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Friday, April 24, 2015

Werther en el Teatro Colón de Buenos Aires – otra visión.

Fotos: Teatro Colón

Luis G. Baietti / Operaworld

El elenco titular (considerando como tal al que cantó las funciones de abono y el estreno) brindó una buena versión de la ópera aunque previsiblemente no alcanzó el nivel de excelencia próxima a la perfección que obtuvo el elenco alternativo, que cantó las extraordinarias y que comenté en una nota previa. Dónde estuvo la diferencia ¿? En primer lugar, el tenor, que es el papel clave de la obra, no porque sea el personaje título sino porque canta casi todo el tiempo una partitura asaz exigente y agotadora y enfrenta fuertes demandas interpretativas. Michael Spadaccini es un joven tenor de 30 años de edad que está comenzando a hacer carrera en Europa cantando en teatros de ciudades pequeñas un repertorio donde figuran papeles protagónicos de tenor en Operas italianas como LA Boheme, Cavalleria, I Pagliacci, La Rondine y este año una incursión en dos papeles franceses Carmen Y Los Cuentos de Hoffmann, esta última en una coproducción compartida por un grupo numeroso de pequeños teatros de provincia. Posee algunas cualidades que hacen prever una interesante carrera.  Tiene una voz de volumen importante, un timbre muy agradable al oído, bellos pianísimos y agudos (abiertos, a la italiana) que producen impacto en el oyente. Tiene además una encomiable inclinación a interpretar con la voz y a actuar, si bien como actor todavía está dando los primeros pasos. Previsto originalmente para el elenco alternativo, tuvo que asumir el titular debido a la defección de Ramón Vargas que nunca fue debidamente explicada al público que pagó para verlo, algo que hay que tener en cuenta para no cargar las tintas con sus limitaciones, que las tiene por cierto. No lo veo en su estado actual como el tenor adecuado para una obra refinada como Werther, donde a su canto generoso y seguro (más allá de que se tomó la libertad de incluir un portamento en el APELLE MOI que tiene que sonar de otra manera, casi como un disparo) le faltó delicadeza, sutileza. Y como actor se lo vio brusco confundiendo a menudo impetuosidad con violencia.  Con todo hizo vivir el personaje, permitió oír y apreciar la bella partitura de Massenet y dejó la convicción de que en el repertorio adecuado sería interesante volver a oírlo. Anna Caterina Antonacci está en el extremo opuesto de la carrera. Con 53 años actuales de edad ha sido durante varias décadas una artista de primera magnitud, cantando en los mejores teatros del mundo, aunque en general su repertorio ha estado compuesto de papeles más livianos en lo vocal, con lucimiento de una impecable técnica de coloratura. Es innegable que exhibió todas las cualidades que han hecho de ella una gran artista, manejando con destreza recursos vocales que ya no son los del apogeo. En general tendió a desaparecer bajo la orquesta en muchos momentos y sus agudos acusaron una cierta tirantez pero fue la suya una versión más que encomiable. Como actriz hizo valer la experiencia de haber cantado en grandes teatros y con grandes registas. La presencia de dos solistas con algunas limitaciones hizo que Ira Levin tuviera que ser más cauto. Se lo vio mucho más atento a lo que ocurría en escena que la noche anterior, y cuidó muy bien de que en ciertos momentos la orquesta no sonara de la manera expansiva en que lo hizo anteriormente, con lo que se perdió algo de la fuerza expresiva musical de la obra. El elenco deparó una gratísima sorpresa en la impactante Sophie de Jaqueline Livieri, deliciosa de ver y oír como corresponde al personaje, pero exhibiendo una voz realmente importante que está pidiendo (no digo a gritos porque no grita, canta y cómo ¡!) compromisos mayores. Hernán Iturralde fue un convincente Albert dejando la impresión de que es poco papel para él. Alexander Vassiliev estuvo muy correcto pero no logró despejar la incógnita de su contratación para un papel tan pequeño, para el cual el Teatro tiene una lista de candidatos que supera la decena. Fernando Grassi reiteró su muy convincente actuación como Johann y Santiago Burgi divirtió y se divirtió con un desenvuelto Schmidt cantado con total solvencia vocal. Excelente desempeño del coro de niños a quien omití mencionar en la nota anterior.

Monday, April 20, 2015

Werther en el Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: Máximo Parpagnoli Gentileza: Teatro Colón

Gustavo Gabriel Otero

Accidentado inicio de la Temporada 2015 en el Teatro Colón de Buenos Aires, a la interrupción del proyecto de ofrecer Los Troyanos de Berlioz y suplantarlo por Werther se le sumó la cancelación de la participación en el protagónico de Ramón Vargas -sin mayores justificativos conocidos- quien sin embargo mantendría su compromiso de protagonizar Don Carlo en el próximo mes de septiembre. El joven tenor belga Mickael Spadaccini quizás tenga en su registro casi todas las notas para cantar el personaje de Werther pero de ninguna manera se aproxima al mismo. Si canto es errático y fuera del estilo francés. Su interpretación vocal se asemeja más al verismo italiano y su composición actoral es de un joven con marcado histerismo. Anna Caterina Antonacci fue una solvente Charlotte que no logró amalgamarse correctamente con su amado Werther. Adecuada en los dos primeros actos, fue exquisita en sus momentos solistas del tercero, en especial en ‘Va! Laisse couler mes larmes’ y muy solvente en el final. Pero sin lugar a dudas la figura de la noche fue la soprano Jaquelina Livieri en el breve rol de Sophie que encarnó con registro homogéneo, línea de canto pura, emisión limpia y radiante. Hernán Iturralde fue un correcto Albert mientras que el ruso Alexander Vassiliev no desentonó encarnando el rol de Le Bailli. Perfectos Santiago Bürgi (Schmidt) y Fernando Grassi (Johann), bien complementados por los comprimarios; mientras que el Coro de Niños y los seis pequeños solistas, preparados por César Bustamente, tuvieron buen rendimiento. 
La escenografía firmada por Hugo de Ana consistió en un mismo marco escénico para los primeros tres actos con una gran estructura metálica con sus caños a la vista y enormes paneles vidriados que asemejan un jardín de invierno. En el último acto desaparece la estructura vidriada y se aprecia la cama de Werther y todas las esculturas utilizadas en cada uno de los actos anteriores como fondo en lo que simula ser un cementerio. Un marco atractivo pero grandilocuente. El correcto vestuario se ancló, lo mismo que la puesta, en la época de Massenet. La marcación actoral, también de Hugo de Ana, resultó rutinaria y fría con el punto más débil en el protagonista permanentemente al borde de la exageración. Rutinaria la iluminación que fue completada con proyecciones de fragmentos de la obra original con la caligrafía del autor. La Orquesta Estable bajo la conducción de Ira Levin efectuó un buen trabajo. Faltó algo de vuelo y por momentos no se cuidó el adecuado balance entre el foso y la escena, resultando una versión musical sin demasiado brillo pero correcta.