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Wednesday, July 29, 2015

The Rake’s Progress en el Teatro Municipal de Santiago

Foto crédito es de Patricio Melo

Joel Poblete

Un nuevo hito para agregar al listado de óperas del siglo XX que en las últimas décadas ha estado incorporando a su repertorio el Teatro Municipal de Santiago fue La carrera de un libertino (The Rake's Progress), de Igor Stravinsky, que más de seis décadas después de su debut mundial tuvo al fin su debut en Chile como tercer título de su temporada lírica, en seis funciones con dos repartos, entre el 20 y 28 de julio. 

La obra se sintió muy viva y vigente aún en la actualidad gracias a su sentido teatral, que tan bien supo reflejar la atractiva y lograda puesta en escena de un equipo argentino comandado por el director teatral Marcelo Lombardero, e integrado por Diego Siliano a cargo de la escenografía, Luciana Gutman en vestuario y José Luis Fiorruccio en iluminación. Los mismos responsables de Rusalka, el otro estreno en Chile que en mayo inauguró la temporada lírica del Municipal. Pero a diferencia de ese montaje, que incluía distintos elementos mezclando aciertos con algunas ideas que no convencían por completo, en La carrera de un libertino el resultado fue muy estimulante y positivo. 

Como director de escena, Lombardero ha estado desarrollando un valioso aporte en el Municipal, desde su primer montaje en ese escenario, La vuelta de tuerca de Britten, en 2006. Ha sido el responsable de otros memorables estrenos del siglo XX en Chile, como El castillo de Barba Azul (2008), Lady Macbeth de Mtsensk (2009), Ariadna en Naxos (2011), y en 2013 el notable estreno latinoamericano de Billy Budd. Su versión de La carrera de un libertino sigue ambientándose en Londres pero ya no transcurre en el siglo XVIII sino en algún momento del siglo XX, o hasta se la podría ubicar en la actualidad; pero en este caso la modificación funciona a la perfección, porque en esta historia hay muchos elementos que se pueden hacer reconocibles en la realidad cotidiana incluso hoy, en 2015, una época de innegable y desatado hedonismo y consumismo. 

Así, en la propuesta de Lombardero -quien ya había abordado esta obra en 2009 en el Teatro Avenida de Buenos Aires- en algunos momentos se usan teléfonos móviles y entre otras ideas ya no vemos en la primera escena la casa de los Trulove, sino un campo de golf; el burdel de la segunda escena ya es derechamente un sensual lupanar donde jóvenes ensayan eróticos movimientos (la coreografía es de la chilena Edymar Acevedo), bailan en el caño y hasta una de ellas hace un topless; en otros momentos, una joven consume cocaína mientras el protagonista ve la revista Playboy o en otro instante lee el Daily Mirror, y llega a un exclusivo lugar en un lujoso automóvil mientras se ven manifestantes que protestan por la crisis económica. Incluso hay guiños a los grabados homónimos del británico William Hogarth que inspiraron a Stravinsky para crear esta pieza, que acá aparecen junto a carteles de información del metro londinense, como anuncio publicitario de una exposición en la prestigiosa Tate Modern. El lúdico espectáculo entretiene, es fluido y dinámico, hace reír pero también conmueve cuando es necesario, y a pesar de los cambios, es coherente con los temas que desarrolla la obra original y lo que indica su moraleja en el final. Otro gran mérito para la trayectoria en Chile de Lombardero y su equipo.

Y en el apartado musical los logros también fueron contundentes en ambos repartos. Hace dos años en el ya mencionado estreno local de Billy Budd fue uno de los pilares del notable resultado, y en su regreso a Chile volvió a ser fundamental el maestro británico David Syrus, quien desde hace cuatro décadas es Head of Music de la Royal Opera House de Londres: al frente de la Filarmónica de Santiago, dirigió una lectura matizada y atenta a todos los detalles, juegos estilísticos y contrastes rítmicos y sonoros que desarrolla Stravinsky en su partitura; además de funcionar muy bien como complemento de la propuesta teatral, nunca descuidó a las voces. Excelente y oportuna fue además la contribución desde el clavecín del pianista chileno Jorge Hevia.

Por su parte, los integrantes del Coro del Teatro Municipal dirigido por el maestro uruguayo Jorge Klastornik, que suelen destacar especialmente no sólo en lo musical, sino además en aquellas oportunidades en que también pueden desarrollar habilidades escénicas, se lucieron de manera notoria como actores y cantantes, particularmente en la divertida escena de la subasta y en el conmovedor desenlace en el manicomio, donde interpretan a unos expresivos orates. 


El elenco internacional demostró un excelente nivel general, destacando especialmente la pareja encarnada por el protagonista, el licencioso Tom Rakewell, y su fiel y sufrida amada Anne Trulove, interpretados por dos artistas que cantaban por primera vez en Chile. Como el primero, el histriónico tenor estadounidense Jonathan Boyd exhibió un sólido dominio como cantante y actor, siendo tan pronto simpático e ingenuo como despreciable, oportunista y conmovedor; seguro en sus notas agudas como en el resto del registro, su voz es dúctil, posee buena técnica y tiene un buen manejo del volumen, así como de los adornos y agilidades que en algunos momentos tiene su parte. Debutando en el rol, Anne fue la soprano australiana Anita Watson, quien fue muy creíble como la virtuosa e inocente joven, y lució una bella voz, cantando con seguridad, sensibilidad y delicadeza, conmoviendo en el final con la dulzura de su tierna canción de cuna "Gently, little boat", y sobre todo resolviendo muy bien uno de los momentos más hermosos y atractivos de la partitura, pero también uno de los más exigentes: su gran escena solista en el primer acto, "No Word from Tom", incluyendo la luminosa sección rápida con que finaliza, "I Go to Him".

Encarnando al mefistofélico Nick Shadow, otro debutante en Chile, el bajo-barítono estadounidense Wayne Tigges, convenció más como actor que como cantante, ya que su voz, no particularmente atractiva, es demasiado clara para el rol, aunque el artista se adapta bien a sus requerimientos estilísticos y fue adecuadamente sarcástico en sus intervenciones, y preciso en sus desplazamientos al entrar y salir a escena. La mezzosoprano británica Emma Carrington también actuó por primera vez en el Municipal, encarnando al que quizás es el rol más llamativo de la obra: Baba la Turca, una excéntrica mujer barbuda. En la versión de Lombardero, se prescindió de la barba pero de todos modos el look del personaje siguió siendo muy especial, ya que parecía un travesti al que la artista interpretó con desbordado y divertido desplante escénico, a lo que contribuyó su esbelta y alta figura, mientras en lo vocal mostró buenas notas graves pero un volumen irregular. 

Otra mezzosoprano, la chilena Evelyn Ramírez (quien en el segundo reparto, el llamado elenco estelar, fue también una destacada Baba la Turca con diversos detalles de acertada comicidad), cantó bien y fue muy convincente y sensual como Mother Goose, quien en este montaje pareció ser una verdadera dominatrix. En otros roles también contribuyeron el bajo-barítono argentino Hernán Iturralde, de sonoro y cálido canto como Trulove, el padre de Anne; el tenor chileno Pedro Espinoza, en un jocoso y bien cantado Sellem, encargado de la subasta; y en su breve intervención en la última escena como guardián del manicomio, el barítono chileno Pablo Oyanedel. 

El elenco estelar también se mostró a la altura de las circunstancias. El director residente de la Filarmónica de Santiago, el chileno José Luis Domínguez, ofreció una lectura vivaz y sensible, siempre atento tanto al foso orquestal y los numerosos detalles de la partitura de Stravinsky, como además plegándose a lo escénico y a los cantantes. Y aquí también destacó especialmente la pareja protagónica. Como Tom Rakewell, el tenor argentino Santiago Bürgi mostró una voz lírica muy adecuada a este rol, y en lo actoral convenció plenamente en el proceso de su personaje; y la soprano chilena Catalina Bertucci, quien ya demostró excelentes condiciones como cantante mozartiana en el Municipal -en Don Giovanni en 2012 y el año pasado en La flauta mágica-, fue una notable Anne, reflejando muy bien su candor y virginal pureza en escena y luciendo su hermosa voz, cantando con sutileza y dulzura, sorteando sin mayores apremios su bella y exigente escena solista del primer acto. Por su parte, con su habitual desplante y seguridad escénica y un canto seguro y potente, el bajo-barítono cubano-chileno Homero Pérez-Miranda se mostró divertido y adecuadamente sarcástico en el personaje de Nick Shadow. 



Tuesday, July 7, 2015

Madama Butterfly de Puccini en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Fotos: Patricio Melo

Joel Poblete

Tras ocho años de ausencia, la siempre popular y conmovedora Madama Butterfly de Puccini regresó al Teatro Municipal de Santiago, donde se presentó con dos repartos entre el 22 de junio y el 4 de julio, con tal éxito de audiencia que las localidades se habían agotado con semanas de anticipación y fue necesario agregar dos funciones. Aunque su trama y desenlace sean ampliamente conocidos, la belleza expresiva de la música y la triste historia de la joven geisha nunca dejan de emocionar al público; y Chile no ha sido la excepción: desde su debut local en 1907, el principal escenario lírico del país la ha presentado en más de 50 temporadas. 

Antes que los aspectos musicales, lo más llamativo del retorno de la obra maestra pucciniana fue la puesta en escena, una producción de Hugo de Ana estrenada originalmente el año pasado en el Colón de Buenos Aires. Indudablemente uno de los régisseurs y diseñadores más prestigiosos y experimentados surgidos de Latinoamérica, a lo largo de más de tres décadas De Ana ha estado previamente al frente de los montajes de 11 óperas distintas en el Municipal, y algunas de ellas figuran entre lo más memorable que ha presentado el teatro chileno. Con tales pergaminos, era de entender que hubiera curiosidad por la visión de De Ana sobre este popular y querido clásico, aún más considerando que en su estreno en Buenos Aires algunos de los críticos especializados lo habían calificado de "discutible", incluso usando adjetivos como "kitsch" y "recargado". Separando los tres actos en dos partes con sólo un intermedio, el montaje puede ser en verdad discutible, sobre todo considerando las expectativas que muchos pueden hacerse guiados por las convenciones escénicas que el público se ha acostumbrado a esperar en esta obra. Pero es imposible negar que una vez más De Ana demuestra su oficio y talento al encargarse tanto de la dirección teatral como de la escenografía, vestuario e iluminación.

Minimalista y desplegando diversos símbolos, el espectáculo no carece de momentos evocadores y de sugestiva belleza, en especial gracias a la iluminación de algunas escenas, a la presencia del mar en el fondo del escenario y al uso de efectivas proyecciones de imágenes como mariposas y flores, y también un video que acompaña el interludio que separa los actos segundo y tercero, momento en el que para ilustrar el sueño de la protagonista incluye también la llamativa y alegórica aparición de diversas figuras y personajes. Como suele ocurrir con De Ana, el vestuario fue uno de los elementos más lucidos. Pero también en el estreno se hizo notoria y a lo menos curiosa la aparición de "ninjas" en distintos momentos, o detalles de dudoso gusto, como las "guirnaldas" de flores que aparecen durante el bello dúo entre Butterfly y Suzuki, elementos que le quitaron a ese instante su magia y encanto. El uso del espacio escénico tampoco convenció por completo, y por momentos pareció muy recargado, afectando el desplazamiento de los cantantes, como en el primer acto, en particular en la llegada de la protagonista.

En lo musical, en el elenco internacional, el titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el ruso Konstantin Chudovsky, realizó una lectura correcta, aunque pudo ser aún más incisivo al destacar las decenas de detalles de una partitura tan rica, emotiva y fascinante; como comentamos en anteriores óperas que han contado con su batuta, debe cuidar más el equilibrio sonoro entre el foso y los cantantes, ya que éstos a menudo son cubiertos más de la cuenta por la orquesta. Y el coro del teatro, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornik, destacó especialmente por el delicado cortejo femenino que acompaña la entrada de la protagonista en el primer acto, y estuvo tan sólido como de costumbre. 

Es bien sabido que por su complejidad vocal y actoral Cio-Cio San, la protagonista, es uno de los roles más intensos y exigentes del repertorio para soprano. En el elenco internacional, fue encarnada por la soprano estadounidense Keri Alkema, quien ya había demostrado su talento y sólidas condiciones con dos roles de Verdi en el Municipal: en 2011 como Amelia en Simón Boccanegra, y el año pasado como una excelente Desdémona enOtello, en su debut en el rol. Este año aborda dos nuevos desafíos en el escenario chileno, al cantar por primera vez en su carrera dos papeles tan diversos como la dramática Butterfly, y en agosto Fiorilla en la comedia de Rossini El turco en Italia. En su primera Cio-Cio San volvió a exhibir una voz de bello color y un timbre parejo, así como buenos agudos y potencia en la emisión cuando era necesario, y aunque desde su aparición en escena pareció incómoda durante el primer acto, a partir del segundo en adelante fue mostrándose más firme y convincente; más que en la popular "Un bel dì vedremo", que resolvió sin sobresalir, resultó particularmente conmovedora en una desgarradora entrega de "Che tua madre dovrà prenderti in braccio", y en conjunto considerando que era su debut en el papel, fue una aceptable Butterfly con un innegable potencial, pero indudablemente todavía debe continuar desarrollando y profundizando el personaje a futuro. 

Junto a Alkema, el tenor Zach Borichevsky, también estadounidense y quien en el 2013 en el Municipal ya protagonizara el Romeo y Julieta de Gounod, regresó para encargarse del siempre ingrato rol de Pinkerton; volvió a exhibir una voz agradable y ahora mostró mejores notas agudas, y aunque su actuación sigue siendo convencional y un poco rígida, su presencia física y desplante funcionaron en el rol. Otro estadounidense, el barítono Trevor Scheunemann, debutó en Chile encarnando a un cónsul Sharpless menos cálido que lo habitual, pero de todos modos cantado con una voz sonora y bien timbrada; también debutó en el país la mezzosoprano rumana Cornelia Oncioiu, quien se llevó merecidamente algunos de los aplausos más efusivos del público por su excelente y entrañable interpretación vocal y teatral de Suzuki. 

Y aunque las comparaciones siempre son odiosas, es necesario resaltar cómo en su conjunto, el segundo reparto que interpretó la obra (en el llamado "elenco estelar"), realizó una labor mucho más satisfactoria que el elenco internacional. La producción de De Ana volvió a lucir tanto sus aciertos como sus aspectos más discutibles, pero al menos acá los aspectos musicales dejaron una sensación definitivamente más positiva, partiendo por la batuta del director chileno José Luis Domínguez, en una versión que en buena medida pareció más meticulosa y atenta a las muchas sutilezas y detalles de la maravillosa partitura, y mucho más cuidadosa en el balance entre las voces y la orquesta. 

En este elenco, en su debut en el Municipal y al frente de un reparto de cantantes chilenos, se lució particularmente la espléndida protagonista, la soprano española Carmen Solís. A diferencia de su colega en el elenco internacional, esta soprano ya había cantado previamente el rol, lo que se hizo notorio desde su primera aparición: segura y creíble en escena, se mostró eficazmente emotiva y sensible en su retrato de la sufrida geisha, tanto por su comprometido desempeño teatral como por la voz, potente, de buenas notas agudas (quizás debe trabajar más los medios y graves) y que se adapta muy bien al repertorio pucciniano. Tan pronto dulce y lírica como apasionada, intensa y dramática, resultó especialmente efectiva por la forma de decir sus frases y subrayar los matices musicales de la partitura. 

Junto a ella, Suzuki fue la mezzosoprano Evelyn Ramírez, quien ya había cantado este rol en la anterior presentación de esta obra en el Municipal, en 2007, y volvió a interpretarla con convicción escénica y buena proyección vocal. Por su parte el barítono Javier Arrey fue un Sharpless mucho más cálido y entrañable que su colega internacional, y con su timbre atractivo, buena voz y una certera emisión, volvió a demostrar el talento que le ha permitido desarrollar una carrera internacional cada vez más ascendente con el apoyo de artistas como Plácido Domingo y el fallecido director Lorin Maazel. Algunos peldaños más abajo se ubicó el Pinkerton del tenor Gonzalo Tomckowiack, quien se mostró convincente y desenvuelto en escena, aunque su voz se sintió más opaca y reducida en volumen en comparación con anteriores actuaciones en ese escenario, si bien sus notas agudas siguen siendo firmes y bien proyectadas. En ambos elencos los diversos roles secundarios permitieron destacar a artistas chilenos: el tenor Gonzalo Araya fue un eficaz y divertido Goro en los dos repartos, y también se repitieron Matías Moncada (comisario imperial), Felipe Ulloa (Yakusidé), María José Uribarri (madre), Francisca Cristópulos (tía), Madelene Vásquez (prima) y Carlos Guzmán (oficial del registro). El Tío Bonzo, cantado desde uno de los pisos superiores del teatro, estuvo bien cantado por los barítonos Cristián Lorca en el elenco internacional y Arturo Jiménez en el estelar, y mientras como Yamadori se alternaron el barítono Pablo Oyanedel y el tenor Roberto Díaz, Kate Pinkerton estuvo interpretada por las sopranos Marcela González y Pamela Flores.


Sunday, November 9, 2014

La Flauta Mágica en el Teatro Municipal de Santiago.

Foto: Patricio Melo / Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete 

Luego de la reposición en septiembre del exitoso montaje de Turandot del ya fallecido régisseur y diseñador argentino Roberto Oswald, que se ha presentado en diversas ocasiones en ese escenario y otros teatros latinoamericanos -y en el que en esta ocasión la soprano chilena Paulina González fue la figura más elogiada y aplaudida gracias a su Liú-, la temporada lírica 2014 del Teatro Municipal de Santiago está llegando a su fin con su último título, La flauta mágica, de Mozart, que se está presentando desde el pasado 29 de octubre. 

Indudablemente una de las partituras más queridas y populares del repertorio operístico universal, cada nueva presentación siempre concita atención y expectativas en el medio musical. Y en su regreso al Municipal, donde no se escenificaba desde 2007, significó un importante debut para la directora de escena chilena Miryam Singer, una de las figuras más significativas del ámbito lírico local, habitualmente elogiada y premiada por producciones que han incluido los estrenos en Chile de piezas como el Orfeo de Monteverdi y Der Kaiser von Atlantis de Ullmann.

En rigor, no era la primera vez que Singer es parte de una producción de ópera en ese lugar: primero destacó ahí como soprano en los años 80 y 90, y fue precisamente ahí donde debutó como directora teatral, hace ya dos décadas en Così fan tutte, otro título de Mozart, compositor que permite a la artista desarrollar sus mejores herramientas, con ingenio y haciendo verdaderos milagros desafiando los presupuestos reducidos. Pero este sí era su debut en la temporada lírica oficial del Municipal, justo con una partitura con la que ha estado asociada durante años, tanto en su etapa como cantante como también a través de aplaudidos montajes que han incluido una gira por su país. 

En sus puestas en escena Singer suele encargarse no sólo de la régie, sino además de la escenografía y vestuario y de la supervisión de las imágenes virtuales que elabora un equipo audiovisual encabezado por Erwin Scheel, y así fue también en esta Flauta mágica. En general es una producción tan juguetona y llamativa como requiere este título, que funciona como cuento de hadas para toda la familia, pero también como alegoría social, humanista e incluso religiosa y política. Como es habitual en sus trabajos, la propuesta mezcla algunos elementos físicos de escenografía -muy lograda la primera aparición de la Reina de la Noche- con la proyección de imágenes que ilustren y acompañen lo que pasa en escena. Este último aspecto, que tan bien ha funcionado en otras producciones dirigidas por ella de La flauta mágica, no convenció por completo en determinados segmentos (como las criaturas que bailan al son de la flauta mágica, un instante habitualmente adorable y efectivo que acá no tiene mucho impacto), aunque algunos momentos estuvieron resueltos de manera eficaz, como la pirámide que se va desplegando durante el aria de Sarastro "In diesen heil'gen hallen".

Lúdico y muy colorido, en lo escénico el montaje recicla algunas ideas ya vistas en otras presentaciones dirigidas por Singer y mezcla estilos, épocas y tendencias visuales, algo que no es grave al tratarse de una obra que permite diversas lecturas en un marco fantástico que no tiene límites fijos totalmente definidos, lo que a menudo se presta en otros escenarios para muchos desbordes y excesos kitsch, aspecto que acá en general fue bien resuelto, salvo ocasionales arranques que pueden no ser del gusto de toda la audiencia, o en el poco lucido vestuario, quizás el elemento menos acertado de esta puesta en escena, que al menos se ve beneficiada por el sólido aporte de Ramón López desde la iluminación. En definitiva es una puesta en escena efectiva, en especial para quienes nunca han visto esta ópera, pero no entusiasma o convence si uno ya la conoce, quizás porque no transmite un sentido de unidad y fluidez como concepto teatral o en sus elementos visuales. 

El apartado musical fue en buena medida mucho más convincente y logrado que lo escénico. En la versión del elenco internacional, el director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el ruso Konstantin Chudovsky, volvió a demostrar su eclecticismo en ópera -el público santiaguino lo ha visto dirigiendo títulos de Mussorgsky, Rossini, Verdi y Janáček- en una lectura no demasiado inspirada o incisiva, pero de todos modos correcta y eficaz. Contó con un buen reparto, en el que brilló especialmente la espléndida Pamina de la ascendente soprano alemana Anett Fritsch, quien posee una hermosa voz, unida a una buena técnica y presencia escénica, lo que le permitió destacar en su conmovedor "Ach, ich fühl's" y en el cuarteto con los genios. También estuvo bien el tenor Joel Prieto, de regreso en Chile luego de su Beppe en Pagliacci en 2010; excelente cantante y adecuado actor, Prieto fue un excelente Tamino, muy bien afiatado con sus colegas y de especial lucimiento en "Dies Bildnis ist bezaubernd schön". El estadounidense Adam Cioffari, quien ya tuviera un rol secundario en el Municipal el año pasado en el estreno latinoamericano de Billy Budd, fue ahora un Papageno simpático y encantador como dicta la tradición. Y el bajo coreano In-Sung Sim, quien cantara en el Municipal en el Attila de 2012, volvió a ser un convincente y sonoro Sarastro en Chile, personaje que ya encarnara ese mismo año en el Teatro del Lago de Frutillar, en el sur de ese país. 

Aunque sólo aparece en escena en tres ocasiones durante la obra, es habitual que el rol de la Reina de la Noche, patrimonio de las mejores sopranos de coloratura, se convierta en el más aplaudido de la función, gracias a sus dos demandantes arias. Lamentablemente, en su debut en Chile, aunque exhibió un material vocal con potencial, la soprano estadounidense Jennifer O'Loughlin tuvo severos problemas en ambos números musicales, si bien mejoró algo en las funciones posteriores. Sin ser extraordinaria, y aunque las comparaciones siempre son odiosas, no se puede dejar de reconocer que en el segundo reparto, el llamado "elenco estelar", la brasileña Caroline De Comi fue mucho más satisfactoria en el personaje, y aunque también tuvo algún ocasional problema fue más efectiva en sus notas agudas y agilidades.

Dirigido por el chileno José Luis Domínguez en una lectura coherente y que en más de un momento pareció más adecuada y vital que la del elenco principal, este segundo reparto también tuvo como figura más sólida a la intérprete de Pamina, en este caso la estupenda soprano chilena radicada en Alemania, Catalina Bertucci, de bella voz y delicada y convincente en lo actoral, quien cantó con sensibilidad y sutileza. Muy cerca estuvo también el divertido y adorable Papageno del siempre notable barítono chileno Patricio Sabaté, quien como era de suponer logró conquistar al público con su canto y actuación, muy bien apoyado por la Papagena de la soprano Jessica Rivas. Por su parte, como Tamino, el tenor chileno Exequiel Sánchez cuenta con buenos medios vocales y actúa con convicción, pero aún debe trabajar más su voz, en especial la emisión de las notas altas. Y encarnando a Sarastro, el habitualmente excelente bajo-barítono chileno David Gáez tuvo un desempeño menos brillante que en otras óperas: alcanzó las notas graves del rol, pero pareció incómodo en más de un momento (además de acelerado en algunos pasajes), la proyección y volumen de su voz fueron más irregulares que en otras ocasiones y no consiguió transmitir por completo la nobleza y serenidad de su personaje. 

Además de los artistas ya mencionados, tanto en el elenco internacional como en el estelar se contó con el valioso aporte de cantantes chilenos en los distintos roles secundarios, destacando especialmente la soprano Andrea Betancur como una Papagena adorable y los tenores que encarnaron a Monostatos -el personaje con el look más estrambótico de estas funciones-, Gonzalo Araya y Rony Ancavil, además del orador y primer sacerdote del experimentado Rodrigo Navarrete, y el tenor Luis Rivas, de grato timbre y canto firme y seguro, quien fue una bienvenida sorpresa vocal como el segundo sacerdote. El Coro del Teatro Municipal, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornik, se lució particularmente en su sección masculina, en el bello "O Isis und Osiris". 

Monday, July 28, 2014

LAKMÉ en el Teatro Municipal de Santiago‏ de Chile

Foto: Patricio Melo / Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete 

La única vez que la ópera de Léo Delibes Lakmé se había presentado en Chile fue en 1904, por lo que su regreso tras 110 años en la actual temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago ha tenido casi un carácter de estreno, por lo que había muchas expectativas con la premiere del Elenco Internacional, que se realizó el sábado 05 de julio y contó con la ilustre presencia en el público de Plácido Domingo, quien se encontraba de visita en Chile para un recital masivo y gratuito que ofrecería dos días después junto a la soprano Verónica Villarroel. 

Estrenada en París en 1883, Lakmé es la ópera más famosa que compuso Delibes, quien es más conocido universalmente por la música del ballet Coppélia; pese a que con el tiempo dos de sus números musicales -el "aria de las campanas" y muy especialmente el "dúo de las flores"- han alcanzado una fama más allá de la ópera, y si bien todavía sigue siendo muy habitual en escenarios en países de habla francesa, no es tan frecuente verla en otras latitudes, lo que por lo mismo aumentaba aún más las expectativas. 

Fiel exponente de las obras "orientalistas" que reflejaron en el siglo XIX el interés y fascinación por lo que en esos años era considerado exótico, el argumento es bastante tradicional en su romance prohibido entre una sacerdotisa y un oficial inglés en el período de la dominación británica de la India. Si la ópera aún hoy fascina y encanta al público es especialmente por la hermosa música de Delibes, que a pesar de la ambientación exótica de la trama, es inequívocamente francesa en su mezcla de elegancia y delicadeza, pasión y romanticismo, con su exuberancia y sus irresistibles y encantadoras melodías.

Lamentablemente, decepcionó la puesta en escena del experimentado director de escena francés Jean-Louis Pichon, quien en sus anteriores visitas a Chile había destacado especialmente por su abordaje de los títulos franceses: así lo demostró su debut en Chile con el memorable estreno en el país de Diálogos de carmelitas en 2005, y posteriormente en Los pescadores de perlas y el año pasado con Romeo y Julieta, mientras en obras italianas como Rigoletto en 2010 y Lucrezia Borgia en 2012 los resultados fueron menos convincentes. Su producción de Lakmé, en la que predominaron el azul y el blanco, fue menos inspirada de lo esperado; la dirección teatral fue plana y poco imaginativa, en especial en el uso del coro y los desplazamientos de los protagonistas. En esto sin duda influyó la escenografía minimalista y simbólica de Jérôme Bourdin, un diseño único -que según se desprende del texto explicativo del director teatral en el programa de sala, representaría al aura de la sacerdotisa- que se mantuvo a lo largo de los tres actos en que se divide la obra, lo que hizo aún más monótona y reiterativa la propuesta escénica, además que limitó mucho el uso del espacio, sobre todo para el coro. Sin embargo, gracias a la lograda y atmosférica iluminación de Michel Theuil, de todos modos el diseño escenográfico logró algunas variaciones y momentos muy bellos y sugestivos en lo visual (como en el "aria de las campanas", por ejemplo), y el vestuario del propio Bourdin es en verdad hermoso, llamativo y muy adecuado. Eso sí, teniendo en cuenta que esta obra podría fácilmente prestarse para el desborde visual, lo recargado e incluso el kitsch, puede ser valioso como propuesta haber optado por un enfoque más sobrio y minimalista (como el que Pichon ya desarrollara en 2009 en el Municipal con Los pescadores de perlas), pero de todas formas eso le restó lucimiento dramático a la obra, que si logró destacar fue especialmente por los sólidos logros musicales. 

El maestro chileno Maximiano Valdés, quien fuera director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago entre 2002 y 2006, ha regresado en distintas ocasiones al Municipal, pero no dirigía una ópera en el teatro desde 2005, precisamente cuando estuvo al frente de ese estreno en Chile de Diálogos de carmelitas que contó con el debut local de Pichon. En esta ocasión su batuta atenta y detallista fue un gran apoyo para los cantantes, y supo resaltar toda la belleza y refinado romanticismo de la partitura de Delibes (que se ofreció con algunos cortes, por ejemplo en las escenas de danza), subrayando tanto los momentos de pasión, poesía y lirismo, como aquellos que desarrollan cierto color local para representar la tradición de la India.   

Desde que en 2009 ganara el primer lugar y el premio del público en el concurso de canto de Plácido Domingo, Operalia, la trayectoria de la soprano rusa Julia Novikova ha ido en constante ascenso, llevándola a algunos de los más prestigiosos teatros líricos e incluyendo logrados hitos como su excelente Gilda en elRigoletto de Verdi en 2010, protagonizado por el legendario tenor -en su muy discutible faceta de barítono-, junto a Vittorio Grigolo y filmado en los lugares donde transcurre la historia en Mantua. Afortunadamente, en su debut en Chile y además interpretando por primera vez en su carrera a la protagonista de esta ópera, Novikova no sólo cumplió con las expectativas, sino además se confirmó como una cantante de enorme talento, poseedora de una voz bella y bien timbrada que sabe manejar muy bien; actriz sensible y creíble, supo reflejar la fragilidad y misterio de Lakmé, y triunfó en todas las complejas exigencias vocales del personaje, que incluyen por supuesto la temida "aria de las campanas" con toda la pirotecnia vocal de sus agilidades, agudos y sobreagudos, además de sus otros tres delicados momentos solistas.

Por su parte, como Gérald el tenor canadiense Antonio Figueroa, quien también debutaba en Chile, no sólo posee un físico ideal para un personaje romántico, sino además abordó un rol mucho más exigente en lo musical de lo que parece a primera vista, luciendo un estilo de canto típicamente francés y enfrentando la tesitura aguda y las por momentos arduas notas altas con convicción y seguridad, conformando una pareja ideal junto a Novikova, en especial en sus dúos; eso sí, su voz es de pequeño volumen y no siempre se proyecta lo suficiente en el teatro. Y como el severo brahmán Nilakantha, ese excelente cantante que es el barítono brasileño Leonardo Neiva, quien ha cantado anteriormente personajes principales y secundarios en otras cinco óperas en las temporadas del Municipal, logró resaltar sus indiscutibles cualidades como intérprete (incluso aunque fuera en un papel que habitualmente cantan voces más graves que la suya): una voz atractiva, de buen volumen, muy bien timbrada y cómoda en todo el registro, y una imponente presencia y seguridad en escena.

Los roles secundarios fueron encarnados por cantantes chilenos, salvo dos intérpretes extranjeros cuyo desempeño fue correcto aunque no excepcional: el barítono francés Aimery Lefèvre como Fréderic y la mezzosoprano española Nerea Berraondo como la sirvienta Mallika. Muy sólidos estuvieron los demás personajes que cantaron artistas nacionales, el tenor Rony Ancavil como el sirviente Hadji y el trío de divertidas damas inglesas, las sopranos Madelene Vásquez (Ellen) y Daniela Ezquerra (Rose), así como la mezzosoprano Claudia Godoy (Señora Bentson). Y aunque en esta obra las apariciones del coro no son tantas, de todos modos son importantes, en especial en el segundo acto, y como de costumbre, el Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornik, estuvo muy bien, así como los bailarines que se lucieron en la coreografía de Edymar Acevedo.  

El segundo reparto, el llamado Elenco Estelar, tuvo su debut el miércoles 09 con la eficaz dirección musical del chileno José Luis Domínguez -con buenos momentos, en especial los de mayor efusión romántica- al frente de la Filarmónica de Santiago. La protagonista fue una de las figuras más activas y elogiadas de la escena operística chilena, la soprano Patricia Cifuentes, quien este año cumple una década de su debut en el Municipal, escenario en el que ha cantado en más de una decena de títulos líricos, incluyendo las protagonistas de Lucia de Lammermoor y La hija del regimiento o roles como Leyla, Gilda y Norina; ahora encarnó por primera vez en su carrera el exigente personaje titular de Lakmé, y sin duda ofreció una de sus mejores interpretaciones. Atractiva y convincente en escena, manejó y proyectó muy bien su material vocal, tanto en las escenas más líricas como en las demandantes coloraturas y notas altas del "aria de las campanas". 

Junto a la soprano en este segundo reparto, en su debut en Chile se lució el excelente tenor francés Christophe Berry como Gérald, quien junto con demostrar tener más rodaje en el rol que su colega del elenco internacional, exhibió una voz hermosa, de adecuado volumen y proyección, agudos seguros y muy bien emitidos, y tal como era de esperar, el mejor estilo de canto francés de la velada, refinado, sutil y apasionado según correspondiera, en especial en los dúos con Lakmé. Como Nilakantha, el siempre sólido barítono chileno Ricardo Seguel destacó una vez más por su canto firme y sonoro, aunque en algunas zonas de su voz convenció menos que en otras ocasiones. Y los roles secundarios estuvieron bien cubiertos por otros intérpretes chilenos, en especial por la mezzosoprano Gloria Rojas como Mallika. 

Wednesday, January 11, 2012

"CARMINA BURANA" EN RUINAS DE HUANCHACA CHILE

MÁS DE 8 MILPERSONAS VIERON OBRA SINFÓNICO CORAL"CARMINA BURANA" EN RUINAS DE HUANCHACA.

ANTOFAGASTA, CHILE, Johnny Teperman A.

En una producción gigantesca, el Ministerio de Minería de Chile, el Teatro Municipal de Santiago y la empresa cuprífera Xstrata Copper, presentaron la gran obra “Carmina Burana”, de Carl Orff, en uno de los entornos patrimoniales más emblemáticos del norte del país. Más de 8 mil personas disfrutaron y se conmovieron con la presentación de la obra “Carmina Burana”, de Carl Orff, en un mágico entorno natural con las Ruinas de Huanchaca como telón de fondo, en la Región de Antofagasta. El aplaudido espectáculo, fue ofrecido por la Orquesta Filñarmónica de Santiago y el Coro del Teatro Municipal de Santiago. Esta fue la segunda de cuatro presentaciones de “Carmina Burana” que se están realizando en las principales localidades mineras del país, en el contexto de la gira “Un Canto a la Minería”, iniciativa que responde al esfuerzo mancomunado de importantes actores de la industria minera nacional: Xstrata Copper,Codelco y Doña Inés de Collahuasi, las que actúan como co-organizadoras de este proyecto liderado por la cartera de Minería y el Teatro Municipal de Santiago. La obra fue interpretada por el Coro del Teatro Municipal, que dirige el maestro Jorge Klastornick, formado por 60 voces, junto a la soprano Pamela Flores, el barítono Pablo Oyanedel y el tenor Germán Greene y fue acompañado por la Orquesta Filarmónica de Santiago, con 82 músicos.El concierto fue dirigido por el maestro José Luis Domínguez. "Estamos muy contentos porque a través de esta iniciativa estamos acercando la minería a los chilenos y chilenas, por ello escogimos las Ruinas de Huanchaca como locación porque sin duda es un ícono de la minería de principios del siglo XX y fue el escenario perfecto para que los antofagastinos disfrutasen de un espectáculo de gran nivel al aire libre y totalmente gratuito. Esta gira ha logrado entregar al público un espectáculo monumental en entornos espectaculares”, afirmó el Ministro de Minería, Hernán de Solminihac.
El vicepresidente de Asuntos Corporativos y Desarrollo de Negocios de Xstrata Copper, Nicolás Fúster, señaló: “Anoche, la comunidad de Antofagasta pudo disfrutar de una velada maravillosa con este concierto único e inolvidable, que llegó a las Ruinas de Huanchaca gracias a la alianza entre el Ministerio de Minería, el Teatro Municipal de Santiago y Xstrata Copper. Se generó un gran interés en presenciar la obra ‘Carmina Burana’, lo que como empresa presente en la región a través de nuestra mina Lomas Bayas y el Complejo Metalúrgico Altonorte, nos enorgullece, pues se realizó un espectáculo cultural y de entretención familiar que esperamos sea un aporte para la comunidad de Antofagasta”. “Hemos presentado un espectáculo de gran calidad, con un esfuerzo enorme de producción, por lo que sentimos gran satisfacción al ver la excelente recepción que tuvo esta gran obra en la comunidad antofagastina. Este es otro hito en nuestra misión de llegar con lo mejor de la producción artística del Teatro Municipal de Santiago a todos los chilenos”, manifestó Pablo Zalaquett, Alcalde de Santiago. Las siguientes presentaciones de “Carmina Burana” serán en la playa Cavancha del puerto de Iquique y en la medialuna (recinhto de rodeo) de la ciudad de Rancagua, en la Sexta Región, del centro sur del país.

Wednesday, June 1, 2011

Tosca en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Teatro Municipal de Santiago.

Johnny Teperman
Con la ópera "Tosca", una de las más populares del repertorio internacional, se abrió a fines de mayo, la temporada lírica 2011 de Chile en el Teatro Municipal, en la que se ofrecerán seis títulos en total a lo largo del año. Estos son: "Ariadna en Naxos", de Richrd Strauss (13 al 23 de junio). "Boris Godunov", de Modest Mussorgsky (22 al 29 de julio). "Simón Boccanegra, de Giuseppe Verdi (13 al 24 de agosto), "Don Pasquale", de Gaetano Donizetti (18 al 30 de septiembre). "Aída", de Giuseppe Verdi (27 de octubre al 8 de noviembre).  La ópera en tres actos , con música de Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, regresó con un gran reparto encabezado por la soprano portuguesa Elizabete Matos (Tosca); por el tenor coreano Alfred Kim (Cavaradossi) y por el gran barítono ruso Sergei Liferkus (Scarpia). Todos ellos, junto a la Orquesta Filarmónica de Santiago, fueron dirigidos por el maestro José Luis Domínguez. Y en una ocasión con el segundo elenco (o estelar) , con Pedro Pablo Prudencio, ambos chilenos. Las funciones de la ópera internacional fueron seis (incluyendo una gala) y las de la versión estelar, o segundo elenco, tres.  El elenco internacional fue conformado, además, por Marcelo Otegui (Angelotti), Pablo Ortiz (Spoletta), Ricardo Seguel (Sacristán), Pablo Jiménez (Sciarrone), Augusto de la Maza (carcelero) y Andrea Betancourt (pastor).  En las funciones de la Ópera Estelar, el trío de protagonistas fue interpretado por la soprano chilena de destacada carrera internacional Marcela de Loa-Holzapfel (Tosca); por el tenor peruano Andrés Veramendi (Cavaradossi), y por el destacado barítono cubano-chileno Homero Pérez-Miranda (Scarpia).  Los acompañaron David Gáez (Angelotti), Gonzalo Araya (Spoletta), Ricardo Seguel (sacristán), Pablo Oyanedel (Sciarrone), Arturo Jiménez (carcelero), y Andrea Betancourt (pastor).  Las funciones de la Ópera Estelar fueron los días 24, 27 y 30 de mayo, este último día, bajo la dirección del maestro nacional Pedro Pablo Prudencio. La dirección de escena estuvo a cargo de Pier Francesco Maestrini, la escenografía y vestuario, del destacado artista chileno Pablo Núñez, y la iluminación, de Ricardo Castro.  Musicalmente es una obra maestra, y en cuanto a fama y popularidad hay pocas óperas que la igualan. "Tosca" es, sin duda, una de las mejores creaciones de Giacomo Puccini (1858-1924).
Fue estrenada en el Teatro Constanzi de Roma el 14 de enero de 1900 como el quinto trabajo del compositor italiano. Basada en el drama homónimo de Sardou, la historia es efectista e intrigante, muy eficaz como espectáculo ‘verista’ por el suspenso y las violentas emociones que incorpora. Los roles, fuertes y muy marcados en sus características, permiten un gran lucimiento vocal y teatral a los cantantes que los interpretan, como el de Tosca, Scarpia y Cavaradossi. Además, no pocas arias de esta obra se han hecho famosas como las dos de Cavaradossi y la plegaria de Tosca.  En la “Tosca” chilena 2011, una ópera en nuestro país también gran favorita, merece destacarse que se constituyó en un estreno que cumplió con lo esperado, aunque sin destacar en demasía. Tanto, la parte cantada como la teatral, la escenográfica como la de vestuario, fueron con una producción más que regular. No fue una Tosca sobresaliente, pero tampoco desilusionó. Tuvo el amplio apoyo del público, que reitero ue es una de sus favoritas.  Yendo a los solistas, sin duda que la figura principal fue el tenor coreano Alfred King, que en el año 2010, en el improvisado Teatro de la Escuela de Carabineros, lució sus pergaminos en la versión internacional de “Cavallería Rusticana” de Pietro Mascagni. Junto con poseer una voz de textura fina y dulce, Kim es un Cavaradossi muy posesionado de su papel, es intenso y sentimental y tiene las características de un belcantista neto.  La Tosca de la portuguesa Matos, también intensa y dolorida, aunque por momentos acentuó un ”vibrato” que contribuía poco a su lucimiento. En la escena de su enfrentamiento físico con Scarpia, hubo algunas licencias que afeaban la trama. La escena de su suicidio acertada por todo concepto.  El Scarpia de Leiferkus fue una desilusión. El barítono ruso ya siente el peso de los años. Su vpz indudablemente ha perdido potencia y eso lo aleja del personaje. Con respecto al segundo elenco, la gran soprano chilena Cristina de Loa Holzapfel encarnó a un personaje enamorado y sufriente. En general bien. Agradaron sus dúos con el joven tenor peruano Andrés Veramendi, de agradable voz.  Por último, en lo relativo al Scarpia del elenco estelar, el bajo barítono de origen cubano Homero Pérez-Miranda, se sintió a sus acnchas en el personaje. No sólo su canto fue correcto sino que su apostura física va con la caracterización del cínico policía.



Sunday, December 26, 2010

El Cascanueces - Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Teatro Municipal de Santiago

Johnny Teperman

El "Ballet Cascanueces", el clásico de la Navidad que encanta a los espectadores de todas las edades retornó a la semana de cierre de la temporada 2010 del Teatro Municipal. Ballet en dos actos, basado en un narración de Alejandro Dumas, sobre el cuento de E.T. Hoffmann, "El Cascanueces y el Rey de los Ratones". Música de Piotr Ilich Tchaikovsky, escrita en 1891-92. Ballet de Santiago, cuya directora artística es Marcia Haydée, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Santiago, conducida por José Luis Domínguez. Coreografía de Jaime Pinto, basada en la puesta en escena por Marius Petipa y encargada por el director de los Teatros Imperiales Iván Vsevolozhski en 1891. Asistente de montaje: Marcela Goicoechea. Escenografía y vestuario: Pablo Núñez. Iluminación: Ricardo Castro. Escuela de Ballet del Teatro Municipal, que dirige Patricio Gutiérrez. Elenco.- Solistas principales: Luis Ortigoza, Primer Bailarín Estrella; Natalia Berríos, Andreza Randisek, Maite Ramírez, Primeras Bailarina; Rodrigo Guzmán, José Manuel Ghiso, Primeros Bailarines; y César Morales, bailarín invitado que es el Primer Bailarín del Royal Ballet de Birmingham. Otros solistas: los niños Naomi Escobar y el pequeño Franz Valdés, Lidia Olmos, Gabriel Bucher, Monserrat López, Lucas Alarcón, Elizabet Espinoza y Carlos Inostroza. La obra se presentó en seis ocasiones en el Teatro Municipal y también se ofreció en funciones gratuitas al aire libre en la Plaza de la Constitución de Santiago (10 mil personas) y se puso en escena en las Ruinas de Huanchaca de Antofagasta (20 mil personas), El ballet "Cascanueces" ha sido calificado como el más completo de su género, pues reúne la fantasía de la historia, una hermosa música, la intervención de una gran orquesta y un numeroso elenco de bailarines, incluidos alrededor de 40 niños de la Escuela de Ballet del Teatro Municipal. Todo este conjunto atrajo a multitudes a sus representaciones. Y junto al deleite de grandes y chicos, pudo apreciarse la gran calidad técnica y el talento de los intérpretes, quienes incluso se dieron el tiempo en el intermedio para salir en masa y con sus trajes y máscaras a saludar a los asistentes y a tomarse fotografías con los niños (cerca de la mitad del público). "Cascanueces" se ha convertido en una tradición navideña. En diciembre, es la obra más representada en los principales escenarios de todo el mundo. Basada en la narración de Alexandre Dumas -que éste adaptó, a su vez, del cuento “Cascanueces y el Rey Ratón”, de E. T. Hoffmann-, su primera presentación se realizó en el Teatro Maryinsky de San Petersburgo (actual Kirov) el 6 de diciembre de 1892, con la coreografía de Lev Ivanov. La obra gira en torno a la Navidad de Clara y su hermano Fritz, quienes junto con recibir regalos, realizan un viaje inolvidable por un mundo de fantasía con atractivos personajes.

Monday, December 20, 2010

El Teatro Municipal de Santiago ofrece un "Lago de los Cisnes" de alto vuelo

Fotos: Patricio Melo - Teatro Municipal de Santiago
Johnny Teperman
El clásico ballet “El Lago de los Cisnes” regresó a fines de noviembreal Teatro Municipal de Santiago, con una nueva versión, del Ballet de Santiago, con una coreografía de su directora artística, la brasileña Marcia Haydée, que se constituyó en un estreno absoluto para el país. La obra llegó al escenario de Agustinas con San Antonio, el viernes26 de noviembre y comprendió un total de siete presentaciones. Cuatrode ellas fueron en vivo, con la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por el chileno José Luis Domínguez y otras tres, con apoyo decinta magnetofónica. La leyenda de la mujer-cisne del folclor ruso, con música de Piotr I.Tchaikovski, fue interpretada por Alain Honorez, primer bailarín del Royal Ballet de Flanders, para quien fuera creado el papel de Rothbarten esta oportunidad, convirténdose en la mejor figura del elenco principal. También destacaron, Luis Ortigoza, Bailarín Estrella del Teatro Municipal de Santiago y Natalia Berríos, primera bailarina del Ballet de Santiago en un primer elenco, y por César Morales, primer bailarín del Royal Ballet de Birmingham, junto a la brasileña Andreza Randisek, primera bailarina del Ballet de Santiago y el bailarín bosnio Miroslav Pejic, en el segundo elenco.

Las presentaciones en Santiago destacaron a los bailarines, todos situados cerca de la excelencia técnica y con figuras de brillo comoel belga Alain Honorez. En esta versión, nunca antes vista en Chile, los roles masculinos tuvieron un mayor protagonismo. Luis Ortigoza, interpretó, en la culminación de lo clásico, al Príncipe Sigfrido,esta vez inspirado en el mítico Rey Luis II de Baviera, primo de la emperatriz Sissi, y un enamorado de los cisnes; mientras que Alain Honorez fue su archirival, el malvado Rothbart, que nos ofreció un ballet más de esta época y nos señaló a un hombre practicamente convertido en cisne y la presencia de un final sorpresivo. Las dos parejas protagónicas se lucieron plenamente, tanto en los duos como en los solos, en un primer plano de gran dominio técnico, talento y sensibilidad. Las palmas pues, para Luis Ortigoza-Natalia Berríos y César Morales, Andreza Randisek. La escenografía y vestuario de Pablo Núñez, la iluminación, de José Luis Fiorruccio y la dirección musical de José Luis Domínguez,estuvieron en un elevado primer plano permanente. También debemos resaltar a las figuras secundarias que ofrecieronescenas elegantes de un animado preciosismo. Un voto de distinción pues, para José Luis Ghiso, Patricio Melo, Francisca Moya, Lidia Olmos, Elizabeth Espinoza, Rodrigo Guzmán, Esdras Hernádez, María Lovero, Carlos Inostroza, Monserrat López. Nicolás Caudullo, Ingrid Fuschloger y Deborah Oribe.