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Tuesday, July 7, 2015

Madama Butterfly de Puccini en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Fotos: Patricio Melo

Joel Poblete

Tras ocho años de ausencia, la siempre popular y conmovedora Madama Butterfly de Puccini regresó al Teatro Municipal de Santiago, donde se presentó con dos repartos entre el 22 de junio y el 4 de julio, con tal éxito de audiencia que las localidades se habían agotado con semanas de anticipación y fue necesario agregar dos funciones. Aunque su trama y desenlace sean ampliamente conocidos, la belleza expresiva de la música y la triste historia de la joven geisha nunca dejan de emocionar al público; y Chile no ha sido la excepción: desde su debut local en 1907, el principal escenario lírico del país la ha presentado en más de 50 temporadas. 

Antes que los aspectos musicales, lo más llamativo del retorno de la obra maestra pucciniana fue la puesta en escena, una producción de Hugo de Ana estrenada originalmente el año pasado en el Colón de Buenos Aires. Indudablemente uno de los régisseurs y diseñadores más prestigiosos y experimentados surgidos de Latinoamérica, a lo largo de más de tres décadas De Ana ha estado previamente al frente de los montajes de 11 óperas distintas en el Municipal, y algunas de ellas figuran entre lo más memorable que ha presentado el teatro chileno. Con tales pergaminos, era de entender que hubiera curiosidad por la visión de De Ana sobre este popular y querido clásico, aún más considerando que en su estreno en Buenos Aires algunos de los críticos especializados lo habían calificado de "discutible", incluso usando adjetivos como "kitsch" y "recargado". Separando los tres actos en dos partes con sólo un intermedio, el montaje puede ser en verdad discutible, sobre todo considerando las expectativas que muchos pueden hacerse guiados por las convenciones escénicas que el público se ha acostumbrado a esperar en esta obra. Pero es imposible negar que una vez más De Ana demuestra su oficio y talento al encargarse tanto de la dirección teatral como de la escenografía, vestuario e iluminación.

Minimalista y desplegando diversos símbolos, el espectáculo no carece de momentos evocadores y de sugestiva belleza, en especial gracias a la iluminación de algunas escenas, a la presencia del mar en el fondo del escenario y al uso de efectivas proyecciones de imágenes como mariposas y flores, y también un video que acompaña el interludio que separa los actos segundo y tercero, momento en el que para ilustrar el sueño de la protagonista incluye también la llamativa y alegórica aparición de diversas figuras y personajes. Como suele ocurrir con De Ana, el vestuario fue uno de los elementos más lucidos. Pero también en el estreno se hizo notoria y a lo menos curiosa la aparición de "ninjas" en distintos momentos, o detalles de dudoso gusto, como las "guirnaldas" de flores que aparecen durante el bello dúo entre Butterfly y Suzuki, elementos que le quitaron a ese instante su magia y encanto. El uso del espacio escénico tampoco convenció por completo, y por momentos pareció muy recargado, afectando el desplazamiento de los cantantes, como en el primer acto, en particular en la llegada de la protagonista.

En lo musical, en el elenco internacional, el titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el ruso Konstantin Chudovsky, realizó una lectura correcta, aunque pudo ser aún más incisivo al destacar las decenas de detalles de una partitura tan rica, emotiva y fascinante; como comentamos en anteriores óperas que han contado con su batuta, debe cuidar más el equilibrio sonoro entre el foso y los cantantes, ya que éstos a menudo son cubiertos más de la cuenta por la orquesta. Y el coro del teatro, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornik, destacó especialmente por el delicado cortejo femenino que acompaña la entrada de la protagonista en el primer acto, y estuvo tan sólido como de costumbre. 

Es bien sabido que por su complejidad vocal y actoral Cio-Cio San, la protagonista, es uno de los roles más intensos y exigentes del repertorio para soprano. En el elenco internacional, fue encarnada por la soprano estadounidense Keri Alkema, quien ya había demostrado su talento y sólidas condiciones con dos roles de Verdi en el Municipal: en 2011 como Amelia en Simón Boccanegra, y el año pasado como una excelente Desdémona enOtello, en su debut en el rol. Este año aborda dos nuevos desafíos en el escenario chileno, al cantar por primera vez en su carrera dos papeles tan diversos como la dramática Butterfly, y en agosto Fiorilla en la comedia de Rossini El turco en Italia. En su primera Cio-Cio San volvió a exhibir una voz de bello color y un timbre parejo, así como buenos agudos y potencia en la emisión cuando era necesario, y aunque desde su aparición en escena pareció incómoda durante el primer acto, a partir del segundo en adelante fue mostrándose más firme y convincente; más que en la popular "Un bel dì vedremo", que resolvió sin sobresalir, resultó particularmente conmovedora en una desgarradora entrega de "Che tua madre dovrà prenderti in braccio", y en conjunto considerando que era su debut en el papel, fue una aceptable Butterfly con un innegable potencial, pero indudablemente todavía debe continuar desarrollando y profundizando el personaje a futuro. 

Junto a Alkema, el tenor Zach Borichevsky, también estadounidense y quien en el 2013 en el Municipal ya protagonizara el Romeo y Julieta de Gounod, regresó para encargarse del siempre ingrato rol de Pinkerton; volvió a exhibir una voz agradable y ahora mostró mejores notas agudas, y aunque su actuación sigue siendo convencional y un poco rígida, su presencia física y desplante funcionaron en el rol. Otro estadounidense, el barítono Trevor Scheunemann, debutó en Chile encarnando a un cónsul Sharpless menos cálido que lo habitual, pero de todos modos cantado con una voz sonora y bien timbrada; también debutó en el país la mezzosoprano rumana Cornelia Oncioiu, quien se llevó merecidamente algunos de los aplausos más efusivos del público por su excelente y entrañable interpretación vocal y teatral de Suzuki. 

Y aunque las comparaciones siempre son odiosas, es necesario resaltar cómo en su conjunto, el segundo reparto que interpretó la obra (en el llamado "elenco estelar"), realizó una labor mucho más satisfactoria que el elenco internacional. La producción de De Ana volvió a lucir tanto sus aciertos como sus aspectos más discutibles, pero al menos acá los aspectos musicales dejaron una sensación definitivamente más positiva, partiendo por la batuta del director chileno José Luis Domínguez, en una versión que en buena medida pareció más meticulosa y atenta a las muchas sutilezas y detalles de la maravillosa partitura, y mucho más cuidadosa en el balance entre las voces y la orquesta. 

En este elenco, en su debut en el Municipal y al frente de un reparto de cantantes chilenos, se lució particularmente la espléndida protagonista, la soprano española Carmen Solís. A diferencia de su colega en el elenco internacional, esta soprano ya había cantado previamente el rol, lo que se hizo notorio desde su primera aparición: segura y creíble en escena, se mostró eficazmente emotiva y sensible en su retrato de la sufrida geisha, tanto por su comprometido desempeño teatral como por la voz, potente, de buenas notas agudas (quizás debe trabajar más los medios y graves) y que se adapta muy bien al repertorio pucciniano. Tan pronto dulce y lírica como apasionada, intensa y dramática, resultó especialmente efectiva por la forma de decir sus frases y subrayar los matices musicales de la partitura. 

Junto a ella, Suzuki fue la mezzosoprano Evelyn Ramírez, quien ya había cantado este rol en la anterior presentación de esta obra en el Municipal, en 2007, y volvió a interpretarla con convicción escénica y buena proyección vocal. Por su parte el barítono Javier Arrey fue un Sharpless mucho más cálido y entrañable que su colega internacional, y con su timbre atractivo, buena voz y una certera emisión, volvió a demostrar el talento que le ha permitido desarrollar una carrera internacional cada vez más ascendente con el apoyo de artistas como Plácido Domingo y el fallecido director Lorin Maazel. Algunos peldaños más abajo se ubicó el Pinkerton del tenor Gonzalo Tomckowiack, quien se mostró convincente y desenvuelto en escena, aunque su voz se sintió más opaca y reducida en volumen en comparación con anteriores actuaciones en ese escenario, si bien sus notas agudas siguen siendo firmes y bien proyectadas. En ambos elencos los diversos roles secundarios permitieron destacar a artistas chilenos: el tenor Gonzalo Araya fue un eficaz y divertido Goro en los dos repartos, y también se repitieron Matías Moncada (comisario imperial), Felipe Ulloa (Yakusidé), María José Uribarri (madre), Francisca Cristópulos (tía), Madelene Vásquez (prima) y Carlos Guzmán (oficial del registro). El Tío Bonzo, cantado desde uno de los pisos superiores del teatro, estuvo bien cantado por los barítonos Cristián Lorca en el elenco internacional y Arturo Jiménez en el estelar, y mientras como Yamadori se alternaron el barítono Pablo Oyanedel y el tenor Roberto Díaz, Kate Pinkerton estuvo interpretada por las sopranos Marcela González y Pamela Flores.


Tuesday, July 30, 2013

Romeo y Julieta en el Teatro Municipal de Santiago, Chile

 Fotos: Patricia Melo TMS
 
Johnny Teperman.
 
Con un elenco de excelentes voces y una producción brillante en todos sus aspectos, regresó al Teatro Municipal, tras 13 años de ausencia,  la ópera 'Romeo y Julieta', del compositor francés Charles Gounod. Particularmente atractivas, resultaron las interpretaciones de los protagonistas, la soprano japonesa Eri Nakamura y el tenor rumano Teodor Ilincai, ambos con voces privilegiadas, todos bajo la dirección de escena del francés Jean Louis Pichon y el conductor orquestal franco canadiense Yves Abel.
'Romeo y Julieta 2013' Ninguna otra historia de amor ha logrado traspasar generaciones y formatos tanto como lo ha hecho la de 'Romeo y Julieta'. La pintura, la literatura, la música sinfónica, el ballet y la comedia musical han revivido el mito y, en 1867, Charles Gounod hizo lo suyo al convertir la tragedia de William Shakespearte en ópera. Desde su estreno en París, la obra ha cosechado innumerables éxitos y entre el 20 y el 30 de julio la obra ha retornado al Teatro Municipal de Santiago. 

El tercer título de la Temporada 2013  presenta una nueva producción del director de escena francés, Jean- Louis Pichon –autor, entre otros, del premiado montaje de 'Diálogo de carmelitas' ofrecido en este escenario en 2005–, y con la dirección musical de  Yves Abel quien ha debutado en nuestro país, tras exitosas presentaciones en el MET de Nueva York, la Ópera Estatal de Viena y la de Baviera, entre otras.
 
Dos artistas de ascendente carrera dan vida a la pareja de amantes más famosa del planeta. El rol de Romeo es interpretado por el tenor rumano Teodor Ilincăi,quien tras su debut en la Royal Opera House en 2009 ha destacado por su voz dulce y completa y por su técnica segura. Eri Nakamura, soprano lírica japonesa considerada una de las grandes promesas jóvenes de Convent Garden de Londres, interpreta el rol de Juliet "Ella es una mujer pequeña, con una sorprendente gran voz, proyectada con efectos que recuerdan a Mirella Freni. Eri impresiona en el ária "Je veux vivre"  de Julieta". se comentó de la soprano asiática, tras su participación en la final del BBC Cardiff Singer of the World Competition.
 
El elenco internacional lo completaron virtuosos cantantes, entre ellos, Homero Pérez-Miranda, Gäelle Arquez y Marc Canturri.El reparto estelar fue encabezado por otra talentosa dupla, compuesta por el tenor estadounidense Zach Borichevskyy  y la soprano chilena Paulina González, quienes compartieron escena con destacados artistas nacionales como Ricardo Seguel, Marcela González y Patricio Sabaté. Las funciones contaron  también con el Coro del Teatro Municipal y la Orquesta Filarmónica de Santiago, todos dirigidos por el Maestro Abel, importante difusor dela ópera francesa en Estados Unidos.
 
La grandiosa partitura de Gounod, con libreto de Jules Barbier y Michel Carré, acentúa los aspectos amorosos de la pieza teatral. Los constantes encuentros de Romeo y Julieta –desde la dicha inicial hasta el mutuo encuentro con la muerte– dieron pie para cuatro maravillosos dúos, que se suman a las célebres arias solistas “Je veux vivre” de Julieta y “Ah! léve-tuoi soleil” de Romeo. En este sentido, la puesta en escena de Jean-Louis Pichon–cuya escenografía y vestuario fueron diseñados por el recientemente fallecido Frédéric Pineau–buscó resaltar que Romeo y Julieta es, ante todo, una tragedia.
 
“Poco importa que la historia se desarrolle en Verona, en Nueva York o en cualquier lugar del planeta, sea durante la Antigüedad, la Edad Media o la Edad Contemporánea. Lo que sí es relevante, y que explica las decisiones de una escenografía que evita la reconstitución histórica y el decorativismo muchas veces apreciado en la ópera, es que nada debe desviar la atención del espectador de lo que el mito de Romeo y Julieta viene comunicándonos desde hace siglos: la dimensión trágica de la condición humana”, expresa Pichon.