonasro, talvolta con superflua aggressività sia nel canto che nell'azione. Nel ruolo di Ramfis era quasi sprecato il basso Ain Anger, di grande qualità, che ha soddisfatto appieno il suo compito e che meriterebbe la prossima volta un ruolo di maggior spessore. Corretti i comprimari e il coro che, in quest'opera, ha una certa importanza. La parte musicale dell'orchestra era diseguale in quanto le scelte dinamiche, talvolta troppo rapide, del direttore Antonino Fogliani hanno causato momenti di sfasamento notevole col palcoscenico. Lasciamo per ultima la parte meno attraente della realizzazione ossia l'astratta e colorata scenografia dell'inglese Zandra Rhodes. Si era già parlato, quando questa messa in scena fu creata nel 2010 a San Francisco, che il ruolo non era stato adeguato, visto che l'Egitto immaginario in un'epoca indeterminata, dove viene situata l'azione, era forse più adatto a un Flauto Magico. Il sovraccarico di decori e figure egizie, costumi esagerati e un costante movimento nei cambi di scena non solo distraeva ma soprattutto disturbava e stancava la visione dello spettatore. Comunque, pur in questa cornice, la regia di José Maria Condemi è stata discrete.

Aida en la Gran Opera de Houston

Foto: Houston Grand Opera

Carlos Rosas Torres

La Houston Grand Opera no podría olvidar el bicentenario del nacimiento de Wagner como tampoco el de Verdi, y su actual temporada 2013-2014 fue inaugurada con la monumental Aida (y a partir del próximo mes de abril dará inicio, a una ópera, por año el Anillo de Wagner con Das Rheingold en un montaje de La Fura del Baus). Una exitosa Aida debe conjugar diversos aspectos como lo vocal, lo musical y lo escénico. En esta ocasión, no todos esos elementos estuvieron presentes. Comenzaremos por el elemento más interesante y solido de esta producción lo aportaron indudablemente los cantantes, comenzando por la soprano rusa Liudmyla Monastyrska quien entendió la combinación de fuerza, finura y alma que contiene el personaje de Aida demostrando seguridad escénica, y su cálido y uniforme canto fue dotado de expresividad y dulzura. Poco se puede agregar, que no se haya escrito ya, del  desempeño de Dolora Zajick cuyo nombre es sinónimo con el del personaje de Amneris, entre otros que le pertenecen como: Adalgisa, Azucena etc. La legendaria mezzosoprano estadounidense mostró fuerza vocal y escénica para dar vida brío e ímpetu a su personaje, aunque también supo imprimir sutileza cuando le fue requerida.  En su debut local como Radames, el tenor italiano Riccardo Massi, mostró presencia escénica y carisma como Radames, y una voz de grato timbre no muy amplia en su proyección, que se sintió fría al inicio y que fue creciendo de menos a más para concluir con una conmovedora escena final cargada de lirismo. El barítono Scott Hendricks, personificó un autoritario y vigoroso Amonasro con un cierto toque de innecesaria agresividad en su canto y en su actuación.  El papel de Ramfis, pareció muy poco para las cualidades del bajo Ain Anger, quien cumplió satisfactoriamente y que en su próxima aparición local merecería un papel de mayor importancia.  Correctos los comprimarios y el coro, siempre importante en una obra de este calibre. La parte orquestal tuvo momentos desiguales, ya que en su conducción Antonino Fogliani apostó por la fuerza y una dinámica no siempre apta, de tiempos rápidos, que por momentos causó notables desfases con los cantantes. Dejamos para el final la parte menos atractiva de la función, la abstracta y colorida producción escénica de la diseñadora inglesa Zandra Rhodes.  Ya se había advertido en su estreno en el 2010 en San Francisco, que esta concepción no cumplía su cometido, ya que el imaginario Egipto donde se sitúa la trama en una época indeterminada, más apta quizás para la Flauta Mágica, no es la adecuada. Cargado de motivos y figuras egipcias, exagerados vestuarios y constante movimiento en los cambios de escena no solo distrajo la atención si no que resulta cansada e incómoda para la visión del espectador. Ante tal marco, la dirección escénica de Jose Maria Condemi fue discreta.