Showing posts with label Jean Pierre Ponnelle. Show all posts
Showing posts with label Jean Pierre Ponnelle. Show all posts

Friday, September 17, 2021

L’Italiana in Algeri de Rossini en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

Con L’Italiana in Algeri de Rossini se dio por iniciado un tríptico Rossiniano (los próximos títulos serán Barbero y Turco) que representa el plato fuerte de la temporada otoñal en el Teatro alla Scala. Para esta ocasión se repuso, por enésima vez, la histórica producción escénica firmada por Jean-Pierre Ponnelle, con la que se inauguró la temporada milanesa de 1973, con la conducción de Claudio Abbado y que ha sido vista en la sala del Piermarini muchas veces más en el último medio siglo.  El espectáculo repuesto por Grischa Asagaroff, que fue apenas transmitido por streaming hace tres meses con una sala vacía debido a las restricciones del Covid 19 indudablemente luce viejo. Aquel Rossini geométrico-surreal que tanto había entusiasmado hace cincuenta años parece lograr cada vez menos su cometido. También es verdad que la dirección orquestal de Ottavio Dantone no ayudó, y no convenció por una cierta pesadez de fondo y una carencia de verve y naturaleza, de tal forma que los movimientos escénicos no parecían surgir directamente de las notas rossinianas si no que parecieron solo ser exhibidos y poco vividos. Es una lástima, ya que el elenco a su vez, si estuvo a la altura de una producción scaligera Comenzamos con el divertido Mustafá de Carlo Lepore, un bey de imponente voz, muy comunicativo y desenvuelto. La Isabella de Gaëlle Arquez agradó   por el color bruñido de la voz, por la musicalidad del fraseo, y a pesar de una cierta falta general de carisma que limitó su impacto escénico. Maxim Mironov interpretó un soñador y enamorado Lindoro, con cierto sonido borroso en los agudos, pero en general cinceló un buen personaje.  Roberto de Candia personificó al temeroso Taddeo con una dicción absolutamente perfecta, timbre sano y robusto, extrafina musicalidad, demostrando ser un gran artista. Enkeleda Kamani (Elvira), Svetlina Stoyanova (Zulma) y Giulio Mastotrotaro (un lujo para el papel de Haly) complementaron un elenco definitivamente adecuado y equilibrado. Al final, estuvieron puntuales las intervenciones del Coro scaligero dirigido por Alberto Malazzi.  La próxima cita, será la muy esperada producción del Barbero de Servilla bajo la baqueta de Riccardo Chailly, con la dirección escénica de Leo Muscato. 


Thursday, March 31, 2016

Tosca en la Ópera de San Diego

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Un caso único y anecdótico en el mundo operístico debe ser el de la Ópera de San Diego, situada entre las diez compañías estadounidenses más importantes, por presupuesto, activos, tradición y nivel de artistas que la visitaban (de acuerdo a la clasificación realizada anualmente por la asociación Opera América); que tan solo unos días antes de su 50 aniversario estuvo al borde de la desaparición, no por cuestiones económicas o artísticas, si no por decisiones burocráticas internas e intereses de la administración anterior. Hoy la compañía luce renovada y se fortalece con el nombramiento de su nuevo director: David Bennett, quien ha anunciado que a partir del próximo año la temporada crecerá en cantidad de títulos, incluidas dos operas de cámara, genero que nunca fue programo anteriormente, además de la realización de conciertos y recitales, y un nuevo calendario de funciones, que no se limitará solo a los primeros meses de cada año. Parte de la renovación del teatro incluye la posibilidad de importar nuevas propuestas escénicas, como este nuevo montaje de Tosca, primer título de la gestión de Bennett, proveniente de la Ft. Worth Opera, que curiosamente fue hecho en esta ciudad ya que San Diego es uno de los pocos teatros en Norteamérica que cuenta con una fabrica para construir escenografías. Para ello, se prescindió de la producción de Jean Pierre Ponnelle, que había sido visto en diversas ocasiones en el pasado cada vez que se reponía este título. Con diseños de Andrew Horn y vestuarios de Andrew Marley, la propuesta es quizás menos espectacular que la de Ponnelle, pero es efectiva y apegada al tiempo y a los lugares donde transcurre la trama en Roma, dando la sensación de mayor espacio y funcionalidad, sin mengua de su estética visual. Los vestuarios eran elegantes y de buena confección y el uso de la iluminación fue adecuado. La directora escénica Lesley Koenig buscó dar una lectura fácil y directa, sin forzar la sobreactuación y resaltando la interpretación vocal de los artistas, que se ubicaron siempre de frente al público. 
En su debut local, la soprano griega Alexia Voulgaridou dejó una muy grata sensación aportando pasión y temperamento al personaje de Tosca, conmovedora y delicada, cuando el papel se lo requirió, desplegó un canto homogéneo, seguro y muy musical. Ojalá que las decisiones futuras de la compañía no impliquen reducir costos prescindiendo de artistas con la trayectoria de Voulgaridou o tantos otros que han pasado por aquí. Por su parte el tenor galés Gwyn Hughes Jones agradó por el lado vocal ya que posee una voz lirica de grato color. Sin embargo su poca presencia escénica y rigidez actoral no logró redondear su personificación de Cavaradossi. Al bajo barítono Greer Grimsley le quedan bien los papeles de villano y como Scarpia no defraudó en su canto ni en su actuación. De hecho, la escena del Te deum fue uno de los momentos más apasionantes de la función. Bien por el coro, y por el resto de cantantes del elenco. El director italiano Massimo Zanetti, quien condujo Ballo in Maschera y Réquiem de Verdi cuando se anunció el cierre de la compañía, vuelve para dirigir a la Sinfónica de San Diego quizás como un acto simbólico por el inicio de una nueva gestión, lo cierto es que Zanetti tiene mucho oficio en este repertorio y lo demostró con su mano segura, con la que imprimió una adecuada dinámica y tiempos a su lectura, además de notarse la manera escrupulosa con la que cuidó a las voces

Tuesday, July 19, 2011

La Italiana en Argel de Rossini en el Teatro alla Scala de Milán

Fotos: Marco Brescia & Rudy Amisano / Teatro alla Scala

Renzo Bellardone

Una escenografía de un refinado rojo antiguo con damasco en oro pálido, recibió la obertura interpretada por la Orchestra dell’Accademia del Teatro alla Scala, dirigida por el maestro Antonello Allemandi quien inicialmente privilegió una lectura lenta respecto a la esperada vivacidad, que aparecería durante el segundo acto y seria constante durante el resto de la funcion. Zulma, que fue la primera en aparecer, fue interpretada por la convincente mezzosoprano Kleopatra Papatheologou quien desplegó una voz calida y potente; después arribó el Bey, del apreciable bajo Simon Lim –que quizás por elección del director de escena- Jean Pierre Ponnelle, repuesta la obra en esta ocasión por Lorenza Cantini- se anunció sin el tono imperioso y autoritario que debería asustarnos a todos, sobretodo a las mujeres, además de los temerosos eunucos. Espectacular estuvo el coro de la Scala dirigido por Alfonso Caiani – cuyos miembros vestidos con elegantes vestuarios reflejaban los colores de la refinada escena, mientras bordaban temblorosos un largo lienzo para Mustafà. La soprano Linda Jung tuvo una buena prueba vocal en el papel de Elvira, la mujer engañada por el Bey. El capitán de los corsarios argelinos, Haly fue personificado por el óptimo Valeri Turmanov quien además de no olvidarse del resultado vocal, supo bromear y ser cómico en el papel del aspirante verdugo; así como mas que creíble pareció Taddeo gracias a la buena interpretación como actor y cantante de Filippo Fontana.
En el recitativo del primer acto entre Mustafà y Lindoro, el tenor Enrico Iviglia, pareció levemente tenso, pero como fue avanzando la opera fue soltándose hasta dar una grata versión de su personaje.  La italiana hizo su ingreso en Argelia con seguridad, por su presencia escénica y su brillante voz: y en el transcurso de la función anuló toda sombra emotiva inicial para dejar espacio solo para la claridad cristalina, aunque de hecho, fue con voz segura y rica de armoniosas tonalidades, como la mezzosoprano valenciana Silvia Tro Santafé afrontó con audaz sabiduría al escenario en su debut scaligero.  Al final del primer acto el ‘Viva viva il flagel delle donne…’ cantado de manera cómica por los eunucos y el ‘…quali occhiate…ho inteso tutto’ cantado por Isabella, reavivaron el espectáculo donde la inexperiencia masculina del atónito Bey se convirtió en creíble frente a la astucia femenil de la italiana. Los momentos divertidos son verdaderamente muchos en esta opera rossiniana, como la investidura del concientemente burlado Taddeo en ‘..Kaimakan, Protettore de’ Musulman’ y la posterior proclamación del ‘Pappataci Mustafà’ con el coro verdaderamente simpático de los Pappataci. Entre gags, comicidad y situaciones escénicas, la narración musical transcurrió con un brillante crescendo de la orquesta y de los cantantes que con técnica y dedicación supieron apagar la vaga perplejidad inicial. Al final la música vence siempre.

Wednesday, September 29, 2010

L’occasione fa il ladro farsa de Rossini en el Teatro alla Scala de Milán.

Foto: Teatro alla Scala de Milán
Massimo Viazzo

La habitual cita con los jóvenes cantantes de la Accademia di perfezionamento del Teatro alla Scala di Milano denominada «Progetto Accademia» se llevo a cabo dentro en la temporada en curso, con una repropuesta de las farsa rossiniana L’Occasione fa il ladro con la celebre producción escénica de Jean-Pierre Ponnelle, que fue creada en 1987 para el Rossini Opera Festival y repuesta al año siguiente en el máximo teatro milanes y aquí representada por Sonja Frisell. Ponnelle exhibió una consanguinidad casi total con la música del cisne de Pesaro. Todo pareció estar sincronizado como en perfecto mecanismo o relojería. Sin la necesidad de exagerar los gags o quizás tener que inventar cualquier ambientación supermoderna. Cuando se tienen ideas puede bastar solo una valija para hacer teatro, y es justamente de una valija (la opera se subtitula Il cambio della valigia) y durante la sinfonía de introducción, aparecieron las revoloteantes escenografías, los elementos escénicos y los personajes en carne y hueso. ¡Hilarante! y todo sin ninguna forzadura, con suma gracia y naturaleza. Discretos estuvieron los cantantes que participaron en la función: de la Berenice de Marika Gulordava por su interesante timbre de mezzosoprano en la zona media del registro, al tímido y un poco desvaneciente Albert de Ji Han Shin, hasta la picante Ernestina de Evis Mula. Todo dominado por el experto Massimo Cavalleti (ex alumno de la Accademia) que creo un Parmenione de timbre franco, seguro en la emisión y con perfecta dicción. Correcta, al final, fue la prueba de la Orchestra dell’Accademia del Teatro alla Scala dirigida por el prometedor Daniele Rustioni.

L’occasione fa il ladro di Rossini - Teatro alla Scala di Milano

Foto: Teatro alla Scala di Milano.
Massimo Viazzo
Il consueto appuntamento con i giovani cantanti dell’Accademia di perfezionamento del Teatro alla Scala di Milano (denominato «Progetto Accademia») si è svolto, nella stagione in corso, intorno alla riproposta della farsa rossiniana L’Occasione fa il ladro nel celebrato allestimento di Jean-Pierre Ponnelle, creato al Rossini Opera Festival nel 1987 e ripreso subito l’anno successivo nel massimo teatro milanese. Ponnelle (qui ripresentato da Sonja Frisell) esibisce una consanguineità pressoché totale con la musica del cigno di Pesaro. Tutto pare sincronizzato come in un perfetto meccanismo ad orologeria, senza la necessità di esagerare gags o di inventare chissà quali ambientazioni supermoderne. Quando si hanno idee può bastare anche solo una valigia per fare teatro. Ed è proprio da una valigia (il sottotitolo dell’opera è, appunto, Il cambio della valigia) che, durante la sinfonia introduttiva, fuoriescono le svolazzanti scenografie, gli attrezzi scenici e… i personaggi in carne e d’ossa! Esilarante. E tutto senza forzature, con somma grazia e naturalezza. Discreti i cantanti che hanno partecipato alla recita: dalla Berenice di Marika Gulordava di interessante timbro mezzosopranile nella zona mediana del registro, al timido e un po’ evanescente Albert di Ji Han Shin, alla piccante Ernestina di Evis Mula. Il tutto governato dall’esperto Massimo Cavalletti (ex-allievo dell’Accademia), un Parmenione di timbro franco, sicuro nell’emissione e di dizione perfetta. Corretta, infine, la prova dell’Orchestra dell’Accademia del Teatro alla Scala diretta dal promettente Daniele Rustioni.

Sunday, July 25, 2010

El Barbero de Sevilla en el Teatro alla Scala: cuando la tradicion se renueva

Fotografie di Marco Brescia & Rudy Amisano, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala
Massimo Viazzo
!Cuarenta años y no los aparenta! Me refiero, naturalmente, al Barbero de Jean Pierre Ponelle que fue estrenado justamente aquí, en el Teatro alla Scala en 1969, bajo la baqueta de Claudio Abbado. Asistiendo al espectáculo uno se da cuenta al día de hoy la cantidad de Barberos a los que debe este espectáculo: y que las escenografías, vestuarios y gags, han entrado ya a formar parte del colectivo imaginario de esta opera. En ese sentido, Ponnelle logró universalizar la gestualidad con entusiasmante sincronía con la música de Rossini, a tal punto de hacerla absoluta. Fue un Barbero perfecto también desde el punto de vista vocal, comenzando por la pareja de enamorados conformada por dos fueras de serie en sus respectivos papeles. Tanto Joyce Di Donato, como Rossina, como Juan Diego Flórez, en el papel de Almaviva, trabajaron con cincel ejecutando cada frase con elegancia y gran musicalidad, y también supieron presionar vertiginosamente el pedal del acelerador de la coloratura (impresionantes fueron las variaciones desenredadas sin pausa). ¡Fue un verdadero festival de Belcanto!

A su vez, el Fígaro de Franco Vasallo fue: solido, espontaneo, simpático, y aunque pareció un poco avaro con los colores, sus seguros y rotundos agudos le valieron un éxito personal. Alessandro Corbelli realizó su habitual y muy divertido Bartolo, alejado de una interpretación caricaturesca, con perfecta dicción y desbordante carisma escénico, aunque mostró fatiga al final de su aria. Interesante fue el color de la voz de Alexander Tsymbalyuk, pero su Basilio no estuvo privado de forzar en las notas altas. La dirección de Michele Mariotti, uno de los jóvenes directores italianos más prometedores, en su debut en el máximo teatro milanés, brilló por fantasía, arrebato y brío. Así, la partitura rossiniana se desarrollo bajo un incesante juego de variaciones dinámicas y agógicas (aunque el “Temporal” del segundo acto pareció un poco frenético) fue revivida con gran personalidad. Muy bien, como de costumbre, estuvo el coro dirigido por el maestro Bruno Casoni. En suma, fue una clausura de temporada con estruendo, antes de la pausa estival.

Saturday, July 24, 2010

Il Barbiere di Siviglia alla Scala: quando la tradizione si rinnova.

Fotografie di Marco Brescia & Rudy Amisano, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala

Massimo Viazzo
Quarant’anni e non li dimostra! Mi riferisco, naturalmente, al Barbiere di Jean Pierre Ponnelle che proprio qui al Teatro alla Scala debuttò nel 1969 sotto la bacchetta di Claudio Abbado. Assistendo allo spettacolo ci si accorge di quanto tanti Barbieri odierni siano debitori a questo allestimento: scene, costumi, gags sono ormai entrati a far parte dell’immaginario collettivo di quest’opera. Ponnelle, in tal senso, è riuscito ad universalizzare la gestualità, spesso in sincrono con la musica di Rossini, a tal punto da renderla assoluta. Un Barbiere perfetto anche dal punto di vista vocale, a cominciare dalla coppia degli innamorati costituita da due fuoriclasse dei rispettivi ruoli. Joyce Di Donato (Rosina) e Juan Diego Flórez (Almaviva) hanno lavorato di cesello, porgendo le frasi con eleganza e grande musicalità, ma hanno saputo anche premere vertiginosamente il pedale sull’acceleratore della coloratura (mozzafiato le variazioni inanellate senza sosta). Davvero un festival del Belcanto!
Il Figaro di Franco Vassallo, solido, spontaneo, simpatico, è parso un po’ avaro di colori, ma gli acuti sicurissimi e rotondi gli sono valsi un bel successo personale. Alessandro Corbelli ha realizzato il suo abituale Bartolo spassoso, lontano da una interpretazione macchiettistica, con dizione perfetta e carisma scenico debordante, pur un po’ affaticato alla fine della sua Aria. Interessante il colore della voce di Alexander Tsymbalyuk, ma il suo Basilio non era privo di forzature in alto. La direzione di Michele Mariotti, uno dei giovani direttori italiani più promettenti al debutto nel massimo teatro milanese, ha brillato per fantasia, scatto, verve. La partitura rossiniana si è così dipanata su un incessante gioco di variazioni dinamiche e agogiche (ma il “Temporale” del secondo Atto è parso un po’ troppo frenetico) che l’hanno saputa vivificare con grande personalità. Bravissimo come al solito il Coro diretto dal maestro Bruno Casoni. Insomma, una chiusura di stagione col botto, prima della pausa estiva.