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Friday, April 27, 2012

La Forza del Destino - Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: Teatro Colón de Buenos Aires.

Dr. Alberto Leal

Siempre es gratificante sentirse más joven, sobre todo cuando uno lleva varias décadas encima. Esa sensación me invadió el domingo pasado cuando asistí al estreno de “La forza del destino”. Sentí, por primera vez, luego de su apertura, que nuestro querido Teatro Colón puede volver a empezar a brillar, como su historia lo reclama. Lo que valoriza más el hecho es que la versión fue mucho más completa que las habituales, con cortes abiertos que no sucedió en el pasado y sobre todo tratándose de una difícil obra Verdi. El Maestro Renato Palumbo realizó un magnífico trabajo, siempre en estilo, con gran temperamento pero cuidando la relación foso/escenario. La Orquesta respondió de excelente forma, brindando una impecable parte en lo musical. El hecho de escuchar la espléndida obertura luego del primer acto, contribuyó gratamente a la comprensión del drama.  Magnifico, sin duda alguna, fue el trabajo del maestro Hugo de Ana, de gran prestigio internacional. Desde momentos totalmente despojados hasta un hermoso Cristo de excelente realización – vaya un reconocimiento para los grandes artesanos de nuestro primer coliseo – de gran tamaño, belleza y absolutamente concreto. Su marcación actoral fue siempre precisa y el uso de algunas proyecciones siempre justas e impactantes. Otro tanto merece su diseño de vestuario, con una paleta de colores muy agradables a la vista y una excelente iluminación. Desde el punto de vista vocal se contaba con un elenco de importantes nombres internacionales. El cantante que más méritos mostró a través de la función fue el Barítono italiano Luca Salsi como Vargas. Con un hermoso timbre, un canto afinado y matizado, buen volumen y muy buenas dotes de actor realizó un trabajo de excelencia que tuvo su punto más alto en su aria "Urna fatal del mio destino" y la correspondiente cabaletta "Eglie e salvo...". Esperemos que repita su visita en otro rol verdiano.
 
La soprano Dimitra Theodossiou, de importante fama internacional y a quien tuve la oportunidad de ver, varios años atrás, en la Opera de Kassel, en el rol de Norma, mostró un hermoso timbre, una voz de adecuado volumen y un canto preciso, matizado, con excelente afinación, culminando con un exquisito “Pace, pace mio Dio!”. El tenor Mikhail Agafonov, como Alvaro, mostró un canto seguro, con agudos potentes y buena entrega. No lo favorece su timbre, seco, bajo en armónicos ni su estilo con claras reminiscencias de la escuela rusa. Pero su prestación fue valiosa y bien retribuida por el público.  El bajo Roberto Scandiuzzi con una excelente voz de bajo, dio la dignidad que su papel requiere, mostrando un contundente sector grave y muy buena línea de canto. Creo que para nuestra conocida Agnes Zwierko Preziosilla no es su rol ideal. Volvió a mostrar su impactante volumen, en algunos momentos sus agudos sonaron algo gritados. Pero se movió con bastante gracia y logró redondear un trabajo plausible. Luis Gaeta, compuso, con su reconocido nivel actoral, un simpático Meliton, más allá de alguna molestia en el sector agudo. Sabe explotar cada una de las situaciones que se le presentan y su nivel siempre es positivo. Muy lucido el Trabuco de Fernando Chalabe. Impactante vocalmente, en su corta parte, Fernando Radó y buen nivel en las intervenciones de Leonardo Estévez, Guadalupe Barrientos y Gustavo Feulien. El Coro estable realizó un excelente trabajo, no solo en la parte vocal sino también en lo actoral, moviéndose con gran soltura en toda la función. Solo espero que este sea un primer paso para mostrar el nivel que puede alcanzar nuestro teatro cuando el elenco está elegido con conocimiento. Y cuando se aprovechan los valores del equipo técnico, como en esta oportunidad.  Como siempre tratamos de hacer, estamos en tratativas de cubrir el segundo elenco. Ojala el Colón nos de la oportunidad. Creo que nuestros artistas lo merecen y no dudo que tendremos muy gratas sorpresas.

Saturday, June 18, 2011

Il Trittico en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Dr. Alberto Leal

Doy mi opinión sobre el primer elenco de esta puesta escenica del Il Trittico. Creo que Stefano Poda generó una puesta demasiado lúgubre, tampoco comparto el cambio de orden que dispuso en los títulos y tendría que tener en claro que las actualmente populares puestas “acuáticas” en Europa ya fueron vistas aquí este mismo año, en el Onegin del Teatro Argentino de La Plata, con más sentido que el apreciado en "Gianni Schicchi" y "Suor Angelica", ya que en "Il Tabarro" puede tener algo más de lógica. Logró algunos momentos de belleza visual, como el coreográfico caminar de la hermanas en Suor Angelica y la escenografía fue por momentos un factor positivo al igual que la iluminación. Pero el estatismo fue un factor de aburrimiento que es casi impensable en el tríptico, agravado en Il Tabarro. Además, la lentitud de movimientos – como efecto – fue lograda solamente a medias, siempre alguna acción rompía el efecto, cosa que no ocurre con algunas de las puestas de Robert Wilson, de quien tuve la suerte de ver su Butterfly en Los Angeles, y el efecto se mantenía todo el tiempo y por todos los personajes, de una manera tal vez robótica, pero de indudable fuerza. Aquí reinó el aburrimiento, la oscuridad, lo lúgubre. El vestuario, totalmente en negro y atemporal, en las tres operas, no contribuyó a aliviar lo visual para el espectador. En resumen, momentos de belleza plástica en una puesta totalmente olvidable. El Maestro Richard Buckley dirigió en estilo y con fuerza la Orquesta Estable, que sonó en general con excelente nivel. Solamente es criticable la falta de balance entre orquesta y foso. Por momentos, los cantantes con voces de menor volumen fueron tapados por la misma. La ya mítica figura de Juan Pons fue lo más destacable de la velada. A pesar del paso del tiempo su voz mantiene un hermoso timbre de barítono dramático, cantando con admirable dicción, impecable afinación y demostrando una vez más su calidad actoral, adecuando su accionar a cada uno de los papeles que le tocó interpretar.
La soprano Amarilli Nizza es una lírico de buen volumen con un timbre un tanto metálico y un, por momentos, molesto vibrato en la zona aguda. No lució en Il Tabarro, básicamente debido a su carencia de graves audibles, aunque siempre se mostro como una buena actriz. Mejoró su trabajo en Suor Angelica, basado en su labor actoral, generando un drama algo exterior, pero con efecto. Por el momento parece más destinada a roles de lírico que de spinto, cosa que quedó a la vista en Il Tabarro. Creo que para muchos de los presentes todavía será inolvidable la versión de años atrás de Cristina Gallardo Domas. Carl Tanner es un tenor con un timbre de voz no especialmente bello, posee un importante volumen pero su técnica lo lleva a emitir los agudos en forma muy abierta que afean su canto.
Agnes Zwierko es una mezzo que posee buen volumen y graves rotundos. Su técnica vocal no genera un canto parejo a través de todo su registro. No lució lo suficiente en Il Tabarro, mejoró en Gianni Schicchi, pero su actuación fue más convincente en Suor Angelica, aunque fue perjudicada por la reggie, ya que su entrada, pieza fundamental de la obra, pasó casi desapercibida. Creo que la contratación de Beatriz Diaz fue totalmente innecesaria. Aunque canta con buena técnica y apropiado gusto, su voz es pequeña en volumen y tengo la certeza que varias sopranos de nuestro medio pueden brindar una Lauretta de mejor nivel. Creo que la lista de nombres locales que pueden cantar a su nivel o mejorarlo no entraría en esta crítica. Los cantantes locales cumplieron en muy buena forma los roles asignados. Darío Schmunck volvió a brindarnos su bello timbre y exquisita musicalidad, aunque la orquesta de Puccini no parece la más adecuada para el volumen de su voz. Del resto del numeroso elenco se destacaron especialmente Mario De Salvo como Simone y María Luján Mirabelli, cantando una celadora con potente voz y la personalidad requerida.