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Thursday, August 8, 2019

"Cosi fan tutte" en el Municipal de Santiago de Chile

Fotos: Elenco internacional - Marcela González Guillén / Elenco estelar - Patricio Melo.

Joel Poblete

Han sido semanas difíciles para el Teatro Municipal de Santiago, con la crisis financiera y la desvinculación de 59 de sus trabajadores, incluyendo una docena de integrantes de uno de sus cuerpos estables, el excelente coro que dirige el uruguayo Jorge Klastornick. Pero en medio de tan tristes y preocupantes circunstancias, de todos modos ha continuado su temporada lírica, cuyo tercer título, Così fan tutte, se presentó en la segunda quincena de julio (el estreno fue justo dos días después de los despidos), con atractivos resultados artísticos y buena recepción del público para sus dos repartos. 

DescripciCosì 


Precisamente con esta pieza se concluyó un particular proyecto del Municipal: presentar durante tres años seguidos, con los mismos responsables de la propuesta escénica (originalmente creada para Francia hace dos décadas) y la dirección musical, las óperas que componen la célebre trilogía Mozart-Da Ponte. Así, en el mismo orden cronológico en que fueron compuestas, en 2017 en este escenario se presentó Las bodas de Fígaro, el año pasado Don Giovanni y ahora se culminó con este Così fan tutte, ausente del Municipal desde 2005. 

El enorme potencial de esta obra maestra no alcanzó su completo desarrollo en la propuesta escénica liderada por el director teatral francés Pierre Constant, pero hay que reconocer que estuvo mucho mejor resuelta que las dos óperas anteriores: se conservó el mismo enorme y escuálido marco escénico (escenografía de Roberto Platé) que no terminó de entusiasmar a críticos y público en 2017 y 2018 y que fue considerado plano y monocorde, pero en esta ocasión funcionó mucho mejor, apoyado por la iluminación (de Jacques Rouveyrollis, realizada por Christophe Naillet) que sugirió el entorno marino y la calidez mediterránea de Nápoles. El vestuario de Jacques Schmidt y Emmanuel Peduzzi no brilló particularmente, y en general todo siguió siendo muy minimalista, pero en esta ocasión los movimientos y desplazamientos fueron más efectivos y la historia estuvo mejor aprovechada y desarrollada que en lo que se pudo apreciar en Las bodas de Fígaro y Don Giovanni. Algunas ideas fueron un buen aporte -la primera escena transcurría en un baño turco, el divertido enfrentamiento del final del primer acto, que incluye cambios climáticos, fue vibrante y dinámico-, otras no fueron tan logradas y el ritmo era irregular, en especial en el segundo acto, pero en general el resultado fue mucho más atractivo y satisfactorio que en los dos montajes previos.  

Como en las dos anteriores óperas de esta trilogía en el Municipal, la dirección orquestal estuvo a cargo del maestro italiano Attilio Cremonesi, director invitado principal de la Filarmónica de Santiago, quien desarrolló una lectura casi de cámara, fluida y que ofreció diversos detalles que no siempre se aprecian en esta partitura, aunque nuevamente, como en 2017 y 2018, en algunos momentos recurrió a variaciones en el ritmo que pueden desconcertar a los entendidos, como cuando dirigió a una velocidad más rápida de lo habitual, lo que incidió tanto en cambiar la atmósfera y tono de ciertos fragmentos (por ejemplo, el bello y diáfano trío "Soave sia il vento", o el final de la ópera), como en provocar ocasionales desajustes en los cantantes. En el segundo reparto, el llamado elenco estelar, el director residente de la orquesta, el chileno Pedro-Pablo Prudencio (quien el año pasado también participó en esta trilogía, cuando estuvo a cargo de Don Giovanni), logró un resultado más homogéneo, dinámico y atento a los solistas. En cuanto al coro, su participación en esta ópera es puntual, reducida y breve, y en este montaje no cantaron en escena, ya que estaban ubicados fuera de la vista del público, en los palcos al costado del escenario. De todos modos, su desempeño fue muy oportuno. 

Los dos repartos convocados para este regreso de "Così fan tutte" fueron muy atractivos. El elenco internacional contó con dos representantes chilenas que figuran entre las sopranos más elogiadas de la escena local en los últimos años: mientras Marcela González fue una Despina vivaz y chispeante, Paulina González sorteó con inteligencia, musicalidad y buen desempeño vocal el exigente rol de Fiordiligi, resolviendo muy bien dos de los más grandes momentos solistas para la voz femenina que creó Mozart, "Come scoglio" y "Per pietà". Ambas cantaron ya en las dos otras óperas de esta trilogía: en Las bodas de Fígaro de 2017 la primera fue Cherubino, mientras la segunda fue la Condesa, y en Don Giovanni encarnaron a Zerlina y Doña Elvira, respectivamente. 

Junto a ellas, regresó el barítono portugués José Fardilha, quien antes en el Municipal cantara en La italiana en Argel y El barbero de Sevilla y ahora fue un eficaz Don Alfonso, y debutaron en Chile tres jóvenes cantantes que ya se han fogueado en escenarios tan prestigiosos como el MET de Nueva York y la Ópera de Viena: la mezzosoprano de origen tunecino Rihab Chaieb como Dorabella lució una voz cálida, bien proyectada y de bello timbre y color, y en lo actoral fue sensual y se mostró desenvuelta y llena de energía; el barítono turco Orhan Yildiz fue un Guglielmo humano y simpático, muy bien cantado, y el tenor estadounidense Andrew Stenson fue un Ferrando de voz reducida en volumen pero cuyo canto sutil y buenos recursos estilísticos fueron muy bienvenidos.  

En el elenco estelar, cinco de los seis solistas ya habían participado en al menos un rol de las dos óperas anteriores de la trilogía; la única que se incorporaba por primera vez a esta propuesta era la mezzosoprano chilena Evelyn Ramírez en el papel de Dorabella, como siempre demostrando su talento y eclecticismo, considerando que este año en el Municipal estuvo ya en La fuerza del destino y El caballero de la rosa, en agosto regresará para protagonizarLa italiana en Argel de Rossini y en agosto en otro teatro de la ciudad, el Municipal de Las Condes, será la protagonista de Carmen de Bizet. Completando la representación nacional de este reparto, la soprano Andrea Aguilar estuvo muy bien como Fiordiligi, creíble en lo escénico y sacando buen partido a su atractiva voz; la también soprano Patricia Cifuentes fue una encantadora y divertida Despina, y el barítono Patricio Sabaté un excelente Don Alfonso. El tenor argentino Santiago Bürgi fue un aguerrido Ferrando que probó algunas soluciones vocales muy particulares para el estilo mozartiano en sus momentos solistas pero salió airoso, mientras el barítono cubano Eleomar Cuello se lució en un Guglielmo muy bien cantado y actuado. 

Sunday, October 28, 2018

El Barbero de Sevilla en el Teatro Municipal de Santiago, Chile

Fotos crédito: Edison Araya

Joel Poblete

Han pasado dos siglos desde su estreno, y El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini sigue instalada por derecho propio como una de las óperas más populares de la historia. Y Chile no ha sido la excepción: desde su debut local en 1830 nunca ha dejado de ser un título recurrente en el gusto de los operáticos de ese país, en particular en el Teatro Municipal de Santiago, donde tras su premiere en 1858 ha regresado en más de 50 temporadas.  Precisamente en este 2018 en que se conmemoran 150 años de la muerte del compositor, en la segunda quincena de septiembre el Municipal tuvo de vuelta esta obra como quinto y penúltimo título de su temporada lírica, en la misma elogiada, dinámica y entretenida puesta en escena del régisseur italiano Fabio Sparvoli (con escenografía de Giorgio Richelli, vestuario de Simona Morresi e iluminación de José Luis Fiorruccio), ya presentada previamente en ese escenario con éxito de público y crítica en 2008 y 2013. 

El montaje respeta absolutamente los códigos tradicionales de la trama, pero le aporta elementos particulares que le dan agilidad y frescura. El centro visual sigue siendo el atractivo y funcional diseño escenográfico de la casa en que viven la joven Rosina y el doctor Bartolo, una enorme estructura transparente que se puede mover permitiendo distintos ángulos al espectador. Quienes ya hemos visto anteriormente la producción quizás a estas alturas la encontremos un poco repetida al ya conocer las bromas y recursos escénicos a los que recurre, pero a juzgar por los comentarios a la salida de las funciones de quienes nunca la habían visto, la puesta sigue conservando intactos su magia y encanto. Y Sparvoli no sólo acertó nuevamente con algunos de los elementos más memorables de su propuesta -como los movimientos de un grupo de actores que aparece en distintos momentos para realzar lo cómico, el hilarante final del primer acto o el interludio orquestal que representa el temporal y acá es acompañado en escena por paraguas voladores-, sino además los elencos convocados aprovecharon de agregar oportunas bromas y guiños, como las frases en español de Don Bartolo o la cueca (baile tradicional chileno) que bailaban Fígaro y Rosina.  

Pero así como la puesta en escena fue fundamental en el éxito de este regreso del Barbero, fue la música la que le dio su definitivo sello triunfal al espectáculo que está ofreciendo el Municipal. Porque en esta ocasión la Filarmónica de Santiago estuvo dirigida una vez más por uno de los mejores especialistas en Rossini de la actualidad a nivel internacional, el maestro español José Miguel Pérez-Sierra, en los dos repartos con que se ofreció la pieza, el elenco internacional y el llamado elenco estelar. Formado en este autor directamente con quien probablemente fue el mayor experto rossiniano del último medio siglo, el italiano Alberto Zedda -fallecido el año pasado-, este director ya demostró su talento en el Municipal primero con I puritani de Bellini en 2014, y posteriormente confirmando ser una autoridad en Rossini con la inolvidable versión de El turco en Italia en 2015 y el año pasado con La cenerentola. Siempre atento al equilibrio entre el foso y los cantantes, Pérez-Sierra consiguió resultados brillantes de la Filarmónica, cuidando los balances sonoros y los contrastes de ritmo, con matices y detalles que no siempre se escuchan a pesar de tratarse de una obra tan conocida como esta. Bajo su energética y entusiasta dirección, momentos como esa verdadera joya que es el final del primer acto fueron en verdad irresistibles. Mientras el elenco estelar incluyó entre sus protagonistas a reconocidos intérpretes chilenos ya fogueados y probados en esta obra con esta misma producción y en los mismos roles -la mezzosoprano Evelyn Ramírez y el bajo-barítono Sergio Gallardo fueron Rosina y Doctor Bartolo en 2008 y 2013, año en que el barítono Patricio Sabaté ya fue Fígaro-, el elenco internacional permitió al público local el privilegio de apreciar en vivo el debut en Latinoamérica de la mezzosoprano rusa Victoria Yarovaya (Rosina) y el tenor sudafricano Levy Sekgapane (Conde de Almaviva), dos cantantes que están destacando especialmente en Rossini en algunos de los principales escenarios europeos, y en particular en el epicentro mundial del canto rossiniano: el Festival de Pesaro.  

Yarovaya es una mezzo ideal para Rossini: su hermosa voz, cálida y de generoso volumen, destaca especialmente en los tonos medios y graves, ha desarrollado muy bien su capacidad para la coloratura y por si fuera poco, en lo actoral es una Rosina pizpireta y adorable. En el otro reparto, Evelyn Ramírez fue una vez más una estupenda y vivaz Rosina, y si bien en sus respectivos elencos ambas cantantes ofrecieron buenas versiones de "Una voce poco fa", parecieron mucho más cómodas en el segundo acto, en "Contro un cor". Además de sus pergaminos rossinianos, Sekgapane llegó al Municipal con el ingrediente extra de haber sido elegido ganador de la versión 2017 del concurso Operalia. La voz no es particularmente atractiva, su timbre tiene un sonido casi infantil y el volumen es reducido, lo que en conjunto quizás hace que no guste a todos por igual, pero a nivel de estilo, su canto se adapta muy bien a las enormes exigencias que Rossini hace al rol del Conde, y afronta con seguridad y entrega tanto la coloratura como las notas agudas, lo que le permite entregar una espléndida versión de su muy difícil aria final, "Cessa di più resistere", la misma que no se había ofrecido en esta producción ni en 2008 ni en 2013. En lo actoral es a ratos un poco rígido, pero a medida que avanzó la obra se hizo cada vez más efectivo. En el elenco estelar el rol del Conde permitió debutar en el Municipal al ascendente tenor argentino Santiago Ballerini, quien está desarrollando una cada vez más promisoria carrera internacional. Y su desempeño fue impecable: no sólo canta con buen gusto (es excelente su sutil y delicada interpretación de "Se il mio nome saper voi bramate") y tiene una de las voces de tenor lírico más bellas que se han oído en el Municipal en el último tiempo, sino además es un actor desenvuelto y simpático, con mucha personalidad escénica. Si bien no tiene el dominio y la facilidad de la coloratura que ya ha alcanzado su colega del otro elenco, de todos modos pudo ofrecer una lograda y energética versión de "Cessa di più resistere". Con su simpatía y eficaz despliegue musical, el barítono ruso Rodion Pogossov ya ha contado con el favor del público santiaguino como Papageno en La flauta mágica en 2007 y precisamente encarnando a Fígaro en la anterior presentación de este montaje en 2013, regresando ahora en el elenco internacional incluso de manera más chispeante y encantadora. También de retorno en el rol protagonizando el elenco estelar, el siempre excelente Patricio Sabaté se lució con su habitual solvencia vocal y teatral, conformando también un adorable Fígaro. 

Esta producción del Barbero ha sido particularmente afortunada en la elección de quienes han interpretado a Don Bartolo; si en 2008 y 2013 el rol fue respectivamente abordado por los veteranos y notables Alessandro Corbelli y Bruno Praticò, en esta ocasión en el elenco internacional el barítono portugués José Fardilha fue uno de los grandes aciertos de este regreso. Ya conocido por el público local en 2009 como Taddeo en La italiana en Argel y casi una década después en su regreso al Municipal volvió a confirmarse como un excelente intérprete bufo rossiniano, haciendo reír con innata comicidad pero sin caer en la caricatura que muchos colegas a menudo imprimen en el personaje, y cantando con voz bien timbrada, sonora y segura. Como era de esperar, se lució especialmente en  "A un dottor della mia sorte". Y también como era de suponer, en el elenco estelar Sergio Gallardo mostró nuevamente que Bartolo es uno de sus papeles más logrados.  Por su parte, en el elenco internacional el joven bajo-barítono ruso Pavel Chervinsky fue Don Basilio, el maestro de música de Rosina; este intérprete ya actuó en el Municipal en tres óperas en los últimos dos años -Tancredi en 2016, y el año pasado en Mozart y Salieri en versión de concierto, además de ser el Rey en Aida- y si bien siempre ha sido correcto, ni por material vocal ni por actuación deja una impresión particularmente relevante, lo que volvió a pasar ahora con su discreta participación, que ni siquiera tuvo mayor realce en su célebre "La calunnia". Mucho más acertado estuvo el bajo-barítono venezolano Álvaro Carrillo, en el elenco estelar. Como la criada Berta, en el elenco internacional la soprano suiza Jeannette Fischer fue un auténtico lujo: también con experiencia en escenarios como la Scala de Milán e interpretando a Rossini en Pesaro, destacó en cada una de sus intervenciones, sacó el máximo partido a su "Il vecchiotto cerca moglie" y fue verdaderamente genial cuando improvisaba pasos de baile en el final del primer acto; en el elenco estelar, la ascendente soprano chilena Marcela González cantó este personaje con gracia y entusiasmo. Y una vez más las voces masculinas del Coro del Municipal, dirigido por Jorge Klastornik, se lucieron en su breve pero cómica participación en el cierre del acto primero. 

Sunday, May 2, 2010

Manon Lescaut de Puccini en el Teatro Comunal de Modena, Italia


Foto: Rolando Paolo

Giosetta Guerra

Muy bien estuvieron los artistas en la parte vocal y en la escénica en esta Manon Lescaut de Giacomo Puccini presentada en Modena, Italia. Amarilli Nizza, como Manon, es una soprano que estuvo dotada de una importante y dúctil voz de excelente técnica vocal y dotes interpretativos con los que logró tocar puntos de indiscutible belleza, y alcanzar la sensualidad, la frivolidad y la pasión del drama en diferentes situaciones. En la romanza “In quelle trine morbide” mostró densidad en el sonido de su registro medio y grave, así como largos agudos y filados sostenidos. El tenor Walter Fraccaro, mostró una voz sana y robusta, muy amplia y extensa, y cantó con fibra y sin obstáculos creando un Des Grieux pasional y determinado, aunque también abrumado por la desesperación en el trágico final. José Fardilha, como Lescaut, exhibió una buena voz de barítono, sonora y rica en armónicos, pareja y de buen peso. Alessandro Spina cantó con una voz de pasta oscura y recitó bien la parte del viejo Geronte. Desenvuelto en escena estuvo Andrea Giovannini en el papel de Edmondo y correctos el resto de los interpretes.

La puesta escenica de la Fundación del Teatro Massimo de Palermo estuvo constantemente oscurecida por una tenue cortina, pero fue fiel al libreto como en la taberna y la diligencia del primer acto, la lujosa cámara de Manon en la casa de Geronte, la cárcel, una nave etc. Agraciados estuvieron los vestuarios y las pelucas de época. Funcional fue la iluminación de Bruno Ciulli y coherente la dirección escénica de Pier Francesco Maestrini, quien respetó la naturaleza de los personajes

La orquesta Regionale dell’Emilia Romagna siguió atentamente la lectura del director Gianluca Martinenghi, que fue melódica y cargada del sentimiento y la pasión del primer acto; de rico tejido orquestal en el dueto de Manon y su hermano recordando al amante, y de absoluta delicadeza musical en el preludio del tercer acto en el que la tristeza de los violines fue seguida de una explosión de solemnidad que hizo recordar el intermezzo de Cavalleria Rusticana. Potente estuvo el Coro Lirico Amadeus de la Fundación del Teatro Comunal de Modena dirigido por Stefano Colò. Al final, el agradable espectáculo obtuvo la aprobación del público.

Friday, April 30, 2010

Manon Lescaut di Giacomo Puccini - Teatro Comunale Luciano Pavarotti, Modena

Foto: Rolando Paolo Guerzoni
Giosetta Guerra
Tutti bravi sia vocalmente che scenicamente gli artisti di Manon Lescaut di Giacomo Puccini al Teatro Comunale Luciano Pavarotti di Modena, con una punta di eccellenza per i due protagonisti, Amarilli Nizza (Manon) e Walter Fraccaro (De Grieux). Il soprano Amarilli Nizza, dotata di voce importante e duttile, di eccellente tecnica vocale e di grandi doti interpretative, riesce a toccare vertici di indiscussa bellezza in ogni registro e a dare la dimensione della sensualità, della frivolezza, della passione e del dramma nelle differenti situazioni. Nella romanza “In quelle trine morbide” la densità del suono nel registro medio e grave si scioglie in lunghi acuti e in aerei splendidi filati sostenuti. Nello scambio di effusioni con il suo amato, penetrato furtivamente nella casa dell’amante di lei, le voci sono lanciate al massimo come in un grido disperato che la Nizza in parte addolcisce. In “Sola, perduta, abbandonata” lo strazio, la disperazione emergono grazie all’intensità dell’interpretazione.

Il tenore Walter Fraccaro, in possesso di una vocalità sana e robusta, ampia ed estesa, canta di fibra e non conosce ostacoli, ha una canna infuocata e una marea inesauribile di voce e il canto sgorga come un fiume in piena dall’inizio alla fine, per disegnare un De Grieux sanguigno, passionale e determinato, ma anche travolto dalla disperazione nel tragico finale. José Fardilha (Lascaut fratello di Manon) esibisce buona voce di baritono, sonora e ricca di armonici nelle grandi arcate, estesa e di buon peso, bella in zona grave, ampia e corposa in ogni registro.Alessandro Spina gestisce bene in ogni registro una voce di bella pasta scura e recita bene la parte del vecchio e sciancato Geronte (ma in realtà dovrebbe essere proprio un bel giovanotto). Ben timbrato e sonoro il mezzo vocale del basso Stefano Cescatti nel doppio ruolo dell’oste e del comandante di marina. Disinvolto in scena e bravo cantante il tenore Andrea Giovannini nel ruolo di Edmondo. Federica Carnevale (un musico) è un soprano con vibrato. Tutti si esprimono con dizione chiara.

Le scene della Fondazione del Teatro Massimo di Palermo (i nomi dello scenografo e del costumista non sono in locandina) sono datate e costantemente offuscate da un velatino, ma fedeli al libretto (taverna e diligenza nel primo atto, lussuosa camera di Manon nella casa di Geronte, con alcova, toilette, paraventi e una vasca da bagno dalla quale Manon si alza mostrando le sue nudità posteriori nel secondo; un cancello di ferro, una nave in attesa, un carcere nel terzo), tranne quella dell’ultimo quadro, che non è una landa sperduta ma un tetro canyon con fondale ora rosso ora blu ora con immagini del passato da ricca di Manon e totalmente nero con scomparsa della scena alla morte di lei; scene storiche riprese da Maestrini nel 1999 e che hanno fatto il giro del mondo. Belli i ricchi costumi settecenteschi della Sartoria Teatrale Arrigo di Milano, con parrucche di Mario Audello di Torino, naturalmente bianche per gli uomini e boccoli biondi ora raccolti in un’alta acconciatura ora fluenti per Manon. Responsabile degli allestimenti è Gianmaria Inzani e il direttore di scena Marco Galarini.

L’Orchestra Regionale dell’Emilia Romagna, che dalla fossa mistica si dilata sui due palchetti di proscenio, esegue attentamente la lettura del direttore Gianluca Martinenghi, dall’espressione melodica dei sentimenti all’impasto sonoro e timbrico della passionalità nel primo atto, dal ricco tessuto orchestrale sotto il duetto di Manon col fratello nel ricordo dell’amante nel secondo atto, che si chiude su un ricamo musicale di assoluta delicatezza, al Preludio del terzo atto, dove la tristezza degli archi è seguita da un’esplosione di solennità che ricorda l’Intermezzo di Cavalleria Rusticana, dal progressivo crescendo di tensione del canto delle prigioniere e dell’implorazione di De Grieux del terzo atto all’introspezione psicologica dei personaggi nel quarto atto, dove domina il senso di solitudine e di disperazione. Possente il Coro Lirico Amadeus della Fondazione del Teatro Comunale di Modena, diretto da Stefano Colò. Funzionali le luci di Bruno Ciulli. Coerente al libretto la regia di Pier Francesco Maestrini, che rispetta la natura dei personaggi e nel secondo atto mette in scena la geriatria, giocando sull’arrugginimento delle articolazioni dei vecchi che circolano nel palazzo di Gerente. Spettacolo soddisfacente, che ha ottenuto il consenso del pubblico.

Wednesday, November 4, 2009

L'Italiana in Algeri - Teatro Municipal de Santiago, Chile

Foto: Mariana Pizzolato (Isabella)
Crédito: Juan Millán T.


Johnny Teperman

La ópera bufa de Gioacchino Rossini, 'La Italiana en Argel', cerró en forma brillante, la Temporada Lírica 2009 del Teatro Municipal, con su argumento simpático de enredos, una notable puesta en escena y una excelente presentación de ambos elencos, con cantantes realmente de gran nivel, para una música que agrada y entretiene.Esta fue una producción del destacado régisseur español Emilio Sagi, con los diseños de Enrique Bordolini en la escenografía, Renata Shussheim en el vestuario y Eduardo Bravo en la Iluminación.
Esta obra en dos actos, con libreto de Angelo Anelli, basado en la leyenda turca 'Roxelana', cuenta la historia de enredos entre el Bey Mustafá, (Bey: gobernador del imperio turco), quien se aburre de su esposa Elvira y quiere una italiana.
Mustafá no encuentra nada mejor que fijarse en Isabella, una bella dama italiana enamorada de Lindoro, esclavo de Mustafá. Esta Isabella se las trae y para liberar a su Lindoro, acepta ser su favorita en el serrallo (harén, parte de una vivienda musulmana donde viven las mujeres). Isabella, astuta, pretende también devolverle Mustafá a Elvira y decide otorgarle la dignidad de Pappataci, una especie de marido ingenuo y quitado de bulla que entre caricias y bromas sólo debe dormir, comer y beber. Por cierto, él acepta encantado. La ceremonia en que es ungido “oficialmente” con el título de Pappataci, resulta ser una borrachera y la italiana y Lindoro, junto al resto de los italianos, aprovechan de embarcarse y huir. Mustafá aprende la lección y se une nuevamente a Elvira.
Rossini compuso para esta obra una música arrebatadora, llena de temperamento y melodía, humor y juego. Concibió el papel principal para Isabella Colbrán, quien más tarde sería su esposa. Se estrenó en Venecia el 22 de mayo de 1813, con gran éxito de público, que según crónicas de la época, deliraba con la nueva obra del genial autor.
El montaje de la ópera se realizó en conjunto con la ópera de Oviedo, España y la de Lausanne, Suiza. Hay que resaltar que esta última presentará "La Italiana..en noviembre del 2010 y en Oviedo, en octubre del 2011. Javier Menéndez director del teatro hispano expresó en Santiago, que "esta coproducción, la primera de este tipo con un país más allá del Atlántico, es beneficiosa para todos, en especial porque se abaratan costos. Nosotros le compramos al Municipal de Santiago su producción de "Lucía de Lammermoor" de Donizetti y fue un gran éxito".
La protagonista de esta versión internacional, fue la mezzosoprano italiana Marianna Pizzolato, de importante trayectoria en el circuito internacional y que interpretó con gran éxito el rol de Isabella en Santiago, al igual que en los principales escenarios del mundo. El rol de Mustafá lo encarnó el bajo italiano Pietro Spagnoli, con su inmenso caudal de voz y una seguridad escenica notable. Es la cuarta vez que visita Chile. Antes nos gratificó con sus acertadas versiones de otras dos obras de Rossini, su gran "Barbero de Sevilla" y "La Cenerentola" ("La Cenicienta"), nada menos que junto a la extraordinaria Vivica Genaux y el "Cosi fan tutte" de Mozart. También se lucieron, la joven y ya consagrada soprano chilena Patricia Cifuentes (Elvira) junto a Claudia Godoy (Zulma), el tenor estadounidense Kenneth Tarver, como Lindoro y muy en especial, el sorprendente barítono portugués José Fardilha, como Taddeo.
En la versión "Estelar" los personajes principales los cantaron con notas de distinción, los chilenos Evelyn Ramírez como Isabella y Ricardo Seguel, como Mustafá. Ambos han pasado a convertirse en figuras notable de la temporada 2009 del segundo elenco en el Municipal. Evelyn Ramírez, especialmente, que el año pasado lució su personaje en Argentina, tuvo momentos brillantes en el segundo acto, luego de un comienzo algo débil. Su registro de mezzosoprano es de gran calidad y bella textura. También se lucieron el portorriqueño Javier Abreu como Lindoro (un bello segundo acto) y la sólida voz de Claudia Pereira como Elvira.
Rani Calderón le dio un tono jocoso y ágil a su dirección de la excelente Orquesta Filarmónica de Santiago, aunque recibió algunas críticas por algunos pasajes del segundo acto, concertados especialmente, catalogados como "algo lentos". El Coro de Varones, conducido por Jorge Klastornick, muy en su nivel, dio lugar a jocosas escenas, al más puro "estilo rossiniano".

Mariana Pizzolato se luce en su primera visita a Chile‏

Foto: Marianna Pizzolato (mezzosoprano)
Crédito: Johnny Teperman


Johnny Teperman

La exhuberante mezzosoprano italiana Marianna Pizzolato, se ha convertido en la gran figura del último título de la temporada lírica 2009 del Teatro Municipal, con su más que satisfactorio desempeño en el rol de la coqueta Isabella de la ópera bufa de Rossini, "La Italiana en Argel".
La cantante, con su gran personalidad y presencia física y simpatía, llena el escenario. Su voz es pura, fresca, agradable, de excelente y precisa coloratura, además de sus gestos teatrales muy "rossinianos". Marianna, quien es originaria de Palermo, Sicilia, se siente muy a gusto en Chile, impresionada por la belleza de la Cordillera de Los Andes y feliz con los chilenos que la han tratado muy bien.
"Además que este Teatro Municipal de Santiago es fantástico. Y creo que la presencia del director Rani Calderón, que será el próximo conductor titular de la Orquesta Filarmónica de acá, significa una estupenda contratación". Igual que el coro de varones, que me agradó muchísimo".
La mezzosoprano ya ha encarnado 32 veces a la coqueta Isabella quien no quiere nada con el Bey Mustafá y sólo busca fugarse y retornar a su patria con su amado, el esclavo Lindoro. Ella ha hecho anteriormente "La Italiana en Argel" en Italia, Austria, España y Alemania.
Antes de conocer Santiago participó en la ópera "Linda di Chamounix" de Donizetti en el Royal Opera House de Londres y cuando regrese la espera nada menos que el rol de Suzuki, de "Madama Buterfly" de Puccini en Valencia, con la dirección de Laureen Maazel.
Marianna Pizzolato debutó en la temporada 2002-2003 en Palermo cantando el rol titular de "Tancredi" de Rossini, una de sus óperas favoritas, aunque sus dotes vocales y su talento le permiten abarcar a una amplia gama de compositores desde Monteverdi, Vivaldi, Bach y Haendel, hasta De Falla y Debussy, aunque tamnbién se siente muy a gusto con obras de Schubert, Schumann, Brahms y Wolf.
Ella, al igual que un buen día nos dijera Plácido Domingo, no tiene particular predilección por una ópera en especial: "Las quiero a todas señala. Es como cuando uno tiene 10 hijos. Cada uno de ellos es el preferido".