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Sunday, March 20, 2022

Il signor Bruschino en Bolonia

Foto Andrea Ranzi/ Studio Casaluci

Roberta Pedrotti

Aunque se ofreció con las disposiciones rituales impuestas por el covid, Il signor Bruschino fue considerado el verano pasado como el espectáculo más equilibrado y globalmente exitoso del Festival de Ópera Rossini 2021. Ahora, volviendo al uso antiguo, cuando la orquesta boloñesa aún veraneaba en Pesaro, después de unos meses la producción llegó al Comunale de Bolonia y por fin se sintió cómoda con los instrumentos en el foso y el público en la platea. La puesta en escena de Barbe & Doucet aquí repuesta por Luca Baracchini, con Michele Spotti que se mantuvo en el podio, y del elenco repitiron: Giorgio Caoduro como Gaudenzio, Manuel Amati como el hijo de Bruschino, Gianluca Margheri como Filiberto y Enrico Iviglia como el comisario. Las expectativas se cumplieron, aunque no se puede hablar de una reposición exactamente igual porque, a pesar de los diferentes espacios, esa es la naturaleza del teatro: nunca se puede repetir lo mismo. El trabajo de los directores, escenógrafos y figurinistas franco-canadienses sigue siendo ágil, claro, bien pensado, aunque esta reposición, comparada con la edición original fue un poco mecánica, menos minuciosa y espontánea en las caracterizaciones. Por su parte, y por primera ocasión frente a las agrupaciones del Comunale, Michele Spotti, reafirmó no solo su talento, sino también su madurez, la confianza en conducir la obra con una actitud agradable y fluida, con momentos alegres, no frenéticos o extasiados, y nunca sdilinquiti, y una minuciosa búsqueda de contrastes dinámicos. Giorgio Caoduro volvió a ser un excelente Gaudenzio, no el estereotipo del guardián un poco brusco, pero de buen corazón, sino un hombre honesto, cariñoso, sujeto también al mismo orgullo y tacañería que le reprocha a su vecino.  Gianluca Margheri continuó desempeñándose en el papel del posadero, y Enrico Iviglia personificó bien su papel, mientras que Manuel Amati labró un cameo cada vez más refinado como un temerario más borracho que arrepentido. Entre los nuevos llegados destacó Simone Alberghini, quien en el papel principal estuvo muy acertada,y fue la otra cara de la moneda de Gaudenzio: el impagable cascarrabias umarell (observador de construcciones jubilado) quien una vez que había entendido el engaño, logró convertirse en un ayudante benéfico para los amantes. Hasmik Torosyan tuvo mucho éxito como Sofía, que afrontó con la confianza de quienes se formaron en la Academia Rossini de Pesaro, aunque se tiene la sensación de que el desarrollo de la voz la esta llevando, con un centro más lleno y matizado, hacia otros puertos. Menos enfocado estuvo el Florville de Pierluigi D'Aloia, todavía con una vocalidad un poco inmadura y no siempre controlada en el vibrato, y Francesca Cucuzza fue una Marianna de voz penetrante. Parece increíble, pero Il signor Bruschino no se había visto en el Comunale desde hace veintiséis años (aunque se trató de una colaboración con el conservatorio: así que hay que remontarse hasta 1988 para recordar algunas funciones, coproducidas con Pesaro, de cierta relevancia). Por supuesto, que una farsa de noventa minutos lucha por "hacer una verdadera velada", como se dice, pero Rossini nunca debe faltar, y en la sala se respiró una atmósfera de descubrimiento: la de un público atento que se fue metiendo poco a poco, hasta que finalmente se escucharon aplausos muy cálidos.

Reseña en italiano en el sitio L’Apemusicale.

https://www.apemusicale.it/joomla/it/recensioni/70-opera/opera-2022/12910-bologna-il-signor-bruschino-18-02-2022?highlight=WyJhbGJlcmdoaW5pIl0=

 

Sunday, August 2, 2020

El Barbero de Sevilla en Novara Italia

Foto: Finotti

Renzo Bellardone

Si, nuestro teatro tradicional piamontés el Coccia di Novara junto con la Fondazione Teatro Coccia, no se han rendido por vencido y aprovechando el amplio patio del castillo, diseñaron un programa interesante; entre cuyos títulos elegidos destaca el "Barbero de Sevilla", abandonando la orquesta, pero arreglándoselas para ofrecer una velada agradable y de buen nivel. La obertura de Alba Pepe al piano comenzó más con una intrigante dulzura que con vivacidad, solo para animar y mantener un buen ritmo en la ópera a pesar de las modificaciones de los jóvenes maestros de la Academia AMO del Teatro Coccia. De manera clásica apareció en una plaza de Sevilla, Fiorello con la linterna en la mano, interpretado con presencia y buen ambiente por Filippo Rotondo, a quien luego se le vio también en el papel de un oficial. El conocido intérprete de Rossini Enrico Iviglia, mostró su canto fácil en las variaciones, y con un canto seguro interpretó brillantemente al Conde de Almaviva. El Barbero es la ópera más representada del mundo, por lo tanto, es muy conocida y el público de esta velada de verano esperaba las arias más conocidas, como la famosa cavatina 'Figaro qua..Hei Figaro ...' ello hace que sea un mayor compromiso para cualquier intérprete del personaje. Gabriele Nani tiene varias producciones en su haber y, aunque es joven, tiene un amplio repertorio que le permite desenvolverse con seguridad en el papel que desempeñó con habilidad, aprovechando una radiante presencia en el escenario y la buena técnica para apoyar su grato timbre de sublime color. Manuela Custer fue Rosina, continuando así su tradición rossiniana que comenzó con su debut en ‘Elisabetta regina d’Inghilterra’'' en el Regio de Turín. Es una intérprete de referencia muy apreciada en las óperas serias de Rossini, como por ejemplo su 'Tancredi', como también en la interpretación de música antigua. Dando vida a Rosina estuvo confiable y con su destreza en la agilidad, entusiasmó al público con la interpretación de las arias esperadas, su timbre fue seguro y supo espaciar con elegancia gracias a una firme técnica. El jovencísimo Stefano Marchisio dio un paso decisivo adelante con una exitosa interpretación de Don Bartolo; confiado en escena como con su voz, expresó un tono profundo y una frase muy pura: ‘A un dottore della mia sorte…’ que interpretó con una habilidad poco común que incluso, a veces, intérpretes más experimentados no demuestran. Definitivamente por actuación, caracterizó bien al personaje. Alessandro Abis interpretó a Don Basilio de manera convincente e hizo que la "calumnia" fuera más que una "brisa muy suave" (‘venticello assai gentile’). Ilaria Alida Quilico fue una amable Berta que rindió con una voz sonora y divertida, mientras que Filippo Rotondo, Fiorello y luego. un oficial que interpretó con una voz profunda y segura. Las dificultades en la época de Covid son muchas, incluso para la dirección de Renato Bonaijuto para quien no debió haber sido fácil crear un espectáculo con las limitaciones impuestas, así que "honor al mérito" porque pudo llevarlo a cabo con pocos elementos, como los paneles giratorios para recrear una plaza primero y luego el interior de la residencia de Bartolo, con ligeras bromas entre el público, los paraguas en la tormenta, y luego la escalera llevada al balcón y retirada por el incauto Don Bartolo que hicieron sonreír al público. Las mascarillas usadas escenario y luego utilizadas como elementos escénicos, con Berta desinfectando todo y a todos, fue algo actualmente relevante que incluso aligeró un poco el momento. Elegidos de la academia de dirección de la orquesta AMO del Teatro Coccia, coordinada por el maestro Matteo Beltrami, los dos directores estuvieron atentos y correctos en su desempeño. ¡Siempre divertido el 'Barbero' con la moraleja de la ‘dell’inutil precauzione’ ! (¡’ la inútil precaución’!

Friday, July 31, 2020

Il Barbiere di Siviglia - Teatro Coccia di Novara - Cortile del Castello 29 luglio 2020


Foto: Finotti 

Renzo Bellardone

IL BARBIERE DI SIVIGLIA Opera in due atti di Gioachino Rossini con Enrico Iviglia Il conte D'Almaviva Stefano Marchisio Don Bartolo Manuela Custer Rosina Gabriele Nani Figaro Alessandro Abis Don Basilio Ilaria Alida Quilico Berta Filippo Rotondo Fiorello/Un ufficiale direzione Accademia dei Mestieri d'Opera del Teatro Coccia AMO regia Renato Bonajuto assistente alla regia Lorenzo Lenzi Alba Pepe pianoforte Produzione Fondazione Teatro Coccia, 
Ebbene si, il nostro teatro di tradizione piemontese, ovvero il Coccia di  Novara, con La Fondazione Teatro Coccia per l'Estate Novarese, non molla ed utilizzando l’ampio cortile del Castello, appronta un cartellone interessante; tra i titoli i evidenza il “Barbiere di Siviglia e pur rinunciando all’orchestra riesce ad offrire a serata piacevole e di livello. L’ouverture al pianoforte di Alba Pepe parte più con dolcezza intrigante che con briosità, salvo poi vivacizzarsi e mantenere un buon ritmo per l’itera opera pur con l’alterarsi di giovani direttori dell’Accademia AMO del Teatro Coccia. Classicamente appare su una  piazza di Siviglia,  Fiorello con la lanterna in mano,  interpretato con presenza e buona impostazione da Filippo Rotondo, che vedremo poi anche nei panni di un Ufficiale. Affermato interprete rossiniano è il brillante Enrico Iviglia, facile nelle variazioni e con vocalità sicura, che vivacemente interpreta il Conte d’Almaviva. Il Barbiere è l’opera più rappresentata al mondo e quindi è molto conosciuta ed anche il pubblico delle serate estive si attende le arie più conosciute e tra queste la celebre cavatina ‘Figaro qua..Hei Figaro….’ e per questo è un impegno forte per qualsiasi interprete del Barbiere. Gabriele Nani ha  al suo attivo diverse produzioni ed ancorchè giovane ha un vasto repertorio che gli consente spigliatezza e sicurezza nel ruolo che infatti interpreta con abilità, sfruttando la brillante presenza scenica e buona tecnica a supporto di bel timbro e  bel colore.  Manuela Custer è Rosina, continuando così la sua tradizione rossiniana iniziata addirittura al debutto in ‘Elisabetta regina d’Inghilterra’ al Regio di Torino; interprete di riferimento è ben apprezzata anche nel Rossini serio, vedi ‘Tancredi’ e nella musica antica fino alla musica dei giorni nostri. In Rosina è sicura e facile nelle agilità ed appassiona il pubblico  con l’interpretazione delle arie attese con il suo timbro sicuro che sa spaziare elegantemente, grazie alla salda tecnica. 
Il giovanissimo Stefano Marchisio fa un deciso balzo in avanti con l’interpretazione super riuscita di Don Bartolo; sicuro sulla scena come con la voce, esprime un tono profondo ed un fraseggio purissimo: ‘A un dottore della mia sorte…’ lo interpreta con una abilità non comune che talvolta neppure i più affermati interpreti sanno eguagliare. Decisamente in ruolo, ha caratterizzato bene il personaggioAlessandro Abis interpreta  Don Basilio in modo convincente e rende ‘la calunnia’ qualcosa di più di un semplice ‘venticello assai gentile’. Ilaria Alida Quilico è la simpaticissima  Berta che rende con una voce squillante e divertente, mentre Filippo Rotondo  prima Fiorello  e poi un ufficiale che interpreta simpaticamente e con voce profonda e sicura. Le difficoltà in tempo di Covid sono molte ed anche per la regia di Renato Bonaijuto non deve essere stato semplice realizzare uno spettacolo con le limitazioni imposte, ma ‘onore al merito’ ha saputo con pochi elementi quali i pannelli girevoli ricreare prima la piazza e poi l’interno della dimora di Bartolo, con la gag garbata tra il pubblico, degli ombrelli al temporale e quindi della scala portata al balcone e poi recuperata dall’incauto Don Bartolo ha fatto sorridere il pubblico; le mascherine imposte all’entrale sul palco e poi utilizzate quale elemento registico e Berta che disinfetta tutto e tutti quanti risulta temporalmente pertinente ed anche un po’ in alleggerimento del momento. Scelti all’Accademia di direzione d’orchestra AMO del Teatro Coccia, coordinata dal Maestro Matteo Beltrami, i due direttori sono risultati attenti e gradevoli nella conduzione. Sempre divertente il ‘Barbiere’  con la morale ‘dell’inutil precauzione’ ! La Musica vince sempre


Tuesday, July 19, 2011

La Italiana en Argel de Rossini en el Teatro alla Scala de Milán

Fotos: Marco Brescia & Rudy Amisano / Teatro alla Scala

Renzo Bellardone

Una escenografía de un refinado rojo antiguo con damasco en oro pálido, recibió la obertura interpretada por la Orchestra dell’Accademia del Teatro alla Scala, dirigida por el maestro Antonello Allemandi quien inicialmente privilegió una lectura lenta respecto a la esperada vivacidad, que aparecería durante el segundo acto y seria constante durante el resto de la funcion. Zulma, que fue la primera en aparecer, fue interpretada por la convincente mezzosoprano Kleopatra Papatheologou quien desplegó una voz calida y potente; después arribó el Bey, del apreciable bajo Simon Lim –que quizás por elección del director de escena- Jean Pierre Ponnelle, repuesta la obra en esta ocasión por Lorenza Cantini- se anunció sin el tono imperioso y autoritario que debería asustarnos a todos, sobretodo a las mujeres, además de los temerosos eunucos. Espectacular estuvo el coro de la Scala dirigido por Alfonso Caiani – cuyos miembros vestidos con elegantes vestuarios reflejaban los colores de la refinada escena, mientras bordaban temblorosos un largo lienzo para Mustafà. La soprano Linda Jung tuvo una buena prueba vocal en el papel de Elvira, la mujer engañada por el Bey. El capitán de los corsarios argelinos, Haly fue personificado por el óptimo Valeri Turmanov quien además de no olvidarse del resultado vocal, supo bromear y ser cómico en el papel del aspirante verdugo; así como mas que creíble pareció Taddeo gracias a la buena interpretación como actor y cantante de Filippo Fontana.
En el recitativo del primer acto entre Mustafà y Lindoro, el tenor Enrico Iviglia, pareció levemente tenso, pero como fue avanzando la opera fue soltándose hasta dar una grata versión de su personaje.  La italiana hizo su ingreso en Argelia con seguridad, por su presencia escénica y su brillante voz: y en el transcurso de la función anuló toda sombra emotiva inicial para dejar espacio solo para la claridad cristalina, aunque de hecho, fue con voz segura y rica de armoniosas tonalidades, como la mezzosoprano valenciana Silvia Tro Santafé afrontó con audaz sabiduría al escenario en su debut scaligero.  Al final del primer acto el ‘Viva viva il flagel delle donne…’ cantado de manera cómica por los eunucos y el ‘…quali occhiate…ho inteso tutto’ cantado por Isabella, reavivaron el espectáculo donde la inexperiencia masculina del atónito Bey se convirtió en creíble frente a la astucia femenil de la italiana. Los momentos divertidos son verdaderamente muchos en esta opera rossiniana, como la investidura del concientemente burlado Taddeo en ‘..Kaimakan, Protettore de’ Musulman’ y la posterior proclamación del ‘Pappataci Mustafà’ con el coro verdaderamente simpático de los Pappataci. Entre gags, comicidad y situaciones escénicas, la narración musical transcurrió con un brillante crescendo de la orquesta y de los cantantes que con técnica y dedicación supieron apagar la vaga perplejidad inicial. Al final la música vence siempre.

Sunday, July 17, 2011

L’Italiana in Algeri - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano - Teatro alla Scala, Milano

Renzo Bellardone



Scenografia in raffinato rosa antico, damascato in oro pallido, accoglie l’ouverture eseguita dall’Orchestra dell’Accademia del Teatro alla Scala, diretta dal Maestro Antonello Allemandi che inizialmente privilegia una lettura pacata rispetto all’attesa vivacità, che si paleserà man mano, divenendo costante nel secondo atto. Zulma, la prima ad apparire, è interpretata dalla convincente mezzosoprano Kleopatra Papatheologou che sfodera una voce calda e potente; poi arriva il Bey – l’apprezzato basso Simon Lim – che forse per scelta registica – Jean Pierre Ponnelle, ripresa da Lorenza Cantini -si annuncia senza il tono imperioso del comando che dovrebbe impaurire tutti, soprattutto le donne, oltre ai timorosi eunuchi – spettacolare Coro della Scala diretto da Alfonso Caiani - che agghindati con eleganti costumi riflettenti le colorazioni della scena raffinata, stanno a ricamare tremanti una lunga stoffa per Mustafà.  Il soprano Linda Jung dà buona prova vocale nei panni di Elvira, moglie sbeffeggiata dal Bey. Il capitano dei corsari algerini Haly viene impersonato da un ottimo Valeri Turmanov che non dimentico della riuscita vocale, sa essere buffoneggiante e comico nel ruolo dell’aspirante impalatore, così come più che credibile, appare il non aspirante impalato Taddeo grazie alla buona interpretazione d’attore e cantante di Filippo Fontana. Nel recitativo del primo atto, tra Mustafà e Lindoro, il tenore Enrico Iviglia, appare lievemente teso, ma nel corso della recita la tensione si allenterà e darà una bella versione del ruolo.

L’Italiana fa il suo ingresso in Algeri con baldanzosa sicurezza per presenza scenica e voce brillante; nel prosieguo cancellerà anche ogni ombra emotiva iniziale, per lasciare spazio solo a chiarezza cristallina: è infatti complessivamente con voce sicura e ricca di armoniose sfumature che Silvia Tro Santafé, affronta il palco con ardita consapevolezza, per il suo debutto scaligero. Al finale del primo atto ‘Viva viva il flagel delle donne…’ cantato comicamente dagli eunuchi, e ‘…quali occhiate…ho inteso tutto’ cantato da Isabella, ravvivano lo spettacolo dove la sprovvedutezza maschile dell’imbambolato Bey diventa credibile di fronte alla femminile arguzia dell’italiana. I momenti di ilarità sono davvero molti nell’opera rossiniana : l’ investitura del consapevolmente burlato Taddeo in ‘..Kaimakan, Protettore de’ Musulman’ e la successiva proclamazione del ‘Pappataci Mustafà’ con il coro veramente spassoso dei Pappataci. Tra gags, ilarità e situazioni di regia, la narrazione musicale prosegue con un crescendo frizzante dell’orchestra e dei cantanti che con tecnica e dedizione sanno offuscare le vaghe perplessità iniziali. La Musica vince sempre.


Monday, May 17, 2010

Teatro Rossini di Lugo: la cantata escénica de Rossini no va a Reims.

Fotos: Teatro Rossini di Lugo
El viaje al manicomio.

Athos Tromboni

LUGO – La restauración borbónica resultante de la caída de Napoleón Bonaparte y el renacimiento del absolutismo monárquico, comenzó en Francia el 6 de abril de 1814, día en el cual, el senado otorgó el trono francés a Luis XVIII. A estos sucesos, el 25 de mayo de 1825, el hermano Carlos X, y el clima festivo de los días de la coronación, en pleno periodo de restauración, le ofrecieron la oportunidad Gioachino Rossini para la composición de una opera bufa (con libreto de Luigi Balocchi), causada por el frenesí y la excitación suscitada en la gente del evento real. En el libreto, que es una sátira de las costumbres de la época, se imaginó a un grupo de personas de diversas nacionalidades que se encontraban cercanos al albergue del Giglio d’ Oro, en la ciudad termal de Plombières, y que decidían organizar un viaje a Reims para asistir a dicha coronación. La opera tuvo su primera representación el 19 de junio de 1825 en el Théâtre des Italiens de Paris con un elenco estelar, con prácticamente los cantantes mas grandes de aquel entonces. Desde aquella legendaria ejecución la opera no fue representada mas y Gioachino Rossini retomó y readaptó la mayor parte de la música en Le Comte Ory. Abandonada en un cajón por deseo del propio Rossini, la partitura original fue estudiada y llevada nuevamente a la luz en 1984 en el Rossini Opera Festival de Pesaro, con una producción escénica y una compañía de cantantes por demás estelar, que fue dirigida musicalmente por Claudio Abbado y escénicamente por Luca Ronconi. Desde entonces la opera (o mejor dicho la cantata escénica porque de eso se trata, mas que de una verdadera opera) ingresó establemente en el repertorio operístico y se ha representado frecuentemente no solo en Italia si no también en el extranjero, por lo que es significativo decir que el Il viaggio a Reims tuvo el honor en el 2007 de ser representada en el teatro Marinskij de San Petersburgo, bajo la dirección de Valerij Gergiev. Además, pequeños teatros italianos han descubierto la obra, y en el 2009, el teatro Municipal de Piacenza le confió a la regista Rosetta Cucchi y al director de orquesta Aldo Sisillo la puesta en escena de una nueva producción: misma que fue repuesta el 7 y 8 de mayo pasados en el Teatro Rossini de Lugo di Romagna (Ravenna), resultando ser un gran éxito como el que tuvo también en Piacenza.

Existe una frase en el libreto de Balocchi, que es fundamental para definir lo absurdo que Rossini transformó en farsa jocosa, y que la dice Don Álvaro, “Se habla de partir y permanecemos aquí” De hecho ese viaje a Reims no se hizo nunca, porque no se encontraron caballos ni carrozas libres. Aquella imposibilidad por salir de Albergue del Giglio d’Oro encendió la inventiva de la directora de escena quien imaginó el desarrollo de la escena dentro de un manicomio, del que no se puede salir (y en el final la imagen de la asunción de Carlos X al trono real fue sustituida por la entrada en escena del Primer psiquiatra, el medico de los locos, recibido por todos como un deus ex machine). Definida y creada la ambientación, los caracteres de los personajes fueron así: Madama Cortese fue una completa histérica, Don Prudenzio un medico del manicomio completamente miope y tonto, la Condesa de Foleville, una mujer obstinada que además de llevar el sombrero estilo Marlene de Coco Chanel, tuvo que apoyó siempre los pies sobre una almorada de plumas de ganso, el Barón de Trombonok un director de orquesta con la baqueta perennemente en mano, Don Profundo un anticuario que llevaba cerca de el un mapamundi, Don Álvaro un toreador que llevaba una inseparable espada de Madera, la Marquesa Melibea una vieja con un collar en mano en el que debía llevar un perro que no estaba, il Conte Libenskof un personaje de la Gran Rusia que en realidad vive en los tiempos de la Urss, Corinna una fiel poetisa del Mantra que discutía. Pero las ideas son insignificantes si la acción no se apoyaba en lo sonoro: así el canto, pero sobretodo la recitación de los personajes se convirtió en gags, improvisaciones extemporáneas que sin traicionar el espíritu del libreto, tuvieron el efecto de divertir mucho al publico.
Los colores predominantes de la escena fueron el blanco del hospital y el azul, mientas que el rojo carmíneo y el negro fueron usados por la creadora de los vestuarios Claudia Pernigotti en algunos trajes (Don Álvaro, Lord Sidney, Melibea, Libenskof) para crear un eficaz constaste cromático. Los cambios de escena se realizaron a la vista, con los coristas entrando, moviendo, inflando, ondeando, arranstrando la utileria, pero tales y tantos movimientos contribuyeron a la jocosidad del espectáculo, una suerte de variación que implementó perspectivas geométricas diseñadas por Tiziano Santi. La iluminación de Marco Cittadoni mantuvo la escena con luminosidad solar, no solo en las introspectivas y en la simbologías, salvo que en la discurso cantada por Don Profondo ("Medaglie incomparabili/Cammei rari impagabili") cuando el fondo se convierte en una sucesión de colores blanco rojo y verde como la bandera italiana.

Con esta exactitud de ambiente y puntillosa recitación, la música se expresó con mucha eficacia y buena cualidad. El director Aldo Sisillo, en el podio de la Orchestra dell'Emilia Romagna, encontró las mejores matices para el lirismo rossiniano (tiempos cómodos, non cerrados) y ha realizó los crescendos y los concertantes con el pulso necesario a la vehemencia musical del Pesarese. El elenco, conformado por jóvenes artistas estuvo sobresaliente: tos muy bien como actores y como cantantes, con un aplauso de mas para el tenor Enrico Iviglia (Libenskof) quien fue capaz de emitir sobreagudos timbrados y svettanti (respecto a Rossini, nos agradaría escucharlo en el Stabat Mater y pasando a Bellini, seguramente lo escucharíamos si hiciera a Gualtiero del Pirata). Los demás cantantes del elenco fueron: Natalia Lemercier Miretti (Corinna), Silvia Beltrami (Marquesa Melibea), Elena Bakanova (Condesa Folleville), Enrica Fabbri (Madama Cortese), Alessandro Luciano (Caballero de Belfiore), Graziano Dallavalle (Lord Sidney), Marco Filippo Romano (Don Profondo), Salvatore Salvaggio (Baron de Trombonok), Omar Montanari (Don Alvaro), Diego Arturo Manto (Don Prudenzio), Bettina Block (Maddalena), Alessio Manno (Don Luigino), Gloria Contin (Delia), Luisa Staboli (Modestina), Donato Scorza (Zefirino), Kwang Soun Kim (Antonio), Alessio Manno (Gelsomino) e Marco Vito Chitti (Primario Psichiatra, figurante). Caluroso fue el aplauso del público para una exitosa función.

Monday, May 10, 2010

Lugo: la cantata scenica di Rossini non va a Reims - Il viaggio al manicomio

Foto: Teatro Rossini di Lugo ©
Athos Tromboni
La restaurazione borbonica, conseguente alla sconfitta di Napoleone Bonaparte e alla rinascita dell'assolutismo monarchico, cominciò in Francia il 6 aprile 1814, giorno in cui il Senato chiamò sul trono francese Luigi XVIII. A questi succedette, il 25 maggio 1825, il fratello Carlo X e il clima festaiolo dei giorni dell'incoronazione, in pieno periodo di restaurazione, offrì gli spunti a Gioachino Rossini per la composizione di un'opera buffa (su libretto di Luigi Balocchi), tesa a raccontare la frenesia e l'eccitazione suscitate nella gente dall'evento regio. Nacque così Il viaggio a Reims, una delle opere più originali e più misconosciute di Rossini. Nel libretto, che è una satira del costume dell'epoca, vi si immagina un gruppo di persone di nazionalità diverse che si trovano presso l’Albergo del Giglio d’Oro, nella città termale di Plombières, e decidono di organizzare una viaggio a Reims per assistere all’incoronazione. L’opera ebbe la sua prima rappresentazione il 19 giugno 1825, al Théâtre des Italiens di Parigi, con un cast stellare: praticamente tutti i più grandi cantanti di allora. Dopo quella leggendaria esecuzione l’opera non venne più eseguita, ma Gioachino Rossini riprese e riadattò la maggior parte della musica per Le Comte Ory.

Abbandonata in un cassetto per volere dello stesso Rossini, l’originale partitura fu studiata e riportata alla luce solo nel 1984 dal Rossini Opera Festival di Pesaro, con un allestimento e una compagnia di cantanti altrettanto stellare, sotto la direzione di Claudio Abbado e per la regia di Luca Ronconi. Da allora l'opera (anzi, la cantata scenica, perché di questo si tratta, più che di un'opera vera e propria) è entrata stabilmente nel repertorio e viene frequentemente rappresentata non solo in Italia ma anche all'estero: non è privo di significato che Il viaggio a Reims abbia avuto l'onore, nel 2007, d'essere rappresentata al Marinskij di San Pietroburgo, nume tutelare Valerij Gergiev. Anche i piccoli teatri italiani l'hanno riscoperta, e così nel 2009 il Municipale di Piacenza affidò alla regista Rosetta Cucchi e al direttore d'orchestra Aldo Sisillo il compito d'una nuova produzione: quell'allestimento è stato ripreso, il 7 e 8 maggio scorsi, dal Teatro Rossini di Lugo di Romagna (Ravenna), riportando anche qui il grande successo di pubblico che già aveva avuto a Piacenza.
C'è una frase, nel libretto di Balocchi, che è fondamentale per definire l'assurdo che Rossini ha tramutato in farsa giocosa, la dice Don Alvaro, ed è questa: "Si parla di partir e si rimane qui". Infatti quel viaggio a Reims non sarà mai fatto, perché non si trovano cavalli e cocchieri liberi. Quella impossibilità d'uscire dall'Albergo del Giglio d'Oro accende l'inventiva della regista che immagina svolgersi la scena dentro un manicomio, da dove non si può uscire (e nel finale l'immagine di Carlo X che assurge al soglio regale, sarà sostituita dall'entrata in scena del Primario Psichiatra, il medico dei matti, accolto da tutti come un deus ex machina). Definita e creata l'ambientazione, i caratteri dei personaggi vengono da sé: così Madama Cortese sarà una isterica conclamata, Don Prudenzio un medico del manicomio completamente miope e tonto, la Contessa di Folleville una fisima che oltre a portare il cappellino stile Marlene by Coco Chanel deve appoggiare sempre i piedi sopra un cuscino di piume d'oca, il Barone di Trombonok un direttore d'orchestra con la bacchetta perennemente in mano, Don Profondo un antiquario che si porta appresso un inseparabile mappamondo, Don Alvaro un toreador dall'altrettanto inseparabile spada di legno, la Marchesa Melibea una donna attempata con un guinzaglio in mano a cui dovrebbe essere attaccato un cane che però non c'è, il Conte Libenskof un résumé della Grande Russia che invece vive ai tempi dell'Urss, Corinna una poetessa seguace del Mantra e dedita agli oppiacei, e via discorrendo. Ma le idee sono insignificanti se non sorrette dalle azioni a loro più consonanti: così il canto, ma soprattutto la recitazione, dei personaggi diventa un panegirico di trovate, gag, improvvisazioni estemporanee che - senza tradire lo spirito del libretto - hanno l'effetto di divertire molto il pubblico.

I colori di scena predominati sono, come ovvio, il bianco ospitaliero e il blu, mentre il rosso carminio e il nero vengono usati dalla costumista Claudia Pernigotti per alcuni abiti (Don Alvaro, Lord Sidney, Melibea, Libenskof) quale efficace contrasto cromatico. I cambi scena sono eseguiti a vista, con i coristi che entrano, spostano, insufflano, sventolano, trascinano l'attrezzeria, ma tale e tanto movimento contribuisce alla giocosità dello spettacolo, una sorta di variazione implementata alle geometrie prospettiche disegnate da Tiziano Santi. Le luci di Marco Cittadoni mantengono la scena luminosissima, solare, non sono né introspettive né simboleggianti, salvo che nella tiritera cantata da Don Profondo ("Medaglie incomparabili/Cammei rari impagabili") quando il fondale diventa fantasmagoria di bianco rosso e verde come la bandiera italiana. In siffatta esattezza d'ambiente e puntigliosità di recitazione, la musica si è espressa con altrettanta efficacia e buona qualità. Il direttore Aldo Sisillo, sul podio dell'Orchestra dell'Emilia Romagna, ha trovato le migliori sfumature per il lirismo rossiniano (tempi comodi, non serrati) ed ha eseguito i crescendo e i concertati con il polso necessario all'irruenza musicale del Pesarese.
Il cast, costituito da giovani artisti, è stato ineccepibile: tutti molto bravi, sia come attori che come cantanti, con un plauso in più per il tenore Enrico Iviglia (Libenskof) capace di sovracuti timbrati e svettanti (restando a Rossini, ci piacerebbe sentirlo nello Stabat Mater; passando a Bellini, l'andremmo a sentire se fosse Gualtiero del Pirata). Gli altri del cast erano: Natalia Lemercier Miretti (Corinna), Silvia Beltrami (Marchesa Melibea), Elena Bakanova (Contessa Folleville), Enrica Fabbri (Madama Cortese), Alessandro Luciano (Cavaliere di Belfiore), Graziano Dallavalle (Lord Sidney), Marco Filippo Romano (Don Profondo), Salvatore Salvaggio (Barone di Trombonok), Omar Montanari (Don Alvaro), Diego Arturo Manto (Don Prudenzio), Bettina Block (Maddalena), Alessio Manno (Don Luigino), Gloria Contin (Delia), Luisa Staboli (Modestina), Donato Scorza (Zefirino), Kwang Soun Kim (Antonio), Alessio Manno (Gelsomino) e Marco Vito Chitti (Primario Psichiatra, figurante). Caloroso, come si è detto, il successo di pubblico.