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Sunday, October 13, 2024

The Handmaid's Tale en San Francisco

Fotos: Cory Weaver / San Francisco Opera

Ramón Jacques

Como ha ocurrido en temporadas recientes, con el estreno absoluto de Anthony and Cleopatra de John Adams (1947) y los estrenos locales de The (R)evolution of Steve Jobs de Mason Bates (1977) e Innocence de  Kaija Saariaho (1952-2023) la Ópera de San Francisco continúa ofreciendo títulos contemporáneos, esta vez con las primeras representaciones en este escenario de The Handmaid’s Tale ópera en un prólogo y dos actos del compositor danés Poul Ruders (1949), que tuvo su estreno mundial en la Real Ópera Danesa el 6 de marzo del 2000, con título en danes Tjenerindens Fortaelling.  Posteriormente el libreto fue traducido al inglés, y se escuchó por primera vez en esa versión el 10 de mayo del 2003 en la  Ópera de Minnesota, para después recorrer diversos teatros, principalmente de países angloparlantes, hasta llegar en el  2024 a San Francisco, un título reprogramado de la temporada 2020 que debió ser cancelada.  El libreto en inglés es de Paul Bentley, y se trata de una adaptación  de la exitosa novela homónima, editada en 1985, de la escritora Margaret Atwood, ya que ha inspirado diversas adaptaciones para el cine, la televisión el ballet y la lírica.  La acción de la ópera se sitúa en un futuro distopico, en el año 2030, donde el lugar de los Estados Unidos es tomado por la Republica de Gilead un rígido régimen teocrático, extremista y  misógino del que es imposible escapar, y donde debido a la baja en la natalidad, las mujeres fértiles son detenidas, encerradas, vigiladas, son forzadas a servir y ser violadas para procrear hijos. El personaje principal de la sirvienta Offred (cuyo nombre proviene de Of Fred o de Fred) el comandante, interpretado con rigor y profundo canto por el bajo John Relyea, y por su esposa Serena Joy, -personificada por la mezzosoprano Linsday Ammann, con mucha presencia escénica, calidad en su timbre y su expresión- a quienes les pertenece y para quienes su misión es darles hijos. La historia de la ópera consiste en una secuencia, no cronológica, de treinta diferentes escenas, en las que se muestra la vida pasada de Offred, gozando de libertad al lado de su marido Luke y su hija; con la recurrente escena de su recuerdo cuando fue detenida y encarcelada por el régimen al tratar de escapar Gilead, y otras memorias de su vida, así como la determinación para reencontrarse con su hija. Offred debe soportar, al lado de otras mujeres detenidas, las barbaridades, las atrocidades, el abuso y el control de un grupo de mujeres conocidas como las tías, que se encargan de hacer cumplir las normas de esa sociedad.  En escena hubo dos personajes de Offred, la protagonista interpretada de manera sobresaliente por la mezzosoprano Irene Roberts, en un tour de forcé vocal y escénico, ya que aparece prácticamente en todas las escenas, y además de ser el foco de la atención soportando, vejaciones, maltratos, con diversos cambios de vestimenta en escena, incluidos desnudos y violaciones en escena, fue la estrella de la función. Roberts mostró intensidad vocal, con una oscura y robusta voz con la que sacó adelante su exigente parte, además de un desempeño actoral notable mostrandose como una interprete valerosa, vulnerable, sensible y capaz. Por su parte personaje de la joven y libre Offred, fue interpretado por la mezzosoprano Simone McIntosh, de características vocales y apariencia similares a las de Roberts, pero con un canto más dulce, apacible y melodioso; sin dejar de destacar el encuentro entre ambas Offred en el segundo acto, donde cantan un conmovedor dueto expresando recuerdos y sentimientos de rabia, evocación y añoranza, y preguntándose dónde se encontrará su hija. La obra es impactante, potente, y  por momentos insoportable y aterradora, porque crea angustia, ansiedad y zozobra, que indudablemente hacen pensar que, aunque lo que se ve en escena es ficción, hay similitudes con el mundo convulsionado de la actualidad. Ruders logró plasmar hábilmente esa intensidad en su música, que, a pesar de evidenciar algunas influencias y similitudes con el minimalismo musical, influencias jazzísticas en otros pasajes, es principalmente atonal, penetrante, osada, dinámica y enérgica; cualidades que pareció transmitir bien la directora musical Karen Kemensek, quien obtuvo una buena respuesta de los músicos de la orquesta, reforzada con una amplia sección de metales, cuerdas, percusiones, y el toque contemporáneo que le dio la inclusión de un piano digital y teclados sintetizadores y su amplificación en algunos momentos.  Notable fue el aporte del coro, con mas de 50 miembros en escena y fuera de ella, cantando de manera profesional y uniforme bajo la guía del maestro John Keene.  La puesta en escena contó también con una extensa cantidad de bailarines, comparsas y sobre todo la extensa lista de intérpretes vocales, incluidos los ya mencionados, que completaron de buena manera el elenco vocal, y entre los que se podría resaltar el trabajo de la soprano Sarah Cambidge como la enérgica tía Lydia, a la soprano Caroline Corrales como Moira, la soprano Katrina Galka en el doble personaje de Janine y Ofwarren, o a la soprano Rhoslyn Jones como Ofglen. El director de escena John Fulljames hizo un cuidado trabajo de actuación, aprovechando bien el especio del que por momentos era un repleto escenario, y el montaje se mostró en línea con la perversión contenida en la historia, aunque quizás algunas escenas demasiado graficas de ejecuciones, linchamientos, ahorcamientos o violaciones, podría haberlas bajado un poco de tono o hacerlas de una manera más sutil, no por una cuestión moralista, sino porque francamente eran innecesarias. La producción escénica vista, coproducción con la Real ópera danesa, fue austera pero funcional, con muros que encerraban por los lados y la parte trasera el escenario, y  que simbolizaban la claustrofobia y el encierro vivido en Gilad, con diseños de Chloe Lamford, contaron con las video proyección  de Will Duke, y pocos elementos como camas de dormitorios, escritorios, sillones, que se movían con rapidez, a la par de la iluminación de Fabiana Piccoli, para hacer fluido cada cambio de escena.  Al final, fueron vistoso los vestuarios de Christina Cunningham, en elegantes y brillantes azules, verdes militares para las tías, o los hábitos rojos y cofias blancas para las sirvientes, que además son considerados simbólicos ya que han sido utilizados en protestas concernientes a derechos de las mujeres, en ciudades como Washington DC.






Wednesday, July 6, 2016

Carmen en la Ópera de San Francisco

Foto: Cory Weaver / San Francisco Opera

Maria Nockin

La producción de Calixto Bieito de Carmen de Bizet no es, definitivamente, una a la que uno llevaría a su madre. En la función de la Ópera de San Francisco, Bieito y el director de escena Joan Anton Rechi nos ofrecieron su “propuesta” de cruda sexualidad y, como quien dice, “a calzón quitado”, ubicando la acción en la ciudad portuaria de Ceuta, un enclave español en la costa del norte de África, habitado sobre todo por soldados y contrabandistas. Los vestuarios de Mercé Paloma son de la época posfranquista, con vestidos cortos y floreados para Carmen y Frasquita. Mercédès vistió shorts. Las estructuras del escenógrafo Alfons Flores fueron simples pero llamativas: una enorme asta bandera para el acto I; una enorme silueta de toro para el acto III. También empleó seis autos Mercedes Benz de la época, que usaban las gitanas para transportarse. La orquesta tocó la obertura a telón abierto, con Yusef Lambert como el tabernero Lillas Pastia, trastabillando a través de la escena y deteniéndose a ratos para tomar largos tragos de una gran botella de vino. El acto I comienza con el barítono Edward Nelson (como Mórales), dando instrucciones a un grupo de soldados, con un prisionero semidesnudo corriendo a su alrededor. La única mujer en escena, Micaëla, teme por su seguridad: en algún momento vemos a un grupo de soldados izando a una mujer amarrada sobre el asta bandera. La soprano Ellie Dehn cantó su rol con tonos gloriosos y, pese a su temor, en un momento tomó un látigo para mantener a raya al seductor Moralès. Pero en el momento en que aparece la mezzosoprano Irene Roberts en la voz seductora de Carmen, el momento de Micaëla desaparece. Roberts inició las primeras frases de su “Habanera” en una cabina telefónica, y entonó su “Seguidilla” atada al asta bandera. Su sonido acaramelado cortó el acompañamiento de la gran orquesta al mando de Carlo Montanaro. Amina Edris como Frasquita y Renée Rapier como Mercedes cantaron y bailaron una vigorosa Canción gitana en la taberna de Lillas Pastia. Zachary Nelson como Escamillo fue un valiente y carismático torero que encantó a las mujeres, y Brian Jagde cantó una versión perfecta del “aria de la flor” de Don José. Hasta su agudo pianissimo fue tan suave como la seda. Su némesis fue el estentóreo bajo-barítono Brad Walker como Zúñiga.

Wednesday, August 7, 2013

Les Contes d'Hoffmann di Jacques Offenbach - San Francisco Opera

Foto: Cory Weaver - San Francisco Opera
 
Ramon Jacques
 
I racconti di Hoffmann, l'eredità di Jacques Offenbach, sono andati in scena all'Opera di S. Francisco nella revisione di Jean Christoph Keck e Michael Kaye che restituisce al capolavoro la sua dimensione originaria di opéra-comique, dove si alternano brani musicali e dialoghi che sono indispensabili per la coerenza drammatica della trama. La messa in scena era quella di Laurent Pelly, in coproduzione col Liceu di Barcellona (dove ha avuto luogo lo scorso febbraio), con eleganti costumi e scene, ispirati alla pittura simbolista del fiammingo Léon Spilliaert, in una perfetta dimensione per Hoffmann, che do continuo entrava e usciva dalla realtà per immergersi nel sogno. Il tenore Matthew Polenzani è stato superlativo, con una voce robusta e squillante e con una perfetta dizione francese, oltre a un'agiata disinvoltura scenica. Il soprano francese Natalie Dessay, mantenendo forse l'ultimo suo contratto con gli Stati Uniti, dopo aver annunciato il suo ritiro, ha dato vita a una delicata e credibile Antonia, con un canto scintillante e pieno d'emozione e sentimento. Il soprano Hye Jung Hong , Olympia, ha spiegato il suo virtuosismo vocale apportando la sua dose di grazia. Discreto è stato l'apporto vocale del basso Christian Van Horn che ha impersonato il vilain con voce profonda ma con scarsa e rigida presenza scenica. Buona figura anche per Angela Brower come Niklausse /La Musa, simpatica e spigliata sebbene la sua voce, pur di timbro brunito, fosse leggera per il ruolo, e per Irene Roberts come Giulietta, dai buoni mezzi vocali. L'orchestra, dal canto suo già uno dei punti di forza di questo teatro, ha dimostrato la solita solidità sotto la bacchetta sicura di Patrick Fournillier.

Wednesday, July 31, 2013

Los Cuentos de Hoffman en la Ópera de San Francisco

Foto: Cory Weaver / San Francisco Opera
 
Ramón Jacques
 
La Ópera de San Francisco presentó Los Cuentos de Hoffman de Offenbach en la versión de Jean Christoph Keck y Michael Kaye que restituye a la obra su origen de opéra-comique, alternando arias con diálogos y que incorpora arias y duetos que son indispensables para la coherencia dramática de la historia.  Se estrenó la producción de Laurent Pelly, coproducida con el Liceu de Barcelona (donde fue estrenada el pasado mes de febrero) de elegantes vestuarios y escenografias, inspiradas en las pinturas simbolistas del flamenco Léon Spilliaert,  que transmitieron la idea de que Hoffmann se mueve indistintamente entre el mundo real con el de sueños y su locura.  El tenor Mathew Polenzani estuvo sobresaliente, cantando con una voz robusta de calida tonalidad y clara dicción francesa. En escena se movió con naturalidad y desenvoltura.  En la que probablemente haya sido su último compromiso estadounidense después de anunciar recientemente su retiro, la soprano francesa Natalie Dessay personificó una delicada y creíble Antonia. Su canto se escuchó brillante y cargado de sentimiento y emoción. La soprano Hye Jung Hong mostró virtuosismo vocal como Olympia y aportó su dosis gracia. Discreto estuvo el bajo Christian Van Horn quien interpretó a los villanos con voz profunda, pero con rigidez y poca presencia. Muy bueno fue el desempeño de Angela Brower como Niklausse /La Musa, Simpática y desenvuelta escénicamente, aunque vocalmente de voz tenue pero oscura; y correcta estuvo Irene Roberts como Giulietta con buenos medios vocales. Como es costumbre, la orquesta, una de las fortalezas de este teatro, demostró precisión y homogeneidad en cada una de sus secciones, bajo la segura conducción de Patrick Fournillier.