Foto: Salvatore Licitra
Alicia Perris
Algunos lo consideraban el sucesor natural de Luciano Pavarotti, desde que lo reemplazó en una Tosca en el Metropolitan Opera House de Nueva York, en 2002, debido a una enfermedad del anterior. A pesar de que es difícil que alguien pudiera evocar con fidelidad al inigualable tenor de Módena, se le parecía físicamente y tenía una de esas voces con un color especial, tan característico, ideal para el repertorio italiano y belcantista. Había debutado en el Teatro Regio di Parma en 1998 con Un ballo in maschera de Verdi en 1998 y Muti lo percibió con rapidez como un valor al alza en el territorio de la voz humana. Salvatore Licitra falleció en un hospital de Catania (Sicilia) como consecuencias de las heridas sufridas en un accidente de tráfico que había sufrido poco antes, probablemente ocasionado como consecuencia de un accidente cerebrovascular. Había nacido en Suiza, pero sus padres eran italianos y tenía concertadas citas para presentarse a finales de septiembre en la capital de Japón, Tokio. A continuación, seguiría a Taipei (Taiwan), Salerno( Italia), Mannheim y Hamburgo en Alemania. Dicen quienes saben de estas cosas, que los seres humanos dotados con talento y excelencia a menudo mueren jóvenes y que tal vez, los dioses los reciban en el Olimpo como a héroes.





Como marcó visual de la función se estrenaron las escenografías concebidas por Maurizio Balò, realizadas en coproducción con el Teatro Massimo de Palermo donde serán vistas en el mes de diciembre, que le dieron a la acción un toque cinematográfico y captaron ese ambiente californiano del lejano oeste: como el bar construido dentro de una mina en el primer acto, una idea tomada del film Johnny Guitar de 1954 con Joan Crawford; la sencilla cabaña de Minnie en el segundo acto con montañas y nieve al fondo, y el tercero en el que se observa, además de las montañas, un evocador valle típicamente californiano. Tanto los correctos vestuarios, adecuados a la época, como la brillante iluminación, y la detallada, afanosa, pero nunca exagerada regia de Lorenzo Mariani (director artístico del Teatro Massimo) ayudaron a dar un toque de mayor realismo a la escena.



