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Friday, November 10, 2023

Il Barbiere di Siviglia en Los Angeles

Foto: Cory Weaver / LA Opera

Ramón Jacques

Estrenada el 20 de febrero de 1816 en Roma, Il Barbiere di Siviglia, ossia l’unitile precauzione ópera bufa en dos actos de Gioachino Rossini (1792-1868) sin duda una de las comedias más gustadas y populares del repertorio operístico, es el segundo título de la actual temporada de la Ópera de Los Ángeles (LA Opera) , escenario donde no se repone con regularidad y del cual había estado ausente varios años. La conformación de temporadas balanceadas y atractivas para atraer y mantener el interés del público es el reto actual más complicado al que se están enfrentando las compañías de ópera, y una manera de hacerlo es volviendo a los clásicos. Para ello, el teatro recurrió al director y coreógrafo Rob Ashford, reconocido por su trabajo en Broadway, quien en su primera incursión en la ópera ofreció una versión fluida, entretenida y divertida de la ópera. Rob Ashford entendió   que el humor está ya contenido en la música y en las situaciones en las que se encuentran los personajes en el libreto, por lo que no fue necesario recurrir a la sobreactuación, los clichés y las bromas tan vistas y repetidas en casi todos los montajes de este título. Su enfoque es hacia la simplicidad, hacia el texto, y a explotar la parte humana de los personajes, ya que es la pasión y la búsqueda del amor entre Rosina y el Conde, que, según él mismo, es el verdadero motor de la trama y la comicidad. Con un simple, pero llamativo montaje escénico, proveniente de la Opera de Chicago donde tuvo su estrenó en el 2014, todas las escenas se realizan en el interior de un patio rodeado por unos arcos de estilo morisco, ideados por el propio Ashford y Scott Park, con coloridos y elegantes vestuarios de Catherine Zuber y la iluminación de Howard Harrison. Para esta puesta se conformó un buen elenco de cantantes comenzando por el tenor uruguayo Edgardo Rocha, poco conocido por estas latitudes, quien dio vida al Conde Almaviva, mostrando una grata y admirable voz de tenore di grazia, muy ligera y flexible y con admirable explosividad y color. La facilidad con la que canta permitió que se incluyera la casi siempre omitida aria del Conde, Cessa di piu resistere.  El papel de Rosina fue cantado con seguridad y autoridad por Isabel Leonard, en un repertorio que se adapta a las cualidades de su voz que ha adquirido más cuerpo. Notable fue la presencia del bajo-barítono Paolo Bordogna como Don Bartolo, un experimentado interprete en este tipo de papeles, que actúa y canta con facilidad y pericia, y un lujo fue contar con el bajo-barítono Luca Pisaroni, quien en su debut local dio la picardía y la vileza que requiere el personaje de Don Basilio sobresaliendo en su caracterización como en su canto pujante y brioso. Menos convincente estuvo en la parte de Fígaro, el barítono Joshua Hopkins cuyo grato timbre barítonal no compensó su carencia en la presencia y la gracia actoral.  Correctos estuvieron los barítonos Ryan Wolfe, como Fiorello y Joel Balzun como el Sargento, como valiosa y participativa, especialmente en la ejecución de su aria, estuvo la soprano Kathleen O’Mara. El coro que dirige desde el 2022, Jeremy Frank cumplió con la parte que le corresponde en esta ópera de manera adecuada, y agradó la precisión y musicalidad que extrajo el maestro Louis Lohraseb de su entusiasta conducción. Formado en este teatro bajo la guía de James Conlon, ha dado buenos resultados cada vez que se ha le confiado dirigir desde el foso.

 



Monday, November 29, 2021

Carmen en Houston

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

Después de la gala de Jonas Kaufmann, Carmen de Bizet fue el título elegido para ser la primera obra escenificada en este escenario, después de la pausa inesperada y de la intempestiva cancelación de la temporada pasada.  La presencia del destacado tenor alemán, no es, lamentablemente, el parámetro del tipo de artistas que se verán, por lo menos en esta temporada, en un teatro en el que los elencos de nombres consagrados era lo más habitual, y quizás por un tema presupuestal, se ha ha tenido que recurrir a artistas que, aunque cuentan ya con experiencia, aún le queda un largo trecho para forjarse un nombre. No se puede negar que antes de abrirse el telón, y más en una ópera tan conocida donde se sabe quiénes son las mezzosopranos o tenores referentes en los papeles principales, hacen uno se pregunte si podrá escuchar buenos cantantes, si estarán a la altura de situación, incluso si presenciara uno a futuras estrellas. Lo cierto es que esta función ha sorprendido gratamente por el nivel exhibido por algunos como la mezzosoprano de Quebec Carolyn Sproule en el papel de Carmen, quien con su atractiva figura, personalidad y físico brindó una actuación convincente, despojada de muchos de los clichés escénicos más comunes, que suelen acompañar a este personaje en escena; edemas, cantó con exuberante y tersa voz de profundo y grato color, y adecuada proyección. Un timbre muy musical, y elegante en la dicción y el fraseo. Heidi Stober, en el papel de Micaela, y con una amplia trayectoria, conmovió con la facilidad y el sentimiento que imprimió a cada una de sus arias, especialmente a “Je dis que rien m’epouvante” y por el carácter afable que dio a su personaje. El tenor Richard Trey Smagur, personificó al papel de Don José. Su desempeño escénico fue discreto, y aunque posee una voz cálida con buenas cualidades, por momentos se le escuchó desbordado de pasión, obsesión y desesperación. Por su parte, el bajo-barítono Christian Pursell, cantó de manera satisfactoria, pero su arrogante Escamillo, se vio sobreactuado en sus movimientos. Una mención para el coro del teatro, que mostró conjunción y el resto de los cantantes en los papeles menores cumplieron de manera satisfactoria. La joven directora rusa Lidiya Yankoskaya, salvo algunos notables desfases con las voces al inicio de las primeras escenas, ofreció una lectura elegante, muy dinámica y con estilo; ante unos músicos que le respondieron y resaltaron los momentos orquestales más brillantes de la partitura.  La parte escénica y visual del espectáculo fue uno de los aspectos más débiles de la velada. Se trata de una producción traída de la opera de Chicago, que ya fue estrenada aquí en el 2014, demasiado oscura, lúgubre, y tampoco el color oscuro de los vestuarios ayuda mucho a hacer atractivo un marco, que consiste de unos muros al fondo del escenario que representan la parte exterior de una plaza de toros, una taberna y unas montañas, diseñada por David Rockwell.  El director de escena, y también coreógrafo, Rob Ashford, dio su toque personal a la escena, cargándolo con demasiadas coreografías, aún al inicio de la obra, recursos que distraían al espectador de la acción de la trama, además de un descuidado trabajo escénico y algunas ocurrencias como la del horrorizado Escamillo que se encuentra con el cuerpo de Carmen en la escena final. Sin dudas la parte musical y musical fue la que prevaleció en este inicio de temporada de la Gran Opera de Houston.


Tuesday, May 13, 2014

Carmen en la Ópera de Houston

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas T.

Como cierre de su temporada 2013-2104 la Ópera de Houston estrenó una nueva producción de Carmen de Bizet, ópera que según estadísticas de la asociación Opera América, es la segunda ópera más representada en el mundo después de La Traviata. Carmen es realmente una obra popular y es piedra angular de temporadas, pero en Norteamérica, particularmente los teatros más importantes como Houston, deberían enfatizar más la parte artística ofreciendo operas menos conocidas intentando ampliar su repertorio, y dejar de pensar solo en la parte económica, así como de no subestimar al publico argumentando que este solo asiste a ver obras conocidas. El tema económico al final dicta el repertorio en los teatros estadounidenses, prueba de ellos es que en la creación de este montaje participaron los teatros de San Francisco Opera y  Chicago. Enfocándonos en la función, la dirección escénica fue del director y coreógrafo de Broadway, Rob Ashford, quien optó por transformar la obra en un “musical” con bailables y coreografías durante el transcurso de la acción y desde la obertura misma, con bailarines, toreros, gitanas, y la figura de un toro que se movía sobre la escena y aparecía continuamente, incluso la protagonista bailaba, en una escena saturada de movimiento sensuales y bailes, lo que pareció entretener, pero a su vez una manera fácil de desvirtuar la obra dándole un tono lúdico que no contiene. Continuando con la línea “Broadway” las austeras escenografías de David Rockwell, fueron diseñadas con elementos curvos y angulares, que representaban, montañas, muros, con en el musical Mamma Mia; y los vestuarios de Julie Weiss fueron coloridos y de diversas épocas y estilos, negro para Carmen.  Adecuada fue la iluminación. Del papel de Carmen se encargó la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, quien sacó provecho de su atractiva figura y mostró sensualidad y carácter sobre la escena, pero su voz careció de cierta oscuridad y autoridad y en ciertos pasajes palideció por su ligereza.  Martínez es una intérprete versátil que ha incursionado en diversos repertorios como Rossini, Wagner, Janacek, Verdi, Handel; pero su continua presencia en este escenario hace a uno pensar bajo qué criterios de casting este teatro recurre a los mismos artistas, impidiendo conocer otras voces. Brandon Jovanovich tuvo sólidos  argumentos vocales para interpretar convincentemente a Don José; apasionado y obsesivo en escena, pero un poco exagerado en sus movimientos. El barítono Ryan McKinny fue un seguro Escamillo de pulida y brillante tonalidad en su timbre baritonal. Delicada y dulce fue la Micaela de Natalya Romaniw, correcta en la interpretación de su aria.  Discretos estuvieron el resto de los cantantes, aunque por su calidad Uliana Alexyuk, en su quinto papel esta temporada, incluida Gilda en Rigoletto, merecería mejor suerte que un papel como Frasquita. Correcto estuvo el coro y rutinaria la conducción musical de Rory Macdonald con una orquesta fuera de balance e injustificada fuerza en ciertos pasajes.