No nos detendremos aquí en el
carácter milagroso de la obra de Mozart, en su revolución que, sin serlo, sentó
las bases de un nuevo mundo musical, de un compositor que inició nuevos
conceptos. La interpretación de Die Zauberflöte de Wolfgang Amadeus Mozart, en
el escenario del Teatro Lirico Giuseppe Verdi de Trieste, fue casi perfecta a
nivel musical y canora. Una dirección impecable como la de Beatrice Venezi, conocida sobre todo por el anuncio en el que se
veía su pelo rubio ondeando, aquí recogido en una muy modesta cola de caballo,
una dirección que permite a la Orquesta del teatro Verdi resaltar todos los
estilos y matices de los que era Mozart. capaz en esta su última obra maestra.
Los cantantes estuvieron impecables: desde la Pamina de Darja Auguštan hasta Tamino interpretado por Paolo Nevi; luego Nicole
Wacker, una aplaudida Reina de la noche por el aria del segundo acto “Der
Hölle Rache kocht in meinem Herzen” (“La venganza del infierno hierve en mi
corazón”) durante la cual ordena a su hija matar a Sarastro. Este fue el bajo Alessio Cacciamani. Y de nuevo, el
divertido Papageno de Vincenzo Nizzardo,
el hombre que debería estar cubierto de plumas y que en cambio asume el papel
de sirviente, conversador, intrusivo y entretenido, como debe ser. La flauta
mágica de Wolfgang Amadeus Mozart es un cuento de hadas y, como todos los
cuentos de hadas antiguos, mezcla el drama con el amor y un final feliz,
incluida la moralidad, que después sugiera ser un mensaje del simbolismo
masónico, lo que realmente importa poco, también porque si hoy, en el año 2023,
pensáramos en hombres que siguen caminos de "verdad" armados de
objetos simbólicos, como la flauta de Tamino, o de números como el 3, que recorre
después toda la historia de la humanidad, permaneceríamos informados sobre su
seriedad. La moraleja de la Flauta Mágica es la verdad, la virtud, la armonía
del hombre en la razón que lo lleva a renacer en el amor, al que sin embargo
sólo unos pocos elegidos están llamados; los demás son gente sencilla del
pueblo, a la que se le perdonan todas sus debilidades e ingenuidades, como
Papageno a quien se le expía su incapacidad para guardar silencio, incluso
cuando esto se convierte en motivo de vida o muerte. Es un mundo oligárquico,
que no permite transiciones de una condición a otra. Un mundo en el que las
mujeres son protegidas, pero también sumisas: «... un hombre debe guiar sus
corazones, ya que sin él toda mujer suele desviarse de su propio camino...»
dice Sarastro a Pamina; y el público hacia ruidos, pocos días después del
enésimo asesinato de un hombre que quería velar por una mujer a toda costa.
Afortunadamente, la sabiduría de Sarastro devuelve la calma cuando afirma que
en su templo hay paz incluso entre los enemigos. La flauta mágica es también
exotismo, que se desarrolló en aquel culto de Egipto que se extendió a Europa
en el siglo XVIII. Unos años más tarde, Napoleón invadió Egipto y se llevó a
casa muchos hallazgos arqueológicos, un saqueo que durante mucho tiempo había
sido una costumbre de los gobernantes. Egipto entra en escena a través de ese
fondo de pequeñas pirámides, pero también con la cita de los cultos a Isis y
Osiris, de los que Sarastro es sacerdote.
En escena, los matices de un lejano Oriente cobraron vida con la
serpiente-dragón, el juego entre el día y la noche, como en los cuentos de Las
mil y una noches de Oriente Medio, los trajes más diversos y extravagantes, los
peinados exagerados e inverosímiles para cada época, para dar la sensación de
un cuento de hadas en un lugar y tiempo no especificados. La edición de Trieste
de este importante Singspiele se
cantó en alemán y se actuó en italiano, las luces de Emanuele Agliati resaltaron espectacularmente los múltiples
aspectos de la ópera, y el director Ivan
Stefanutti cuidó con esmero todos los detalles del vestuario y de las
escenas, sin llegar a imponer en ocasiones, un ritmo y una dinámica en la
actuación. El Coro Verdi, dirigido por Alberto
Macrì, está bien expuesto en escena, junto con los artistas de los papeles
menores: Chiara Maria Fiorani (Papagena),
Marcello Nardis (Monostatos), Liu Ytian (oradora), Francesca Bruni, Eleonora Filipponi y Antonella.
Colaianni (las Tres Damas), asi como Viktor
Shevchenko y Gianluca Moro
(sacerdotes), Caterina Trevisan, Francesca Clemente y Marina Lombardi (los tres genios) como
también Gianluca Di Canito, Luigi Silvestre y Francesco Paccorini (los Tres Esclavos).
Opera-Musica Foto: Die Feen - Wagner - Théâtre du Châtelet, Paris - 04/2009(c) Marie-Noëlle Robert.
Friday, December 8, 2023
La Flauta Mágica en Trieste
Sunday, March 27, 2022
Anna Bolena en Génova
Ramón Jacques
Anna Bolena, es el último
título visto en este escenario del proyecto llamado ‘Tres reinas por una escena” que consistió en la escenificación, en
temporadas anteriores de la trilogía tudor de Donizetti, y que comenzó con
Roberto Devereux, y continuó con Maria Stuarda. Se trata de una coproducción
entre el Teatro Carlo Felice de Génova y el Teatro Regio de Parma, encargada al
director de escena, y en su momento destacado barítono Alfonso Antoniozzi, cuya idea se centró en los actores en escena, más
que en la trama misma, colocando, como el mismo lo describiera, un ‘lente
teatral’ que magnificó’ la conciencia, los sentimientos y estados de anima de
los personajes. Se trató de un trabajo de mucha actuación y gestualidad
escénica. Con transmisiones al fondo del escenario, una enorme tarima fija en
el centro, estática y rígida, de Monica
Manganelli, en un ambiente de iluminación oscura y lúgubre de Luciano Novelli, y una debatible
elección de atuendos de diferentes épocas, de Gianluca Falaschi, donde solo Anna Bolena vestía acorde al tiempo
que indica el libreto, así fue el marco escénico, en el que lució más la parte
musical de Donizetti. El día del estreno, hubo un destacado elenco, encabezado
por la soprano estadounidense Angela
Meade, consagrada interprete belcantista, muy apreciada en Italia, quien
dio un manejo fulgurante a su voz, con uniformidad, grato color de timbre,
elegancia, dicción, y agudos, para un desempeño muy completo y sobresaliente.
También el Lord Percy de John Osborn,
sobresalió. Es un intérprete todo terreno, casi infalible, que canta siempre
con certeza y dominio cada papel que tiene enfrente. Sonia Ganassi en el papel de Seymour dejó constancia de porque sigue
vigente como gran cantante. Bien estuvieron el Enrique VIII del bajo Nicola Ulivieri, y el Smeton de Marina Comparato. En la matiné del día
después, le tocó su turno al elenco alternativo, término a mi entender erróneo porque
hace pensar que tiene cantantes menos experimentados, cuando en realidad, en
obras como estas, los retos y dificultades por afrontar son los mismos. Los
cambios inesperados, hicieron que Angela Meade, cantará el papel principal
menos de veinticuatro horas después del estreno, y lo hizo con compromiso y
seguridad, y las cualidades ya señaladas. Una labor encomiable, por no decir
asombrosa. El papel de Giovanna Seymour, fue interpretado por la mezzosoprano Raffaella Lupinacci, un nombre en el
panorama italiano lirico, y belcantista, quien cantó con precisión, colorida
musicalidad, un matizado timbre oscuro, bien manejado, y al servicio del
personaje, en el que logró meterse en su piel, logrando una personificación
completa y convincente del mismo. El Lord Percy de Antonino Siragusa, agradó por la calidez que imprimió a su canto, con
un timbre claro y voz flexible. Sofía
Koberidze, fue un grato descubrimiento como Smeton, por sus buenas
cualidades vocales, y el bajo Alessio
Cacciamani cantó y actuó con aplomo a Enrique VIII. Roberto Maietta como Lord Rochefort y Manuel Pieratelli, como Sir Harvey, cumplieron de manera correcta
en ambas funciones. Un punto de fortaleza del teatro es su coro, que ofreció
certeras y seguras intervenciones, a pesar de que su ubicación sobre el escenario
no fue siempre la ideal; y sobre todo la orquesta, que mostró consistencia en
cada una de sus secciones, creando un adecuado marco musical, bajo la
conducción del maestro Sesto Quatrini,
quien con mano segura y una constante búsqueda de los timbres y dinámicas elevo
a un primer plano la lucida partitura.


