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Monday, May 14, 2018

Anna Bolena – COC, Toronto Canadá


Foto de escena de Michael Cooper

Giuliana Dal Piaz

Con esta ópera de Gaetano Donizetti, la Canadian Opera Company cierra su Temporada 2017-2018, y lo hace exitosamente, cuando menos desde el punto de vista del público, que aplaude entusiasta e incondicionalmente. El director teatral británico Stephen Lawless ya había producido para la COC María Estuarda (2010) y Roberto Devereux (2014), con la colaboración del renombrado escenógrafo belga Benoît Dugardyn, fallecido hace poco. Como en las dos óperas anteriores – que sin embargo cuentan acontecimientos posteriores, desde el punto de vista cronológico –, se mantiene la austera escenografía en la cual Dugardyn se inspiraba en el Globe Theatre en tiempos de Shakespeare, con una serie de paredes en madera, nueve de ellas móbiles, para construir cada vez pasillos, la sala del trono, la recámara de Bolena en la que se se dispara la trágica trampa ideada por el Rey para deshacerse de su segunda esposa. Donizetti y su libretista Romani no se preocupan gran cosa por la verdad histórica: no hay aquí mención alguna de la “incapacidad” de  Ana Bolena de dar a luz un varón vivo, razón auténtica para que Enrique VIII la eliminara, sino que todo parece motivado por el enamoramiento del Rey para una  dama de compañía de la Reina. Ni siquiera ellos, sin embargo, la historia hubieran alterado hasta poner en escena a la hijita de Ana, la futura gran Isabel Iª Tudor, que, cuando su madre murió, aún no cumplía los 3 años. Otra alteración del libreto que me hace pensar en un guiño de ojo a hechos de nuestra época es el torpe intento de violación de Bolena de parte de Percy: en el original, es éste quien desenvaina su espada, amenazando matarse para inducir a la Reina a seguirlo viendo, y la exclamación del Rey, “nudi acciar nella mia reggia” (aceros desnudos en mi palacio), se refiere a la espada de Percy y no al puñalito del pobre Smeton, que aquí acude – parece – a defender físicamente a la Reina y no a prevenir un suicidio...De algo estoy segura: en América del Norte son muy raras las voces realmente extraordinarias por timbre y tonalidad, a menos que los cantantes de ópera no hayan llevado a cabo un entrenamiento más o menos largo en Italia. Así como es muy raro en ellos el dominio de la pronunciación italiana, como si el libreto no tuviera gran importancia: al fin y al cabo, allí están los subtítulos en inglés para seguir la acción. Un crítico musical local ha incluso escrito: “qué extraño resulta escuchar una pieza sobre historia de Inglaterra cantada en italiano”... Todo mundo parece ignorar u olvidar que la musica fue compuesta para el texto y en simbiosis con ello, y que las palabras tienen un ritmo y una musicalidad propios que integran la de las notas. A finales de cuenta, me parece que la verdadera comprensión y casi el sentido mismo de la ópera italiana, se estén perdiendo de este lado del Atlántico, a pesar de los esfuerzos de compañías como la óptima Canadian Opera Company. La escenografia es escueta pero representa bien por un lado la esencial soledad de la Reina, rodeada por la sospecha y el terror, y por el otro el espíritu de la época, con el coro que ocupa, como el público del teatro isabelino, las galerías superiores, mientras que una tarima con arriba el trono, aparece o desaparece del escenario según se necesite. 
Me ha parecido excelente la performance de la soprano Sondra Radvanovsky, cuya voz se extiende desde unas notas graves dignas de una contralto y desde unos piano y pianissimo, por los cuales ella es merecidamente famosa, a las notas más altas, en las cuales, sin embargo, el timbre se vuelve por momentos metálico. Su actuación es óptima, dando vida a una Bolena compleja, con un amplio abanico de emociones muy bien representadas. No es igualmente positivo mi juicio de la soprano estadounidense Keri Alkema que interpreta el papel de Jane Seymour, además escrito para una mezzo-soprano. Su pronunciación del italiano es dudosa, su canto y actuación son escasamente matizados y totalmente desprovistos del encanto sutilmente sensual que esa damisela debe por cierto haber ejercido sobre Enrique VIII, para que éste le ofreciera matrimonio y corona... El vestido que Seymour lleva por toda la ópera, hasta su aparición final en el balcón como Reina, es muy entonado a la época pero no la favorece, enfatizando su figura matronal. El bajo-barítono Christian Van Horn (Enrique VIII) es adecuado para el papel, y resulta razonablemente imponente, pero su “arrogancia” en la escena no logra expresar, en su italiano malo, la torva realeza del soberano Tudor. El tenor Bruce Sledge (Percy), no es muy buen actor, pero dispone de un buen timbre y su enfoque vocal es por lo general bueno, tanto en las arias como en los duos, pero da la impresión de cantar con esfuerzo y sus agudos no son agradables. Buenos intérpretes, en cambio, vocalmente y teatralmente, la mezzo-soprano Alison McHardy, Smeton ingenuo y devoto, y el bajo-barítono Thomas Goerz , desafortunado hermano de Ana, así como el tenor estadounidense Jonathan Johnson como Hervey, hombre de confianza de Enrique VIII. La orquesta de la Canadian Opera Company, dirigida en esta ocasión por el Mº italiano Corrado Rovaris, ha dado de la música de Donizetti una interpretación estilísticamente correcta pero no seductiva de mente y corazón. Sólo el coro de la COC y su directora Sandra Horst nunca decepcionan.


Saturday, March 16, 2013

La Traviata en el Teatro Regio de Turín, Italia

Foto:Ramella&Giannese- Teatro Regio
 
Renzo Bellardone
 
Con la cortina cerrada se anunció que a pesar de una indisposición Patrizia Ciofi había aceptado participar en la función.  Al final del espectáculo una pregunta circulaba entre el conmovido publico ¿si estando indispuesta cantó así, hasta donde hubiera llegado en óptimas condiciones? Patrizia Ciofi conmovió al público con su bravura interpretativa a todos los niveles recreando y proponiendo una Violetta creíble para nuestros días, desvergonzada y desdeñosa en el primer acto, dubitativa y tierna en el segundo y óptimamente consiente en el final, demostrando un fraseo claro y una participación emotiva con la que regaló colores de excepcional brillantes, sombreados solo por lagrimas musicales de rara belleza. El elenco de óptimo nivel, contribuyó a distraer la atención de una escenografía y dirección escénica, de Laurent Pelly, de difícil lectura y aceptación (la obra inició con la obertura en el funeral de Violetta, con féretros y paraguas que cubrían la intensa lluvia). Piero Pretti en el papel de Alfredo,  expresó una fuerte evolución tímbrica y realizó una interpretación muy madura con decisión que le permitió emitir tonos y colores limpios, pero desvanecidos de sentimiento.  El barítono Nicola Alaimo, de fuerte presencia escénica convenció sobre todo al final donde la conmoción era palpable y a través de los tonos profundos de su potente voz. La mezzosoprano Silvia Beltrami delineó al persona de Flora con habilidad escénica y con voz ámbar oscura. Annina fue interpretada por Francesca Rotondo con voz segura y clara. Bien por el resto de los personajes. La baqueta de Corrado Rovaris fue puntual y eficaz delinendo los momentos de mayor conmoción como en el ‘Addio al passato’, donde, siendo cómplice de la expresividad de Ciofi, la orquesta y la voz crearon una suspensión temporal hipnotizando mentes y corazones, traicionados solamente por la brillantez de los ojos. El Coro del Regio estuvo a la altura de la situación. La Musica vince sempre.

Friday, March 15, 2013

La Traviata - Teatro Regio di Torino

 Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio
 
Renzo Bellardone
 
La Traviata Melodramma in tre atti Libretto di Francesco Maria Piave dal dramma La Dame aux camelia di Alexandre Dumas figlio. Musica di Giuseppe Verdi Allestimento del Regio coprodotto con il Santa Fe Opera Festival. Orchestra diretta dal M° Corrado Rovaris. I protagonisti dell’opera: Patrizia Ciofi (Violetta), Piero Pretti (Alfredo Germont), Nicola Alaimo (Giorgio Germont), Silvia Beltrami (Flora Bervoix), Francesca Rotondo (Annina), Enrico Iviglia (Gastone), Paolo Maria Orecchia (il barone Douphol) e Scott Johnson (il marchese D’Obigny); la regia di Laurent Pelly è ripresa da Anna Maria Bruzzese, i costumi sono di Laurent Pelly, le scene di Chantal Thomas e le luci, di Gary Marder, sono riprese da Andrea Anfossi. Il Maestro del Coro è Claudio Fenoglio.

A sipario chiuso viene annunciato che nonostante una indisposizione che dura da una settimana la signora Patrizia Ciofi ha accettato di partecipare alla prova generale. Alla fine della recita una sola domanda circolava tra il pubblico commosso: ‘Ma se non in forma ha cantato così, fin dove può arrivare in condizioni ottimali? Patrizia Ciofi ha sconvolto la platea per bravura interpretativa a tutti i livelli, ricreando e proponendo una ‘Violetta’ credibile ai giorni nostri; sfrontata e sprezzante nel primo atto, dubbiosa e tenera nel secondo, superbamente cosciente al finale; con fraseggio chiarissimo e partecipazione emotiva ha regalato colori di eccezionale brillantezza, ombreggiati solo da lacrime musicali di rara bellezza. Il cast, tutto di ottimo livello ha contribuito a distogliere l’attenzione da una scenografia e regia non sempre di facile lettura ed accettazione (l’opera apre con all’ouverture il funerale di Violetta, con tanto di feretro e didascalici ombrelli a riparare dall’uggiosa pioggia). Piero Pretti nei panni di Alfredo, ha esplicitato forte evoluzione timbrica ed ha reso una interpretazione molto matura con piglio sicuro che gli ha permesso toni e colori netti, ma sfumati dal sentimento. Il barítono Nicola Alaimo, di forte presenza scenica ha convinto sopratutto al finale dove la commozione era palpabile anche attraverso i toni profondi della possente voce. Il mezzosoprano Silvia Beltrami ha tratteggiato il personaggio di Flora con abilità scenica e con voce ambrata scura che apre ad interpretazioni ben più corpose e di ruolo. Annina è interpretata da Francesca Rotondo con voce sicura e chiara. Bene anche per Enrico Iviglia e Scott Johnson, come pure per gli altri interpreti: Paolo Maria Orecchia, Davide Motta Frè, Dario Prola, Enrico Speroni, Enrico Bava, oltre ai ballerini Simona Tosco e Luca Martini. La bacchetta del M° Corrado Rovaris è stata puntuale ed efficace a sottolineare i momenti di maggior commozione come nell ’Addio al passato’ quando, complice la bravura espressiva della signora Ciofi, orchestra e voce hanno creato una sospensione temporale ipnotizzando menti e cuori, traditi solo dal luccicore degli occhi. Il Coro del Teatro Regio, diretto dal M° Claudio Fenoglio, è sempre egregiamente all’altezza della situazione ed anche in Traviata ha confermato la bravura e la preparazione. Pubblico ricco di applausi durante tutta la rappresentazione, è andato letteralmente in delirio al finale, tant’è che la direzione del palcoscenico ha deciso la chiusura del sipario sull’incessante applauso. La Musica vince sempre.

 

Sunday, February 5, 2012

Programma Festival Pergolesi Spontini e Stagione Lirica Teatro Pergolesi 2012‏


Foto: manoscritto autografo de “La fuga in maschera” di Gaspare Spontini

Quattro titoli d’opera prodotti dalla Fondazione Pergolesi Spontini di Jesi per il 2012, con la prima esecuzione in epoca moderna de “La fuga in maschera” di Gaspare Spontini per il XII Festival Pergolesi Spontini (31 agosto -15 settembre ), “I Puritani” di Bellini, “Macbeth” di Verdi e “Lucia di Lammermoor” di Donizetti per la 45esima Stagione Lirica di Tradizione del Teatro Pergolesi dedicata a Josef Svoboda, nel decimo anniversario dalla scomparsa del grande scenografo ceco. Per il “Progetto Svoboda”, la Fondazione Pergolesi Spontini ha siglato un protocollo d’intesa con l’organizzazione non-profit “Josef Svoboda – Scénograf”, costituita dagli eredi del grande scenografo ceco. La prima esecuzione in epoca moderna de “La fuga in maschera” di Gaspare Spontini, commedia per musica in due atti su libretto di Giuseppe Palomba, ritenuta perduta ed il cui manoscritto autografo è riapparso presso una casa d’aste londinese, inaugura al Teatro Pergolesi di Jesi il 31 agosto il XII Festival Pergolesi Spontini (replica il 2 settembre) che proseguirà fino al 15 settembre con concerti, spettacoli ed eventi dedicati ai temi del travestimento e della trasformazione. Il nuovo allestimento dell’opera del compositore maiolatese è una coproduzione tra Fondazione Pergolesi Spontini e il Teatro San Carlo di Napoli, con la regia di Leo Muscato e le scene di Benito Leonori. La direzione d’orchestra è affidata a Corrado Rovaris.  Scritta da Spontini nel travagliato periodo successivo all’avvento della Repubblica Napoletana del 1799, “La fuga in maschera” fu rappresentata per la prima volta durante il Carnevale del 1800 al Teatro Nuovo sopra Toledo a Napoli, pochi mesi dopo la messa in scena de “La finta filosofa” nello stesso teatro. Un’unica rappresentazione e poi il nulla per oltre due secoli. La partitura della commedia per musica è stata ritenuta perduta sino a quando un’importante antiquaria inglese, Lisa Cox, nel gennaio 2008 mise all’asta il manoscritto autografo della commedia per musica in due atti e il Comune di Maiolati Spontini lo acquistò. Il Festival Pergolesi Spontini ne mette in scena la revisione critica di Federico Agostinelli (edizioni Fondazione Pergolesi Spontini) che ha confermato la completezza e autenticità del manoscritto, contenente l’autografo del compositore maiolatese.“I Puritani” di Vincenzo Bellini inaugurano il 3 ottobre (repliche il 5 e 7 ottobre, anteprima giovani il 1 ottobre) la 45^ Stagione Lirica di Tradizione del Teatro Pergolesi di Jesi, in un nuovo allestimento in coproduzione con i Teatri del Circuito Lirico Lombardo, con la regia di Carmelo Rifici e la direzione d’orchestra affidata al giovane direttore marchigiano Giacomo Sagripanti. L’opera torna sul palcoscenico del ‘Pergolesi’ dopo 151 anni: vi fu rappresentata per la prima e unica volta nel 1851.  La Stagione lirica è dedicata allo scenografo ceco Josef Svoboda, una delle figure più importanti del panorama teatrale internazionale per il XX secolo, nel decimo anniversario dalla sua scomparsa (aprile 2002). Il cartellone sarà infatti completato dalla ricostruzione, ad opera di Henning Brockhaus per la parte registica e di Benito Leonori (già assistente di Svoboda) per la parte scenografica, di due tra i più celebri allestimenti realizzati in Italia dallo scenografo ceco: il “Macbeth” di Giuseppe Verdi, a Jesi in scena il 7, 9 e 11 novembre (anteprima giovani il 5 novembre) con la direzione di Giampaolo Maria Bisanti, in coproduzione con la Fondazione Teatro Lirico G. Verdi di Trieste e la Fondazione Teatro Carlo Felice di Genova, e la “Lucia di Lammermoor” di Gaetano Donizetti, il 21, 23, 25 novembre (anteprima giovani il 20 novembre) con la direzione di Matteo Beltrami, nuovo allestimento in coproduzione con i Teatri del Circuito Lirico Lombardo e il Teatro dell’Aquila di Fermo. Josef Svoboda è sicuramente lo scenografo che nel secolo scorso ha condizionato e rivoluzionato maggiormente il concetto dello spazio scenico e della luce trasformandoli in componenti vivi della tessitura drammaturgica dello spettacolo dal vivo. La Fondazione Pergolesi Spontini, che nel 2009 ha già compiuto un importante passo di avvicinamento all’artista ceco con la ricostruzione della celebre “Traviata” detta “degli specchi”, prosegue il “Progetto Svoboda” completando la trilogia dei suoi più famosi allestimenti operistici in Italia, e siglando un protocollo d’intesa con l’organizzazione non-profit “Josef Svoboda – Scénograf”, costituita dagli eredi del grande scenografo ceco, per la realizzazione congiunta di varie attività di approfondimento e di divulgazione dell’uomo, dell’artista e della sua opera. Da segnalare per il 2012 l’omaggio della Stagione Lirica ai tre grandi compositori italiani dell’Ottocento (Bellini, Verdi e Donizetti), le coproduzioni con enti lirici nazionali (Napoli, Trieste e Genova), il rafforzamento della sinergia con i Teatri del Circuito Lirico Lombardo, e la collaborazione con l’AsLiCo che per il 63° Concorso per giovani cantanti lirici d'Europa ha messo a concorso il titolo della “Lucia di Lammermoor” . La XII edizione del Festival Pergolesi Spontini e la 45esima stagione lirica di tradizione del Teatro Pergolesi di Jesi sono firmati dall’Amministratore Delegato William Graziosi e dal Direttore Artistico Gianni Tangucci.

Informazioni:
Fondazione Pergolesi Spontini tel. 0731.202944

Sunday, September 11, 2011

LA SALUSTIA di Giovan Battista Pergolesi - Teatro Pergolesi di Jesi

Foto: Binci

Giosetta Guerra


Festival Pergolesi Spontini 2011 (4 settembre 2011: GRANDE MAGNIFICO PERGOLESI

Tre ore e mezza di musica divina non ti possono abbandonare nell’arco di una notte: ieri sera ho assistito a La Salustia di Pergolesi al Teatro Pergolesi di Jesi e stamattina sono ancora immersa in quell’atmosfera a mezz’aria tra la realtà e il sogno. Bella, bella, bella la musica scritta a soli 21 anni dal compositore jesino per il libretto, che un autore sconosciuto aveva tratto dal dramma Alessandro Severo di Apostolo Zeno. La Salustia, primo dramma serio di Pergolesi, debuttò al Teatro San Bartolomeo di Napoli nel gennaio del 1732 col tenore Francesco Tolve nel ruolo del generale Marziano, padre di Salustia, destinato al 58enne Nicolò Grimaldi detto il Nicolino, uno dei più celebri evirati cantori dell’epoca, che morì durante le prove. Questo comportò altri cambiamenti nell’affidamento dei ruoli, per cui la parte del giovane Claudio, amante di Albina, inizialmente composta per un tenore, fu affidata al 17enne virtuoso castrato soprano Nicolò Conti, alias Gizziello. L’opera con il testo della prima edizione e con la revisione critica del musicologo Dale Monson è stata già rappresentata a Jesi nel 2008 con due mezzosoprani en travesti nei ruoli di Marziano e di Alessandro, tre soprani per Salustia, Giulia e Albina e un tenore per Claudio. La stessa edizione, riproposta per l’attuale Festival 2011 con un nuovo allestimento, presenta un baritono per Marziano, un controtenore per Alessandro, due mezzosoprani per Salustia e Giulia, due soprani per Claudio en travesti e Albina. Nel rispetto dei canoni dell’opera seria i personaggi sono animati o agitati da profonde passioni e da conflitti interpersonali e sono coinvolti in intrighi di potere, gelosie, calunnie, tradimenti, combattimenti con le fiere, fortunatamente con lieto fine grazie alla saggezza e alla generosità di Salustia. L’opera è un susseguirsi ben concatenato di recitativi e pezzi chiusi (lunghissime arie di bravura), il dinamismo dei recitativi confluisce nelle arie, che si aprono con una bella introduzione orchestrale e si chiudono in modo secco. Il cast di giovani artisti ingaggiati a Jesi ha dato prova di conoscere la prassi esecutiva barocca e di saperla mettere in atto, ma la qualità della voce ha fatto la differenza dei risultati. Regina assoluta della serata è risultata Serena Malfi, una virtuosa con la voce, nel ruolo di Salustia, figlia di Marziano e sposa dell’imperatore Alessandro. Il mezzosoprano, noto a Jesi per la splendida interpretazione en travesti di Ferdinando nel Flaminio dell’anno scorso, sfodera una bella tripletta: voce, tecnica, temperamento. La voce è robusta, armoniosa e sonora anche nei recitativi, bella, importante e di notevole spessore in tutta la gamma (“Tu volgi altrove il ciglio” – I atto), il suono è ricco, denso ed esteso (aria patetica di dolore “Sento un acerbo duolo” - I atto); “stupendissima” per energia, duttilità, elasticità e ottime note gravi nel canto sbalzatissimo della grand’aria del secondo atto “Tu m’insulti”, aria eroica agitatissima in orchestra con fitte arcate dei violini; una voce straordinaria per volume, colore, intensità, estensione, vibrazioni emerge nel quartetto Marziano, Salustia, Alessandro, Giulia, “Vado a morir ben mio” (fine II atto); penetranti slanci acuti di dolore, linea di canto delicata ed omogenea, formidabile tenuta del suono, padronanza della messa di voce nell’aria patetica di sublimazione dell’amor filiale “Per queste amare lacrime” del III atto. Segue a pochi secondi di distanza il mezzosoprano Laura Polverelli, nel ruolo dell’imperatrice Giulia, madre padrona di Alessandro e nemica giurata di Salustia, che invece per ben due volte le salva la vita. (Una vera “socera”). Brava attrice e brava cantante dotata di tecnica e di temperamento, esibisce un mezzo vocale prorompente nell’aria “Se tumida l’onda” accompagnata da musica bellissima, abilità in tutti i registri dell’aria sbalzata “Or che dal regio trono” (I atto); padrona del canto di coloratura, affronta il virtuosismo delle arie di furore con voce bella, estesissima e solida (“Odio di figlia altera” coi virtuosismi del corno – II atto) e con esplosioni nella tessitura acuta (aria di furia “Se all’ultimo suo fato” - III atto supportata dalla velocità degli archi).  Il baritono Vittorio Prato (Marziano, generale di Alessandro e padre di Salustia) evidenzia fin dalla prima aria “Al real piede” una voce piuttosto chiara e con vibrato, più consistente in zona acuta (“Per trucidar la perfida” – I atto, aria di furore e di vendetta contro Giulia agitata in orchestra), con qualche asperità e agilità poco fluide (aria di tempesta “Talor di fiume altero” – II atto con fluidità in orchestra), estesa ma con vibrato (“Parmi che in cielo” – II atto), buona tecnica e tenuta scenica (“Sì, tiranna, fra dure ritorte” – III atto, aria di furia e di sfida più veloce in orchestra che nel canto). Le arie di Giulia e di Marziano hanno come connotato comune l’aggressività: i due si odiano, ciononostante sono gli unici che si lasciano andare ad atteggiamenti erotici. 

Un maggiore spessore vocale e una maggiore naturalezza d’emissione avrebbero tolto quell’impressione di pigolio nella voce del controtenore sopranista Florin Cezar Ouatu (Alessandro) e non lo avrebbero fatto arrivare spompato alla fine; nell’aria patetica del III atto “In mar turbato”, infatti, l’emissione è faticosa, i gravi intubati, i suoni poco gradevoli. Insufficiente anche nell’aria patetica “Giacché vi piace o Dei” – II atto con gallina viva in mano, eseguita con trilletti corti e suoni vibrati. L’accento è sempre un po’ troppo marcato. La voce è piccola e costruita, tuttavia tecnicamente il cantante è ben preparato: percorre con agilità la non facile tessitura del ruolo, si spinge facilmente in zona acuta ed esegue bene gli sbalzi fin dalla prima aria “A un lampo di timore”, canta con morbidezza d’emissione e colore caldo l’aria di dolore “Andrò ramingo” impreziosita dalle volatine dei violini. Il soprano en travesti Maria Hinojosa Montenegro (Claudio, cavaliere romano) cresce in corso d’opera. Ha voce piuttosto carente in zona grave, ma si espande con naturalezza in zona acuta, (“D’amor la saetta” – I atto e “Il nocchier nella tempesta” – aria patetica nel II atto), canta bene la lunga aria amorosa “Se tiranna e se crudele” (III atto). Il soprano Giacinta Nicotra (Albina, inizialmente in abiti maschili) esibisce bei suoni fissi nell’aria eroica del I atto “Soleva il traditore”, che presenta vocalizzi su note lunghe, la sua esibizione è corretta, ma un mezzo vocale più ricco avrebbe comunicato appieno la freschezza adolescenziale della breve aria patetica “Se tu accendessi, amore” – II atto o i contrasti interiori dell’aria amorosa del III atto “Voglio dal suo dolore”.

Dall’Ouverture vigorosa e densa al Finale trionfante, passando attraverso le magnifiche introduzioni strumentali delle arie, l’Accademia Barocca de I Virtuosi Italiani, un piccolo organico di 24 elementi (5 violini primi, 4 violini secondi, 2 viole, 2 violoncelli, 2 contrabbassi, 2 oboi, 2 corni, 2 trombe, 1 fagotto, 1 liuto), si fa interprete della grande potenza espressiva della musica pergolesiana, destreggiandosi con maestria tra i tempi ora vivaci, ora pacati, ora danzanti, ora agitati della scrittura musicale. Corrado Rovaris al cembalo e alla direzione dell’ensemble effettua una lettura piacevolissima della partitura, restituendo il colore e la brillantezza della musica barocca e la magnifica arte del grande Pergolesi. Abbiamo provato un profondo piacere d’ascolto.  Molto originale e funzionale il nuovo allestimento scenico, uscito dal lavoro incrociato di regista (Juliette Deschamps), scenografo (Benito Leonori), costumista (Vanessa Sannino) e disegnatore luci (Alessandro Carletti). Dato che la vicenda si svolge a Roma durante il regno dell’imperatore Alessandro Severo (nato nel 208 e regnante dal 222 al 235), la scena presenta una parte esterna del Colosseo con tre ordini di arcate che internamente danno su palchi praticabili per l’azione in ambienti da immaginare, il modulo architettonico è posto a metà palcoscenico su un pavimento irregolare e pendente di mattoni e a lato c’è un grosso lampadario caduto a terra.I costumi non sono romani ma settecenteschi con elementi moderni comprese le capigliature (perfino qualche capellona tra i figuranti).Intelligenti ed originali trovate registiche suppliscono il mancato cambio degli ambienti: scritte col carboncino sul muro di base pro e contro le due donne protagoniste, vapori che escono dall’alto dei palchi per le terme imperiali dove si muovono donne discinte nella sauna, proiezioni confuse dietro gli archi per il combattimento di Marziano con la fiera nell’arena, il muro che si tinge di rosso col veleno caduto dal calice di Giulia, candelieri accesi e anche piatti e coppe di metallo posati su tutti i palchi per le scene nella reggia imperiale, vasellame che viene poi buttato giù a terra per disprezzo, la pioggia di polvere e fogli bianchi come simbolo di disfacimento e così via. Proprio un bello spettacolo. Lode agli organizzatori.










































Thursday, September 16, 2010

Demetrio y Polibio de Rossini en el Rossini Festival 2010, Pesaro

Foto: Rossini Opera Festival
Giosetta Guerra
La escena se abrió mostrando un escenario visto desde la parte de atrás, por lo que el foso iluminado y la cortina se veían al fondo, y detrás uno se imaginaba la presencia de público. !Wow! exclamé, porque no había visto una idea parecida. Una idea brillante del regista Davide Livermore, quien optó por un lectura moderna de la opera. La Sinfonía de inicio, no pertenece a Rossini, si no a Domenico Mombelli, cantante y compositor a quien el joven Rossini le encargaba obras. De Mombelli serian también otras partes de la opera como el aria de Siveno del segundo acto o el aria de Eumene. Los personajes fueron solo cuatro pero bastaron para construir una historia mas enredada, típica de los libretos de la época, y como no tienen un espesor psicológico y teatral consistente, por ello Livermore los presentó como fantasmas que desaparecían, y que de noche vagaban por un viejo escenario desierto. Guardarropas de vestuarios de teatro, espejos, pianos, contrapesos que subían y bajaban gracias a los efectos espéciales del mago Alexander, candelabros suspendidos volaban por el aire en todas direcciones. En el plano vocal destacó el bajo Mirco Palazzi (Polibio), con su voz suave, dúctil y de grato color, poderos y portentoso en los duetos y graves bien apoyados. Eumene fue interpretado por el tenor chino Yijie Shi, tenor contraltino bastante ágil pero con sonidos agudos no siempre pulidos. Victoria Zaytseva (Demetrio-Siveno) es una ágil mezzosoprano con sonidos rotundos y emisión natural, muy buena en el canto de coloratura en la música ligera y brillante. La soprano española María José Moreno (Lisinga, el papel vocalmente mas difícil de la opera) mostro una voz pequeña, que supo maniobrar entre las agudas y virtuosas acrobacias y con delicadeza en algunos dúos. Buena fue la prueba de la Orquesta Sinfónica Rossini, dirigida por Corrado Rovaris y del Coro de cámara de Praga, dirigido por Lubomír Mátl.

Tuesday, August 31, 2010

Demetrio e Polibio - Rossini Opera Festival 2010, Pesaro

Foto: Demetrio e Polibio, Palazzi, Shi, Moreno, Zaytseva- ROF 2010

Rof 2010 – 31.a edizione

Demetrio e Polibio tra realtà e illusione.
nuova edizione curata da Daniele Carnini
(10 agosto 2010 – prima)


Giosetta Guerra

La scena mostra un palcoscenico visto da dietro, per cui il boccascena illuminato e il sipario che si apre sono sul fondale, dietro il quale si immagina la presenza del pubblico. “WOW!”, ho esclamato, non avevo mai visto una cosa simile. Idea brillante del regista Davide Livermore, che opta per una lettura moderna, dove non compaiono né regge né accampamenti e per le scene attuali e i costumi storici si è avvalso della collaborazione degli allievi dell’Accademia delle Belle Arti di Urbino coordinati da Francesco Calcagnini e del progetto luci di Nicolas Bovey. Nel backstage di questo palcoscenico maestranze, tecnici e pompieri riordinano macchine sceniche, bauli e scale, gli artisti si complimentano, coprendo coi loro movimenti il suono orchestrale e disturbando l’ascolto dell’Ouverture, che in fondo non è proprio una gran meraviglia.

La Sinfonia d’inizio, infatti, non è attribuita a Rossini, ma a Domenico Mombelli, cantante e compositore a cui il giovanissimo Rossini consegnava brani sparsi per la stesura dell’opera in questione e primo interprete di Demetrio. Di Mombelli sarebbero anche altre parti dell’opera, ossia l’aria di Siveno del II atto “Perdon ti chiedo, o padre” e la successiva aria di Eumene “Lungi dal figlio amato”, mentre alcune delle parti scritte da Rossini vengono da lui reimpiegate in opere successive, quali Il Signor Bruschino. I personaggi sono solo quattro, ma bastano per costruire una storia piuttosto intricata con travestimenti e agnizioni tipici dei libretti dell’epoca. Non hanno uno spessore psicologico e teatrale consistente, per cui Livermore li presenta come evanescenti fantasmini, che di notte vagano su un vecchio palcoscenico deserto, sbucano da bauli chiusi, da dietro specchi magici, si moltiplicano (ogni cantante ha il suo doppio) e accendono in mano fatue fiammelle che si originano misteriosamente. Interi guardaroba di costumi teatrali, specchi, pianoforti, contrappesi scendono e salgono e, grazie agli effetti speciali del mago Alexander, candele sospese e candelabri accesi fluttuano per l’aria e vagano in tutte le direzioni.

Sul piano vocale si è imposto il bravo basso riminese Mirco Palazzi (Polibio), voce morbida, duttile e di bel colore, poderoso e portentoso nel duetto Polibio/Eumene “Non cimentar lo sdegno”, con gravi ben appoggiati, morbidezza del suono nell’aria del II atto “Come sperar riposo”, affondi sicuri, dimestichezza col canto di sbalzo “Nel rammentar quel perfido”. Eumene è interpretato dal cinese Yijie Shi, tenore contraltino abbastanza sciolto, ma con suoni acuti non sempre puliti (“All’alta impresa tutti”), Victoria Zaytseva (Demetrio-Siveno) è un agile mezzosoprano con suoni rotondi ed emissione naturale, brava nel canto di coloratura su musica leggera e frizzante, il soprano Maria José Moreno (Lisinga, la parte vocalmente più difficile dell’opera) dosa bene una voce piccola, si destreggia tra le acrobazie acutissime virtuosistiche e nelle delicatezze del duetto Lisinga/Siveno “Questo cor” sul ritmo pizzicato degli archi. Buone le prove dell’Orchestra Sinfonica Rossini, diretta da Corrado Rovaris e del Coro da camera di Praga, preparato da Lubomír Mátl.

Tuesday, October 6, 2009

Il Prigioner Superbo - Teatro Pergolesi di Jesi

Foto: Marina De Liso (Metalce), Marina Comparato (Viridate)
Crédito: Binci – Teatro Pergolesi di Jesi
Giosetta Guerra

Il Teatro Pergolesi di Jesi continua l’operazione di riesumazione delle opere dimenticate dei compositori marchigiani, iniziata nel 1995 con la riscoperta del Teseo riconosciuto di Gaspare Spontini, cui sono seguite Giulietta e Romeo di Nicola Vaccaj, Il Prigionier superbo di Giovan Battista Pergolesi, Ruy Blas di Filippo Marchetti, Ines de Castro di Giuseppe Persiani, La Marescialla d’Ancre di Alessandro Nini, Il Domino nero di Lauro Rossi. Quest’anno è stato riproposto Il Prigionier superbo (prima ed unica rappresentazione a Napoli, Teatro S. Bartolomeo, 28 agosto 1733) con una regia che, invece di semplificare la trama, già abbastanza ingarbugliata, come quasi tutte le opere barocche, la complica, sia perché i personaggi, anche quelli maschili, sono vestiti e interpretati da donne (e non en travesti), tranne il tenore, sia perché il regista Henning Brockhaus affianca ad ogni personaggio in abiti moderni un pupazzo in costume barocco con linguaggi gestuali diversi, ossia, mentre il protagonista canta in posizione pressoché statica, il suo alter ego gesticola in modo enfatico, mosso da un paio di mini incappucciati, quindi ogni personaggio si fa in quattro. Una bella fatica per lo spettatore! Nella scena finale tutti i cantanti ritornano scenicamente single, perché i pupazzi vengono riposti negli scatoloni di cartone, precedentemente usati in qualche scena per avvolgere i protagonisti (non si è capito perché). Brockhaus ha ideato anche una scenografia di pietra vulcanica istoriata a incisione con larghe spaccature, da cui entrano i personaggi e la luce (disegno di Brockhaus e Fabrizio Gobbi), quattro macigni di marmo sono posti a terra come appoggio o come sedile per i personaggi sia vivi che inanimati. Molto grigiore quindi, illuminato da luci provenienti da dietro. Il colore si sprigiona nei costumi ideati da Giancarlo Colis, molto elaborati quelli dei pupi, molto eleganti quelli moderni dei cantanti. Marionettisti del Teatro Pirata di Jesi. L’opera non è molto accattivante, il primo atto è piuttosto noioso e non rende giustizia neanche ai cantanti, l’interesse cresce nel II e III atto, perché i pezzi chiusi sono più belli e più sbalzati e gli interpreti hanno modo di tirar fuori le loro doti e la loro grinta. I cantanti hanno bene assolto il loro compito, tranne l’unico uomo, che ha declamato più che cantato, comunque un maggior spessore vocale non avrebbe guastato, ricordiamo che il repertorio barocco vuole grandi voci in grado di aderire alla prassi esecutiva dell’epoca. Sostrate, re di Norvegia, è il prigionier superbo, in abiti maschili rossi, i capelli raccolti in un codino, posto su una sedia a rotelle (a simular le catene). A lui sono riservate arie strategiche cantate (si fa per dire) dal tenore corto Antonio Lozano, che si prodiga in qualche slancio acuto (aria di sortita “Premi, o tiranno altero” – I. 1), ma non ha la voce per aderire alle agilità e agli sbalzi della musica nell’agitata aria di confronto “Salda quercia” (I. 11) (non basta agitazione in scena); nell’aria cantabile e appassionata “Vado a morte” (II. 7) cerca di cantare tutto sulla mezza voce e non si sente niente, tuttavia qualche suono che si espande nell’acuto lascia intuire un bel timbro. Rosmene, sua figlia, innamorata di Viridace, ha lo stesso numero di momenti lirici ed è interpretata Marina Rodríguez Cusí in abito da sera rosso. Il mezzosoprano spagnolo esibisce suoni gravi scuri ma poco consistenti, mezze voci appena sussurrate, dizione incomprensibile nell’aria di sortita “Fra tanti affanni miei” (I. 4), intrisa di sublimata mestizia e di sofferta sospensione, esegue bene i forti affondi scuri e densi e i violenti slanci acuti nell’aria di furore e di agilità “M’intendeste? Non pavento” (I. 6), mette a fuoco un buon peso e un bel colore vocale nell’ aria di dolore “Chi mi sgrida” (II. 9), con suoni molto densi e rotondi, emissione morbida e affondi naturali. Il tirannico Metalce, re dei Goti, folgorato da Rosmene, conta il maggior numero di presenze in scena; è interpretato dal buon mezzosoprano Marina De Liso in versione dark (coi capelli sparati, vestita di nero e una bottiglia in mano). Vocalmente ha un bel colore scuro e brunito, buon peso e intensità espressiva, ma gli attacchi sono troppo sospirosi e le mezze voci poco sonore nell’aria “Che fiero martire” (I. 3), è brava ad eseguire l’aria di furore “Trucidati a queste piante” (II. 6), canta bene il recitativo accompagnato “Qual orror! Qual spavento!” (III. 7), accompagnato da un’orchestra vibrante e strappi di corni. Il mezzosoprano usa bene la voce che bella, di buon peso ed estesa anche nell’acuto, ma la parte richiederebbe una voce più possente. Viridate, principe di Danimarca innamorato di Rosmene, all’epoca interpretato dal castrato Castorini, è il mezzosoprano Marina Comparato con un bellissimo abito da sera femminile verde chiaro. La cantante esibisce voce agile e densa ma timbricamente più vicina a quella di soprano (aria “Parto. Non ti sdegnar” – I. 4); interpreta molto bene e con accento scandito ed incisivo l’aria di furore sbalzata “Del mio valore al lampo” (II. 4), interessante e coinvolgente per il ritmo e le fitte agilità, fa uso di sonore mezze voci per l’ aria di tristezza “Ombre meste, oscuri orrori” (III. 1) sostenuta da una musica delicata e tenue. Micisda, principe di Boemia innamorato di Ericlea e protagonista di un intreccio secondario, ha qualche momento di discreto virtuosismo. Presentato in abito da sera femminile nero, è interpretato dal contralto Giacinta Nicotra, che sembra più un soprano con qualche acutino e risolve le agilità con il vibrato (aria “Un’aura di speranza” – I. 8, aria “Se il tuo bel labro” – II. 1) . Nel III atto, esegue bene le fitte agilità dell’aria di tempesta “Dopo il periglio” (III. 3) con voce sonora e suoni decisi, ma da soprano e non da contralto. Ericlea, figlia del primo re di Norvegia e innamorata di Metalce, gode di momenti lirici degni di Rosmene sua rivale, è qui appannaggio di Ruth Rosique in abito da sera azzurro e diadema in testa, un soprano agile e corretto con buona emissione dei suoni ma poca articolazione della parola (aria di dolore “Giusti numi” – I. 9). Sicura nel canto anche mosso, la voce scintilla e gorgheggia a dovere nell’aria di vendetta “Vedi ingrato” (III. 5). L’Accademia Barocca de i virtuosi italiani, un piccolo organico di 21 elementi, col direttore Corrado Rovaris al cembalo, ha aderito ai tempi ora vivaci, ora pacati, ora mossi della partitura con proprietà di suono e di colori.

Versión en Español

El Teatro Pergolesi de Jesi continua la operación de exhumación de operas olvidadas de compositores de compositores oriundos de la región marchigiana, iniciada en 1995 con el redescrubrimiento de Teseo riconosciuto de Gaspare Spontini, seguida por Giulietta e Romeo de Nicola Vaccaj, Il Prigionier superbo de Giovan Battista Pergolesi, Ruy Blas de Filippo Marchetti, Ines de Castro de Giuseppe Persiani, La Marescialla d’Ancre de Alessandro Nini, e Il Domino nero de Lauro Rossi. Este año se repuso Il Prigionier superbo (cuya primera y única representación fue en Nápoles, en el Teatro S. Bartolomeo el 28 de agosto de 1733), con una puesta escénica que en vez de simplificar la trama, ya bastante enredada, como casi todas las opera barrocas, la complica ya que los personajes incluso masculinos fueron vestidos e interpretados por mujeres (y no en travesti) excepto el tenor, porque el regista Henning Brockhaus adjuntó a cada personaje en vestido moderno, una marioneta con vestido barroco con diversos lenguajes gestuales, mientras que el protagonista cantó en posición casi estática, mientras su alter ego gesticuló en modo enfático, movido por un par de mini encapuchados, por lo tanto cada personaje se hacia en cuatro. Un buen esfuerzo para los espectadores. En la escena final todos los cantantes aparecieron en escena solos, porque las marionetas fueron colocadas en cajitas de cartón, anteriormente utilizadas en algunas escenas para envolver a los protagonistas. Brockhaus ideó también una escenografía de piedra volcánica adornada y grabada con aberturas por las cuales entraban personajes y luces (diseñadas por Brockhaus y Fabrizio Gobbi), cuatro piedras de mármol se colocaron sobre tierra como apoyo y como asientos para los personajes tanto los vivos como los inanimados. Mucha palidez por lo tanto, e iluminación proveniente de atrás. El color se emitió de los vestuarios ideados por Giancarlo Colis, muy elaborados los de las marionetas, muy elegantes los modernos de los cantantes. La no opera no es muy cautivante, el primer acto es mas bien aburrido y no hace justicia ni a los cantantes. El interés crece en el segundo y tercero actos, porque las partes cerradas son más bellas y los interpretes tuvieron el modo de sacar sus dotes y su determinación. A Sostrate, rey de Noruega, es el prisionero altivo se le reservaron arias estratégicas cantadas por el tenor Antonio Lozano, que se prodiga en el impulso agudo (aria de salida “Premi, o tiranno altero”), pero no tiene la voz para adherirse a la agilidad de la música en la agitada aria de confrontación “Salda quercia”. Buscó cantar todo con la media voz y no se escuchó nada, aun así algunos sonidos que se expandieron en el agudo dejaron intuir un bello timbre. Rosmene, su hija y enamorada de Viridace, tiene el mismo número de momentos líricos y fue interpretada por Marina Rodríguez Cusí en vestido de noche rojo. La mezzosoprano española exhibió sonidos graves oscuros pero poco consistentes, media voz apenas susurrada, y dicción incomprensible en el aria de salida “Fra tanti affanni miei” pero ejecutó los fuertes, densos y violentos lances agudos en el aria de furor y agilidad “M’intendeste? Non pavento”, e encendió un buen peso y un bello color vocal en el aria dolorosa“Chi mi sgrida” con sonidos densos y rotundos, emisión mórbida y bajadas naturales. El tirano Metalce contó con el mayor número de apariciones en escena y fue interpretado por la buena mezzo soprano Marina De Liso en versión dark. Vocalmente tiene un bello color oscuro y bronceado, buen peso e intensidad expresiva. Usó bien su bella voz, de buen peso y pareja también en el agudo pero la parte requería una voz más potente. Viridate, principe de Dinamarca enamorado de Rosmene, en su momento interpretado por el castrato Castorini, fue interpretado por la mezzosoprano Marina Comparato con un bellísimo vestido de femenino de noche verde claro. La cantante exhibió una voz agile y densa pero en timbre mas parecida a la de una soprano. Interesante y envuelta por el ritmo y la agilidad, hizo uso de sonoras medias voces para el aria de tristeza “Ombre meste, oscuri orrori” apoyada de una música delicada y tenue. Micisda, príncipe de Bohemia enamorado de Ericlea, con vestido de noche femenino, tuvo algunos momentos de discreto virtuosismo interpretado por la contralto Giacinta Nicotra (más soprano que contralto). Ericlea (hija del primer rey de Noruega y enamorada de Metalce) de Ruth Rosique, con vestido de noche azul, es una soprano ágil y correcta con buena emisión en los sonidos, pero poca articulación de la palabra. L’Accademia Barocca de virtuosos italianos, un pequeño grupo de 21 elementos, con el director Corrado Rovaris al clavecín, adhirió a los tiempos vivaces y calmados, o movidos de la partitura con propiedad de sonido y de colores.