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Tuesday, July 31, 2012

Ópera de San Francisco, Temporada 2012-2013

Foto: War Memorial Opera House, San Francisco

Un variado e interesante ciclo de nueve títulos es lo que propone el segundo teatro más importante de Norteamérica después del Metropolitan.  Resalta la presentación de operas de compositores estadounidenses como: Moby Dick de Jake Heggie con el tenor Ben Heppner y conducción de Patrick Summers;  y los estrenos absolutos de The Gospel of Mary Magdalene de Mark Adamo, y The Secret Garden de Nolan Gasser. Nicola Luisotti director musical del teatro se hará cargo de las producciones de Rigoletto (con Zeljko Lucic, Aleksandra Kurzak y el tenor mexicano David Lomelí), de Tosca (con Angela Gheorghiu y Patricia Racette en el papel principal), de Così fan tutte de Mozart y del estreno de una nueva producción de Lohengrin con Brandon Jovanovich, Camilla Nylund y Petra Lang.  En coproducción escénica con el Liceu de Barcelona, concebida por Laurent Pelly, se montarán Los Cuentos de Hoffman de Offenbach con Natalie Dessay y Matthew Polenzani con dirección musical de Patrick Fournillier. No menos interesante será la nueva producción de I Capuleti e i Montecchi que encabezará Joyce Di Donato y conducirá Riccardo Frizza.  El ciclo se complementará  con un concierto sinfónico con música de Puccini, Rota y Brahms que la orquesta del teatro realizará en el teatro de la Universidad de Berkeley. RJ

Saturday, October 9, 2010

Aida de Verdi en la Opera de San Francisco

Fotos: Marco Vratogna y Micaela Carosi Crédito: Cory Weaver

Ramón Jacques
Con Aída de Verdi se inauguró la nueva temporada de la Opera de San Francisco. Musicalmente la función fue satisfactoria bajo la conducción de Nicola Luisotti, director musical del teatro, quien con mano segura exaltó la exuberante orquestación y musicalidad de la partitura. El sonido que se originó en el foso fue dinámico, intenso y emocionante. El coro tuvo también un aporte fundamental en el desarrollo de la función. El elenco vocal tuvo un desempeño notable, comenzando con la soprano Micaela Carosi, una sólida y convincente interprete que cantó el papel de Aída con una voz segura, calida y uniforme con la que supo amalgamar brío con expresividad y dulzura. Marcello Giordani, en su primera comparecencia como Radames, exhibió una voz de robusto timbre de tenor, así como buena proyección, y presencia escénica. El barítono Marco Vratogna dio vida a un autoritario Amonasro, al que prestó una línea de canto noble y vigorosa. Dolora Zajick mostró poderío vocal y escénico para dar vida a una impetuosa y ardorosa Amneris. Correctos estuvieron los demás cantantes, resaltando al recio Ramfis del bajo Hao Jiang Tian, a Christian Van Horn como el Rey de Egipto y al tenor David Lomelí como el mensajero. La puesta escénica de la diseñadora inglesa Zandra Rhodes, fue la parte menos satisfactoria de la función. Su concepción de un colorido Egipto, situado en una época indeterminada como en un cuento de dibujos animados, con cargadas motivos y figuras egipcias, exagerados vestuarios, y constantes cambios de escena, pareció estar desfasada con la trama creando una escena sobrecargada y por momentos incomoda para la visión.

Thursday, July 8, 2010

La Fanciulla del West de Puccini - Opera de San Francisco

Fotos: Cory Weaver / San Francisco Opera. Deborah Voigt (Minnie), Roberto Frontali (Jack Rance), Salvatore Licitra (Dick Johnson)

Ramón Jacques

Los tres teatros más importantes en Norteamérica: Nueva York, San Francisco y Chicago han programado dentro de su presente temporada La Fanciulla del West, en conmemoración del centenario de la opera de Puccini, que tuvo su estreno mundial el 10 de diciembre de 1910 en el Metropolitan, y cuya premier en el teatro neoyorquino se realizará precisamente la noche del 10 de diciembre de este año.
Se puede decir que la opera de Puccini, así como la obra teatral que inspiró su creación The Girl of the Golden West de David Belasco, mantienen una cercana conexión con la Opera de San Francisco, ya que su trama se sitúa en la alta California, en las minas cercanas y en los alrededores de esta ciudad, durante el periodo de la llamada “fiebre del oro” representada en esta opera. Resultó simpático ver como el publico presente reconoció con familiaridad los nombres de las ciudades, montañas, minas (incluido el famoso mensajero de Wells Fargo) que son mencionadas en los dialogos. De cualquier manera, la opera ha sido poco representada en este escenario, ya que su primera representación local ocurrió veinte años después de su estreno mundial, en 1930, y su ultima puesta escénica fue en 1979 con: Carol Neblett, Placido Domingo y la conducción de Giuseppe Patanè.

Como marcó visual de la función se estrenaron las escenografías concebidas por Maurizio Balò, realizadas en coproducción con el Teatro Massimo de Palermo donde serán vistas en el mes de diciembre, que le dieron a la acción un toque cinematográfico y captaron ese ambiente californiano del lejano oeste: como el bar construido dentro de una mina en el primer acto, una idea tomada del film Johnny Guitar de 1954 con Joan Crawford; la sencilla cabaña de Minnie en el segundo acto con montañas y nieve al fondo, y el tercero en el que se observa, además de las montañas, un evocador valle típicamente californiano. Tanto los correctos vestuarios, adecuados a la época, como la brillante iluminación, y la detallada, afanosa, pero nunca exagerada regia de Lorenzo Mariani (director artístico del Teatro Massimo) ayudaron a dar un toque de mayor realismo a la escena.

La soprano Deborah Voigt, quien debutó el personaje de Minnie y lo interpretará en todas las representaciones norteamericanas, ofreció una caracterización dramáticamente convincente, y aunque en su prestación vocal tuvo algunos problemas de emisión y en los agudos al inicio, una vez que calibró la voz la voz, cantó de manera homogénea y timbre robusto, por momentos de manera vibrante.

El tenor Salvatore Licitra interpretó con carácter y virilidad a Dick Johnson, con elegante fraseo, amplia proyección y grato timbre. Memorable fue la caracterización de un furioso y arrogante Jack Rance, por parte del barítono Roberto Frontali, quien actúo con confianza y autoridad, y mostró precisión vocal, así como brillante dicción y musicalidad. El resto del elenco tuvo un correcto desempeño, destacando al bajo Kevin Langan como Ashby, al barítono Timothy Mix como Sonora, y al tenor mexicano David Lomelí como Harry.

Para esta representación, Nicola Luisotti, titular de la orquesta del teatro, le cedió la batuta a Giuseppe Finzi, segundo director musical, quien mostró compenetración e identificación con la orquesta. La lectura de este joven maestro de Bari sorprendió y emocionó por el sonido compacto y parejo que obtuvo del foso, y sobretodo por la manera como fue cincelando la amplia gama de colores y exhuberancia de la orquestación. Una personalidad a tener en cuenta.

Saturday, November 14, 2009

Requiem de Verdi - Los Angeles Philharmonic

Fotos: Gusto Dudamel - Los Angeles Philharmonic.
Crédito: Mathew Imaging

Ramón Jacques
Mucha! ¡Demasiada!, es la expectación que ha causado en esta ciudad la llegada de Gustavo Dudamel a la dirección musical de la orquesta Los Ángeles Philharmonic, una agrupación que si bien había alcanzado altos niveles de excelencia musical, realizando múltiples grabaciones y estrenos mundiales de obras, necesitaba un cambio o una liberación de la rutinaria perfección maquinaria y seriedad de su antiguo director, el finlandés Esa- Pekka Salonen. El joven director venezolano ha llegado a inyectarle esa dosis necesaria de pasión y temperamento, y a contagiarle el entusiasmo que necesitaba, como quedó de manifiesto en esta magistral interpretación del Requiem de Verdi. A priori, se podría pensar que la batuta de Dudamel se basa únicamente en la potencia y el nervio que le imprime a su lectura musical, pero la realidad es que se trata de un director que sabe manejar los dramáticos contrastes de la obra, que van de las vigorosos ritmos a las sublimes melodías que expresan profundos sentimientos. Dudamel demostró que además de ser director, es un guía que sabe conducir el espectáculo, que frasea con los solistas y el coro, que esta atento a las dinámicas, y que dentro del control y la seguridad que ejerce con su batuta, permitió coloridas libertades interpretativas como en el Dies irae a las percusiones y a las cuerdas, o a la sección de metales en el Tuba Mirium, con unas trompetas que se escucharon desde la parte mas alta del teatro. El reforzado coro Los Ángeles Master Chorale, mostró fortaleza, pero al mismo tiempo un amplio sentido de unidad y conjunción. A ello, se agregó un optimo grupo de solistas encabezado por el bajo canadiense John Relyea, de voz oscura y briosa, el tenor mexicano David Lomelí, que aportó las cualidades líricas de su timbre y una voz de amplia proyección al muy conmovedor Lux eternae, acompañado por la suntuosa y seductora voz de la mezzosoprano Ekaterina Gubanova. La melodiosa y cristalina pureza en el sonido musical emitido por Leah Crocetto, fue capaz de atravesar la masa orquestal y emocionar en el Libera me.

VERSIONE IN ITALIANO
Foto: Gustavo Dudamel - Los Angeles Philharmonic
Crédito: Mathew Imaging
Ramón Jacques
Grande, grandissima... è l’attesa per l’arrivo di Gustavo Dudamel alla direzione musicale della Los Angeles Philharmonic, un complesso che, sebbene abbia elevato il livello di eccellenza musicale effettuando anche numerose registrazioni e prime esecuzioni assolute di opere contemporanee, necessitava di un cambiamento o, meglio, di una liberazione dalla routinaria perfezione un po’ meccanica e seriosa del suo ultimo direttore Esa Pekka-Salonen. Il giovane direttore venezuelano è stato voluto per iniettare la giusta dose di passione e temperamento e contagiare gli strumentisti con il proprio entusiasmo, tutte cose già ben manifeste in questa magistrale interpretazione del Requiem di Verdi. A priori si può pensare che la direzione di Dudamel si basi unicamente sulla forza e sul nerbo che sa imprime alla sua lettura musicale. Però la realtà è che si tratta di un direttore che sa manovrare con grande abilità anche i contrasti drammatici, dai ritmi più vigorosi alle melodie più sublimi che esprimono sentimenti profondi. Dudamel ha anche dimostrato di essere un vero regista che può guidare lo spettacolo, che fraseggia con solisti e coro, che è attento alle dinamiche, e che nell’ambito del controllo esercitato con sicurezza dalla sua bacchetta, autorizzare una certa libertà interpretativa, come nel Dies irae alla sezione delle percussioni, e agli archi e ai fiati nel Tuba Mirum, con trombe che risuonavano nella parte più alta del teatro¡ La Los Angeles Master Chorale, rinforzata per l’occasione, ha messo in mostra potenza di suono e fusione timbrica. Ottimo il gruppo dei solistii: il basso canadese John Relyea, di timbro scuro molto sonoro, il tenore messicano David Lomelí, di voce ampliamente proiettata e indubbie qualità liriche (emozionante il Lux Eternae accompagnato dalla sontuosa e seducente voce mezzosopranile di Ekaterina Gubanova). La melodiosa e cristallina purezza del soprano Leah Crocetto, è stata in grado di “bucare” la massa orchestrale e commuovere nel Libera me.