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Sunday, May 29, 2016

La Viuda Alegre en Boston

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Foto: T. Charles Erickson

Lloyd Schwartz
BohèmeFranz Lehár (compuesta en 1905). La rescritura del libreto de Groag llevó la acción cerca del inicio de la primera guerra mundial. La parte usualmente cantada en ingles como “Girls,girls,girls” aquí se tradujo como “War,war,war”  Al final, la viuda y su glamoroso amante se escaparon a Boston para abrir un bar (algo no existente en el libreto original) mientras unos soldados uniformados tararean el famoso vals de la viuda cuando caia la cortina, así que el único momento conmovedor de la producción entera tiene no tuvo nada que ver con los personajes principales. Los amantes en esta producción no fueron emotivos ni carismáticos, solo figuras genéricas de una directora más interesada en su concepto que en los personajes. La dramaturgia es de primaria y catastrófica para una obra musical con tanto dialogo hablado. La soprano Erin Wall y el tenor Roger Honeywell se aprendieron bien sus pasos, pero su baile de amor careció de pasión y de química. Fue una frustración que la mayoría del canto fue desilusionante.  La voz de Honeywell careció de fuerza y fue difícil de escuchar.  Wall destacó en sus fuertes estallidos, pero su canto suave no tuvo ese fácil lirismo y legato que la parte requiere. El canto más refinado provino del tenor John Tessier, como el Camille de Rossillon, enamorado de Valencienne, interpretada por Chelsea Basler. Estos papeles se engrandecieron, aunque no precisamente destacaron. Los diálogos y letra, según la directora, fue un intento “multilingüe” para reflejar a los países involucrados en el conflicto, pero las referencias a la guerra son tibias y tímidas y las malas bromas sopesaron las buenas. Al menos las cosas se animaron en el último acto con coreografías de can-can donde el coro y bailarines mostraron más energía que los solistas. Mi aplauso incondicional es para el director inglés Alexander Joel, quien estudio en Viena, y capturó la cadencia vienesa de Lehar. Si algo tuvo estilo en esta función, ello provino del foso. No quisiera que la BLO fracase y quisiera que Boston tuviera un lugar fijo donde la opera pueda prosperar. Pero más allá de ello, la compañía debe hacerse indispensable con producciones más inteligentes. 

Sunday, April 1, 2012

El Barbero de Sevilla en Boston

Foto: Boston Lyric Opera

Dr. Alberto Leal

Estrenada en 1816, El Barbero de Sevilla es sin dudas la opera bufa por excelencia y siempre es un placer volver a disfrutarla. En mi viaje a Boston tuve la oportunidad de asistir a una magnifica función, casi a nivel de excelencia….. El Teatro Shubert no está construido para ópera, su acústica es pobre y genera un sonido demasiado seco que distorsiona el volumen y timbre de los cantantes. De todas formas, sin deslumbrar, el Maestro David Angus concertó teniendo siempre en cuenta la relación foso y escenario. Tal vez sus tiempos fueron algo más lentos que los habituales, pero nunca bajó de la corrección y la orquesta le respondió en todo momento. El elenco fue decididamente brillante. La soprano coloratura Sarah Coburn, de inusual extensión, con absoluta facilidad en la zona aguda y en los tramos de coloratura, pero además con un centro y graves importantes, fue una Rosina ideal. Desenvuelta, buena actriz y su absoluta seguridad vocal hacen de ella una cantante de gran nivel, de hecho  llegaba de cantar “Lucia” con notable éxito en Viena. Aunque el personaje fue escrito para una mezzo, en lo personal, de vez en cuando me agrada escuchar una soprano y si tiene las facultades de la Sra. Coburn más aún.  El tenor canadiense John Tessier, de excelente desempeño en el último “Don Giovanni” del Teatro Colón, mostró que además de conocer el estilo y cantar con total fluidez, es un excelente actor, con un nivel de desenvoltura no frecuente en alguien de su cuerda. Jonathan Beyer , joven barítono, mostró gran simpatía y desenvoltura escénica, buena figura y canto más que correcto. Steven Condy fue un estupendo Dr Bartolo. Con una voz de excelente timbre e importante volumen, aunado a sus brillantes dotes de comediante, su trabajo nunca bajó del nivel de excelencia y es un nombre a tener en cuenta en un momento que los bajos bufos no abundan. Bravo! Muy buena la Berta de Judith Christin. Lamentablemente la función no pudo alcanzar el nivel de excelencia debido a una enfermedad respiratoria del bajo David Cushing, lo que obligó a que fuera cortada su célebre aria. En las breves partes cantadas mostró una voz de bello timbre e importante caudal. Con una puesta en época, colorida y con varios toques de ingenio, el trabajo del Maestro Doug Varone fue absolutamente fundamental. Director de cine, de grandes comedias en Brooklyn y de opera, movió a los cantantes a un ritmo vertiginoso, generando en todo momento ”gags” totalmente diferentes a los usuales. Un trabajo para atesorar. Y porque no fue un “Barbero” de excelencia? Simplemente por la importancia que tiene el aria "la calunnia" y que fue cortada en la función que presencié. De todas formas un “Barbero” de gran nivel, tanto en lo vocal como en lo escénico.

Thursday, June 9, 2011

Stabat Mater di Rossini - The Cleveland Orchestra

Foto: Roger Mastroianni

Ramón Jacques

The Cleveland Orchestra, con una formidabile e prolifica attività iniziata nel 1918, attualmente è senza dubbio la migliore orchestra sinfonica degli USA. E giustamente, con le orchestre di New York, Boston, Chicago e Philadelphia, forma il gruppo delle “Big Five” .Nell'antica e notevole sala dei concerti Severance Hall, tradizionale sede dell'orchestra, abbiamo assistito al concerto di chiusura della stagione 2010-11. Il programma è iniziato colla prima mondiale del concerto per flauto e orchestra Flûte en suite, del clarinettista e compositore tedesco Jörg Widmann (1973), commissionato dall'orchestra. L'opera constava di otto brevi movimenti, dove le atonali oscurità timbriche degli archi e dei fiati contrastavano con le brillanti e colorite armonie del flauto di Joshua Smith, che ha concluso la sua esibizione con la vivace Badinerie, un brano del più puro stile barocco. Ma il momento più alto del concerto è stata un'indimenticabile esecuzione dello Stabat Mater di Rossini, dove l'orchestra ha esibito tutte le sue possibilità timbriche e di fraseggio, privilegiando l'aspetto della soavità e della leggerezza e, soprattutto, della giusta misura, non poca cosa. Il direttore Franz Welser-Möst ha offerto così una lettura elegante e limpida, guidando inoltre l'ottimo Cleveland Orchestra Chorus e, soprattutto, il granitico quartetto di solisti ospiti, che hanno notevolmente contribuito al successo della serata. Il basso Luca Pisaroni ha saputo dare al suo canto, come sempre, accenti di autentica e lirica drammaticità, che arricchiscono la sua già lussuosa voce, mentre il tenore canadese John Tessier ha dimostrato di possedere una grande e gradevole voce. Del soprano Malin Hartelius abbiamo apprezzato un canto chiaro e brillante e il mezzosoprano Anna Bonitatibus, che sembra nata per cantare Rossini, col suo stile impeccabile e la nobiltà del suo canto ha affascinato totalmente l'auditorio nella commovente aria Fac ut portem.

Thursday, June 2, 2011

Stabat Mater de Rossini con la Orquesta de Cleveland

Foto: Roger Mastroianni - The Cleveland Orchestra

Ramón Jacques

Con una formidable y prolífica trayectoria que comenzó desde su fundación en el año de 1918, The Cleveland Orchestra, que forma parte del grupo denominado informalmente como “Big Five” (que junto a esta orquesta lo componen las de: Nueva York, Boston, Filadelfia y Chicago) es sin dudas la mejor orquesta sinfónica estadounidense en la actualidad.  En la antigua y admirable sala de conciertos Severance Hall, sede histórica de la agrupación, se realizó el concierto de clausura de la temporada 2010-2011 con un programa que inicio con el estreno mundial de: Flûte en suite, el concierto para flauta y orquesta del compositor y clarinetista alemán Jörg Widmann, compuesta por encargo de la propia orquesta.  En la obra de ocho breves movimientos, se contrastan oscuros timbres atonales de las cuerdas, los alientos y metales de la orquesta, con la brillante y colorida armonía que emergió del instrumento del flautista Josua Smith, y que concluyó con el brillante y alegre Badinerie, movimiento de estilo totalmente barroco. El momento más alto del concierto fue la sublime interpretación ofrecida del Stabat Mater de Rossini, en la que se escuchó la ductilidad y la ligereza en cada una de las  líneas de la orquesta, que con mesurado fraseo y una suave y delicada timbrica hicieron que la obra sonara ligera y suave. Su director musical Franz Welser-Möst mostró seguridad en una lectura que fue elegante y transparente. Optimo fue el desempeño del Cleveland Orchestra Chorus, y sobretodo del sólido elenco de solistas invitados, que contribuyeron al éxito de la interpretación y que contó con la presencia del bajo-barítono Luca Pisaroni quien dio a su cantó acentos de autentico y creible dramatismo; del tenor canadiense John Tessier, poseedor de una voz luminosa de grata sonoridad; de la soprano Malin Hartelius de brillante y claro canto; y de la mezzosoprano Anna Bonitatibus, de impecable acento y estilo, por la suave y mórbida belleza de su timbre y la nobleza mostrada, particularmente en su conmovedora ejecución de la cavatina Fac ut portem.




Wednesday, July 21, 2010

Don Giovanni en el Teatro Colón de Buenos Aires

Crédito: Máximo Parpagnoli. Gentileza Teatro Colón.

Gustavo Gabriel Otero

Esta nueva producción escénica de Don Giovanni que firma Michael Hampe transcurre siempre con el mismo esquema escenográfico, fruto del trabajo de Hampe y Germán Droghetti, que se abre para los exteriores y vuelve a cerrarse en los interiores. El palacio del Comendador en el que transcurre primera escena será luego la residencia de Don Juan (quitadas las dos grandes escaleras simétricas), pero también el marco de la fiesta campesina, e incluso el cementerio, indicado por unos cipreses de fondo y por la estatua del Comendador. Los colores de la escenografía imitan el mármol blanco y el gris y en toda la obra permanecen dos balcones simétricos. La sensación final es de tedio por una estructura grandilocuente y, finalmente, vacía. La iluminación no ayuda en esta puesta tradicional pero sin vuelo. Ramón López recurre permanentemente a los colores pastel reflejados en el fondo del escenario y parece ser que toda la obra trascurre a plana luz del día. El vestuario firmado por Germán Droghetti luce de época pero sin una definición temporal clara, se estima que el anclaje podría ser de alrededor de 1890. La concepción actoral del director de escena alemán Michael Hampe ofreció una puesta sin sorpresas ni audacias, pero a la vez sin vuelo. Nada se resalta, los cantantes parecen atados a su suerte y el público ultra-conservador del Colón no necesita pensar ni ver nada muy distinto a una puesta de hace cincuenta años.

Al director brasileño John Neschling se lo veía gozar de la maravillosa música de Mozart pero al disfrutar de la misma pareció olvidarse de conducir la representación. Con una actitud ensimismada y con gestos poco claros hacia los cantantes no logró pasar de la medianía. A su favor digamos que de una obertura lenta, pesada y sin vuelo la versión fue creciendo a medida que se desarrolló, pero nunca pasó de la pulcritud. La orquesta estable evidenció adecuado nivel y buena respuesta a las imprecisas manos del maestro carioca. El elenco vocal se manifestó con suma corrección y es de destacar la juventud de la mayoría de los intérpretes. Daniel Okulitch resultó un adecuado Don Giovanni de buena presencia y genuinos recursos canoros. La más sólida del elenco pareció ser Virginia Tola (Doña Elvira) por su seguridad y belleza de timbre a la vez que una notable presencia escénica.


El tenor canadiense John Tessier, compuso un Ottavio de excelente fraseo, timbre nato de belcantista y seguridad en el canto. Eduardo Chama fue un correcto Leporello y Eliana Bayón (Zerlina) maravilló por su seguridad y timbre vocal. Bien interpretados el Masetto de Fernando Radó y el Comendador de Ernesto Morillo Hoyt. La Doña Anna de Nora Amsellem fue lo más flojo del elenco. La soprano francesa es una cantante experimentada y de calidad pero fuera totalmente del repertorio y del rol. Su interpretación fue de más a menos, con gran fatiga vocal y problemas en los agudos al final de la representación. Adecuado resultó el reducido coro conducido por Marcelo Ayub.