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Wednesday, March 30, 2016

Nabucco en Chicago

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

A pesar de que en su larga historia la Ópera Lirica de Chicago ha estado vinculada con la escenificación de operas del repertorio italiano, principalmente de Verdi, Nabucco continúa siendo poco conocida en este escenario donde solo se había montado dos veces, en su estreno en 1963 y en la temporada de 1997. En escena se vio la rutilante producción diseñada por Michel Yeargan, que tiene ya varios años en circulación, durante los cuales ha sido vista en los teatros de Los Ángeles, Houston y San Francisco, y que parece no perder su vigencia. Situada en un tiempo indefinido, pero moderno, las inscripciones en las paredes de escritura cuneiforme y hebrea sugieren que la trama transcurre entre Jerusalén y Babilonia. Un brillante palacio azul minimalista, estatuas de bronce, figuras de caballos al fondo; y una larga escalera que atraviesa el escenario de un lado a otro con un trono en la parte superior, son algunas de las sugestivas escenas que regala este montaje al espectador, sin olvidar la abigarrada iluminación en tonalidades azules y rojas de Duane Schuler que dan a la escena un toque oscuro, lúgubre y dramático; ni los elegantes vestuarios rojos y negros de de terciopelo. Ante este marcó el debutante director de escena Matthew Ozawa, debía concentrarse en que la escena tuviera fluidez y los personajes fueran creíbles y humanos, situación que no logro plasmar del todo incurriendo por momentos en escenas estáticas y acartonadas. 
La atención se centró en el personaje de Abigaille, personificado por la soprano Tatiana Serjan con una interpretación preeminente. Sobresalió la brillantez de su voz, que contiene una amplia gama de colores, y la naturalidad con la que proyecta y logra comunicar, así como su sobrecogedora actuación. El barítono Željko Lučić se mostró muy seguro y solvente en el papel principal, al igual que Elizabeth DeShong, mezzosoprano estadounidense en carrera ascendente que mostro buenos recursos vocales y profundidad en su voz.  A su vez, estuvo muy discreto el tenor Sergei Skorokhodov un poco ausente en el escenario y con poco que resaltar en su desempeño vocal. El bajo Dmitry Belosselskiy aportó una potente y solida voz a Zaccaria y muy poco más. Cumplieron el resto de los artistas en los papeles menores. Al frente de la orquesta Carlo Rizzi condujo con su amplia experiencia, de manera práctica y con la intención de resaltar la dramaturgia contenida en la obra.  Como  en toda función de Nabucco, no deja de sorprender la entusiasta y espontanea explosión de júbilo por parte del público después del “Va Pensiero’  cantado aquí por un coro muy sólido y profesional. 

Tuesday, December 15, 2009

Il Trittico de Puccini - Metropolitan Opera, Nueva York

Foto: Alessandro Corbelli (Gianni Schicchi), Patricia Racette (Suor Angelica). Ken Howard / Metropolitan Opera.

Ramón Jacques


Los tres personajes principales femeninos en “Il Trittico” de Puccini poseen cualidades actorales y vocales tan diversas que en la actualidad es poco común ver a una sola cantante interpretar a los tres en una sola representación. Pero esta situación ocurrió en la reciente reposición de esta trilogía operística en el Metropolitan, con la soprano americana Patricia Racette, quien posee las optimas cualidades vocalides y los dotes artisticos necesarios para interpretar a los personajes dramáticos puccinianos (como ya lo ha hecho en el pasado con Manon Lescaut, Tosca, y con el que se ha convertido en su especialidad Madama Butterfly). Vocalmente el color de su timbre es grato, y su voz es homogénea en cada registro. Esta situación quedo mejor evidenciada en su convincente interpretación de Suor Angelica, donde se le notó completamente involucrada con el personaje y donde su técnica vocal se mostró más segura y efectiva, particularmente en el aria “Senza mamma” donde pudo comunicar sentimientos y conmover. Por otra parte, su Giorgietta, fue solo correcta en lo vocal y lo escénico, y su Lauretta fue discreta, porque aquí su voz sonó pesada y por que mostró evidentes señas de fatiga. En Il Tabarro, participaron tambien: el tenor Salvatore Licitra, quien dio vida a un viril y autoritario Luigi con robusta entonación y volumen en su canto; y el barítono Željko Lučić que como Michele apostó solo por la fuerza y violencia de su emisión. La mezzosoprano Stephanie Blythe tuvo una destacada y generosa participación como Frugola. (Así como también lo hizo interpretando correctamente a la princesa en Suor Angelica y a Zita en Gianni Schicchi).
En la opera Gianni Schicchi, el papel estelar fue encomendado a Alessandro Corbelli quien dio vida a un divertido charlatán, porque es un cantante apto para este tipo de papeles, por su habitual carácter burlesco y jovial, y por su canto uniforme y pastoso. El tenor Saimir Pirgu, tuvo un esplendido debut en el Met como Rinuccio, por su luminosa y lírica voz de grato y calido timbre, elegante en el fraseo y la proyección. En escena se mostró artísticamente activo, dinámico y actuó con naturalidad. En el podio, Stefano Ranzani, concertó con gusto y entusiasmo, extrayendo la musicalidad y la tensión contenida en la partitura con mano segura. Finalmente un reconocimiento a la producción escénica, vista por primera vez en este escenario en el 2007, de Jack O’Brien (director de escena) y Douglas Schmidt (diseñador) que fue una majestuosa estampa llena de realismo, que ocupó todo el enorme espacio escénico del teatro, y que situó las tres operas en el siglo XX. Fue agradable ver el enorme barco al lado del río Sena, con Paris al fondo en Il Tabarro; el monasterio de Suor Angelica; y la opulenta mansión de Buoso Donati, con Florencia al fondo, en Gianni Schicchi. Esta costumbre de presentar producciones escénicas enormes y vistosas corresponde al Metropolitan de administraciones pasadas, y que desafortunadamente va a ir desapareciendo lentamente.

Il Trittico di Puccini - Metropolitan Opera, New York

Foto: Alessandro Corbelli (Gianni Schicchi), Patricia Racette (Suor Angelica). Ken Howard / Metropolitan Opera.

Ramón Jacques

I tre personaggi femminili de “Il Trittico” possiedono qualità drammatiche e vocali tanto differenti che attualmente è poco comune vedere una sola cantante interpretarli tutti e tre nel corso della stessa rappresentazione. Ma un caso simile è occorso nella riproposta recente al Met con il soprano americano Patricia Racette, che possiede un’ottima vocalità e le doti attoriali necessarie per interpretare i personaggi pucciniani (come ella ha già fatto nel passato con Manon Lescut, Tosca e Madama Butterfly, quest’ultima divenuta una sua specialità). Vocalmente il colore timbrico è piacevole e la sua voce è omogenea in ogni registro. E ciò lo si è notato al meglio in Suor Angelica dove si è immedesimata completamente con il personaggio e la sua tecnica vocale si è mostrata salda ed efficace, particolarmente in “Senza mamma” dove ha potuto comunicare sentimento e commuovere. Invece la sua Giorgetta è stata solo corretta sia vocalmente che sulla scena, e Lauretta discreta per una certa pesantezza del mezzo vocale in rapporto con la vocalità richiesta dal personaggio (e anche per i segni di una evidente affaticamento). Nel Tabarro ha convinto Salvatore Licitra che ha dato vita ad un Luigi virile e autoritario, di robusta intonazione e volume. Invece il baritono Željko Lučić, come Michele ha messo in mostra un canto solo muscolare e poco sfumato. Il mezzosoprano Stephanie Blythe ha dato una generosa partecipazione come Frugola (così come ha interpretato correttamente la Zia Principessa e Zita).
Gianni Schicchi è stato impersonato con divertita ciarlanateria da Alessandro Corbelli, adatto a questo tipo di ruoli di carattere burlesco e gioviale, con una voce omogenea e pastosa. Il tenore Saimir Pirgu ha fatto uno splendido debutto al Met come Rinuccio, con una voce lirica e luminosa di timbrica suadente, elegante nel fraseggio e nella proiezione. In scena si è mostrato attivo e dinamico, ma sempre con naturalezza. Sul podio Stefano Ranzani ha concertato con gusto ed entusiasmo estraendo con mano sicura musicalità e tensione dalla partitura. Infine un bravo va per l’allestimento scenico (creato nel 2007) al regista Jack O’Brian e a Douglas Schmidt, la cui maestosa scenografia molto realistica che occupava tutto lo spazio del palcoscenico proiettava lo spettatore nel XX secolo (con l’enorme barcone a lato della Senna a Parigi, il monastero di Suor Angelica e l’opulenta magione di Buoso Donati). Ma questa esuberanza scenica corrisponde ad un Met del passato che lentamente sta scomparendo.