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Tuesday, June 6, 2023

War Réquiem de Britten en San Francisco

Foto: Michael Poehn

Ramón Jacques

Davies Symphony Hall, San Francisco CA. USA. En 1961, Benjamín Britten (1913-1976) compuso su War Réquiem (o Réquiem de Guerra), Opus 66, 22 años después de que la catedral de Coventry en West Midlands Inglaterra fuera destruida durante los bombardeos aéreos en la Segunda Guerra Mundial, y el motivo de su creación fue la consagración de la nueva catedral que fue construida adyacente a las ruinas de la catedral original. En su monumental obra, Britten contrastó textos de la misa de Réquiem en latín, con textos en lengua inglesa de Wilfred Owen (1893-1918) considerado un prolífico poeta de guerra; logrando impregnar en ella sus profundas y arraigadas creencias y espíritu pacifista. El estreno absoluto de la obra ocurrió el 30 de mayo de 1962 en Coventry, y casi 7 años después, en abril de 1969, la San Francisco Symphony la ejecutó por primera ocasión bajo la batuta de Hans-Schmidt-Isserstedt, A pesar de ser una atractiva y sugestiva partitura de gran dimensión, lamentablemente no es una obra que se programe con la frecuencia que merecería, y desde noviembre del 2013, cuando fue dirigida por Semyon Bychkov, hasta esta ocasión en el 2023, sus acordes musicales no habían sido escuchadas en San Francisco. El resultado final de este concierto se debe resumir como una sobresaliente y sobrecogedora ejecución musical para todos los presentes en la sala de conciertos Davies Symphony Hall de esta ciudad californiana. Parte del éxito se gestó gracias a la sublime conducción del maestro suizo Philippe Jordan, actual titular musical de la Ópera Estatal de Viena. Jordan luce inexpresivo en su gesto, y pesar de su sobriedad, es un director con mucho oficio preciso y detalladoen sus movimientos para marcar las entradas, en el control las fuerzas musicales, en la dinámica, los timbres, y las intervenciones individuales de cada una de las secciones de la orquesta, como los metales, las cuerdas; y evidentemente las intervenciones de los coros y de los solistas. Jordan fue capaz de emocionar con estrepitosos, enérgicos o dramáticos pasajes, y de conmovedor y vibrar con los más tenues, casi imperceptibles pasajes corales ofrecidos por el coro de niños Ragazzi Boys Chorus, dirigidos por Kent Jue, que se escucharon cantando desde el exterior de la sala. Mencionaría la destreza con la que el director suizo logró hilar de manera ligera, continua y sin pausas, las partes corales en latín con los poemas de Owen cantados en ingles por el barítono y el tenor, dándole continuidad a los seis movimientos. Las partes cantadas en ingles nos remiten indudablemente al estilo de la recitación y el canto tan característico de las óperas de Britten, en especial a Peter Grimes. Personalmente destacaría el segundo movimiento, el Dies Irae como el más completo desde el punto de vista musical y vocal, a una pieza a la que cada vez que se escuche en vivo se le descubren nuevas aristas, detalles y matices. La San Francisco Symphony en conjunto agradó por la conjunción, homogeneidad y profesionalismo mostrado por sus músicos. Por ello, referirse en la actualidad a las “Big 5” (la denominación introducida en los años 50 para designar a las mejores cinco orquestas estadounidenses) es incurrir en un término erróneo, en desuso y obsoleto considerando la prestancia y distinción que han alcanzado orquestas como la propia San Francisco Symphony, la LA Philaharmonic o la Dallas Symphony Orchestra, por mencionar solo unas. No se puede olvidar el aporte y el nivel exhibido por el San Francisco Symphony Chorus, bajo la conducción del maestro Joshua Habermann, y la marcada distinción entre las voces femeninas y las masculinas requerida en varios pasajes. Como también es importante resaltar la voz oscura, profunda y sentida de la soprano Jennifer Holloway, quien se colocó en la parte trasera, superior de la sala, una fila delante del coro, como del barítono estadounidense Brian Mulligan, quien como se anunció al inicio del concierto, ocupó el lugar del bajo-barítono escoces Ian Paterson, ausente por problemas de su visa de trabajo, un obstáculo y sobre todo una realidad post-covid que aún incide con frecuencia en la programación o cuando invitan artistas extranjeros, los teatros y orquestas estadounidenses. Mulligan fue un muy digno interprete que mostró su experiencia cantando y declamando sus partes con intensidad e ímpetu y una voz de grata coloración. Finalmente, fue encomiable la participación del tenor Ian Bostridge, que conoce y canta como pocos la parte de tenor en este réquiem, que ha interpretado en diversas ocasiones, por ejemplo, con la orquesta de Boston en el 2022, para redondear un competente elenco de solistas en un memorable concierto.  

Tuesday, April 12, 2022

Réquiem de Guerra de Britten en Boston

Foto: Hilary Scott

Ramón Jacques

La Orquesta Sinfónica de Boston (Boston Symphony Orchestra) interpretó el Réquiem de Guerra, op 66 (War Requiem) del compositor ingles Benjamin Britten (1913-1926), como parte de su temporada numero ciento cuarenta y uno. La célebre agrupación musical, que cuenta con una larga historia de representaciones de la obra, incluido su estreno estadounidense en julio de 1963, la programó en esta ocasión con motivo del sexagésimo aniversario de su primera ejecución, que tuvo lugar en mayo de 1962 en la catedral de Saint Michael en Coventry, Inglaterra.  Tal y como sucediera en su estreno, las partes para solistas fueron asignadas a cantantes de tres nacionalidades: un tenor inglés, un barítono alemán y una soprano rusa, sin embargo, la soprano Albina Shagimuratova, tuvo que cancelar de manera inesperada su participación en los conciertos y fue reemplazada de último momento por una soprano estadounidense. Cabe señalar la difícil situación que esto causa a las orquestas estadounidenses, quienes además de atravesar por dificultades financieras por la cancelación de sus temporadas anteriores, deben ahora aclarar y justificar reiteradamente en los programas de mano y de viva voz antes del inicio de cada concierto, como sucedió en esta ocasión, y anteriormente en Dallas con la ejecución de una ópera de Tchaikovski, que sus programaciones se elaboran con meses, incluso años de antelación, y la interpretación en estos momentos de obras como el réquiem de Britten, que narra las atrocidades de una guerra, o el alejamiento del elenco  de una artista rusa, son coincidencias que ocurren, y aunque consientes de la actual situación política que se vive,  no representan una posición de las orquestas, como tampoco se busca vetar obras o artistas de acuerdo a su nacionalidad. Enfocándose, estrictamente en el tema musical que atañe, la Orquesta Sinfónica de Boston, mostró un alto nivel, y no escatimó recursos para ofrecer una destacada e inquietante ejecución de la obra del compositor inglés. La dirección musical le fue encomendada a Antonio Pappano, ausente de este podio desde el 2004, quien mostró seguridad y compresión de la obra, de la que extrajo matices, colores, así como la tensión y el dramatismo que se desprende de los nueve poemas en lengua inglesa del poeta (o war-poet) Wildred Owen, acompañados de un compacto y homogéneo grupo de cámara, que supo contrastar hábilmente con la solemnidad y la suntuosidad de la Messa pro difunctis, en latín, cantados por el amplio coro y orquesta completa, con sus profusas percusiones y metales, y una consistente sección de cuerdas. La parte del tenor fue muy bien interpretada por el inglés Ian Bostridge, quien mostró apego a cada texto que cantó, fraseando y enunciando con elegancia y claridad. A su lado, estuvo el barítono alemán Matthias Goerne, quien mostró una voz profunda y potente, algo áspera y con ciertas dificultades en la dicción, detalles que al final no menguaron su cometido y buen desempeño. Mencionado, por ejemplo, el intenso pero muy melodioso dueto: Out there, we’ve walked quite friendly up to Death. Por su parte, la soprano Amanda Majeski, cantó de manera conmovedora y con sentimiento sus partes, con una voz dúctil de grato y penetrante timbre, y adecuada proyección, alternando con el coro, como en el Liber Sricptus del Dies Irae. El extenso coro Tanglewood Festival Chorus, ocupó el lugar dominante que le corresponde en esta pieza, mostrando uniformidad y equilibrio, y el coro de niños Britten Children’s Chorus, aportó su toque de pureza e inocencia, cantando desde la distancia en el segundo piso de la sala de conciertos.



Wednesday, September 2, 2020

Recital de Ian Bostridge en Stresa, Italia.

Renzo Bellardone

27 agosto del 2020. Lieder en ViennaStresa Festival edición del 2020.  Centro de Convenciones de Stresa en el Lago Maggiore VB, Italia. 

Obras interpretadas en el recital: Ian Bostridge, tenor Saskia Giorgini, piano L.V. BEETHOVEN, Adelaide op. 46; Sensucht: “Nur wer die Sehnsucht kennt” cuatro versiones WoO 134; Flohlied op. 75 n.3; Ich liebe Dich WoO 123; An die ferne Geliebte op. 98; In questa tomba WoO 133; Mailied op. 52 n.4; Resignation WoO 149; Marmotte op. 52 n. 7 F. SCHUBERT, An den Mond D. 259; Drei Gesänge des Harfners D. 478; Nachtgesang D. 314; Liebhaber in allen Gestalten D. 558; Meeres Stille D. 216; Auf dem See D. 543; An Mignon D. 161; Erster Verlust D. 226; Ganymed D. 544.

Al escuchar la palabra lieder, muchos se alejan porque lo consideran fastidioso, pero los que se perdieron el concierto del 27 de agosto en Stresa, desaprovecharon una oportunidad de cambiar de opinión. Ian Bostridge, un tenor cuyo repertorio abarca desde Bach hasta Britten así como sus propias composiciones, se expresó con una voz muy personal y con un timbre insólito con el pudo convertirse decididamente en un cautivador, gracias también a la fuerte carga interpretativa y teatral que logró exhibir durante el recital. Se trata de un artista de gran estatura y amplia seriedad profesional, que cantó todo sin la ayuda de partituras. Solo para señalar algunos detalles interesantes cito: Flohlied, donde contó de manera irónica la historia de una pulga que se dirigía hacia una corte real; en Meigesang, Bostridge se volvió poético e íntimo; y a la vez se transformó en un intérprete vivaz, alegre y brillante en Meeres Stille y en Marmotte para luego tornarse casi tenebroso y amenazante (a la Britten) en Auf dem See, y en un na autoritario narrador en An Mignon. Por su parte, Saskia Giorgini, la muy joven pianista italo-neerlandesa quien se dio a conocer cuando ganó el Concurso Internacional Mozart de Salzburgo en 2016 que la llevó a debutar en la sala de conciertos Musikverein de Viena, pero que estudió en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Turín, donde se graduó con honores gracias a sus particulares y destacados dotes instrumentales y artísticos, que aquí mostró, hizo su aparición en un escenario de casa. En el recital con Bostridge, con el que esta llevando una extensa gira en estas fechas acompañándolo al piano por diversos festivales de Italia y Europa, realzó realmente la escritura con un toque delicado, reservado y al mismo tiempo protagonista, expresando realmente habilidad en su aproximación al teclado. El programa fue rico y satisfactorio tanto por los protagonistas, como por las composiciones musicales y textos, que fueron escritos nada menos que por Goethe. Este concierto formó parte de la temática titulada Beethoven 2.0 de la presente edición del festival de la ciudad junto al gran lago maggiore.



Monday, August 31, 2020

Lieder a Vienna Stresa Festival


Foto: Sim Canetty-Clarke

Renzo Bellardone

Alla parola lieder, molti fuggono perchè li ritengono noiosi, ma chi ha perso il concerto del 27 agosto a Stresa ha perso anche l’occasione di ricredersi

Lieder a Vienna Stresa Festival 27 agosto 2020 Ian Bostridge, tenore Saskia Giorgini, pianoforte

L.V. BEETHOVEN, Adelaide op. 46; Sensucht: “Nur wer die Sehnsucht kennt” quattro versioni WoO 134; Flohlied op. 75 n.3; Ich liebe Dich WoO 123; An die ferne Geliebte op. 98; In questa tomba WoO 133; Mailied op. 52 n.4; Resignation WoO 149; Marmotte op. 52 n. 7 F. SCHUBERT, An den Mond D. 259; Drei Gesänge des Harfners D. 478; Nachtgesang D. 314; Liebhaber in allen Gestalten D. 558; Meeres Stille D. 216; Auf dem See D. 543; An Mignon D. 161; Erster Verlust D. 226; Ganymed D. 544 Questo concerto rientra nell’area tematica Beethoven 2.0

Ian Bostridge, tenore che spazia da Bach a Britten ed a sue stesse composizioni, esprime una vocalità molto particolare, con timbricità insolita, ma sa rendersi decisamente accattivante anche grazie alla forte carica interpretativa ed alla teatralità esposta anche in concerto; artista di grande levatura e grande serietà professionale, ha cantato tutto senza coadiuzione di alcun spartito. Solo per appuntare qualche particolare emozionante cito: Flohlied, dove ironicamente racconta la storia della pulce che avanza alla corte reale; in Meigesang Bostridge diventa poetico ed intimo, mentre si trasforma in vivacemente allegro e brillante in Meeres Stille e  in Marmotte per divenire poi quasi tenebroso e minaccioso (alla Britten) in Auf dem See ed un narratore autorevole in An Mignon. Saskia Giorgini, giovanissima pianista italo olandese sì è fatta conoscere al pbblico quando vinse nel 2016 il Salzburg International Mozart Competition ed al successivo debutto al Musikverein; ha studiato presso il Conservatorio Giuseppe Verdi di Torino dove si è diplomata con il massimo dei voti ed una menzione speciale per particolari capacità strumentali e straordinarie doti artistiche. Nel Concerto con Bostridge esalta davvero la scrittura con un tocco delicato, riservato ed al tempo stesso protagonista. Esprime realmente doti particolari nell’approcciarsi alla tastiera. Il programma è ricco sia per gli autori musicali che per i testi, sovente scritti nientemeno che da Goethe. La Musica vince sempre

Saskia Giorgini - Foto: Maria Frodl 


Wednesday, August 26, 2020

Asolo - Incontri Asolani dal 1 al 14 settembre 2020 alle 20.45- Edizione numero 42 del Festival internazionale di musica da camera


Nella cornice medievale della Chiesa di S. Gottardo torna Incontri Asolani, il festival internazionale di musica da camera alla sua  quarantaduesima edizione,  che ogni anno porta ad Asolo alcuni dei migliori musicisti dell'Italia e del mondo. Sei concerti distribuiti nella prima metà di settembre (1/14 settembre 2020 alle 20,45) durante i quali, dopo il silenzio degli ultimi mesi, potremo tornare a sentire la vibrazione della musica dal vivo.

Il mio canto, libero è il titolo del primo concerto, che si terrà martedì primo settembre e vedrà il tenore inglese Ian Bostridge e la pianista italiana Saskia Giorgini proporci una scelta di Lieder di Beethoven e di Schubert. Un'incursione nel lato più intimo, lirico e magico del compositore di Bonn e nell'inconfondibile intensità della poesia sonora di Schubert, rintracciata in alcuni capolavori e in altri Lieder meno noti.

Sarà poi la volta di una formazione non molto comune, il sestetto d'archi e di due grandi brani ad essa dedicati: il Sestetto op. 85 di Strauss e il fantasioso Souvenir de Florence di Čajkovskij, che coniuga la cantabilità italiana con il furore ritmico del folklore russo. A suonare, giovedì 3 settembre, sarà una compagine internazionale che comprende Klaidi Sahatçi e Elisa Spremulli ai violini, Vladimir Mendelssohn e Daniel Formentelli alle viole ed Enrico Dindo e Luigi Puxeddu ai violoncelli.

Sabato 5 settembre avremo poi l'opportunità di dare uno sguardo alla storia musicale veneta e a uno dei suoi protagonisti nel '700. Tartini, la morte e il diavolo è un itinerario narrativo a cura di Sergio Durante che ci porta a ripercorrere la vita e il pensiero dello scopritore del «terzo suono». La voce narrante sarà quella di Roberto Citran; ascolteremo Federico Guglielmo al violino solista insieme all'Arte dell'Arco a cui si uniranno Diego Cantalupi al liuto, Francesco Galligioni al violoncello e Roberto Loreggian al clavicembalo.
 
Chiesa di San Gottardo - Asolo 
Un'altra voce, quella di Elio, e un altro viaggio nel tempo, ma questa volta nella Vienna del XIX secolo: questi gli ingredienti del successivo appuntamento di marcoledì 9 settembre. Ci ritroveremo al Teatro di Porta Carinzia, tra l'impresario Barbaja, il vecchio Salieri, l'ormai famoso Beethoven, l'ancora sconosciuto Schubert e il ricordo di Mozart. E ascolteremo alcune delle loro musiche con un quartetto vocale proveniente dall’Accademia di Osimo, il violoncello di Ettore Pagano e il fortepiano di Alessandro Benigni.

Armonie liquide, riflessi d’acqua e chiari di luna sono lo scenario sonoro del concerto di venerdì 11 settembre, che vedrà la pianista veneziana Gloria Campaner dare vita ad alcune delle più suggestive musiche notturne dell'Ottocento e del Novecento. Il programma spazia dal Notturno di Respighi alla sonata Al chiaro di luna di Beethoven, dai preludi di Chopin e di Debussy fino a Wasserklavier dai meravigliosi Six encores di Berio.

Di nuovo un'atmosfera viennese per l'ultimo concerto, lunedì 14 settembre, durante il quale avremo modo di ascoltare una compagine di livello eccezionale: il Philharmonic String Quartet, formato dalla giovane generazione di musicisti dei Berliner Philharmoniker. Un itinerario nella prima scuola di Vienna e nella sua forma più intima e sperimentale, quella del quartetto d'archi. Tre quartetti di Haydn, Mozart e Beethoven per chiudere questa rassegna piena di storia, di voci e di poesia.

Incontri Asolani, XLII Festival Internazionale di Musica da Camera 2020 è realizzato con il sostegno di MIBACT, Regione Veneto, Comune di Asolo e Parrocchia Di Asolo.Asolo Musica ringrazia per il fondamentale sostegno il Gruppo Pro-Gest, Hausbrandt Trieste 1892, Centromarca Banca, Tenuta 2castelli.

Biglietti €10 ridotto giovani under 26 €20 soci Asolo Musica €25 intero Online (www.boxol.it)
  
INCONTRI ASOLANI
XLII Festival Internazionale di Musica da Camera 2020
1 /14 settembre 2020 Asolo, Chiesa di San Gottardo ore 20.45
   
Il calendario

Martedì 1 settembre
IL MIO CANTO, LIBERO
Ian Bostridge, tenore
Saskia Giorgini, pianoforte
Beethoven e Schubert

Giovedì 3 settembre
SOUVENIR DE FLORENCE
Klaidi Sahatci e
Elisa Spremulli, violino
Vladimir Mendelsshon e
Daniel Formentelli, viola
Enrico Dindo e
Luigi Puxeddu, violoncello
Strauss e Tchaikovsky

Sabato 5 settembre
TARTINI, LA MORTE E IL DIAVOLO
Versione per attore ed ensemble da camera
di Sergio Durante
Roberto Citran, voce narrante
Federico Guglielmo, violino
L’arte Dell’arco
Diego Cantalupi, liuto
Francesco Galligioni, violoncello
Roberto Loreggian, cembalo

Mercoledì 9 settembre
NELLA VIENNA DI BEETHOVEN/1
Elio, voce narrante
Zuzanna Klemań́ska, soprano
Nutsa Zakaidze, mezzosoprano
Matteo Torcaso, baritono
Ettore Pagano, violoncello Premio Salieri 2019
Alessandro Benigni, fortepiano
Testo di Vincenzo De Vivo
Mozart, Salieri, Rossini, Beethoven
in collaborazione con l’Accademia d’Arte Lirica di Osimo

Venerdì 11 settembre
AL CHIARO DI LUNA
Gloria Campaner, pianoforte
Beethoven

Lunedì 14 settembre
NELLA VIENNA DI BEETHOVEN/2
Philarmonic String Quartet
dei Berliner Philharmoniker
Dorian Xhoxhi, violino
Helena Madoka Berg, violino
Kyoungmin Park, viola
Christoph Heesch, violoncello
Haydn, Mozart, Beethoven
 

Thursday, October 20, 2016

The Turn of the Screw de Britten en el Teatro alla Scala de Milan

Foto: Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Para una ópera que tuvo su estreno justo en Italia (en la Fenice de Venecia en 1954), parece increíble que hasta hoy se haya programado por primera vez el Teatro alla Scala una ejecución en su lengua original.  Mejor tarde que nunca, se podría decir.  También porque la producción gustó y convenció del punto de vista musical como el visual.   La nueva producción curada por Kasper Holten previó la subdivisión del espacio en niveles movibles para recrear, tres sobrepuestos a la derecha y dos en el medio, un escenario más amplio unido a una escalera de caracol, de los ambientes claustrofóbicos de la obra de Henry James.  Los personajes  aparecían y desaparecían creando una tensión creciente y siempre más angustiante, también por el uso apropiado de la luz y de evocadoras proyecciones en blanco y negro, y de un tipo de descoloración cinematográfica creada con estudiadas disminuciones de la cortina.  Al final, en este espectáculo quedó en los espectadores quedó esa duda que siempre acompaña a esta historia de fantasmas, es decir, si existían verdaderamente o eran solo proyecciones mentales en la cabeza enferma de la institutriz. Tambien Holten, permaneciendo generalmente ambiguo, parecería inclinarse hacia la segunda hipótesis.  Ello se ve claramente, por ejemplo, en el inicio del segundo acto, cuando el dueto Quint/ Jessel es retratado sin ninguna duda como una pesadilla nocturna de la institutriz (los dos “fantasmas” cantan en la cama a cada lado de las atormentada protagonista).  La institutriz fue personificada de manera extremadamente matizada y vocalmente convincente por Miah Persson, aquí vista en un papel en el evidencio de la mejor manera sus grandes cualidades sobre la escena. Ian Bostridge prestó un timbre absolutamente de antonomasia a Peter Quint, por momentos casi áspero, pero también convincente y provocador.  El color de su voz tan blancuzco y deslavado fue perfecto para este papel tan escurridizo como pegajoso.  También Allison Cook,  con desvanecidos timbres mas graves y sonoros personificó una Jessel perfectamente cumplida, como también la gobernadora de Jennifer Johnston que fue eficaz.   Verdaderamente convincentes fueron los dos chicos del Trinity Boys Choir, Lucas Pinto y Louise Moseley que prestaron sus voces a Miles y a Flora.  El timbre tan puro e infantil de Pinto, suscitó mucha ternura, aunque también una cierta inquietud.  Finalmente, la dirección de Christoph Eschenbach pareció poco interesante, tan poco teatral, y por momentos pesado y escasamente equilibrada.


The Turn of the Screw - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Per un’opera che ha avuto la sua première  proprio in Italia (alla Fenice di Venezia nel 1954), sembra incredibile che il Teatro alla Scala ne programmi solo oggi, per la prima volta, una sua esecuzione in lingua originale. Meglio tardi che mai, si potrebbe dire… Anche perché la produzione piace e convince sia dal punto di vista musicale che da quello visivo. Il nuovo allestimento curato da Kasper Holten prevede la suddivisione dello spazio su più livelli movibili per ricreare, tre sovrapposti sulla destra e due in mezzo al palcoscenico più ampi collegati da una scala a chiocciola, gli ambienti claustrofobici della pièce di Henry James.  I personaggi appaiono e svaniscono creando una tensione crescente e sempre più angosciante, anche per l’uso appropriato delle luci e di evocative proiezioni in bianco e nero, e di una sorta di dissolvenza cinematografica creata con studiati restringimenti del sipario. In questo spettacolo, alla fine,  negli spettatori rimane il dubbio che sempre accompagna questa ghost story, e cioè se i fantasmi esistano veramente o siano delle proiezioni mentali nella mente malata della Istitutrice. Holten, pur rimanendo generalmente ambiguo, sembrerebbe propendere verso questa seconda ipotesi. Lo si vede chiaramente, ad esempio, all’inizio del secondo atto, quando il duetto Quint/Jessel è  ritratto senza alcun dubbio come un incubo notturno della Istitutrice (i due “fantasmi” cantano nel letto  proprio a fianco della tormentata protagonista).  Una Istitutrice impersonata in maniera estremamente sfumata e vocalmente convincente da Miah Persson, qui in un ruolo che evidenza al meglio le sue grandi qualità sulla scena. Ian Bostridge dona una timbrica assolutamente quintessenziale a Peter Quint, a volte quasi aspro, ma anche suadente e conturbante. Il colore della sua voce così biancastro e slavato lo rende perfetto per questo ruolo così sfuggente e viscido. Anche Allison Cook, con sfumature timbriche più gravi e sonore impersona una Jessel perfettamente compiuta, come pure  la Governante di Jennifer Johnston è efficace. Davvero convincenti anche i due ragazzi del Trinity Boys Choir, Lucas Pinto e Louise Moseley, che hanno donato le loro voci a Miles e Flora. La timbrica così pura e infantile di Pinto  suscitava molta tenerezza, ma anche una certa inquietudine. Infine, la direzione di Christoph Eschenbach è  parsa meno interessante, così poco teatrale, a volte pesante e scarsamente sfumata.