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Tuesday, June 6, 2023

Sinfonía de los Mil en Milán

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

“No he escrito nunca algo parecido, en contenido y en estilo, es algo completamente diferente a mis otras obras, y sin duda es la cosa más grande que he hecho. Quizás no he trabajado nunca bajo el impulso de tal imposición, fue como una visión relámpago: de repente todo estaba ante mis ojos y me bastaba ponerlo en papel, como si me lo hubieran dictado…”  Estas fueron las palabras con las cuales Gustav Mahler comentaba la creación de su sinfonía más problemática y más grandiosa, la Sinfonía n. 8 en mi bemol mayor, un monumento erigido al espíritu creador y al amor, una obra inesperadamente optimista al interno de una producción generalmente de señal opuesta (y que aún hoy hace fruncir la nariz a algunos críticos y comentaristas), sinfonía constituida en dos partes, aparentemente heterogéneas, el Veni Creator Spiritus en latín y la escena final del Faust de Goethe en alemán, pero temáticamente y musicalmente entrelazadas de manera indisoluble. Mahler previó para su obra un orgánico inmenso: dos grandes coros un coro de voces blancas, ocho solistas y una orquesta interminable, fue así, que continuación la sinfonía fue llamada “Sinfonía de los Mil”.  Por ello, se intuye que las dificultades que se afrontan para programarla en una temporada de conciertos no son pocas, y es por ello que su ejecución en vivo es una ocasión rara y preciosa. En el Teatro alla Scala llegó por tercera ocasión, después de que la dirigiera Hermann Scherchen en 1962 y Seiji Ozawa en 1970.  Esta vez fue Riccardo Chailly, el director musical del teatro, quien presentó esta imponente partitura uniendo su Orquesta y Coro del Teatro alla Scala (dirigido por Alberto Malazzi) con el Coro del Teatro la Fenice de Venecia, dirigido por Alfonso Caiani, y el Coro di Voci Bianche dell’Accademia del Teatro alla Scala, que dirige Bruno Casoni, así como a  los solistas de canto Ricarda Merbeth (Magna Peccatrix), Polina Pastirchak (Una poenitentium), Regula Mühlemann (Mater gloriosa), Wiebke Lehmkuhl (Mulier Samaritana), Okka von der Damerau (Maria Aegyptiaca), Klaus Florian Vogt (Doctor Marianus), Michael Volle (Pater ecstaticus) y Ain Anger (Pater profundus). En esta ocasión, la Scala inauguró también su nueva concha acústica realizada por Suono Vivo. Chailly tiene un vínculo particular con las sinfonías mahlerianas habiéndolas dirigido tantas veces, pero en particular, con esta partitura, con la que ha instaurado un vínculo muy estrecho desde que, siendo un joven director, estuvo casualmente como asistente en los ensayos de la edición de 1970 dirigida por Seiji Ozawa. Chailly quedó literalmente fulgurado, que se convirtió con el tiempo en unos de los máximos expertos de la Sinfonía de los Mil.  Esta la de Scala, fue su octava ejecución ¿Es un record? Probablemente sí. Aquí, Chailly realizó una ejecución muy eficiente, gobernando con atención y lucidez los planos sonoros distribuidos entre los ejecutores. La orquesta, el coro y los solistas mostraron gran dedicación y profesionalismo sin nunca caer en una rutina que de poco serviría para una pieza como esta. El gesto de Chailly fue preciso y neto, también enérgico, algo fundamental para dar seguridad a todos en una obra tan ardua y compleja. El Veni Creator Spiritus que abre la sinfonía fue afrontado de manera directa. una irrupción de lava de sonido corpulento y compacto que incendia las líneas musicales en un fraseo esculpido y granítico, nunca excesivamente triunfalista, y sobre todo con un ejemplar control de la polifonía. Sin embargo, Chailly también supo diluir los sonidos cuidando los detalles con refinamiento, y esto se percibió sobre todo en la segunda parte, la que se basa en textos tomados del Fausto de Goethe. Aquí, los episodios solistas (de aplaudir, entre otros, la intervención del barítono Michael Volle, viril y muy timbrado, de la mezzosoprano Wiebke Lehmkuhl por su voz bruñida y muy comunicativa, y de la soprano Regula Mühlemann radiante y muy luminosa) se anidaron en las texturas orquestales y corales con una visión coherente proyectada constantemente hacia lo alto, y hacia aquel final en el que se habían alcanzado momentos de alienadora, seductora y humana belleza. Es verdad que, no obstante, la presencia de la nueva concha acústica se notaron algunos efectos de saturación sonora, pero es innegable que la interpretación de esta sinfonía, que no parece adaptarse a un escenario como el de un teatro de ópera, se haya valido de esa atmosfera única e irrepetible que se percibe en la Scala. El triunfo de la noche es el triunfo de Chailly, el director musical del teatro, que imperiosamente llevó las riendas de la gigantesca y poderosa partitura mahleriana con una conciencia y una responsabilidad que le hacen honor.


 

Sunday, April 2, 2023

Maurice Ravel: L'Enfant et les Sortilèges / Shéhérazade / Alborada del Gracioso con Seiji Ozawa

Lloyd Schwartz **El poeta estadounidense Lloyd Schwartz enseña en el programa MFA de escritura creativa en la Universidad de Massachusetts, Boston. Ees editor senior de música clásica para la revista en línea New York Artsm además de ser crítico musical para la estación de radio nacional National Public Radio. Fue editor de música clásica del desaparecido periódico The Boston Phoenix. En 1994, recibio el prestigioso premio Pulitzer por su labor como crítico. 

Maurice Ravel (compositor), Seiji Ozawa (Director), Saito Kinen Orchestra (Orquesta), Susan Graham, Isabel Leonard, Paul Gay, Yvonne Naef. Anna Christy.  Coro de niños SKF Matsumoto, Coro SKF Matsumoto Chorus. Formato: Audio CD. Decca Records International.

Esta grabación fue editada en el 2015, aun así, vale la pena reseñarla ya que obtuvo el ‘Grammy a la mejor grabación operística’ en la edición 58 de los premios realizada el 15 de febrero del 2016 en Los Ángeles, California.  Aunque el director japonés Seiji Ozawa, fue nominado varias veces para recibir este premio, esta fue la primera ocasión que grabó esta obra y ganó el premio, con la orquesta Saito Kainen Orchestra. La ópera en un acto, del difunto compositor Maurice Ravel, que describe un cuento de hadas moderno sobre un niño travieso a la hora de acostarse fue también la obra con la que el célebre director japonés debutó en la ópera de Paris. Personalmente he admirado "L'enfant Et Les Sortileges, una de las obras maestras de Ravel, después de haber visto al propio Ozawa dirigirla en vivo con la Boston Symphony Orchestra.  El compositor cuenta con dos extraordinarias operas en un acto "L'heure Espagnole" - "La hora española" - y "L'enfant Et Les Sortileges" – que significa algo así como "El niño y los hechizos mágicos” un cuento de hadas contemporáneo de conmovedor libreto de Colette, formando un delicioso díptico, que lamentablemente es raro verlas interpretadas al mismo tiempo porque sus requerimientos son diferentes. Una de ellas solo cuenta con cinco personajes y la otra con veintiuno, además de un coro. Una de ellas requiere un set sencillo, mientras que la otra requiere de una complicada maquinaria escénica e imaginarios vestuarios, además de las exigencias que el propio Ravel hace a la orquesta como a los solistas, por ello, ambas óperas se adaptan mejor cuando son ejecutadas en concierto con una gran orquesta sinfónica en vez de una producción escénica en un escenario operístico, especialmente "L'enfant Et Les Sortileges."  Su estreno en Paris en 1925 contó con las coreografías de George Balanchine quien intentó hacerla en tres producciones, así como en una desilusionante versión televisiva. He escuchado dos memorables versiones en conciertos en vivo con la Boston Symphony Orchestra dirigidas por Seiji Ozawa. No me consideraba un admirador de Ozawa, y me llamaba la atención por ser una especie de policía dirigiendo el tráfico y un buen bailarín en el podio, y rara vez sentí que tuviera un profundo conocimiento de la música que dirigía. Pero en "L'enfant Et Les Sortileges," que dirigió en 1974 y una vez más en 1996 despertaba algo especial en él.  Durante un periodo de más de 20 años Ozawa pareció identificarse con el niño desobediente y evidentemente parecía obtener un amplio placer de la deslumbrante orquestación de Ravel.  En aquel entonces tuvo dos elencos excelentes. A la legendaria mezzosoprano Jan DeGaetani quien interpretó al niño en 1974, y en 1996, tuvo a la encantadoramente juvenil Susan Graham.  Era una pena que Ozawa no hubiese grabado “L’enfant” omisión que remedió años después, con esta grabación, al frente de la magnífica agrupación japonesa la Saito Kinen Orchestra.  "L'enfant Et Les Sortileges" comienza con un niño sin nombre que se niega a hacer su tarea y su madre frustrada lo castiga con té y pan tostado para la cena. Estando solo, destroza la habitación, rompiendo la tetera, rasgando el tapiz de la pared con un hurgón e hiriendo a su mascota, la ardilla, que escapa hacia al jardín. Al parecer, todas sus víctimas contaban con vidas propias, vidas heridas por el niño travieso: su taza china de té, los pastores en el tapiz, la princesa hada en el libro que le encantada. Incluso los números en la lección de aritmética del niño cobran vida de manera amenazante. En un jardín mágico, las plantas y criaturas lamentan el sufrimiento ocasionado por el niño. Una solitaria libélula solitaria, cuya pareja había sido clavada en una pared por el niño, suena como Edith Piaf cantando una ardiente canción. Entonces se desata un altercado en el que la ardilla resulta herida.  Es entonces la oportunidad que tiene el niño de redimirse, y ayuda a vendar al animal herido y, en un momento de sorprendente profundidad emocional, todos los animales lo considerar un héroe. En esta grabación, me hubiera gustado estar más convencido de la interpretación de la mezzosoprano estadounidense Isabel Leonard en el papel del niño, pero el resto del elenco es una verdadera cornucopia de veteranos cantantes de carácter francés. Casi dos décadas después de su última interpretación de esta obra en Boston, Ozawa todavía mantiene su tierna e infantil inocencia con quizás la adición de una nueva nota de melancolía. Este CD editado por el sello Decca se desarrolla con más obras de Ravel, y Ozawa atinadamente conoce muy bien esta música, pero nunca ha sido mejor que en la ópera sabia y conmovedora del compositor francés.  Al momento de la edición de esta grabación, quien fungía como antiguo director musical de la Boston Symphony, volvió a dirigir la orquesta a sus 80 años de edad en el festival veraniego de la orquesta en Tanglewood, y diez años después de su última aparición en el podio de esta agrupación.