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Tuesday, April 12, 2022

Réquiem de Guerra de Britten en Boston

Foto: Hilary Scott

Ramón Jacques

La Orquesta Sinfónica de Boston (Boston Symphony Orchestra) interpretó el Réquiem de Guerra, op 66 (War Requiem) del compositor ingles Benjamin Britten (1913-1926), como parte de su temporada numero ciento cuarenta y uno. La célebre agrupación musical, que cuenta con una larga historia de representaciones de la obra, incluido su estreno estadounidense en julio de 1963, la programó en esta ocasión con motivo del sexagésimo aniversario de su primera ejecución, que tuvo lugar en mayo de 1962 en la catedral de Saint Michael en Coventry, Inglaterra.  Tal y como sucediera en su estreno, las partes para solistas fueron asignadas a cantantes de tres nacionalidades: un tenor inglés, un barítono alemán y una soprano rusa, sin embargo, la soprano Albina Shagimuratova, tuvo que cancelar de manera inesperada su participación en los conciertos y fue reemplazada de último momento por una soprano estadounidense. Cabe señalar la difícil situación que esto causa a las orquestas estadounidenses, quienes además de atravesar por dificultades financieras por la cancelación de sus temporadas anteriores, deben ahora aclarar y justificar reiteradamente en los programas de mano y de viva voz antes del inicio de cada concierto, como sucedió en esta ocasión, y anteriormente en Dallas con la ejecución de una ópera de Tchaikovski, que sus programaciones se elaboran con meses, incluso años de antelación, y la interpretación en estos momentos de obras como el réquiem de Britten, que narra las atrocidades de una guerra, o el alejamiento del elenco  de una artista rusa, son coincidencias que ocurren, y aunque consientes de la actual situación política que se vive,  no representan una posición de las orquestas, como tampoco se busca vetar obras o artistas de acuerdo a su nacionalidad. Enfocándose, estrictamente en el tema musical que atañe, la Orquesta Sinfónica de Boston, mostró un alto nivel, y no escatimó recursos para ofrecer una destacada e inquietante ejecución de la obra del compositor inglés. La dirección musical le fue encomendada a Antonio Pappano, ausente de este podio desde el 2004, quien mostró seguridad y compresión de la obra, de la que extrajo matices, colores, así como la tensión y el dramatismo que se desprende de los nueve poemas en lengua inglesa del poeta (o war-poet) Wildred Owen, acompañados de un compacto y homogéneo grupo de cámara, que supo contrastar hábilmente con la solemnidad y la suntuosidad de la Messa pro difunctis, en latín, cantados por el amplio coro y orquesta completa, con sus profusas percusiones y metales, y una consistente sección de cuerdas. La parte del tenor fue muy bien interpretada por el inglés Ian Bostridge, quien mostró apego a cada texto que cantó, fraseando y enunciando con elegancia y claridad. A su lado, estuvo el barítono alemán Matthias Goerne, quien mostró una voz profunda y potente, algo áspera y con ciertas dificultades en la dicción, detalles que al final no menguaron su cometido y buen desempeño. Mencionado, por ejemplo, el intenso pero muy melodioso dueto: Out there, we’ve walked quite friendly up to Death. Por su parte, la soprano Amanda Majeski, cantó de manera conmovedora y con sentimiento sus partes, con una voz dúctil de grato y penetrante timbre, y adecuada proyección, alternando con el coro, como en el Liber Sricptus del Dies Irae. El extenso coro Tanglewood Festival Chorus, ocupó el lugar dominante que le corresponde en esta pieza, mostrando uniformidad y equilibrio, y el coro de niños Britten Children’s Chorus, aportó su toque de pureza e inocencia, cantando desde la distancia en el segundo piso de la sala de conciertos.



Wednesday, July 19, 2017

La Pasión según San Mateo en Dallas

Foto: Tracy Martin

Ramón Jacques 

El director holandés Jaap Van Zweden dejará después de diez años la dirección musical de la Sinfónica de Dallas para asumir el mismo cargo con la Filarmónica de Nueva York, y para su temporada de despedida, conformó una cartelera muy interesante donde no olvidó su afinidad por la música vocal, coral y la ópera. Se puede mencionar, por ejemplo, la ejecución en concierto de Die Walküre de Wagner y sobre todo esta memorable versión de la Pasión según San Mateo BWV 244 (o Matthäus-Passion) de Bach, una obra muy completa y satisfactoria desde cualquier punto de vista musical, pero poco representada por las complejidades que requiere para su ejecución: doble coro, doble orquesta y buenos solistas. Poco importaría entrar en la comparación si una orquesta de instrumentos antiguos es mejor para tocar esta pieza o una orquesta clásica que interpreta otros repertorios. Basta decir que la Sinfónica de Dallas, dividida en dos ensambles en cada lado del escenario, por el profesionalismo y capacidad interpretativa de sus músicos, reforzada con instrumentos como laúd, viola de gamba, órgano; interpretaron la partitura como es, con su fuerza, de la cual se desprenden algunos de los más brillantes y lucidos momentos musicales, que hacen que el público no deje de apreciarla, sentirme envuelto y conmoverse por lo que esta música ofrece. Esta orquesta es una de las más importantes en Norteamérica y su profesionalismo quedó manifiesto, y francamente, de no ser por orquestas como esta, muchos se privarían de conocer y escuchar este tipo de obras maestras.  En el podio, Jaap Van Sweden dirigió con autoridad y versatilidad, atención al detalle y a la dinámica, buscando el refinamiento en la emisión de los instrumentos, y resaltar los puntos más finos y ricos, pero sobre todo la sutileza y la unidad de las fuerzas musicales. No se puede dejar de mencionar el transcendental aporte que tuvo el Coro de la Sinfónica de Dallas, y el coro de niños de Dallas. El elenco de solistas contó con algunos nombres conocidos como el del barítono Matthias Goerne que interpretó el papel de Jesús con voz potente y oscura, algo destemplada por momentos. Philippe Sly prestó su profunda voz de bajo-barítono al papel de Pilatos, encauzada con claridad y naturalidad. El tenor Werner Güra, cantó con sentimiento y expresividad transmitiendo cierta bondad y melosidad. Por su parte, la soprano Valentina Farcas estuvo sobresaliente en su canto de grata y brillante tonalidad, capaz de transmitir sentimientos. La mezzosoprano holandesa Christianne Stotijn tuvo un desempeño destacado, su voz es amplia y de una coloración oscura satinada. La parte del Evangelista le fue confiado al tenor James Gilchrist, que lo hizo de manera correcta. 

Monday, September 10, 2012

MATTHIAS GOERNE Y CONCERTO KÖLN OFRECEN UN BARROCO DE ALTA CATEGORÍA EN SU VISITA A CHILE.‏


Foto: Matthiar Goerne
 
Johnny Teperman

La visita de Matthias Goerne y el Concerto Köln, dentro de su programación de conciertos de abono de la temporada musical 2012 del Teatro Municipal, significó, sin duda, otro hito de elevada jerarquía en la serie de espectáculos que se han ofrecido este año en el principal escenario cultural del país. El solista y conjunto germanos, ofrecieron en dos días seguidos, una programación de elevada estatura técnica, la cual incluyó un abánico de obras representativas de lo más importante del barroco, considerando a los más célebres compositores de la música de ese género –Johann Sebastian Bach, Georg Philipp Telemann y Georg Friedrich Haendel–. El Concerto Köln, una agrupación nacida en 1985 en Alemania, goza de gran prestigio en el mundo entero y se ha ganado juticieramente,el favoritismo tanto de la audiencia como de la crítica. El repertorio de la doble presencia del grupo germano incluyó las obras, Concerto Grosso, Op. 6 Nr. 1 en sol mayor de Georg Friedrich Haendel, el Concierto para flautas, cuerdas y continuo TWV 52:e1 en mi menor de Georg Philipp Telemann y tres composiciones de Johann Sebastian Bach: Cantata: “Ich will den Kreuzstab gerne tragen” ("Llevo mi cruzada feliz"), el Concierto Brandeburgués BWV 1049 en sol mayor y la Cantata “Ich habe genug” (Tengo suficiente) BWV 82 en do menor, Cantata para Bajo, Oboe y Orquesta. El solista en las dos cantatas de Bach fue el barítono alemán Matthias Goerne, sin duda otro aporte de gran valor a estas dos presentaciones. Alabado por su voz de barítono, cálida y fluida y por sus profundas interpretaciones, el artista es uno de los vocalistas más requeridos internacionalmente y es un invitado frecuente en conocidos festivales y salas de conciertos que incluyen el Carnegie Hall de Nueva York, el Wigmore Hall de Londres y el Teatro alla Scala de Milán. Junto a la presencia de Goerne, debemos asimismo destacar como solistas, a los eximioa flautistas Martin Sandhoff (flauta traversa) y Cordula Brehuer (flauta dulce), el clavecinista Markus Marki y al Concertino Markus Hoffmann, que a la vez se desempeñaba como el director de este conjunto de 17 exxtraordinarios maestros de la música barroca. El consagrado barítono Goerne y el conjunto barroco de Köln, presentaron previamente el mismo programa, en el nuevo centro cultural del sur de Chile, el Teatro del Lago de Frutillar, con gran éxito de público y de especialistas en música barroca. Al cantante lo describieron como “un barítono excepcional , quien en persona o en sus grabaciones para Decca o para Deutsche Grammophon, seduce, transporta, propone una musicalidad y una calidad únicos. Él es uno de los artistas más increíbles del momento en el mundo”.




Saturday, May 21, 2011

Gustavo Dudamel dirige Ein Deutsches Requiem di Brahms

Foto: Mathew Imaging

Ramón Jacques

Gustavo Dudamel è tornato sul podio della Los Angeles per dirigere un progetto denominato “Brahms Unbound” che prevede durante vari concerti l’interpretazione del ciclo completo delle opere sinfoniche di Johannes Brahms alternate a lavori di compositori contemporanei. Così il concerto è iniziato con la prima esecuzione locale di Beautiful Passing del compositore statinutense Steven Mackey (1956) creato nell’ottobre del 2008 dalla violinista Leila Josefowicz (dedicataria del brano) con la BBC Philarmonic. Il pezzo di carattere moderno, atonale ma carente di brillantezzza e suggestione, manifestava un contrasto nel dialogo che si levava fra la densa ed energica orchestrazione e la sottigliezza e soavità del violino, che anche in questa occasione era suonato dalla Josefowicz, violino che prendeva il sopravvento su un’orchestra fuori controllo e lasciata al suo destino. Il momento più alto del concerto è giunto nella seconda parte del programma con una emozionante esecuzione di orchestra, coro e solisti del commovente Ein Deutsches Requiem op. 45 di Brahms  Risaltava la prova di una orchestra mai estatica, caricata di drammaticità ed energia particolarmente nelle sezioni degli ottoni e delle percussioni. Così come fondamentale è stato l’apporto del Coro Los Angeles Master Chorale diretto da Grant Gershon. Come solista Matthias Goerne ha cantato la sua parte con opulenza vocale e calda tonalità baritonale e lo splendido soprano Christine Schäfer ha catturato con la sua commovente ed angelica interpretazione di vocalità cristallina e luminosa. Gustavo Dudamel ha condotto l’orchestra con mano ferma e precisa, però in modo routinario e senza entusiasmo e senza soprattutto la contagiosa energia con la quale dirigeva questa orchestra quando aveva assunto l’incarico di direttore titolare appena un anno e mezzo fa.

Wednesday, May 18, 2011

Gustavo Dudamel dirigió el Réquiem Alemán de Brahms con la Filarmónica de Los Ángeles.


Foto crédito: Lawrence K. Ho - Gustavo Dudamel y Leila Josefowicz
Ramón Jacques
El director venezolano Gustavo Dudamel regresó al podio de la orquesta  Orquesta Filarmónica de Los Ángeles (Los Angeles Philharmonic) para dirigir el proyecto denominado “Brahms Unbound” que prevé durante varios conciertos, la interpretación del ciclo completo de obras sinfónicas de Johannes Brahms, alternándolas con obras de compositores contemporáneos. Así, el concierto comenzó con la primera ejecución local, de Beautiful Passing, del compositor estadounidense Steven Mackey (1956), que fue estrenada en octubre del 2008 por la BBC Philharmonic y la violinista Leila Josefowicz, a quien le fue dedicada por el autor. La pieza de carácter moderno, atonal pero carente de brillo y sugestión, contrasta el dialogo que se lleva cabo entre la densa y enérgica orquestación, con la sutileza y suavidad del violín, en la que al final el violín, que fue bien interpretado en esta ocasión por la propia Josefowicz, toma el control y guía a la descontrolada orquesta a su destino. El momento mas alto del concierto llegó en la segunda parte del programa con la emocionante ejecución de la orquesta, el coro y los solistas del magnánimo Ein deutsches Requiem, Op 45 de Brahms. Resaltó la prueba de una orquesta, nunca estática, cargada de dramatismo y energía, particularmente en su sección de metales y percusiones; así como el fundamental aporte del coro Los Angeles Master Chorale, dirigido por Grant Gershon. Como solista, Matthias Goerne, cantó su parte con opulencia y calida tonalidad baritonal; y la espléndida soprano Christine Schäfer cautivó con su conmovedora y angelical interpretación de cristalina y luminosa vocalidad. Gustavo Dudamel, condujo a la orquesta con mano firme y precisa, pero de manera rutinaria y sin el entusiasmo y la contagiosa energía con la que solía dirigir a esta orquesta cuando asumió su cargo de director titular hace apenas un año y medio.





Tuesday, December 1, 2009

Matthias Goerne: Schubert Recital- Teatro della Pergola, Firenze

© 2008 Marco Borggreve for harmonia mundi

Massimo Crispi

Per il ciclo l’Arte del canto (XIII appuntamento), rassegna interna alla stagione degli Amici della Musica di Firenze si è svolto alla Pergola il secondo recital di Matthias Goerne, sempre nel nome di Franz Schubert (il terzo secondo il calendario, ma secondo perché il primo è stato annullato e sarà recuperato il prossimo marzo). Schubert è particolarmente congeniale a Goerne, e il baritono tedesco ha saputo trasportarci nella sua visione di Schubert, che è un po’ diversa da quella che correntemente si ascolta. La sua superba voce, che non ci dispiace definire regale (se per regale si intende qualcosa di superiore, qualcosa di autorevole, qualcosa di benevolente e paterno in qualche modo, al di là di ogni considerazione filomonarchica da cui siamo distanti anni luce), se non addirittura imperiale, dai connotati netti eppure sfuggenti allo stesso tempo, ha illustrato con grande convinzione questo punto di vista. E Schubert ha una grande importanza sul lavoro che attualmente interessa l’attività di Goerne: una quasi integrale edizione della sua produzione liederistica, accompagnata da recital, quasi a confermare che non è solo una scelta di lasciare una documentazione ma anche una necessità di comunicare a un pubblico dal vivo le sue interpretazioni, col pathos e il coinvolgimento che solo il recital dal vivo può creare. Il programma che Goerne ha scelto era suddiviso in quattro parti, in cui si svolgevano alcuni tra i più importanti temi seguiti da Schubert nella sua sterminata produzione. Il primo era dedicato alla classicità e alla visione del mondo antico e mitologico che ne avevano i poeti neoclassici e romantici. E il titolo che Goerne ha dato al suo ultimo CD è proprio Heliopolis, Eliopoli, la città dell’arte in un Egitto dedito al culto della luce, che illuminava gli artisti, i suoi figli più cari. E verso questa luce Schubert era sempre teso, così come verso una terra ideale, sempre in un metaforico viaggio, attraverso il tema del Wanderer, e come pure alla ricerca di un altro da sé, il tema del sosia, del doppio, dell’addio, di una felicità che non albergava nella sua misera stanzetta e nella solitudine artistica nel centro di una Vienna molto oscurantista e conservatrice sotto l’impero di Francesco II/I. I poeti dei brani di questa serata erano i più frequentati da Schubert, Mayrhofer e Goethe in primis, oltre che il quasi omonimo Franz Schober. Die Götter Griechenlands era il Lied che apriva questo viaggio schubertiano di Goerne, seguito da Philoktet, Fragment aus dem Aischylos, Der etnsühnte Orest e i due Aus Heliopolis. Poi An die Leier, Meeres Stille, Atys e lo Schifferers Scheiderlied. La seconda parte, eccezion fatta per Der König inThule, era più sul tema del viaggio, della natura e degli addii, con Wanderers Nachtlied, Der Hirt, Das Heimweh, Der Kreuzzug e l’ultimo, straziante Abschied. La chiave interpretativa di Goerne in generale era una malinconia di base con dei momenti di rasserenamento e di apertura verso quell’anelito alla luce e alla felicità, una Sensucht che tanto caratterizza l’opera di Schubert e che il baritono ha espresso magnificamente. La maniera in cui passava da frasi gravi ricche di armonici e sonore, mai spinte ma sempre accompagnate dal sapiente uso dellla respirazione e cesellate con una grande perizia tecnica, al registro acuto sempre morbido e utilizzando un registro misto al falsetto, indugiando sui gruppetti e sulle ornamentazioni, scandendo ogni singola nota in un legato magistrale (chi ha detto che in tedesco non si può legare il canto?), era assolutamente impeccabile e il lavoro di palato e di cavità che riusciva a creare Goerne per dare lo spazio ai suoi mille colori diversi era unico. L’atteggiamento corporeo era quasi allucinato, una faccia spiritata, quasi percepisse i fantasmi schubertiani nel buio della sala davanti ai suoi occhi, impressionante, anche se talvolta il suo sottolineare le sillabe e le vocalizzazioni con piccoli movimenti del corpo poteva apparire un po’ fuori luogo. Si è detto spesso che Matthias Goerne è l’erede di Fischer Dieskau. Noi non siamo d’accordo. A parte il fatto che la voce di Goerne è molto più interessante di quella di Dieskau, in Dieskau era meno frequente il vero canto, mentre albergava una precisione a livelli maniacali della pronuncia, sacrosanta. Apprezzabilissimo, per carità, però alla lunga Dieskau riusciva a risultare freddo se non gelido, pur se l’artista ha segnato un punto fermo nell’interpretazione del Lied e una sua rinascita. Goerne della pronuncia se ne fregava, al contrario, per privilegiare il canto e in effetti è difficile ascoltare oggi quanta musica ci sia nel canto schubertiano, con una tavolozza di colori sonori a cui non siamo abituati. Che se ne fregasse è naturalmente un’esagerazione per dire che anche se qualche parola e qualche frase non erano eccessivamente chiare o messe a fuoco perché il suono coperto non consentiva un’articolazione idiomatica così precisa, il risultato era comunque eccellente ed emozionante perché, appunto, Goerne faceva scaturire dalla linea vocale schubertiana tutta la sua carica espressiva e immaginifica. Ma non vorrei che si pensasse che vogliamo tralasciare l’altra metà di questa serata emozionante e a cui Goerne deve certamente parecchio: il pianista Alexander Schmalcz. Dei pianisti con cui lavora abitualmente Matthias Goerne questo è forse il più schubertiano di tutti. Se il baritono tirava fuori tutti i colori del cielo e della terra il pianista tirava fuori anche quelli di tutti gli altri pianeti del sistema solare. Raramente abbiamo ascoltato i liquidi arpeggi di Meeres Stille e la corsa ondeggiante dello Schifferers Scheidelied, eseguiti così appropriatamente e preparatori alla linea del canto, ora sospesa, ora malinconica, ora intrepida. E lo sposalizio della tastiera colla voce di Goerne era sempre all’altezza, mai un punto in più o un punto in meno: l’energia bellica dell’inizio di An die Leier e i successivi molli arpeggi della lira che ha la necessità di cantare solo l’amore offrivano un contrasto di tocchi e di sentimenti che ci hanno affascinato. Der König in Thule, la ballata arcaicizzante che canta Margherita, la triste storia del re e della sua amata che, morendo, gli lascia la coppa da cui lui beve la vita che gli resta giorno dopo giorno, riempiendola di lacrime, ha raggiunto da parte di entrambi altissimi livelli intepretativi così come l’infrequente ascolto di Atys, che offre anche un raro postludio del pianoforte solo, è stato anch’esso uno dei momenti più emozionanti di tutto il recital. Ma uno dei punti di massima tensione, per i pianissimi e per l’atmosfera rarefatta in attesa di una fine che si intuiva ma che non si voleva giungesse, era l’ultimo Lied, Abschied, appunto, Addio. Qui cantante e pianista si sono reciprocamente superati, entrando l’uno nello strumento dell’altro, e, siamo convinti, con una reale partecipazione emotiva. Pubblico contento, inutilmente in attesa di un bis. Con Abschied si era detto tutto.