Friday, August 8, 2014

Otello en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Patricio Melo / Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete 

En cualquier escenario lírico que incluye en su programación esa extraordinaria obra maestra que es el Otello de Verdi, es inevitable que siempre se generen muchas expectativas entre el público. Y el estreno el sábado 02 de agosto de la nueva producción que la trajo de regreso al Teatro Municipal de Santiago, tras ocho años de ausencia y como cuarto título de su temporada lírica, no fue la excepción. De partida, porque la última vez que se llevó a la escena en el Municipal, en 2006, quedó un recuerdo algo amargo, ya que no alcanzaron a realizarse todas las funciones originalmente programadas, a raíz de la crisis interna que afectó al teatro en esas fechas. Entonces, el retorno de la obra era muy esperado, y afortunadamente los resultados superaron las expectativas: en su conjunto, considerando como un todo los logros musicales y escénicos, es sin duda el espectáculo más notable que hasta ahora ha ofrecido la temporada lírica 2014 del principal coliseo operístico chileno, tras Katia Kabanova, Puritani y Lakmé.

A primera vista, lo que más deslumbra de este montaje es la contundente y vital propuesta escénica. El talentoso régisseur Pablo Maritano, una de las más destacadas figuras en la actual escena lírica en Argentina, ya había cosechado elogios el año pasado en el Municipal con su versión de otro clásico verdiano, El trovador, y ahora superó un desafío aún mayor, considerando que al ser una brillante adaptación de una de las principales tragedias de Shakespeare y gracias al trabajo conjunto entre Verdi y su libretista Arrigo Boito, Otello es una de las óperas más potentes en lo teatral del repertorio universal. Justamente en lo que puede considerarse un acertado guiño al emblemático autor inglés al conmemorarse este 2014 los 450 años de su nacimiento, el concepto de Maritano giró en torno a un hábil dispositivo escénico circular que se abre, cierra y desplaza, está presente permanentemente durante tres de los cuatro actos de la obra y evoca al célebre Teatro Globo donde se presentaron muchas de las obras del Bardo, incluyendo justamente Otello. Aunque en un comienzo, en el primer acto, podría temerse que esta idea sería reiterativa y reduciría el espacio o limitaría el desplazamiento escénico de los solistas y el coro, finalmente se confirmó como una certera base para esta dolorosa y profunda historia de celos, traición y muerte. El director de escena contó con la complicidad del diseñador      -también argentino- Enrique Bordolini, cuya efectiva escenografía e iluminación se complementaron muy bien con el hermoso y vistoso vestuario del italiano Luca Dall'Alpi, conformando momentos de gran belleza plástica, como en el sublime dúo "Già nella notte densa", o en los momentos de "teatro dentro del teatro" que diseñaron para los dos primeros actos. 

Desde la intensa escena de la tormenta que abre la obra hasta el golpe de escena que la finaliza, en su régie Maritano no se quedó sólo en lo visual y en la superficie, ya que supo aprovechar al máximo cada uno de los numerosos detalles y recursos teatrales de una partitura que funciona como un mecanismo dramático perfecto; esto resultó muy bien tanto en los efectivos momentos solistas -por ejemplo, fue memorable el "Credo" del villano Yago- como en los que en otras puestas en escena tienen menos relieve o impacto, como el cuarteto del segundo acto. Y lo bueno es que contó con cantantes que no sólo se conformaron con afrontar las muchas exigencias musicales de sus roles, sino además se comprometieron en lo actoral. 

Tomando en cuenta que esta ópera ha contado en el escenario santiaguino con artistas tan ilustres en el arduo rol protagónico como Carlo Cossutta o los chilenos Renato Zanelli y Ramón Vinay -este último, en seis ocasiones distintas entre 1948 y 1969, incluyendo su despedida mundial del personaje-, y que incluso su más reconocido intérprete en las últimas décadas, Plácido Domingo, incluyó fragmentos en esa misma sala en conciertos solistas, no es menor la tarea para quien cante en el Municipal este rol. Siempre, en cualquier teatro del mundo, es un logro inmenso encontrar un buen Otello. Y en el Elenco Internacional, con su debut latinoamericano, el lituano Kristian Benedikt, quien ha encarnado al "moro de Venecia" en importantes teatros europeos, es de verdad un gran Otello: aunque ocasionalmente en el estreno dio la impresión de estar superando algunos problemas de salud, Benedikt supo controlar y manejar con excelencia una voz sólida y bien timbrada, que quizás podría desarrollar mayor proyección sonora en la sala, pero de todos modos fue capaz de superar todos los escollos, incluyendo algunas expuestas notas agudas; y en lo actoral, fue absolutamente creíble y emotivo, tanto en sus escenas solistas como en los dúos con Desdémona y Yago.

Tres años después de dejar una positiva impresión con su debut en Chile en otra ópera de Verdi, "Simón Boccanegra", la soprano estadounidense Keri Alkema regresó para encarnar por primera vez en su carrera a Desdémona, y su desempeño fue espléndido, tanto por su presencia escénica como especialmente por su voz rica y cálida, de buen volumen y potencia, que se adapta muy bien a los roles verdianos, luciéndose en particular en el cuarto acto, con una conmovedora entrega de la "Canción del Sauce" y el "Ave Maria". Por su parte, el barítono de Azerbaiyán Evez Abdulla fue un Yago sorprendente e implacable, lleno de energía, cantado con fuerza y convicción, conformando un memorable villano que guió la intriga logrando ir más allá de los clichés y la caricatura y se complementó muy bien en lo teatral con el Otello de Benedikt. 


Además de la rotunda voz del bajo ruso Alexey Thikhomirov en su breve aparición como Lodovico -personaje que encarna en los dos elencos que abordan esta obra en el Municipal-, apoyando a los tres protagonistas se cuenta con un muy buen reparto compuesto por artistas chilenos, destacando especialmente el tenor Sergio Járlaz, un Casio muy bien cantado -con buen volumen y proyección- y desenvuelto en la actuación, mientras una vez más la mezzosoprano Evelyn Ramírez tuvo una lucida presencia, esta vez como Emilia, un rol que a menudo queda demasiado en segundo plano pero acá tuvo mayor relevancia. 

El gran mérito en la buena fusión entre lo musical y lo teatral que alcanza esta producción en su Elenco Internacional no sólo reside en su equipo escénico y los cantantes, sino también en la dirección musical del maestro italiano Antonello Allemandi, al frente de la Orquesta Filarmónica de Santiago. Este reconocido director ya había tenido muy buenas presentaciones previas en el Municipal, con dos comedias donizettianas tan populares como "Don Pasquale" en 2011 y el año pasado "El elixir de amor"; ahora, con su incursión en el drama verdiano, volvió a confirmarse como un músico sensible e inteligente, preocupado de los detalles y del equilibrio entre el foso y la escena. Y como ya es tradición, el Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornik, estuvo sólido y efectivo en sus intervenciones, que en "Otello" son puntuales y contadas, pero muy exigentes, como en el inicio del primer acto y en la gran escena de conjunto del tercero.

En el segundo reparto, el llamado Elenco Estelar, que debutó el miércoles 06 de agosto, también había muchas expectativas, en particular por su protagonista. Desde que el tenor chileno José Azócar debutara como solista en escena en 1988, precisamente en el Teatro Municipal de Santiago, muchos operáticos imaginaban o profetizaban que en algún momento podría llegar a abordar el arduo rol protagónico en "Otello". Pero aunque ha desarrollado una destacada trayectoria nacional e internacional abordando algunos de los papeles más exigentes para tenor -pese a nunca dejar de vivir en Chile, ha cantado en escenarios de países como Argentina, Uruguay, Brasil, España, Estados Unidos, Inglaterra y Alemania-, aún no había abordado este personaje. Hasta ahora, un cuarto de siglo después de su debut, y en una actuación que en más de un sentido se podría calificar como un hito no sólo en su carrera, sino además en la escena operística local: desde el legendario Vinay que un tenor chileno no se atrevía a abordar al moro, y si había alguien que siempre pareció el indicado para hacerlo alguna vez en ese país, era Azócar. Por supuesto que no era aconsejable que lo hubiera hecho en sus primeros años de carrera, pero el color oscuro de su robusta voz y la potencia y seguridad de sus notas agudas parecían predestinarlo a al menos intentarlo alguna vez en su carrera, sobre todo con el oficio y experiencia acumulados durante más de 20 años en los escenarios. 

Y aunque el resultado no puede calificarse por completo de extraordinario, no deja de ser meritorio y digno de los entusiastas aplausos recibidos al final del estreno, porque a sus 53 años y a pesar de que al igual que su colega en el Elenco Internacional, Azócar exhibió notorios signos de estar lidiando con algunas dificultades de salud -tosió en varias oportunidades a lo largo de la función-, su desempeño igual fue contundente. Siempre apoyado por la eficaz pero no demasiado incisiva dirección orquestal de José Luis Domínguez al frente de la Filarmónica de Santiago, y sin dejar de lado ciertos "tics" habituales en él -como estar demasiado pendiente de mirar al director, algo entendible pero que siempre se puede tratar de disimular un poco más-, su encarnación del moro fue muy esforzada y comprometida; la voz sigue siendo poderosa y consiguió superar casi todos los agudos de manera muy lucida, y aunque su actuación suele ser convencional y esquemática y se queda más en lo externo de un rol tan complejo como Otello, de todos modos se notó un mayor despliegue y voluntad teatral que en otros papeles que ha interpretado. Considerando que este era en rigor su debut en el rol, su logro es enorme, y con más rodaje y funciones en el cuerpo a futuro, es probable que su interpretación de Otello pudiera ir creciendo aún más. Pero desde ya este puede ser considerado un momento consagratorio en su vida artística, si se piensa que para muchos tenores el personaje es la cúspide de sus carreras.     

Por su parte, Desdémona en estas funciones es la soprano Paulina González, uno de los talentos líricos con mayor potencial surgidos en los últimos años en Chile, como lo demostrara el año pasado en dos roles tan diversos como Julieta en "Romeo y Julieta" de Gounod y la Fiordiligi de "Così fan tutte" de Mozart, por los que fue distinguida como lo mejor en Ópera Nacional 2013 por el Círculo de Críticos de Arte de Chile. En un principio, considerando sus condiciones vocales y la acertada trayectoria que ha estado desarrollando en estos últimos años al elegir su repertorio, quizás aún era temprano para abordar este personaje de Verdi, que si bien ha sido cantado por jóvenes sopranos líricas, de todos modos también tiene momentos que exigen un mayor peso y color vocal; afortunadamente, González supo superar las dificultades utilizando con inteligencia y cuidado su voz, y fue una creíble Desdémona, que como era de esperar destacó particularmente en su bella y melancólica escena solista en el último acto, de manera especial en un hermoso y sentido "Ave Maria".   

Al igual que en el Elenco Internacional, en esta función se contó con un Yago muy convincente, el barítono argentino Fabián Veloz, de voz atractiva y bien matizado canto verdiano -aún más que en sus momentos más conocidos, como el Brindis y el "Credo", estuvo muy bien especialmente en "Era la notte"-, tal vez más sutil y contenido que su colega en el otro reparto, de todos modos implacable como villano y funcionando como buen apoyo vocal y teatral para el Otello de Azócar. Por su parte, el tenor Leonardo Navarro fue un desenvuelto y juvenil Casio, de agradable voz, mientras Emilia, un rol habitualmente cantado por mezzosopranos, fue abordado por la soprano Paola Rodríguez con seguridad vocal e importante presencia escénica, en especial en el último acto. 

Thursday, August 7, 2014

Entrevista a la soprano Maria Pia Piscitelli

Destacada interprete originaria de Bari Italia, la soprano Maria Pia Piscitelli se ha consolidado como una de las mejores intérpretes belcantistas particularmente en los papeles de las reinas de las opera de Donizetti y en el papel de Norma. Su repertorio incluye también papeles principales en operas de Verdi, Puccini Mozart y otros; con las  que se  presentado en importantes teatros como el Liceu de Barcelona, Fenice de Venecia,  Nationale Opera de Ámsterdam, Colón de Buenos Aires, San Carlo de Napoles,  Ópera de San Francisco, Teatro alla Scala de Milán. Ópera de Viena y muchas más trabajando con importantes directores de orquesta y de escena. Sencilla, sensible e inteligente comparte algunos puntos de vista sobre el canto y su carrera en esta entrevista. RJ
¿Cuándo decidiste hacer una carrera en el canto y como fueron tus inicios?
Se puede decir que el “fuego sagrado” por el arte del canto se convirtió en un verdadero trabajo de manera espontanea, obviamente se realizo estudié los años requeridos para adquirir las justas capacidades técnicas para afrontar el arduo trabajo del cantante lirico. No obstante debo decir que una sensibilidad particular hacia la música se manifestó desde mi infancia, cuando asistía al liceo clásico. Incialmente me inscribí a un curso de guitarra lirica y fue gracias a los ejercicios corales que mi voz fue descubierta.  Estaba dotada naturalmente de una vocalidad de soprano muy pareja y de una respiración correcta, que son las cualidades idéales para llevar a cabo el estudio de canto.
¿Cómo definirías hoy tu voz?
“Responsable”  Al momento seria la definición que le daría a mi voz.  En los inicios de mi carrera la aproximación con el canto era muy instintiva, pero con el pasar de los años y con todas las experiencias que he tenido en este campo me han permitido que mi bagaje de habilidades se ampliara hasta que yo tomara totalmente conciencia de mi vocalidad, sobretodo de la estrecha relación que liga irremediablemente a la persona con la voz. Se requiere tener total conocimiento ya que la voz es nuestro instrumento, no solo porque sea una especie de amante ligado a nosotros con una relación absolutamente simbiótica. Creo que es importante cuidarse tambien de este efecto de afinidad del cantante con la voz, no porque haya un separación entre una y la otra, si no porque la voz es un tornasol del estado psicofísico de la persona y vincularse con ella puede ser fuertemente terapéutico.
Las reinas de ópera de Donizetti como Elizabetta, Maria Stuarda, Anna Bolena y otras figuras femeninas como Lucrezia Borgia son papeles que siempre han fascinado a las sopranos belcantistas. ¿Cuál es acercas a estos papeles y como piensas que puedan decirle algo nuevo al público?
Siendo papeles “elegiacos” por decirlo asi, es muy importante mantener un control total de la voz y una seguridad técnica para poder afrontar escrituras vocales tan impregnadas de realeza, un realización musical y escénica que debe resultar noble e incisiva al mismo tiempo.  Es fundamental comprender la importancia del aplomo real que las “reinas belcantistas” deben mantener, desde el momento que la música misma lo impone como la elegancia, el fraseo es básico en un equilibrio de que fruto de un trabajo de limar, y la elegancia después de todo consiste justamente en saber terminar donde es necesario.  Dejando el discurso puramente técnico ligado a la aproximación musical con el que se debe actuar en la elaboración e interpretación de estos papeles, se puede afirmar que cada personaje del panorama del melodrama, y no solo estos papeles de Donizetti puedan comunicar un mensaje universal presente justo en el componente más intimo de cualquier personaje que se refiere directamente a un arquetipo clásico.  Asi que se puede decir que cada papel contiene un mensaje y que la interpretación del mismo varia de acuerdo al grado de sensibilidad de quienes lo perciben.
Cantas con frecuencia en teatros de América Latina. ¿Cómo y cuándo inicio esta relación tan estrecha con teatros de esta región?
Mi experiencia en Sudamérica comenzó hace más de diez años, en el 2000, cuando cantee el papel de Norma en el Teatro Municipal de Chile. Desde entonces mi colaboración con diversos teatros de esa región se hizo mas intensa y grafíticamente con Elizabetta de Roberto Devereux y Elizabetta di Valois de Don Carlo siempre en ese teatro.  Después canté papeles protagonistas en Norma, Simon Boccanegra y Don Carlos en el Colón de Buenos Aires, donde ya había interpretado una Amelia en Un Ballo in Maschera y recientemente en La Forza del Destino.  Recuerdo con especial gusto que en América Latina tuve la posibilidad de debutar como Maddalena en Andrea Chenier en el Teatro Argentino de la Plata, y como Tosca en el Solís de Montevideo. También he cantado en Lima y en Brasil, aunque aun no lo he hecho aun en México. En suma creo que mi “matrimonio” con el mundo hispanoparlante de la ópera lirica ha sido estrechamente productivo, estimulante y feliz.
A propósito, ¿Cómo percibes se hay una comunicación con el público? Por ejemplo, existe diferencia entre el público europeo con el americano?
Pienso que cada cantante en el momento mismo en el que se abre el telón y comienza a cantar la primera nota se presenta desnudo frente al público, y justo en ese momento es cuando se establece una especie de empatía, un magnetismo, un hilo eléctrico que transcurre entre el que canta y los que están sentados escuchando. Se establece inmediatamente una comunicación con el público que está en continua evolución durante el desarrollo de la función. Teniendo esto en cuenta puedo decir que el publico sudamericano es más expansivo para manifestar el envolvimiento ocurrido desde la música y la puesta en escena, como se suele decir es mas “caliente”. El público europeo también se involucra pero es mucho más reservado.
¿Cuál consideras que es el papel que más se acerca a tu personalidad?
Me gusta cada papel que profundiza en el alma femenina. Me encantan las mujeres fuertes y instintivas que son capaces de acciones extremadamente determinadas e incisivas y además capaces de dejarse transportar a la dulzura y pasión por el romanticismo, en el sentido más amplio del término. Es inútil decir que estas características son absolutamente afines a mi temperamento, me he sentido una “tragedienne” y cuando puedo sumergirme en el espíritu más profundo de las heroínas de melodrama lo hago con extremo entusiasmo. Claramente hay papeles por los que siento más afecto como Norma que personifica una multitud de aspectos del alma femenina como el sacro, porque es una sacerdotisa, el de mujer porque afronta un amor combatido y de madre.  Estoy también muy ligada a personajes que llevan una evolución en su carácter, cambiando sus peculiaridades con la acción y madurando con sabiduría.  Aquí podría mencionar a Leonora del Trovador, Maddalena de Andrea Chenier, Tosca; mujeres con un heroísmo explosivo y que son capaces de afrontar la muerte con valor y voluntad de acción.
¿Tu relación con los directores de escena y las puestas modernas de operas clásicas como es? 
Cada proyecto escénico, que sea apoyado por precisos conocimientos de causa tendrá mi aprobación total, ya sea que sea una dirección innovadora o de estilo antiguo. Parecería que la innovación como tal es inútil, pero la dirección de una ópera debe cumplir ciertas cosas, así que cada idea moderna debe adecuarse al contexto dramático y sobretodo debe ser realizada escénicamente de modo que el público pueda comprender cada significado. Además pienso que el impacto visual en un espectáculo es muy importante y el público debe ser sorprendido en un nivel sensible, entendiendo decir que el teatro, especialmente si se habla de ópera lirica debe estimular al espectador, el cual debe ver que la idea se materialice. Lamentablemente en esta época ha poco espacio para la imaginación y se privilegian formas de entretenimiento inmediato como el cine o la televisión que requieren un menor esfuerzo imaginativo.
En tu carrera seguramente has cantado papeles, o has hecho experimentos que no volverías a cantar?  De ser así ¿Cómo han influido en tus elecciones posteriores? ¿Cómo eliges un papel nuevo?
He llegado a un punto en el que tengo plena sabiduría de mi misma a nivel profesional y esa sabiduría la he alcanzado gracias a una serie de experimentos. Cada papel es para mí un reto conmigo misma, un modo para conducir un análisis preciso entre dos personalidades primero la mía de mujer y de cantante y aquella del personaje que debo representar. En síntesis, interpretar un personaje significa laborar en uno mismo la alternancia del personaje de modo que la propia identidad pueda alinearse con la del personaje que se está representando.  En un trabajo casi terapéutico, un compromiso con la misma psicología que se atribuye a los personajes que se interpretan. En ocasiones sucede que no soy yo la que elige los papeles, sino el personaje me elige a mí ofreciéndome la posibilidad de afrontar retos conmigo misma, que son siempre más estimulantes.
¿Entre tus proyectos que personajes te gustaría cantar? 
Esta Lady Macbeth que ya he podido cantar pero me gustaría cantar el famoso tríptico de Puccini y me gustaría experimentar mi verve cómica.
¿Cuáles son las dificultades que encuentras hoy el belcanto y que consideras que no son fáciles de resolver? Por ejemplo en qué estado se encuentran las escuelas de canto en Italia y en Europa y cómo puede un joven profundizar en lo técnico y lo cultural?
Es inútil decir que efectivamente este es un periodo crítico bajo diversos aspectos. Hay crisis financiera pero además una crisis conceptual en el mundo de la ópera. En mi experiencia como profesora de canto he constatado que siempre hay menos jóvenes apasionados, a arriesgar, a estudiar o a debatir seriamente, y frecuentemente el estudio del canto se reduce meramente a un hobby. Cuando se inicia a trabajar en un teatro es fácil encontrar personajes sin tanta pasión como si del deseo egoísta de mostrarse.  Pienso que es necesario recuperar el fuego sagrado y celebrar el valor con el propio canto. Cada cantante debe recuperar este concepto y afrontar con el entusiasmo de un niño su trabajo.   El que inicia su carrera le aconsejaría estudiar y estudiar. El canto es un trabajo que es un reto continuo consigo mismo y que no tiene un fin para llegar a consolidar la seguridad técnica que es fundamental. Después es necesario tener calma y no forzar los tiempos.
Muy interesantes tus conceptos Maria Pia.  Para terminar esta entrevista te preguntaría o te haría la siguiente reflexión.  ¿El mundo de hoy tiene necesidad de que haya ópera?
El teatro es la creación de un modo espectacular del que el hombre siempre ha tenido necesidad. La ópera lirica es una realización teatral enriquecida por la música, y que es la mas metafísica de las artes, también un instrumento para suavizar el alma.  Así que mi respuesta seria: si la necesita, sobre todo el mundo actual. Quizás las personas ven y se acercan a un mundo paralelo que les enseña a escuchar la música y a explorar más a fondo el interior de su alma.


Fragmentos de Tristán e Isolda en Buenos Aires

Foto: Teatro Colon de Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 06/08/2014. Teatro Colón. Proyecto Tristán. Fragmentos en versión de concierto de Tristán e Isolda. Ópera en tres actos, música y libreto de Richard Wagner. Peter Seiffert (Tristán), Waltraud Meier (Isolda), René Pape (Rey Marke), Ekaterina Gubanova (Brangania), Gustavo López Manzitti (Melot). Orquesta West-Eastern Divan (WEDO). Dirección Musical: Daniel Barenboim. Festival Barenboim de Música y Reflexión

Daniel Barenboim y la WEDO (Orquesta West-Eastern Divan) están produciendo en estos días en Buenos Aires un verdadero Festival de Música de enorme trascendencia cultural. Al concierto del domingo 3 de agosto con la subyugante presencia de Martha Argerich en piano, le siguió el martes una velada con Argerich y Barenboim tocando a dos pianos o en piano a cuatro manos. El sábado será la conjunción de los dos divos con el conjunto de instrumentos informales Les Luthiers y dos conciertos más para el Mozarteum Argentino de la WEDO con la dirección de Barenboim. Este Festival Barenboim tendrá un momento de reflexión el domingo 10 de agosto con la presencia de Felipe González  en diálogo con Barenboim y la moderación de Hugo Sigman y un concierto popular al aire libre, con entrada gratuita, ese mismo domingo a las 11 en Puente Alsina. Dentro de estos arrolladores diez días de música la conjunción de la WEDO y su director ofrecen cuatro funciones para los abonos líricos del Teatro Colón de una selección de concierto de Tristán e Isolda de Wagner. Barenboim seleccionó como material del concierto bautizado originalmente como ‘Proyecto Tristán’ el Preludio -con una coda original del mismo Wagner-, el Acto II completo y el final con la Muerte de amor. Evidentemente una muy buena selección que muestra el verdadero corazón de la obra, un buen acercamiento a la ópera de una orquesta integrada mayormente con jóvenes y no dedicada especialmente al género lírico y una magnífica ocasión para demostrar la riqueza orquestal del mundo Wagneriano. Ante la excelencia de la representación quedaron acalladas las voces que discutieron la pertinencia de la inclusión de este concierto en el abono de ópera, sobre todo teniendo en cuenta el historial Wagneriano del Colón, y la no utilización de las Orquestas del mismo. 
Con la orquesta en el escenario y completa se balanceó el sonido colocando los solistas por detrás de los instrumentos en una tarima elevada. Esta solución inteligente permitió un equilibrio sonoro notable y la perfecta proyección de las voces. La versión contó con cuatro cantantes wagnerianos de primer nivel aportados desde el exterior por Barenboim. Waltraud Meier es hoy una de las Isoldas más conocidas en las carteleras internacionales y aunque su voz acusa alguna veteranía es notable la compenetración con un personaje que conoce a la perfección y al que le da en cada momento el matiz distintivo justo y perfecto. Peter Seiffert es un sólido y competente Tristán de buena emisión y Ekaterina Gubanova volvió de demostrar con Brangania -como en 2010 con Amneris- que es una artista de primerísimo nivel. Su voz corre por toda la sala incluso cuando canta casi desde fuera del escenario hacia el final del segundo acto y se pleno registro de mezzo deslumbra durante todo el concierto. Sin lugar a dudas la presencia del bajo René Pape se inscribe en las mejores páginas de la historia del Teatro Colón. Fue una rey Marke de perfección con su volumen, su belleza vocal, su perfecta dicción, su exquisita línea de canto y su perfecta intencionalidad. Una verdadera alegría poder escuchar al local Gustavo López Manzitti seguro y potente como Melot, en un plano de igualdad frente a las deslumbrantes voces extranjeras. Daniel Barenboim al frente de la WEDO consigue una homogeneidad y belleza sonora notables. Toda la paleta orquestal Wagneriana es presentada con absoluta precisión y no queda detalle o sutileza sin poner en primer plano. Durante el concierto el espectador se olvida que es una orquesta juvenil y de concierto para encontrar un conjunto de plena madurez y casi perfecto en el acompañamiento de las voces. Una sala colmada y agradecida aplaudió y vociferó entusiasmada inscribiendo esta serie de representaciones en la historia grande del Teatro Colón.

Wagner’s Ring des Nibelungen in 24 Hours, in Erl, Tyrol

Foto: APA Fotoservice/Festspiele Erl/Franz Neumayr

Suzanne Daumann

The little village of Erl, in Tyrol, Austria, is currently becoming one of the major venues for Wagnerians in Europe. Founded in 1998 by conductor and artistic director Gustav Kuhn, less self-celebratory and more dedicated maybe than the grand festivals, the “Tiroler Festpiele” have one very special offer: Wagner’s Ring in 24 hours. Beginning with “Rheingold” on a Friday evening, “Walküre” on Saturday afternoon, “Siegfried” in the night, and “Götterdämmerung” on Sunday morning, it is possible to spend a whole week-end steeped in Wagner, trusting the first-class singers, orchestra and conductor to make this a memorable event. The house being originally a theatre, built in 1959 for the local tradition of Passion plays, enacted every six years, it has neither an orchestral pit nor elaborate stage devices.  Gustav Kuhn, who signs also the staging, in order for the production to be really coherent, had to keep it simple and he did. He sets the stories in an imaginary present, contemporary costumes enhancing the psychological realism of the characters. An ingenious system of oversize beams, that are fastened to the stage walls and can be lowered into every angle, can be a stone desert or a forest, props and lighting doing the rest. Indoors settings consist of various sets of furniture. Local children, dressed in the same black coveralls as the stage hands, come with torches for Brünnhilde’s fire wall, and bearing a ship and a horse, symbolize Siegfried’s arrival chez les Gibichungen. Animals are oversized origami artwork, be it Alberich’s snake or toad, Siegfried’s bear or even the dragon Fafner and bring a lighter note into the performances, as do the Walkyries on bicycles or a few of the snarkier costumes (Fafner and Fasolt appear as ice-hockey and rugby uniformed bullies, and Fricka in “Walküre” sports a daring red leather suit). Simple and effective, Jan Hax Halama’s scenography and Lenka Radecky’s costumes introduce in a glance the situations and characters and leave the rest to the orchestra and singers.   Gustav Kuhn conducts the Festival Orchestra with unflinching energy and sense of detail, and to hear them at the end of “Siegfried”, at half past three in the morning, just as precise and energetic as at the beginning, is nothing short of a miracle. His casting is miraculous as well. All of the singers handle the demanding parts with ease and grace and totally inhabit their characters. A few of them take on the same part in different operas, or appear in different roles throughout the week-end: the baritone Thomas Gazheli is an amazing Alberich in “Rheingold”, cocksure and grinningly grinding, he sets the whole drama in motion, and later on, he will be a dark and brooding Wanderer in “Siegfried” AND then appear as Alberich again, suspended in the airs, and one really wonders how he can sing so smoothly and expressively in this situation. Michael Kupfer gives life and depth to Wotan and also to Gunter. Austrian mezzo-soprano Hermine Haselböck is Fricka throughout and finds in her mellow voice just the right note of hysteria to be credible in “Walküre”. Italian bass Andrea Silvestrelli, velvety smooth and dark voice and presence, is Fafner and Hagen. Siegfried on the other hand is sung by two very different tenors: in “Siegfried” Michael Baba, who is something of a heldentenor, dressed in loose hunter’s rags, portrays him as an unsecure, slightly boorish youth. When we see him again, appearing at Gunter’s court, he has become (in Brünnhilde’s arms?) something of a dandy and Gianluca Zampieri sings the part with a lighter, almost un-wagnerian voice that enhances the essential innocence of the character.  The very gifted young New Zealand tenor Andrew Sritheran is a striking Siegmund, full of youthful ardor and Marianna Szikova as Sieglinde is just as striking, voice-and appearance wise. Three wonderful sopranos take on the role of Brünnhilde: Bettine Kampp is DIE Walküre, very moving in her duets with Wotan. In “Siegfried”, Nancy Weissbach is freed and imprisoned again by the hero, and finally Mona Somm gets to sing Brünnhilde’s last words. So many wonderful singers, such a great orchestra and conductor: no Sir, the great big festivals and houses don’t own the claim to quality and dedication!

Tuesday, August 5, 2014

Moverá pasiones con Tosca en León México – Entrevista con el director de orquesta Marco Boemi


El director de orquesta italiano Marco Boemi quien dirigirá la puesta en escena de Tosca en el Teatro del Bicentenario de León, que marcará su debut en México,  fue entrevistado por el diario local am. La entrevista fue hecha por el periodista Luis Lerma Carmona

El director de orquesta italiano Marco Boemi espera mover pasiones con la ópera “Tosca”, la nueva producción del Teatro del Bicentenario. En su primera visita a México como director musical, confía en que los mexicanos responderán a las emociones contenidas en la obra de Giacomo Puccini, de la misma manera en que lo hacen los italianos por la calidez y el entusiasmo que nos distinguen como latinos. El también pianista considera que “Tosca” además será apreciada en León, como ha sido durante 114 años desde su entreno en Roma, por la belleza de su música, así como por el equilibrio entre la orquesta y las voces. Pero también por el realismo de sus personajes, que podemos encontrar fácilmente en la vida real. Los celos de Floria Tosca, una célebre cantante; la ironía de Mario Cavaradossi, un pintor, y la maldad elegante del barón Scarpia, jefe de policía, son sentimientos que traspasan la italianidad y son comprendidos en cualquier parte del mundo. Para el maestro Boemi, este realismo teatral es más importante que la música en las óperas de Puccini, sobre todo en “Tosca”, así que prefiere tener en escena a buenos cantantes y actores que a bellas voces, para que la obra sea creíble y pueda despertar emociones en la audiencia.

Se ha presentado en importantes teatros de Italia, Reino Unido, Japón, entre otros. ¿Es su primera visita a México? ¿Qué significa para usted venir a nuestro País?

Ya había tenido ganas de venir a México y ahora que tengo la oportunidad, estoy curioso. Al saber que estaba este teatro moderno, cuando me invitaron quise venir y saber cómo es el recibimiento del público, porque los mexicanos, como los italianos, son pasionales. Entonces estoy sumamente curioso por saber su reacción hacia la ópera. Yo estoy seguro que será un público que participa, se entusiasma, y del que, lo más importante, sentiré una respuesta emotive.
¿Qué opinión tiene de la ópera en México?

Es una pregunta difícil de responder porque es la primera vez que vengo a México, es la primera vez que trabajo con músicos mexicanos, entonces aún no conozco la calidad de los músicos, los cantantes y los instrumentos con los que cuentan, lo cual me interesa mucho. Sin embargo, por el tipo de personalidad, creo que deben ser como los que encontramos en nuestra Italia.

Cuenta con un amplio repertorio, tanto sinfónico como operístico. ¿Tiene para usted un significado especial la ópera “Tosca”?

Parto de la idea de que existen tres autores italianos que para mí son los mejores: Rossini, Verdi y Puccini. Particularmente, Puccini es un autor que estimo por su pasión y entusiasmo, pero también por ser cercano y real. ¿Por qué real? Porque a pesar de que Tosca es una prima donna, al mismo tiempo puede ser una amiga nuestra. También en la ópera “La Bohème”, Mimí y Rodolfo pueden ser amigos nuestros. Pero Tosca es una ópera con personajes con quienes se puede identificar un cercano nuestro.

Para mí, “Tosca” es una obra muy querida por su modernidad y sutileza de la escritura orquestal. Puccini era un músico que amaba escribir para la orquesta y que buscaba el equilibrio entre la voz y la orquesta, como un diálogo, y este equilibrio lo podemos encontrar perfectamente en “Tosca”.

“Tosca” se ha mantenido entre las favoritas del público. ¿Por qué cree que se ha mantenido vigente?

Es verdad que “Tosca” es una ópera sumamente italiana, no sólo porque está escrita en italiano, sino por el carácter de sus personajes. Pero al mismo tiempo, el genio de Puccini logra superar la italianidad de la ópera y la vuelve universal. Esto hace que “Tosca” pueda ser comprendida en Alemania, Rusia, México, Estados Unidos, porque habla un lenguaje universal y de sentimientos, como los celos de Tosca, la ironía de Cavaradossi, la maldad elegante de Scarpia; todos estos sentimientos son muy italianos, pero muy comprensibles para cualquier público. En eso consiste el secreto de su genio.

¿Considera “Tosca” la mejor ópera de Puccini?

Es difícil afirmarlo. Seguramente “Tosca” y “La Bohème” son las más populares. Pero es difícil elegir la mejor. De lo que sí estoy seguro es que la ópera más importante de Verdi es “Don Carlo”; de Wagner, “Tristán e Isolda”; de Richard Strauss, “Elektra”. Pero en Puccini, es más difícil, porque después de presentar determinada ópera, me digo, ¡ésta es la mejor!, porque cada una tiene sus cualidades. Pero si forzosamente tuviera que elegir una, elegiría “Tosca”, porque es la más completa y porque existe un equilibrio increíble entre la música y el drama.

Existen diversas interpretaciones de “Tosca”, unas muy románticas, otras más líricas. ¿Cuál es la lectura que usted hace de esta partitura?

Es una buena pregunta. La “Tosca”de Sabatta es bellísima porque es intensa, mientras la “Tosca” de Karajan es lírica y relajada, con un sentido dilatado del tempo, aunque con un problema en las voces, pues éstas son muy líricas. Junto a la Filarmónica de Berlín, Karajan presentó “Tosca” con Katia Ricciarelli y José Carreras, muy joven y con una voz ligera, pero con la preciosidad del color, del fraseo y de cantar piano o pianissimo. Entonces, yo creo que todo depende de los cantantes que están a nuestra disposición. Ahora, si hablamos de una lectura ideal, “Tosca” tendría características más líricas, de sutilezas y colores, sobre todo en el tercer acto y en el dueto del primer acto, que son muy íntimos, mas no grandes.

Se habla de realismo o verismo en “Tosca”. ¿Podría profundizar en este concepto?

Hay una confusión entre realismo y verismo. El verismo como forma de arte no existe en Puccini. Siempre se ha pensado que es así, pero no es verdad. El verismo musical es Mascagni, Leoncavallo, Giordano, Cilea. El realismo de Puccini es distinto porque toma gente común, pero también lugares como la iglesia, el Palacio Farnesio, que está a dos cuadras de la casa donde yo vivía. Pero en “Tosca”, además la ambientación de Roma es típica y muy real, así como los sentimientos de los personajes. Es cierto que Madame Butterfly es de Japón, pero al final es una japonesa vista a través de la perspectiva italiana Así que todos los personajes de Puccini son muy reales, que podemos encontrarnos fácilmente. Pero el verismo es otra cosa, es una forma musical en la que generalmente los cantantes cantan fuerte, toda la orquesta suena fuerte, donde no existe tantasfumaturao color. Y Puccini era un compositor más europeo, incluso él viajó a París a escuchar “Pierrot Lunaire” de Schoenberg, obra que no se conocía en Italia, porque a él le interesaba conocer el lenguaje musical de la vanguardia. Entonces Puccini era un compositor más refinado, elevado, respecto a Mascagni o Leoncavallo.
¿Cuáles son las escenas más difíciles en “Tosca”, dramáticamente y musicalmente?

Dramáticamente, el segundo acto sería el más difícil, porque hay que construir una tensión que crece progresivamente hasta terminar en una explosión. Scarpia es el jefe de policía, un noble, aristócrata, un barón. Alguien que no tendríaV la necesidad de gritar. Pero en el segundo acto esta pasión que él siente por Tosca va creciendo y trata de disuadir invitando a Tosca una copa de vino ouna cena. Al final estas acciones lo transforman y lo hacen perder el control porque nada más piensa en acostarse con ella. Esto, dramáticamente, es dificilísimo.

Musicalmente, todo el inicio del tercer acto sería el más complicado, porque se tiene que crear una atmósfera mágica, de la ciudad que duerme y que lentamente despierta. La escritura es maravillosa, la cual incluye campanas, y demanda a los músicos tocar como una orquesta de cámara, con un sonido ligero, aunque al mismo tiempo apasionado.

Platíquenos de la orquestación en “Tosca”.

A nivel de orquestación, “Tosca” es diferente a la “La Bohème” y más parecida a “Madame Butterfly”. El problema de la orquestación de Puccini es que se requiere de una orquesta grande y que a la vez no suene muy fuerte, porque oculta a los cantantes. En Puccini, la orquesta está al nivel de una orquesta sinfónica. Puccini fue acusado de ser wagneriano, pero es que a principios de los años 1900, él se dio cuenta de que la orquesta no sólo consistía en acompañar a los cantantes; la dificultad de la orquestación de Puccini es que debe haber una orquesta sinfónica, como estructura, y al mismo tiempo, que debe saber acompañar.

¿Qué le diría al público de León?

“Tosca” es una ópera que gusta y gustará. Yo espero, con la colaboración de los cantantes, los músicos, transmitir al público el sentido del drama, que para mí es importante. Yo le diría al público que venga al teatro y que se atreva a recibir emociones.

* EL ARIA

"Vissi d’arte es una aria maravillosa, pero que desde el punto de vista del drama rompe con la tensión creada anteriormente en el segundo acto. Puccini compuso esta aria al final de la partitura, al darse cuenta de que faltaba una aria de Tosca, como el nombre de su ópera. Entonces compuso esta aria para darle su lugar al personaje protagónico"

* ¿Pavarotti o Domingo?

La voz de Pavarotti, a quien yo dirigí en directo, no era bella, sino bellísima, era maravillosa, pero teatralmente no te decía nada, no era Cavaradossi, no era ningún personaje, era Pavarotti en escena. Entonces tenías que cerrar los ojos e imaginar al personaje. Pero Domingo, aunque algunas de sus notas eran dudosas o vocalmente no era perfecto, teatralmente era mucho mejor que Pavarotti.

*¿Maria Callas o Renata Tebaldi?

En ‘Tosca’, la Tebaldi tenía una voz maravillosa, pero Callas en escena era fantástica, creías lo que cantaba. Si yo tengo que dirigir ‘Madame Butterfly’ y en escena tengo a una soprano que pesa 180 kilos, es difícil creer al personaje. Así que si yo tuviera que elegir entre Maria Callas y Renata Tebaldi, elegiría a Callas.

PERFIL

MAESTRO MARCO BOEMI

.Director y pianista.

.Graduado en Derecho por la Universidad La Sapienza, de Roma.

.Tiene más de 20 años de carrera artística.

.Ha trabajado con tres generaciones de cantantes, incluyendo aPavarotti, Taddei, Giaiotti, Luchetti, Sighele, Kabaivanska, Bruson, Ricciarelli, Gruberova, Shicoff, Dessi, Armiliato, Giordani, Sabbatini, La Scola, Siragusa, Gasdia, Rost, Kurzak, Michaels-Moore, Obratzova, Borodina, Abdrazakov, Burchuladze, Leiferkus, Siurina, Zaremba,Vassallo y Canonici.

.Se ha presentado en los principales teatros del mundo, como la Scala de Milán; Teatro de San Carlos, en Nápoles; Teatro de la Ópera de Roma; Teatro Regio, en Parma; Teatro Massimo, en Palermo; Teatro Verdi, en Trieste; Suntory Hall, en Tokyo; Real Concertgebouw, en Ámsterdam; Ópera de la Bastilla, en París; Queen Elizabeth Hall, en Londres; Wiener Musikeverein, en Viena; Gran Teatro de Shanghai, en China y el Festival de Ópera de Rossini, entre otros.

.Ha dirigido a la Orquesta Philharmonia de Londres, Orquesta Filarmónica de Zagreb, Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, Orquesta Filarmónica Wurttembergische, Orquesta Sinfónica de Adelaide, Orquesta de CámaraI virtuosi di Santa Cecilia, La Scala Young Orchestra y Orquesta Sinfónica de MilánGiuseppe Verdi, así como las orquestas más renombradas de Japón.

.Cuenta con un amplio repertorio tanto sinfónico como operístico, el cual incluye compositores comoWagner, Verdi, R. Strauss, Puccini, Rossini, Mahler , Beethoven, Gershwin, Bernstein, Cajkovskij, Rachmaninoff, Poulenc, Ravel, Massenet, Gounod, Debussy, Bizet, De Falla, Walton, Respighi, Rota, J. Strauss, Lehar, Giordano, Mascagni, Leoncavallo, Cilea, Ponchielli, Saint-Saëns, Offenbach, Mozart, Liszt, Grieg, Schubert, Schumann, Weber, Menotti, Bellini y Donizetti.

.Imparte clases magistrales por todo el mundo a pianistas, cantantes y directores y es considerado como un experto en lied.

.Ha grabado discos para los sellos discográficos Decca, Universal, Philips y TDK, con artistas como Dessi, Sabbatini, Armilato y La Scola.

.Recientemente, fue lanzado un DVD de la producción de Tosca de G. Puccini, dirigida por él y presentada en el Teatro Carlo Felice en Génova, Italia, con Daniela Dessi, Fabio Armiliato y Claudio Sgura.



Monday, August 4, 2014

Cavallleria Rusticana y Pagliacci en Los Ángeles

Foto: Ringo H.W. Chiu / For The Los Angeles Times

Carlos Rosas T. 

La esperada cita operística veraniega de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil), al aire libre en el Hollywood Bowl congregó a mas de 7000 espectadores, según cifras del recinto, que presenciaron y sufrieron con el conocido díptico compuesto por los melodramas de Mascagni y Leoncavallo. La función en concierto contó en su mayoría con cantantes estadounidenses. El ejercicio anual de incorporar operas, como el reciente ciclo de operas de Mozart-Daponte además de Aida, Carmen y otras, ha comenzado a rendir frutos ya que de la orquesta muestra una desenvuelta sonoridad, maleabilidad y la sensibilidad proveniente de un foso, alejada de  la rigidez y perfección a la que aspiran las orquestas sinfónicas de este país. Esta orquesta ha renovado su línea y su plantilla incorporando jóvenes y talentosos instrumentistas. El resultado fue musical fue ampliamente satisfactorio. Gustavo Dudamel en la dirección orquestal, es un discurso aparte, ya que quienes lo conocemos desde sus inicios notamos la ausencia del entusiasmo y la explosividad que tanto le caracterizó cuando asumió la titularidad de esta agrupación. Todo eso se ha diluido, y hoy es un director mesurado, que acompaña, que busca la precisión, pero que incurre en la rutina, antipatía y carencia de ideas. Surge entonces el cuestionamiento si es en verdad el prodigio que se nos hizo creer o solo se trató de una cortina de humo creada por la publicidad y por un régimen que siempre lo ha apoyado incondicionalmente. En ambas operas se pudo escuchar la hoy robusta y corpórea voz de Stuart Neill como Canio y Turridu, así como la inexpresividad y frialdad del barítono ingles Christopher Maltman como Alfio y Tonio, de una tonalidad más apta quizas para Mozart que para el verismo. Michelle DeYoung dio vida a una apasionada y solida Santuzza y Nancy Maultsby no paso de ser una reservada y moderada Mamma Lucia. Sobresaliente y con garbo escénico fue la interpretación de Lola que regaló la mezzosoprano Tamara Mumford, quién se vistió en el papel y convenció con escalofriante calidez y sonoridad. En Pagliacci, Julianna Di Giacomo tuvo un razonable desempeño como Nedda, es una artista de caudalosa y grata voz que pero contenida en escena. Francamente intrascendentes estuvieron Christopher Tiesi como Beppe y Lucas Mecheam como Silvio. Acompañó el coro Los Angeles Master Chorale que cumplió en un buen nivel. 

Lakmé de Delibes en Santiago de Chile

Foto: Patricio Melo

Lakmé, cuyo argumento se desarrolla en la India colonial, pertenece a ese exotismo que inundo Europa en el siglo XIX, que fue una corriente que quiso recrear lugares lejanos con ideologías y costumbres distintas a las que prevalecían en el mundo occidental de la época. Lamentablemente Delibes, el compositor, es más conocido por su música para ballets como Coppélia, Sylvia, y sus más de veinte operas y operetas permanecen en el olvido. Son en realidad escasas las ocasiones en las que se ha representado Lakmé en años recientes, y en la  mayoría de los escasos son teatros franceses las que la programan. Simplemente en este 2014, de las cuatro producciones que se tienen programadas tres serán en Francia y una en Chile.  Meritoria fue la elección del Teatro Municipal de Santiago, ya que dejando al lado la débil trama del amor imposible que termina en tragedia, el teatro ha ofrecido un cuidado montaje de muy buen gusto, como es habitual, y un sólido elenco de cantantes principales. La partitura posee además pasajes orquestales y vocales de superlativo esplendor. La muy joven soprano rusa Julia Novikova dibujó una frágil, femenina y creíble Lakmé, destacando además por su luminosa y colorida vocalidad y cautivante agilidad, con la que logro seducir en sus arias y dúos con el tenor, sin olvidar el célebre “Dúo de la flores” al lado de la Mallika de la mezzosoprano Nerea Berreondo quien a pesar de su canto dúctil y seductor, paso desapercibida durante la función. Gérald se benefició de la presencia del tenor canadiense Antonio Figueroa, quien desplegó un canto elegante, claro de impecable dicción a pesar de no ser de mucha extensión y cuerpo. Aimery Lefèvre cantó con impecable dicción, calidez baritonal y desenvolvimiento escénico como Frédéric; no fue asi el caso del barítono brasileño Leonardo Neiva que cantó en forte y por momentos destemplado el papel de Nilakhanta. Correctos estuvieron el resto de los intérpretes y el coro demostró estar muy bien trabajado. El concepto escénico de Jean Louis Pichon fue con apego al libreto, manteniendo los ballets, con decorados hindúes, brillante luminosidad solar y vestuarios de elegante confección. Solo la escenografía Jérôme Bourdin de círculos concéntricos en perspectiva, encerró y limitó la escena haciéndola claustrofóbica. Fastuosa fue la conducción de Maximiano Valdés quien de la orquesta extrajo la musicalidad y la sensualidad de la partitura. RJ 

Vladimir Ashkenazy dirigirá la Philharmonia Orchestra de Londres en el Auditorio Nacional de México

Por primera vez se presentará en este foro capitalino
Es la cuarta orquesta británica que pisará el Coloso de Reforma
El concierto se realizará el 9 de septiembre

El gran músico y pianista de origen ruso Vladimir Ashkenazy dirigirá a la Philharmonia Orchestra de Londres en el Auditorio Nacional. Este conjunto sinfónico londinense, que por primera vez tocará en el foro de espectáculos más importante de América Latina, ofrecerá un concierto en septiembre, donde el público asistente podrá comprobar porqué la consideran la orquesta nacional del Reino Unido.No es casualidad que dicha orquesta llegue al Coloso de Reforma, ya que desde 1992 empezaron a desfilar por este escenario para ofrecer sendos conciertos otras grandes orquestas británicas, como la Orquesta Filarmónica de Londres, la Academy of Saint Martin in the Fields y la Royal Philharmonic Orchestra, que tocaron también bajo la batuta deimportantes directores, como el austriaco Franz Welser-Möst y el inglés Sir Neville Marriner. En las próximas semanas llega a México la Philharmonia Orchestra de Londres, con más de 70 años de trayectoria musical, que la han convertido en uno de los conjuntos de mayor calidad y presencia en el Reino Unido; con una discografía de más de mil títulos y una historia distinguida por la presencia de grandes directores. Este conjunto sinfónico, que en la actualidad dirige Esa-Pekka Salomen, tendrá como director invitado en el concierto del Auditorio Nacional a uno de los músicos más prolíficos en la escena contemporánea, Vladimir Ashkenazy; gran pianista y connotado director desde hace más de dos décadas.
En esta faceta, el músico ruso se ha desempeñado como director principal y asesor artístico de la Orquesta Sinfónica de Sidney, y la relación con la Philharmonia Orchestra de Londres ha sido tan exitosa que en el 2000 fue nombrado Director Laureado de la institución.
La Philharmonia Orchestra de Londres ofrecerá en su concierto del 9 de septiembre unatractivo programa, que incluye obras de Mijaíl Glinka (1804–1857): Pasajes de Ruslán y Liudmila, y dos obras Piotr Ilyich Tchaikovsky (1840–1893): la Sinfonía No. 5 y Violin Concerto, pieza que interpretará la violinista Esther YooLa Philharmonia Orchestra de Londres, dirigida por Vladimir Ashkenazy, se presenta en el Auditorio Nacional (Reforma 50, Bosque de Chapultepec), el martes 9 de septiembre, a las 20:30 horas. 

Más información:

http://www.auditorio.com.mx

http://www.philharmonia.co.uk/orchestra

http://www.vladimirashkenazy.com/


Sunday, August 3, 2014

En que se desperdician segundas oportunidades. La post-catástrofe escénica se convirtió en post–post–catástrofe. Il Trovatore en el Palacio de Bellas Artes de México

Foto: Lourdes Herrera

Luis Gutiérrez Rubalcaba

En que se desperdician segundas oportunidades. La post-catástrofe escénica se convirtió en post–post–catástrofe Il trovatore en el Palacio de Bellas Artes (3 de julio de 2014) Opera en cuatro partes (1853) compuesta por Giuseppe Verdi con libreto de Salvatore Cammarano con adiciones de Emanuele Bardare.

Il trovatore es una ópera que me desconcierta pues la considero un salto atrás en el desarrollo operístico de Verdi. Después del trío del último acto de Rigoletto, en el que el compositor logró hacer que la naturaleza cantara como parte fundamental del drama musical, Verdi vuelve a componer una ópera con el modelo típico del discurso musical del bel canto. Por ejemplo, inicia la ópera con un primo tempo caracterizado por el estilo declamatorio de Ferrando y el coro, aunado al ímpetu creciente de la orquesta que prepara el cantabile del aria de Leonora, cuyo tempo di mezzo o transición es un rápido intercambio de ideas con Inés, culminando en una florida y brillante cabaletta. El modelo se repite a lo largo de toda la ópera. Admiro el tempo di mezzo más bello y espectacular de la ópera romántica italiana que es el célebre “Miserere” del aria de Leonora en la cuarta parte. Esta ópera puede definirse, parafraseando a Julian Budden, como “el dramatismo musical del momento expandido”. Dos ejemplos claros que justifican este título suceden en la segunda parte, en la que el aria de Di Luna se congela en su tempo di mezzo cuando el coro y Ferrando repiten hasta la saciedad el profundo texto que dice “Ardir! Andiam, celiamoci, Fra l’ombre, nel mister! Ardir! Andiam… silenzio! Si compia il suo voler!”, y en la frase que Leonora repite más de diez veces en el final de la misma parte: “Sei tu dal ciel disceso, O in ciel son io con te?” Con esto cierro mi caso en el sentido de que esta ópera es un retroceso en el desarrollo operístico de Verdi, aunque reconozco que contiene muchísimos pasajes musicales de gran belleza y dramatismo, lo que la hace una de las piezas favoritas de muchos aficionados a la ópera. Verdi pensó inicialmente en La zingara como título para la ópera y escogió el tema de la hoguera–fuego como tinta de la obra. Aunque cambió el título, no lo hizo con la tinta. El fuego físico aparece en la forja de los herreros, se siente en el relato de Azucena al lanzar a su hijo a la hoguera, casi quema cuando Manrico interrumpe su boda porque le informan que van a quemar a quien cree es su madre –por cierto, cantando el aria que los aficionados más tradicionalistas esperan desde el inicio de la ópera para juzgar al tenor–, que de hecho menciona la hoguera “Di quella pira” y en la escena final de la ópera en la que la vieja gitana manifiesta su temor cerval a la hoguera, “il rogo

Por supuesto las pasiones exacerbadas del cuarteto de personajes no son otra cosa que el fuego del comportamiento animal que precedió a la chispa de inteligencia que encendió la razón en el ser humano. El ponedor de escena (Mario Espinosa) y su equipo “creativo” decidieron ignorar esto que es tan obvio en esta ópera, y en cambio, “crearon” otro concepto, que palabras del ponedor, inicia: “Nuestro Trovador se ubica en el futuro, después de que el mundo ya se ha extinguido, cuando los sobrevivientes han reconstruido la civilización con los mismos defectos y virtudes. Nos encontramos en la post-catástrofe (sic), en una especie de segunda vuelta de la humanidad, bajo el imperio de la conocida e inexorable ley de la sangre” (sic, sic, y recontra– sic) y siguen otras barbaridades que tratan de explicar su puesta. El hecho es que cuando los sobrevivientes reconstruyeron la civilización, olvidaron reinventar el fuego –bueno ni un cerillo se encendió a lo largo de toda la ópera. Concluyo que  el fuego que representa inteligencia humana y la civilización eludió totalmente al ponedor y su equipo “creativo”. No entiendo por qué Azucena manifiesta ese terror tan cerval ante la idea de algo que no existe, en cambio no le teme a un verdugo que manipula con un hacha amenazante durante unos diez minutos. El vestuario de los principales es supuestamente decimonónico pero muy corriente desde el punto de vista estético; el vestido que Leonora viste en la primera parte es un plagio de los atuendos de María Victoria en sus buenos tiempos del Blanquita; en tanto que los uniformes de los miembros del coro son más futuristas ya que hacen recordar los disfraces de los habitantes subterráneos de la saga fílmica del Planeta de los simios, o bien son una parodia involuntaria de los espermatozoides de una célebre película de Woody Allen –con la diferencia que en este caso todos los espermatozoides visten de negro. 

Como es costumbre de muchos ponedores, Espinosa necesita divertir al respetable –porque es muy posible que éste se aburre con su concepto– con numeritos de peleas medievales y la aparición continua de esbirros y prostitutas, complementada por la colocación de unas momias que parecen salchichones que desparraman cuatro listones rojos a guisa de sangre, pero que ni a moronga llegan, logrando unos cuadros plásticos “di-vi-nos” e inútiles. La escenografía consiste en dos plataformas inmutables a lo largo de toda la ópera, más un puente – ¿tendrá este elemento un significado arcano?– entre ellas que se usa para sostener a Azucena y Manrico durante el aria de la gitana y la narración de sus desgracias, unas tiendas de campaña, que supongo representan a los ejércitos combatientes, que aparecen y desaparecen a voluntad del ponedor y un árbol metálico de la escultora Ana Luz González, a quien se acredita junto a  los muchos figurantes y otros colaboradores de la producción en el interior del programa. La iluminación mejoró un poco con respecto a las funciones de la  corrida de 2013. Debo decir que esta puesta en escena me hace pensar que soy realmente imbécil pues soy de quienes pagan por ver algo que, o no entiendo o es una idiotez, en tanto que el ponedor y su equipo cobran honorarios por desperdiciar los limitadísimos recursos financieros de la Ópera de Bellas Artes. La interpretación musical no estuvo al nivel de la puesta en escena por fortuna, aunque tampoco fue de aquellas que se quedan en la memoria. De hecho en nuestros días es muy difícil lograr un elenco que cubra con brillantez, o aún con solvencia, las exigencias vocales que Verdi exige de los cantantes. En lo personal yo esperaba más de Ramón Vargas. No me pareció que hubiese cantado el do sobreagudo –lo oí como si bemol– que los tradicionalistas esperan, aunque no considero que esto sea importante –es conocido que Franco Bonisoli apodó a Plácido Domingo como Pla Mingo por esta razón–,  pero es mi humilde opinión que, siendo Vargas un cantante de altísimo nivel, Manrico no es lo suyo.  No por la falta del Do, sino porque su voz es de tenor lírico y no de tenor lírico spinto, y si podría quedarse en spinto literalmente “empujado en caso de continuar cantando este papel y similares. La soprano que el año pasado se llamaba Joanna Paris, regresó como Joanna Parisi, pero este cambio no logró nada positivo al menos como Leonora, su primer aria está minada por muchísimos trinos, hasta ocho sucesivos, dos veces en sólo dos compases y no le oí ninguno, así como las múltiples appoggiature escritas por Verdi que simplemente ignoró. 

Lo que menos entendí fue el por qué no omitió la cabaletta “Tu vedrai che amore… “, ya que no sería la primera vez se ha hecho. Su caracterización actoral fue de una pobreza enorme sonriendo en todo momento; por algo menos que eso, Sylvia McNair desapareció de la ópera, me pregunto qué estaría haciendo la asesora actoral en el periodo de ensayos. La moldava Elena Cassian tiene una voz con bello timbre pero con un  rango muy limitado en los agudos, no obstante, no estuvo mal. Lo que valió el boleto y el costo y tiempo de transporte de mi casa a Bellas Artes, fue la interpretación del rumano George Petean como Di Luna. Brilló intensamente en el trío del primer acto e “Il balen del suo sorriso” estuvo tan fenomenal como en “Per me, ora fatale”. En resumen, este sí fue un cambio importante y muy positivo respecto a lo que oí el año pasado. Ojalá regrese el maestro Petean, y que también tengamos cantantes de esta talla frecuentemente en Bellas Artes. Rubén Amoretti repitió un creíble y bien interpretado Ferrando; los papeles secundarios fueron bien cubiertos por Gilberto Amaro, Roberto Aznar y Alejandro Coreño, Destacó como Inés, María Fernanda Castillo, becaria del Estudio de Ópera de Bellas Artes. Si así va la mayoría de los becarios, el estudio va bien. Otro cambio importante con respecto a las funciones de 2013, se dio en el foso, pues esta vez Enrique Patrón de Rueda logró unos tempi que respetaron la partitura, impidiendo así que los cantantes se ahogaran. No faltó la voz que gritase como en los toros “súbele Patrón” – a la intensidad o al volumen, no lo sé –, lo cual me pareció no sólo corriente sino ignorante, o tal vez la de la voz s está sorda. Termino diciendo que disculpo totalmente a los músicos y cantantes, pues es una empresa hercúlea lograr una buena interpretación de Il trovatore si el ponedor de escena y sus secuaces eliminan el fuego en el escenario y en los cerebros y corazones de los artistas. No por nada Joan Pons dijo que el Simon Boccanegra que Espinosa “puso” en escena en 1997, ha sido la peor producción de ópera en la que ha participado. Esto no lo oí de segunda mano. El “ponedor” logró otra catástrofe después de una segunda oportunidad. ¡Qué mal por la ópera en México (otra vez)!