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Friday, February 15, 2019

El Holandés Errante en Houston


Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

Después del Anillo de los Nibelungos, que ofreció por primera vez en su historia la ópera de Houston y que concluyó hace dos temporadas, la siguiente entrega wagneriana local recayó en El Holandés Errante que resultó ser muy satisfactoria en todos los sentidos; comenzando por una puesta en escena situada en un tiempo actual (no se extrañaron las confusas, abigarradas e invasivas maquinarias y estructuras metálicas del ciclo anterior) que fue directa y digerible para el espectador, del director israelí Tomer Zvulun, que con el montaje de Jacob A. Cimer, concibió un caparazón circular, con diseños góticos, cuyo techo se levantaba, adaptándose para representar el interior de un barco, un salón, dentro del cual se desarrolló siempre la acción.  Muy persuasivos resultaron los efectos con proyecciones que representaban olas de mar, lluvia; además del cuidado y preciso uso de la iluminación.  En el elenco vocal, que fue homogéneo y mostró un buen nivel, sobresalió la soprano Melody Moore, quien posee una voz robusta, de amplia proyección y grata coloración, además de aportó con su actuación un carácter humano y conmovedor al personaje de Senta.  Como el holandés, el barítono polaco Andrzej Dobber, aquí caracterizado como un pirata con tapaojos, dio autoridad al papel con una voz que atravesaba la orquestación sin perder su esplendor.  El bajo Kristinn Sigmundsson prestó su experiencia al papel de Daland, y el tenor Eric Cutler un expresivo Erik, papel al que dotó de simpatía y de angustia cuando le fue requerido. El elenco se completó con el correcto desempeño de la contralto Leia Lensing como Mary y del tenor Richard Trey Smagur como el timonel.  La aportación del coro, en sus diversas intervenciones, como la del tercer acto de los marineros, fue sobrecogedora.  El podio de Houston estuvo bien cubierto con la presencia de su director musical Patrick Summers, maestro de larga trayectoria y experiencia quien dio vida a la partitura con jerarquía y elegancia, y con una cierta dosis de emocionante misterio y sublimidad.



Wednesday, December 9, 2015

Tosca en Houston - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas

Houston inauguró una nueva temporada con Tosca de Puccini, una obra que no importa cuántas veces haya sido escuchada convence y nos recuerda porqué que es una de las principales del repertorio. Claro, el éxito o fracaso depende de la elección de cantantes principales que se haga, y este punto en la actualidad, a mi entender, es de lo que adolece este teatro donde las figuras que llegan son contadas. Por ello, fue un acierto la presencia de la soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska, que ya había debutado Aida en este escenario,  quien actuó y cantó con aplomo al personaje principal con persuasiva fuerza actoral y profundidad en su desempeño escénico. Su voz es amplia, homogénea de buena proyección cargada de grato color y expresividad.  Alexey Dolgov es un tenor que no impresionó como Pinkerton en su anterior aparición local, y su interpretación de Cavaradossi no fue más que correcta, cumplió satisfactoriamente pero su voz lirica pareció carecer del peso adecuado para sobresalir más. El papel de Scarpia fue encomendado a Andrzej Dobber quien convenció con su interpretación, su voz fue adecuada, profunda y mostró buena presencia escénica, sin incurrir en las exageraciones a las que se presta esta producción; la de John Caird, conocido por su montaje del musical Les Misérables. Su propuesta es bastante oscura y lúgubre, y las escenas de excesiva violencia, ejecuciones y sangre vistas en escena, francamente parecen  innecesarias y poco aportaron a la trama que es clara y directa. Una iglesia destruida, una bodega abandonada con obras de arte, y lo que parecía un campo de concentración con cuerpos ahorcados colgando es lo que se enfrentó el espectador con este montaje. Los vestuarios, adecuados y elegantes sugerían un tiempo cercano a la primera guerra mundial. El coro dejó una grata impresión y los papeles menores cumplieron.  De dirigir a la orquesta se encargó Patrick Summers director musical del teatro, quien mostró conocimiento y pericia.

Wednesday, December 1, 2010

Thais de Massenet y recuento de la temporada lírica 2010 en Chile

Foto: Elizabeth Futral (Thais), fotos puesta de Thais- Crédito: Marcela Poch
Thais - Un valioso regreso tras 66 años de ausencia
Joel Poblete Morales
No sólo el fuerte y devastador terremoto que a fines de febrero azotó varias regiones de Chile hizo que este 2010 fuera un año particularmente agitado e intenso en el país sudamericano; la temporada de música docta y ópera se mostró variada y atractiva, confirmando que esta plaza se ha convertido en una de las más cotizadas en el ámbito cultural latinoamericano. Su principal baluarte continúa siendo el Teatro Municipal de Santiago, en plena capital, que en las últimas tres décadas ha llegado a ser considerado por muchos expertos internacionales como el escenario más estimulante de la región en lo que se refiere a montajes de ópera, incluso rivalizando con el legendario Colón de Buenos Aires. Pero próximo a cumplir 153 años, el coliseo chileno debió mantenerse cerrado durante cinco meses mientras era sometido a necesarias reparaciones tras los efectos que causó en su estructura el fuerte movimiento sísmico. A pesar de esto, las autoridades del teatro decidieron realizar la temporada originalmente planificada en distintos escenarios, y fue así como salvo algunos programas que debieron ser postergados, los espectáculos se trasladaron a otros recintos, y en el caso particular de la ópera, la programación se desarrolló en el recién inaugurado Teatro Escuela de Carabineros, mucho más reducido en espacio (butacas para 650 personas, mientras en el Municipal caben 1.500 espectadores), pero cómodo y moderno, y con excelente visibilidad para todo el público.

Así, en una producción del régisseur Fabio Sparvoli y el diseñador Giorgio Ricchelli que debió adaptarse al nuevo teatro, en mayo regresó el popular díptico integrado por Cavalleria Rusticana e I Pagliacci, con un elenco donde figuraban Alfred Kim y Verónica Villarroel, y Badri Maisuradze junto a Kelly Kaduce, en ambos títulos con el barítono ruso Roman Burdenko, encarnando a Alfio y Tonio, respectivamente; en junio, tras 14 años de ausencia, volvió Elektra de Strauss, que en un efectivo y austero montaje del veterano Michael Hampe, se presentó semi escenificada, con la orquesta al fondo del escenario mientras cantantes como Jeanne-Michèle Charbonnet, Ann-Marie Backlund y Susanne Resmark desarrollaban un intenso y volcánico despliegue dramático y vocal.

Y en julio, fue el turno del título lírico más esperado y significativo del año: el estreno en Chile de Alcina de Handel, la primera ópera barroca que el Municipal programaba en su temporada oficial en toda su historia (más vale tarde que nunca…); la puesta en escena de Marcelo Lombardero, con elementos evidentemente contemporáneos y el abundante uso de modernos recursos audiovisuales, tuvo admiradores y detractores por igual, pero nadie pudo quedar indiferente al excelente conjunto de cantantes convocados (con especial mención a las sopranos Birgitte Christensen, Heidi Stober y Judith Gautier, y la mezzosoprano Maite Beaumont encarnando a Ruggero, el mismo rol que canta en la grabación dirigida por Alain Curtis y protagonizada por Joyce DiDonato), ni menos a la sobresaliente labor del reconocido director Federico Maria Sardelli al frente de la Filarmónica de Santiago, sonando deliciosa y sorprendentemente cómoda en este repertorio que no suele abordar a menudo. En agosto, tras la gala de reapertura del teatro a comienzos de ese mes, la ópera volvió al fin al Teatro Municipal con el Macbeth de Verdi en una nueva y comentada puesta en escena del prestigioso Hugo de Ana, con una sorprendente mezcla de estéticas y el uso de una enorme pantalla LED donde se proyectaban fantasmagóricas imágenes; y en septiembre, siempre siguiendo con Verdi, fue el turno del célebre Rigoletto, en otro montaje que no convenció a todos por igual, a cargo del francés Jean-Louis Pichon, y con Andrzej Dobber, Ekaterina Lekhina y el tenor Russell Thomas como protagonistas, con una espléndida dirección musical del ucraniano Andriy Yurkevych.

Tras el ovacionado recital con el que el cotizado Juan Diego Flórez debutó al fin en Chile y las exitosas y concurridas presentaciones de Philip Glass, a fines de octubre el Municipal de Santiago ofreció el último título de la temporada lírica 2010, Thaïs de Jules Massenet, que no se presentaba en Chile desde 1944. Estrenada en 1894, esta pieza ha permanecido injustamente en segundo plano durante décadas, y si bien no alcanza las cumbres musicales y dramáticas de las dos obras maestras de su autor, Manon y Werther, de todos modos posee suficientes méritos como para merecer mejor suerte; afortunadamente, gracias a nuevos registros en disco y DVD y particularmente a la elogiada interpretación de la soprano Renée Fleming, en los últimos años este trabajo se está representando más frecuentemente en teatros de prestigio como el MET de Nueva York, confirmando que merece mucho más que estar relegada a ser recordada exclusivamente por el bello y delicado intermezzo “Meditación”, una de las más célebres partituras para violín solista de la historia. Indudablemente uno de los principales problemas que presenta montar esta ópera hoy en día es la credibilidad de su puesta en escena, ya que la trama en torno a una sensual cortesana que pasa a convertirse en una santa gracias a los esfuerzos redentores de un joven monje que a la vez de a poco termina enamorándose de ella, podría convertirse en algo muy naif e incluso ridículo. Afortunadamente, la producción del Municipal estuvo en manos del siempre talentoso diseñador Pablo Núñez, quien obtuvo una vez más merecidos elogios por su hermoso vestuario, además de confirmar su especial afinidad y sensibilidad hacia la ópera francesa, elaborando una escenografía efectiva y coherente en su simpleza y minimalismo (apoyado por la acertada iluminación de Ricardo Castro), y otorgando especial humanidad a la teatralidad de sus protagonistas, al esquivar con éxito los clichés y conmoviendo con su apasionada historia de amor imposible.

El otro escollo para presentar Thaïs es encontrar una soprano que le haga justicia vocal y dramáticamente al rol protagónico, y es por eso que en el éxito obtenido por el montaje fue fundamental la labor de la estupenda cantante estadounidense Elizabeth Futral, de regreso en Chile cinco años después de su aplaudida Lucia de Lammermoor. Aunque puede que en tan breve período de tiempo su voz haya perdido algo de frescura, la artista realizó un espléndido trabajo por partida doble: sorteó todas las dificultades musicales de un personaje exigente gracias a su registro sólido, timbre atractivo, adecuados agudos y una inspirada manera de decir las frases, y fue también una actriz convincente y emotiva, que además de verse hermosa en escena logró hacer creíble el paso de seductora a redimida, particularmente en su magnífico segundo acto, lleno de momentos memorables, como la famosa aria del espejo o el proceso interno que vive mientras la orquesta y el violín interpretan la “Meditación”.

Una lástima que al lado de la Futral, interpretando al coprotagonista, Athanaël, el barítono Christopher Robertson no pudiera estar a la misma altura: en lo escénico, su monje era monótono y severo y se veía demasiado maduro, y en lo vocal nunca se lo notó cómodo, con su timbre demasiado oscuro para el rol, y por si fuera poco aquejado por una alergia que lo hacía toser a menudo. Una pena, porque desde que debutó en el Municipal en 1990 este cantante ha ofrecido buenas actuaciones en óperas tan diversas como Los pescadores de perlas, Peter Grimes y Tristán e Isolda; hay que decir a su favor que hizo lo que pudo para cantar bien durante al menos dos funciones, pero ya en la tercera debió ser reemplazado por su colega que interpretaba el rol en el segundo reparto, el del llamado “Elenco Estelar”: tras sus promisorias actuaciones en Los pescadores de perlas el año pasado y este 2010 como Silvio en I pagliacci, el joven y ascendente barítono brasileño Leonardo Neiva no sólo confirmó que ya es uno de los mejores intérpretes latinoamericanos de su cuerda, sino además conformó una atractiva pareja con la Futral, con lo que el montaje ganó en emoción y pasión las últimas dos funciones, como siempre debió ser. Aunque no logró superar el excelente desempeño de su colega, en el segundo elenco la soprano danesa Kristine Becker Lund dejó una grata impresión con su material vocal y buena presencia escénica. En el rol de Nicias, muy acertados en sus breves intervenciones estuvieron los tenores chilenos Gonzalo Tomckowiack y Patricio Saxton, y de ambos elencos también se puede destacar a Ricardo Seguel como Palémon en el elenco Internacional, y a Gloria Rojas como Albine en el Estelar.

La partitura alterna el lirismo, la delicadeza, la introspección y la ternura, incorporando deliciosos apuntes de exotismo y como siempre demostrando la habilidad de Massenet para sugerir atmósferas a través de la música; todos estos rasgos fueron resaltados adecuadamente por los maestros Jan Latham-Koenig y José Luis Domínguez al frente de la Filarmónica en el elenco Internacional y el Estelar, respectivamente, y no se puede dejar de mencionar el sólido trabajo del concertino Hugo Arias en la “Meditación”. Sólo hubo que lamentar que tratándose de una obra que no se representaba en Chile desde hace 66 años, se haya decidido aplicar diversos e innecesarios cortes, incluyendo atractivos números como el trío femenino del segundo acto y hasta una escena completa, la segunda del tercer acto; en particular esta última alteración se hizo sentir, ya que ese cuadro ayuda a hacer más aceptable y creíble la transición emocional de Athanaël, sintiéndose así menos brusco su cambio en el desenlace. No se entiende qué puede haber justificado estos cambios, ya que además de su prolongada ausencia, esta ópera no es más larga de lo habitual.

Sea como sea, el regreso de Thaïs se convirtió en una de las mejores producciones de la temporada local y fue positivamente recibido por la crítica y el público. Fuera del Teatro Municipal, que ya anunció su atractiva temporada 2011, los últimos meses del año han seguido particularmente activos en el ámbito musical: un divertido y sólido Don Pasquale de Donizetti con cantantes chilenos y estética inspirada por el cómic; la inauguración del Teatro del Lago en la hermosa localidad sureña de Frutillar, que además anunció la próxima presentación de una ópera, lo que lo convertirá en el teatro con producciones líricas más austral del mundo; las inolvidables actuaciones de la Orquesta y el Coro del Teatro San Carlo de Nápoles en una gira exclusivamente consagrada a Chile, y el debut local del legendario Itzhak Perlman, en el concierto de música de películas de la Filarmónica de la Ciudad de Praga.

Thursday, September 16, 2010

Aida con la Scala - Teatro Colon di Buenos Aires

Foto: Colombaroli

Ramón Jacques

La splendida e commovente interpretazione di Aida che il coro, l’orchestra e i solisti del Teatro alla Scala di Milano hanno realizzato nella loro prima tournée in Argentina sarà ricordata come una delle migliori esecuzioni dell’opera viste in questo teatro. Per commemorare il bicentenario dell’Argentina e la riapertura del suo teatro più importante, chiuso per restauri per quattro anni, non poteva essere scelto un teatro milgiore di quello milanese. La scelta su Aida è caduta perchè fu proprio questa l’opera che inaugurò il Teatro Colon di Buenos Aires nel 1908.
Il vantaggio di una rappresentazione in forma di concerto della sontuosa partitura verdianan era che con una orchestra più amplia e schierata si potevano apprezzare maggiormente una varietà di colori normalmente impercettibili nella limitazione della buca. Notevole la resa di tutta l’orchestra, con una sezione degli archi dal suono omogeneo e millimetricamente preciso e una sezione degli ottoni molto risonante. Daniel Barenboim si è distinto davanti al suo pubblico dirigendo con entusiasmo e ardore e anche se la sua lettura mancava a volte di mobilità dinamica, il risultato finale è risultato notevolissimo.. La prestazione del Coro del Teatro alla Scala diretto da Bruno Casoni si può definire solo con un aggettivo: “portentosa”. Sicuramente in questo repertorio nessuno può rivaleggiare con la compagine milanese!
Il cast prevedeva nel ruolo della protagonista il soprano ucraino Oksana Dyka, dalla voce sicura e omogenea, maneggiata con energia e dolcezza quando richiesto. Salvatore Licitra ha donato carattere e virilità a Radames con un canto di ampia proiezione e bel timbro. Da parte sua Ekaterina Gubanova ha cantato con intensità e convinzione nella parte di Amneris, mettendo in evidenza il suo timbro mezzosopranile scuro e vigoroso. Appropriata la voce del baritono Andrzej Dobber nel ruolo di Amonasro, molto elegante nel fraseggio e nella dizione. Kwangchul Youn ha incarnato un Ramfis dalla voce potente come pure meritevoli di menzione dono Carlo Cigni (il Re), Antonello Ceron (il Messaggero) e Sae kyung Rim (la Sacerdotessa)- Alla fine più di quindici minuti di applausi e ovazioni per tutti gli artisti.

Tuesday, September 7, 2010

Aida del Teatro alla Scala de Milán en Buenos Aires

Foto: Arnaldo Colombaroli, Orquesta, coro y solista del Teatro alla Scala de Milán

Ramón Jacques

La espléndida y emotiva interpretación de Aída de Verdi que el coro, la orquesta y los solistas del Teatro alla Scala de Milán, realizaron en su primera gira a la Argentina, quedará, sin dudas, grabada en la historia del Teatro Colón, y en la memoria del publico presente, como una de las mejores ejecuciones jamás vistas en este recinto. Para conmemorar el bicentenario de la Argentina y la reapertura de su teatro más importante, el cual permaneció cerrado durante cuatro años por renovaciones, no podía haberse elegido a un mejor invitado de lujo que el teatro milanes. Además, se eligió Aída porque fue la obra con la que se inauguró el celebre coliseo bonaerense en 1908.

La ventaja de la representación en concierto de esta profusa partitura verdiana con una agrupación de este calibre, es que se hizo con una orquesta más amplia en cuanto al número de instrumentistas sobre el escenario, por lo que se pudo escuchar y apreciar una variedad de colores, matices y timbres normalmente imperceptibles por las limitaciones del foso. El desempeño en conjunto de toda la orquesta fue notable, con una sección de cuerdas que emitió un sonido homogéneo y milimétricamente preciso, y una profusa y resonante sección de metales. Daniel Barenboim se lució ante su público dirigiendo con entusiasmo y ardor a la orquesta, y aunque su lectura careció por momentos de mayor dinámica, y aunque es pretencioso decirlo, no se alteró de ninguna manera el resultado final. De la prestación del Coro del Teatro alla Scala, dirigido por Bruno Casoni, solo puede describirse como portentosa. Seguramente en lo que se refiere a la interpretación de este repertorio no debe existir otro coro que lo iguale.

El elenco vocal contó con la presencia de la soprano ucraniana Oksana Dyka quien prestó al personaje de Aída, una voz segura y homogénea, que manejo con energía y dulzura expresiva cuando le fue requerida. Salvatore Licitra dio carácter y virilidad a Radamés y cantó con amplia proyección y grato timbre. Por su parte Ekaterina Gubanova cantó con intensidad y convicción al personaje de Amneris, con su oscuro y vigoroso timbre de mezzosoprano. El barítono Andrzej Dobber, mostró una voz de un tono baritonal muy apropiado para el papel de Amonasro, muy elegante en el fraseo y en la dicción. Kwangchul Youn fue un Ramfis de voz potente, y muy dignos y meritorios fueron los aportes de Carlo Cigni, como el rey de Egipto, de Antonello Ceron como el mensajero y de Sae Kyung Rim como la sacerdotisa. Al final, el publicó premio a todos los artistas con mas de quince minutos de ovaciones y aclamaciones.

Monday, June 1, 2009

La Traviata en la Opera de Los Angeles

Foto: Robert Millard

Ramón Jacques
Por tercera ocasión en menos de tres años, la Ópera de Los Ángeles ha escenificado esta ópera verdiana, El hecho como tal no significa nada, ya que se trata de una de las obras mas conocidas del repertorio operístico. Pero analizando con mas detalle la situación, en un teatro que si bien es de los mas grandes en Norteamérica y que hasta esta temporada, que concluye con estas funciones, no hacía más de nueve producciones por temporada, significa que la crisis económica que se vive en esta región operística del mundo, esta teniendo su impacto en las artes, y mas aun sobre la ópera, un género que para su realización requiere de grandes inversiones de dinero.

En suma, la situación económica es la que hoy en día, y al menos en el futuro inmediato, esta dictando la pauta de las óperas que deberán ser programas por los teatros estadounidenses en sus temporadas, a fin de retener a su público, o en el peor de los casos no ahuyentándolo. La perspectiva luce complicada, porque ante la perdida de grandes aportaciones privadas, que representa el principal mecanismo de financiación de estos teatros, la tendencia inmediata ha sido la de reducir las temporadas, cancelando producciones y el número de funciones, contratando artistas poco conocidos, quizás con cachets mas bajos y de inferior calidad vocal, y recurrir a obras populares del repertorio, por lo que, sin menospreciar, se espera ya una cantidad considerable y exagerada de Bohemes, Madame Butterflies, Barberos de Sevilla, Traviatas, etc., en la mayoría de los teatros de este país.

Pero lo que los teatros parecen no tomar en cuenta, aparte de pretender solucionar su propia economía, es que el verdadero problema y su solución no radica en lo anteriormente mencionado, si no en el bolsillo y en las finanzas del público que asiste a las funciones y paga sus entradas, que en Norteamérica no se distinguen por ser tan accesibles en precio. Lo anterior, fue más que evidente la noche de inauguración de la última producción del año en Los Ángeles, en la que la que hubo una cantidad considerable y preocupante de butacas vacías.

Hablando en términos artísticos de la función que nos ocupa, la compañía repuso el drama de la Dama de las camelias, con los vestuarios y el marco escénico concebido por Giovanni Agostinucci, mismo que fue utilizado e inmortalizado en DVD en el estreno de la temporada 2006 con Reneé Fleming, Rolando Villazón y Renato Bruson, con la dirección musical de James Conlon. Las escenografías son opulentas, y visualmente atractivas, particularmente en el primer acto, realizado en el jardín de una mansión, y en el tercero, en un amplio salón rojo con escaleras y dos niveles, en el que se desplazaba con facilidad la amplia compañía artística de solistas, coro, bailarines, toreros y comparsas. Ayudo mucho a resaltar la escena, el brillante juego de iluminación dispuesto por Daniel Ordower. La producción fue realizada entre las compañías de Los Angeles, de Washington, donde fue montada en septiembre del 2008, y la Ópera Real de Wallonie en Bélgica, donde fue creada originalmente.

Siempre que se ha utilizado este montaje, la dirección artística ha estado a cargo de Marta Domingo, quien como ya lo hiciera a finales de la temporada angelina del 2008 en la Rondine de Puccini, demostró una detallada preparación y conocimiento del libreto y de la trama de la ópera, por lo que sus conceptos de actuación fueron directos, y la función transcurrió con claridad y naturalidad. En el papel de Violeta, realizó su debut local la soprano rusa Marina Poplavskaya, con resultados vocalmente óptimos. A pesar de una rara coloración en su timbre, su canto fue seguro y seductor. En sus primeras intervenciones mostró un notable vibrato que una vez que controló fue capaz de emitir agradables notas musicales con un generoso despliegue de las notas más agudas, con armonía y cuerpo lírico. Sin embargo, su desempeño actoral fue en términos generales inexpresivo y rígido, pero aun así fue ampliamente premiada por el publico por su participación.

El papel de Alfredo Germont fue interpretado por el tenor Massimo Giordano, quien hizo alarde de sus generosas cualidades vocales como su colorido timbre y plausible seguridad para frasear y proyectar correctamente. Lamentablemente su prestación escénica estuvo por debajo de su nivel vocal, ya que en escena se mostro carente de temperamento y ardor con una rigidez, que por momentos fue exasperante. Por su parte, el barítono polaco Andrzej Dobber, se mostró como un autoritario Giorgio Germont, y la su interpretación del aria ‘Di Provenza’ fue uno de los momentos mas sobresalientes de la función, por su musicalidad, cadencia y precisión para interpretar. El desempeño del resto del elenco completó la escena de manera satisfactoria en cada una de sus intervenciones.

El eslabón más débil de la cadena, provino en esta ocasión del foso orquestal, ya que Grant Gershon, en su debut como nuevo director musical asociado de la compañía, no tuvo una afortunada transición del mundo sinfónico, pasando por el coro del teatro, a la conducción musical. Su dinámica y tiempos fueron erráticos y desiguales en gran parte de la función. Genero en más de una ocasión, desafinación instrumental, y falta de sincronización en las voces, desconcierto en algunas entradas, y privó a la partitura de la alegría y musicalidad que naturalmente contiene.