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Sunday, February 2, 2025

West Side Story en Houston

Foto: Michael Bishop

Ramón Jacques 

West Side Story el musical concebido por el coreógrafo y director de escena Jerome Robbins, con música del célebre director musical Leonard Berstein, y letra de Stephen Sondheim, estrenado en Broadway en 1957, es el siguiente título de la actual temporada de la Houston Grand Opera.  De hecho se trata de la reposición del título, que se escenificó en la temporada 2017-2018, pero que no satisfizo ni  a la administración de la compañía ni al público, ya que como se recordara  aquellas funciones se realizaron en una de las enormes salas del centro de convenciones de la ciudad, cuando las inundaciones ocasionadas por el huracán Harvey dañaron el escenario y el foso y la zona inferior de butacas del Wortham Theatre, por lo que se buscó una sede alterna, que aunque permitió que no se cancelara aquella temporada, al final resultó ser un lugar poco idóneo por la cuestión de la acústica, del acomodo de la orquesta, la comodidad para los asistentes, y las modificaciones que debieron hacerse a las producciones escénicas.  En esta ocasión recurrió nuevamente a ese mismo montaje coproducido entre el teatro de Houston, la Lyric Opera de Chicago, y el Festival Glimmerglass de Nueva York, del cual es directora artística Francesca Zambello, encargada de la dirección escénica de este espectáculo, que contó con los diseños y escenografías de Peter J. Davidson, los vestuarios de Jessica Jahn y la adecuda iluminación de Mark McCullogh. Como es sabido, el teatro de Houston tiene una larga historia de programar con frecuentemente en su escenario musicales americanos, así como comisionar y estrenar obras de compositores estadounidenses contemporáneos e incluirlas en sus temporadas a la par de las obras maestras del repertorio operístico; pero la realidad post pandémica que se observa hoy en día en los teatros estadounidenses, por un tema financiero y  quizás de supervivencia a largo plazo, que los está llevando a prescindir paulatinamente de nombres reconocidos de la lírica, sustituyéndolos mayormente por cantantes estadounidenses, algunos aun promesas en ciernes y otros con carreras consolidadas, pero sobre todo hay una tendencia a buscar nuevas alternativas de programación que apelen al gusto de los nuevos públicos, programando recitales de voz y piano, galas operísticas o títulos contemporáneos en lengua inglesa, con los que se pueda identificar el público, y que se apeguen más a la cambiante realidad social que por la que están atravesando actualmente los ciudadanos de este país, cuyos derechos y libertades están siendo amenazados, y que han creado tensiones raciales. Dentro del contexto anterior, entran títulos liricos recientemente programados que entre otros incluye: The Handmaid’s Tale de Poul Rodgers vista la temporada pasada en San Francisco, The Manchurian Candidate programada en Austin hace un par de meses, o esta misma producción de West Side Story de Houston. La historia se desarrolla en medio de un violento conflicto entre pandillas callejeras rivales de Nueva York, mientras que dos jóvenes amantes desafían los prejuicios y el odio para perseguir su romance prohibido.  El concepto de Zambello apela no tanto a la idea shakespereana en la que se basa la historia, si no a la complicada realidad por la que atraviesa el ciudadano común y corriente, inmigrante, con dificultades económicas y sociales en una ciudad multirracial, cosmopolita y conflictiva como lo es la ciudad de Nueva York.  Por lo que su concepto escénico, nos sitúa en la actualidad en esa ciudad, en un escenario dinámico en el que en el rápido cambio de escenas muestra el exterior de un edificio con la arquitectura típica neoyorquina con escaleras de metal al frente, en una transitada calle, en azoteas donde se observan atardeceres con publicidad, cables etc o el interior del departamento donde habita María, con su bandera de puerto rico. Las escenografías cambian rápidamente con cada escena de manera fluida, y especialmente para dejar espacio para para las vivaces coreografías, y para las peleas entre las pandillas rivales los Sharks (puertorriqueños) y los Jets. Zambello incorporó las coreografías originales utilizadas por Jerome Robbins en la versión que, hecha para el cine en 1961, así como un extenso ballet de ‘sueños’ como Zambelllo misma lo describió, que no fue incluido en la película, ya que los bailarines representan una sociedad pacífica, en el utópico Somewhere" descrito en la letra de Stephen Sondheim. El director Roberto Kalb realizó una buena conducción musical al frente de la orquesta resaltando la paleta de sonidos asociados a cada pandilla, como el jazz para los jets, y los complejos ritmos del mambo del cha-cha-cha y el seis puertorriqueño, en pasajes como América, para identificar a los Sharks. De la partitura resaltaron sus disonantes harmonías, explosivas síncopas y los recurrentes leitmotivs con los que Bernstein intentó darle una cierta personalidad operística a la obra, por lo que fue notable el desempeño de la orquesta y el coro, conformado por pocos elementos, que dirige el maestro Robert Bado.  El elenco vocal fue encabezado por la soprano Shereen Pimentel, quien proviene de Broadway donde personificó el papel de María en la reposición del musical en el 2020, y que en esta ocasión, se desempeñó con soltura, libertad y gratas tonalidades en su canto y su desempeño escénico; misma situación de la mezzosoprano Yesenia Ayala, quien interpretó el papel de Anita, tanto en Broadway, como en esta producción, con una interpretación vocal, más ligera, por llamarla así, pero efectiva para cantar y actuar su papel.  Destacando el dueto entre Anita y Maria “A boy like that/ I Have a Love” Por su parte el tenor Brenton Ryan, dio vida al papel de Tony, quizás con menos soltura actoral, pero una voz más refinada por su formación y trayectoria operística que desplegó en su canto, y sobresalió la soprano portorriqueña Ana María Martínez en su papel de la dueña de la tienda de novias.  No se puede olvidar mencionar la conocida pieza “Tonight”, que ocasionó una gran ovación de parte del público, que en esta ocasión si se mostró satisfecho a lo largo de esta función. Una mención al extenso grupo de artistas en participaron en escena redondeando el espectáculo y que personificaron a las dos pandillas, a sus respectivas novias y al grupo de personajes “adultos” como el doctor, el teniente Schrank, Krupke, todos ellos con experiencia en cine, televisión y en escenarios de Broadway.





Friday, December 1, 2023

El Último sueno de Frida y Diego en San Francisco

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Como último título de la temporada de su centenario, la Ópera de San Francisco, ofreció el estreno local de El Último sueño de Frida y Diego, ópera en dos actos de la compositora Gabriela Lena Frank, con libreto del dramaturgo cubano Nilo Cruz, cuyo estreno absoluto ocurrió el 29 de octubre del 2022 en el Civic Theatre de San Diego, sede de la compañía de esa ciudad.  Además, otro importante teatro californiano, la Ópera de Los Ángeles, la programó para estrenarla en su escenario en el mes de noviembre de este mismo año, logrando así que los primeros pasos de esta obra se lleven a cabo en la Costa Oeste de los Estados Unidos, concretamente en California que cuenta con una amplia población hispanoparlante.  La presencia de Lena Frank y su ópera, se convirtió en un acontecimiento histórico para San Francisco y para la región, que poseen una amplia oferta cultura y musical, ya que, además de que la compositora es oriunda de la ciudad de Berkeley, ubicada a pocos kilómetros de distancia de San Francisco al otro lado de la bahía, se convirtió en la primera mujer compositora a la que este importante teatro le comisionó una obra para ser escenificada en su escenario principal, además de  que el Último sueno de Frida y Diego es la primera ópera compuesta y cantada completamente en español en la historia de este teatro, de hecho el título de la obra permaneció siempre como lo tituló su creadora.  El marco no podría ser más alentador, ofreciéndose dentro de una temporada de gran significado y relevancia para este recinto operístico, que comenzó con el estreno absoluto de Anthony and Cleopatra de John Adams, compositor con una estrecha relación con este teatro, también residente de esta región, y que en su acervo cuenta con la ópera-oratorio, con texto en español, comisionada por el teatro Théâtre du Châtelet de París donde tuvo su estreno en diciembre del 2000.  La realidad es que pocos son los teatros estadounidenses que se han ocupado por ofrecer óperas en español, a pesar de honrosas excepciones, como la contribución que en este sentido tuvo el compositor mexicano Daniel Catán cuando en 1993 logró convencer a la Ópera de San Diego de escenificar su ópera en español la Hija de Rappacini, y convertirse en un pionero de este género, si así se le puede catalogar, lo que posteriormente generó el interés de la ópera de Houston por comisionarle varias óperas en español de las cuales surgió  la creación de Florencia en el Amazonas, la ópera en español más escenificada en Estados Unidos, seguida de Il Postino, comisionada por la Opera de Los Ángeles; y sin olvidar la trilogía de óperas-mariachi creadas por el compositor Javier Martínez y el libretista Leonard Foglia, comisionadas por los teatros de Houston y Chicago.  Sería un discurso arduo y quizás inapropiado e innecesario debatir el por qué las óperas en lengua española, salvo excepciones como las ya señaladas, no se escenifican con mayor frecuencia en teatros de un país con una enorme población de gente hispanoparlante, lo cierto es que el público aficionado a este género y que lo tiene arraigado en su interior continuara asistiendo y consumiendo todo lo que se llame ópera, que es al final un género perene, incesante y universal, sin importar la lengua en que sea cantada.  El gran acierto de Lena Frank y Nilo Cruz, fue el haberse enfocado en la figura de dos relevantes, muy reconocidos y famosos artistas platicos mexicanos en la actualidad (de hecho, Frida Kahlo es actualmente una especie de admirado mito y figura) creando un relato ficticio con la fascinación que Kahlo y Rivera sentían por el más allá y por la festividad, tan mexicana que es el día de los muertos.  Como explicó en varias ocasiones la compositora, la creación de esta obra, su primera y hasta hoy única ópera, resultó ser un trabajo arduo y largo, ya que que duró alrededor de 15 años hasta poder ver finalmente su obra  sobre un escenario, pero que sin embargo, ese periodo,  la llevó no solo a fortalecer y forjar una complicidad y una estrecha relación laboral y creativa con el propio Cruz,  sino que la llevó a afinar y a encontrar un estilo musical y de orquestación propio y a entender mejor la voz, como quedó plasmado en esta obra, que considero personalmente está destinada a trascender, porque posee los elementos necesarios para atraer a teatros y orquesta; por su suntuosa y rica orquestación, en una partitura que incorpora sonidos con marcada influencia extraída de  la música folclórica mexicana,  cabe mención,  por ejemplo el constante uso de la marimba y los alegres metales, que amalgamó  con sonidos clásicos, contemporáneos de buena manufactura creando momentos que cautivaban, que sorprendían, que atraían y sobre todo por  su virtud de manejar y resaltar el aspecto vocal, el cantable y  el coral,  con el que dotó a los personajes y al coro. La sencilla trama ocurre el 2 de noviembre de 1957, en el Día de los Muertos, unos días antes de la muerte de Diego Rivera, y a tres años de la muerte de Frida Kahlo. Ese día Diego Rivera visitaba un cementerio, rodeado de gente que acudía a honrar el espíritu de sus seres queridos y desaparecidos; y es allí donde ante su soledad Diego le pide a Frida vuelva. Aparece una anciana que vende flore, que es en realidad la Catrina, guardiana de los muertos.  En Mictlan el inframundo azteca, la Catrina le ordena a Frida que regrese a acompañar a su moribundo marido en su viaje al final de su vida –aquí se puede distinguir una cierta influencia y similitud con Orfeo y Euridice, y en la Catrina una cierta aproximación con el Mefistófeles de Fausto -  en el inframundo Frida conoce al joven Leonardo, un joven actor que, personificando a Greta Garbo, busca regresar el mundo de los humanos convenciéndola de que ella también debería hacerlo. La Catrina le autoriza a Frida volver al mundo de los vivos solo por 24 horas con la condición de de no tocar a los vivos, diciéndole “Una caricia te puede costar la memoria de tu dolor” Carente de inspiración Diego se encuentra con Frida en la Alameda, y es donde ocurre uno de los momentos vocalmente más evocadores de la obra, donde el propio Diego, sintiendo la proximidad de su muerte se dirige con Frida a su Casa Azul de Coyoacán. Frida intenta pintar, pero no logra hacerlo al no encontrar el reflejo de su imagen. Diego la anima a pintar y allí es donde aparece escénicamente una secuencia bien lograda de pinturas e imagines realizadas por ella. Con el amanecer, Frida debe volver al inframundo, y Diego entiende que la única forma que podrá vivir eternamente a su lado es yéndose también al más allá, que al final logra gracias a la intervención de la Catrina y del dios Mictlantecuhtli. Un aspecto que ha resaltado el espectáculo además de la radiante partitura de Lena Frank, fue el equipo de trabajo artístico mexicano, que ha aportó  y potenció  la autenticidad de lo que se vio escena con: Lorena Maza (directora escénica), Eloise Kazan (vestuarista), Víctor Zapatero (iluminación), sin olvidar las sencillas pero brillantes y sugestivas escenografías de Jorge Ballina, como las flores y altares de muertos en varios niveles en el primer acto, que crearon escenas muy llamativas; o la casa de Coyoacán con su inconfundible  y particular  color azul, y escenas de su interior;  además de  los cuadros de Frida, aquí representados por actores y coristas, con el fuerte impacto que solo Frida  podía plasmar.  Vocalmente el elenco se mostró muy sólido con la presencia de la mezzosoprano argentina Daniela Mack, quien mostró compenetración con el papel, cantando con brío y su seductora voz, con la que demostró admirable dicción incluso en el uso de ciertos modismos mexicanos.  Por su parte el barítono mexicano Alfredo Daza, personificó un convincente y sufrido Diego Rivera, escénicamente desenvuelto, seguro y creíble, ataviado con su inconfundible overol de mezclilla.  Vocalmente resolvió muy bien el papel, posee una voz redonda que ha adquirido mucho cuerpo, y que es además amplia y sabe modular y enunciar con elegancia, derrochando la experiencia y las tablas que ha adquirido en su larga y exitosa carrera.  El contratenor Jake Ingbar aportó el toque cómico, lúdico necesario en escena, con buen desempeño y vocalidad, y en su caracterización como Greta Garbo. Por su parte la soprano chilena Yaritza Veliz personificó a una enérgica Catrina, nunca sobre actuada, con vestuario y maquillaje que fue un deleite apreciar, además de una amplia y robusta voz de soprano, segura en los registros y en el fraseo. Meritorio fue el desempeño de los aldeanos como del tenor Moisés Salazar, el barítono John Fulton y el bajo Ricardo Lugo. Una mención merece también la soprano MIkayla Sager, y las mezzosopranos Nikola Printz y Gabrielle Beteag, quienes en escena dieron vida a los personajes e imagines extraídas de de las más conocidas pinturas de Frida Kahlo; así como la brillantez en el canto de la mezzosoprano Whitney Steele quien dio vida al papel de Guadalupe Ponti. En el podio, el director mexicano Roberto Kalb, ofreció una lectura detallada, llena de poesía e imaginación, con atención al detalle, matizando los colores de la partitura y sobretodo haciendo resaltar los sonidos folclóricos mexicanos que ofrece la partitura.  La orquesta a su cargo tocó con magia, libertad y gozo. El coro, dirigido por su titular John Keene no solo se mostró participativo en cada escena en la que tuvo actuar y participar si no que agradó por el preciso y seguramente arduo trabajo que debieron realizar sus miembros para pronunciar y sonar lo más natural posible en su canto y dicción en español.  Para finalizar, cabe debe mencionar que la vida Diego Rivera y Frida Kahlo estuvo también ligada a la ciudad San Francisco donde habitaron durante varios meses teniendo un estudio, entre noviembre de 1930 y mayo de 1930, periodo en el cual Rivero realizó tres murales, y Frida Kahlo diversos cuadros. Posteriormente y estando recientemente divorciados, ambos regresaron a la ciudad en 1940, completando Rivero un mural más y Kahlo diversas pinturas. Lo curioso es que ambos artistas decidieron casarse de nueva cuenta y la ceremonia civil se llevó a cabo el 8 de noviembre de 1940 en el Ayuntamiento (San Francisco City Hall)  el edificio que está cruzando la calle, y a pocos metros del teatro War Memorial Opera House, donde casi ochenta y tres años después fueron los protagonistas de una ópera creada en memoria suya, en la seguramente ha sido la temporada más importante del segundo teatro en importancia y nivel en Estados Unidos.



Friday, May 10, 2019

Frida en Miami


Foto:  Daniel Azoulay

Elvira Cuevas

Como parte de su temporada 78 la Gran ópera de Florida realizó el esperado y exitoso estreno de la ópera Frida del compositor texano Robert X. Rodríguez, quien cuenta con un amplio catálogo de óperas, musicales, música sinfónica y especialmente música cámara. Frida ha sido sin lugar a duda uno de sus trabajos que más exposición y reconocimiento ha recibido ya que aborda de manera pasional e intensa, la controversial vida de la pintora mexicana.  La obra consiste en una secuencia de escenas de la vida de la artista en la que aparecen, actuando y cantando, además de los artistas principales, cinco mujeres y cinco hombres con diversos vestuarios, con mascaras y sin ellas, y como marionetas en tercera dimensión; además del uso de proyecciones y sombras, se utilizan reproducciones de los cuadros de Frida. La producción proveniente de la ópera de Michigan fue repuesta por el director Marco Pelle, quien también se encargó de las coreografías regalando una puesta dinámica y bien presentada. Un detalle para resaltar es el buen gusto de los vestuarios y decorados de Mónica Essen, con auténticos vestuarios de tehuana y coloridos rebozos. El director musical mexicano Roberto Kalb, al frente de una orquesta de cámara compuesta por once elementos de la orquesta de la ópera de Florida, mantuvo la intensidad de la orquestación haciendo resaltar los diversos estilos que fusiona, claramente resaltables como: la ópera lírica, de musical de broadway, el teatro musical, el jazz; así como tintes de música folclórica mexicana como la música de mariachis, y con algunos acompañamientos de la marimba y el acordeón, dando como resultado un sonido contemporáneo pero identificable y de fácil compresión para el escucha. Con diálogos hablados y cantados en español e inglés destacó el trabajo de la soprano colombiana Catalina Cuervo en el papel principal, con una voz flexible, pero de coloración dramática y rica, que ofreció un trabajo general convincente, y dominando la parte hablada con claridad.  El bajo-barítono Ricardo Herrera quien recreó al personaje de Diego Rivera y la soprano Jessica E. Jones como Cristina Kahlo ofrecieron correctos y persuasivos desempeños. Uniforme el resto del elenco y comparsas en escena.