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Tuesday, February 1, 2022

Diálogos de Carmelitas de Francis Poulenc en Houston - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane / HGO

Ramón Jacques

Después de más de treinta años de ausencia Dialogues des Carmélites de Francis Poulenc vuelve al escenario de la Gran ópera de Houston. A pesar de que en Norteamérica sus representaciones son escasas, se trata de una obra maestra del siglo XX que no ha perdido su lugar dentro del repertorio operístico tradicional. Recientemente, el Metropolitan de Nueva York la presentó en el 2019; y a parte de estas funciones en Houston, la ópera de San Francisco (compañía donde fue presentada por primera vez en Estados Unidos, en septiembre de 1957, tan solo tres meses después de su estreno absoluto en lengua francesa en junio de 1957 en Paris) la programó para octubre del 2022, a futuro es incierto que otro teatro podría tenerla en su agenda. La producción de Houston logró cumplir parcialmente con las expectativas que se generan cuando se escenifica una obra de este calibre. El montaje diseñado por Hildegard Bechter, agradó por su sencillez y minimalismo, consistente de tres muros circulares sobre la escena, que giraban con cada cambio de escena y ambiente, y algunos motivos religiosos y mínimos elementos; aunado al brillante manejo de la iluminación, que provenía de ambos extremos, o del fondo del escenario, ideado por del iluminador Mark McCullough, se creó una constante sensación de angustia, inquietud y zozobra.  Bechter se inspiró para sus diseños en de la capilla de Notre Dame de Haut de Ronchamp, Francia, del arquitecto Le Corbusier. De muy buena manufactura y apariencia lucieron los elegantes vestuarios de época de Claudie Gastine. La combinación creó estéticos y sublimes cuadros, que supusieron un problema para la dirección escénica de Francesca Zambello, que fue prácticamente inexistente, ya que el desarrollo de la función se pareció más a la sucesión de hermosos cuadros o pinturas en un museo, que a una obra con continuidad e hilo conductor. La sobreactuación, y cargado dramatismo en la actuación de algunos personajes, fue innecesaria dado el contexto de la historia y por la tensión ya implícita en la orquestación. Su manera de resolver la escena de la guillotina, con las monjas entrando a una capsula dorada, además de romper con la artística visual, fue un recurso discutible y caricaturesco. La exuberante y expresiva música contenida en la partitura habló por sí sola con el profesional desempeño de los músicos de la orquesta, a pesar de la errática y superficial conducción de Patrick Summers, quien pareció no profundizar en la búsqueda de colores y matices, y por los cambios inesperados en la dinámica, que por momentos fue demasiado aprisa y en otros con aletargada y fastidiosa lentitud. Del elenco vocal, se puede destacar la experiencia y solidez vocal de la soprano Patricia Racette en el papel de Madame Croissy, en sustitución de la originalmente anunciada Anna Caterina Antonacci.  Como Blanche, la soprano galesa Natalya Romaniw mostró un timbre robusto, con buena proyección y sensibilidad.  Por su parte Lauren Snouffer, agradó en el papel de Constance por la nitidez y la claridad de su voz, la gama de colores en su timbre, su admirable dicción y el carácter juvenil e ingenuo con el que dotó a su personaje. La mezzosoprano Jennifer Johnson-Cano, cantó con profundidad y calidez como Marie de l’ncarnation. Christine Goerke, desplegó una voz potente y uniforme, y tuvo un convincente desempeño escénico como Madame Lidoine. Correctos estuvieron el resto de cantantes del elenco, y los miembros del coro, con una mención para el veterano barítono Rod Gilfry como el Marquis de la Force, para el tenor Chad Shelton como el Capellán, y para el tenor Eric Taylor que dio vida al personaje del Chevalier de la Force. Debe mencionarse también la conmovedora, melancólica y escalofriante ejecución del ‘Salve Regina’ en el final de la obra, uno de los momentos cumbres de la ópera y quizás del repertorio operístico, por lo menos del siglo XX.



Tuesday, May 13, 2014

Carmen en la Ópera de Houston

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas T.

Como cierre de su temporada 2013-2104 la Ópera de Houston estrenó una nueva producción de Carmen de Bizet, ópera que según estadísticas de la asociación Opera América, es la segunda ópera más representada en el mundo después de La Traviata. Carmen es realmente una obra popular y es piedra angular de temporadas, pero en Norteamérica, particularmente los teatros más importantes como Houston, deberían enfatizar más la parte artística ofreciendo operas menos conocidas intentando ampliar su repertorio, y dejar de pensar solo en la parte económica, así como de no subestimar al publico argumentando que este solo asiste a ver obras conocidas. El tema económico al final dicta el repertorio en los teatros estadounidenses, prueba de ellos es que en la creación de este montaje participaron los teatros de San Francisco Opera y  Chicago. Enfocándonos en la función, la dirección escénica fue del director y coreógrafo de Broadway, Rob Ashford, quien optó por transformar la obra en un “musical” con bailables y coreografías durante el transcurso de la acción y desde la obertura misma, con bailarines, toreros, gitanas, y la figura de un toro que se movía sobre la escena y aparecía continuamente, incluso la protagonista bailaba, en una escena saturada de movimiento sensuales y bailes, lo que pareció entretener, pero a su vez una manera fácil de desvirtuar la obra dándole un tono lúdico que no contiene. Continuando con la línea “Broadway” las austeras escenografías de David Rockwell, fueron diseñadas con elementos curvos y angulares, que representaban, montañas, muros, con en el musical Mamma Mia; y los vestuarios de Julie Weiss fueron coloridos y de diversas épocas y estilos, negro para Carmen.  Adecuada fue la iluminación. Del papel de Carmen se encargó la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, quien sacó provecho de su atractiva figura y mostró sensualidad y carácter sobre la escena, pero su voz careció de cierta oscuridad y autoridad y en ciertos pasajes palideció por su ligereza.  Martínez es una intérprete versátil que ha incursionado en diversos repertorios como Rossini, Wagner, Janacek, Verdi, Handel; pero su continua presencia en este escenario hace a uno pensar bajo qué criterios de casting este teatro recurre a los mismos artistas, impidiendo conocer otras voces. Brandon Jovanovich tuvo sólidos  argumentos vocales para interpretar convincentemente a Don José; apasionado y obsesivo en escena, pero un poco exagerado en sus movimientos. El barítono Ryan McKinny fue un seguro Escamillo de pulida y brillante tonalidad en su timbre baritonal. Delicada y dulce fue la Micaela de Natalya Romaniw, correcta en la interpretación de su aria.  Discretos estuvieron el resto de los cantantes, aunque por su calidad Uliana Alexyuk, en su quinto papel esta temporada, incluida Gilda en Rigoletto, merecería mejor suerte que un papel como Frasquita. Correcto estuvo el coro y rutinaria la conducción musical de Rory Macdonald con una orquesta fuera de balance e injustificada fuerza en ciertos pasajes.