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Saturday, April 29, 2023

I Vespri Siciliani en Bolonia

 

Fotos: Andrea Ranzi per il Teatro Comunale di Bologna

Nicola Barsanti

En el Comunale Nouveau de Bolonia (sede temporal del Teatro Comunale a la espera de la realización del proyecto de renovación y revalorización que se está llevando a cabo ahora), se estrenó la nueva puesta en escena de I Vespri Siciliani de Giuseppe Verdi, firmada por la directora palermitana Emma Dante.  Como es posible deducir de las notas del director, Dante optó por una escenografía más moderna en comparación con el período de referencia en el que se sitúa la obra y esto se pudo entender inmediatamente a partir de la elección del vestuario creado por Vanessa Sannino. Tuvimos, por tanto, una transposición temporal en la que, en lugar de la dominación francesa original de Sicilia en 1282, encontramos un grupo de criminales de la mafia que inducen a los que asisten a reconocer ya no a Elena como la presunta hermana del conde Federico de Austria, sino a los parientes por ella. la reconocida jueza: Rita Borsellino. Esto se confirmó inmediatamente durante el primer acto, en el que Elena, mientras canta su canción, lleva a cabo el desfile de pancartas con los rostros de las víctimas de la mafia, desde Libero Grassi hasta Pippo Fava, dando toda la fuerza que de ese canto-grito surgia con la esperanza de un mundo mejor.El sistema escénico es casi fijo, el elemento arquitectónico dominante es la fuente de Piazza Pretoria, también conocida como "de la vergüenza", que adquiere diferentes significados a lo largo de la ópera, adaptándose más o menos bien a las distintas necesidades del libreto. La función asumida por la puerta durante el tercer acto es bastante efectiva, lo que se prestó perfectamente a simular una prisión, mientras que durante el quinto acto la escena estuvo dominada nuevamente por los escalones del monumento en los que se produce primero la boda y luego se consuma la revuelta que verá la muerte de Arrigo, la desesperación de su padre y el despojo de los horrendos trajes de acetato de los mafiosos, que una vez presos bajo una red de pesca siguen retorciéndose sin posibilidad de salvación hasta que cae el telón. Eficaz final en el que aflora todo el poder evocador de un doloroso mosaico de la memoria. Las escenas y las luces fueron respectivamente de Carmine Maringola y Cristian Zucaro. Entrando en el reparto, la voz de la soprano Roberta Mantegna (en el papel de Elena) sorprendió gratamente y contribuyó con sus agudos precisos a la excelente interpretación de los cuartetos finales del tercero y cuarto actos. Notables estuvieron los filati y el acertado pianissimi logrados en el aria: “Arrigo! ah parli a un core” como también la agilidad que ostentaba el aria del quinto acto “Mercè dilette amiche”. En el plano escénico, sin embargo, hubiera sido preferible encontrar más carácter e ímpetu en una mujer siciliana consumida por un sentimiento de venganza por su hermano asesinado. El tenor Stefano Secco, en el papel de Arrigo, no emocionó particularmente durante los dos primeros actos, mientras que a partir del dúo con Monforte en el tercero fue en completo ascenso, brindando al público un momento particularmente emotivo en el dúo con Elena "“E dolce raggio", donde fue posible ver los matices de una canción desgastada por el amor. Excelente, su presencia escénica. Merece la debida consideración el barítono Franco Vassallo en el papel de Guido di Monforte, que demostró un instrumento capaz de adaptarse a la perfección a las dificultades de la partitura, dosificando proyección sonora, carga dramática y presencia escénica a raudales. El personaje de Giovanni da Procida fue debutado con la extraordinaria voz del bajo Riccardo Zanellato que concluyó maravillosamente el dificilísimo papel que le ha sido asignado, comparable al de Zaccaria en Nabucco. Con su aria di sortita “O patria, o cara patria… O tu, Palermo” combinada con “Addio mia patria” fue posible escuchar una abigarrada infinidad de colores y matices posibles por su sólida, dulce y poderosa emisión. También estuvieron bien los comprimarios Il sire di Bethune de Gabriele Sagona, Il conte di Vaudemont de Ugo Guagliardo, la buena Ninetta de Carlotta Vichi, Danieli de Francesco Pittari, Tebaldo de Manuel Pierattelli, Roberto de Alessio Verna y Manfredo de Vasyl Solodkyy. La excelente dirección de la Maestra Oksana Lyniv sorprendió desde la sinfonía del preludio por la esmerada minuciosidad que la joven directora tuvo con la partitura, los tempos fueron siempre correctos y equilibrados, siempre al servicio del canto, buscando en un aspecto sumamente apreciable una forma de dosificar bien los volúmenes con respecto a un entorno acústicamente difícil. Muy bueno también para el coro dirigido por la M° Gea Garatti Ansini.  Aplausos para todos, incluido para la directora de escena, quien en la tercera función a la que asistimos, subió al escenario para saludar al público.



Monday, October 14, 2019

Ángel de Fuego en Roma


© Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Alberto Rosas 

El Ángel de Fuego de Prokofiev es sin dudas una las apuestas más atractivas, y a la vez más atrevidas que se incluyen en la presente temporada en la ópera de Roma. El repertorio no-italiano suele ser una apuesta difícil para los teatros italianos, considerando el amplio y vasto repertorio de sus propios compositores y la reticencia de un público como el italiano que al parecer no termina por aceptar completamente obras en lengua distinta a la suya.  La destacada Emma Dante, ofreció una lectura comprensible de la trama, que mezcla elementos de lo misterioso y la brujería con la pasión e incluso con la locura. El ángel que forma parte de la imaginación del personaje de Renata, qui fue representado por un bailarín, y sin perder hilo conductor de espectáculo, Dante jugó de manera paralela con dos mundos el de la realidad y lo oculto.  Diversos personajes aparecen en escena, con un montaje que es austero, con elementos en escena como unos libros que representan una biblioteca o un salón con un muro al fondo, donde interactúan, entrando y saliendo, diversos personajes.  Nada aquí fue exagerado, solo se trató de ideas con ingenio que no fueron invasivas en una trama que ocurre y se sitúa en la Alemania del siglo 16.  Al frente de la orquesta el director Alejo Pérez, condujo con atención y detalle una partitura que es intensa, y que por momentos suena hosca, belicosa, violenta y ardua para el espectador; pero el director argentino ofreció una lectura donde resaltó matices, y realzó la escena de manera enérgica, cuando le fue requerida.  Ewa Vesin, interpretó al personaje de Renata con convicción, con una voz profunda y de buena proyección.  De Leigh Melrose como Ruprecht, se destaca una actuación aguda y penetrante y un canto  con empuje y vitalidad, no precisamente refinado pero efectivo. El extenso elenco de personajes secundarios, todos cantantes muy competentes, tuvo un desempeño sobresaliente.

Wednesday, September 6, 2017

Macbeth en Turín

Foto: Ramella&Giannese
Renzo Bellardone

La puesta en escena de Emma Dante exaltó el poder maléfico de Lady Macbeth, así como los conflictos internos del protagonista, atormentado por los delitos cometidos.  La escena es expedita y hecha con pocos elementos escénicos, pero también es muy rica y bien contextualizada, no solo por los fáciles movimientos de las masas si no por la acción e interacción entre los personajes. Los colores sobresalen y el rojo permanece silencioso en contraste con el fondo negro, así como el color metálico de las coronas que aparece para invadir la escena. Solo hubo algunas perplejidades como los higos de la india o un esqueleto de caballo, que seguramente tenían algo de filológico y de un simbolismo no inmediato. De cualquier manera, la dirección fue vivaz y vivida con interesantes ideas y referencias, como la de San Sebastián en la representación de la muerte del rey Ducano. El director musical del teatro Gianandrea Noseda, estuvo indispuesto para dirigir por lo que designó a Giorgio Laguzzi, quien demostró habilidad para saber buscar el mejor ‘sonido’ para comunicar de la manera más completa, así como gesto claro y buena intensidad con el foso. El coro dirigido por Claudio Fenoglio en todas sus partes, tuvo buena presencia y movimientos coreográficas apegados a la idea de la dirección. Dalibor Jenis, barítono de voz bruñida y bien modulada tanto en los pasajes de incertidumbre como en su redescubierto coraje, se jactó de una buena presencia escénica que estuvo a favor de una cautivamente interpretación. 
Lady Macbeth fue personificada por soprano muy probada Anna Pirozzi, quien capturó los mejores acentos de la maldad del personaje y moduló la voz de manera apropiada.  Como Banco, Marko Mimica, se mostró decisivamente en su parte y sobresalió con voz profunda y colores muy interesantes, dando la apariencia exacta del personaje. El noble escoces, Macduff, tuvo a Piero Pretti, conocido del público turinés, quien entusiasmó particularmente en sus partes solistas. La narración tuvo a diversos intérpretes, de los cuales cabe resaltar la bravura de Alexandra Zabala en el breve, pero incisivo, papel de la dama de Lady Macbeth. Bien estuvieron, Sabino Gaita como Malcolm, el bajo Giuseppe Capoferri como el sirviente, y Lorenzo Battagion que con tremenda voz, imprimió vigor a la primera aparición, así como el sicario de Marco Spotelli.  En conjunto fue un sólido espectáculo desde la dirección, la interpretación y varios elementos como los vestuarios de Vanessa Sannino, las elegantes escenografías de Carmine Maringola y las esplendidas coreografías de Manuela Lo Sicco. Hace años acuñé una frase conclusiva que todavía me parece adecuada hoy. La música gana siempre.





Tuesday, July 11, 2017

Macbeth - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese

Renzo Bellardone

Per gli amanti dell’opera è sempre una bella sfida affrontare partiture di repertorio, presentate registicamente con visioni nuove, ma ritengo che le sfide siano il sale della vita in ogni suo comparto e quindi ben vengano le regie della siciliana Emma Dante, che colora sempre le sue visioni con i colori della tradizione o del paesaggio siciliano !

La rappresentazione messa in scena da Emma Dante esalta il potere malefico di Lady Macbeth ed i dissidi interiori del protagonista, tormentato dai delitti commessi! La scena è pulita e fatta di poche elementi scenici, seppure molto ricca e ben contestualizzata: non solo facili movimenti di masse, ma azione e interazione tra i ruoli. I colori la fanno da padrone ed il rosso si staglia contro il nero dei fondali, così come il metallico delle corone, che salgono e scendono ad invadere la scena. Solo qualche perplessità per i fichi d’India e forse per lo scheletro del cavallo, ma certamente c’era da cogliere un filologico od un simbolismo non immediato. In ogni caso regia viva e vivida con interessanti spunti e riferimenti come a San Sebastiano, nella rappresentazione della morte di re Ducano. Il direttore musicale del teatro Regio di Torino, Gianadrea Noseda impossibilitato per salute a dirigere, ha indicato lui stesso Giorgio Laguzzi, il quale ha dato prova di grandi abilità e di saper ricercare il miglior ‘suono’ nella sua completezza comunicativa; gesto chiaro e buona intesa con la buca, è stato acclamato. Macbeth è l’opera della maturità (penultima solo a Falstaff) e risente quindi di esperienze e ricerche che ne fanno un vero capolavoro. A Torino è stato scelto un cast di livello che ben ha seguito le indicazioni di regia e di direzione musicale. Predominante il coro diretto da Claudio Fenoglio nelle varie formazioni, femminile, maschile o al completo e di assoluta presenza i movimenti coreografici, ben sopra le righe, ma contestualizzati all’idea registica: uomini con grandi falli che mettono incinte continuamente le streghe sempre con pance evidenti, a contraltare di Macbeth e della sua Lady, senza figli fino alla morte in solitudine ! Dalibor Jenis, baritono dalla voce brunita e ben modulata sia  nei toni dell’incertezza, che del ritrovato coraggio, vanta anche una buona presenza scenica che può solo deporre a favore di una interpretazione accattivante.  Lady Macbeth è interpretata da una collaudata Anna Pirozzi che coglie i migliori accenti della cattiveria del personaggio per modulare la voce appropriatamente. Marko Mimica, nel ruolo di Banco è decisamente nella parte e costituisce parte di rilievo sia con voce profonda e dai colori davvero interessanti, che nel porsi esattamente nei panni del personaggio. Macduff, nobile scozzese, incontra Piero Pretti ben noto al pubblico torinese, che nemmeno in questa occasione delude, anzi entusiasma in particolare nell’assolo.  La narrazione prevede molti interpreti, dei quali possiamo rilevare la bravura: Alexandra Zabala nel breve, ma incisivo ruolo della dama di Lady Macbeth, Sabino Gaita nei panni di Malcom; Il domestico è il basso Giuseppe Capoferri, mentre Lorenzo Battagion con voce tonante imprime vigore alla prima apparizione ed il sicario è Marco Sportelli. Complessivamente un valido spettacolo forte sia della partitura che della direzione, sia dalle interpretazioni che dai vari elementi dei costumi di Vanessa Sannino, che delle scene eleganti di Carmine Maringola e delle splendide coreografie di Manuela Lo Sicco. Anni fa ho coniato un mio motto conclusivo, che ancora oggi trovo ben attagliato.: La Musica Vince Sempre !

Thursday, April 29, 2010

Emma Dante:Le Pulle, operetta amorale al Teatro CRT, Milano

Le Pulle foto di Giuseppe di Stefano


Licia Di Pillo
E’ proprio necessario dover scrivere una recensione? Preferirei gridare: «Correte tutti a vederlo, è uno spettacolo imperdibile e non lo si può raccontare a parole, è da vivere interiormente. Vi coinvolgerà completamente, vi turberà l’anima, vi rapirà tutti i sensi, vi terrà impegnata la mente senza che vi possiate distrarre neppure per un attimo. Non vi ricorderete neppure di essere degli spettatori…».
Ma devo scrivere e dunque le tre fatine trasformino le emozioni in parole; le stesse tre fate che, nel corso dello spettacolo, affiancano le pulle (le puttane), ossia quattro travestiti e un trans, dopo aver loro instillato l’anima femminile tanto desiderata, creando, tuttavia, una sorta di ambiguità sessuale. Le pulle ci rendono partecipi della ricerca di un’identità, della sofferenza dovuta alle incomprensioni esterne, in un mondo costituito da persone maldicenti e malpensanti, bigotte, rigide, che non lasciano spazio alla libertà di espressione individuale non omologata al sistema.

Le storie personali che ci vengono raccontate dalle cinque pulle sono tanto semplici quanto crude ed arrivano direttamente al cuore, senza volteggiare troppo come fanno le piume librate in aria; anzi, i suoni delle parole del musicalissimo dialetto palermitano, alternati a quelli delle avvincenti canzoni cantate dal vivo, ci afferrano subito alla gola fino a farci versare lacrime vere, pure. Emma Dante è riuscita a regalare sentimenti autentici con semplicità! E non solo. La regista siciliana ha saputo dosare la gradualità di tensione drammatica e di aspettativa creando un ritmo molto equilibrato tra la recitazione, il canto e la fisicità dei movimenti (frenetici, meccanici e viscerali), ritmo che, pur giocando sull’alternanza di tempi veloci e pause, è divenuto sempre più incalzante fino alla sorpresa conclusiva che ci ha rivelato la trasformazione psicologica dei personaggi e anche nostra!

L’ultimo suono di carillon, nostalgico, ormai così lontano dalla dolcissima ninna-nanna udita all’inizio, assume connotazioni completamente nuove perché nel frattempo ci siamo caricati di un macigno, ovvero di tutte le esperienze delle pulle che, in questo modo, si saranno affrancate….E noi che abbiamo preso parte a questa sorta di purificazione, di catarsi collettiva… ci chiediamo come sia stato possibile percorrere un cammino così lungo e ricco in soli ottanta minuti!

Un grazie sentito ad Emma Dante ed ai suoi straordinari attori!!

Monday, December 21, 2009

Carmen de Bizet en el Teatro alla Scala de Milán, Italia.

Foto: Anita Rachvelishvili (Carmen)Jonas Kaufmann (Don José) Marco Brescia / Teatro alla Scala.

Massimo Viazzo

Dos fueron las apuestas ganadas por el intendente del Teatro Alla Scala Stéphane Lissner y por Daniel Barenboim “maestro scaligero” hasta finales del 2013, en esta importante inauguración de temporada: la protagonista Anita Rachvelishvili de veinticinco años de edad, y la directora de escena la siciliana Emma Dante (quien de hecho debutaba en la escena lírica). La primera, es egresada de la Accademia della Scala, y la segunda, aunque tiene experiencia en la dirección de cierto nivel, es solo en el ámbito del teatro de prosa, pero aun así !ambas convencieron! Emma Dante mostró dotes fuera de lo común para poder captar la verdad escénica sin violentar la dramaturgia del libreto (en esta producción se reestablecieron los indispensables diálogos hablados). Poco importó que en lugar de España, la acción se haya ambientado en su Sicilia, sombría, intolerante, supersticiosa (con todo el despliegue de las procesiones, crucifijos, toldos y quemadores de incienso). Olvidando el folclor convencional, esta Carmen fue hecha con cuerpo, ritualidad y sensualidad mediterránea (las cigarreras en el baño fue inolvidables) y así, hubieron tantas ideas, que seria verdaderamente largo enumerarlas todas, y quizás hasta seria poco sustancial.
Es suficiente afirmar que Emma Dante logró la difícil empresa de separar esta opera de ese cliché que la tradición tiene engangrena, restituyéndola de manera viva, carnal, y también violenta (la pelea entre las cigarreras en el primer acto, como ejemplo, fue emblemática). Es normal que cuando el publico (por fortuna solo hubo una pequeña pero ruidosa facción) se encuentra desorientado comience a protestar. Pero creo que en el siguiente montaje de esta producción en noviembre del 2010, con Gustavo Dudamel en el podio, algunos censores pronunciaran un “mea culpa”. Anita Rachvelishvili fue un verdadero descubrimiento. La joven georgiana cantó muy bien, con perfecta homogeneidad de timbre, logrando infundir calor y pasión a cada frase. La suya no pareció una Carmen diabólica, y mucho menos una femme fatale, pero si una verdadera mujer que seducía con su fascinación natural. Como Don José, Jonas Kaufmann conquistó por su timbre bronceado y por su insolencia y prestancia en el acento, pero sobre todo porque nos permitió admirar capacidad de frasear sombreando con claroscuros la línea musical (una cosa rara en los tenores en la actualidad). Más ordinario fue el fraseo de Erwin Schrott, un Escamillo que como actor es experimentado.
Un poco incomoda vocalmente estuvo Adriana Damato como Micaela. La intérprete es pálida y su voz pareció no tener los apoyos justos para poder transitar siempre de manera satisfactoria. Sin embargo, su prestación fue en “crescendo” Al final de la representación y pensando en la dirección de orquesta me surge una pregunta: ¿le habría gustado a Nietzsche la Carmen de Daniel Barenboim? Cito a Friedrich Nietzsche porque fue justamente el propio filósofo alemán quien señaló que la obra maestra de Bizet era el justo antídoto para curar el “contagio” wagneriano (al cual ni el mismo permaneció inmune). De hecho aquella ligereza, brillantez solar, y aquella luz “africana” que tanto conmoviera a Nietzsche pareció no estar presente en las cuerdas del director de origen argentino. El peso fónico de los violines y alguna desviación en el tiempo, más lento de lo normal, no hicieron más que hacernos volver hacia el compositor del Ring. El merito de Barenboim, fue el de haber exprimido frecuentemente la partitura dejando aflorar bellezas secretas aunque después, con inusitadas rupturas nos sumergió nuevamente en el clima fatal de la obra (magistral en tal sentido fue la “escena de las cartas”). Aquel crescendo rítmico y dinámico, muy calibrado y envolvente, que en la taberna de Lillas Pastia lleva a un enredo casi infernal tuvo algo de prodigioso. Un conductoCursivar temerario guiando una embarcación que navega segura en una “prima” debe ser algo para enmarcarse.


Sunday, December 20, 2009

Carmen - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Anita Rachvelishvili (Carmen) Jonas Kaufmann (Don José)
Credito: Marco Brescia / Teatro alla Scala


Massimo Viazzo

Due le scommesse vinte dal sovrintendente del Teatro alla Scala Stéphane Lissner e da Daniel Barenboim, “maestro scaligero” fino al 2013, per questa importante inaugurazione di stagione. La venticinquenne protagonista Anita Rachvelishvili e la regista siciliana Emma Dante erano, infatti, al loro debutto sulla scena lirica, la prima freschissima reduce dagli studi alla Accademia della Scala, la seconda con esperienze registiche, anche di un certo rilievo, ma solo nell’ambito del teatro di prosa. Ed entrambe hanno convinto! Emma Dante ha mostrato doti fuori dal comune nel saper cogliere la verità scenica senza violentare la drammaturgia del libretto (in questa produzione sono stati anche ripristinati parte degli indispensabili dialoghi parlati). Poco importa se al posto della Spagna l’azione è ambientata nella sua Sicilia, cupa, bigotta, superstiziosa con tutto quell’apparato di processioni, crocifissi, baldacchini, turiboli e incensi. Bandito il folclore oleografico questa Carmen è fatta di fisicità, ritualità, sensualità mediterranea (le sigaraie al bagno restano indimenticabili) e… tante idee. Sarebbe davvero lungo elencarle tutte., e forse neanche sostanziale. E’ sufficiente affermare che Emma Dante è riuscita nell’impresa difficilissima di togliere quest’opera da quei cliché in cui la tradizione l’aveva ormai fatta incancrenire restituendocela viva, carnale, anche violenta (la zuffa tra le sigaraie nel primo atto, ad esempio, resta emblematica). Ed è normale che quando il pubblico (per fortuna solo una piccola, ma rumorosa, frangia) si trova disorientato, inizia a contestare. Ma, credo che già alla prima ripresa di questo allestimento nel novembre 2010 con Gustavo Dudamel sul podio parecchi censori reciteranno un bel “mea culpa”. Anita Rachvelishvili è una vera scoperta. La giovane georgiana ha cantato molto bene, con perfetta omogeneità timbrica, riuscendo ad infondere calore e passione in ogni frase. La sua non è parsa una Carmen diabolica, né tantomeno una femme fatale, ma una donna vera che seduce con il suo fascino naturale. Jonas Kaufmann ha conquistato per il timbro brunito e per la spavalderia e prestanza dell’accento, ma soprattutto lascia ammirati la sua capacità di fraseggiare ombreggiando di chiaroscuri (cosa rara nei tenori di oggi) la linea musicale. Più ordinario il fraseggio di Erwin Schrott (Escamillo), ma l’attore è navigato. Un po’ a disagio vocalmente, invece, Adriana Damato (Micaela). L’interprete è pallida e la voce sembra non avere gli appoggi giusti per poter correre sempre in modo soddisfacente. La sua è stata comunque una prestazione in crescendo. Al termine della recita pensando alla direzione d’orchestra mi è sorta una domanda: sarebbe piaciuta a Nietzsche la Carmen di Daniel Barenboim? Cito Friedrich Nietzsche perché fu proprio il filosofo tedesco ad additare il capolavoro di Bizet come giusto antidoto per guarire dal “contagio” wagneriano (di cui pure lui non ne era rimasto immune). In effetti quella leggerezza, quella solarità, quella luce “africana” che tanto commossero Nietzsche non sembrano essere nelle corde del direttore di origine argentina. Il peso fonico degli archi e qualche stacco di tempo più lento dell’usuale non possono che rimandare proprio al compositore del Ring. Merito di Barenboim è di aver spesso strizzato la partitura lasciando affiorare bellezze segrete salvo poi con strappi inusitati reimmergerci nel clima fatale della vicenda (magistrale in tal senso la “scena delle carte”). E quel crescendo ritmico e dinamico calibratissimo ed avvolgente che nella taverna di Lillas Pastia porta ad una ridda quasi infernale ha del prodigioso. Un timoniere impavido alla guida di una nave che veleggia sicura, per una “prima” da incorniciare!