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Thursday, July 10, 2025

Andrea Chenier en Turín

Foto: © Mattia Gaido-Daniele Ratti

Massimo Viazzo

Existen compositores operísticos cuya fama se ha consolidado esencialmente gracias a un único título.  Se puede pensar, por ejemplo, en Georges Bizet (Carmen), Amilcare Ponchielli (La Gioconda), Arrigo Boito (Mefistofele), Pietro Mascagni (Cavalleria Rusticana) y Ruggero Leoncavallo (Mefistofele).  A esta lista se puede agregar tranquilamente el nombre de Umberto Giordano (1767-1948), de quien queda su única ópera Andrea Chénier que efectivamente ha entrado en el repertorio, aunque de modo alterno, y aun así es considerada una de las obras maestras del verismo italiano.  En la ópera están los típicos elementos pasionales del estilo verista, pero se encuentran también un espíritu artístico, nobleza de alma y amor patrio, que hacen de Chénier algo precioso en el melodrama italiano a cavallo entre el siglo XIX y el XX. Andrea Chénier, opera en cuatro cuadros de Umberto Giordano con libreto de Luigi Illica, tuvo su estreno en la Scala de Milán en 1896. Ambientada durante la revolución francesa, se inspira en la vida del poeta, que realmente vivió, Andrea Chénier, conocido por sus poesías políticas y por su trágico final.  La trama se desarrolla alrededor del triángulo amoroso entre Chénier, Maddalena de Coigny y Carlo Gerard, explorando temas de amor, pasión e idealismo en un periodo de profundas agitaciones históricas. Desde el punto de vista musical, la obra es célebre por sus potentes y dramáticas arias, que le son confiadas a los tres protagonistas. Tales arias, convertidas en obras centrales del repertorio lirico, son muy apreciadas por los apasionados y resaltan la belleza del canto y la fuerza emotiva de la música verista de Giordano.  En especial, el compositor se concentró en la escritura de la parte para el tenor, técnicamente exigente y extenuante, al punto que hizo que a Chénier se le conociera como una verdadera y justa tenor opera. Andrea Chénier que ha vuelto al Teatro Regio después de un poco de más de una década, desde su última aparición, es un titulo que tiene una tradición consolidada en el teatro piamontés, alimentada siempre por la presencia de grandes voces. En el ultimo medio siglo, sobre el escenario del teatro Regio se han presentado los tenores: Carlo Bergonzi, Plácido Domingo, Nicola Martinucci y Marcelo Álvarez, y entre las sopranos Rita Orlandi Malaspina, Daniela Dessì, María José Siri; y entre los barítonos Aldo Protti, Renato Bruson, Juan Pons y Alberto Mastromarino, ! un verdadero desfile de estrellas! El espectáculo ofrecido como clausura de la temporada del Teatro Regio fue ofrecido con la producción de Giancarlo del Monaco, con escenografías de Gabriel Bianco, vestuarios de Jesús Ruiz, iluminación de Vladi Spigarolo y coreografías y Barbara Staffolani; que convenció solo en parte.  El intento del director de escena era el de contextualizar los eventos, al menos en el primer acto, en el periodo histórico de la revolución francesa, como se narra en el libreto, para después realizar un salto en el tiempo, de algunos siglos y representar revoluciones y dictaduras más cercanas al público de hoy, con el fin de demostrar como desafortunadamente el mundo vive y se nutre de tales atrocidades en cada época. De este modo, los dos protagonistas no murieron en la guillotina, si no en un campo de concentración. La bandera francesa, elemento escenográfico habitual, fue sustituida por una inquietante bandera negra, ya presente en el segundo acto, como testimonio de la oprimente presencia de un régimen totalitario no bien especificado. Además, en el escenario no surgieron situaciones, gestos, movimientos, que apuntalaran una interpretación como esta, que, en un último análisis, resultó ser meramente ilustrativa. Tampoco la dirección de orquesta convenció plenamente. La baqueta le fue confiada a Andrea Battistoni, recientemente nombrado director musical del teatro piamontés. El director ofreció una lectura tensa, por momentos desenfocada, pero también un poco monocorde a nivel dinámico, privilegiando el forte y el fortissimo. Resultando ser una ópera poco fantasiosa, y demasiado monolítica, que ha privado de un poco de respiro y de nobleza.  En esta ocasión hubo tres óptimos protagonistas como: Gregory Kunde que personificó a un Andrea Chénier polifacético, poético (Un di all’azurro spazio), como también viril (Credo a una possanza arcana) y audaz (Sì, fui soldato). La línea de canto resultó sólida y musical, sobre todo en el registro más agudo, con frecuencia electrizante, afrontando con facilidad y presuntuoso mientras que, en los graves, tuvo algunos sonidos que parecieron estar desenfocados en el timbre.  Su indudable musicalidad le permitió esbozar un Chénier del todo creíble. Por su parte, Maria Agresta interpretó una Maddalena de Coigny de gran impacto emotivo, con un timbre seductor, un sonido pleno, con cuerpo, y una técnica refinada.  Agresta fraseó con sensibilidad haciendo un personaje de gran relieve. Su pieza más celebre La mamma morta, fue probablemente el momento más intenso de la entera noche. Franco Vassallo ofreció un desempeño sólido y seguro en el papel de Carlo Gerard, mostrando un timbre viril y un acento rico de pasión.  Su Nemico della patria, tan ardiente y atormentado, fue justificadamente muy apreciado. El elenco entero ofreció una función convincente, en particular Manuela Custer que interpretó con maestría el papel de Madelon, confiriéndole al personaje una profunda humanidad que emocionó al publico gracias a su rico y bruñido timbre vocal. En “Son la vecchia Madelon”, Custer logró dejar su impronta personal. Pero diré que todos los cantantes del cast mostraron perfecta adhesión a sus propios papeles, trabajando en sinergia: Mara Gaudenzi (Bersi), Federica Giansanti (Contessa de Coigny), Adriano Gramigni (Roucher), Nicolò Ceriani (Pietro Fléville y Fouquier Tinville), Vincenzo Nizzardo (Mathieu), Riccardo Rados (Incredibile), Daniel Umbelino (el abad y poeta), Tyler Zimmerman (Dumas), Janusz Nosek (Schmidt), estos últimos tres forman parte del Regio Ensemble. Se debe señalar también la importante contribución del Coro del Teatro Regio que dirige Ulisse Trabacchin. Un aspecto no plenamente positivo fue a causa de la presencia de tres intervalos de una duración considerable, que hicieron que la duración completa del espectáculo se alargara más allá de las tres horas y media. No obstante, el espectáculo concluyó con una ovación general.





 

Andrea Chénier - Teatro Regio di Torino

Foto:© Mattia Gaido-Daniele Ratti

Massimo Viazzo

Esistono compositori operistici la cui fama si è consolidata essenzialmente grazie a un’unico titolo. Si pensi, ad esempio, a Georges Bizet (Carmen), Amilcare Ponchielli (La Gioconda), Arrigo Boito (Mefistofele), Pietro Mascagni (Cavalleria Rusticana) e Ruggero Leoncavallo (Pagliacci). A questo elenco si può aggiungere tranquillamente il nome di Umberto Giordano (1767-1948), il cui Andrea Chénier resta l’unica sua opera effettivamente entrata in repertorio, seppur in modo alterno, pur essendo considerata uno dei capolavori del verismo italiano. Nell’opera ci sono i tipici elementi passionali dello stile verista, ma troviamo anche spirito artistico, nobiltà d’animo e amor patrio, che rendono lo Chénier qualcosa di prezioso nelpanorama del melodramma italiano a cavallo tra 800 e 900. Andrea Chénier, opera in quattro quadri di Umberto Giordano su libretto di Luigi Illica, debuttò alla Scala di Milano nel 1896. Ambientata durante la Rivoluzione Francese, si ispira alla vita del poeta, realmente vissuto, Andrea Chénier, noto per le sue poesie politiche e la sua tragica fine. La trama si sviluppa attorno al triangolo amoroso tra Chénier, Maddalena di Coigny e Carlo Gerard, esplorando temi di amore, passione e idealismo in un periodo di profondi sconvolgimenti storici. Dal punto di vista musicale , l’opera è celebre per le sue arie potenti e drammatiche, affidate ai tre protagonisti. Tali arie, divenute brani centrali del repertorio lirico, sono molto apprezzate dagli appassionati e mettono in risalto la bellezza del canto e la forza emotiva della musica verista di Giordano. In particolare, Giordano si concentrò sulla scrittura della parte per il tenore, tecnicamente impegnativa e faticosa, tanto da far appellare lo Chénier come una vera e proprio tenor opera. Andrea Chénier, che è tornato al Teatro Regio di Torino dopo poco più di un decennio dall’ultima sua apparizione, è un opera che ha una tradizione consolidata nel teatro piemontese, alimentata sempre dalla presenza di grandi voci. Nell’ultimo mezzo secolo sul palcoscenico del Regio si sono avvicendati tra i tenori Carlo Bergonzi, Placido Domingo, Nicola Martinucci e Marcelo Alvarez, tra i soprani Rita Orlandi Malaspina, Daniela Dessì, Maria Josè Siri, e tra i baritoni Aldo Protti, Renato Bruson, Juan Pons e Alberto Mastromarino. Una vera parata di stelle. Lo spettacolo allestito a chiusura di stagione dal Teatro Regio, e presentato con la regia di Giancarlo del Monaco (scene di DanielBianco, costumi di Jesus Ruiz, luci di Vladi Spigarolo e coreografia di Barbara Staffolani) ha convinto solo in parte. L’intento del regista era quello di contestualizzare gli eventi, almeno nel primo atto, nel periodo storico della Rivoluzione Francese, come narrato dal libretto, per poi operare un salto temporale di alcuni secoli e rappresentare rivoluzioni e dittature più vicine a noi, al fine di mostrare come il mondo purtroppo viva e si nutra di tali efferatezze in ogni sua epoca. In questo modo, i due protagonisti non moriranno sulla ghigliottina, ma in un campo di concentramento. La bandiera francese, elemento scenografico abituale, è stata sostituita da un’inquietante bandiera nera, già presente nel secondo atto, a testimonianza dell’opprimente presenza di un regime totalitario non meglio specificato. Tuttavia, in scena non sono emerse situazioni, gesti o movimenti, tali da supportare una simile interpretazione, che, in ultima analisi, è risultata meramente illustrativa. Anche la direzione d’orchestra non ha convinto pienamente. La bacchetta era affidata ad Andrea Battistoni, recentemente nominato direttore musicale del teatro piemontese. Il direttore ha presentato una lettura tesa, a tratti infuocata, ma anche un po’ monocorde a livello dinamico, privilegiando il forte e il fortissimo. Ne è risultata una resa dell’opera poco fantasiosa e un po’ troppo monolitica, che le ha tolto un po’ di respiro e nobiltà. Ed eccoci ai tre ottimi protagonisti. Gregory Kunde ha impersonato un Andrea Chénier sfaccettato, poetico (Un dì all’azzurro spazio), ma anche virile (Credo a una possanza arcana) e audace (Sì, fui soldato). La linea di canto è risultata salda e musicale soprattutto nel registro più acuto, spesso elettrizzante e affrontato con facilità e spavalderia, mentre in basso qualche suono è parso un po’ sfocato timbricamente. La sua indubbia musicalità gli consentito di tratteggiare uno Chénier del tutto credibile. Maria Agresta ha interpretato una Maddalena de Coigny di grande impatto emotivo. Con una timbrica seducente, un suono pieno e corposo e una tecnica raffinata, la Agresta ha fraseggiato con sensibilità, restituendo un personaggio a tutto tondo. Il suo brano più celebre, La mamma morta, è stato probabilmente il momento più intenso dell’intera serata. Franco Vassallo ha offerto una prova solida e sicura nei panni di Carlo Gérard, mettendo in mostra un timbro virile e un accento ricco di passione. Il suo Nemico della patria, così ardente e tormentato, è stato giustamente molto apprezzato. L’intero cast ha offerto una performance convincente. In particolare, Manuela Custer ha interpretato con maestria il ruolo di Madelon, conferendo al personaggio una profonda umanità che ha emozionato il pubblico grazie alla sua timbrica vocale ricca e brunita. In “Son la vecchia Madelon”, la Custer ha saputo imprimere la sua impronta personale. Ma, direi, che tutti i cantati del cast hanno mostrato perfetta aderenza ai propri ruoli, lavorando in sinergia: Mara Gaudenzi (Bersi), Federica Giansanti (Contessa de Coigny), Adriano Gramigni (Roucher), Nicolò Ceriani (Pietro Fléville e Fouquier Tinville), Vincenzo Nizzardo (Mathieu), Riccardo Rados (Incredibile), Daniel Umbelino (L’abate poeta), Tyler Zimmerman (Dumas), Janusz Nosek (Schmidt), gli ultimi tre facenti parte del Regio Ensemble. Da segnalare anche l’importante contributo del Coro del Teatro Regio diretto da Ulisse Trabacchin. Un aspetto non pienamente positivo è stato rappresentato dalla presenza di ben tre intervalli di durata considerevole, che hanno portato la durata complessiva dello spettacolo oltre le tre ore e mezza. Ciononostante, lo spettacolo si è concluso con un’ovazione generale.



Tuesday, September 20, 2022

Il Matrimonio Segreto en el Teatro alla Scala de Milán

Fotos: Brescia&Amisano - Teatro alla Scala, Milano

Massimo Viazzo 

Se sabía que la ópera Il Matrimonio Segreto de Cimarosa era una gran obra maestra desde aquella noche en Viena – en su estreno el 7 de febrero de 1792 o quizás durante la segunda representación – cuando la ópera fue repetida de inicio a fin, que es un caso único en la historia de la ópera lírica.  Mozart había fallecido un par de meses antes y Rossini habría nacido algunas semanas después.  Por tanto, il Matrimonio Segreto se ubicó, no solo temporalmente si no también estilísticamente, a la mitad del camino entre los logros artísticos de dos celebres compositores. Es extraordinario poder gozar sus ecos mozarteanos, en los concertati o en la sinfonía, por ejemplo, como también de las aperturas liricas más italianas o de las estrechas silabas que se convirtieron en el sello de la casa del Cisne de Pesaro. Se trata de una ópera única, clamorosamente competente entre dos estilos, que se ha mantenido también como el mayor resultado operístico de Dominico Cimarosa, uno de los mayores representantes de la Scuola Napolitana. En la Scala, este título estuvo ausente más de cuarenta años y fue una buena idea encomendárselo a los jóvenes cantantes e instrumentistas de la Accademia, una operación que se lleva a cabo cada año para valorizar la alta escuela de formación anexa al teatro.  Alrededor de un cantante de clara fama, en este caso Pietro Spagnoli, se reunió un elenco de jóvenes esperanzas que, con estudio, talento, y con la verve de la edad logran revitalizar también títulos poco comunes. De hecho, en la Scala, il Matrimonio Segreto (en realidad en la “Piccola Scala”, una sala histórica y una verdadera bombonera, que hoy desafortunadamente ya no existe más) fue interpretada en diversas ocasiones en el transcurso del siglo XX, pero su presencia en los carteles del teatro milanés permanecía escondida. Como apuntaba, Pietro Spagnoli que interpretó a Geronimo, en esta realización fue un verdadero y justo jefe del bajo mundo, que cantó con una dicción absolutamente perfecta, de acuerdo a la mejor tradición italiana que comenzó con Sesto Bruscantini. Su Geronimo pareció menos caricaturesco que de costumbre, más como un personaje moderno, aunque también arrogante: como cuando, por ejemplo, quiso convencer al Conde Robinson de casarse con su hija ¡apuntándole con una pistola a la cabeza! En efecto, la idea artística de Irina Brook fue la de hacer actual la trama del libreto, un libreto gigantesco que resaltaba en el fondo del escenario, mientras que en el frente se desarrollaba la acción en un ambiente contemporáneo.  Pero la directora escénica cargó la producción de gags y situaciones que por momentos estuvieron un poco exageradas dejando fuera completamente la estilización del siglo 18, tan peculiar en esta obra. Si bien es verdad que uno se ríe bastante viendo a la escena, se pudo quizás haber obtenido el mismo efecto aligerándola un poco. Frecuentemente, las arias se transformaron en verdaderos y justos duetos con un segundo personaje mudo que hacía de interlocutor, y por momentos sobre el escenario el ir y venir de mimos distraía sin agregar mucho al resultado visual.  Todos los cantantes de la Accademia se desempeñaron de la mejor manera para hacer plausible sus personajes, como Carolina de Greta Doveri, la mejor en el grupo por timbre, proyección vocal y seguridad, y Francesca Pia Vitale, que fue una Elisabetta enfocada, pero por momentos quizás un poco tenue, y después la Fidalma de color bruñido de Mara Gaudenzi. El Paolino de Antonio Nevi se mostró a sus anchas en el canto elegiaco. Para concluir, el Conde Robinson de Sung-Hwan Damien Park se mostró un poco incómodo con la lengua italiana y con un timbre un poco monocorde. En el podio, Ottavio Dantone dirigió con finura, ligereza y un justo brillo a la bien preparada Orchestra della’Accademia, en un éxito bien logrado y acogido por el público.



Il Matrimonio Secreto - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo 

Che Il Matrimonio Segreto di Cimarosa fosse un grande capolavoro l’avevano ben capito quella sera a Vienna - alla première del 7 febbraio 1792 o forse alla seconda rappresentazione - quando l’opera fu ripetuta dall’inizio alla fine, unico caso nella storia dell'opera lirica. Mozart era morto da un paio di mesi e Rossini sarebbe nato poche settimane dopo. Il Matrimonio Segreto si pone non solo temporalmente ma anche stilisticamente a metà strada tra la vicenda artistica dei due celebri compositori. È straordinario godere ancora degli echi mozartiani, nei concertati o nella sinfonia ad esempio, ma anche delle aperture liriche più italiane o dei sillabati stretti che diventeranno il marchio di fabbrica del Cigno di Pesaro. Un’opera unica, clamorosamente in bilico tra due stili, che resterà anche il maggior risultato operistico di Domenico Cimarosa, uno dei maggiori rappresentanti della Scuola Napoletana. Alla Scala questo titolo mancava da più di quarant’anni ed è stata una buona idea affidarlo ai giovani cantanti e strumentisti dell’Accademia, un’operazione che viene effettuata ogni anno per valorizzare l’alta scuola di formazione annessa al teatro. Attorno ad un cantante di chiara fama, in questo caso Pietro Spagnoli, viene radunato un cast di giovani speranze che con studio, talento, e con la verve dell’età sanno rivitalizzare anche titoli meno consueti. Il Matrimonio Segreto in effetti alla Scala (in realtà alla “Piccola Scala”, una sala storica, una vera bomboniera, che ormai purtroppo non esiste più) è stato eseguito diverse volte nel corso del XX secolo ma la sua presenza nel cartellone del teatro milanese ormai latitava. Come dicevo, Pietro Spagnoli ha interpretato Geronimo, in questa realizzazione un vero e proprio capo malavitoso, cantando con una dizione assolutamente perfetta, secondo la miglior tradizione italiana che comincia da Sesto Bruscantini. Il suo Geronimo è parso meno macchiettistico del solito, più personaggio moderno, anche arrogante: quando ad esempio vuole convincere il Conte Robinson a sposare la figlia gli punta addirittura una pistola alla tempia! In effetti l’idea registica di Irina Brook è proprio quella di rendere attuale la vicenda del libretto, libretto gigantesco che campeggia sul fondale del palcoscenico mentre sul davanti si svolge l’azione in un ambiente contemporaneo. La regista però carica un po’ l’allestimento di gag e situazioni a volte un po' esagerate tralasciando completamente la stilizzazione settecentesca così peculiare di questo lavoro. È vero, si ride abbastanza guardando la scena, ma forse si sarebbe potuto ottenere lo stesso effetto alleggerendola un po'. Spesso le Arie si sono trasformate in veri e propri Duetti con un secondo personaggio muto a fare da interlocutore, e a volte sul palco un andirivieni di mimi distraeva non aggiungendo molto alla resa visiva.Tutti i cantanti dell’Accademia si sono impegnati al meglio per rendere plausibili i loro personaggi, dalla Carolina di Greta Doveri, la migliore in campo per timbrica, proiezione vocale e sicurezza, a Francesca Pia Vitale, una Elisetta puntuta ma a volte forse un po’ tenue, e poi la Fidalma di colore brunito di Mara Gaudenzi, il Paolino di Paolo Antonio Nevi più a suo agio nel canto elegiaco, per finire con il Conte Robinson di Sung-Hwan Damien Park un po’  a disagio con la lingua italiana e dalla timbrica un po’ monocorde. Ottavio Dantone ha diretto con finezza, leggerezza e giusto brio la preparata Orchestra dell’Accademia per un buon successo di pubblico. 

Thursday, January 27, 2022

La Cenerentola en el Teatro Coccia de Novara

Foto: Mario Finotti

Renzo Bellardone

Enero 23, 2022 ‘La historia de la tarde en el Teatro Coccia’ es como se podría resumir en pocas palabras: ¡un espectáculo de verdadera belleza con música, dirección de voces y todo lo que es valioso! El espectáculo llama la atención porque manteniendo su carácter tradicional, luce casi como nuevo donde se pone en gran protagonismo la teatralidad de la interpretación y la narrativa fluye entre diferentes cambios de escenario, vestuario apropiado y escenografías de fabulas y cuentos de hadas. La dirección de la joven y muy hábil Teresa Gargano es dinámica y atenta a cada detalle: ¡se percibe que todo ha sido pensado y todo está hecho con el objetivo de divertir y suavizar! (y no se da por hecho ni siquiera para los nombres más conocidos y establecidos). Una producción digna también por las escenografías escénicas realizadas con simple eficacia y en algunos casos diría intuición, que fueron creadas por Sormani y Cardaropoli srl donde encajan bien los trajes clásicos de la sastrería Arrigo Costumi. La orquesta filarmónica italiana dirigida por el magistral Antonino Fogliani, establecido en el campo; desde la magnífica obertura se puede percibir la destreza tanto de la orquesta como del director que con maestría afirmada y con mucho respeto a la par del entusiasmo, acompaña al público a pasar unas horas en un mundo de musica sonriente y amabilidad de encuentro, también divertido por la dulzura del sonido del fortepiano interpretado por Nicola Pascoli. Además de la dirección femenina, la dirección del Colsper Choir también está encomendado a la habilidosa Francesca Tosi, quien, en sintonía con la dirección, ha realizado un excelente trabajo de vocalización y presencia actoral de los coristas. Hablando de ópera, inevitablemente pasamos a contar lo que hemos oído y escuchado, por lo tanto, se habla de voces y en este caso me atrevería a decir que nadie ha traicionado las expectativas; casi todos jóvenes que en su debut recibieron tantos aplausos como para consolidarse entre los buenos cantantes. La voz conocida es la del profundo barítono Simone Alberghini, ciertamente no nuevo en los roles rossinianos, quien con maestría siempre rinde con eficacia para la interpretación general, como en este caso quien interpreta a un Don Magnifico soberbiamente autoritario con los débiles y decididamente de manera contraria "visiblemente obsequioso” con los poderosos. Las dos medias hermanas: Tisbe de Caterina Dellaere, y Clorinda de María Eleonora Caminada son vocalmente buenas e igualmente efectivas como actrices, en unas roles integrantes y relevantes de la historia que conducen con brillantez y vivacidad. Francesco Leone, joven bajo de Cagliari, ha plasmado bien la figura de Alidoro con una voz joven pero profunda y con aire seguro de forma escénica. Dandini, el camarero que se presta al gag de cambiar personajes con el príncipe para probar la bondad de los sentimientos de las pretendientes, es igual una figura brillante y cómica y Emmanuel Franco ha sabido entretener de manera excelente casi con atrevimiento sin escatimar en la voz una emisión calibrada en tonalidad e ironía. Don Ramiro tuvo a Chuan Wang quien hizo el personaje del príncipe con hermosos colores y notas altas y confiadas. Cenicienta, la protagonista, fue interpretada por la debutante Mara Gaudenzi (por causa del destino en los días de San Gaudenzio patrón de Novara) que realmente sorprendió favorablemente a un público atento y en gran medida experto. Gaudenzi apareció en el escenario del Coccia con la confianza de los cantantes acostumbrados al papel, logrando expresar el papel de contralto sin fallas, incluso con consejos de excelente nivel, en fin, ¡un gran descubrimiento! La agilidad, los colores y las reminiscencias del barbero de Rossini aparecieron con brillante vivacidad en muchos momentos de la obra.Si un sentimiento colectivo debe reservarse tanto para la producción como para la realización real, solo puede ser un sentimiento de apreciación, también compartido con una parte experta del público.

 

La Cenerentola - Teatro Coccia di Novara

Foto: Mario Finotti

Renzo Bellardone 

Al di la dei singoli e collettivi comportamenti da “adulti” tutti quanti abbiamo “desiderio” di favole, anche per illuderci un po' e dimenticandoci  magari che le favole contengono narrazioni e morali di grande spessore! Questo è anche il caso di Cenerentola!

LA CENERENTOLA – Teatro Coccia Novara – 23 gennaio 2021 Musica di Gioachino Rossini
Libretto di Jacopo Ferretti Maestro concertatore e direttore d’orchestra Antonino Fogliani Regia Teresa Gargano Assistente alla regia Salvatore Sito Angelina Mara Gaudenzi Don Ramiro Chuan Wang Don Magnifico Simone Alberghini Dandini Emmanuel Franco Alidoro Francesco Leone Tisbe Caterina Dellaere Clorinda Maria Eleonora Caminada Scenografie Sormani-Cardaropoli SRL Sartoria Teatrale Arrigo Costumi Maestro del Coro Francesca Tosi Coro Colsper Maestro al fortepiano Nicola Pascoli Orchestra Filarmonica Italiana Produzione Fondazione Teatro Coccia Si ringrazia Atelier Fornasetti per il fortepiano

Si potrebbe sintetizzare il racconto del pomeriggio al Coccia con poche parole: spettacolo di vera bellezza con musica, voci regia e tutto quanto di pregio! Lo spettacolo colpisce perché pur mantenendo la tradizionalità, si presenta quasi come nuovo dove la teatralità dell’interpretazione è posta in gran rilievo e la narrazione fluisce tra diversi cambi di scena, costumi appropriati   e scenografie favolistiche e favoleggianti. La regia della giovane e molto abile Teresa Gargano è dinamica ed attenta ad ogni particolare: si percepisce che tutto è stato pensato e tutto è realizzato puntando al divertimento ed alla scorrevolezza! (e non è scontato nemmeno per nomi più conosciuti ed affermati).  Produzione meritevole anche per le scenografie a tutto palco realizzate con semplice efficacia ed in alcuni casi direi intuizione, che sono curate da Sormani e Cardaropoli srl dove ben si inseriscono i costumi classici della sartoria Arrigo Costumi.  L’orchestra filarmonica italiana  diretta dal magistrale Antonino Fogliani affermato nel campo; fin dalla magnifica ouverture si percepisce la bravura sia dell’orchestra che del direttore che con padronanza asseverata  e con molto rispetto  pari all’entusiasmo, accompagna il pubblico a trascorrere qualche ora in un mondo di ascolto sorridente e piacevolezza del ritrovarsi, trastullati anche dalla dolcezza del suono del fortepiano suonato da Nicola Pascoli. Oltre alla regia al femminile anche la direzione del Coro Colsper è affidata all’abile Francesca Tosi, che in sintonia con la regia ha compiuto un ottimo lavoro di vocalità e presenza attoriale dei coristi. Parlando di opera inevitabilmente si va a raccontare di quanto si è udito ed ascoltato, quindi si parla di voci ed in questo caso oserei dire che nessuno ha tradito le aspettative; quasi tutti giovani e al debutto hanno riscosso talmente tanti applausi da consolidarli tra i buoni cantanti. La voce conosciuta è quella del profondo baritono Simone Alberghini, non certamente nuovo a ruoli rossiniani, che con padronanza rende sempre efficacemente per la globale interpretazione, come in questo caso che interpreta un Don Magnifico superbamente autorevole con i deboli e decisamente succube e “viscidamente ossequioso” con i potenti. Brave vocalmente  ed altrettanto efficaci come attrici le due sorellastre   Tisbe, Caterina Dellaere e Clorinda Maria Eleonora Caminada parti integranti e di rilevo della storia che conducono brillantemente e con vivacità. Francesco Leone, giovane basso cagliaritano ha ben espresso la figura di Alidoro con voce giovane, ma profonda e con piglio sicuro scenicamente. Dandini il cameriere che si presta alla gag della sostituzione di persona con il principe per saggiare la bontà dei sentimenti delle pretendenti, è di per sé figura brillante e comica ed Emmanuel Franco ha saputo eccellentemente divertire quasi rocambolescamente  senza lesinare con l’emissione vocale calibrata in tonalità e ironicità. Don Ramiro ha incontrato Chuan Wang che ha reso con bei colori e note alte e sicure il personaggio del principe. Cenerentola, la protagonista, è stata interpretata dalla debuttante Mara Gaudenzi ( per un caso del destino proprio nei giorni di San Gaudenzio patrono di Novara) che ha veramente stupito favorevolmente un pubblico attento ed in buona parte esperto. La Gaudenzi si è presentata sul palco del Coccia con la sicurezza di cantanti avvezze al ruolo riuscendo ad esprimere il ruolo da contralto senza alcuna sbavatura, anche con punte di ottimo livello, insomma una bella scoperta! Le agilità rossiniane, le coloriture e le reminiscenze da Barbiere sono apparse con luminosa vivacità in molti momenti dell’opera. Se un sentimento collettivo si vuole riservare sia alla produzione che all’effettiva realizzazione, può essere solo un sentimento di apprezzamento, come condiviso anche con una parte esperta del pubblico. La Musica vice sempre.