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Sunday, August 19, 2012

Tannhäuser en el Teatro Municipal de Santiago de Chile


Fotos: Marcela Poch

Johnny Teperman A.
 
Con aprobación unánime, público, críticos y expertos de la lírica), culminaron las presentaciones de la ópera "Tannhäuser", de Richard Wagner, cuarto título de la tempoprada lírica 2012 del Teatro Municipal de Santiago. La soprano holandesa Eva María Westbroek, figura de calidad mundial, con un registro vocal extrordinario, destacó nitidamente en el elenco de gran calidad, que le dio inmensa jerarquía a esta obra del genio germano, sin duda una puesta en escena de excelencia.“Sintió Tannhäuser, noble caballero, / de amor y de placer ansias frenéticas; / fue a la montaña de la hermosa Venus; / siete años vivió en ella”. Los versos son del poeta alemán Heinrich Heine, en el que Richard Wagner se habría basado para su célebre ópera. El poema nos traslada al hogar de Venus (la hermosa y llena de talento, la mezzosoprano austríaca Natasha Petrinski) la diosa del amor y nos introduce en una historia en que el protagonista Tannhäuser, con un rol de elevadas exigencias vocales, tuvo un buen intérprete, pese a altibajos de su voz, que le afectaron desde la primera presentación. –un papel de altas demandas vocales que fue interpretado por el tenor holandés Frank van Aken– quien se debate entre el amor pagano (Venus) y el sagrado. Este último es encarnado en la historia por Elisabeth o Santa Isabel, rol que trajo al escenario nacional a una de las sopranos wagnerianas más importantes del mundo: Eva-Maria Westbroek. Además del éxito que alcanzó en 2011 en el estreno mundial de Anna Nicole en el Covent Garden de Londres, la artista triunfó anteriormente con Tannhäuser en ese mismo escenario y también en La Bastilla de París.
En este trío de intérpretes musicales y teatrales, radicó principalmente, el éxito arrebatador de esta obra, aun que justo es remarcar al muy buen elenco de acompañantes. Debemos, especialmente, mencionar al barítono alemán Markus Brück, quien personificó en forma brillante y convincente a Wolfram von Eschenbach, enamorado secreto pero sin esperanzas de Elizabeth y Andreas Bauer, a Hermann. En distintos roles sobresalieron por sus voces y actitud teatral, los cantantes Luis Olivares, tenor chileno (Walther von der Vogelwiede); Marcela González, soprano chilena (un pastor) y los cantantes nacionales, el tenor Juan Pablo Dupé, el barítono Patricio Sabaté y el bajo David Gáez.  Junto a ellos el Coro del Teatro Municipal de Santiago, dirigido una vez más por Jorge Klastornick ha sido nuevamente protagonista, pues esta obra le ha permitido desarrollar al máximo su potencial, para completar con gran perfección técnica, la interpretación del mundo wagneriano. La Orquesta Filarmónica de Santiago, a cargo del maestro israelí Rani Calderón, su titular, completó con estilo netamente wagneriano, la parte musical de esta obra, considerada como una de las emblemáticas del autor germano. La parte artística netamente teatral, también ha estado realizada por un conjunto de primer nivel, con una puesta en escena ajustada al perfil wagneriano del regisseur alemán Michael Hampe, quien ha trabajado en varias óperas para el Teatro Municipal de Santiago –entre ellas Elektra, en 2010 y Aida, en 2011–. Unidos a él, codo a codo en este montaje,lucieron una gran precisión los especialistas nacionales, Germán Droghetti (correctos su escenografía y el vestuario), Jaime Pinto (coreografía) y Ramón López (iluminación).El ballet de la Bacanal del primer acto, sugerente, aunque con una iluminación tenue, que obligaba al público a usar la imaginación.

Sunday, August 5, 2012

Después de casi tres décadas regresa ópera "Tannhäuser" al Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Eva Maria Westbroek

Johnny Teperman

A casi tres décadas de su última presentación en este escenario, hoy domingo a las 17 horas regresa al Teatro Municipal, la ópera "Tannhäuser" de Richard Wagner, cuarto título de la temporada lírica 2012, la cual contará con una nueva producción del afamado director de escena alemán Michael Hampe y del chileno German Droghetti, en la escenografía y el vestuario. Fue la sobrina de Wagner, Johanna, quien interpretó el rol de Elizabeth por primera vez, cuando se estrenó "Tannhäuser" el año 1845 en Dresden. En esta temporada, el Teatro Municipal de Santiago trajo a interpretar este importante rol, a la cantante holandesa Eva- Maria Westbroeck, una de las sopranos más solicitadas del momento en los principales teatros del mundo. Junto a ella estarán, su marido, el tenor Frank van Aken, de la misma nacionalidad, en el rol del trovador que se debate entre el amor sagrado y el profano, el barítono alemán Markus Brück y la mezzosoprano austríaca Natascha Petrinsky. El director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el israelí Rani Calderón, continuará su incursión en el universo del compositor alemán. Otras funciones de la presente versión de la ópera "Tannhäuser" están programadas para los días jueves 9, lunes 13 y jueves 16, a las 19 horas y domingo 19 (versión estelar), a las 17 horas.



Thursday, June 28, 2012

VUELVE EL "BEL CANTO" AL TEATRO MUNICIPAL DE SANTIAGO CON LA ÓPERA "LUCREZIA BORGIA"

Foto: Marcela Poch

Johnny Teperman

En una descolorida versión, retornó al Teatro Municipal capitalino, la historia de poder, intrigas y crimen que rodea al clan de los Borgia, en la ópera "Lucrezia Borgia". Esta relato original de Víctor Hugo, en la composición de Gaetano Donizetti es una de las mejores expresiones del "bel canto" italiano, un estilo que buscaba potenciar al máximo toda la línea vocal de los cantantes líricos. Por fortuna, hubo cierto consenso en considerar que el grupo de cantantes seleccionado para ambos elencos (el internacional y el estelar)cumplió a cabalidad. Los intérpretes de los roles de Lucrezia Borgia, Gennaro, Maffio Orsini y Alfonso d’Este– permitieron lucir en su máximo esplendor el virtuosismo de las voces de quienes los interpretaron.  Elisabeth Meister, soprano inglesa que se presentó con gran éxito en este escenario en Aida (2011), fue la protagonista del rol titular de la versión internacional, con una presentación maciza, de poderosos agudos y precisas coloraturas. La solista del segundo elenco, la argentina -de Santa Fé- Natalia Lemercier, residente en Italia, lució una voz más fresca y juvenil, no tan experimentada, pero bonita. Para ambos tenores, los Gennaros, sólo palabras de elogio y aplausos. El chino Yijie Shi –uno de los tenores jóvenes más solicitados por importantes teatros mundiales–, mostró un cantar bello, romántico y dolido, de un "belcantista" neto. Igualmente se lució el coreano Jaesig Lee en el conjunto estelar, aunque en un tono menor. Tuvo un comienzo ligeramene vacilante, dominado por la orquesta, pero luego recuperó terreno y brilló en la parte final.

Ambas mezzosopranos se acomodaron perfectamente a sus roles masculinos, al encarnar a Maffio Orsini: la italiana Marianna Pizzolato y la chilena Evelyn Ramírez. La primera, con un registro excelente de su voz en todos los aspectos y la cantante local, confirmando el buen momento que evidenció en "Carmen" de Bizet, con un esplendoroso "Brindis",por supuesto lo mejor del Acto Segundo. Por último, en el rol de Alfonso D'Este, tanto el rumano Bálint Szabó, como el ruso Maxim Kuzmin-Karavaev, lucieron gran talento y poderosas voces en ambos actos. El resto del elenco cumplió y lo hizo bien y el Coro del Municipal dirigido por Jorge Klastornick, se exhibió con su calidad acostumbrada. La participación de los directores de la Orquesta Filarmónica fue poco convincente, especialmente por su conducción frente a los cantantes. En ese sentido, el chileno José Luis Domínguez en "Carmen", fue un guía y un apoyo y, además, les sacó gran partido a sus dirigidos. 

Rani Calderón y Pedro Pablo Prudencio no lograron que la orquesta fuera un buen aliado del espectáculo global. Además que en varios pasajes no prestaron gran apoyo a las voces de una ópera que tiene delicados pasajes en un hermoso italiano. Repitamos, una vez más, que algunas arias –piezas cantadas por un solista, sin coro– conforman la partitura de esta ópera. La primera parte una una de ellas, "Maffio Orsini, signora, son io" –del Prólogo de Lucrezia Borgia–, tiene un curioso parecido al Himno Nacional de Chile. Más adelante, la melodía se torna similar al Himno Nacional del Uruguay. Se dice que esto no fue fruto de una coincidencia, pues tanto Ramón Carnicer como Fernando Quijano –autores de ambos himnos patrios– eran admiradores de Donizetti y habrían conocido su trabajo en los viajes que hicieron a Italia en esa época. La puesta en escena del "regisseur" francés Jean Luis Pichon, débil e incosistente, con una parte teatral mal aprovechada, en que los cantantes más bien expresaban sus sentimientos al público que los situaban en el contexto de la acción. Pablo Núñez ofreció una buena coreografía, que asemejaba un tablero de ajedrez y un hermoso vestuario, pero por ahí hubo unos adornos un poco extraños, como unos grandes jarrones que se asemejaban a indígenas del Altiplano en reposo. Buena la iluminación del francés Michel Tehuil y correcta la coreografía de Edymar Acevedo.

Monday, November 14, 2011

Aida en el Teatro Municipal de Santiago

Foto: Teatro Municipal de Santiago

Johnny Teperman

Temporada lírica 2011 del Teatro Municipal. Elenco. Aida: Tamara Wilson/Elisabeth Meister. Radames: Stuart Neill/José Azócar. Amneris: Elena Manistina/Anna Victorova/Isabel Vera. Amonasro: Elchin Azizov/Manuel Álvarez. Rmfis: Stanislav Shvets/ Homero Pérez-Miranda El Rey: Sergej Artamonov/Carlos Eduardo Marcos. Mensajero: Claudio Fernández/Leonardo Navarro. Sacerdotisa: Paola Rodríguez/Sonia Vásquez. Director de Escena: Michael Hampe. Escenografía: Germán Droguetti/Michael Hampe. Vestuario: Germán Droguetti. Iluminación: Ramón López. Coreografía: Jaime Pinto. Orquesta Filarmónica de Santiago. Director: Rani Calderón/Pedro Pablo Prudencio. Coro del Teatro Municipal. Director: Jorge Klastornick.

La temporada lírica 2011 del Teatro Municipal, que tuvo un desarrollo con producciones que fueron de lo magnífico a lo discreto y con solistas cantantes de distintos niveles, culminó con una "Aída", para muchos la reina de las óperas, que -a pesar de sus contrastes- dejó un sabor a dulce en su final, con el bloque de los actos tercero y cuarto de la última puesta en escena del segundo elenco, realmente notable. La gran figura de este "cierre lírico" fue sin duda, la joven mezzosoprano chilena Isabel Vera, quien ya nos había sorprendido hace algunas temporadas en el Municipal, con su irrupción en la presentación de "El Trovador" del mismo Verdi, y que definía a una grata figura que se incorporaba a la plana mayor de las grandes cantantes que nos ha dado la lírica de nuestro país. Ahora y luego de un período de latencia, de preparación, de beca en Estados Unidos, de roles pequeños, de recitales, Isabel Vera ha vuelto a llegar al primer plano y ha vuelto a insinuar un futuro esplendoroso. Amneris, es un rol que permite el lucimiento de las grandes mezzosopranos. Acá mismo estos se ha comprobado en distintas épocas y lo de Isabel Vera es un hallazgo más. Volviendo a esta "Aída" 2011, hay que reconocer que indudablemente ha sido una versión que tuvo altibajos, con una parte escenográfica y teatral para la pelémica y una parte musical, muy cargada al signo más. La popular obra de Giuseppe Verdi se presentó con una nueva producción a cargo del director de escena, Michael Hampe, quien pretendió reflejar una particular visión estética de esta trágica historia deamor y de lucha por la libertad, pero que pecó de pretencioso y se salió demasiado de la ambientación y de la forma de ser de los personajes concebida por Verdi, llegando a algunos pasajes, especialmente de los dos actos iniciales, que dejaron muy disconformes a todos: a críticos y a desconcertados espectadores. Estrenada en 1871 en el Teatro de Ópera de El Cairo, "Aída" pertenece al género de la Gran Ópera, que supone un gran despliegue escénico, coral y vocal. Los elencos a cargo de la parte musical de esta versión de la presente temporada que se completó en el Teatro Municipal,en general ofrecieron presentaciones de un buen nivel, además con algunas figuras destacadas. Partamos por el tenor estadounidense Stuart Neill, quien encarnó a un Radamés pleno de energía, con un caudal de voz que le permitió impresionar por su fuerza, aunque no por su gran técnica, a lo largo de los difíciles cuatro actos de la obra, pero sin titubear en ningún momento, marcando siempre su presencia. Neill, cantante de una voluminosa figura, retornó a Chile luego de 18 años de ausencia, en que en el mismo Municipal estuvo presente en "Los Puritanos" del mismo Verdi y "La Boheme" de Puccini. Su contraparte del segundo elenco, el chileno José Azócar, fue poco a poco alcanzando un buen nivel y, desde una "Celeste Aída" débil y confusa, fue recuperando terreno, hasta sostener arias y duos de la segunda parte, con una grata vocalización. Lo mejor de esta versión de "Aída" fueron las representantes femeninas, y en ambos elencos: bien la protagonista norteamericana de la esclava egipcia, Tamara Wilson, aunque con ligeros altibajos. No fue así con la debutante en el rol, la británica Elisabeth Meister, figura de gran lucimiento en el segundo conjunto, con muy buenos momentos en el "Ritorna Vincitor" y en "O Patria Mia". Las dos Amneris que nos tocó ver, magníficas. Tanto así, que la rusa Elena Manistina fue casi unanimemente considerada como la gran figura y una de las mejores en su rol de las que han venido al Municipal. Y la verdad es que acá hemos tenido a Amneris portentosas. Para empezar, estuvo la gran Fiorenza Cossotto (1986) y antes que ella hay que mencionar a la destacada chilena Marta Rose, nada menos que en tres temporadas seguidas (1968,1976,1979). El grato aporte de la mezzo nacional Isabel Vera fue el broche de oro para nuestra temporada lírica oficial. El resto de los varones no desentonó. Todos estuvieron correctos y bien también una vez más el Coro de Jorge Klastornick. La Orquesta Filarmónica de Santiago, logró presentaciones estupendas. Su director titular, el israelí Rani Calderón, le dió un toque marcial al conjunto, a ratos espectacular y el joven chileno Pedro Pablo Prudencio del segundo elenco, un ritmo más cálido, más verdiano, pero igualmente bello. Los solistas instrumentales, respondieron con interpretaciones impecables, a rato, brillantes.

Sunday, July 10, 2011

Ariadne auf Naxos de Strauss en el Teatro Municipal de Santiago

Foto: Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete

Continuando con los valiosos y necesarios estrenos de títulos que hace mucho deberían formar parte de su repertorio, como segunda obra de su temporada lírica 2011 el Teatro Municipal de Santiago programó para mediados de junio el debut, casi un siglo después de su creación, de Ariadna en Naxos, la fascinante y divertida ópera que marca uno de los puntos más altos en la genial colaboración entre Richard Strauss y su libretista Hugo von Hofmannsthal. El principal escenario lírico chileno se había preocupado especialmente de reunir a un cast de primer nivel, encabezado por una experta en Strauss como la soprano finlandesa Soile Isokoski, y con una puesta en escena a cargo del equipo argentino encabezado por Marcelo Lombardero, quienes ya han dejado una sólida impresión en otros memorables estrenos locales, como La vuelta de tuerca de Britten, El castillo de Barba Azul de Bartok y Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, aunque menos convincente fue su apuesta escénica para el debut local de Alcina de Handel, el año pasado.  Si bien algunos se desilusionaron cuando meses antes del estreno se supo que ya no vendrían la Isokoski -quien sería reemplazada por Christine Goerke- ni la mezzo originalmente contratada para encarnar al Compositor, Michèle Losier, de todos modos había enormes expectativas por este estreno. Y afortunadamente, el espectáculo fue muy logrado en casi todos sus aspectos, y aunque algunos puntos admiten divergencia de opiniones, en general estuvo al nivel de un título tan exigente e indispensable. Lombardero y sus colaboradores (Diego Siliano en la escenografía, Luciana Gutman en el vestuario y José Luis Fiorruccio en la iluminación) supieron perfilar muy bien la dualidad y el contraste que proponen Strauss y Hofmannsthal, al contraponer la ópera seria clásica con la comedia buffa, obligándolas incluso a compartir un mismo escenario y aprovechando de reflexionar con humor y toques de sátira sobre las circunstancias que implica el montaje de una ópera.  Lombardero optó una vez más por ambientar la historia en un entorno evidentemente contemporáneo, esta vez en un elegante y amplio penthouse que podría estar en Europa o incluso en algún balneario latinoamericano (muy bueno el trabajo de Siliano, tanto aquí como en el pequeño escenario de época que se montó en la representación de la ópera dentro de la ópera). Pero al margen de esto y de los infaltables guiños a la modernidad (Zerbinetta y su grupo son ahora una suerte de figura pop acompañada por cuatro rockeros), el artista respetó el desarrollo de la trama, conformando una puesta en escena ágil y atenta a los detalles y gestos, por lo que el juego teatral que propone el delicioso libreto de Hofmannsthal estuvo muy bien servido y lleno de logrados momentos, en especial en los aspectos cómicos. En el prólogo todo fluyó de manera dinámica, mientras en la ópera misma, Lombardero se esforzó por mantener el ritmo, algo siempre muy difícil considerando que se mezclan e intercalan los pasajes líricos y contemplativos con la comedia de Zerbinetta y su troupe. Muchos críticos y operáticos han cuestionado que hacia el final las puestas en escena suelen olvidar que se trata de una representación (mal que mal, son una soprano y un tenor encarnando a una soprano y un tenor, quienes a la vez interpretan a dos personajes de la mitología clásica) y todo se cierra de manera demasiado abierta y mágica, por lo que fue interesante que en esta ocasión el régisseur optara por mostrar cómo se empieza a desarmar el teatrito barroco mientras soprano y tenor aún cantan su arrebatador dúo, dando paso al espectáculo de fuegos artificiales que puede contemplarse a través del ventanal; posteriormente llegará el mayordomo, quien procederá a pagar a todos los artistas sus honorarios por la función realizada. Fue una opción interesante y que en verdad no parece descabellada, aunque más de algún operático se lamentara en los pasillos porque en cierta medida despojó de su belleza y apasionado lirismo el extático momento final, para hacerlo más terrenal y práctico.  Del muy talentoso elenco convocado, la más aplaudida, como suele ocurrir con esta ópera en todos los teatros donde se presenta, fue la soprano que interpreta a la coqueta y chispeante Zerbinetta: ya sea por su personalidad exuberante y extrovertida, o simplemente porque su escena llena de pirotecnia siempre deslumbra al público y es el único momento que de verdad parece un aria tradicional que puede ser ovacionada como dicta la tradición, la rusa Ekaterina Lekhina volvió a cautivar a los espectadores del Municipal, que ya la convirtió en una de sus favoritas tras cantar aquí la Musetta pucciniana y la Gilda de Rigoletto y sin embargo, a este redactor, aun reconociendo que realizó una labor convincente y entregada (en especial en lo actoral) y cumplió con la difícil aria en cuestión, no termina de entusiasmarle su voz dúctil pero de pequeño volumen, ni menos el exceso de vibrato.  Al margen de que los aplausos se los robara Lekhina, sin dudas si hay que destacar a alguien, es necesario referirse especialmente a dos nombres. En el rol titular y debutando en Chile, Christine Goerke fue excelente como actriz y cantante, convincente como divertida prima donna (su gestualidad facial y sus movimientos revelaron a una excelente comediante) y a la vez exhibiendo un material contundente y voluminoso, sin complicaciones de registro y resolviendo sin dificultades las extensas líneas de canto que exige su rol; por su parte, en el papel del Profesor de música, aunque su aparición es breve y está restringida al prólogo de la obra, Leonardo Neiva reafirmó la estupenda impresión que ha dejado en sus anteriores incursiones en el Municipal (con Los pescadores de perlas, I pagliacci y Thais), a pesar de su juventud poniendo su bella y bien timbrada voz al servicio de un personaje que habitualmente suelen abordar colegas maduros o incluso al borde del retiro. Del resto del elenco, es necesario reconocer que la mezzosoprano alemana Gundula Schneider realizó una entregada labor interpretando al Compositor, pero de todos modos lamentablemente le faltó volumen y fuerza para hacerle total justicia a este rol intenso y bello a pesar de lo poco que aparece en escena. Y en otro rol exigente e incluso ingrato si consideramos que no interviene demasiado en la obra, el tenor Richard Cox -quien debutara hace dos años en el Municipal cantando en Lady Macbeth de Mtsensk- abordó la inclemente tesitura de Baco con valentía y convicción, sin brillar pero de todos modos cumpliendo con las demandas del personaje. El extenso elenco de secundarios estuvo muy bien, destacando las ninfas (Pamela Flores, Evelyn Ramírez, Andrea Aguilar) y muy particularmente los comediantes italianos que interpretaron Patricio Sabaté (Arlequín), Gonzalo Araya (Scaramuccio), David Gáez (Truffaldino) y Leonardo Pohl (en un doble cometido, como Brighella y el amanerado maestro de baile del prólogo), quienes incluso debieron realizar hilarantes coreografías de evidentes guiños a ritmos contemporáneos.  El actor Romanus Fuhrmann fue un divertido y muy adecuado mayordomo de mayor protagonismo que lo habitual (incluso era el encargado de correr el telón al final de la obra), mientras al frente de la Orquesta Filarmónica su titular Rani Calderón volvió a mostrarse tan eficiente como siempre, pero aunque la agrupación (reducida a sólo 37 músicos, como exige la partitura) sonó muy bien, como ya le ha ocurrido en otras ocasiones una vez más el director no consiguió profundizar demasiado en la belleza y trascendencia de esta música, limitándose a una lectura correcta y superficial, que de todos modos tuvo hermosos momentos, pero en la que se extrañó un mayor balance sonoro entre el foso y los cantantes. De todos modos, sin dudas esta Ariadna en Naxos fue un atractivo espectáculo, y una excelente manera de presentar al público chileno esta obra que sigue fascinando y divirtiendo a los espectadores contemporáneos.

Sunday, July 3, 2011

Ariadna en Naxos en el Teatro Municipal de Santiago de Chile.

Fotos: Teatro Municipal de Santiago.

Johnny A. Teperman

Con un estreno absoluto para Chile, "Ariadna en Naxos", de Richard Strauss, se presentó como toda una novedad de la temporada lírica 2011 del Teatro Municipal. Esta obra, segundo título del ciclo, pretende ser uno de los puntos cúlmine del año, al ofrecer un argumento muy original, que representa la magia del teatro dentro del teatro, con situaciones tragicómicas, y roles que presentan grandes desafíos para sus intérpretes.  Una vez más, se encargó la puesta en escena al artista argentino Marcelo Lombardero, cuyo trabajo ha sido satisfactorio, al ofrecer un espectáculo que en líneas generales, agradó al público que asistió a las cinco funciones de la obra. El año pasado, el regisseur trasandino también dio que hablar con la muy moderna puesta en escena de la ópera Alcina, en la temporada lírica nacional. La ópera contó con muy buenos cantantes, incluyendo protagonistas de excepción. Destacaron, la soprano estadounidense Christine Goerke (Prima Donna / Ariadne), el tenor estadounidense Richard Cox (El Tenor / Baco), la soprano rusa Ekaterina Lekhina (Zerbineta) – quien tenía como antecedente una brillante interpretación de Gilda en el "Rigoletto" del año pasado - y la mezzosoprano alemana Gundula Schneider (El Compositor). Christine Goerke cantando a “Ariadna” y la “Prima Donna”, exhibió un podeoso caudal de voz y en especial en su rol de Ariadna de la segunda parte (único acto de la obra) sostiene el peso argumental con su dolido canto, extenso y convincente para culminar en un atractivo duo con un Richard Cox que sin estar a la altura de ella, hizo lo posible por equiparársele. El trío de ninfas que la acompañaron, fueron tres cantantes chilenas de primer nivel, incluso de trayectoria: Pamela Flores, Evelyn Ramírez y Andrea Aguilar. Las tres con notas de excelencia. Ekaterina Lekhina, brindó una Zerbinetta exquisita por todo concepto. Una voz probada de calidad como soprano de coloratura en un personaje divertido y que en el Prólogo brindó una ária de gran jerarquía. En cuanto al Compositor, rol masculino que encarnó Gundula Schneider, basta señalar que ella fue el mayor sostén del Prólogo, en el cual a poco andar y en medio de tanto diálogo (cantado y hablado) impuso su presencia lírica y una técnica vocal de primer nivel.  El barítono brasileño Leonardo Neiva, que siempre se luce en Chile, calzó muy bien en su papel de “Profesor de Música”, tanto en lo vocal como en lo actoral. Los demás peronajes fueron encarnados en forma satisfactoria aunque el argumento y los diálogos del Prólogo fueron enredados y al público le costó compenetrarse de lo que sucedía hasta la correctísima aparición e intervención del Compositor.
 
La parte musical estuvo a cargo del titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, Rani Calderón, quien cumplió satisfactoriamente al frente de la Orquesta Filarmónica de Santiago, de la cual es el titular.  La escenografía de Diego Siliano, el vestuario, de Luciana Gutman, y la iluminación, de José Luis Fiorruccio, los tres argentinos, excelentes, para brindar una idea adecuada de la obra.  "Ariadna en Naxos" está considerada como la obra lírica más exquisita de Richard Strauss, en la cual éste propone un diálogo entre la tragedia clásica (la historia de Ariadna) y la “ópera buffa”, vinculada a los argumentos más ligeros de la "commedia dell'arte" italiana (con Zerbinetta y sus compañeros).  La escenografía del Prólogo, nos pareció moderna, elegante y funcional. En el segundo esta impresión cambió: la encontramos algo pobre, con un escenario de pocas dimensiones en donde estuvieron, la mayor parte del tiempo, la entristecida Ariadna junto a sus tres ninfas.  La acción transcurre en la mansión de un magnate (Prólogo) y en un escenario que representa la isla de Naxos (único acto). El dueño de casa propone hacer la ópera “Ariadna en Naxos”, después de la cual se presentará una ópera buffa, “La infiel Zerbinetta” y sus cuatro amantes.  Cuando el joven compositor se entera, se enfurece porque considera indigno juntar ambos espectáculos en la misma velada. Ante la disyuntiva, el dueño de casa corta por lo sano: mezclará los dos espectáculos.

Monday, January 24, 2011

Emblemáticas obras sinfónico-corales cierran temporada 2010 del Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Orquesta Filarmónica de Santiago.

Johnny Teperman
Con dos obras emblemáticas del universo sinfónico coral, cerró la temporada 2010 del Teatro Municipal de la capital chilena, las cuales se encontraban pendientes desde comienzos de la temporada 2010 a raiz del sismo del 27 de febrero, el cual obviamente- le trajo muchos problemas al importante coliseo cultural. Las obras fueron "Un Requiem Alemán" de Johannes Brahms y la Sinfonía Número 9, "Coral", de Ludwig van Beethoven. "Un Requiem Aleman", opus 45 de Brahms, fue interpretado por la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por su titular, el maestro israelí Rani Calderón, con la participación del Coro del Teatro Municipal, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornick y de los solistas nacionales Patricia Cifuentes (soprano) y Patricio Sabaté (barítono). Esta obra con sentido religioso de Brahms, no es un réquiem en el sentido litúrgico de la Misa de Difuntos. Se trata de un réquiem particular, uno alemán, el estilo musical imperante en la Europa de la segunda mitad del siglo XIX, con Brahms como uno de sus máximos representantes. Los comentarios previos se ciñen a la pregunta en qué consiste lo alemán de esta obra, aparte de pertenecer a un compositor nacido en Hamburgo, por cierto. Primero que nada, sus siete partes están basadas en textos bíblicos traducidos por Martín Lutero, incluidos algunos escritos considerados como apócrifos por el protestantismo.
El propio Brahms autor, fue seleccionando los textos de la Biblia luterana que hablan de la muerte, pues en el protestantismo no abundan los cánticos de réquiem, más bien son los himnos de alabanza los que imperan, evitando la música como consuelo en los momentos de dolor. Asimismo, el autor dedicó este réquiem a la memoria de su madre y a la de Robert Schumann, manifestando el estrecho vínculo que tuvo con el compositor alemán y su esposa Clara a lo largo de su vida. De hecho, fue nombrado por el propio Schumann como “El elegido”. En esta ocasión, el director Calderón se advirtió absolutamente comprometido con la obra y con un profundo conocimiento de ésta, logrando extraer un bello sonido de sus dirigidos y estableció una adecuada relación entre las distintas familias de instrumentos y el coro. Este último, en permanente labor, mostró su clase de conjunto acostumbrada, con mucho dinamismo y gran expresividad. Patricia Cifuentes estuvo muy expresiva, lució su bella textura vocal y dominio del texto. Patricio Sabaté, por su parte, exhibió gran musicalidad, poderío vocal y seguridad de fraseo. En lo que respecta a la inmortal Sinfonía número 9, la "Coral", en re menor, de Ludwig van Beethoven, Rani Calderon dirigió a su orquesta y al Coro del Teatro Municipal, con la joven soprano Pamela Flores, el bajo-barítono cubano radicado en Chile y con mucha actividad en La Plata, Homero Pérez-Miranda, la contralto Lina Escobedo y el tenor Gonzalo Tomckowiack. Ludwig van Beethoven empezó a componer su Novena Sinfonía en 1822. El jamás pensó que en su estreno en 1824, en un Teatro de la Corte Imperial de Viena, repleto de nobleza y celebridades, los asistentes estallaran en un inmenso aplauso al finalizar la sinfonía, Beethoven sólo puedo observar como movían sus manos, hacían flamear sus pañuelos y lanzaban sus sombreros al aire. No escuchó nada, pues se encontraba completamente sordo; sólo podía captar interiormente sus pensamientos y su música, como todo compositor que se precie de tal, puede hacerlo. A comienzos de la década de 1980, los sellos discográficos intentaban ponerse de acuerdo sobre cuánto debía durar el nuevo gran invento de la industria de la música: el Disco Compacto. No sabemos si fue un ejecutivo de la Deutsche Grammophone o el propio director Herbert von Karajan, uno de los artistas principales de la Deutsche, quien propuso que en un CD debería caber completa la Novena Sinfonía de Beethoven. Debía hacerlo, en la versión de Wilhelm Furtwängler, de 74 minutos de duración, grabada en vivo en 1951 en la reapertura del Festival de Bayreuth. Interesante desafío para la industria discográfica, que hasta ese momento debía hacer milagros para acomodar obras como la Novena al formato del disco de vinilo de 20 o 25 minutos por lado. Este ejemplo reciente de la poderosa influencia que la última sinfonía del maestro de Bonn ha ejercido en la cultura occidental y en su propia manera de concebir la música, es coronada por otros dos hechos actuales: se trata de la única obra musical declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco y la única en ser incluida en la sonda espacial Voyager en su largo viaje hacia el espacio infinito. Calderón condujo acertadamente a sus dirigidos( músicos, solistas y coro) y les sacó un buen partido, en especial en la segunda presentación de las dos que realizaron El Coro del Teatro Municipal, que dirige Jorge Klastornick, una vez más demostró su calidad (de fama mundial a nuestro entender) y los solistas estuvieron en lo suyo, en que Pérez Miranda exibió su oficio, al igual que Lina Escobedo, esta última que tuvo que hacer de solista de esta magna obra en cuatro ocasiones. En cuanto a la soprano Pamela Flores, ella es una figura interesante, que ha tenido un buen comportamiento en obras difíciles como la ópera "El Rapto del Serrallo" de Mozart (llena de coloraturas) en una versión al aire libre y que ahora complementó sin problemas el cuarteto. Gonzalo Tomckowiack, como siempre, mostró su voz de tenor de un nivel superior en Chile.

Saturday, March 20, 2010

Rani Calderón el director israelí de la Orquesta Filarmónica de Santiago de Chile

Fotos: Rani Calderón. Crédito: El Mercurio y Alfredo Kirsch

Johnny Teperman A.

El joven director israelí Rani Calderón (37), que ha conducido varias óperas en el Teatro Municipal de Santiago, debutó como titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, con cuatro conciertos solidarios en el Teatro Teletón, para recaudar ayuda para los damnificados por el terremoto del pasado 27 de febrero.

."Estoy muy contento porque con el Municipal tengo una relación artística que ya suma siete años (partió en 2002, con 'Orfeo y Eurídice', de Gluck). He pensado varias ideas para el Bicentenario y ojalá se concreten", cuenta el músico y agrega que entre sus planes está llamar a audiciones y "seguir mejorando el nivel, para que la orquesta sea mucho más autónoma desde un punto de vista musical. En esa senda quiero avanzar".

Rani Calderón asumio su cargo oficialmente en enero de 2010 y estará conduciendo a la Filarmónica por un período de tres años. Conocido como talentoso a toda prueba, se ha fijado como primera meta, trabajar intensamente "hasta que la orquesta del Teatro Municipal madure un sonido propio".

Calderón, quien remplaza al maetro británico Jan Latham-Keonig, señala que aceptó el reto de ser titular de la Filarmónica
"porque tuve una relación muy buena con la orquesta y con el coro; siempre he tenido un muy buen entendimiento con la dirección artística del Teatro Municipal; y el trabajo aquí es muy interesante".

Según el músico israelí, aquí todo se hace en forma seria, moderna, avanzada, se programan óperas de todos los estilos, hay una serie completa de conciertos sinfónicos, y también ballets. En esto último aún Calderón no tiene la experiencia de conducir, pero "me agradaría hacerlo más adelante", puntualiza.

El artista ha conducido a las más aplaudidas orquestas del mundo y la crítica lo ha tratado bien. A partir del año 2002, Calderón ha venido como invitado al Municipal en varias ocasiones, para dirigir óperas de Gluck, Mozart, Leoncavallo, Puccini, Verdi, Wagner y Rossini. El año pasado condujo dos importantes óperas en la temporada lírica del principal escenario cultural del país, 'Tristán e Isolda' (Wagner) y 'La italiana en Argel' (Rossini)

Calderón acaba de dirigir en Toulouse "Euryanthe" de Carl Maria von Weber, con muy buena crítica. El se interesa mucho en el repertorio alemán, pero igual no tiene problemas en dirigir obras italianas; o sea, puede ir perfectamente de Mozart a Verdi o viceversa. Por lo mismo es que ha profundizado en las tres escuelas operáticas.

En declaraciones a la prensa, Calderón ha señalado textualmente que "Entendí bastante temprano que el estilo de la música está muy ligado al idioma". Y él puede afirmar ello con conocimiento de causa pues en la actualidad habla fluidamente hebreo, inglés, italiano, francés, alemán, ruso y español, pues estima que "cada idioma tiene un sistema expresivo propio. Y sin entender eso no puedes entender la música, porque la música viene de la palabra", expresa.
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Su vocación musical viene desde los 15 años y recuerda que decidió convertirse en director orquestal al escuchar una grabación de la Primera Sinfonía de Beethoven por Bruno Walter, lo que era tan distinto de todo lo que había conocido: transparente, pero también expresivo y lleno de calor, de humanidad.

Recuerda con mucho cariño al ex titular de la Filarmónica, pues "el maestro Latham Koenig dejó una gran herencia; creó una base sólida para la nueva Filarmónica, que igual pertenece a Chile y a todos los chilenos, aunque el Teatro Municipal tiene un buen ganado prestigio a nivel internacional". En los cuatro conciertos solidarios con los damnificados, Calderón exhibió además su calidad de solista, interpretando al piano el concierto número 24 de Mozart.

Durante la temporada 2010 del Teatro Municipal, la Filarmónica de Santiago, con Calderón a la cabeza, ofrecerá interpretaciones de obras de Brahm, Schumann, Haydn, Weber, Berlioz, Mozart y Prokofiev y de los autores chilenos Allende, Soro, Errázuriz y Vergara.

Wednesday, November 4, 2009

L'Italiana in Algeri - Teatro Municipal de Santiago, Chile

Foto: Mariana Pizzolato (Isabella)
Crédito: Juan Millán T.


Johnny Teperman

La ópera bufa de Gioacchino Rossini, 'La Italiana en Argel', cerró en forma brillante, la Temporada Lírica 2009 del Teatro Municipal, con su argumento simpático de enredos, una notable puesta en escena y una excelente presentación de ambos elencos, con cantantes realmente de gran nivel, para una música que agrada y entretiene.Esta fue una producción del destacado régisseur español Emilio Sagi, con los diseños de Enrique Bordolini en la escenografía, Renata Shussheim en el vestuario y Eduardo Bravo en la Iluminación.
Esta obra en dos actos, con libreto de Angelo Anelli, basado en la leyenda turca 'Roxelana', cuenta la historia de enredos entre el Bey Mustafá, (Bey: gobernador del imperio turco), quien se aburre de su esposa Elvira y quiere una italiana.
Mustafá no encuentra nada mejor que fijarse en Isabella, una bella dama italiana enamorada de Lindoro, esclavo de Mustafá. Esta Isabella se las trae y para liberar a su Lindoro, acepta ser su favorita en el serrallo (harén, parte de una vivienda musulmana donde viven las mujeres). Isabella, astuta, pretende también devolverle Mustafá a Elvira y decide otorgarle la dignidad de Pappataci, una especie de marido ingenuo y quitado de bulla que entre caricias y bromas sólo debe dormir, comer y beber. Por cierto, él acepta encantado. La ceremonia en que es ungido “oficialmente” con el título de Pappataci, resulta ser una borrachera y la italiana y Lindoro, junto al resto de los italianos, aprovechan de embarcarse y huir. Mustafá aprende la lección y se une nuevamente a Elvira.
Rossini compuso para esta obra una música arrebatadora, llena de temperamento y melodía, humor y juego. Concibió el papel principal para Isabella Colbrán, quien más tarde sería su esposa. Se estrenó en Venecia el 22 de mayo de 1813, con gran éxito de público, que según crónicas de la época, deliraba con la nueva obra del genial autor.
El montaje de la ópera se realizó en conjunto con la ópera de Oviedo, España y la de Lausanne, Suiza. Hay que resaltar que esta última presentará "La Italiana..en noviembre del 2010 y en Oviedo, en octubre del 2011. Javier Menéndez director del teatro hispano expresó en Santiago, que "esta coproducción, la primera de este tipo con un país más allá del Atlántico, es beneficiosa para todos, en especial porque se abaratan costos. Nosotros le compramos al Municipal de Santiago su producción de "Lucía de Lammermoor" de Donizetti y fue un gran éxito".
La protagonista de esta versión internacional, fue la mezzosoprano italiana Marianna Pizzolato, de importante trayectoria en el circuito internacional y que interpretó con gran éxito el rol de Isabella en Santiago, al igual que en los principales escenarios del mundo. El rol de Mustafá lo encarnó el bajo italiano Pietro Spagnoli, con su inmenso caudal de voz y una seguridad escenica notable. Es la cuarta vez que visita Chile. Antes nos gratificó con sus acertadas versiones de otras dos obras de Rossini, su gran "Barbero de Sevilla" y "La Cenerentola" ("La Cenicienta"), nada menos que junto a la extraordinaria Vivica Genaux y el "Cosi fan tutte" de Mozart. También se lucieron, la joven y ya consagrada soprano chilena Patricia Cifuentes (Elvira) junto a Claudia Godoy (Zulma), el tenor estadounidense Kenneth Tarver, como Lindoro y muy en especial, el sorprendente barítono portugués José Fardilha, como Taddeo.
En la versión "Estelar" los personajes principales los cantaron con notas de distinción, los chilenos Evelyn Ramírez como Isabella y Ricardo Seguel, como Mustafá. Ambos han pasado a convertirse en figuras notable de la temporada 2009 del segundo elenco en el Municipal. Evelyn Ramírez, especialmente, que el año pasado lució su personaje en Argentina, tuvo momentos brillantes en el segundo acto, luego de un comienzo algo débil. Su registro de mezzosoprano es de gran calidad y bella textura. También se lucieron el portorriqueño Javier Abreu como Lindoro (un bello segundo acto) y la sólida voz de Claudia Pereira como Elvira.
Rani Calderón le dio un tono jocoso y ágil a su dirección de la excelente Orquesta Filarmónica de Santiago, aunque recibió algunas críticas por algunos pasajes del segundo acto, concertados especialmente, catalogados como "algo lentos". El Coro de Varones, conducido por Jorge Klastornick, muy en su nivel, dio lugar a jocosas escenas, al más puro "estilo rossiniano".

Mariana Pizzolato se luce en su primera visita a Chile‏

Foto: Marianna Pizzolato (mezzosoprano)
Crédito: Johnny Teperman


Johnny Teperman

La exhuberante mezzosoprano italiana Marianna Pizzolato, se ha convertido en la gran figura del último título de la temporada lírica 2009 del Teatro Municipal, con su más que satisfactorio desempeño en el rol de la coqueta Isabella de la ópera bufa de Rossini, "La Italiana en Argel".
La cantante, con su gran personalidad y presencia física y simpatía, llena el escenario. Su voz es pura, fresca, agradable, de excelente y precisa coloratura, además de sus gestos teatrales muy "rossinianos". Marianna, quien es originaria de Palermo, Sicilia, se siente muy a gusto en Chile, impresionada por la belleza de la Cordillera de Los Andes y feliz con los chilenos que la han tratado muy bien.
"Además que este Teatro Municipal de Santiago es fantástico. Y creo que la presencia del director Rani Calderón, que será el próximo conductor titular de la Orquesta Filarmónica de acá, significa una estupenda contratación". Igual que el coro de varones, que me agradó muchísimo".
La mezzosoprano ya ha encarnado 32 veces a la coqueta Isabella quien no quiere nada con el Bey Mustafá y sólo busca fugarse y retornar a su patria con su amado, el esclavo Lindoro. Ella ha hecho anteriormente "La Italiana en Argel" en Italia, Austria, España y Alemania.
Antes de conocer Santiago participó en la ópera "Linda di Chamounix" de Donizetti en el Royal Opera House de Londres y cuando regrese la espera nada menos que el rol de Suzuki, de "Madama Buterfly" de Puccini en Valencia, con la dirección de Laureen Maazel.
Marianna Pizzolato debutó en la temporada 2002-2003 en Palermo cantando el rol titular de "Tancredi" de Rossini, una de sus óperas favoritas, aunque sus dotes vocales y su talento le permiten abarcar a una amplia gama de compositores desde Monteverdi, Vivaldi, Bach y Haendel, hasta De Falla y Debussy, aunque tamnbién se siente muy a gusto con obras de Schubert, Schumann, Brahms y Wolf.
Ella, al igual que un buen día nos dijera Plácido Domingo, no tiene particular predilección por una ópera en especial: "Las quiero a todas señala. Es como cuando uno tiene 10 hijos. Cada uno de ellos es el preferido".