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Sunday, February 11, 2024

Alcina en Milan

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo 

Con Alcina de Georg Friedrich Händel, inició en la Scala un tríptico barroco que se verá próximamente con la aparición local de algunos de los mejores ensambles con instrumentos originales de la escena actual; precisamente después de Les Musiciens du Louvre dirigido por Marc Minkowski invitada en esta Alcina presentada en forma de concierto, se podrá escuchar a Collegium Vocale Gent de Philippe Herreweghe que presentará la Pasión de Mateo de Bach durante la semana santa y Les Arts Florissants con William Christie en el podio, a finales de junio, para ejecutar de manera semi-escénica The Fairy Queen de Purcell.   Alcina, que con las precedentes Ariodante y Orlando forma una trilogía de obras maestras basadas en el poema caballeresco del siglo XVI Orlando Furioso de Ludovico Ariosto, pertenece a la última etapa creativa de Händel. Se escuchó por primera vez en el Covent Garden en 1785 con un elenco notable en el que brillaron Anna Maria Strada del Po en el papel de la maga Alcina, el célebre castrado Giovanni Carestini en el de Ruggiero, el amante embrujado, y la contralto Maria Caterina Negri en el papel de la justa Bradamante. Después de muchos años en el olvido, que en realidad ha caracterizado la mayor parte de las obras maestras del teatro barroco, su primera representación en época moderna ocurrió en Londres en 1957 con Joan Sutherland como protagonista, y desde entonces se convertiría en uno de los títulos handelianos más apreciados y representados en el mundo. A la Scala vuelve 15 años después, cuando fue visto con el espléndido montaje firmado por Robert Carsen y la conducción musical de Giovanni Antonini.  Pero mirando a la función de esta velada en forma de concierto, menciono que mientras tanto Minkowski con la orquesta que él mismo fundó, está llevando a cabo una gira de esta obra handeliana desde hace aproximadamente un año, título que es además objeto de una grabación discográfica con el mismo elenco, grabada para el sello discográfico Pentone.  Les Musiciens du Louvre le regalaron al público una ejecución eléctrica y cargada de hipervirtuosismo. Pero la dirección de Minkowski pareció excesiva (¡demasiado!) ya sea en el stacco de los tiempos que, en la definición del tejido rítmico, llegando así a una especie de frenesí genérico que poco ayudó a calibrar el ritmo o paso teatral. Algo que es fundamental, aun mas cuando se realiza una ópera sin escenarios, sin vestuario y solo con las entradas y salidas de los cantantes, ya que el aplanamiento dramático puede llevar al aburrimiento a pesar de estar ante una de las grandes obras maestras del barroco musical. Por lo demás, fue apreciable el uso filológico de las variaciones en los da capo de todas las arias.  Los cantantes insertados en el mecanismo giratorio de relojería instalado por el director de orquesta francés, fueron generalmente adecuados con un estilo en verdad apropiado y voces que en conjunto proyectaron bien, aunque las agilidades por momentos parecían algo ligeras, y casi tocantes más que apoyadas. En el papel principal Magdalena Kožená prestó su voz a una Alcina enamorada y decepcionada cantando con cierta elegancia, aunque su timbre tendía a des blanquearse sobre todo en el registro medio grave, y una dicción que pareció un poco problemática. Erin Morley personificó una Morgana extrovertida y efervescente precisa en la coloratura, aunque también en grado de tocar los hilos de lo patético. Elizabeth DeShong interpretó con creíble presencia y grato color cálido y bruñido un Ruggiero perdido, pero también conmovido, mostrando que sabe cantar con exactitud como también a flor de piel.  Anna Bonitatibus dio su preciosa (y rara) voz grave de contralto a una Bradamante obstinada, combativa pero siempre enamorada.  Alex Rosen fue un Meliso de buena dicción y timbre franco y expansivo, mientras que Valerio Contaldo en el papel de Oronte cantó de manera engreída y comunicativa no obstante el tener un timbre que no es particularmente cautivante. Finalmente, el contratenor Alois Mühlbacher hizo la parte de Oberto (que Händel había confiado a una voz blanca en el estreno en 1735) con un acento de carácter fuerte y una cierta presencia vocal.



Alcina - Teatro alla Scala

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Con Alcina di Georg Friedrich Händel è iniziato alla Scala un trittico barocco che vedrà prossimamente impegnati alcuni dei migliori ensemble con strumenti originali della scena odierna, e precisamente dopo Les Musiciens du Louvre diretti da Marc Minkowski impegnati in questa Alcina eseguita in forma di concerto, si potranno ascoltare il Collegium Vocale Gent diretto da Philippe Herreweghe che presenterà la Matthäus-Passion di Bach durante la Settimana Santa e Les Arts Florissants con William Christie sul podio a fine giugno nell’esecuzione in forma semiscenica di The Fairy Queen di Henry Purcell. Alcina, che con le precedenti Ariodante e Orlando forma una trilogia di capolavori basati sul poema cavalleresco cinquecentesco Orlando Furioso di Ludovico Ariosto, appartiene all’ultima stagione creativa di Händel. Venne rappresentata per la prima volta al Covent Garden nel 1735 con un cast di spicco in cui brillavano Anna Maria Strada del Po nel ruolo della maga Alcina, il celebre castrato Giovanni Carestini in quello di Ruggiero, l’amante ammaliato, e il contralto Maria Caterina Negri nei panni della fiera Bradamante. Dopo anni e anni di oblio, che in realtà ha caratterizzato la maggior parte dei capolavori del teatro barocco, la prima ripresa moderna di Alcina avviene a Londra con Joan Sutherland protagonista nel 1957 e da allora diventerà uno dei titoli händeliani più graditi e rappresentati al mondo. Alla Scala Alcina torna 15 anni dopo lo splendido allestimento firmato da Robert Carsen con la direzione di Giovanni Antonini. Ma veniamo alla recita di questa sera in forma di concerto. Ricordo intanto che Minkowski con l’orchestra da lui fondata sta portando in tournée questo titolo händeliano da circa un anno, titolo oggetto anche di una registrazione discografica con lo stesso cast per l’etichetta Pentatone. Les Musiciens du Louvre hanno regalato al pubblico una esecuzione elettrica e ipervirtuosistica. Ma la direzione di Minkowski è parsa eccessiva (troppo!) sia nello stacco dei tempi che nella definizione del tessuto ritmico, giungendo così ad una sorta di generica frenesia che poco ha giovato ad una calibrazione del passo teatrale. Cosa che è fondamentale ancor di più quando si esegue un’opera senza scene, senza costumi e con le sole entrate e uscite dei cantanti, in quanto l’appiattimento drammatico può sfociare in noia nonostante ci si trovi di fronte ad uno dei grandi capolavori del barocco musicale. Peraltro apprezzabile invece è stato l’uso filologico delle variazioni nei da capo di tutte le Arie. I cantanti, inseriti nel vorticoso meccanismo ad orologeria approntato dal direttore d’orchestra francese, sono parsi generalmente adeguati, con uno stile comunque appropriato e voci complessivamente ben proiettate, anche se le agilità parevano a volte leggere, quasi sfiorate più che appoggiate. Nel ruolo principale Magdalena Kožená ha dato voce ad un Alcina innamorata e turbata cantando con una certa eleganza anche se la sua timbrica tendeva a sbiancarsi soprattutto nel registro medio grave con una dizione che è parsa un po’ problematica. Erin Morley ha impersonato Morgana, una Morgana estroversa ed effervescente, precisa nella coloratura ma anche in grado di toccare le corde del patetico. Elisabeth DeShong ha interpretato con presenza scenica credibile e bel colore caldo e brunito un Ruggiero smarrito, ma anche commosso, mostrando di saper cantare con accuratezza anche a fior di labbro. Anna Bonitatibus ha donato la sua preziosa (e rara) voce grave di contralto ad una Bradamante ostinata, combattiva, ma pur sempre innamorata. Alex Rosen era un Melisso di buona dizione e timbro franco ed espansivo, mentre Valerio Contaldo nel ruolo di Oronte ha cantato con spavalderia e comunicativa nonostante una timbrica non particolarmente accattivante. Infine il controtenore Alois Mühlbacher ha reso la parte di Oberto (che Händel aveva affidato ad una voce bianca alla première del 1735) con un accento volitivo e una certa presenza vocale.



Sunday, September 25, 2022

Magdalena Kožená y la Venice Baroque Orchestra en San Pablo, Brasil

Fotos: Fabiana Crepaldi

Fabiana Crepaldi 

Una lectura dramática de Alcina Los dias 20 y 21 de septiembre del 2022. Magdalena Kožená y la Venice Baroque Orchestra llevaron al escenario de la Sala São Paulo a la heroína trágica de la ópera Alcina, de Handel.

La sabiduría popular dice que el hechizo siempre puede resultar contraproducente para el hechicero. Así sucedió con Alcina, la hechicera protagonista de la ópera homónima de Handel, la tercera y última del compositor basada en temas de Orlando Furioso, de Ariosto. Una verdadera obra maestra, el libreto fue adaptado de un libreto italiano, de un autor desconocido, musicalizado por Riccardo Broschi en Roma, en 1728. Irónicamente, Broschi era el hermano del famoso castrato Farinelli, quien en el momento del debut de Alcina, en 1735, fue la gran estrella de la Opera of the Nobility (Ópera de la Nobleza), la competidora de la compañía de Haendel, instalada en el Covent.

Alcina, que tiene una duración aproximada de tres horas y media, tiene recitativos muy compactos, nada menos que 28 arias, un trío, cuatro coros y tres ballets. El mayor número de arias (lo que no implica mayor duración) va para Ruggiero, el guerrero encantado por Alcina: canta ocho arias, incluidas las cavatinas (generalmente más breves, cuando el cantor permanece en el escenario, en lugar de marcharse, como es habitual). al final de su aria). Luego viene Alcina, con el único recitativo acompañado por la ópera y seis arias, todas literalmente encantadoras, musical y dramáticamente densas. De las seis arias, una, como ya hemos señalado, forma parte de una escena completa (recitativo acompañado y aria). En cuanto a la forma, cuatro son arias da capo, forma predominante en toda la ópera, cuando, al final de la segunda parte (B), hay una indicación de volver al principio y repetir la primera parte (A), con ornamentación a ser añadida por el intérprete; y dos son dal segno: al final de la parte B, la indicación no es volver al principio, sino a un punto marcado (generalmente no demasiado lejos del principio).

Según Winton Dean, autor ineludible cuando se trata de la ópera de Handel, “Alcina is the most fully developed of Handel’s sorceresses and one of opera’s great tragic heroines. Her character, drawn with marvellous subtlety, develops radically during the course of the action.” Y fue Alcina, esta gran heroína trágica, con sus seis arias, con sus dramas, con su evolución psicológica, que la mezzosoprano checa Magdalena Kozená, acompañada por la Venice Baroque Orchestra (VBO), subió al escenario de la Sala São Paulo los días 20 y 21 de septiembre, como parte de la temporada 2022 de Cultura Artística.

Pasemos brevemente por las arias. Desde el desierto, Alcina hizo su isla encantada, una isla de ilusiones, donde vivió con el caballero Ruggiero, a quien había encantado. ¿Tus amantes anteriores? Los transforma en rocas, bestias, árboles... Bradamante, la mujer (o novia, eso no está claro) de Ruggiero, disfrazada de hombre, y Melisso, que llevaba un anillo encantado, fueron a rescatarlo. En su primera aria, “Di, cor mio, quanto t’amai”, Alcina le pide a Ruggiero que muestre a los visitantes la isla (“mostra il bosco, il fonte, il rio”), donde suspiran y viven sus amores. Para Alcina, los encantos de la isla se confunden con el amor mutuo que viven ella y Ruggiero. Morgana, la hermana de Alcina, se enamora de Ricciardo, que no es otro que Bradamante disfrazado de hombre, lo que despierta los celos de Oronte, el general de Alcina. La estrategia de Oronte es convertir a Ruggiero en su aliado. Por eso miente: le dice que Alcina estaba enamorada de Ricciardo. Ruggiero se enoja con Alcina, quien se lamenta en su segunda aria: “Si, son quella”, donde dice que ella sigue siendo la misma, a pesar de que, para él, ya no es bella ni amada. Y concluye: si ya no quieres amarme, al menos no me odies. El ambiente es de intimidad, marcado por el acompañamiento del violonchelo, y de angustia, que denuncia la vulnerabilidad de Alcina.

En el segundo acto, Melisso, también hechicero, coloca el anillo encantado sobre Ruggiero y hace que se rompa el hechizo. Ruggiero recuerda a Bradamante y deja de amar a Alcina -pero, por supuesto, no le dice nada, solo le pide permiso para tomar armas e ir de cacería, a lo que ella accede, pero rogándole que regrese pronto. Después de la partida de Ruggiero, Oronte le informa a Alcina que los visitantes y Ruggiero planeaban escapar. Entonces comprende el porqué de las armas y canta su gran aria, su gran lamento “¡Ah, mio ​​cor! Schernito sei!”, donde dice que su corazón ha sido insultado, invoca a los dioses del amor, llama traidor a Ruggiero (Traditore! T’amo tanto) y pregunta cómo pudo dejarla sola, llorando, y pregunta – Perché? En la segunda parte del aria, que contrasta fuertemente con la primera, Alcina intenta levantarse recordando que es reina, pero en vano, la primera parte regresa, más sentida, más lúgubre. Una gran aria. Genial en todos los sentidos: duración, intensidad y calidad musical. Para Winton Dean, “‘Ah! mio cor’ is a superb depiction of a woman torn between grief, love, injured pride and vengeful fury, all within the confines of a da capo/dal segno aria.”

En este caso, se trata de un aria dal segno. En la primera parte, en los versos de los violines y violas, cada uno de los tres tiempos del compás se divide entre una nota y un silencio, dando la idea de pulsación, suspenso, tragedia. Mientras tanto, el canto se compone de pequeñas frases, entre suspiros de Alcina, pero frases con canto legato. Un ejemplo del genio de Handel. Ruggiero se despide de los verdes prados de la isla encantada; Alcina ve que sus poderes se desvanecen. Comienza la única escena de la ópera, con un recitativo acompañado y un aria. ¡Y qué escena! “¡Ah, Ruggiero crudel, tu no mi amasti!”, grita Alcina en el recitativo, e invoca a los espíritus que habitan en Acheronte. En el aria, “Ombre pallide”, se pregunta, una vez más  -perché?   Si alguien aún pudiera tener dudas sobre la vulnerabilidad de Alcina, de cuán prisionera era de su propio hechizo, la siguiente aria, ya parte del tercer y último acto, no deja dudas: en "Ma Quando Tornerai", Alcina le dice a Ruggiero que espere de ella solo rigor y crueldad cuando regrese, pero solo cuando regrese, porque, como lo había amado, todavía tenía piedad de él por el momento. La última aria (la otra dal segno), “Mi restano le lagrime” que Alcina canta cuando no le queda nada más que sus lágrimas, es una hermosa siciliana, un tipo de aria que utiliza a menudo Handel, con un ritmo de 12/8 que incluso se asemeja a una barcarola, de estilo pastoril, con poco contraste entre las dos partes. Alcina quiere convertirse en piedra para acabar con su sufrimiento. Se acerca el final de Alcina. Alcina, por tanto, comienza seductora, radiante, expansiva, orgullosa de su isla y de su amor recíproco, y acaba impotente, sin amor, introspectiva, sólo con su dolor y sus lágrimas. En el camino, pasa por un aria monumental y una escena fuerte.

Magdalena Kožená es sin duda una gran cantante y tiene una buena experiencia en el repertorio barroco. Con la Venice Baroque Orchestra, ya ha grabado tres discos dedicados a Handel, Vivaldi y Monteverdi. Su CD con obras de Handel, de 2007, por cierto, tiene como título y aria de apertura “¡Ah, mio ​​cor!”. Sin embargo, nunca ha interpretado a Alcina en un escenario: su debut está previsto para febrero de 2023 en París con Marc Minkowski y Les Musiciens du Louvre. En la gira latinoamericana, Kožená ofrecióal público de San Pablo, Bogotá, Santiago y Buenos Aires una lectura dramática de su futuro personaje. Lectura en el sentido literal del término: Kožená leía todo el tiempo, especialmente en los retornos da capo/dal segno, indicando que aún no había asimilado todas las ornamentaciones. En la segunda noche en São Paulo, lo primero que hizo la diva, al entrar, fue mover el atril, que le quedó un poco bajo. La lectura fue realmente dramática: Kožená sabe interpretar sus arias, tiene consistencia dramática.

En todas las arias, su voz fue limpia, precisa, segura, incluso en la región aguda, que llega a un la. En contadas ocasiones, pero solo en la primera noche, los agudos sonaron un poco abiertos. Sin usar una voz de pecho, Kožená economizó la sonoridad de los graves. Dueña de una sólida técnica, llamaban la atención sus pianos, su legato y sus coloraturas. En ambos días, su primera aria “Di, cor mio, Quanto t’amai”, fue la que le pareció menos resuelta a Kozená. Es, como ya se ha expuesto, el aria más radiante y sensual, cuando Alcina es todavía una reina que vive su ilusorio amor recíproco. Si bien es cierto que Kožená cantó muy bien su aria de apertura, con una bella ornamentación en la repetición da capo, aún estaba lejos de incorporar a Alcina.

La interpretación de la mezzosoprano se hizo más contundente en la segunda aria, “Si, son quella”, cuando contó con el violonchelo de Irene Liebal, una de las grandes estrellas de la noche. Fue, sin embargo, en “¡Ah, mio ​​​​cor!” que Alcina realmente pareció llegar a la Sala São Paulo, especialmente en la segunda noche, cuando el personaje comenzó a construirse mejor dentro de la intérprete. Musicalmente, fue lo más destacado. Las variaciones dinámicas de Kožená y la VBO se sumaron a las variaciones armónicas de la pieza, lo que llevó a un resultado musical y teatralmente rico. Los hermosos pianos de Kožená materializaron el dolor de Alcina. La opción de utilizar más los graves en las variaciones de la repetición dal segno resultó, en general, interesante, acentuando el dolor de Alcina, aportando a la música la oscuridad que comenzaba a envolver al personaje. Sin embargo, tuvo menos éxito, ya que dio un salto hacia abajo de dos octavas mientras cantaba "sola", lo que la llevó a un fa grave, lo que hizo con una sonoridad un tanto comprometida.

Vigor, coloratura y hermoso legato combinados con pianos precisos, marcados, respectivamente, ! “Ah, Ruggiero crudel, tu no mi amasti! / Ombre pallide”, “Ma quando tornerai”, y en la siciliana “Mi restano le lagrime”. Fue un programa muy bien construido, las arias de Alcina se intercalaban con piezas instrumentales, como el concierto para flauta dulce soprano Rv 146 de Vivaldi, que se llamó “Il Gardellino”. En el solo de flauta brilló la flautista y violonchelista Irene Liebau. Otro concierto de Vivaldi que enriqueció la velada fue el virtuoso Rv 212a, para violín, con el solista Gianpiero Zanocco como solista. Esos fueron los momentos de mayor entusiasmo por parte del público.

En ambas noches, Kožená y la VBO regalaron dos bises. El primero fue “Solo quella guancia bela”, de Vivaldi, que grabaron juntos en 2009, en el disco con las arias del compositor. El broche de oro llegó con la popular “Lascia ch’io pianga”, de la ópera Rinaldo, que la cantante e intérprete también grabó, en 2007, en el CD dedicado a Handel. Además de la hermosa y cautivadora melodía, “Lascia ch'io pianga” tuvo una interpretación sensible e inspirada, y fue el momento en el que Kožená se entregó más al público: fue la única aria que cantó de memoria, en la que interactuó con sus atentos oyentes, y no con la partitura, fue el único momento en que salió de detrás del duro estante de madera.

Lástima que la mayoría de la audiencia ya se había ido antes de los bises y se perdió la inspirada “Lascia ch'io pianga”. Y la fuga no es casual: los conciertos de Cultura Artística comienzan a las 21 h. Si esto, durante la semana, es en sí mismo es un desincentivo para ir o un incentivo para irse antes del final (como hacen muchos suscriptores), la situación se ve agravada por el entorno de la Sala São Paulo, que además de ser peligroso y violento, se encuentra con varias calles cerradas por obras, lo que dificulta aún más la salida. Un concierto tan rico como este terminó casi a las 23:30 horas.

Haciendo un balance general, es bastante cierto que el personaje no está listo: Kožená aún no es Alcina. Probablemente, al final de la temporada, en Buenos Aires, estará más cómodo, menos pegado a la lectura. Seguro que en febrero encarnará por todo lo alto su Alcina. Dicho esto, fue un concierto de muy alto nivel, uno de los eventos sobresalientes de la temporada de San Pablo en el 2022: una orquesta barroca de gran calidad, que cuenta con excelentes solistas como integrantes, y una gran cantante, que además de tener una técnica sólida, buena dicción, canta bien, es sensible, tiene profundidad y valora la interpretación. Un espectáculo lírico de gran refinamiento. En San Pablo, agradecemos a Cultura Artística por brindarnos conciertos y recitales de música barroca, así como momentos de deleite lírico, cosas que simplemente no existirían si no fuera por esta valiente temporada de conciertos.

Para terminar, me gustaría invitar a los lectores, hayan visto el concierto o no, a presenciar la ópera Alcina. Recomiendo la hermosa versión filmada en 2011, en la Ópera de Viena, con la inigualable Anja Harteros en el papel principal, con Marc Minkowski y Les Musiciens du Louvre (que, como ya informamos, también formaran parte de la Alcina de Kožená). El video está disponible, subtitulado, en Medici.tv y en el canal de YouTube de Euro Arts.