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Thursday, July 10, 2025

Andrea Chenier en Turín

Foto: © Mattia Gaido-Daniele Ratti

Massimo Viazzo

Existen compositores operísticos cuya fama se ha consolidado esencialmente gracias a un único título.  Se puede pensar, por ejemplo, en Georges Bizet (Carmen), Amilcare Ponchielli (La Gioconda), Arrigo Boito (Mefistofele), Pietro Mascagni (Cavalleria Rusticana) y Ruggero Leoncavallo (Mefistofele).  A esta lista se puede agregar tranquilamente el nombre de Umberto Giordano (1767-1948), de quien queda su única ópera Andrea Chénier que efectivamente ha entrado en el repertorio, aunque de modo alterno, y aun así es considerada una de las obras maestras del verismo italiano.  En la ópera están los típicos elementos pasionales del estilo verista, pero se encuentran también un espíritu artístico, nobleza de alma y amor patrio, que hacen de Chénier algo precioso en el melodrama italiano a cavallo entre el siglo XIX y el XX. Andrea Chénier, opera en cuatro cuadros de Umberto Giordano con libreto de Luigi Illica, tuvo su estreno en la Scala de Milán en 1896. Ambientada durante la revolución francesa, se inspira en la vida del poeta, que realmente vivió, Andrea Chénier, conocido por sus poesías políticas y por su trágico final.  La trama se desarrolla alrededor del triángulo amoroso entre Chénier, Maddalena de Coigny y Carlo Gerard, explorando temas de amor, pasión e idealismo en un periodo de profundas agitaciones históricas. Desde el punto de vista musical, la obra es célebre por sus potentes y dramáticas arias, que le son confiadas a los tres protagonistas. Tales arias, convertidas en obras centrales del repertorio lirico, son muy apreciadas por los apasionados y resaltan la belleza del canto y la fuerza emotiva de la música verista de Giordano.  En especial, el compositor se concentró en la escritura de la parte para el tenor, técnicamente exigente y extenuante, al punto que hizo que a Chénier se le conociera como una verdadera y justa tenor opera. Andrea Chénier que ha vuelto al Teatro Regio después de un poco de más de una década, desde su última aparición, es un titulo que tiene una tradición consolidada en el teatro piamontés, alimentada siempre por la presencia de grandes voces. En el ultimo medio siglo, sobre el escenario del teatro Regio se han presentado los tenores: Carlo Bergonzi, Plácido Domingo, Nicola Martinucci y Marcelo Álvarez, y entre las sopranos Rita Orlandi Malaspina, Daniela Dessì, María José Siri; y entre los barítonos Aldo Protti, Renato Bruson, Juan Pons y Alberto Mastromarino, ! un verdadero desfile de estrellas! El espectáculo ofrecido como clausura de la temporada del Teatro Regio fue ofrecido con la producción de Giancarlo del Monaco, con escenografías de Gabriel Bianco, vestuarios de Jesús Ruiz, iluminación de Vladi Spigarolo y coreografías y Barbara Staffolani; que convenció solo en parte.  El intento del director de escena era el de contextualizar los eventos, al menos en el primer acto, en el periodo histórico de la revolución francesa, como se narra en el libreto, para después realizar un salto en el tiempo, de algunos siglos y representar revoluciones y dictaduras más cercanas al público de hoy, con el fin de demostrar como desafortunadamente el mundo vive y se nutre de tales atrocidades en cada época. De este modo, los dos protagonistas no murieron en la guillotina, si no en un campo de concentración. La bandera francesa, elemento escenográfico habitual, fue sustituida por una inquietante bandera negra, ya presente en el segundo acto, como testimonio de la oprimente presencia de un régimen totalitario no bien especificado. Además, en el escenario no surgieron situaciones, gestos, movimientos, que apuntalaran una interpretación como esta, que, en un último análisis, resultó ser meramente ilustrativa. Tampoco la dirección de orquesta convenció plenamente. La baqueta le fue confiada a Andrea Battistoni, recientemente nombrado director musical del teatro piamontés. El director ofreció una lectura tensa, por momentos desenfocada, pero también un poco monocorde a nivel dinámico, privilegiando el forte y el fortissimo. Resultando ser una ópera poco fantasiosa, y demasiado monolítica, que ha privado de un poco de respiro y de nobleza.  En esta ocasión hubo tres óptimos protagonistas como: Gregory Kunde que personificó a un Andrea Chénier polifacético, poético (Un di all’azurro spazio), como también viril (Credo a una possanza arcana) y audaz (Sì, fui soldato). La línea de canto resultó sólida y musical, sobre todo en el registro más agudo, con frecuencia electrizante, afrontando con facilidad y presuntuoso mientras que, en los graves, tuvo algunos sonidos que parecieron estar desenfocados en el timbre.  Su indudable musicalidad le permitió esbozar un Chénier del todo creíble. Por su parte, Maria Agresta interpretó una Maddalena de Coigny de gran impacto emotivo, con un timbre seductor, un sonido pleno, con cuerpo, y una técnica refinada.  Agresta fraseó con sensibilidad haciendo un personaje de gran relieve. Su pieza más celebre La mamma morta, fue probablemente el momento más intenso de la entera noche. Franco Vassallo ofreció un desempeño sólido y seguro en el papel de Carlo Gerard, mostrando un timbre viril y un acento rico de pasión.  Su Nemico della patria, tan ardiente y atormentado, fue justificadamente muy apreciado. El elenco entero ofreció una función convincente, en particular Manuela Custer que interpretó con maestría el papel de Madelon, confiriéndole al personaje una profunda humanidad que emocionó al publico gracias a su rico y bruñido timbre vocal. En “Son la vecchia Madelon”, Custer logró dejar su impronta personal. Pero diré que todos los cantantes del cast mostraron perfecta adhesión a sus propios papeles, trabajando en sinergia: Mara Gaudenzi (Bersi), Federica Giansanti (Contessa de Coigny), Adriano Gramigni (Roucher), Nicolò Ceriani (Pietro Fléville y Fouquier Tinville), Vincenzo Nizzardo (Mathieu), Riccardo Rados (Incredibile), Daniel Umbelino (el abad y poeta), Tyler Zimmerman (Dumas), Janusz Nosek (Schmidt), estos últimos tres forman parte del Regio Ensemble. Se debe señalar también la importante contribución del Coro del Teatro Regio que dirige Ulisse Trabacchin. Un aspecto no plenamente positivo fue a causa de la presencia de tres intervalos de una duración considerable, que hicieron que la duración completa del espectáculo se alargara más allá de las tres horas y media. No obstante, el espectáculo concluyó con una ovación general.





 

Andrea Chénier - Teatro Regio di Torino

Foto:© Mattia Gaido-Daniele Ratti

Massimo Viazzo

Esistono compositori operistici la cui fama si è consolidata essenzialmente grazie a un’unico titolo. Si pensi, ad esempio, a Georges Bizet (Carmen), Amilcare Ponchielli (La Gioconda), Arrigo Boito (Mefistofele), Pietro Mascagni (Cavalleria Rusticana) e Ruggero Leoncavallo (Pagliacci). A questo elenco si può aggiungere tranquillamente il nome di Umberto Giordano (1767-1948), il cui Andrea Chénier resta l’unica sua opera eettivamente entrata in repertorio, seppur in modo alterno, pur essendo considerata uno dei capolavori del verismo italiano. Nell’opera ci sono i tipici elementi passionali dello stile verista, ma troviamo anche spirito artistico, nobiltà d’animo e amor patrio, che rendono lo Chénier qualcosa di prezioso nelpanorama del melodramma italiano a cavallo tra 800 e 900. Andrea Chénier, opera in quattro quadri di Umberto Giordano su libretto di Luigi Illica, debuttò alla Scala di Milano nel 1896. Ambientata durante la Rivoluzione Francese, si ispira alla vita del poeta, realmente vissuto, Andrea Chénier, noto per le sue poesie politiche e la sua tragica fine. La trama si sviluppa attorno al triangolo amoroso tra Chénier, Maddalena di Coigny e Carlo Gerard, esplorando temi di amore, passione e idealismo in un periodo di profondi sconvolgimenti storici. Dal punto di vista musicale , l’opera è celebre per le sue arie potenti e drammatiche, affidate ai tre protagonisti. Tali arie, divenute brani centrali del repertorio lirico, sono molto apprezzate dagli appassionati e mettono in risalto la bellezza del canto e la forza emotiva della musica verista di Giordano. In particolare, Giordano si concentrò sulla scrittura della parte per il tenore, tecnicamente impegnativa e faticosa, tanto da far appellare lo Chénier come una vera e proprio tenor opera. Andrea Chénier, che è tornato al Teatro Regio di Torino dopo poco più di un decennio dall’ultima sua apparizione, è un opera che ha una tradizione consolidata nel teatro piemontese, alimentata sempre dalla presenza di grandi voci. Nell’ultimo mezzo secolo sul palcoscenico del Regio si sono avvicendati tra i tenori Carlo Bergonzi, Placido Domingo, Nicola Martinucci e Marcelo Alvarez, tra i soprani Rita Orlandi Malaspina, Daniela Dessì, Maria Josè Siri, e tra i baritoni Aldo Protti, Renato Bruson, Juan Pons e Alberto Mastromarino. Una vera parata di stelle. Lo spettacolo allestito a chiusura di stagione dal Teatro Regio, e presentato con la regia di Giancarlo del Monaco (scene di DanielBianco, costumi di Jesus Ruiz, luci di Vladi Spigarolo e coreografia di Barbara Staffolani) ha convinto solo in parte. L’intento del regista era quello di contestualizzare gli eventi, almeno nel primo atto, nel periodo storico della Rivoluzione Francese, come narrato dal libretto, per poi operare un salto temporale di alcuni secoli e rappresentare rivoluzioni e dittature più vicine a noi, al fine di mostrare come il mondo purtroppo viva e si nutra di tali efferatezze in ogni sua epoca. In questo modo, i due protagonisti non moriranno sulla ghigliottina, ma in un campo di concentramento. La bandiera francese, elemento scenografico abituale, è stata sostituita da un’inquietante bandiera nera, già presente nel secondo atto, a testimonianza dell’opprimente presenza di un regime totalitario non meglio specificato. Tuttavia, in scena non sono emerse situazioni, gesti o movimenti, tali da supportare una simile interpretazione, che, in ultima analisi, è risultata meramente illustrativa. Anche la direzione d’orchestra non ha convinto pienamente. La bacchetta era affidata ad Andrea Battistoni, recentemente nominato direttore musicale del teatro piemontese. Il direttore ha presentato una lettura tesa, a tratti infuocata, ma anche un po’ monocorde a livello dinamico, privilegiando il forte e il fortissimo. Ne è risultata una resa dell’opera poco fantasiosa e un po’ troppo monolitica, che le ha tolto un po’ di respiro e nobiltà. Ed eccoci ai tre ottimi protagonisti. Gregory Kunde ha impersonato un Andrea Chénier sfaccettato, poetico (Un dì all’azzurro spazio), ma anche virile (Credo a una possanza arcana) e audace (Sì, fui soldato). La linea di canto è risultata salda e musicale soprattutto nel registro più acuto, spesso elettrizzante e affrontato con facilità e spavalderia, mentre in basso qualche suono è parso un po’ sfocato timbricamente. La sua indubbia musicalità gli consentito di tratteggiare uno Chénier del tutto credibile. Maria Agresta ha interpretato una Maddalena de Coigny di grande impatto emotivo. Con una timbrica seducente, un suono pieno e corposo e una tecnica ranata, la Agresta ha fraseggiato con sensibilità, restituendo un personaggio a tutto tondo. Il suo brano più celebre, La mamma morta, è stato probabilmente il momento più intenso dell’intera serata. Franco Vassallo ha oerto una prova solida e sicura nei panni di Carlo Gérard, mettendo in mostra un timbro virile e un accento ricco di passione. Il suo Nemico della patria, così ardente e tormentato, è stato giustamente molto apprezzato. L’intero cast ha oerto una performance convincente. In particolare, Manuela Custer ha interpretato con maestria il ruolo di Madelon, conferendo al personaggio una profonda umanità che ha emozionato il pubblico grazie alla sua timbrica vocale ricca e brunita. In “Son la vecchia Madelon”, la Custer ha saputo imprimere la sua impronta personale. Ma, direi, che tutti i cantati del cast hanno mostrato perfetta aderenza ai propri ruoli, lavorando in sinergia: Mara Gaudenzi (Bersi), Federica Giansanti (Contessa de Coigny), Adriano Gramigni (Roucher), Nicolò Ceriani (Pietro Fléville e Fouquier Tinville), Vincenzo Nizzardo (Mathieu), Riccardo Rados (Incredibile), Daniel Umbelino (L’abate poeta), Tyler Zimmerman (Dumas), Janusz Nosek (Schmidt), gli ultimi tre facenti parte del Regio Ensemble. Da segnalare anche l’importante contributo del Coro del Teatro Regio diretto da Ulisse Trabacchin. Un aspetto non pienamente positivo è stato rappresentato dalla presenza di ben tre intervalli di durata considerevole, che hanno portato la durata complessiva dello spettacolo oltre le tre ore e mezza. Ciononostante, lo spettacolo si è concluso con un’ovazione generale.



Sunday, April 7, 2024

Madama Butterfly en Niza

Fotos: Opéra de Nice

Ramón Jacques

La amplia oferta lirica y carteleras repletas de interesantes títulos operísticos que existe en Francia no se limita solamente a los teatros de las capitales importantes, si no que existe una cantidad de teatros de mucha tradición por todo el país como lo es la situada Opéra de Nice Côte d'Azur en el sur, en la costa azul y justo frente al mar. Como no podía faltar en el presente curso, y en la ocasión de centésimo aniversario de la muerte del compositor Giacomo Puccini (1858-1924) se programó la que quizás sea su ópera más conocida y gustada: Madama Butterfly. Puccini fue un gran compositor de su época y sobre todo del repertorio lirico italiano y su música fue un punto de encuentro entre la era romántica y la era verista por lo que se le reconoce por su innegable talento para orquestar sus opera. El nuevo exotismo que quiso explorar Puccini, y su libretista David Belasco, que resaltan la intensidad de sus personajes como  la cruel verdad de las situaciones expuestas en la historia, con Cio Cio San que da la vida enamorándose apasionadamente de Pinkerton yendo contra todas las convenciones sociales, y al punto de relegar a su familia y su religión ancestral; ese es el punto en el que se basó el director de escena francés Daniel Benoin, quien se encargó de la puesta en escena y la iluminación, con escenografías de Jean-Pierre Laponte, los adecuados vestuarios de Nathalie Bérard-Benoin, y las video proyecciones de Paolo Correa.  Benoin situó la escena en los días posteriores al bombardeo atómico de Japón, y al fondo en una pantalla circular se proyectaban escenas de la destrucción, una visión novedosa pero cruda.  En escena colocó la casa derruida de Cio Cio San, y dentro de esa escena es donde se lleva a cabo la historia, con Pinkerton vestido de soldado, y la presencia del coro y figurantes con notables y auténticos vestuarios japonés. En la segunda parte, después del intermedio, nos encontramos con un nuevo Japón reconstruido y moderno, como se observa en los videos, la casa de Cio Cio San reconstruida, así como una serie de transmisiones de videos del arte cinematográfico en especial de películas como Come morì Butterfly del cineasta Emilio Graziani-Walter de 1917 y Harakiri de 1919 del cineasta Fritz Langa, además de escenas grabadas ex profeso con los protagonistas de esta función, se nota que ha pasado el tiempo, y Pinkerton ha sido ascendido a oficial de la marina, y Cio Cio San, renegando de su origen japones luce vestidos y una apariencia más occidentalizada. La puesta expone también algunas protestas de las geishas japonesas, quizás un guiño al actual clima bélico y político. La idea de la puesta es distinta, no exenta de cierta rigidez, pero que funciona con relación a la trama.  El elenco de cantantes fue encabezado por la soprano Corinne Winters, una cantante de buenas cualidades vocales como el brillo, la musicalidad, el despliegue fluido y fácil de agudos, y adecuada proyección.  La mezzosoprano Manuel Custer dio relevancia e intensidad al papel de Susuki, por la suntuosidad de su timbre oscuro y nítido, como por la experiencia y dignidad que aportó al desarrollo de un personaje en ocasiones se sitúa en un segundo plano.  En la idea de Benoin, Susuki, muere en la misma escena que Cio Cio San con un brillante fondo rojo. El tenor Antonio Corianò tuvo un desempeño adecuado en el papel de Pinkerton, su canto es viril de grato timbre y buena actuación.  Relevante fue la presencia del bajo Àngel Òdena en el papel de Sharpless. Un artista que mostró porte, personalidad y elegancia en escena, además de que supo darle sentido y sensibilidad a su canto profundo e intenso. Correctos y participativos estuvieron el resto de los personajes, destacando la presencia del legendario tenor Luca Lombardo como el Principe Yamadori, la mezzosoprano Valentine Lemercier como Kate Pinkerton, Josep Fadó como Goro, Mattia Denti como el tio Bonzo y Mickaël Guedj como Yakuside. Muy bien estuvo el coro de la ópera de Niza que dirige el maestro Giulio Magnanini, así como la Orchestre Philharmonique de Nice, que es una de esas orquestas musicalmente afinadas por la temporada de música sinfónica que realizan de manera paralela, y que explotó los momentos más sutiles de la música de Puccini. Al frente estuvo el maestro Andriy Yurkevych cuya lectura por momentos se escuchó algo rutinaria y de tiempos largos, pero que no desmereció el desempeño de los instrumentistas de la orquesta.



Sunday, August 2, 2020

El Barbero de Sevilla en Novara Italia

Foto: Finotti

Renzo Bellardone

Si, nuestro teatro tradicional piamontés el Coccia di Novara junto con la Fondazione Teatro Coccia, no se han rendido por vencido y aprovechando el amplio patio del castillo, diseñaron un programa interesante; entre cuyos títulos elegidos destaca el "Barbero de Sevilla", abandonando la orquesta, pero arreglándoselas para ofrecer una velada agradable y de buen nivel. La obertura de Alba Pepe al piano comenzó más con una intrigante dulzura que con vivacidad, solo para animar y mantener un buen ritmo en la ópera a pesar de las modificaciones de los jóvenes maestros de la Academia AMO del Teatro Coccia. De manera clásica apareció en una plaza de Sevilla, Fiorello con la linterna en la mano, interpretado con presencia y buen ambiente por Filippo Rotondo, a quien luego se le vio también en el papel de un oficial. El conocido intérprete de Rossini Enrico Iviglia, mostró su canto fácil en las variaciones, y con un canto seguro interpretó brillantemente al Conde de Almaviva. El Barbero es la ópera más representada del mundo, por lo tanto, es muy conocida y el público de esta velada de verano esperaba las arias más conocidas, como la famosa cavatina 'Figaro qua..Hei Figaro ...' ello hace que sea un mayor compromiso para cualquier intérprete del personaje. Gabriele Nani tiene varias producciones en su haber y, aunque es joven, tiene un amplio repertorio que le permite desenvolverse con seguridad en el papel que desempeñó con habilidad, aprovechando una radiante presencia en el escenario y la buena técnica para apoyar su grato timbre de sublime color. Manuela Custer fue Rosina, continuando así su tradición rossiniana que comenzó con su debut en ‘Elisabetta regina d’Inghilterra’'' en el Regio de Turín. Es una intérprete de referencia muy apreciada en las óperas serias de Rossini, como por ejemplo su 'Tancredi', como también en la interpretación de música antigua. Dando vida a Rosina estuvo confiable y con su destreza en la agilidad, entusiasmó al público con la interpretación de las arias esperadas, su timbre fue seguro y supo espaciar con elegancia gracias a una firme técnica. El jovencísimo Stefano Marchisio dio un paso decisivo adelante con una exitosa interpretación de Don Bartolo; confiado en escena como con su voz, expresó un tono profundo y una frase muy pura: ‘A un dottore della mia sorte…’ que interpretó con una habilidad poco común que incluso, a veces, intérpretes más experimentados no demuestran. Definitivamente por actuación, caracterizó bien al personaje. Alessandro Abis interpretó a Don Basilio de manera convincente e hizo que la "calumnia" fuera más que una "brisa muy suave" (‘venticello assai gentile’). Ilaria Alida Quilico fue una amable Berta que rindió con una voz sonora y divertida, mientras que Filippo Rotondo, Fiorello y luego. un oficial que interpretó con una voz profunda y segura. Las dificultades en la época de Covid son muchas, incluso para la dirección de Renato Bonaijuto para quien no debió haber sido fácil crear un espectáculo con las limitaciones impuestas, así que "honor al mérito" porque pudo llevarlo a cabo con pocos elementos, como los paneles giratorios para recrear una plaza primero y luego el interior de la residencia de Bartolo, con ligeras bromas entre el público, los paraguas en la tormenta, y luego la escalera llevada al balcón y retirada por el incauto Don Bartolo que hicieron sonreír al público. Las mascarillas usadas escenario y luego utilizadas como elementos escénicos, con Berta desinfectando todo y a todos, fue algo actualmente relevante que incluso aligeró un poco el momento. Elegidos de la academia de dirección de la orquesta AMO del Teatro Coccia, coordinada por el maestro Matteo Beltrami, los dos directores estuvieron atentos y correctos en su desempeño. ¡Siempre divertido el 'Barbero' con la moraleja de la ‘dell’inutil precauzione’ ! (¡’ la inútil precaución’!

Friday, July 31, 2020

Il Barbiere di Siviglia - Teatro Coccia di Novara - Cortile del Castello 29 luglio 2020


Foto: Finotti 

Renzo Bellardone

IL BARBIERE DI SIVIGLIA Opera in due atti di Gioachino Rossini con Enrico Iviglia Il conte D'Almaviva Stefano Marchisio Don Bartolo Manuela Custer Rosina Gabriele Nani Figaro Alessandro Abis Don Basilio Ilaria Alida Quilico Berta Filippo Rotondo Fiorello/Un ufficiale direzione Accademia dei Mestieri d'Opera del Teatro Coccia AMO regia Renato Bonajuto assistente alla regia Lorenzo Lenzi Alba Pepe pianoforte Produzione Fondazione Teatro Coccia, 
Ebbene si, il nostro teatro di tradizione piemontese, ovvero il Coccia di  Novara, con La Fondazione Teatro Coccia per l'Estate Novarese, non molla ed utilizzando l’ampio cortile del Castello, appronta un cartellone interessante; tra i titoli i evidenza il “Barbiere di Siviglia e pur rinunciando all’orchestra riesce ad offrire a serata piacevole e di livello. L’ouverture al pianoforte di Alba Pepe parte più con dolcezza intrigante che con briosità, salvo poi vivacizzarsi e mantenere un buon ritmo per l’itera opera pur con l’alterarsi di giovani direttori dell’Accademia AMO del Teatro Coccia. Classicamente appare su una  piazza di Siviglia,  Fiorello con la lanterna in mano,  interpretato con presenza e buona impostazione da Filippo Rotondo, che vedremo poi anche nei panni di un Ufficiale. Affermato interprete rossiniano è il brillante Enrico Iviglia, facile nelle variazioni e con vocalità sicura, che vivacemente interpreta il Conte d’Almaviva. Il Barbiere è l’opera più rappresentata al mondo e quindi è molto conosciuta ed anche il pubblico delle serate estive si attende le arie più conosciute e tra queste la celebre cavatina ‘Figaro qua..Hei Figaro….’ e per questo è un impegno forte per qualsiasi interprete del Barbiere. Gabriele Nani ha  al suo attivo diverse produzioni ed ancorchè giovane ha un vasto repertorio che gli consente spigliatezza e sicurezza nel ruolo che infatti interpreta con abilità, sfruttando la brillante presenza scenica e buona tecnica a supporto di bel timbro e  bel colore.  Manuela Custer è Rosina, continuando così la sua tradizione rossiniana iniziata addirittura al debutto in ‘Elisabetta regina d’Inghilterra’ al Regio di Torino; interprete di riferimento è ben apprezzata anche nel Rossini serio, vedi ‘Tancredi’ e nella musica antica fino alla musica dei giorni nostri. In Rosina è sicura e facile nelle agilità ed appassiona il pubblico  con l’interpretazione delle arie attese con il suo timbro sicuro che sa spaziare elegantemente, grazie alla salda tecnica. 
Il giovanissimo Stefano Marchisio fa un deciso balzo in avanti con l’interpretazione super riuscita di Don Bartolo; sicuro sulla scena come con la voce, esprime un tono profondo ed un fraseggio purissimo: ‘A un dottore della mia sorte…’ lo interpreta con una abilità non comune che talvolta neppure i più affermati interpreti sanno eguagliare. Decisamente in ruolo, ha caratterizzato bene il personaggioAlessandro Abis interpreta  Don Basilio in modo convincente e rende ‘la calunnia’ qualcosa di più di un semplice ‘venticello assai gentile’. Ilaria Alida Quilico è la simpaticissima  Berta che rende con una voce squillante e divertente, mentre Filippo Rotondo  prima Fiorello  e poi un ufficiale che interpreta simpaticamente e con voce profonda e sicura. Le difficoltà in tempo di Covid sono molte ed anche per la regia di Renato Bonaijuto non deve essere stato semplice realizzare uno spettacolo con le limitazioni imposte, ma ‘onore al merito’ ha saputo con pochi elementi quali i pannelli girevoli ricreare prima la piazza e poi l’interno della dimora di Bartolo, con la gag garbata tra il pubblico, degli ombrelli al temporale e quindi della scala portata al balcone e poi recuperata dall’incauto Don Bartolo ha fatto sorridere il pubblico; le mascherine imposte all’entrale sul palco e poi utilizzate quale elemento registico e Berta che disinfetta tutto e tutti quanti risulta temporalmente pertinente ed anche un po’ in alleggerimento del momento. Scelti all’Accademia di direzione d’orchestra AMO del Teatro Coccia, coordinata dal Maestro Matteo Beltrami, i due direttori sono risultati attenti e gradevoli nella conduzione. Sempre divertente il ‘Barbiere’  con la morale ‘dell’inutil precauzione’ ! La Musica vince sempre


Friday, July 27, 2018

Le Nozze di Figaro - Teatro Regio di Torino


Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio 

Renzo Bellardone

Certo che con il caldo afoso della metropoli piemontese, correre, saltare, cantare, interpretare sul palco deve essere una gran fatica! Eppure i grandiosi artisti delle ‘Nozze’ della trilogia mozartiana ce l’hanno fatta ed in modo egregio ! Le Nozze di Figaro, con il Don Giovanni ed il Così fan tutte  rappresentano certamente l’apice raggiunto nell’opera buffa mozartiana, merito che l’amato compositore condivide con l’abate Lorenzo Da Ponte illuminato librettista. La riproposta del Teatro Regio è senza dubbio interessante anche per la riconferma che la linearità delle scene –Tommaso Lagattolla- , motivata da una regia attiva –Elena Barbalich- con un cast brillante e valido  sono sempre ottimi motivi per assistere ad una replica. L’orchestra del Teatro Regio negli ultimi anni si è affermata tra le migliori del panorama europeo ed in questa produzione è stata diretta da Speranza Scappucci con verve, brillantezza, molta attenzione e gesto forte e chiaro. Molto simpatico il momento quando Custer/Marcellina canta ‘Non mi resta che la Speranza…’  e corre un bel sorriso tra cantante e direttrice. Il cast è di tutto rilievo ed andando in ordine di locandina non si può che applaudire Simone Alberghini  superbamente nel ruolo del Conte, che esprime fraseggio, coinvolgimento e sempre quel bel colore brunito che lo contraddistingue. Serena Farnocchia nel ruolo della Contessa è agile e sicura con espressione vivida e di rilievo ‘E Susanna non vien…’ è davvero un gioiellino. Nel ruolo del titolo ovvero Figaro è il super Paolo Bordogna che ogni volta affascina per l’intera sua interpretazione: cantante eccezionale, timbricamente rilevante, attore indiscusso, ‘animale da palcoscenico’ senza dubbio! Sempre entra perfettamente nel personaggio e lo fa suo e dimenticando tutto il resto lo vive appieno donando al pubblico esattamente quando la vicenda narra. Susanna incontra Maria Grazia Schiavo che raggiunta una maturità vocale di forte interesse dona al personaggio, civetteria, freschezza e brillantezza con voce pulita e cistallina. Paola Gardina nel ruolo di Cherubino merita davvero un cenno speciale, in quanto sembra il personaggio tagliato su misura per lei, che interpreta con semplicità ed amorevolezza, utilizzando voce ed attorialità per dipingere questo capriccioso Cherubino. Marcellina, la governante che si scoprirà madre di Figaro, è Manuela Custer che con gioia, dopo molti anni,  abbiamo ritrovato sul palcoscenico del Regio – dove aveva iniziato la carriera-  e che qui speriamo ancora di ritrovare; la Custer è sempre sicura nel ruolo e da grande musicista sa cogliere ogni sfumatura della partitura facendola sua, riuscendo così ad imprimere al personaggio affidatole tutte le caratterialità che lo contraddistinguono. Fabrizio Beggi è il medico Bartolo di cui veste i panni con sicurezza vocale ed attoriale. Tutti gli altri interpreti sono validamente nella loro parte, così come il coro diretto da Andrea Secchi è sempre di grande rilievo creando un insieme davvero gradevole e interessante. La Musica vince sempre.


Monday, May 14, 2018

Recital de Rossini en el Teatro Civico de Vercelli


Foto Copyright:Stefania Piccoli

Attilio Piovano   

Realmente fue una forma hermosa, inusual e intrigante, la que eligió la Camerata Ducale como homenaje a Rossini por el 150º aniversario de su muerte: confiándole la cita del pasado 5 de mayo en el teatro cívico de Vercelli, como parte del Festival Viotti, a la lujosa voz y los dotes comunes de performer de la mezzosoprano Manuela Custer, óptimamente acompañada al piano por el refinado y culto Massimo Viazzo. Dos versátiles intérpretes, ambos de vasta experiencia y ricos palmares artísticos. Por el mérito de haber ideado y confeccionado un singular programa ‘ad hoc’ de páginas extrapoladas de las más celebres partituras teatrales (salvo una excepción), no se trato de un recital de evergreen operístico, si no de un itinerario articulado en una secuencia de piezas vocales cautivantes y heterogéneas, combinadas con las gustosas bromas pianísticas de los llamados Péchés de vieillesse. No bastó que los dos artistas no se ‘limitaron’ a interpretar admirablemente un programa que generaba curiosidad, si no que además supieron dar vida a una velada multicolor, equilibrada entre un recital y un verdadero teatro musical, gracias al destacado talento actoral de Custer que entretuvo al público ‘bordando’ las piezas una por una, con divertidas anécdotas, ocurrentes puntadas, agradables reflexiones, que variaron entre un considerable rango de cuerdas de actuación (supo plegar su dúctil voz a diversos acentos, jugando con inflexiones de dialectos: como el veneciano, boloñese, con irresistible diversión). Por su parte, Viazzo, mantuvo en alto el bastón, introduciendo con humor las piezas pianísticas (en su mayoría rara vez escuchadas) que interpretó con impecable técnica y con agradable ejecución; piezas que a veces, a pesar de que Rossini afirmó autodefiniéndose con subestimación esnob, como un pianista de tercer orden; requieren cualidades de un verdadero virtuoso. En cuanto a las paginas vocales se refiere, en la apertura de los tonos de cuento de hadas, un poco melancólicos de la Légende de Marguerite, que es en realidad un remake de Una volta c’era un re de la conocida Cenerentola Custer lo hizo de la mejor manera, jugueteando después en las páginas de inspiración infantil con inestimable mímica y la pantomima de los estornudos. (Le Dodo des Enfants y La Chanson du Bébé).  Después vino la espumeante Se il vuol la Molinara, fruto de un Rossini de apenas nueve años, y varias ediciones de Mi lagnerò tacendo de Metastasio que permitieron a Custer mostrar su transformación vocal, desde lo trágico hasta lo semi serio y más allá; los acentos ibéricos de la Canzonetta spagnuola, el atractivo À Grenade, el gracioso pastiche dell’Arietta all’antica, y no faltó tampoco su viaje ideal al Oriente (L’amour à Pekin) a la Venezia dell’Anzoleta antes de la regata, siguiendo los pasos de Marco Polo. En la parte del piano, Viazzo supo pasear con nonchalance y aristocrática seguridad la dulce Caresse à ma femme hasta los tonos lisztianos del exigente Memento Homo, desde el extraño y moderna Marche et Réminiscences pour mon dernier voyage que requiere al pianista también capacidad de fino declamador, para citar las diversas apariciones de temas operísticos, hasta el brillante Caprice Style Offenbach, hibridando además con refinado toque, las mil harmonías de la genial Ave Maria su due. Lo más destacado en el bis, fue el celebérrimo y siempre agradable Duetto buffo dei gatti en el que los intérpretes, ambos en el teclado, intercambiaron idealmente sus partes tocando y cantando alegres y atrevidos maullidos que divirtieron al público,  en lo que fue  un éxito pleno. 

Monday, May 7, 2018

Rossini raro e spassoso, al Civico di Vercelli - Italia

Foto Copyright:Stefania Piccoli

Attilio Piovano 

Davvero un bel modo, inconsueto e intrigante, quello prescelto da Camerata Ducale per rendere hommage a Rossini nel 150° della morte: affidare l’appuntamento dello scorso sabato 5 maggio, al Civico di Vercelli per Viotti Festival, alla voce di lusso e alle non comuni doti di performer del mezzosoprano Manuela Custer, ottimamente assecondata al pianoforte dal raffinato e colto Massimo Viazzo. Ai due versatili interpreti, entrambi dalla vasta esperienza e dal ricco palmarès artistico, il merito di aver ideato e confezionato ‘ad hoc’ un programma  singolare: non già pagine estrapolate dalle più celebri partiture teatrali (salvo un’unica eccezione), non un recital di evergreen operistici dunque, bensì un itinerario articolato in una sequela di brani vocali, tanto accattivanti quanto eterogenei. In abbinamento a gustose celie pianistiche dai cosiddetti Péchés de vieillesseNon basta: i due artisti non si sono ‘limitati’ ad interpretare egregiamente un programma che già da solo suscitava curiosità, bensì hanno saputo dar vita ad una soirée variegata, in bilico tra recital e vero e  proprio teatro musicale: grazie allo spiccato talento attoriale della Custer che ha intrattenuto il pubblico, ‘cucendo’ i brani l’uno all’altro, con spassosi aneddoti, argute interpunture, amabili riflessioni, spaziando entro un ragguardevole range di corde di recitazione (sa piegare la sua voce duttile ad accenti i più diversi, giocando su inflessioni dialettali, ora veneziane ora bolognesi, con irresistibile spasso). Viazzo, da par suo, le ha ben tenuto bordone introducendo con humour i brani pianistici (per lo più di rara esecuzione) che ha poi interpretato con tecnica impeccabile e bel tocco: brani che talora - ad onta di quanto sosteneva Rossini auto definendosi, con snobistico understatement, pianista di terz’ordine - richiedono invece doti di vero e proprio virtuoso. E allora, quanto a pagine vocali, ecco in apertura i toni fiabeschi e un po’ melanconici della Légende de Marguerite, in realtà il remake di Una volta c’era un re dalla popolarissima Cenerentola che la Custer ha reso al meglio, bamboleggiando poi nelle pagine di ispirazione infantile (Le Dodo des Enfants e La Chanson du Bébé) con mimica impagabile e la pantomima dello starnuto. Poi la spumeggiante Se il vuol la Molinara, frutto di un Rossini di appena nove anni, e svariate edizioni del metastasiano Mi lagnerò tacendo che hanno permesso alla Custer di mostrare il suo trasformismo vocale, dal tragico al semiserio e oltre, gli accenti iberici della Canzonetta spagnuola e dell’aitante À Grenade, il garbato pastiche dell’Arietta all’antica, e non è mancato nemmeno un ideale viaggio dall’Oriente (L’amour à Pekin) alla Venezia dell’Anzoleta avanti la regata, sulle orme a ritroso di Marco Polo. Sul versante pianistico Viazzo ha saputo spaziare con nonchalance e aristocratica sicurezza dalla dolce Caresse à ma femme ai toni lisztiani dell’impegnativo Memento Homo, dalla bizzarra (e invero modernissima) Marche et Réminiscences pour mon dernier voyage che richiede al pianista anche capacità di fine dicitore, nel citare le varie emersioni di temi operistici, giù giù sino al brillante Caprice Style Offenbach, ibridando altresì con tocco raffinato le mille armonie della geniale Ave Maria su due note. Il clou nel bis, il celeberrimo e sempre gradito Duetto buffo dei gatti dove i due interpreti, entrambi alla tastiera, si sono idealmente scambiate le parti suonando e cantando in un tripudio di comici e inverecondi miao che hanno oltremodo divertito il pubblico. Successo pieno.



Thursday, October 20, 2016

Stresa Festival 2016 - Le Rossignol de Igor Stravinsky

Foto: Lorenzo di Nozzi
Renzo Bellardone
STRESA FESTIVAL 2016 – PALAZZO DEI CONGRESSI 4 SETTEMBRE

RICHARD STRAUSS, 4 Interludi da Intermezzo IGOR STRAVINSKIJ, Le Rossignol Video scenografia di Guido Fiorato Produzione digitale di Francesco Campanini Regia di Dario Betti Assistente alla regia Silvia magagni Commissione Stresa Festival L’Usignolo, Christina Poulitsi La cuoca, Erika Grimaldi (soprano) Il pescatore, Francesco Marsiglia (tenore) L’imperatore, Arutjun Kotchinian Il Bonzo, Daniel Borowski (basso) Il Ciambellano, Gabriele Sagona (basso) La morte, Manuela Custer (soprano) Ars Cantica Choir Gianandrea Noseda, direttore

Non è così scontato prevedere in programma di concerto i 4 interludi da Intermezzo di Richard Strauss e così risulta ancor più interessante entrare in sala e predisporsi all’ascolto, che non andrà deluso! La Musica avvolgente è diretta da Gianandrea Noseda con attenzione e forte espressività con il ben conosciuto gesto ampio e comunicativo che compenetrando la scrittura ne espande il ‘corpus’ fino alle sensazioni più complesse. L’Orchestra segue con intesa reciproca e comunione intenzionale.

Il coro Ars Antica Choir  diretto da Marco Berrini, già in altre occasioni ospite dello Stresa Festival, entra in gioco con la seconda parte del programma ovvero con ‘Le Rossignol’. Qui la partitura è decisamente  più complessa della precedente e seppur conosciuta risulta sempre come nuova e quindi richiede maggior compartecipata attenzione. A rendere la proposta fruibile al disomogeneo pubblico intervengono le buone voci ed il video ricco di colore ‘orientale’ e le immagini in lento scorrere in sincrono con il tempo ed il ritmo musicale. A questo riguardo è doveroso segnalare la bellissima e favolistica realizzazione di Guido Fiorato, i movimenti digitalizzati di Francesco Campanini e la regia di Dario Betti, assistito da Silvia Magagni.

I cantanti davvero bravi son riuscii a dare una lettura accessibile e gradevole di una scrittura non particolarmente immediata, seppur conosciuta. L’Usignolo è  Christina Poulitsi, che accettando all’ultimo la sostituzione della soprano prevista si è guadagnata un plauso avvalorato dalla buona riuscita nel fraseggio e nelle variazioni coloristiche. La cuoca è impersonata da   Erika Grimaldi, già ospite acclamata solista nell’edizione 2015, la quale ha riconfermato le sue doti vocali ed interpretative in particolare negli acuti e nei bei colori. Il tenore  Francesco Marsiglia interpreta il pescatore che avvalora  con buona intonazione e gradevole emissione arrotondata. L’imperatore e  Arutjun Kotchinian profondo ed accorato con sensibile partecipazione. Il Bonzo è Daniel Borowski che decisamente nella parte offre un colore molto scuro con timbrica pregevole. Gabriele Sagona , basso,  interpreta il ciambellano in modo consapevole e con piglio autorevole sorretto dalla robusta e convincente  voce dai colori possenti. La morte trova in  Manuela Custer  la valida interprete che in poche battute da una sferzata  possente per colore, timbro e partecipazione. La Musica vince sempre


Saturday, August 1, 2015

Manuela Custer e Raffaele Cortesi - Orta Festival 2015 Orta San Giulio

Foto: Orta Festival

Renzo Bellardone

Manuela Custer – mezzosoprano e Raffaele Cortesi – pianoforteContemporaneità, poesia, sogno e visione in un unico scrigno che avvolge questi gioielli: la voce ammaliante di Manuela Custer. L’affermato mezzosoprano novarese ha regalato emozioni sorridenti e tristezze meditative, caratterizzate dalla forte carica interpretativa che contraddistingue Custer e ne fa un’interprete riconoscibilissima che si staglia nel firmamento della lirica. Accompagnata con forte intesa da Raffaele Cortesi al pianoforte, ha interpretato due sonetti del Berni e poi delle Fate di Gian Francesco Maplipiero. Sempre introducendo a due voci i brani che sarebbero poi  stati eseguiti, in programma si è trovato anche ‘I Pastori’ con musica di Ildebrando Pizzetti composta sui celebri versi di D’Annunzio ‘partiamo è tempo di migrare’; questo brano è l’unico diamante che si stacca dal filo conduttore del programma ovvero la donna o meglio l’universo femminile. La seconda parte si è concentrata su Francesco Paolo Tosti ed alcun celebri brani tra cui spiccano “quattro canzoni d’Amaranta” . La sicurezza di due affermati professionisti, la leggerezza poetica del tocco di Raffaele Cortesi e l’intuito musicale che caratterizza Manuela Custer sono stati elementi che han fatto risplendere la magnifica Basilica di Santa Maria Assunta a Orta San Giulio. Un cenno particolare ai bei colori della voce di Custer che sa modulare con poetica leggerezza ed intensa drammaticità, facendo risplendere ogni nota che caparbia si impossessa dell’ascoltatore affascinato. La Musica vince sempre.

Wednesday, October 26, 2011

Le donne di Vivaldi en Buenos Aires

Foto: Sonatori

Gustavo Gabriel Otero

Como fin del Ciclo 2011 del Mozarteum Argentino se presentó, en el Teatro Colón de Buenos Aires, el espectáculo ‘Le donne di Vivaldi’ ideado por el maestro Francesco Fanna y por Myriam Zerbi. La estructura es sencilla pero de buena factura: alternar obras orquestales y vocales de Antonio Vivaldi con el relato de algunos momentos de la vida del músico en especial su relación con las heroínas salidas de su pluma y con las intérpretes de su música. En la sutil complementación de elementos musicales se alternaron tres conciertos y tres arias interpretadas por cada una de las tres solistas para finalizar con un fragmento del Beatus vir interpretado a trío por las cantantes. Los textos escritos por Myriam Zerbi y leídos y recitados por Filippo Plancher aportaron datos y simpáticos relatos. Lamentablemente un descomunal acople del equipo de audio al iniciarse el relato -luego de concluir la primera intervención solista de la orquesta- desorientó al público. Más cuando el relator ingresando por la platea gritaba ‘Fue él’. Luego todo marchó bien pero es dable remarcar que en un teatro lírico con la acústica del Colón no es necesario amplificar las voces habladas. En la faz musical el concierto se inició con el conjunto Sonatori de la Gioiosa Marca interpretando el Concierto para cuerdas en Re menor de Antonio Vivaldi. Lo que permitió apreciar el perfecto color original de una agrupación historicista especializada en el género, la afinación exacta, la rítmica precisa y el cuidado equilibrio de la agrupación véneta. En el trascurso de la velada la agrupación ofreció el Concierto para flauta piccolo en Do mayor, que cerró la primera parte electrizando al público por la justeza de la interpretación y por la excelencia de la solista -Dorothée Oberlinger- quien deslumbró por la naturalidad del sonido, por la justeza en las agilidades y por la perfección en la articulación además de deslumbrar por su altura, juventud y natural belleza. Y luego inició la segunda con el Concierto para laúd, RV 93, donde se lució Ivanno Zanenghi.

En todos los casos, así como acompañante de las solistas, los Sonatori de la Gioiosa Marca reivindicaron su justa fama internacional.  En otros momentos actuaron como solistas Giorgio Fava en violín y nuevamente Ivanno Zanenghi pero como solista de mandolina, mostrando siempre seguridad y musicalidad. La mezzosoprano argentina Susanna Moncayo von Hase aportó su bellísimo color vocal y su timbre acontraltado para interpretar Fingi d’avere un cor de Arsilda, regina di Ponto; Ho il cor già lacero de Griselda y Sovente il sole de Andromeda liberata. Por su lado la soprano italiana Gemma Bertagnolli mostró perfecto estilo y coloraturas límpidas y brillantes en sus interpretaciones de La speranza verdeggiando de Orlando finto pazzo, Armatae face, et anguibus de Juditha triumphans y Ombre vane, ingiusti orrori de Griselda. Mientras que la mezzosoprano, originaria de Novara, Manuela Custer demostró perfecto dominio escénico, gracia y simpatía a la par de perfección técnica, flexibilidad en el registro, belleza vocal y seguridad en las coloraturas en sus interpretaciones de Misero spirto mio de Ottone in villa, Transit aetas de Juditha triumphans y Nel profondo cieco mondo de Orlando Furioso –sin dudas su mejor momento de la noche. En todo momento brilló la concertación del maestro Francesco Fanna para brindar una noche de acercamiento a Vivaldi diferente y de gran calidad.