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Sunday, March 16, 2025

Der Rosenkavalier en Bolonia

Foto: Andrea Ranzi

Ramón Jacques 

A pesar de permanecer cerrado por remodelaciones, el Teatro Comunale de Bolonia continúa ofreciendo temporadas muy completas y varias en cuanto a la cantidad de  producciones liricas, danza, ballet, jazz, conferencias; así como su temporada de música sinfónica, que muchas otras orquestas fácilmente podrían envidiar, por la cantidad de conciertos que se programan anualmente, con la presencia de importantes solistas y directores, que en el presente año incluye los nombres de: James Conlon, Riccardo Frizza, Zubin Mehta,  Frédéric Chaslin, Daniel Oren, Donato Renzetti, Roberto Abbado y Oksana Lyniv, por mencionar algunos, conduciendo obras del repertorio sinfónico de los ciclos 19 y 20 hasta la música contemporánea.  Siempre debe considerarse como una meritoria iniciativa que las orquestas de los teatros liricos realicen conciertos de música sinfónica de manera paralela a su labor en el foso operístico, y aunque es una práctica que han ido desapareciendo importantes teatros, es una costumbre que se mantiene vigente en los teatros más importantes de Italia.  El tercer concierto de este ciclo sinfónico fue dedicado al compositor alemán Richard Strauss (1864-11949) centrándose especialmente en su ópera, o comedia  musical en tres actos, Der Rosenkavalier, op 59, que, aunque es un título que  se escenificó por última vez aquí en 1995, y la reposición de la ópera completa estaba prevista en el 2021, tanto la pandemia como la reestructuración del teatro ocasionaron que se pospusiera hasta el otoño del 2026, en la que será la reapertura de la histórica sede en la piazza Verdi de esta ciudad.  Como un adelanto, en lo que llega ese día, en este concierto se escucharon   extractos musicales tomados del primero, el segundo y el tercer acto primero del Caballero de la Rosa, concretamente lo que involucran a los tres personajes principales femeninos unidos por una historia de amor, por lo que el título del concierto fue “Sophie, Octavian, Marschallin en concierto”  Como todos los conciertos de la orquesta, este se realizó en el Auditórium Manzoni, que es un reciento ideal para la ejecución de música sinfónica.  La velada inició con el Einleitung, el preludio que describe la noche apasionada entre la Mariscala y su joven amante Octavian, ¡que fue seguida por la emblemática aria de este último personaje “Wie du warst! Wie du bist" cantada con expresividad, intensidad y buenos medios vocales de oscuros y bruñidos tintes en el canto de la mezzosoprano alemana Stefanie Irányi, quien, junto a la elegancia, la presencia y la amplitud y el color vocal de la soprano alemana Julia Kleiter, cantando a la Mariscala, en su monologo “Da geht er hin, der aufgeblasene schlechte Kerl... Kann mich auch an ein Mädel erinnern” y en su dúo con Octavian “Ah! Du bist wieder da!” donde ambas mostraron compenetración y convicción y que, a pesar de tratarse de una versión no escénica, cada una se transformó en su respectivo personaje.  Con partes como el celebérrimo valzer de la entrega de la rosa en el segundo acto, se escuchó el dúo “Mir ist die Ehre widerfahren... Ich kenn' ihn schon” entre Octavian y Sophie, papel que aquí fue cantado por la soprano francesa Elsa Benoit, una de las artistas más interesantes que he escuchado en tiempos recientes, quien posee la elasticidad y plasticidad, que ha adquirido en su destacada trayectoria en la música barroca, y que ha sabido combinar, combinar con la nitidez y la cualidad cristalina de su canto en papeles más liricos del repertorio alemán, y que escénicamente supo representar una delicada y tierna Sophie. El concierto, cuyas escenas fueron bien hiladas de los pasajes orquestales e intermezzi contenidos en la partitura incluyó conmovedora escena del tercer acto, el trio entre la Mariscala, Octavian y Sophie, “Marie Theres!...Hab' mir's gelobt” que se caracteriza por el inconfundible estilo musical de Strauss, rico de los valzer y melodías tan características de la tradición vienesa.  En el podio de la orquesta estuvo presente el maestro Ascher Fisch, con una larga trayectoria dirigiendo ópera, condujo con solidez y buen pulso, además de buen gusto para extraer los momentos musicales más resplandecientes y radiante que contine la partitura, si algo de le puede reprochar es fue la fuerza y el volumen orquestal, que cubría las voces y que ocasionaba un esfuerzo innecesario de las interpretes para ajustad su emisión.  No obstante, el desempeño de las fuerzas de la orquesta fue meritorio, con homogeneidad y buen gusto; y la combinación de las voces hicieron que este concierto fuera memorable y de mucha satisfacción para el público presente en la sala Manzoni.



Saturday, April 29, 2023

I Vespri Siciliani en Bolonia

 

Fotos: Andrea Ranzi per il Teatro Comunale di Bologna

Nicola Barsanti

En el Comunale Nouveau de Bolonia (sede temporal del Teatro Comunale a la espera de la realización del proyecto de renovación y revalorización que se está llevando a cabo ahora), se estrenó la nueva puesta en escena de I Vespri Siciliani de Giuseppe Verdi, firmada por la directora palermitana Emma Dante.  Como es posible deducir de las notas del director, Dante optó por una escenografía más moderna en comparación con el período de referencia en el que se sitúa la obra y esto se pudo entender inmediatamente a partir de la elección del vestuario creado por Vanessa Sannino. Tuvimos, por tanto, una transposición temporal en la que, en lugar de la dominación francesa original de Sicilia en 1282, encontramos un grupo de criminales de la mafia que inducen a los que asisten a reconocer ya no a Elena como la presunta hermana del conde Federico de Austria, sino a los parientes por ella. la reconocida jueza: Rita Borsellino. Esto se confirmó inmediatamente durante el primer acto, en el que Elena, mientras canta su canción, lleva a cabo el desfile de pancartas con los rostros de las víctimas de la mafia, desde Libero Grassi hasta Pippo Fava, dando toda la fuerza que de ese canto-grito surgia con la esperanza de un mundo mejor.El sistema escénico es casi fijo, el elemento arquitectónico dominante es la fuente de Piazza Pretoria, también conocida como "de la vergüenza", que adquiere diferentes significados a lo largo de la ópera, adaptándose más o menos bien a las distintas necesidades del libreto. La función asumida por la puerta durante el tercer acto es bastante efectiva, lo que se prestó perfectamente a simular una prisión, mientras que durante el quinto acto la escena estuvo dominada nuevamente por los escalones del monumento en los que se produce primero la boda y luego se consuma la revuelta que verá la muerte de Arrigo, la desesperación de su padre y el despojo de los horrendos trajes de acetato de los mafiosos, que una vez presos bajo una red de pesca siguen retorciéndose sin posibilidad de salvación hasta que cae el telón. Eficaz final en el que aflora todo el poder evocador de un doloroso mosaico de la memoria. Las escenas y las luces fueron respectivamente de Carmine Maringola y Cristian Zucaro. Entrando en el reparto, la voz de la soprano Roberta Mantegna (en el papel de Elena) sorprendió gratamente y contribuyó con sus agudos precisos a la excelente interpretación de los cuartetos finales del tercero y cuarto actos. Notables estuvieron los filati y el acertado pianissimi logrados en el aria: “Arrigo! ah parli a un core” como también la agilidad que ostentaba el aria del quinto acto “Mercè dilette amiche”. En el plano escénico, sin embargo, hubiera sido preferible encontrar más carácter e ímpetu en una mujer siciliana consumida por un sentimiento de venganza por su hermano asesinado. El tenor Stefano Secco, en el papel de Arrigo, no emocionó particularmente durante los dos primeros actos, mientras que a partir del dúo con Monforte en el tercero fue en completo ascenso, brindando al público un momento particularmente emotivo en el dúo con Elena "“E dolce raggio", donde fue posible ver los matices de una canción desgastada por el amor. Excelente, su presencia escénica. Merece la debida consideración el barítono Franco Vassallo en el papel de Guido di Monforte, que demostró un instrumento capaz de adaptarse a la perfección a las dificultades de la partitura, dosificando proyección sonora, carga dramática y presencia escénica a raudales. El personaje de Giovanni da Procida fue debutado con la extraordinaria voz del bajo Riccardo Zanellato que concluyó maravillosamente el dificilísimo papel que le ha sido asignado, comparable al de Zaccaria en Nabucco. Con su aria di sortita “O patria, o cara patria… O tu, Palermo” combinada con “Addio mia patria” fue posible escuchar una abigarrada infinidad de colores y matices posibles por su sólida, dulce y poderosa emisión. También estuvieron bien los comprimarios Il sire di Bethune de Gabriele Sagona, Il conte di Vaudemont de Ugo Guagliardo, la buena Ninetta de Carlotta Vichi, Danieli de Francesco Pittari, Tebaldo de Manuel Pierattelli, Roberto de Alessio Verna y Manfredo de Vasyl Solodkyy. La excelente dirección de la Maestra Oksana Lyniv sorprendió desde la sinfonía del preludio por la esmerada minuciosidad que la joven directora tuvo con la partitura, los tempos fueron siempre correctos y equilibrados, siempre al servicio del canto, buscando en un aspecto sumamente apreciable una forma de dosificar bien los volúmenes con respecto a un entorno acústicamente difícil. Muy bueno también para el coro dirigido por la M° Gea Garatti Ansini.  Aplausos para todos, incluido para la directora de escena, quien en la tercera función a la que asistimos, subió al escenario para saludar al público.



Friday, January 20, 2023

Mirandolina en Bolonia

Foto: Andrea Ranzi

Roberta Pedrotti

Por ser una obra rara, ajena al repertorio actual, de un compositor no precisamente familiar a nuestras carteleras, Mirandolina de Bohuslav Martinů (1890-1959) disfrutó de cierta fortuna italiana en el siglo XXI: en 2003 en Lugo di Romagna (coproducción con Wexford, donde Riccardo Frizza subió al podio), el conductor Polastri y el director Curran; en 2016 en la Fenice de Venecia, con conducción de Axelrod y la dirección de Aliverta; hoy, como inicio de la temporada 2023 para el Teatro Comunale de Bologna, la directora Oksana Lyniv y Gianmaria Aliverta lo la hace nuevamente. Sin embargo, no se trata de una verdadera reposición, aunque la idea básica sea la misma, ya que hoy nos encontramos ante la necesidad de una nueva producción que sea una puesta semi-escénica sobre el escenario del Auditorio Manzoni compartida entre cantantes. y orquesta. El teatro Comunale está cerrado por reformas y la temporada de ópera se traslada a la zona de Fiera (feria), pero para el preestreno nos quedamos en el centro, como el año pasado, cuando se propuso en concierto el primer acto de Die Walküre. Hoy se evita la forma de oratoria pura y simple, y es una gran fortuna que una comedia basada literalmente en la locandiera goldoniana prefiera sufrir con los cantantes bloqueados detrás de los atriles. Aliverta, pues, hace lo que puede y lo hace bien; se sabe, es precisamente haciendo virtud de la necesidad con medios mínimos como se ha señalado. No se necesita mucho y no solo porque debe ser suficiente, sino porque realmente se puede lograr mucho con algo de luz de color, dos sillas de jardin, dos perchas, una tabla de planchar, una bañera, trajes elegidos para acompañar una caracterización efectiva de los personajes, un buen juego de actuación. Por otro lado, el primer mandamiento del director, seguido por Aliverta, es tener buenas actuaciones, condición sine qua non para materializar cualquier idea, sea buena o cuestionable. Y cuando estallan algunas risas en la sala, tenemos la confirmación de que el espectáculo dio en el blanco. También porque, a decir verdad, puede que no sea fácil reír y divertirse con Mirandolina, especialmente para un público de habla italiana. Músico distinguido que combina la lengua eslava de sus orígenes con la fascinación por los ambientes mediterráneos ya experimentados muchos antes que él (y el Saltarello de esta obra se mira hacia Mendelssohn), Martinů en sus últimos años de vida se dedicó a componer Mirandolina directamente a partir del texto de Goldoni, apoyándose en el italiano aprendido durante sus estancias en la península. Un resultado extraordinario, si se piensa en la proeza del bohemio luchando con esta lengua, un poco menos si se mira solo al resultado puro, que adolece de una imperfecta familiaridad con la acentuación y la prosodia italiana, tan diferente de su lengua materna (A propósito, cambió el signo sobre la u final de su apellido con un acento tónico para pronunciarlo Martinù: la tónica está en la primera sílaba).  Paradójicamente, el primer elenco checo (17 de mayo de 1959) debió estar más a gusto que una compañía como esta de Bolonia, casi todos hablantes nativos y por lo tanto a menudo comprometidos con acentos y escaneos distintos a los instintivas, en busca del espíritu de la comedia, de la ligereza, malicia e insinuaciones. A pesar de los guiños dispersos de Gianmaria Aliverta (a la evidente relación entre Ortensia y Dejanira se le suma el inevitable juego sobre el Caballero enemigo de las mujeres), a los que les costó un poco salir adelante con la concertación de Oksana Lyniv, quien también tuvo que lidiar con un equilibrio acústico que no fue precisamente fácil. La orquesta sonó bien, muy bien, la precisión en la interpretación de una partitura muy compleja fue verdaderamente admirable por parte de todos; sin embargo, el peso instrumental a menudo pareció apabullante y poco inclinado a la sonrisa, tanto que los mejores momentos fueron sin duda los interludios con sus colores a menudo sombríos y, en general, el último acto, cuando con la disolución de la trama y la explosión de la pasión del Cavaliere, los tonos de pasión de se volvieron un poco más encendidos. De cualquier manera, el elenco, merece un aplauso colectivo e incondicional. La ucraniana Olga Dyadiv tiene una excelente pronunciación, con un toque apenas exótico en sus parlati, una figura adecuada, una voz fina y precisa en una parte muy compleja en cuanto a la articulación, en el estilo recitativo checo derivado de Janáček pero con texto italiano, así como poco espacio para la explosión cantabile o virtuosa. Simone Alberghini, marqués de Forlimpopoli, recuerda a Alberto Sordi por su capacidad de caracterizar con el gesto y la voz, en lo cómico y en lo dramático, creando máscaras y no caricaturas; y Omar Montanari perfiló el tipo áspero y propenso al exceso del Cavaliere di Ripafratta sin que el personaje se le vaya de las manos con inútiles énfasis o perdiendo el control de la emisión. El trío de invitados masculinos se completó con Andrea Schifaudo adecuadamente patán como Conte d'Albafiorita, mientras que la pareja (de facto) de comediantes Ortensia y Dajanira estuvieron bien interpretadas por Giulia Dalla Peruta y Aloisia Aisemberg, graciosa muñeca y "marimacha" masculina, respectivamente. Leonardo Cortellazzi confirmó toda su clase de tenor en el papel de Fabrizio, muy bien cantado y con una pizca de franca altivez que le va muy bien al amante de Mirandolina. Haruo Kawakami interpretó muy bien el papel del sirviente del Cavaliere, mientras que Alessandro Pasini (también asistente de dirección) y Filippo Gonnella fueron dos audaces sirvientes del escenario y clientes de la posada. El público fue numeroso: hubo quienes apreciaron esta versión musical de Goldoni y hubo quienes se mantuvieron un poco más fríos, los comentarios abarcan un amplio espectro que no se detiene en la forma del vestuario ni en la duración de los agudos, sino que se centra en la obra, en el tratamiento del texto, en la interpretación de la música en la relación entre voces, orquesta y acción. El balance final de los aplausos es positivo: eso es bueno.

Sunday, December 18, 2022

Tosca en Los Ángeles


Foto: Cory Weaver / La Opera

Ramón Jacques

La LA Opera cierra el primer semestre de su temporada 2022-2023 programando la muy representada ópera de Giacomo Puccini: Tosca.  La obra, fue vista en este escenario por última vez en la temporada del 2017, y en la del 2013, contando ambas ocasiones con la brillante presencia e interpretación de la soprano Sondra Radvanoksky, en el papel principal. Como en aquellas dos ocasiones, una vez más se recurrió a la producción escénica, (coproducción con la Lyric Opera de Chicago, y la Houston Grand Opera, que la ofrecerá esta misma temporada) del director inglés John Caird (más conocido por su exitoso montaje del musical Les Misérables). Como ocurrió en su estreno aquí en el 2013, se reforzó la creencia de que es una escenificación poco atractiva o convincente. Si bien Baird situó la acción en un tiempo cercano a la primera guerra mundial, en el montaje no hay alguna referencia que haga pensar que el lugar donde se desarrolla sea Roma. Quizás eso se pueda inferir del texto cantado por los personajes, pero lo que desvirtuó la propuesta fue la excesiva y superflua violencia presenciada, con gráficas y violentas ejecuciones, tortura y sangre derramada en escena. El primer acto ocurrió en una iglesia semi-destruida y una enorme pintura con andamios en tres niveles que ocupaban la mitad del escenario; en el segundo acto nos encontramos en una bodega abandonada atiborrada de obras de arte sacro robado por Scarpia; y en el tercer acto, el más cruento, por la manera como es ejecutado Cavaradossi o muere Tosca, apuñalándose en el estómago, que es lo que la hace caer desde lo más alto, se desarrolló en un campo de concentración con cuerpos ahorcados colgando del techo, además que la sobreactuación de la mayoría de los personajes dejó una imagen errónea de cómo es la ópera en el libreto. Hoy en día todas las ideas escénicas son válidas y bienvenidas, pero no cuando se altera la historia y se crean situaciones inexistentes. Los vestuarios lucieron adecuados, y junto a las escenografías fueron ideados por Bunny Christie. La iluminación de Duane Schuler, con una trayectoria de más de treinta y seis montajes en este teatro, dio un toque sombrío y lúgubre a la escena. Afortunadamente la parte musical y vocal, compensaron las falencias presenciadas, con la soprano Angel Blue quien confirió a Tosca de una convincente interpretación, con lucida presencia y mesura, desplegando una voz amplia, matizada y homogénea con la que emitió conmovedores pianos y agudos. Blue, es una cantante hecha en casa, por haber nacido en esta ciudad y por haber egresado del ensamble del teatro, y tales motivos fue recibida con inmenso entusiasmo por el público. A su lado, destacó el tenor Michael Fabiano, aportó temperamento al papel de Cavaradossi, y se mostró muy sólido y seguro con sus notables cualidades vocales de tenor lirico-spinto. El bajo-barítono Ryan McKinny, caracterizó un perverso y violento Scarpia, en línea con lo ya descrito, aunque fue innecesario sobrecargar su desarrollo actoral y cantar con fuerza desmesurada para enfatizar el carácter siniestro del personaje. El resto de los interpretes cumplió de manera satisfactoria en cada uno de sus intervenciones, especialmente Philip Cokorinos como el Sacristán, y el tenor Anthony León, como Spoletta, miembro del ensamble del teatro y por el que se apuesta por una exitosa carrera después de haber ganado este año el primer lugar del concurso Operalia.  Bien estuvieron Wei Wu como Angelotti, Zachary James como Sciarrone, Ryan Wolfe como el carcelero y Deepa Johny, en el papel del pastor, estos últimos tres cantantes miembros del ensamble. Una mención para el buen desempeño del coro, y para la conducción de la orquesta del director estadounidense Louis Lohraseb, quien tuvo su debut local asumiendo el lugar que dejara la originalmente anunciada Oksana Lyniv, mostrando oficio y encontrando cohesión entre las fuerzas musicales, sobre el escenario y en en el foso.



Thursday, January 27, 2022

Die Walküre (acto I) en Bolonia

Foto: Andrea Ranzi / Studio Casalucci 

Roberta Pedrotti 

Un concierto en streaming, en la reapertura de los teatros el pasado 29 de mayo del 2021, en Bolonia, y finalmente el debut oficial en el cargo, de la nueva directora musical del Teatro Comunale de Bolonia. Tras unos años de interregno, Oksana Lyniv sucede a Michele Mariotti y promete continuar la exitosa serie de ilustres varitas mágicas que pasaron por la sombra de las dos torres. Antes de Mariotti -entre directores musicales e invitados principales- estuvieron Gatti, Jurowski, Chailly, un imberbe Thielemann, poco a poco hasta Delman y Celibidache. Lyniv llega, sin embargo, con las medallas de haber colaborado con Kirill Petrenko, de los conciertos en Múnich y Londres, y de su debut en Bayreuth, ya colgadas en el pecho. Su repertorio predilecto, de hecho, es el alemán y el italiano de finales del siglo XIX (en el Covent Garden dirigió recientemente Tosca, y en el Comunale se ocupará próximamente de Andrea Chénier): un repertorio que forma parte de la historia del teatro boloñés. la primera plaza wagneriana de la península, pero que, aunque recurrente no ha sido el caballo de batalla de estos grupos de los últimos años, más orientados hacia el bel canto y la ópera en lengua materna. Será por tanto interesante seguir el camino de Lyniv en Bolonia, ya bien trazado con este concierto-tarjeta de presentación. Oficialmente es un adelanto de la temporada operística, Die Walküre da título a la velada, pero sólo la primera parte se interpreta en forma de oratorio, precedida por el poema sinfónico Tod und Verklärung de Richard Strauss, de marcada inspiración wagneriana. Por supuesto, queda un sabor amargo en la boca al concluir la velada sin la Cabalgata de las Valquierias o Música del fuego magico, pero -sin pensar en las consecuencias en los actos posteriores- tomamos el abrazo de Siegmund y Sieglinde como un final auspicioso para el resto de la temporada Strauss, a modo de obertura, confirma la mano confiada y autoritaria de la directora ucraniana, pero es despues en Wagner donde su personalidad destaca por encima de todo. El preludio es inmediatamente seco, nervioso, potente, da la medida de una visión teatral, es estrecha, no subordinada a una mecánica del Leitmotiv, sino dirigida a un drama en el que la dialéctica temática es un componente lógico, una expresión natural y no un fin predeterminado. Así, gracias también a los pequeños gestos y movimientos que en ocasiones hacen deslizar agradablemente el concierto a la forma del semiescenario, se impone el bello trabajo de los personajes en sintonía con un elenco verdaderamente excelente. Georg Zeppenfeld fue un Hunding siniestro y amenazador en su dignidad. Le basta una mirada de soslayo, una palabra siseada con la intención de decirlo todo sobre el personaje sin delineara demasiado, sin caídas de estilo: en su aturdido timbre puede jugar con la sustracción y contar cómo el marido de Sieglinde, como líder autoritario y despiadado y no como un brutal guerrero.  Ella, Sieglinde, tiene la voz suave y luminosa, el mimetismo fresco y cautivador de Elisabet Strid, que nos envolvió en el delicado encanto de la niña prisionera, obligada a una unión no deseada, a la espera de un héroe salvador. Sin embargo, la Sieglinde de Strid no es sólo eso: sus ojos brillan como los de un dragón, lo notó Hunding, y lo notamos nosotros, en esa fortaleza de ánimo, en esa sabiduría que hacen de él el punto de apoyo del drama y, para la agonía, el guía inspirador de la fuerza desconcertada de su hermano y amante. Este último fue Stuart Skelton, un Siegmund de altísimo perfil, tanto por la autoridad de su fraseo y por la fuerza de un acento bien ponderado, como por la potencia de un canto vigoroso, viril y generoso. Desafortunadamente, es precisamente esta generosidad la que lo traiciona: después de haber enfrentado ileso las coronas de "Wälse", finalmente cede en el "Wälsungenblut". El público, con razón, no lo adora: al contrario, cuando la improbable apuesta del heldentenor ha ofrecido tanto, sin faltar ni siquiera a la cita poética del himno primaveral, incluso haber arriesgado darlo todo a lo último puede ser un valor añadido. El teatro no es perfección abstracta, es vida. Largos aplausos coronaron la actuación: bueno el (ante) estreno. Ahora esperamos los próximos pasos con curiosa confianza.

Versión en italiano publicada en el vínculo: 

**Roberta Pedrotti la autora es la editora de L’Ape Musicale. https://www.apemusicale.it/joomla/it/recensioni/70-opera/opera-2022/12773-bologna-die-walkuere-atto-i-15-01-2022




Wednesday, May 15, 2019

Concierto de la Sinfónica de Düsseldorf,- Düsseldorf, Alemania


Fotos: Werner Kmettisch Lyniv; Susanne Diesner

Ramón Jacques 

La Düsseldorfer Symphoniker o Sinfónica de Düsseldorf, es una sobresaliente agrupacion musical de la región de Renania del Norte-Westfalia, en el noroeste de Alemania, ya que es la orquesta estable de una de las compañías de ópera más importantes de ese país como lo es la Deutsche Opera am Rhein. De manera paralela a su labor en las funciones de opera y ballet que se ofrecen en la casa de ópera de Düsseldorf, así como en la de la cercana ciudad de Duisburg, sede alterna de la compañía; la orquesta lleva a cabo su temporada de música sinfónica, en la peculiar sala Tonhalle Düsseldorf, un planetario construido en 1926 y convertido en sala de conciertos en los años 70. En la actualidad son pocas las orquestas de foso que tienen la posibilidad de interpretar obras sinfónicas, pero se trata de una práctica interesante, que personalmente al presenciarlo con la orquesta de la ópera de San Francisco (a pesar de que lamentablemente el proyecto solo duró un par años), se notaba en sus ejecuciones operísticas una mayor soltura expresiva, precisión y matices que adquiridos de las obras sinfónicas. La Sinfónica de Düsseldorf fue dirigida en este concierto por la joven ucraniana Oksana Lyniv, actual directora musical de la ópera de Graz Austria quien ha recorrido ya importantes teatros europeos (Berlín, Múnich, Barcelona).  En el concierto se escucharon las danzas de la ópera “La Corona de Oro” del poco conocido compositor ucraniano Boris Lyatoshynsky, que ofrecen una grata fusión de sonidos orientales con profusas percusiones y metales. De Ralph Vaughn Williams se eligió su Concierto en la menor para oboe y cuerdas, teniendo como solista a Ramón Ortega Quero, músico español y actual oboísta principal de la Filarmónica de Los Ángeles, quien aportó la sensualidad y energía de su maestría del instrumento. El programa incluyó el Concierto para orquesta de Béla Bartók donde se apreció de manera individual el virtuosismo y la uniformidad que poseen los músicos de esta orquesta. Por su parte, Oksana Lyniv, agradó por admirable elegancia, y la elocuencia y el desparpajo que imprime a su conducción.