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Wednesday, August 23, 2023

Das lied von der erde de Mahler/ Schoenberg en San Diego - Summerfest 2023

Foto: Ken Jacques

Ramón Jacques

Julio 30 y agosto 2 del 2023.   Desde el año de 1986 se lleva a cabo anualmente en la ciudad de San Diego California un importante festival de música de cámara veraniego, por la cantidad y calidad de músicos que allí se han presentado a lo largo de los años. El llamado Summerfest, en su edición 2023, con mes de duración, ofreció una amplia e interesante elección de obras y piezas de diversos compositores –que en esta ocasión abarcó obras del barroco hasta la época actual,  de compositores vivientes- entre las cuales se escucharon estrenos, obras comisionadas por el festival, obras conocidas de música de cámara, y algunas rarezas; que fueron interpretadas por acreditados músicos y solistas como: Augustin Handelich (violin), Tessa Lark (violin), Alisa Weilerstein (chelo), Anthony McGill (clarinetista), Conrad Tao (piano), The Takács Quartet y de Stefan Dohr y de Noah Bendix-Baigley (primer corno y concertino, respectivamente de la Berliner Philarmoniker) o el pianista israelí Inon Barnatan (director musical del festival) entre muchos otros destacados músicos, quienes  además de sus presentaciones individuales, varios de ellos formaron parte de la orquesta Summerfest Chamber Orchestra, creada ex–profeso para esta edición del festival.  Si bien los festivales de música de cámara dejan poco espacio para obras vocales, este ocasión, el festival tuvo la particularidad de contar con la presencia del maestro Alain Gilbert al frente de la orquesta del festival, que, aunque su nombre se asocia a su antigua posición de director de la New York Philharmonic, no se debe olvidar que su carrera está vinculada a la ópera ya que en el en el pasado fue director musical de la Ópera de Santa Fe y desde el 2021 funge como director musical de la Ópera Real de Suecia. También se contó con la presencia del compositor y director de orquesta ingles Thomas Adès, autor de reconocidas óperas contemporáneas como Powder Her Face, The Tempest y The Exterminating Angel, quien además realiza una carrera como director de orquesta operístico. 

En su presencia aquí, Adès fue designado como composer-in-residence (compositor en residencia) y tuvo una presencia muy activa dando: entrevistas con presencia de público, en el que evidentemente se habló de sus éxitos operísticos, mesas redondas, ensayos abiertos, además de realizar el estreno estadounidense de varias de sus composiciones de cámara y de dirigir y tocar el piano en diversas piezas, en una faceta pocas veces vista o conocida de los compositores de ópera de quienes se ven sus obras en escena pero nunca a ellos.  El concierto titulado “A Song to Remember” (Una Canción para Recordar) que comenzó con una sentida pieza, pero alegre y espiritosa a lo largo de sus cuatro movimientos, del Trio en para trompa, violín y piano en mi bemol mayor, Op 40 de Johannes Brahms (1833-1897) con la habilidad y pericia de Alain Gilbert al violin, y el lucido acompañamiento de Inon Barnatan al piano y la maestría de Stefan Dohrn en el corno.  A continuación, se escuchó la única obra vocal programada en el festival: Das Lied von der Erde (La Canción de la Tierra) de Gustav Mahler (1860-1911), el ciclo de canciones (lied) distribuida en seis movimientos independientes. Solo que en esta ocasión se escuchó la versión reducida de Arnold Schönberg (1874-1951) apasionado admirador de Mahler, quien a su vez respetaba el trabajo de Schoenberg y lo apoyaba económicamente.  En 1921 Arnold Schönberg comenzó hacer los arreglos para una versión de La Canción de la Tierra, para un ensamble de 13 músicos, diferente de la de Mahler que contaba con una extensa orquesta. Sin embargo, el propio Arnold Schönberg no pudo completar sus arreglos para música de cámara; pero basándose en sus ideas, la orquestación, la aproximación y las intenciones de Schönberg la obra fue completada años más tarde por el compositor alemán Rainer Riehn (1941-2015) para ser estrenada en 1983 en Dobbiaco, Italia. 

Se ha mencionado que la adaptación de la fuerza orquestal de una obra emblemática de Mahler a un grupo de cuerdas, vientos, piano, celesta y armonio fue un experimento raquítico y fallido, pero en la intención de Schönberg solo existía admiración y respeto hacia un valioso compositor de la tradición de la música alemana, que además se interesaba en las nuevas tendencias, prueba de ello es la existencia de este arreglo.  La orquesta Summerfest Chamber Orchestra, bajo la delicada y precisa conducción de Alain Gilbert, logró resaltó la textura musical de la obra, así como las pinceladas del carácter oriental contenidas en la partitura.  Vocalmente se contó con la presencia del Paul Groves, sin embargo, el tenor estadounidense de extensa y exitosa carrera, mostró ardor y exaltación en sus intervenciones, y su voz, hoy carente de frescura y flexibilidad hizo que la proyección no fuera adecuada y se sintiera tirante y forzada en los agudos.  Por su parte, Sasha Cooke, en mi experiencia la mejor mezzosoprano estadounidense, dio un sentido tratamiento a su canto, casi operístico, lleno de expresividad, dulzura, y claridad en la pronunciación y la proyección. Los conciertos se llevaron a cabo en la nueva sala de conciertos The Baker-Baum Concert Hall, ideal por sus dimensiones y acústica para este tipo de presentaciones.  Vale la pena mencionar algunas líneas sobre el recital del 2 de agosto, titulado Fantastic Tales (Cuentos Fantásticos) en el cual Thomas Adès, al piano, ejecutó por primera vez en Estados Unidos su obra Märchentänze (Danzas de cuento de hadas) para violín y piano (2020) de la que posteriormente realizó una versión orquestal y que contiene tintes de música utilizada en la orquestación de sus óperas. 

Dirigiendo desde el piano, se ejecutó el delicioso Concertino para clarinete, fagot, trompa, dos violines, viola y piano de Leoš Janáček (1854-1928); el concierto lo redondearon gratas ejecuciones de dos obras de Robert Schumann (1810-1856) Fantasiestücke, Op. 73 (Versión para chelo y piano) y de su Quinteto para piano y cuerdas en Mi bemol mayor, Opus 44.  Por su parte, Thomas Adès participó en conciertos posteriores interpretando obras de diversos compositores, como Schumann o Arias y la Marche Chinoise de Le Rossignol, así como la Dance Russe de Mavra y el Rito de la Primavera, arreglo para dos pianos, de Stravinsky, además de que se hizo cargo de la orquesta del festival donde estrenó en este país, diversas obras de autoría como: Alchymia, quinteto para clarinete (2021) que contiene según indicó el mismo, música relacionada con The Tempest y de Lulu de Alban Berg; se escucharon The Four Quarters cuarteto de cuerdas (2010) además de su Arcadiana para cuarteto de cuerdas, Op 12 (1994),  y Cuatro Berceuses (arrullos) de su ópera de The Exterminating Angel. El catálogo de composiciones de Thomas Adès es extenso, pero es indudable el lugar que ya tienen dentro de la ópera, y verlo como interprete y escucharlo hablar fue una experiencia indudablemente enriquecedora.



Friday, November 25, 2022

The Wreckers de Ethel Smyth en Houston - Houston Grand Opera

Fotos: Michael Bishop

Ramón Jacques  

Aunque la Houston Grand Opera se caracteriza por ser una compañía, que además de ocuparse del repertorio tradicional, se enfoca en comisionar y estrenar nuevas operas (por ejemplo, en marzo del 2023, realizará su estreno 74 con Another City de Jeremy Howard Beck), como segundo título de su presente temporada, y mirando un poco hacia el pasado, escenificó la interesante y poco conocida ópera The Wreckers de la compositora inglesa Ethel Smyth (1858-1944) con libreto de Henry Bennet Brewster. La obra que originalmente fue compuesta en lengua francesa, con el título Les Naufrages, no logró interesar a los teatros de Francia o de algún país francófono, por ello, fue estrenada el 11 de noviembre de 1906, en una versión en alemán ‘Standerecht’ en la ciudad de Leipzig. Posteriormente, y gracias al interés del director Thomas Beecham, tuvo su estrenó en Inglaterra en 1909, y al año siguiente, en el Covent Garden. La obra nunca logró entrar al repertorio operístico y prácticamente desapareció, a pesar de que se han realizado de manera esporádica algunas producciones en el Reino Unido, en Alemania, y en Estados Unidos, donde se escuchó por primera vez en concierto, en septiembre del 2007, y en el 2015 en versión escénica en el festival Bard Summerscape en Nueva York, ya en una versión modificada del libreto y traducida al inglés por Amanda Holden. Este año 2022, la obra finalmente pudo escucharse en su versión original en francés, en el Festival de Glyndebourne, y las cinco funciones realizadas en el escenario del Brown Theatre de Houston, representan la primera ocasión que una compañía, considerada de las más importantes en el país, se interesó y se ocupó por la obra. La particular historia de Ethel Smyth la sitúa como la primera mujer compositora en recibir el título honorifico británico de dame (dama), quien fue una prolífica creadora musical y literaria,  una aguda luchadora social, que participó en movimientos a favor del voto de las mujeres, además de ser la única mujer cuyas operas se presentaron tanto en Covent Garden como en el Metropolitan de Nueva York (donde en 1902 fue escenificada su opera Die Wald, distinción que duró más de 100 años hasta que el teatro neoyorquino estrenara en diciembre del 2016 la ópera  L’Amour de Loin de la compositora Kaija Saariaho). Lamentablemente los prejuicios nunca permitieron que sus óperas fueran más conocidas y difundidas, a pesar de que se ha afirmado que The Wreckers es la ópera inglesa más importante antes del surgimiento de Britten, y después de Purcell. Musicalmente, se escuchó una partitura musical muy delicada, pero a la vez rica, intensa y dramática, en la que se pueden percibir, pinceladas de la música de Strauss y Berlioz, el tema de su obertura, reminiscente de los canticos de marinos (Sea shanty) y de las olas del mar, especialmente el largo interludio del tercer acto, son pasajes orquestalmente sublimes, además de contener intensos pasajes corales, arias y dúos, los mejores reservados para los personajes de Marc y Thirza. La ópera pavimentó de alguna manera el camino para Peter Grimes (1945), ya que ambas óperas se sitúan en un pueblo costero y cuentan con una comunidad, coral; y contiene esbozos del verismo, ya que su historia se desarrolla entre un triángulo amoroso, infidelidades, pasiones, muerte, tragedia y celos del personaje de Avis, (análogo al personaje de Santuzza). 

La sencilla trama de The Wreckers, se sitúa en los acantilados de Cornwell, donde la comunidad religiosa revivalista que allí reside, vive saqueando los barcos que ahí naufragan en busca de comida y mercaderías, pero el joven pescador Mark, enamorado de Thirza, la esposa del predicador Pascoe, en contra de la que él considera, una depravada manera de supervivencia del pueblo, decide encender el faro para que los barcos no encallen, por ello, y a lado de Thirza  es, condenado por la comunidad a morir ahogado. El teatro se esmeró en crear una producción fiel al libreto, y las escenografías parecían postales extraídas de Cornwall, un típico pueblo costero de Inglaterra, además de los elegantes vestuarios, que también fueron creados, por Christopher Oram. Louisa Muller, ofreció una adecuada dirección escénica, que fluyó con naturalidad sin cargar o sobreactuar los momentos dramáticos por los que atraviesan los personajes. La iluminación de Marcus Doshi, fue un aspecto importante para dar ese aspecto lúgubre y trágico. No debe dejarse de mencionar la última escena, en la que Mark y Thirza, mueren ahogados en una caverna, en la que empieza ingresar el agua por la fuerza de las olas. ¡Una escena teatralmente muy bien realizada! No hay otros teatros anunciados en la coproducción del proyecto, pero con una producción tan bien realizada, no sería extraño pensar que la ópera será estrenada muy pronto en otros teatros estadounidenses. Al frente de la orquesta, Patrick Summers dirigió con convicción y atención a la partitura, resaltando los momentos orquestales más altos que contiene, en un balance entre los instrumentos y las voces. Muy participativo y uniforme se mostró el coro en sus intervenciones, que fueron varias a lo largo de la función.  El elenco, que mostró un buen nivel, fue encabezado por la mezzosoprano Sasha Cooke, quien actuó con convicción al personaje de Thirza, y cantó con una voz bien modulada, oscura, llamativa, y clara en la expresión del texto. El tenor Norman Reinhardt, se notó muy envuelto en el personaje de Mark, y su aria al ser condenado a morir, la cantó con sentimiento y emoción, y colorido timbre. La soprano armenia Mané Galoyan, cantó con ímpetu y brillantes agudos, ofreciendo una convincente personificación del celoso y rencoroso personaje de Avis. Los barítonos Reginald Smith, como Pascoe, y Daniel Belcher, como Lawrence, cantaron bien y actuaron con la justa mediada a sus personajes.  Un lujo fue contar con el tenor Paul Groves, para las breves apariciones que tuvo como Tallan. Redondearon el elenco el barítono Luke Sutcliff como Harvey, y la mezzosoprano Sun-Ly Pierce, con notables cualidades vocales, en el papel de Jack.


Tuesday, June 24, 2014

Thaïs de Massenet en la Ópera de Los Ángeles

Fotos: Robert Millard

De no ser por el interés que tiene Placido Domingo por incorporar nuevos personajes a su extenso repertorio obras como Thaïs difícilmente se habrían escenificado en este teatro, ya que si bien la obra contiene algunos interesantes pasajes vocales y musicales, como la conocida meditación, no contiene una trama solida o convincente ni un desarrollo dramático en sus personajes que la hacen ser una ópera poco representada. Sobre el escenario se vio la producción de Johan Engeles, proveniente de la Ópera de Finlandia, que es confusa porque mezcla el realismo con surrealismo, al más puro estilo del Regietheater, ya que la acción se situó dentro de un teatro en el que los monjes vestidos de frac y corbatas negras, que no son religiosos sino pervertidos voyeristas, observan la acción desde los palcos; el segundo acto se realiza en la opulenta y pequeña habitación de Thais, y el tercero en un destruido teatro sobre una plataforma circular en el centro del escenario con los rodeado de ruinas y dunas del desierto que representaban los senos de mujer. Lo que se vio en escena estrictamente desde el punto de vista visual fue atractivo, pero en términos teatrales aporta poco en lo teatral o a la historia misma.  Los vestuarios bien elaborados y modernos, como el vestido con alas de Thais,  sugerían que la acción se situaba en una época actual, contrastaban con la vestimenta de mendigo del personaje de Athanaël, en el que  al final fue el centro de la atención durante la obra donde todo giro en torno a él, en una dirección escénica poco convincente de Nicola Raab, quien no supo resolver lo poco que ofrecen los personajes, y que a su vez cargo la escena con muchos movimientos sin sentido  y exagerado dramatismo. 
Domingo, personificó de manera correcta el personaje 139 de su carrera, que como es habitual vivió y se metió en la piel del atormentado y afligido Athanaël, aunque tanto sufrimiento y obsesión de su parte, imputables a la dirección escénica, llegaron a ser francamente monótonos y fastidiosos. Vocalmente sacó provecho a las posibilidades vocales que le ofrece la partitura y lo hizo con intensidad y buen fraseo, pero la emisión de su voz, ligera por momentos, se diluía frente a la masa orquestal.  Nino Machaidze tuvo un correcto desempeño como Thais, desplegando fuerza en su emisión, buen color y facilidad para emitir notas agudas, pero poca claridad debido a una cuestionable dicción francesa.  El tenor Paul Groves asumió de manera notable el breve papel de Nicias con un timbre grato y cálido, aunque un artista de su nivel merecería un papel que francamente no sea un desperdicio de su talento. Del resto de los papeles menores, que cumplieron satisfactoriamente como también lo hizo el coro, agradó la sensualidad y el canto oscuro de la mezzosoprano Milena Kitic en el breve papel de Albine.  El maestro francés Patrick Fournillier, quien mostro afinidad con este repertorio, que dirige frecuentemente, guió con seguridad y buen pulso a una orquesta que le respondió en todo momento con cohesión y delineando los ritmos más exóticos y musicales de la partitura. Una mención merece el concertino de la orquesta Roberto Cani, por su conmovedora ejecución de la “meditación”  RJ

Thursday, June 5, 2014

Thaïs de Massenet en Costa Mesa, California

Foto: Nick Koon

El segundo título de esta temporada, después de Falstaff, que la Ópera de Los Ángeles eligió para presentar en versión concierto en la sala de Renée and Henry Segerstrom Concert Hall de Costa Mesa Caifornia, fue Thaïs  de Massenet.  Este concierto corresponde al proyecto “Off Grand” que pretende ofrecer operas de la temporada en otras poblaciones y fuera de su sede habitual, el teatro de la calle Grand.  El elenco vocal fue el mismo que de manera paralela se presentó en la versión escénica de la obra, y la ventaja de la representación en concierto, permitió al público concentrarse más en la parte vocal y orquestal de la pieza, que la cargada producción escénica no permitió.  Asimismo,  la acústica de esta sala hizo que la velada fuera emocionante, cargada de tensión y musicalidad, situación de la que sacaron ventaja todas las fuerzas musicales en escena. En el papel principal, la soprano Nino Machaidze desplegó todo sus cualidades vocales, en el manejo de los colores, volumen y agudos, aunque tuvo algunas complicaciones con la dicción que hizo que su canto fuera claro y fluido.  Ayudándose de una partitura en toda la función, Placido Domingo se metió en el personaje de un afligido y atormentado Athanaël al que actuó y vivió durante toda la representación. El papel posee momentos vocales interesantes y muy liricos de los que el cantante supo sacar provecho cantando con intensidad, su voz se escuchó firme y robusta y corrió con naturalidad gracias a la notable acústica de la sala. Se puede decir que Domingo cumplió satisfactoriamente agregando un nuevo papel a su amplio repertorio, pero que difícilmente será recordado por tratarse de un personaje plano de poco desenvolvimiento dramático y actoral.  El tenor Paul Groves agradó por su cálido timbre seductor, aunque su presencia en un papel tan corta y de poca trascendencia pareció más un lujo innecesario. A pesar de lo breve que fueron sus papeles, merece una mención particular el joven pero muy seguro bajo ruso Valentin Anikin, quien aportó profundidad, potencia a su voz; así como la mezzosoprano Milena Kitic, quien como Albine, desplegó sensualidad, oscuridad y homogeneidad en su canto. Correctos estuvieron el resto de los cantantes y el coro del teatro.  Protagonista fue la orquesta de la mano de Patrick Fournillier, quien se mostro como un conocedor de este repertorio, fue un guía del espectáculo, y supo guiar con seguridad y buen pulso a una orquesta que le respondió en cada momento, delineando los ritmos más exóticos y musicales de la partitura. RJ

Wednesday, September 7, 2011

La Griselda dramma per musica di Vivaldi - Santa Fe Opera

Foto: Ken Howard / Santa Fe Opera

Anche se al suo tempo Antonio Vivaldi fu un compositore prolifico, le sue opere liriche oggi sono ancora in gran parte sconosciute e sono poco rappresentate sulla scena mondiale. La Griselda, dramma musicale che ha debuttato nel 1735 al Teatro San Samuele di Venezia, e che ha segnato la prima collaborazione tra Vivaldi e il commediografo veneziano Carlo Goldoni che scrisse il libretto basato sul Decameron di Boccaccio ha ricevuto la sua prima esecuzione negli Stati Uniti in questa stagione di Santa Fe Opera. Il progetto ha acquisito notorietà anche perchè affidato a Peter Sellars, il registro eccentrico, famoso per le sue produzioni di classici moderni. Ancora una volta, come era successo sullo stesso palcoscenico nel 2005 con l'opera di Osvaldo Golijov - Ainadamar, la produzione teatrale è stata creata da Gronk, il pittore messicano, che ha predisposto un dipinto murale colorato, un collage pieno di immagini estratte dall'espressionismo tedesco, dai fumetti, dai cartoni animati, e dai graffiti e dall’arte vernacolare del New Mexico.  In questo quadro di irrealtà e di magia, senza elementi scenici e con un suggestivo uso delle luci, la trama è stata posta in un luogo indefinito. I costumi suggerivano un tempo presente, come per esempio: Gualtiero vestito come un giocatore di polo, Ottone come cantante di "rap" e Robert come un banchiere. Nel complesso, la regia di Sellars si è svolta con fuidità e naturalezza, anche se a volte la trama intricata era caricata di comicità esagerata e sovraeccitata. Il ruolo di Griselda è stato interpretato dal contralto Meredith Arwady, che ha mostrato una robusta voce scura carente, però, della luminosità e della leggerezza necessaria in questo repertorio. Da parte sua, il tenore Paul Groves, ha mostrato le sue ampie qualità vocali nel fraseggio, nella dizione e nell’intonazione, ma il suo Gualtiero si è rivelato scenicamente inespressivo. Il controtenore David Daniels ha mostrato la sua solita voce e carisma da virtuoso, il mezzosoprano Isabel Leonard ha commosso con la sua delicata Costanza, espressiva e agile. Amanda Majeski, ha reso Ottone con timbro cristallino, e facilità negli gli acuti, mentre il tenore e ucraino Yuri Minenko, come Corrado, ha mostrato un canto omogeneo, leggero e ben calibrata in ogni registro. La piccola orchestra(Santa Fe Opera Orchestra) di strumenti antichi è stata la vera trionfatrice della serata, dal momento che sotto la guida entusiasta di Grant Gershon ha emesso un suono omogeneo, dinamico e pieno di musicalità. RJ.



Sunday, September 4, 2011

La Griselda de Vivaldi en la Opera de Santa Fe

Foto: Isabel Leonard (Costanza), David Daniels (Roberto) - Ken Howard / Santa Fe Opera
RJ-A pesar de que en su tiempo Antonio Vivaldi fue un prolífico compositor operístico, en la actualidad sus obras continúan siendo prácticamente desconocidas y son poco representadas en los escenarios del mundo. La Griselda, drama para música estrenado en 1735 en el Teatro San Samuele de Venecia, y que marcó la primera colaboración entre Vivaldi y el dramaturgo veneciano Carlo Goldoni, quien escribió el libreto basándose en el Decamerón de Boccacio, recibió sus primeras representaciones estadounidenses dentro de la presente temporada de la Opera de Santa Fe. El proyecto generó mayor notoriedad cuando la parte escénica le fue confiada a Peter Sellars, el excéntrico director de escena, famoso por sus montajes modernos de obras clásicas. Nuevamente, como sucedió en este mismo escenario en el  2005 con la opera Ainadamar de Osvaldo Golijov, montaje que será repuesto en la presente temporada del Teatro Real de Madrid, Sellars eligió a Gronk, el pintor de origen mexicano, quien realizó un colorido mural pictórico, un collage cargado de imágenes extraídas del expresionismo alemán, de las tiras cómicas o cartoons, del graffiti y del arte vernáculo de la región de Nuevo México. Dentro de este espacio de irrealidad y magia, sin elementos escénicos y un sugestivo manejo de la iluminación, la trama se situó en un lugar indefinido, aunque los vestuarios sugerían una época actual, ya que por ejemplo: Gualtiero vestía como jugador de polo; Ottone como cantante de “rap” y Roberto como banquero. En términos generales, la dirección escénica de Sellars transcurrió con fluidez y naturalidad, aunque por momentos la ya enredada trama estuvo cargada de innecesaria comicidad y sobreactuación.
El elenco vocal se mostró poco homogéneo, como el papel de Griselda que fue interpretado por la contralto Meredith Arwady, quien exhibió una  oscura y robusta voz carente del brilló y la ligereza necesaria para este repertorio. Por su parte, el tenor Paul Groves, evidenció buenas cualidades vocales en el fraseo, la dicción y la entonación pero su Gualtiero resultó ser escénicamente frío e inexpresivo. El contratenor David Daniels mostró su habitual virtuosísimo vocal y carisma; y la mezzosoprano Isabel Leonard conmovió con su delicada caracterización de Constanza, y por su expresividad vocal y agilidad. Amanda Majeski, dio vida a Ottone y cantó con un timbre cristalino y facilidad para los agudos; y el tenor ucraniano Yuri Minenko, como Corrado, se exhibió como un tenor ligero de canto uniforme y bien calibrado en cada registro. La reducida orquesta de la Opera de Santa Fe, interpretando instrumentos antiguos, fue la verdadera triunfadora de la velada, ya que bajo la entusiasta conducción de Grant Gershon, director de la orquesta de la Opera de Los Ángeles, emitió un sonido homogéneo y claro, muy dinámico y cargado de musicalidad.

Sunday, January 23, 2011

Iphigénie en Tauride de Glück en el Teato Real de Madrid

Fotos: Javier del Real

Alicia Perris

Intérpretes: Plácido Domingo, Susan Graham., Paul Groves, Franck Ferrari, Maite Alberola. Director musical: Thomas Hengelbrock. Escenógrafo y figurinista: Tobias Hoheisel. Andrés Máspero: Director del coro. Coréografo: Philippe Giraudeau. Iluminador: Peter van Praet. Director de escena: Robert Carsen.

“Hijo infeliz de un padre aún más infeliz,
Están al fin los dioses satisfechos.
No volverás a oír
Cómo gimen los manes de tu madre.
Han lavado las lágrimas tus culpas
Y me hago cargo yo de tu destino”. (Diana, en el final del II Acto)

Es una ópera que hace vibrar, sugerente, que recuerda varios capítulos de las historias homéricas, que Eurípides retomó en la obra homónima. Según destacan los eruditos, “en Táuride” es una denominación incorrecta, utilizada por analogía con la otra Ifigenia, “en Aulide”, que seguramente se presentó entre los años 414-12 a.C. Debería haberse escrito/dicho “Ifigenia entre los Tauros”, a quienes los griegos, siempre tan suyos, consideraban “bárbaros”. Narra las desventuras de Orestes, uno de los hijos de Clitemnestra, amante de Egisto y asesina junto a éste de su marido Agamennon, héroe de la guerra de Troya, hermano a su vez de Menelao, atribulado marido de Helena de Troya. Orestes, se convertirá como resultado de estas querellas familiares en el asesino de su madre, llevando para siempre el luto y la desolación a la casa de los Atridas. Ifigenia no es una obra al uso y se vincula durante toda la trama a situaciones milagrosas y de un profundo dramatismo. En aquella época- la de los antiguos griegos- la mano de los dioses se entrelazaba muy a menudo con los hombres para establecer o romper vínculos de amistad y de odio. Esta Iphigénie que propone el Teatro Real se creó en la Académie Royale de Musique en París en 1779, con libreto de Nicolas-François Guillard, a su vez basado en los textos de Claude Guymond de la Touche y Eurípides y se convirtió en un paradigma de equilibrio formal entre los excesos escénicos de la época. Susan Graham, debuta en uno de los dos casts como Iphigénie en el Real, acompañada de Plácido Domingo en el papel de Orestes, que vuelve al coliseo madrileño después del éxito de Simón Boccanegra. Una voz agradable y hermosa, no siempre con una dicción diáfana del francés que permita seguir las evoluciones del texto, complejo y oscuro. A partir de esta obra se produce el primer encuentro artístico entre el tenor madrileño y Gerard Mortier en cuarenta años, debido a que sus derroteros parecen no haber podido confluir hasta ahora. Esta producción proviene de la Lyric Opera de Chicago, la Royal Opera House de Londres y la Ópera de San Francisco y su responsable, Robert Carsen, ofrece esta vez el cuarto de sus trabajos en la capital, después de Diálogos de Carmelitas, Katia Kabanova y Salomé.
Iphigénie es una obra muy exigente en lo vocal y en lo teatral, que transcurre con una actividad casi permanente del cuerpo de baile y los actores, con un Domingo que es transportado en volandas a lo largo y ancho del escenario o se encuentra en el suelo mientras desliza como una seda tersa su nueva tesitura de barítono por un espacio concebido como una funeraria caja negra con grafitti que recuerdan a los cuatros actores del drama: Orestes, Ifigenia, Clitemnestra y Agamenón. La metáfora sangrienta de un verdadero sepulcro de dolor y de muerte escenificado en el montaje original y dramático de Robert Carsen. La mezzosoprano Susan Graham compone una de las sacerdotisas frecuentes en esos tiempos remotos, la contrapartida de una Medea enloquecida, planteada aquí como la hermana huérfana y ejecutora de otra tragedia que, sin saberlo ella, acabaría también con la vida de otro de los miembros de su familia, Orestes, arrastrado hacia sus tierras junto a su amigo Pílades, en la voz y el cuerpo de un Paul Groves que de verdad convence y atrapa. La orquesta dirigida por Thomas Hengelbrock, fundador del reputado Ensemble Balthasar Neumann, tiene un sonido bello y redondo, que va marcando el tiempo interior y las tribulaciones del alma de los protagonistas. (El segundo elenco, en días alternos, será completado por María Riccarda Wesseling, Lucas Meachem y Yann Beuron). Excelente Maite Alberola en su catártica intervención desde las alturas. Difícil escribir de estos temas sin sentirse involucrado por ellos, en la medida en que es toda la célula familiar la que se pone en cuestión en este drama, con sus sinsabores y sus desencuentros, con sus viejas rencillas marcando el compás de la crueldad un renovado eterno retorno y la imposibilidad de coincidencia, porque la institución, cuanto más noble más deficitaria, parece desde siempre en el punto de mira del rigor de los dioses. Puro pathos.