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Tuesday, April 12, 2022

Réquiem de Guerra de Britten en Boston

Foto: Hilary Scott

Ramón Jacques

La Orquesta Sinfónica de Boston (Boston Symphony Orchestra) interpretó el Réquiem de Guerra, op 66 (War Requiem) del compositor ingles Benjamin Britten (1913-1926), como parte de su temporada numero ciento cuarenta y uno. La célebre agrupación musical, que cuenta con una larga historia de representaciones de la obra, incluido su estreno estadounidense en julio de 1963, la programó en esta ocasión con motivo del sexagésimo aniversario de su primera ejecución, que tuvo lugar en mayo de 1962 en la catedral de Saint Michael en Coventry, Inglaterra.  Tal y como sucediera en su estreno, las partes para solistas fueron asignadas a cantantes de tres nacionalidades: un tenor inglés, un barítono alemán y una soprano rusa, sin embargo, la soprano Albina Shagimuratova, tuvo que cancelar de manera inesperada su participación en los conciertos y fue reemplazada de último momento por una soprano estadounidense. Cabe señalar la difícil situación que esto causa a las orquestas estadounidenses, quienes además de atravesar por dificultades financieras por la cancelación de sus temporadas anteriores, deben ahora aclarar y justificar reiteradamente en los programas de mano y de viva voz antes del inicio de cada concierto, como sucedió en esta ocasión, y anteriormente en Dallas con la ejecución de una ópera de Tchaikovski, que sus programaciones se elaboran con meses, incluso años de antelación, y la interpretación en estos momentos de obras como el réquiem de Britten, que narra las atrocidades de una guerra, o el alejamiento del elenco  de una artista rusa, son coincidencias que ocurren, y aunque consientes de la actual situación política que se vive,  no representan una posición de las orquestas, como tampoco se busca vetar obras o artistas de acuerdo a su nacionalidad. Enfocándose, estrictamente en el tema musical que atañe, la Orquesta Sinfónica de Boston, mostró un alto nivel, y no escatimó recursos para ofrecer una destacada e inquietante ejecución de la obra del compositor inglés. La dirección musical le fue encomendada a Antonio Pappano, ausente de este podio desde el 2004, quien mostró seguridad y compresión de la obra, de la que extrajo matices, colores, así como la tensión y el dramatismo que se desprende de los nueve poemas en lengua inglesa del poeta (o war-poet) Wildred Owen, acompañados de un compacto y homogéneo grupo de cámara, que supo contrastar hábilmente con la solemnidad y la suntuosidad de la Messa pro difunctis, en latín, cantados por el amplio coro y orquesta completa, con sus profusas percusiones y metales, y una consistente sección de cuerdas. La parte del tenor fue muy bien interpretada por el inglés Ian Bostridge, quien mostró apego a cada texto que cantó, fraseando y enunciando con elegancia y claridad. A su lado, estuvo el barítono alemán Matthias Goerne, quien mostró una voz profunda y potente, algo áspera y con ciertas dificultades en la dicción, detalles que al final no menguaron su cometido y buen desempeño. Mencionado, por ejemplo, el intenso pero muy melodioso dueto: Out there, we’ve walked quite friendly up to Death. Por su parte, la soprano Amanda Majeski, cantó de manera conmovedora y con sentimiento sus partes, con una voz dúctil de grato y penetrante timbre, y adecuada proyección, alternando con el coro, como en el Liber Sricptus del Dies Irae. El extenso coro Tanglewood Festival Chorus, ocupó el lugar dominante que le corresponde en esta pieza, mostrando uniformidad y equilibrio, y el coro de niños Britten Children’s Chorus, aportó su toque de pureza e inocencia, cantando desde la distancia en el segundo piso de la sala de conciertos.



Friday, June 30, 2017

Giulio Cesare in Egitto en el Teatro Colón de Buenos Aires


Foto: Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 06/06/2017. Teatro Colón. Georg Friedrich Händel: Giulio Cesare in Egitto. Ópera en tres actos. Libreto de Nicola Francesco Haym, basado en un libreto original de Giacomo Bussani. Pablo Maritano, dirección escénica. Enrique Bordolini, escenografía e iluminación. Sofía Di Nunzio, vestuario. Carlos Trunsky, coreografía. Franco Fagioli (César), Amanda Majeski (Cleopatra), Flavio Oliver (Tolomeo), Adriana Mastrángelo (Cornelia), Jake Arditti (Sesto), Hernán Iturralde (Achilla), Martín Oro (Nireno) y Mariano Gladic (Curio). Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección Musical: Martín Haselböck.

El Teatro Colón ofreció Giulio Cesare in Egitto de Händel, en una versión musicalmente impecable y con una puesta en escena de poco atractivo. Martín Haselbök condujo con sapiencia y pericia a la orquesta para redondear una versión de primer orden. Franco Fagioli en el protagónico volvió a demostrar su bien ganado lugar como uno de los contratenores estrella en el mundo en este momento. Sorprendió gratamente la soprano estadounidense Amanda Majeski quien deslumbró como Cleopatra. Con impactante presencia escénica y poderosa como actriz, lució homogeneidad de timbre, bello color vocal, exquisita técnica y perfecto manejo de las coloraturas e intensidades. El festival de contratenores -cuatro en total- contó también con un estupendo Jake Arditti como Sesto, con Flavio Oliver que sumó perfección vocal y calidad actoral como Tolomeo y con el local Martín Oro que fue un excelente Nireno con adecuadas dotes cómicas. Adriana Mastrángelo fue una perfecta Cornelia.
Con una presencia escénica que confirió belleza y autoridad al personaje, dio a cada momento vocal el punto justo de calidad interpretative Hernán Iturralde fue profesional y solvente como Achilla y Mariano Glacic resultó un adecuado Curio. En cuanto a la visión escénica el equipo a cargo optó por lo que ya resulta una concepción reiterativa y rutinaria: el cambio de época hacia una actualidad vaga. Siendo una ópera por números Pablo Maritano concibió la puesta como una serie de pequeñas acciones teatrales sin unidad, al modo de los denominados espectáculos de revista. La escenografía de Enrique Bordolini está dominada por una gran pirámide negra que se complementa con un telón dorado de apertura vertical y otro rojo de apertura horizontal. El uso de ambos telones y los cambios de lugar de la pirámide negra -escenario giratorio mediante- delimita los distintos ámbitos donde se desarrolla la acción. El vestuario de Sofía Di Nunzio es funcional al concepto de la puesta y brilla por la imaginación de su diseño y el cuidado de los detalles. Razonable la coreografía de Carlos Trunsky y correcta la iluminación de Enrique Bordolini.

Monday, April 18, 2016

Der Rosenkavalier di Strauss – Lyric Opera Chicago

Fotos: Cory Weaver

Ramón Jacques

Anche se il Rosenkavalier non è del tutto sconosciuta , dato che è programmata con una certa regolarità in diversi teatri ogni anno, è un’opera che senza dubio per esigenze artistiche, musicali e tecniche prevede una prova per la capacità il livello e le risorse del teatro che la programma, come ora alla Lyric Opera di Chicago che l’ha prevista in questa stagione dopo dieci anni di assenza dalle scene. Un successo è stato contare sulla proposta raffinata e ammirabile di Thierry Bosquet, proveniente dall’Opera di San Francisco, che cercando di dare autenticità alla scena si ispirava per la sua creazione agli schizzi dei costumi e decori del secolo diciassettesimo che il pittore austriaco Alfred Roller utilizzò per la prima a Dresda del 1911. Le luci di Duane Schuler sono state decisive per un bell’effetto visivo e per fare ogni scena attrattiva. Nel suo debutto locale la regista tedesca Martina Weber ha cercato di offrire una narrazione tradizionale alla trama e ai movimenti specifici e dettagliati degli artisti, e giocando con l’amarezza, la drammaticità e la commedia senza incorrere in eccessi o esagerazioni, ha realizzato un lavoro accettabile. La sempre affidabile orchestra del teatro è stata diretta da Edward Gardner la cui lettura è stata  bilanciata e fluida, estraendo l’abbondanza orchestrale della partitura, dando spazio al disimpegno e alla espressione vocale. Pe la classe e la distinzione scenica mostrata in palcoscenico, il soprano Amanda Majeski è stata una Marescialla ideale che pure si è distinta per la brillantezza e la tonalita della voce. 
Il mezzosoprano francese Sophie Koch è uno dei migliori interpreti attuali di Octavian, personaggio a cui ha donato disinvoltura e aplomb come pure colore musicale variegato e brunito. Christina Landsamer soprano che ha debuttato in questo teatro come Sophie è piaciuta per il timbro chiaro e risplendente soprattuto per la chimica romántica e compenetrazione vocale che aveva con l’Octavian della Koch. Il basso Matthew Rose è stato corretto vocalmente e scenicamente dando vita ad un arrogante e volgare Barone Ochs anche se il suo giovanile aspetto pareva non essere in sintonía con il ruolo che interpretava. Dal cast completo meritano una menzione il tenore René Barbera come temore italiano, così come Rodell Rosel e Megan Marino nei panni degli intriganti Valzacchi e Annina, e l’esperto barítono tedesco Martin Gartner come Faninal. 

Wednesday, April 6, 2016

Der Rosenkavalier -Lyric Opera Chicago


Fotos: Cory Weaver

Ramón Jacques

Aunque Der Rosenkavalier  no es del todo desconocida, ya que es programada con regularidad por diversos teatros cada temporada, es sin duda una ópera que por sus exigencias musicales, artísticas y técnicas supone una prueba para la capacidad, el nivel y los recursos del teatro que la programa, como ahora es el caso de la Ópera Lirica de Chicago que la repuso esta temporada después de diez años de no hacerlo en su escenario. Un acierto fue contar con el admirable y refinado marco de Thierry Bosquet, proveniente de la Ópera de San Francisco, quien buscando darle autenticidad a la escena se inspiró para su creación en los bosquejos de los decorados y elegantes vestuarios del siglo 18 que el pintor austriaco Alfred Roller utilizó para el estreno de la ópera en Dresde en 1911. La iluminación de Duane Schuler fue decisiva para crear un grato efecto visual y hacer cada escena artísticamente atractiva. En su debut local, la directora de escena alemana Martina Weber buscó dar una narración tradicional a la trama con movimientos específicos y detallados de los artistas, y que jugando con la amargura, el dramatismo y la comedia, pero sin incurrir en excesos o exageraciones realizó un trabajo aceptable. La siempre confiable orquesta del teatro fue bien llevada por Edward Gardner cuya lectura fue balanceada con precisión y fluidez, extrayendo la abundancia orquestal de la partitura, dando espacio al desempeño y a la expresión de las voces. Por el señorío y la distinción escénica que mostró en escena, la soprano Amanda Majeski  fue una ideal Marschallin, que además se distinguió por su brillantez y tonalidad vocal. 
La mezzosoprano francesa Sophie Koch es una de las mejores intérpretes en la actualidad de Octavian, personaje que dotó de desenvoltura y aplomo así como de un oscuro y satinado color musical. Christina Landshamer  soprano que debutó en este teatro como Sophie, gustó por su timbre claro y resplandeciente pero sobre todo por la química romántica y la compenetración vocal que tuvo con el Octavian de Koch. El bajo Matthew Rose estuvo correcto en la parte vocal y en la escénico dando vida a un arrogante y vulgar Barón Ochs, aunque su joven apariencia física pareció no estar en sintonía con el papel que interpretaba. Del extenso elenco de solistas, merecen mención el tenor René Barbera, como el tenor italiano, así como Rodell Rosel y Megan Marino por sus intrigas como Valzacchi y Annina; y el experimentado barítono alemán Martin Gantner como Faninal. 

Friday, October 10, 2014

Le Nozze di Fígaro – Metropolitan Opera

Ken Howard/Metropolitan Opera

Luis Gutiérrez 

Una nueva producción de Le nozze di Figaro es el evento operístico del año en mi caso, aunque normalmente me desilusiono con la dramaturgia y diseños de la misma, y esta vez no fue la excepción. El director de escena, Richard Eyre, mantuvo la localización de la acción de la ópera en Sevilla, pero decidió que “hacía más sentido” en los 1930’s. Quiero suponer que fue antes del estallido de la guerra civil, hablar de derecho de señoría durante el conflicto no tiene sentido alguno, y no es trivial durante los años de la república. El mayor problema dramatúrgico, en mi opinión, es la falta de conflicto de clases. Todas las óperas de Mozart, todas, se mueven alrededor de tres ejes dramatúrgicos: el perdón, el triángulo amor–sexo–lujuria y el conflicto de clases, temas que él vivió en diferentes etapas de su vida. Si en alguna de las óperas estos temas son más patentes, es en Le nozze di Figaro, así que si se ignora uno, la puesta en escena es deficiente, siendo piadosos en el juicio sobre la misma. Rob Howell diseñó escenografía y vestuario. El castillo de Aguasfrescas está representado por una enorme estructura situada sobre una plataforma giratoria en la que se presentan cuatro ambientes: la habitación de Figaro y Susanna, la habitación de la Condesa Almaviva, un enorme comedor (que sirve para que los sirvientes del castillo hagan homenaje al Gran Corregidor de Andalucía, despacho, sala de reconciliación de los plebeyos y boda de las tres parejas), y el jardín del cuarto acto. Por cierto, el comedor ocupa un mayor espacio que el jardín. Todas las paredes tienen una altura desproporcionada con las habitaciones, eso sí, adornadas por celosías que sugieren la arquitectura mora de la zona. Los directores de escena y los diseñadores se toman mucho tiempo pensando en lo que van a hacer, creo. Sin embargo, normalmente quedan cabos sueltos, a veces insignificantes, pero a veces flagrantes. La habitación de la Condesa queda cerrada herméticamente al salir los Almaviva por herramientas para abrir el vestidor donde está Cherubino. Después de que el paje salta por la ventana, situada a bastante altura, queda abierta, lo que pasa desapercibido por Almaviva al regresar. O bien el director omitió hacer subir a Susanna para cerrarla, o simplemente pensó que Almaviva es lo suficientemente tonto para no darse cuenta de ello. A veces pienso si no seré yo demasiado “picky” al juzgar una producción de esta ópera. El vestuario es coherente con el de los 1930’s. La iluminación de Paul Constable fue muy buena en los tres primeros actos, pero mala en el cuarto. En el programa se anuncia una coreógrafa, Sara Erde, por lo que supuse que los movimientos durante la boda estarían mejor diseñados, pero no fue así, es más fueron inferiores a lo usual.  Yo esperaba que se acercaran las seis jóvenes descritas en el libreto danzando y que dos de ellas se destacaran para agradecer el que se haya abolido el derecho de señoría. En este caso ni siquiera fueron las dos chicas ya que Cherubino y Barbarina cantaron “Amanti costanti”. Esto se asemeja a cantar esta sección como si fuera un concierto, olvidando por completo la dramaturgia. La coreógrafa también olvidó que la danza posterior a la boda en sí es un fandango (pedido prestado al ballet Don Juan de Gluck), pues ignoró esta danza para hacer bailar a los personajes al estilo Astaire–Rogers. Sir Richard adoleció de los mismos defectos de los directores anglosajones; presentó a un Basilio afeminado y no tan despreciable como debería de ser; movió, sospecho que en complicidad con Levine, el aria de la Condesa en el tercer acto, “Dove sono”, del orden establecido en la partitura, es decir después del sexteto, a precederlo. La razón de ello se originó en los 1960’s cuando dos directores británicos decidieron que así,  aria de Almaviva, aria de la Condesa, sexteto, “lo pudo hacer Mozart” ya que Franco Bussani, quien dobló los papeles de Antonio y Bartolo en 1786 “no tenía tiempo de cambiar vestuario”

El análisis del papel de la partitura de Alan Tyson demuestra que el orden que escribió Mozart fue, en efecto, aria de Almaviva, sexteto, aria de la Condesa. Por otra parte el desarrollo tonal del acto tiene más sentido con una secuencia Re–Mi bemol–Do, que Re–Do–Mi bemol (y Mozart entendía de esto); el cambio también interrumpe la secuencia dramatúrgica, pues la Condesa muestra al final del aria su resolución para cambiar el statu quo, lo que afirma al volver a ser la Rosina audaz e idear la cita en el jardín en el dueto siguiente. Además, es claro que cualquier cantante, tiene tiempo de cambiar vestuario. Por fortuna, hoy día sólo las casas de ópera anglosajonas mantienen esta horrible deficiencia. El peor defecto dramático, también muy anglosajón,  sucede al final de la ópera cuando la Condesa reaparece vestida más elegantemente que en toda la ópera y no como su doncella. El que Almaviva pida perdón a una mujer vestida humildemente es el clímax, dramático y musical, de la ópera. En mi opinión, uno de los grandes pecados de los directores es “tratar de divertir” al respetable durante la obertura. Tratándose de la obertura de Le nozze di Figaro, el pecado es mortal, y tratando de divertir con lo que presentó el director, el pecado fue mortal al cuadrado. Presentar a una chica con los pechos al aire ya no llama la atención de nadie, es más ni a Cherubino, y ver un “tráiler” de la escenografía fue bastante intrascendente. En el momento que sonaron los bellísimos fagotes, decidí que debería ignorar lo que pasaba en el escenario, de lo que no me arrepiento pues la obertura estuvo muy bien interpretada.  El reparto fue muy sólido. Pese a haber sido anunciado que estaba enfermo, Ildar Abradzakov fue un Figaro convincente actoralmente y brillante vocalmente, especialmente en sus duetos iniciales con Susanna y su aria del cuarto acto, “Aprite un po’quegli occhi”; sus otros dos números solistas fueron muy buenos y su intervención en los números de conjunto no desmereció aun estando enfermo. Marlis Petersen fue una deliciosa Susanna. Es sabido que este papel es uno de los más demandantes de las sopranos ligeras, pues canta durante toda la ópera: dos arias, duetos con Figaro, Marcellina, Cherubino, Almaviva y la Condesa, los dos tríos con los Almaviva, el sexteto y por supuesto en los tres finales, siendo tremendamente exigida en el del segundo acto. Su actuación fue maravillosamente coqueta, entrampando a Almaviva al lucir sus piernas (muy atractivas por cierto), y seduciéndome junto con todos los presentes con una maravillosa interpretación de “Deh vieni non tardar, o gioia bella!”; en realidad una de las más bellas (el aria) que he experimentado en vivo, y creo haber oído a las mejores Susannas de los últimos cincuenta años. La joven Amanda Majeski es una muy buena cantante con potencial para llegar a ser una gran cantante. Sus dos arias estuvieran muy bien interpretadas, al igual que los tríos, pese a que en el primero su ascensión al Do sobreagudo se sintió difícil y hasta dolorosa. En los ensambles estuvo bien, y en el dueto de la carta, “Canzonetta sull’aria” estuvo muy bien soportada por Susanna. En lo que tiene que trabajar mucho es en lo actoral, pues claramente era el único personaje tieso en el escenario. Peter Mattei fue un muy buen Almaviva, su aria fue excelente (por cierto no sé si sea casualidad o un detalle de ironía sublime de Mozart, pues “Vedrò, mentr’io sospiro comparte tonalidad y orquestación con el aria de Bartolo, aunque difieren en ritmo, tiempo común para Bartolo y alla breve para Almaviva; ¿no será esto un hint para el director?) Por fortuna Mattei, Majeski y Levine lograron que la escena final, en la que Muti decía que Dios bajaba al escenario, fue tan bella como debe ser (salvo por el vestuario de ella, pero eso no fue culpa de la Condesa). Isabel Leonard creó uno de los Cherubinos más espléndidos que he visto. Actoralmente inventó a un adolescente con todos los defectos y virtudes que puede tener un joven a los 14 años, especialmente si pertenece a las clases altas, como pertenecían los pajes en el siglo XVIII, pues eran cadetes de la aristocracia. En su ataque a su recitativo seco previo a “Non so più cosa son, cosa faccio” me hizo recordar a Suzanne Danco por su coquetería y acentos picantes al pronunciar “che lavesti il mattino, che la sera la spogli”, en tanto que interpretó el aria como la declaración de amor sensual y universal, incluso a sí mismo, que es. Al cantar “Voi che sapete”, ese maravilloso soneto dantesco con música mozartiana (nombres pesados en la historia de la cultura, ¿o no?) lo hizo de tal forma que me hizo regresar auralmente a la primera vez que oí a Frederica von Stade. John Del Carlo, Bartolo, cantó muy bien su aria y, junto con Suzane Mentzer como Marcellina (hacía muchos años no actuaba en el MET), Abradzakov, Mattei, Petersen y Scott Scully como Don Curzio, lograron un estupendo sexteto. Greg Fedderly como Basislio y Ying Fang como Barbarina, hicieron lo que se espera de sus personajes y particelle. James Levine dirigió muy bien a la magnífica orquesta del MET, aunque bajo los cánones Románticos usados al interpretar esta ópera antes de los 1970s. Ojalá alguien del MET piense un día contratar a Nicolau de Figuiredo para lograr unos grandes recitativos tocando el pianoforte, lo que le da una mayor propulsión a la ópera que la que le puede dar un clavecín. Aumentaría el costo, pero la calidad lo haría mucho más. En donde debería haber ahorros es en la escenografía, especialmente cuando es tan inútil como la de esta producción. El coro no es fundamental en esta ópera, pero hizo lo necesario para no manchar el trabajo general. En resumen, la interpretación fue magnífica y la producción no tanto. Si el MET va a ahorrar gastos que lo haga en sus producciones, es ene se rubro en el que se desperdician recursos. No obstante, regresaría con gusto a presenciar otra función, por lo que me queda recordar aquello con lo que firmaba todos mis mensajes electrónicos y cartas hace algunos años “El infierno debe ser un lugar en el que ni tan solo existe la esperanza de escuchar Le nozze di Figaro”.

Thursday, April 10, 2014

Il Ritorno di Tito - Lyric Opera Chicago

Foto: Todd Rosenberg
RJ
Tra le opere di Mozart La Clemenza di Tito è una di quelle che per più tempo ha incontrato difficoltà ad entrare nel repertorio internazionale e quindi non è strano che la Lyric Opera di Chicago l’abbia programmata solo una volta nella sua storia, con un cast memorabile, nel 1989, formato da Gösta Winbergh (Tito),Tatiana Troyanos (Sesto), Carol Vaness (Vitellia) y Susan Graham (Annio) sotto la direzione di Sir Andrew Davis, incaricato anche di dirigere la rappresenrazione finale della stagione 2013-14. Il titolare dell’orchestra ha dato una lettura iniziale  un po’ lenta e letargica in alcuni momenti, con sfasamenti con la scena: però con il trascorrere della recita si sono ritrovati brillantezza e una ampia gamma di colori orchestrali soprattutto negli ottoni e nei fiati. La parte visiva dello spettacolo è stata prodotta da Sir David McVicar , esportata dal Festival di Aix en Provence per il quale è stata concepita in coproduzione con il Capitole di Toulouse e l’Opera di Marsiglia. Sono contate le produzioni che provengono dall’Europa al 100 per 100 per scene e nella concezione  e questa era un po’ statica, ed è stata gradita dal publlico più conservatore. Con un muro al fondo con porte e finestre (replica dell’autentica parete del Palazzo Arcivescovile di Aix, sede della rappresentazione), scale che salivano al lato destro, colonne al lato opposto e un busto coperto dell’imperatore al centro, una sobria messa in scena illuminata brillantemente, che ha regalato belle immagini tratte dalla pittura di Jacques-Louis David. Gli eleganti costumi, in bianco e nero, si riferivano al diciannovesimo secolo, e McVicar ha voluto creare personaggi umani esaltando le relazioni tra di loro, la loro psicologia e i loro sentimenti. Del tenore Mathew Polenzani, nel ruolo di Tito, è piaciuta la chiarezza del suo canto, la brillantezza del timbro e la sua musicalità anche se ha caratterizzato la sua interpretazione come un violento e poso misurato personaggio. Il soprano Amanda Majeski ha interpretato con naturalezza e disinvoltura Vitellia, a cui ha prestato una voce omogenea, chiara e agile. Le maggiori attenzioni erano rivolte a Joyce DiDonato che ha convinto per dedizione e compenetrazione con il personaggio di Sesto, e che ha commosso profondamente in ogni sua Aria con il suo brillante e caldo canto virtuoso. Il basso Christian Van Horn  è stato un Publio corretto con la sua voce di timbro scuro; Emily Birsan ha creato una fragile Servilia e il mezzosoprano Cecelia Hall ha mostrato entusiasmo e esaltazione cantando e intepretando Annio.




Tuesday, April 1, 2014

La Clemenza di Tito en Chicago

Foto: Todd Rosenberg

RJ



De las grandes operas de Mozart, La Clemenza di Tito es una de las que más tiempo le ha costado encontrar un nicho dentro del repertorio internacional, por ello, no es de extrañar que la Lyric Opera de Chicago solo la haya escenificado una vez en su historia, en octubre de 1989, y con un memorable elenco conformado por Gösta Winbergh (Tito), Tatiana Troyanos (Sesto), Carol Vaness (Vitellia) y Susan Graham (Annio) bajo la conducción de Sir Andrew Davis; también encargado de dirigir esta función final de la temporada 2013-2014. El hoy titular de la orquesta tuvo una lectura inicial errática y lenta, por momentos letárgica, con desfases con la escena, pero una vez que pudo calibrar su lectura en el transcurso de la función alcanzó brillantez y una amplia gama de colores con la orquesta, y la ayuda de su solida sección de metales y alientos. La parte visual del espectáculo fue la producción diseñada por Sir David McVicar que fue estrenada en el festival francés de Aix en Provence, para el que fue concebida, en coproducción con el Capitole de Toulouse y la Opera de Marsella. Contadas son las producciones que se ven en los teatros estadounidenses de diseño y concepción 100% europea y aunque esta tuvo algo de estática, sirvió su propósito de agradar al conservador público. Con un muro con puertas y ventanas al fondo del escenario (réplica de la autentica pared del Palacio de Arzobispos de Aix-en Provence, donde se colocó el escenario en su estreno), escaleras que entraban y salían del lado derecho, rejas y columnas que lo hacían por el lado izquierdo y un busto cubierto del emperador al centro, la sobria puesta servida por una brillante iluminación, regaló bellas estampas de pinturas de Jacques-Louis David, de donde también se inspiró. Los elegantes vestuarios en negro y blanco correspondían al siglo 19, porque McVicar apuntó a crear personajes humanos, exaltando la relación entre ellos, su psicología y sus sentimientos. Del tenor Matthew Polenzani, en el papel de Tito, gustó la claridad en su canto, la brillantez en su timbre y su musicalidad, aunque desmereció su caracterización de un furioso, violento y poco mesurado emperador.  La soprano Amanda Majeski actuó con naturalidad y desenvoltura a Vitellia, a la que prestó una voz homogénea, clara y ágil. La atención estuvo centrada  en la mezzosoprano Joyce DiDonato, quien convenció por su entrega y compenetración con el personaje de Sesto, y conmovió profundamente en cada una de sus arias con su brillante, cálido y virtuoso canto.  El bajo Christian Van Horn fue un correcto Publio con voz de tonalidad oscura; Emily Birsan creó una frágil Servilia y la mezzosoprano Cecelia Hall mostró entusiasmo y exaltación cantando y actuando a Annio.

Thursday, February 23, 2012

LA CLEMENZA DI TITO EN EL TEATRO REAL DE MADRID O CÓMO NO ERAN LOS EMPERADORES ROMANOS

 
Foto: Amanda Majeski, Kate Aldrich - Javier del Real
 
Alicia Perris
 
La Clemenza di Tito de Wolfang Amadeus Mozart. Ópera seria en italiano en dos actos. Libreto de Pietro Metastasio, adaptado por Caterino Mazzolà. Nueva producción del Teatro Real, procedente del Festival de Salzburgo. Director musical: Thomas Engelbrock, directores de escena: Ursel y Karl-Ernst Herrmann. Escenógrafo, figurinista e iluminador: Karl-Ernest Herrmann. Director del coro: Andrés Máspero. Reparto: Tito: Yann Beuron, Vitellia: Amanda Majeski, Sesto: Kate Aldrich, Servilia: María Savastano, Annio: Serena Malfi, Publio: Guido Loconsolo. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. 19 de febrero de 2012.

Esta partitura fue estrenada en Praga el 6 de septiembre de 1791 y su autor se apagaba en Viena apenas dos meses después. Se trata de un encargo que el compositor aceptó en ocasión de la coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia. Esta vez no lo acompaña la inspiración de Lorenzo Da Ponte, que le había escrito Don Giovanni, Così fan tutte y Las bodas, sino Metastasio, que le da un color absolutamente diferente a la ópera. La Clemenza nos ofrece la posibilidad de disfrutar de un proyecto más clásico de lo que se vino paladeando desde el comienzo de esta temporada. Y Mozart siempre es bien recibido por todos. Lo que podría hacernos sonreír es esa bonhomía de un emperador que no encaja demasiado en la larga y con frecuencia sangrienta historia de los Césares de Roma, a menudo psicológicamente dislocados, caprichosos y tan alejados de la cordura, la equidad y la capacidad de reinventarse que el guionista le presta a este Tito, más teatral que real. Sin embargo, como a menudo el universo de la ópera es un juego consentido por unos y por otros de apariencias, medio engaños y “bienséance”, como dirían los franceses, La Clemenza que ahora propone el Real es un divertimento con una excelente aunque conocida puesta en escena. Los cantantes, algunos de cuyos roles estaban escritos para castrati, están a la altura de un espectáculo bien concebido y ejecutado, con una dirección musical fina y sensible de Thomas Hengelbrock. Yann Beuron desarrolla con eficacia su papel, aunque no siempre suscita todo el entusiasmo que cabría esperar, la soprano Amanda Majeski tiene un dominio vocal muy adecuado y se mueve con soltura por el escenario, a pesar de su envergadura, aunque seduce sobre todo la elegancia y la femineidad (¡qué paradoja!) de la mezzosoprano Kate Aldrich. Más que agradable su desempeño vocal, al igual que el del resto del elenco, en las voces de Maria Savastano, Serena Malfi y Guido Loconsolo, los tres muy bien. En los procelosos tiempos que nos inquietan en este comienzo de siglo, las palabras del emperador, más la sombra de un deseo que la conciencia de una verdadera realidad, deberían darnos sin embargo, un poco de confianza y de fe en el futuro y en un poco más amable discurrir de los acontecimientos que jalonan nuestra vida. Como dicen en La Clemenza: “Si el imperio, dioses amigos, precisa de un corazón severo, quitadme el imperio o dadme otro corazón. Si la confianza de mi reino con el amor no aseguro, desprecio la que sea fruto del temor”.



Wednesday, September 7, 2011

La Griselda dramma per musica di Vivaldi - Santa Fe Opera

Foto: Ken Howard / Santa Fe Opera

Anche se al suo tempo Antonio Vivaldi fu un compositore prolifico, le sue opere liriche oggi sono ancora in gran parte sconosciute e sono poco rappresentate sulla scena mondiale. La Griselda, dramma musicale che ha debuttato nel 1735 al Teatro San Samuele di Venezia, e che ha segnato la prima collaborazione tra Vivaldi e il commediografo veneziano Carlo Goldoni che scrisse il libretto basato sul Decameron di Boccaccio ha ricevuto la sua prima esecuzione negli Stati Uniti in questa stagione di Santa Fe Opera. Il progetto ha acquisito notorietà anche perchè affidato a Peter Sellars, il registro eccentrico, famoso per le sue produzioni di classici moderni. Ancora una volta, come era successo sullo stesso palcoscenico nel 2005 con l'opera di Osvaldo Golijov - Ainadamar, la produzione teatrale è stata creata da Gronk, il pittore messicano, che ha predisposto un dipinto murale colorato, un collage pieno di immagini estratte dall'espressionismo tedesco, dai fumetti, dai cartoni animati, e dai graffiti e dall’arte vernacolare del New Mexico.  In questo quadro di irrealtà e di magia, senza elementi scenici e con un suggestivo uso delle luci, la trama è stata posta in un luogo indefinito. I costumi suggerivano un tempo presente, come per esempio: Gualtiero vestito come un giocatore di polo, Ottone come cantante di "rap" e Robert come un banchiere. Nel complesso, la regia di Sellars si è svolta con fuidità e naturalezza, anche se a volte la trama intricata era caricata di comicità esagerata e sovraeccitata. Il ruolo di Griselda è stato interpretato dal contralto Meredith Arwady, che ha mostrato una robusta voce scura carente, però, della luminosità e della leggerezza necessaria in questo repertorio. Da parte sua, il tenore Paul Groves, ha mostrato le sue ampie qualità vocali nel fraseggio, nella dizione e nell’intonazione, ma il suo Gualtiero si è rivelato scenicamente inespressivo. Il controtenore David Daniels ha mostrato la sua solita voce e carisma da virtuoso, il mezzosoprano Isabel Leonard ha commosso con la sua delicata Costanza, espressiva e agile. Amanda Majeski, ha reso Ottone con timbro cristallino, e facilità negli gli acuti, mentre il tenore e ucraino Yuri Minenko, come Corrado, ha mostrato un canto omogeneo, leggero e ben calibrata in ogni registro. La piccola orchestra(Santa Fe Opera Orchestra) di strumenti antichi è stata la vera trionfatrice della serata, dal momento che sotto la guida entusiasta di Grant Gershon ha emesso un suono omogeneo, dinamico e pieno di musicalità. RJ.



Sunday, September 4, 2011

La Griselda de Vivaldi en la Opera de Santa Fe

Foto: Isabel Leonard (Costanza), David Daniels (Roberto) - Ken Howard / Santa Fe Opera
RJ-A pesar de que en su tiempo Antonio Vivaldi fue un prolífico compositor operístico, en la actualidad sus obras continúan siendo prácticamente desconocidas y son poco representadas en los escenarios del mundo. La Griselda, drama para música estrenado en 1735 en el Teatro San Samuele de Venecia, y que marcó la primera colaboración entre Vivaldi y el dramaturgo veneciano Carlo Goldoni, quien escribió el libreto basándose en el Decamerón de Boccacio, recibió sus primeras representaciones estadounidenses dentro de la presente temporada de la Opera de Santa Fe. El proyecto generó mayor notoriedad cuando la parte escénica le fue confiada a Peter Sellars, el excéntrico director de escena, famoso por sus montajes modernos de obras clásicas. Nuevamente, como sucedió en este mismo escenario en el  2005 con la opera Ainadamar de Osvaldo Golijov, montaje que será repuesto en la presente temporada del Teatro Real de Madrid, Sellars eligió a Gronk, el pintor de origen mexicano, quien realizó un colorido mural pictórico, un collage cargado de imágenes extraídas del expresionismo alemán, de las tiras cómicas o cartoons, del graffiti y del arte vernáculo de la región de Nuevo México. Dentro de este espacio de irrealidad y magia, sin elementos escénicos y un sugestivo manejo de la iluminación, la trama se situó en un lugar indefinido, aunque los vestuarios sugerían una época actual, ya que por ejemplo: Gualtiero vestía como jugador de polo; Ottone como cantante de “rap” y Roberto como banquero. En términos generales, la dirección escénica de Sellars transcurrió con fluidez y naturalidad, aunque por momentos la ya enredada trama estuvo cargada de innecesaria comicidad y sobreactuación.
El elenco vocal se mostró poco homogéneo, como el papel de Griselda que fue interpretado por la contralto Meredith Arwady, quien exhibió una  oscura y robusta voz carente del brilló y la ligereza necesaria para este repertorio. Por su parte, el tenor Paul Groves, evidenció buenas cualidades vocales en el fraseo, la dicción y la entonación pero su Gualtiero resultó ser escénicamente frío e inexpresivo. El contratenor David Daniels mostró su habitual virtuosísimo vocal y carisma; y la mezzosoprano Isabel Leonard conmovió con su delicada caracterización de Constanza, y por su expresividad vocal y agilidad. Amanda Majeski, dio vida a Ottone y cantó con un timbre cristalino y facilidad para los agudos; y el tenor ucraniano Yuri Minenko, como Corrado, se exhibió como un tenor ligero de canto uniforme y bien calibrado en cada registro. La reducida orquesta de la Opera de Santa Fe, interpretando instrumentos antiguos, fue la verdadera triunfadora de la velada, ya que bajo la entusiasta conducción de Grant Gershon, director de la orquesta de la Opera de Los Ángeles, emitió un sonido homogéneo y claro, muy dinámico y cargado de musicalidad.

Monday, August 15, 2011

Amanda Majeski: up-and-coming american soprano

Photo: Amanda Majeski (soprano) copyright Dario Acosta 2011

The young American soprano Amanda Majeski, made her Santa Fe Opera debut this season as the villainous Ottone in Vivaldi's La Griselda. She came into prominence with acclaimed performances of Vitellia in La clemenza di Tito in a production directed by Christopher Alden for Chicago Opera Theater in the spring of 2009.  She was a member of Lyric Opera of Chicago’s Ryan Opera Center where in her first season she appeared as Countess Almaviva in The Marriage of Figaro conducted by Sir Andrew Davis. During Lyric’s last season, she covered the student performances of Micaela in Carmen, Helena in Midsummer Night’s Dream and Iole in Handel's Hercules. She made her debut with the Pittsburgh Opera as Blanche in Dialogues of the Carmelites and sings Agathe’s arias from Die Freischutz in concerts with the Civic Orchestra of Chicago, the training orchestra affiliated with the Chicago Symphony Orchestra. She completed Master’s degree at the Curtis Institute of Music, where she has performed the roles of Donna Anna in Don Giovanni, Erisbe in L’Ormindo, Magda in La Rondine, The Woman with the Cake Box in Postcard from Morocco, Nuria in Ainadamar and Soprano in La Voix Humaine. Amanda was a  also a member of San Francisco Opera’s 2008 Merola Program, participated in the Young Artist Program at Opera Theatre of Saint Louis, the Steans Institute at Ravinia, and joined the Lyric Opera of Chicago’s Ryan Opera Center in 2009. In late 2009, she sang Marguerite in a concert performance of Faust at Washington Concert Opera, with Charles Castronovo and John Relyea. She is a 2007 recipient of a Sara Tucker Study Grant from the Richard Tucker Foundation and made her Weill Hall recital debut in 2008 as a member of the Marilyn Horne Foundation. The 2011 – 2012 season will see Amanda Majeski as a featured member of the ensemble at the Semperoper Dresden. In Dresden, she will sing the sorceress Alcina in a new production of Handel’s 'Alcina', Countess Madeleine in Richard Strauss’s 'Capriccio', Countess Almaviva in Mozart’s 'Le nozze di Figaro' and Vitellia in 'La clemenza di Tito'. She . . . will also make her role debut as Fiordiligi in Mozart’s 'Così fan tutte' in a new production by Christopher Alden at New York City Opera. Future seasons will see Ms. Majeski at the Lyric Opera of Chicago, Glyndebourne Festival, Oper Frankfurt, Opernhaus Zurich, Opera Company of Philadelphia, and Canadian Opera Company.

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