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Monday, September 5, 2016

Stresa Festival - Hartelius, Quartetto Gringolts

Renzo Bellardone

HARTELIUS . QUARTETTO GRINGOLTS   - 1 settembre
Malin Hartelius, soprano
Quartetto Gringolts
Ilya Gringolts e Anahit Kurtikyan, violini
Silvia Simionescu, viola 
Claudius Herrmann, violoncello


FRANZ JOSEPH HAYDN, Quartetto op. 50 n. 6
OTTORINO RESPIGHI, Il tramonto, per soprano e quartetto
LUDWIG VAN BEETHOVEN, Quartetto n. 10 op. 74 “Le arpe”
ROBERT SCHUMANN, 6 Gesänge op. 107, nella versione di Aribert Reimann per soprano e quartetto d’archi


L’eleganza musicale è sicuramente  l’elemento distintivo di questa edizione festivaliera ed  anche in questa occasione l’eleganza e la raffinatezza uniti a virtuosismo eclettico hanno contribuito alla riuscita di un concerto di livello. Gli interpreti son risultati molto affiatati riuscendo egregiamente negli attacchi e nei  dialoghi tra strumenti. Il programma ha previsto Haydn ed in particolare si è evidenziato il minuetto che in allegretto ha condotto al finale ricco di gioia. I pizzicati beethoviani nel concerto ‘Delle Arpe’ hanno vivacizzato ancor più  la già allegra atmosfera. Malin Hartelius (e di nuovo si deve parlare di raffinatezza e brillantezza elegante), con voce suadente e colori armoniosi, insieme ai cromatismi dagli archi ha creato un delizioso cammeo dalle tinte gentili, interpretando ‘Il tramonto’ di Respighi. 
Nelle 6 Gesänge di Shumann ha  sapientemente usato la voce con sfumature   e timbrica tale da svelare appassionatamente  le sofferenze d’amore. Forse per restare sul tema della malinconia o forse per lasciare un dolce ricordo del concerto, il bis è stato lo struggente ‘Lascia ch’io pianga’ di Haendel. Per compiutezza di informazione si segnala quanto riportato (pag. 70) dal programma di sala: Ilya Gringolts suona uno Stradivari del 1718; Anhait Kurtikyan un Camillo Camilli del 1733; Silvia Simionescu una viola di Jacobus Januarius del 1660 e Claudius Hermann uno straordinario violoncello Maggini del 1600, appartenuto al Principe Galitsin, intimo amico di Beethoven, che per primo eseguì gli ultimi quartetti del grande compositore tedesco su questo strumento. La Musica vince sempre.

Tuesday, September 3, 2013

Una Così fan tutte correcta en Salzburgo

 
Fotos: © Michael Pöhn
 
Luis Gutiérrez
 
Salzburgo, 21/08/2013.  Haus für Mozart. Wolfgang Amadeus Mozart: Così fan tutte. Opera buffa en dos actos (26 de enero de 1790, Burgtheater, Viena) con libreto de Lorenzo Da Ponte. Sven–Erich Bechtolf, puesta en escena. Rolf Glittenberg, escenografía. Marianne Glittenberg, vestuario. Jürgen Hoffmann, iluminación. Elenco: Malin Hartelius (Fiordiligi), Marie–Claude Chappuis (Dorabella), Martina Janková (Despina), Martin Mitterrutzner (Ferrando), Luca Pisaroni (Guglielmo), Gerald Finley (Don Alfonso). Asociación de Conciertos del Coro de la Ópera de Viena. Ernst Raffelsberger preparador del Coro. Orquesta Filarmónica de Viena. Director: Christoph Eschenbach.

 
Così fan tutte es la ópera de “ensemble” por excelencia. De sus 31 números, sólo 12 son arias, y de éstas, solo dos de Ferrando y una de Fiordiligi reflejan pensamientos y estados de ánimo internos, ya que las 9 restantes son dirigidas a los otros personajes, como es el caso de la célebre “Come scoglio” de Fiordiligi en el primer acto y el del aria que Ferrando, muchas veces omitida, dirigida a Fiordiligi, “Ah lo veggio, quell’anima bella” y que desencadena el rondò “Per pietà, ben mio, perdona” que es, en mi opinión, una de las piezas vocales más hermosas que compuso Mozart. Los 19 números restantes son ensembles vocales. Così fan tutte es diferente a sus hermanas, es decir a las otras colaboraciones Mozart–Da Ponte, en su estructura musical. En tanto que el desarrollo de la forma sonata de Le nozze di Figaro hace de esta ópera una obra más “instrumental”, la tonalidad elegida por Mozart para Così fan tutte es más sencilla, Do mayor, cuyo acorde mayor (Do– Mi–Sol) será recurrente durante toda la ópera, aunque será más audaz que en el pasado haciendo una excursión hasta La bemol menor durante el sublime canon ““E nel tuo, nel mio bicchiero”. Estas decisiones musicales, aunadas a la estructura del libreto de Da Ponte hacen de esta obra la más “operística” de Mozart en el sentido, claro está, del siglo 19. Como con todo lo demás, Don Giovanni, se queda en algún lugar entre la música “instrumental” de Le nozze di Figaro y la “operística” de Così fan tutteCon lo anterior en mente es que puedo elaborar una reseña equilibrada sobre esta función, que por cierto fue el estreno de la producción.  Malin Hartelius logró una magnífica caracterización de la seria pero apasionada Fiordiligi, habiendo cosechado muchos aplausos en sus arias. “Per pietà, ben mio perdona” fue realmente apabullante. Hace un año se mencionaba que la soprano sueca tenía problemas en sus agudos, pues he de decir con satisfacción que en esta ocasión que estuvo resplandeciente en todo el rango que exige este papel, así como al manejar los bruscos saltos de hasta 15 tonos. Marie–Claude Chappuis estuvo titubeante en “Smanie implacabile” pero se asentó hasta lograr una Dorabella excelente en el sexteto inicial del primer acto. Martina Janková volvió a demostrar al “ser” Despina que aquellos que dicen que es la mejor cantante mozartiana de nuestros días tienen razón.  Algo similar a lo de la Chappuis sucedió a Martin Mitterrutzner como Ferrando; “Un aura amorosa” no tuvo la dulzura requerida, pero en sus dos arias del segundo acto y en el dueto con Fiordiligi lució enormidades. Luca Pisaroni fue un estupendo Guglielmo, vocal e histriónicamente. Al terminar su dueto con Dorabella, ésta se notaba totalmente a punto de caramelo. El haber dado el papel de Don Alfonso a Gerald Finley fue un lujo que de aquellos que en México (ni en muchísimas partes) simplemente no podemos imaginarnos. Por supuesto dominó el trío “Soave sia il vento” con la voz del Don Alfonso más joven que uno pueda imaginarse. Por cierto, extiendo mi más cálido agradecimiento a quienes tomaron la decisión de presentar la ópera sin cortes “tradicionales” ni de otra clase.
 
Después de ver, y sobre todo oír, a la totalidad de los miembros de la Asociación de Conciertos del Coro de la Ópera de Viena en la Messa da Requiem y en Die Meistersinger von Nürnberg, fue un gran contraste, pero muy agradable también, ver a una parte mínima de la misma, 20 elementos, 5 por cuerda, participando cantando y actuando en forma excelente. De igual manera, las dimensiones de la Orquesta Filarmónica de Viena se ajustaron a las necesarias para interpretar esta joya de la ópera clásica, y lo hicieron por enésima vez, creo, como pocas orquestas en el mundo lo pueden hacer. He de decir que esta función no fue de las llamadas HIP, lo que con estos intérpretes es muy fácil de “soportar”, aún para quienes nos gustan las Historically Informed Performances.  Lo que no me satisfizo del todo fue la dirección musical de Christoph Eschenbach, cuyos tempi fueron inconsistentes, las más de las veces del lado pomposo y solemne. Prueba de esto es que la función duró más de 3 horas 45 minutos. Debo decir que aunque hubo quienes lo abuchearon al final de la función, yo me abstuve de hacerlo pues normalmente reservo este placer para dárselo al “equipo creativo”.  Sin embargo, no tuve excusa para abuchear a Bechtolf y su equipo, aunque algunos sí lo hicieron. Durante el primer acto, toda la acción se desarrolla en un semicírculo ampliado por un rectángulo cerca del público. En el escenario se ve un invernadero al que se agregarán todos los muebles, sillas y otra utilería como se indica en el libreto y partitura originales. El vestuario es de fines del siglo 18, y las dos hermanas se encuentran vestidas idénticamente, con objetivo de remarcar su intercambiabilidad. En el segundo acto,  el escenario se ve como una inversión de lo que vimos en el acto inicial, es decir el invernadero se ve afuera y lo que estaba afuera se ve adentro (para entenderlo mejor, imaginen un calcetín que volteamos completamente, o bien “inside out” en inglés). Las chicas ya tienen vestidos diferentes y Fiordiligi pierde toda la compostura después de “Per pietà” pues se da cuenta que ya ha sido vencida. Lo más brillante (no pun intended) desde el punto de vista de creación escénica fue la iluminación de Jürgen Hoffmann.  En mi opinión el tratamiento de Bechtolf fue adecuado. Hay tres detalles que pueden haber provocado los abucheos (no muy intensos por cierto): a) que no haya sido una producción audaz, b) que hubiese a quien le molestase que durante la obertura apareciesen dos chicas saliendo de una pequeña alberca colocada al centro del escenario, aunque Despina las cubre de inmediato lo que evita cualquier mirada indiscreta (me puse los lentes pero solo vi una insinuación de senos de perfil), o c) la muerte al final de Don Alfonso, lo que creo es una forma rebuscada de decir que terminó el siglo de las luces. En todo caso el abucheo fue inmerecido. Confieso que salí muy contento pues por primera vez logré ver en Salzburgo una ópera de Mozart–Da Ponte como me las he imaginado. Siempre, o casi siempre, el aspecto musical ha sido satisfactorio y esta vez también lo fue.

Thursday, June 9, 2011

Stabat Mater di Rossini - The Cleveland Orchestra

Foto: Roger Mastroianni

Ramón Jacques

The Cleveland Orchestra, con una formidabile e prolifica attività iniziata nel 1918, attualmente è senza dubbio la migliore orchestra sinfonica degli USA. E giustamente, con le orchestre di New York, Boston, Chicago e Philadelphia, forma il gruppo delle “Big Five” .Nell'antica e notevole sala dei concerti Severance Hall, tradizionale sede dell'orchestra, abbiamo assistito al concerto di chiusura della stagione 2010-11. Il programma è iniziato colla prima mondiale del concerto per flauto e orchestra Flûte en suite, del clarinettista e compositore tedesco Jörg Widmann (1973), commissionato dall'orchestra. L'opera constava di otto brevi movimenti, dove le atonali oscurità timbriche degli archi e dei fiati contrastavano con le brillanti e colorite armonie del flauto di Joshua Smith, che ha concluso la sua esibizione con la vivace Badinerie, un brano del più puro stile barocco. Ma il momento più alto del concerto è stata un'indimenticabile esecuzione dello Stabat Mater di Rossini, dove l'orchestra ha esibito tutte le sue possibilità timbriche e di fraseggio, privilegiando l'aspetto della soavità e della leggerezza e, soprattutto, della giusta misura, non poca cosa. Il direttore Franz Welser-Möst ha offerto così una lettura elegante e limpida, guidando inoltre l'ottimo Cleveland Orchestra Chorus e, soprattutto, il granitico quartetto di solisti ospiti, che hanno notevolmente contribuito al successo della serata. Il basso Luca Pisaroni ha saputo dare al suo canto, come sempre, accenti di autentica e lirica drammaticità, che arricchiscono la sua già lussuosa voce, mentre il tenore canadese John Tessier ha dimostrato di possedere una grande e gradevole voce. Del soprano Malin Hartelius abbiamo apprezzato un canto chiaro e brillante e il mezzosoprano Anna Bonitatibus, che sembra nata per cantare Rossini, col suo stile impeccabile e la nobiltà del suo canto ha affascinato totalmente l'auditorio nella commovente aria Fac ut portem.

Thursday, June 2, 2011

Stabat Mater de Rossini con la Orquesta de Cleveland

Foto: Roger Mastroianni - The Cleveland Orchestra

Ramón Jacques

Con una formidable y prolífica trayectoria que comenzó desde su fundación en el año de 1918, The Cleveland Orchestra, que forma parte del grupo denominado informalmente como “Big Five” (que junto a esta orquesta lo componen las de: Nueva York, Boston, Filadelfia y Chicago) es sin dudas la mejor orquesta sinfónica estadounidense en la actualidad.  En la antigua y admirable sala de conciertos Severance Hall, sede histórica de la agrupación, se realizó el concierto de clausura de la temporada 2010-2011 con un programa que inicio con el estreno mundial de: Flûte en suite, el concierto para flauta y orquesta del compositor y clarinetista alemán Jörg Widmann, compuesta por encargo de la propia orquesta.  En la obra de ocho breves movimientos, se contrastan oscuros timbres atonales de las cuerdas, los alientos y metales de la orquesta, con la brillante y colorida armonía que emergió del instrumento del flautista Josua Smith, y que concluyó con el brillante y alegre Badinerie, movimiento de estilo totalmente barroco. El momento más alto del concierto fue la sublime interpretación ofrecida del Stabat Mater de Rossini, en la que se escuchó la ductilidad y la ligereza en cada una de las  líneas de la orquesta, que con mesurado fraseo y una suave y delicada timbrica hicieron que la obra sonara ligera y suave. Su director musical Franz Welser-Möst mostró seguridad en una lectura que fue elegante y transparente. Optimo fue el desempeño del Cleveland Orchestra Chorus, y sobretodo del sólido elenco de solistas invitados, que contribuyeron al éxito de la interpretación y que contó con la presencia del bajo-barítono Luca Pisaroni quien dio a su cantó acentos de autentico y creible dramatismo; del tenor canadiense John Tessier, poseedor de una voz luminosa de grata sonoridad; de la soprano Malin Hartelius de brillante y claro canto; y de la mezzosoprano Anna Bonitatibus, de impecable acento y estilo, por la suave y mórbida belleza de su timbre y la nobleza mostrada, particularmente en su conmovedora ejecución de la cavatina Fac ut portem.