Saturday, October 17, 2009

Adriana Lecouvreur - Metropolitan Opera, Nueva York

Foto: Placido Domingo, Maria Guleghina
Crédito: The Metropolitan Opera, Marty Sohl.


Ramón Jacques

El Metropolitan repuso este melodrama de Francesco Cilea, para conmemorar el 40 aniversario del debut de Placido Domingo, que ocurrió en esta opera en el 1968. La producción escénica de C.M. Cristini y de Mark Lemos, encargado de la dirección escénica, fue tradicional y con consideración del la historia y el tiempo en el que se desarrolla la acción de la opera, en Paris alrededor del año de 1730. En su dirección escénica, Lamos fue conciso y directo, y respetó la trama sin modificaciones, pero con profundo sentido teatral. La iluminación de Duane Schuler, ayudó a resaltar la emoción contenida en el libreto, y los diferentes estados de ánimo por los que atraviesan sus personajes. Si bien las escenografías, que no fueron opulentas y con pocos elementos escénicos, lograron captar la naturaleza de la obra. Mucho ayudaron, los vestuarios de ese periodo que se utilizaron. Sobresaliente, fue el recurso de proyectar en el fondo del escenario escenas del teatro de la Comedie Francaise, con una combinación de oscuridad y luces sobre el escenario. En el podio, Marco Armiliato realizó una lectura lucida y segura de la partitura, de la cual extrajo, musicalidad y armonía, de forma segura e inequívoca. El papel de Adriana fue encomendada a la soprano Maria Guleghina, quien tuvo un desempeño actoral optimo, pero mostró un canto de fuerza y clara tendencia a la estridencia. Su convicción y brío son innegables, pero su canto careció de sutileza. Placido Domingo, fue un convincente y categórico Maurizio, sobresaliente en escena. Su prestación fue convincente y segura, y estuvo cargada de brío y emoción. Vocalmente, recurrió a extensas transposiciones, en las que por momentos se escuchó una voz con poco volumen. Aun así, pudo mostrar las cualidades de su timbre, y su éxito fue justificado, ya que desde su aparición en escena hasta su última salida a escena el público se lo reconoció. La mezzosoprano Olga Borodina creó una temperamental princesa de Bouillon, con su sugestiva voz de tono oscura, y el baritono Roberto Frontali fue un correcto Michonnet. El resto del elenco y coro, cumplieron de manera inestimable cada vez que fue requerida su participación.

Thursday, October 15, 2009

Les Huguenots - Bard Summerscape, New York

Foto: Erin Morley (Marguerite de Valois)
Crédito: Stephanie Berger

Lloyd Schwartz (The Phoenix)

Aunque precedió un simposio de “Wagner y su mundo”, Les Huguenots (1836) de Meyerbeer representó casi todo lo que Wagner detestaba (incluido el judaísmo de Meyerbeer). Este escabroso romance histórico que concluye con la masacre de los protestantes en la Francia católica del siglo XVI contiene siete papeles de cantantes estelares y un cúmulo de memorables melodías. Berlioz admiró su colorida orquestación, Enrico Caruso se hizo famoso por cantar el papel del hugonote Raoul, y muchas celebres sopranos cantaron el papel de Marguerite de Valois, su pagina de coloratura, o a la heroína romántica Valentine.
La producción de Bard ofreció algo de impresionante canto, especialmente la soprano Erin Morley con su Marguerite de alto nivel, que flotó en voz y en cuerpo por arriba del escenario, en una forma de ascensor de Joseph Albers (“homage to the square” o “homenaje al cuadro”). La Valentine de Alexandra Deshorties, sonó encantadora en las pocas ocasiones en las que no gritó – innecesario si se considera la excelente acústica del pequeño teatro Sosnoff Theatre diseñado por Frank Gehry (con menos de 900 butacas). Me gusto el barítono Andrew Schroeder como Nevers el rival católico de Raoul; el estentóreo bajo Peter Volpe como Marcelo, sirviente y consejero espiritual anti-católico de Raoul. En la ultima de las representaciones, el tenor Michael Spyres pareció batallar para que su atractiva voz no se le desmembrara.
El director de Bard, Leon Botsein dirigió musicalmente, y en el penúltimo cuarto acto, el cual anticipa las complejas intrigas políticas y personales de Don Carlo de Verdi, galvanizó a la orquesta. Poco me importaron los modernos anacronismos fotográficos del fotógrafo de modas español Eugenio Recuenco (sofás de piel, vigas de metal), pero los ritmos de Botsein aquí fueron fascinantes. Pero justo antes del final, el director de escena Thaddeus Strassberger hizo que el tenor se lanzará sobre la soprano, y con su ayuda, la despojó de su vestido de amplias caderas. El público sonrió nerviosamente, y aun asi, el desvergonzado Meyerbeer se hubiera ruborizado.
ENGLISH VERSION
Foto: Alexandra Deshorties (Valentine), Michael Spyres (Raoul)
Crédito: Stephanie Berger
Although it preceded a symposium on "Wagner and His World," Meyerbeer's Les Huguenots (1836) represents almost everything Wagner detested (and that includes Meyerbeer's Judaism). This lurid historical romance, which ends in the 16th-century French Catholic massacre of Protestants, has seven stellar singing roles and a slew of memorable tunes. Berlioz admired the colorful orchestration. Enrico Caruso was famous for singing the Huguenot Raoul, and many celebrated sopranos have sung Marguerite de Valois, her coloratura page, or the romantic heroine, Valentine.
The Bard production offered some impressive singing, especially soprano Erin Morley's high-flying Marguerite, who floated in voice and body above the stage in a kind of Joseph Albers ("homage to the square") elevator. The Valentine, Alexandra Deshorties, sounded lovely on the rare occasions when she wasn't screaming — unnecessarily, given the excellent acoustics of Frank Gehry's intimate Sosnoff Theatre (just under 900 seats). I liked baritone Andrew Schroeder as Raoul's Catholic rival Nevers and stentorian bass Peter Volpe as Marcel, Raoul's faithful retainer and anti-Catholic spiritual adviser. By the last of the week's four performances, tenor Michael Spyres seemed to be struggling to keep his attractive voice from shredding.
Bard president Leon Botstein conducted, and in the penultimate fourth act, which prefigures the complex political and personal intrigues of Verdi's Don Carlo, he galvanized the orchestra. I didn't care much for Spanish fashion photographer Eugenio Recuenco's trendy scenic anachronisms (leather sofas, steel girders), but Botstein's pacing here was riveting. Then, just before the curtain, stage director Thaddeus Strassberger had the tenor jump the soprano and, with her help, rip off her wide-hipped gown. The audience was reduced to titters. Even the shameless Meyerbeer might have blushed.

Andreas Scholl - The Handel & Haydn Society, Boston


Foto: Andreas Scholl
Crédito: The Handel and Hayden Society
Lloyd Schwartz (The Phoenix)

La asociación musical The Handel and Haydn Society de Boston comenzó su temporada ¡195! con su nuevo director Harry Christophers, saludando al publico en el Symphony Hall, antes de cederle el evento al dinámico director francés Jean- Christophe Spinosi y al contratenor alemán Andreas Scholl. He admirado a Scholl desde que el tamaño y la belleza de su voz me abrumaron en el Frauenkirche en Dresde. Mi única desilusión había sido su previa presentación en el Symphony Hall, con la Orquesta Sinfónica de Boston. Esta sala es demasiado grande para un contratenor. Aunque fueron hermosos sus interpretaciones de Handel y Vivaldi con la H&H, su voz no proyecto, y en ocasiones fue cubierta por la relativamente pequeña orquesta barroca. Hubo cosas hermosas – como una deslumbrante aria con cuerdas, “Ah ch’infelice sempre” de la cantata de Vivaldi Cessate, omai cessate (aun mejor cuado fue bisada), y un reticente pero ferviente Stabat Mater de Vivaldi. Sin embargo, en el “Aure, deh, per pietà” de Handel, no borró de mi memoria a Jeffrey Gall en el Giulio Cesare de Peter Sellars/ Craig Smith. El Cesar de Gall se salvó de ahogarse y con compleja urgencia agradeció a la reconfortante brisa (“Aure!”) aun preocupándose por el bienestar de Cleopatra. La expresión perturbada de Scholl no tuvo aquella reacción humana.

ENGLISH VERSION

The Handel and Haydn Society began its 195th (!) season with its new director, Harry Christophers, greeting the Symphony Hall audience before turning the evening over to dynamic French conductor Jean-Christophe Spinosi and German countertenor Andreas Scholl. I’ve admired Scholl since the size and beauty of his voice overwhelmed me at the Frauenkirche in Dresden. My one disappointment had been his previous Symphony Hall appearance, with the BSO. Symphony Hall is too big for a countertenor. Beautiful as his Handel and Vivaldi was with H&H, his voice didn’t project, and it was occasionally covered by the relatively small Baroque orchestra. There were beauties — a ravishing aria with strummed pizzicatos, “Ah, ch’infelice sempre” from Vivaldi’s cantata Cessate, omai cessate (even better when it was encored), and a reticent but fervent Vivaldi Stabat Mater. But in Handel’s “Aure, deh, per pietà,” he didn’t erase my memory of Jeffrey Gall in the Peter Sellars/Craig Smith Giulio Cesare, Gall’s Caesar just saved from drowning and with complex urgency thanking the comforting breeze (“Aure!”) yet still worrying about the safety of Cleopatra. Scholl’s uninflected undersinging had no such emotional underpinning.

Tuesday, October 13, 2009

Entrevista con la soprano Laura Aikin

Foto: Laura Aikin (Anne Trulove- The Rake's Progress
Credito: Terrence McCarthy - San Francisco Opera

Massimo Viazzo
Originaria de Buffalo, Estados Unidos, Laura Aikin esta considerada una de las mejores entre la nueva generación de jóvenes y dinámicas sopranos. Poseedora de un rango de más de tres octavos y una cautivante presencia escénica, su repertorio abarca obras del barroco al repertorio contemporáneo, en concierto y en escenarios de opera en Europa y America, donde ha interpretado papeles como: la reina de la noche (La Flauta Mágica), Zerbinetta (Ariadne auf Naxos), Sophie (Der Rosenkavalier), Adele (Die Fledermaus) y Lulu de Berg (su especialidad) entre muchos otros.

Era el mes de junio del 2006 y en el Teatro alla Scalla de Milano se reponía la producción “ronconiana” de «Ariadne auf Naxos». En el podio Jeffrey Tate y como Zerbinetta una exuberante Laura Aikin. Esta fue la última ocasión que escuchamos a la soprano estadounidense en la sala del Piermarini. La idea de hacerle esta breve entrevista nació de su anunciado regreso a Milán, la próxima temporada, con el papel del cual como intérprete es una referencia: «Lulu» de Alban Berg.

Lulu para mi es como una segunda piel. Amo muchísimo este papel, y lo siento como hecho a la medida, y no debo hacer ningún esfuerzo para meterme en las ansias, los estados de animo, la ternura, la crueldad….

Pero para el público, como el italiano «Lulu» es una opera tosca..…
Aconsejo a todos aquellos que decidan acercarse a esta obra maestra berghiana que escuchen la melodía. Si, ¡la melodía! Lo digo con pasión, porque estoy extremadamente convencida que la autenticidad, la claridad, el estupor que emana de la líneas melódicas que provienen de esta opera son ¡absolutamente fantásticas!
Espero que leyendo esto algunos melómanos ligados solo al repertorio más tradicional se ablanden. De hecho «Lulu» tiene una misteriosa fascinación que cuando conquista, seduce para siempre.
¡Es justamente verídico! Es increíble como Alban Berg logró escribir pasajes tan conmovedores, cantables……

…usando la técnica dodecafónica. ¿Es esto lo que pretendía?
Me ha quitado las palabras de la boca…pero yo cada vez que afronto este papel me siento verdaderamente realizada.

En la Scala se presentara el magnifico espectáculo firmado por Peter Stein, el mismo que se montó en la Opera de Lyon, Francia hace algunos meses.
Es una producción que permite seguir el espectáculo con un verdadero y autentico thriller. No hay lecturas escondidas o intelectuales. Todo es muy simple y la historia es fascinante.

En la Scala hace mucho tiempo que este titulo no se presenta…..

Creo que la tenía en su agenda el Maestro Sinopoli, y había también un proyecto ligado a Richard Strauss que fue interrumpida repentina y desafortunadamente. El «Rosenkavalier», en el que yo interpretaría el papel de Sophie, y que debía ser dirigido por el. (Laura Aikin saquea un cajón hasta que encuentra una foto en la que esta retratada con Giuseppe Sinopoli, y muy emocionada prosigue). Esta es una foto que cuido muchísimo. Sinopoli era un maestro genial para este tipo de repertorio y la sintonía que se creaba entre nosotros era muy especial. Para mí su trágico fallecimiento fue muy difícil de asimilar.

Justamente con Sinopoli usted hizo su debut en el 2000 con su primera Zerbinetta aquí en Milán.
Tengo bellísimos recuerdas de cómo fue acogida mi prestación. No me lo esperaba. Yo, casi desconocida, y había debutado en la Scala solo algunos meses como Marzelline en «Fidelio» dirigido por Riccardo Muti.

Riccardo Muti un director que aquí en Milán tiene fans y detractores…
Con el he cantado en las «Carmelites» y de nuevo en una reposición de «Fidelio» en el Teatro Arcimboldi. Riccardo Muti es muy serio para trabajar y ama reunirse de personas serias.

Dicen que con el no se ríe nunca, ni en los ensayos. ¿Es cierto esto?
Se ríe usted (y aquí Laura Aikin suelta una gran carcajada de corazón)

Hablemos ahora de su voz. Como se define: una soprano de coloratura, una lírica ligera….
Dire que una soprano coloratura dramatica. En estos últimos tiempos con mi maestra Brigitte Einsenfeld, una optima cantante proveniente de la ex Alemania Oriental, estoy haciendo ejercicios de respiración para expandiré la emisión. Un defecto que noto frecuentemente en los nuevos cantantes es que tienen el fiato demasiado alto. En un primer momento esto parecería ayudar la coloratura pero no es así. Es necesario arriesgar ¿no?
¿Quiere decir que también su vocalidad esta cambiando?
Es cierto! Cuando me ofrezcan por le enésima vez Fiakermilli la aceptare de seguro.

…Arabella?
Arabella, pero tambien Fiordilii y Donna Anna. Me siento lista. Sabe que un importante teatro europeo me ha ofrecido cantar Salome. Por ahora he dicho que no. En un futuro, quizás...

Ahora la usual pregunta sobre el Regietheater!
Y yo le doy una respuesta simplísima: a mi me interesa muchísimo…

No tengo duda, pensando en el ultimo «Entführung aus dem Serail» de Salzburgo que viéndola cantar Konstanze o Blondchen en el lugar de colegas no muy entusiastas con el montaje….
Era un espectáculo quizás un poco complicado, pero de incuestionables momentos interesantes. Me compre la entrada, y lo vi, aplaudí y pensé « Esto esta hecho para mi». Le cuento también una anécdota muy linda. Mientras aplaudíamos al final de la recital – el publico estaba dividida en dos facciones muy escandalosas- un senior se volteo hacia mi y me dijo severamente «Pero porque aplaude! Usted no entiende nada de música!!!».y yo, tímida respondi «Yo, verdaderamente, soy cantante…»

En Italia cierto tipo de espectáculos no pasarían….
¡Pero no creo que sea un problema! En Berlín, donde cada año se pueden ver todas las operas del repertorio (y aun mas….), la norma es buscar nuevas vías de dirección artística y el publico seguramente esta acostumbrado a la experimentación; entonces vienen bien espectáculos de Regietheater. Si en Italia las cosas son diferentes es inútil insistir. Cada público tiene sus propias exigencias, sus propias actitudes y sus propias expectativas…

Su repertorio de elección ha tocado autores, como Mozart y Richard Strauss en particular, que fueron también caballos de batalla de Reri Grist, su maestra en Munich, en los inicios de sus estudios europeos. (Laura Aikin nació en una pequeña población a las afueras de Buffalo, Nueva York en Estados Unidos y vive con su familia en los alrededores de Milán)
Quizás es solo una coincidencia, no lo se. Es cierto que la señora Grist me ha enseñado muchísimo en términos de realización teatral de la palabra cantada. El secreto esta todo ¡ahí!. Encontrar en el canto la justa sinergia con el movimiento, haciendo casi derivar uno del otro. Es difícil, pero si un día me convierto en maestra de canto- ahora no es posible porque tengo a Virginia y Marcello creciendo y una carrera por llevar hacia delante- no me cansare de insistir en estos aspectos.

Ahora tres curiosidades. ¿Su debut?
En Bregenz canté el papel de Micaëla.

Un sueño que esta por hacerse realidad
Cleopatra en el Giulio Cesare de Haendel.

Y un sueño aun en el cajón…
¡Violetta!

Mientras tanto la esperamos en la Scala para su «Lulu», ¡señora Aikin. Gracias!

Consultar: http://www.lauraaikin.com/

Intervista a Laura Aikin

Foto: Laura Aikin (Anne Trulove - The Rake's Progress)
Credito: Terrence McCarthy - San Francisco Opera


Massimo Viazzo

Era il giugno del 2006. Al Teatro alla Scala andava in scena la ripresa della ronconiana «Ariadne auf Naxos». Sul podio Jeffrey Tate e come Zerbinetta un’esuberante Laura Aikin. Fu questa l’ultima volta che ascoltammo il soprano americano nella sala del Piermarini. L’idea di farle una breve intervista è nata dall’annunciato ritorno a Milano, la stagione prossima, con quel titolo di cui è interprete di riferimento: «Lulu» di Alban Berg.

Lulu per me è come una seconda pelle. Io amo tantissimo questo ruolo, me lo sento cucito su misura, non devo fare nessuno sforzo per introiettarne le ansie, gli umori, le tenerezze, le crudeltà…

Ma per il pubblico italiano «Lulu» resta un’opera ancora ostica.
Consiglio a tutti quelli che desiderano avvicinarsi al capolavoro berghiano di ascoltarne la melodia. Sì, la melodia! Lo dico con passione, ma sono anche estremamente convinta che la genuinità, la limpidezza, lo stupore che promanano dalle linee melodiche di quest’opera sono assolutamente fantastici!
Spero che leggendo questa sua «professione di fede» qualche melomane legato solo al repertorio più tradizionale si ammorbidisca. In effetti, «Lulu» ha un fascino arcano che quando conquista ti irretisce per sempre.
E’ proprio vero! E’ incredibile come Alban Berg riesca a scrivere dei passaggi così commoventi, cantabili…
… usando la tecnica dodecafonica. E’ questo che intendeva?
Lei mi toglie le parole di bocca… Ma io tutte le volte che affronto questo ruolo mi sento davvero realizzata.
Alla Scala approderà il magnifico spettacolo firmato da Peter Stein che è già andato in scena all’Opera di Lione qualche mese fa…
… è un allestimento che permette di seguire la vicenda come in un vero e proprio thriller. Non ci sono letture nascoste o cervellotiche. Tutto è molto semplice… e la storia è avvincente.
E alla Scala questo titolo manca da troppo tempo…
Credo che l’avesse in agenda il M° Sinopoli… E c’era anche un progetto legato a Richard Strauss che fu interrotto praticamente subito, purtroppo. Il «Rosenkavalier», in cui interpretavo la parte di Sophie, doveva essere diretto da lui… (Laura Aikin rovista in un cassetto fino a che non trova una foto, un foto che la ritrae con Giuseppe Sinopoli, e molto emozionata prosegue…) Questa è una foto a cui tengo moltissimo. Sinopoli era un maestro geniale per questo tipo di repertorio e la sintonia che si era creata tra di noi era tutta speciale. Per me la sua tragica scomparsa è stata molto difficile da metabolizzare.
Proprio con Sinopoli lei fece nel 2000 la sua prima Zerbinetta qui a Milano.
Ho dei bellissimi ricordi di come fu accolta la mia prestazione. Non me l’aspettavo. Io, quasi sconosciuta… e avevo debuttato alla Scala solo qualche mese prima come Marzelline nel «Fidelio» diretto da Riccardo Muti.

Riccardo Muti, un direttore che qui a Milano ha fans e detrattori.
Con lui ho cantato nelle «Carmelites» e ancora in una ripresa di «Fidelio» agli Arcimboldi. Riccardo Muti lavora molto seriamente e ama essere circondato da persone serie.

Dicono che con lui non si rida mai, neanche alle prove. E’ vero?
Se ride lui… (e qui Laura Aikin fa una grande risata di cuore)
Parliamo ora della sua voce. Lei come si definisce: un soprano di coloratura, un lirico leggero…
… direi un soprano coloratura drammatico. In questi ultimi tempi con la mia insegnate Brigitte Einsenfeld, un’ottima cantante proveniente dalla ex-DDR, sto facendo esercizi sul fiato per ispessire l’emissione. Un difetto che noto spesso nelle nuove leve è quello di aver il fiato troppo alto. In un primo momento questo sembrerebbe aiutare la coloratura… Ma non è così. Bisogna rischiare, no?
Vuole dire che anche la sua vocalità sta cambiando?
Certo! Quando mi offriranno per l’ennesima volta Fiakermilli io rilancerò di sicuro…
… Arabella?
Arabella, ma anche Fiordiligi o Donna Anna. Mi sento pronta. Sa che un importante teatro europeo mi ha offerto di cantare Salome? Per ora ho detto di no. In futuro, chissà…
Ed ora la solita domanda sul Regietheater!
E io le do una risposta semplicissima: a me interessa moltissimo…
Non avevo dubbi, pensando all’ultimo «Entführung aus dem Serail» di Salisburgo che la vide cantare sia Konstanze che Blondchen al posto di colleghe non proprio entusiaste dell’allestimento…
Era uno spettacolo forse un po’ complicato, ma con indubbi momenti interessanti. Mi sono comprata il biglietto, me lo sono visto, ho applaudito e ho pensato «Questo fa per me!». Le racconto anche un aneddoto molto carino. Mentre applaudivo alla fine della recita – il pubblico era diviso in due fazioni molto rumorose – un signore si rivolge verso di me e mi dice aspramente: «Ma cosa applaude! Lei non capisce niente di musica!!!». E io, timida: «Io, veramente, sono una cantante…».
In Italia certi spettacoli non passerebbero…
Ma non credo sia un problema! A Berlino, dove ogni anno si possono vedere tutte le opere del repertorio (e anche di più…), è la norma cercare nuove vie registiche ed il pubblico è sicuramente abituato alla sperimentazione; allora ben vengano spettacoli di Regietheater. Se in Italia le cose sono differenti è inutile insistere. Ogni pubblico ha le proprie esigenze, le proprie attitudini e le proprie aspettative…

Il suo repertorio di elezione ha toccato autori, Mozart e Richard Strauss in particolare, che furono anche i cavalli di battaglia di Reri Grist, sua insegnante a Monaco di Baviera, agli inizi dei suoi studi europei (Laura Aikin è nata in un paesino di campagna nei pressi di Buffalo negli States e vive con la sua famiglia nei dintorni di Milano).
Forse è solo una combinazione… Non so… Certo che la signora Grist mi ha insegnato moltissimo in termini di realizzazione teatrale della parola cantata. Il segreto è tutto lì! Trovare nel canto le giuste sinergia con il movimento, facendo quasi derivare uno dall’altro. E’ difficile, ma se un giorno farò l’insegnante di canto – ora non è pensabile perché ci sono Virginia e Marcello da crescere e una carriera da portare avanti – non mi stancherò di insistere su questi aspetti.
Ancora tre curiosità. Il debutto?
A Bregenz cantai la parte di Micaëla.
Un sogno che sta per avverarsi?
Cleopatra nel Giulio Cesare di Haendel.
E un sogno ancora nel cassetto?
Violetta!
Intanto la aspettiamo alla Scala per la sua «Lulu», signora Aikin. Grazie!

http://www.lauraaikin.com/

Monday, October 12, 2009

Agrippina - Teatro La Fenice, Venezia

Foto: Veronica Cangemi, Ann Hallenberg. Regie, scene, costumi e luci Facoltà di Design IUAV Venezia
Credito: Michele Crosera


Massimo Viazzo

Agrippina rappresenta senz’altro la summa musicale italiana del giovane Händel. La première del 1709 al Teatro Grimani di San Giovanni Crisostomo (oggi Teatro Malibran) si rivelò un clamoroso successo con le sue quasi trenta repliche consecutive, e nonostante sia costituita per più di 4/5 da autoimprestiti e citazioni di lavori di altri musicisti, l’opera mantiene una compattezza stilistica che ha del miracoloso.
L’allestimento, programmato in coda a questa stagione in occasione del 300° anniversario della prima rappresentazione veneziana, è stato curato dagli studenti del corso di laurea specialistica in «Scienze e tecniche del teatro» dell’Università IUAV di Venezia diretto da Walter Le Moli con il coordinamento generale di Paola Donati. E, dico subito, l’operazione è riuscita in pieno! Sul palcoscenico del Malibran si è potuto assistere ad uno spettacolo semplice, ma efficacissimo: muri non paralleli che delimitavano geometricamente lo spazio, sipari dorati che salivano e scendevano per isolare i protagonisti in proscenio al momento delle loro effusioni liriche, qualche elemento scenico su un palco sostanzialmente vuoto - un letto (luogo principe dell’intrigo), un trono, delle colonne… - ma soprattutto vorrei segnalare le luci sapientemente manovrate da Claudio Coloretti (uno dei tutor che hanno seguito il lavoro dei ragazzi) che è riuscito a contraddistinguere l’idiomaticità dei diversi ambienti con grande sensibilità artistica e maestria tecnica. L’allestimento, inoltre, ha saputo cogliere con leggerezza quell’ironia che pervade il libretto del cardinal Grimani e che rende così attuali le vicende dei protagonisti. Sono alcuni anni che l’Università IUAV collabora con la stagione d’opera del Teatro La Fenice di Venezia (la Didone di Francesco Cavalli è addirittura approdata un anno fa al Teatro alla Scala) e credo si possa dire, senza tema di smentita, che questo modo così vitale e dinamico di coinvolgere laureandi e giovani laureati sia un esempio da imitare.
Fabio Biondi ha compiuto un ottimo lavoro di concertazione avendo a disposizione, questa volta, non il suo ensemble storico, la duttilissima Europa Galante (solo tre elementi rinforzavano il continuo), ma l’Orchestra del Teatro La Fenice, complesso poco abituato alle pratiche barocche. Un’attenzione costante alle dinamiche, la fantasia inesauribile alla ricerca di un fraseggio mai ingessato e soprattutto una cantabilità tutta italiana (Biondi stesso, dal podio, ha imbracciato più volte il suo violino) sono parse le cifre caratterizzanti di questa esecuzione, ritmicamente eccitata e tesissima nella resa teatrale. La presenza degli strumenti moderni ha, poi, prodotto una timbrica più corposa e rotonda, che peraltro non ha compromesso gli equilibri con il palcoscenico.
Il cast vocale è stato dominato dalla splendida Agrippina di Ann Hallenberg. Il soprano svedese, con voce sontuosa, ma anche ricca di pathos, ha delineato un personaggio altamente carismatico la cui determinazione scenica andava perfettamente a braccetto con la straordinaria sicurezza vocale. Il punto più alto della sua prestazione lo si è raggiunto nella grande aria del secondo atto «Pensieri, voi mi tormentate» trasformata dalla Hallenberg in una vera e propria scena di follia. Veronica Cangemi, prudente nel registro acuto (la sua «Se giunge un dispetto» che chiude il primo atto è parsa comunque scoppiettante al punto giusto), ha fatto di Poppea un personaggio credibile mettendo in evidenza, con una timbrica limpida e suadente, quella frivolezza e inconsistenza che le sono proprie. Debordante scenicamente Lorenzo Regazzo. Il suo Claudio, fanfarone e comicamente truce, è stato risolto con una vocalità giustamente ruvida e sempre molto comunicativa. «Io di Roma il Giove sono» cantato pavoneggiandosi con nonchalance era davvero irresistibile. Molto bravo nel canto intimo e patetico Xavier Sabata, un Ottone commovente e toccante (applauditissimo in «Voi che udite il mio lamento»), mentre più spericolato, seppur un po’ aspro, è parso il Nerone di Florin Cezar Ouatu. Sicuro il Pallante di Ugo Guagliardo, un po’ troppo leggeri, invece, Narciso e Giunone interpretati entrambi da Michela Storti. Menzione speciale, infine, per Roberto Abbondanza la cui dizione nitida e scolpita ha saputo rendere giustizia al piccolo ruolo di Lesbo. Alla fine applausi convinti di un pubblico molto soddisfatto.
Versión en Español

Agrippina representa la summa musical italiana del joven Händel. La première de 1709 en el Teatro Grimani di San Giovanni Crisostomo (hoy Teatro Malibran) se reveló como un clamoroso suceso con sus casi treinta reproducciones consecutivas, y a pesar de que fue formada mas de 4/5 con partes prestadas o citas de obras de otros músicos, la opera mantiene una conjunción estilística milagrosa.
La producción programada en coda esta temporada para conmemorar el 300º aniversario de la primera representación veneciana, fue creada por los estudiantes del curso de licenciatura especializada en «Ciencias y Técnicas del Teatro» de la universidad Università IUAV di Venezia dirigido por Walter Le Moli con la coordinación general de Paola Donati, y me apresuro a decir que la operación fue ¡un éxito pleno! Sobre el escenario del Teatro Malibran de Venecia se pudo ver un espectáculo simple, pero muy eficaz: de muros no paralelos que delimitaban geométricamente el espacio, cortinas doradas que subían y bajaban para aislar a los protagonistas en el proscenio al momento de sus efusiones líricas, y algunos elementos escénicos sobre un escenario sustancialmente vacío –una cama (lugar principal de la intriga), un trono, algunas columnas….- pero sobretodo quisiera señalar la iluminación sabiamente maniobrada por Claudio Coloretti (uno de los tutores que han seguido el trabajo de los jóvenes) que logró distinguir lo idiomático de los diversos ambientes con gran sensibilidad artística y maestría técnica. La puesta escénica, además, pudo captar con ligereza la ironía que domina al libreto del cardenal Grimani dándole actualidad a las vivencias de los protagonistas. Son ya algunos años que la Università IUAV colabora con la temporada de opera del Teatro La Fenice de Venecia (como la Didone de Francesco Cavalli que fue además representada hace un año en el Teatro alla Scala de Milán) y se puede decir, sin negarlo, que esta manera casi vital y dinámica de involucrar estudiantes del ultimo año y ya licenciados es un ejemplo para imitar.
Fabio Biondi completó un trabajo de concertación teniendo a su disposición esta vez, no a su ensemble histórico, la muy dúctil Europa Galante (solo tres elementos reforzaron el continuo), si no a la Orquesta del Teatro La Fenice, agrupación poco habituada a las practicas barrocas. Una atención constante a las dinámicas, la ilimitada fantasía en la búsqueda de un fraseo nunca enyesado y sobretodo un canto o “cantabilità” completamente italiano (Biondi mismo, desde el podio, tocó varias veces con su violín) parecieron ser las cifras características de esta ejecución, rítmicamente estimulada y mantenida en la interpretación teatral.
La presencia de los instrumentos modernos produjo un timbre más corpóreo y redondo que sin embargo no comprometió el equilibrio con el escenario. El cast vocal fue dominado por la esplendida Agrippina de Ann Hallenberg. La soprano sueca, con voz suntuosa, y también rica de pathos delineó un personaje altamente carismático cuya determinación escénica marchó perfectamente del brazo de la extraordinaria seguridad vocal. El punto mas alta de su prestación lo alcanzó en la gran aria del segundo acto «Pensieri, voi mi tormentate» transformada por Hallenger en una verdadera y apropiada escena de locura. Verónica Cangemi, estuvo prudente en el registro agudo (su «Se giunge un dispetto» que cerró el primer acto, pareció crujir al punto justo) e hizo de Poppea un personaje creíble, poniendo en evidencia con una timbrica cristalina y convincente, la frivolidad e inconsistencia que le pertenecen. Desbordante escénicamente estuvo Lorenzo Regazzo. Su Claudio, fanfarrón y cómicamente cruel fue resuelto con una vocalidad justamente áspera y siempre muy comunicativa «Io di Roma il Giove sono» cantada pavoneándose con nonchalance fue verdaderamente irresistible. Muy bueno en su canto intimo y patético Xavier Sabata, un Ottone conmovedor y enternecedor (muy aplaudido en «Voi che udite il mio lamento»), mientras que mas arrebatado, casi amargo, pareció el Nerone de Florin Cezar Ouatu. Seguro el Pallante de Ugo Guagliardo, y a la vez demasiado ligeros Narciso y Giunone, ambos interpretados por Michela Storti. Mención especial al final para Roberto Abbondanza que con nítida y esculpida dicción supo hacerle justicia al pequeño papel de Lesbo. Al final, convincentes aplausos de un publico muy satisfecho.

Siegfried - Los Angeles Opera

Foto: John Treleaven (Siegfried)
Credito: Monika Ritterhaus


Ramón Jacques

Del extenso catalogo de personajes creados por Wagner para sus operas, el del joven heroico Siegfried debe ser uno de los que mayor exigencia vocal y resistencia física requieren de su interprete como quedo demostrado en la primera representación que se hace de esta obra maestra sobre el escenario de la compañía de Los Ángeles. Siegfried es la tercera entrega de la representación de la tetralogía wagneriana que comenzó aquí la temporada pasada con Das Rheingold y Die Walkure, y que en esta temporada incluye los dos capitulos restantes, pero concluir con la realización de tres Anillos completos en mayo y junio del 2010, cumpliéndose el objetivo de Placido Domingo, director del teatro, con la ayuda de Kent Nagano, primero, y de James Conlon, de convertir este teatro en un centro wagneriano en Norteamérica. Lo primero a resaltar es la concepción escénica y visual vanguardista firmada por el regista, pintor y diseñador alemán Achim Freyer, que situó la trama en un tiempo y un lugar indeterminado y abstracto, con bizarros vestuarios, personajes extraños de enormes cabezas, de animales, un ensamble de mimos y actores que se movían lentamente, así como pocos elementos en escena y un exagerado uso de simbolismos, ayudándose de una repetitiva transmisión de imágenes de video al fondo y al frente del escenario (sobre una fina cortina negra) de elementos como: agua, fuego, astros y estrellas. El foso de la orquesta se cubrió con un tejido negro, y con poca, pero brillante iluminación la obra se realizó en un ambiente casi oscuro y funesto. Es evidente que en su forma de reinterpretar la obra Freyer captó los elementos mágicos de la mitológica historia. Sobre el escenario las geométricas líneas y espadas, creadas con radiantes luces de neon de diferentes colores, crearon un efecto sugestivo y visualmente atractivo. En escena, los movimientos de los artistas fueron lentos por momentos, y con mucho movimiento en otros, por ello la referencia de la exigencia física al personaje principal, quien tuvo un accidente en un pie. Se utilizó mucho la ironía, y por momentos la comicidad, y el toque absurdo y surrealista de la producción tuvo el fin de provocar reacciones en el publico, de rabia, provocación, asombro e incomodidad. El papel principal fue interpretado de manera óptima por el tenor ingles John Treleaven, de timbre brillante metálico, no completamente bello, pero gestionó con experiencia e inteligencia sus recursos en la seguridad y la emisión, y la ligera fatiga vocal en el dueto final no estropeó su desempeño total. La prestación más completa y convincente en lo vocal y lo escénico provino del bajo ruso Vitalij Kowaljow, elocuente e imponente como Wanderer. El tenor Graham Clark recreó un histérico y perturbado Mime, vocalmente sólido y Oleg Bryjak fue un inapreciable y robusto Alberich. Stacey Tappan, dejo muestra de gran sensibilidad y estilo en su muy lírico pajarillo del bosque. La soprano Linda Watson, creo una vocalmente portentosa Brunhilda, con seguridad, precisión en todo el registro, correcta entonación y acento dramático, aunque su personaje fue estático y de nula movilidad de acuerdo a Freyer. La mezzosoprano Jill Grove fue estridente en su breve aparición como Erda, y Eric Halverson, externo una voz amplia y poderosa, pero pastosa y oscura como Fafner. Ampliamente satisfactoria y gustosa fue la lectura musical de James Conlon, que vive y disfruta con pasión a Wagner. Su batuta segura y experimentada en este repertorio fue armoniosa, enérgica o sensible y cadenciosa cuando le fue requerido, creando una simbiosis entre voces e instrumentos.

VERSIONE IN ITALIANO

Dell’ampio catalogo di personaggi creato da Wagner per le sue opere, il giovane eroe protagonista della seconda giornata della Tetralogia è uno di quelli più esigenti da punto di vista della resistenza vocale e fisica. E lo si è potuto verificare anche qui a Los Angeles alla prima rappresentazione. Rheingold e Walküre sono andati in scena la scorsa stagione, mentre nella corrente l’Anello andrà a concludersi con Götterdämmerung per essere poi eseguito integralmente tre volte nei mesi di maggio e giugno 2010, a soddisfazione di Placido Domingo che, con Nagano prima e ora con James Conlon, vuole trasformare il teatro californiano nel principale centro wagneriano del Nord America. Buon risalto ha avuto la concezione scenica avanguardistica del regista, pittore e costumista tedesco Achim Freyer che ha ambientato la vicenda in un tempo astratto e indeterminato, con costumi bizzarri, personaggi strani con teste giganti di animali, mimi che si muovevano lentamente, pochi elementi scenici ed un uso esagerato del simbolismo, aiutandosi con proiezioni a dire il vero un po’ ripetitive di immagini video -acqua, fuoco, stelle... - sul fondale e sulla fronte della scena (su sipario nero). Anche la buca orchestrale è stata coperta da un telo nero e con una illuminazione limitata ma tagliente l’opera si è realizzata in un ambiente oscuro e funesto. Freyer nella sua concezione registica ha tentato di catturare gli elementi magici della mitologia nordica. Linee geometriche e spade elaborate con luci al neon di differente colore hanno creato forte suggestione, mentre i movimenti dei protagonisti ora lentissimi, ora molto rapidi sono stati rivissuti con ironia e anche comicità da un pubblico provocato da questa visione un po’ surrealista, ai limiti del teatro dell’assurdo. Il ruolo del protagonista è stato ottimamente interpretato da John Treleaven. Di timbro non propriamente bello, un po’ metallico, il tenore inglese ha saputo gestire con intelligenza ed esperienza le proprie risorse vocali e un piccolo incidente ad inizio di terzo atto unito ad una leggera fatica nel duetto finale non hanno inficiato una prestazione nel complesso positiva. Il migliore in campo sia dal punto di vista vocale che scenico è stato il basso russo Vitalij Kowaljov, un Wanderer eloquente ed imponente. Il tenore Graham Clark ha dato vita ad un Mime isterico e disturbante, vocalmente solido Oleg Bryjak un apprezzabile e robusto Alberich mentre Stacey Tappan si è destreggiata con stile e sensibilità nel liricissimo ruolo dell’uccellino del bosco. Ed eccoci a Linda Watson, una portentosa Brunilde, sicura, precisa in tutta la gamma, corretta nell’emissione e nell’accento. Jill Grove è stata un Erda un po’ stridente e Eric Halfvarson un Fafner dalla voce ampia e cavernosa. Ampiamente soddisfacente anche la direzione, armoniosa sensibile ma anche energica, di James Conlon, che, si intuisce, ama particolarmente questo repertorio ed è riuscito a creare una vera simbiosi tra buca e palcoscenico.

Anything Goes - Lyic Opera San Diego, California

Foto: Jordan Miller, Laura Bueno
Crédito: Craig Deutsh

Ramón Jacques

La compañía Lyric Opera San Diego en California, repuso en su escenario Anything Goes del compositor Cole Albert Porter (1891-1964) una de las obras estadounidenses del genero musical mas representativas y populares, que junto a Porgy and Bess también estrenada en los años treinta del siglo pasado, aun continua siendo representada con frecuencia en teatros de Estados Unidos y Gran Bretaña. Además, la obra adquirió mayor notoriedad al ser adaptada para los escenarios de Broadway y para dos películas cinematográficas. A Porter se le consideró un perspicaz compositor por sus complejas composiciones de sofisticados ritmos, de notable influencia del jazz, así como por la letra de sus canciones que lo convirtieron en el mayor contribuidor al “Great American Soongbook” ya que con el paso del tiempo partes de esta obra se han convertido en reconocidas canciones populares como “Anything Goes”, “You’re the Top” y “I Get a Kick Out of You”. La cómica y divertida historia trascurre durante la época de la gran depresión mundial de los años treintas, en un viaje de Nueva York a Londres abordo del barco “S.S. American”, en la cual les ocurren enredos y vicisitudes a los personajes entre los que se encuentran: un millonario de Wall Street y su ex empleado, un par buscados malhechores, dos parejas de amantes, etc. La función que nos ocupa, contó con escenografías visualmente atractivas, sobre la cubierta de un barco y en dos niveles, lo que permitió el desplazamiento de los solistas, coro y artistas, con vestuarios representativos de la época y radiante iluminación. Para hacer más dinámica la función, se agregaron dos largas coreográficas y amenos diálogos entre los personajes entre las escenas musicales. Chris Thompson realizó una armoniosa lectura de la obra con una orquesta que fue reforzada por los instrumentos típicos de una banda de jazz. Del extenso elenco de cantantes se puede nombrar a Debra Wanger en el papel principal de Reno Sweeney, por sus conmovedoras y rítmicas interpretaciones; a Jordan Miller como Billy Crocker, por su timbrada y lírica voz; y a Laura Bueno soprano de radiante presencia y voz de timbre cristalino, así como el jocoso J. Sherwood Montgomery en el personaje de Moonface Martin el “enemigo publico 13”

Friday, October 9, 2009

Entrevista con la soprano Sylvie Valayre

Foto: Sylvie Valayre (soprano- Tosca)
Crédito: Ken Howard / San Diego Opera


Ramón Jacques

Sylvie Valayre se ha caracterizado por ser una versátil soprano capaz de interpretar una amplia gama de personajes liricos, spinto, así como papeles de soprano coloratura dramática. Discípula de cantante como Christiane Eda-Pierre y Régine Crespin. Su larga y prolífica carrera la ha llevado a presentarse en importantes teatros de opera del mundo como: el Covent Garden de Londres, La Fenice de Venecia, Teatro alla Scala de Milán, Metropolitan de Nueva York, Opera de Paris, Deutsche Opera de Berlín, Lyric Opera de Chicago, Opera de San Francisco, Teatro Real de Madrid, Opera de Zurich, Teatro San Carlo de Napoles, Arena de Verona, Opera Estatal de Viena, Teatro Regio de Parma, Teatro Regio de Turín entre muchos otros, sobresaliendo en la interpretación de una extensa lista de papeles de operas de: Verdi, Puccini, Strauss, Giordano etc. Además de ser una gran cantante e interprete, Sylvie es una estupenda persona: amable, sencilla, simpática y afectuosa; y en esta entrevista nos habla mas sobre su carrera, la forma como concibe sus personajes y su pasión como interprete. Es además un pequeño homenaje a ella y una calurosa felicitación hoy 10 de octubre que es su cumpleaños. Bon anniversaire et À ta santé Sylvie!

¿Qué fue lo que te atrajo al mundo de la opera?
¡Desde niña siempre ame el teatro y el cine! Me fascinaba la posibilidad de cambiar de personajes, de la manera como hacen los niños cuando juegan, pretendiendo ser alguien más, como: un príncipe, una princesa, Zorro, Ivanhoe (aunque normalmente no les guste ser el villano). Yo quería, como todo niño, ser alguien más, y la mejor manera para mí de hacerlo era por medio del teatro, y así comencé a estudiar obras, a ver películas en televisión, asistir al cine y al teatro, primero con mi familia y después yo sola. Cuando decidí convertirme en actriz de teatro tuve el problema que mi maestra pensó que era demasiado robusta y que podría ser una actriz para papeles simpáticos. Claro que para la adolescente romántica que era yo, no lo soporte, y me retire cerrando la puerta pero con la certeza de que algún día dejaría de ser robusta y me convertiría en una actriz de papeles trágicos (ya que Shakespeare era mi dramaturgo favorito). Mas tarde descubrí la opera, por medio del cine y me dejó una gran impresión. Ya estudiaba música, y pensé que seria lo mejor juntar el teatro y la música. Fácil ¿no? Esto, sin saben o entender lo que me esperaba.

¿Cómo y donde ocurrió tu debut profesional?
Fue como un cantante de opera principiante cantando el papel del pastorcillo Jano (que canta no mas de tres minutos en checo) en Jenufa, y fue en la Opera de Marsella, al lado de la adorable Marita Napier como Jenufa y la gloriosa y Leonie Rysanek como Kostelnicka. La próxima temporada volveré a Marsella en Attila y en el 2011 para Andrea Chenier.

En los inicios de carrera cantante en la opera La Novia del Zar de Rimsky Korsakov al lado del maestro Mstislav Rostropovich. Seguro fue una experiencia muy significativa para ti….
¡Fue increíble! Para mí porque me iniciaba como cantante, y no habían pasado diez meses de mi debut en Jenufa. El Mastro Rostropovich y la Sra.Vishnevskaya me eligieron en una audición en Radio France. Cante algunas Melodías para niños de Prokofiev como El patito feo, y me sabia Sherezade de Rimsky, pero no hablaba ruso ni conocía la historia ni los hábitos de la Rusia medieval, y menos hablar de la forma como la nobleza bailaba en esa época. En apenas unos meses tuve que aprenderme la parte, reuniéndome con mi maestro de canto, mi coach de ruso, un amigo pianista que me enseñaba la parte y me corregía mi ruso, y la Sra. Vishnevskaya, la gran soprano rusa quien me enseñó el estilo. Ella fue la directora de escena y según recuerdo, fue muy severa, pero con seguridad tenía razón porque había cantado tantas veces el papel de Marfa que no podía ni tolerar algo mediocre. ¡Presentarse al lado de Rostropovich fue grandioso! En su manera de tocar el chelo expresaba los sentimientos humanos, y para mi su forma de interpretar era acerca de sentimientos y emociones y no solo para hacer gala de su increíble virtuosismo. Era lo mismo cuando acompañaba cantantes de opera, los escuchaba, los dejaba respirar, respirando con ellos, y haciendo teatro. Nunca sentí que fuera una estrella cuando conducía opera, aunque si lo era, y el público no lo miraba durante la función sino al escenario y escuchaba la música que ofrecía de manera tan generosa.

Verdi ha jugado un papel importante en tu carrera, y se que no te agrada la idea de ubicar las voces por repertorios o categorías, pero ¿Qué opinas cuando se menciona que tal o cual cantante es un verdadero verdiano en su forma de cantar?
Creo que se debe probablemente a la tradición de escuchar lo que decide si una voz es de un tipo o de otro. Por ejemplo, la idea del cantante Mozart ha evolucionado mucho, y como también en el caso de Verdi, no existían los cantantes verdianos antes de el, o wagnerianos antes de Wagner. De hecho, la primera Abigaille se encontraba en su momento cantando Lucia di Lammermoor. Es posible comparar papeles que más o menos utilizan el mismo rango de voz o se cantan con la misma fuerza sobre la orquesta, pero nada más. Una vez que se tiene el rango y la fuerza necesaria se debe estudiar el estilo el carácter y también la forma como suena la orquesta, que puede ser ligera y transparente o gruesa y pesada. Aunque, también la acústica de un teatro puede cambiar la perspectiva de la voz, sea verdiana wagneriana etc. Creo que en los escritos de Verdi es donde debemos encontrar lo que significa ser un cantante verdiano. El explica muy bien lo que quiere, tanto en sus escritos como en sus partituras. Pero ¿Como hacemos cuando dos grandes cantantes que han cantado Verdi, y también Monteverdi, cantan Wagner?

¿Consideras que haber nacido el 10 de octubre, mismo día en el que nació Verdi, te marco como una destacada interprete de este repertorio?
¡Claro que no! (risas), creo es solo una simpática coincidencia que le hace mas fácil a amigos músicos recordar mi cumpleaños.

¿Qué personajes te dan mas satisfacción interpretar en escena?
Obviamente los que poseen muchas facetas y son complejos como: Salome, Lady Macbeth, La emperatriz Kaiserin de Die Frau ohne Schatten, que aunque la he cantado solo tres veces en mi vida me encanta.

Escénicamente te caracterizas por dar mucho énfasis no solo a la interpretación vocal, si no también al desarrollo actoral de tus personajes. ¿Cuánto tiempo le dedicas, o consideras que se le debe dedicar a la parte de actuación de un papel?
Es difícil responder esta pregunta ya que lo mas difícil es aceptar o no un nuevo papel, y una vez que se acepta se debe leer la partitura para decidir la técnica y la manera como se debe cantar. Después, se debe decidir como darle vida al personaje y elegir los diferentes colores de la voz que serán necesarios para pintar sus sentimientos. Es un método similar al de un actor o al de un bailarín. Ellos también utilizan colores como los cantantes es la voz, pero para ellos es el lenguaje corporal. Piensa en el ballet El Lago de los Cisnes en el que la coreografía del cisne negro Odile es diferente al de la del cisne blanco Odette, que se supone son idénticos y son bailados por la prima ballerina. Las emociones cambian, en la vida real, ¿Por qué no habrían de cambiar en escena en el tono y color de la voz y el lenguaje corporal?

¿Consideras importante tomar como referencia grabaciones de cantantes del pasado o del presente para enriquecer tu interpretación de un papel?
La respuesta es si, si, y nuevamente ¡si! Agregaría ademas que YouTube es una manera fantástica de escuchar cantantes que se han ido y también colegas con los que nunca se ha tenido la fortuna de compartir un escenario. Es verdaderamente muy interesante y se puede aprender mucho.

¿Como se convirtió Salome de Strauss en uno de los papeles mas representativos de tu repertorio?
Por casualidad, ya que nunca tuve la intención de dirigirme hacia ese tipo de repertorio. Conocía muy bien los Lieder de Strauss, algunas partes orquestales y Der Rosenkavalier, pero estaba mas contenta aprendiéndome papeles italianos. Un día después de un ensayo de Madame Butterfly en Graz Austria, el director artístico de ese teatro Michael Lakner, me preguntó si consideraría Salome para una posterior temporada y yo respondí que no. Se rió y me pidió que leyera la partitura y le respondiera en seis meses. Regresé a casa y mí entonces marido, el director francés Jean Yves Ossonce, me aconsejó aceptarlo. Espere seis meses hasta que llegue a admitir que tenía razón y lo acepte. Mientras más lo estudiaba mas me encantaba. Salome tan joven, voluntariosa, mimada, terca, amorosa, pero enferma y loca. Era un reto como una actriz y cantante, y que tuve que hacerla.

Lady Macbeth de Verdi ha sido otro de tus papeles importantes. Para una interpretacion tan completa como le das ¿Como lo concibes ?

Trato de serle lo mas fiel posible a mi amado William Shakespeare. Lady mi entender debió ser una guerrera,pero es finalmente una mujer en la política, aunque se esconde detrás de la figura de su marido. En aquellos tiempos (finales del siglo 11 en Escocia) ninguna mujer podía gobernar un estado, pero en los tiempos de Shakespeare si se podía. De hecho, Elizabeth es una las gobernantes mas interesantes de su tiempo,ya que oficialmente decidió ejecutar a su prima María Stuarda por traición y por querer gobernar Inglaterra. Así que Lady Macbeth y Macbeth asesinando al rey Duncan, al General Banquo y a la familia de Macduff debieron ser las políticas habituales en ese momento. Lady Macbeth es ambiciosa y sabe desde el principio que haría cualquier cosa para alcanzar el trono y materializar la profecía de las tres brujas. Ella misma sabe que el verdadero problema es Macbeth, quien también es ambicioso, un buen general que no es político, pero que tampoco es solidario al rey. La historia completa es el ascenso y la caída de esta extraordinaria pareja, y como después de ser consumidos por la ambición mueren de diferentes formas de suicidio, por remordimiento ella (cae de la torre) y Macbeth como buen general lucha hasta la muerte. Lady Macbeth es inteligente despiadada, pero cautivadora y entretenida cuando debe serlo y al final es una pobre alma perdida. Imagínate que además Verdi escribió todas las indicaciones musicales que ayudan a la cantante a tener éxito con su interpretación. ¡Gran compositor y gran papel!

Con tu concepción tan clara de papeles como: Salome, Lady Macbeth o Tosca y otros. ¿Te interesan nuevas ideas de los directores de escena o estas abierta a otras perspectivas y formas de interpretación de los personajes?
Es verdad que he vivido con estos personajes por algún tiempo y que los conozco muy bien pero mi forma de hacerlos no es la única, así que claro, estoy abierta a otro tipo de concepciones, siempre y cuando tengan una explicación y exista una base. En ese caso puedo aprender nuevas cosas e intentar nuevas facetas de mis personajes. No me importa, por ejemplo, que Macbeth se sitúe fuera de Escocia, en otro siglo diferente al de Shakespeare o en producciones y con vestuarios modernos. No le cambia nada a la historia. Digamos que mi preocupación es que se altere la historia o en el arte.

¿Que otros compositores y personajes, además de los ya mencionados te estimulan y te satisfacen?
Amo también a Mozart, Puccini, Wagner etc. y hay muchos papeles como Fiordiligi, Donna Elvira, Isolda, Kundry, Turandot, Liu, Leonora de Fidelio, de Il Trovatore,y de Forza del Destino, y muchos otros mas. En realidad son demasiados.

¿Existe algún papel que no hayas cantado y que pienses debutar próximamente?
Mi próximo nuevo papel será el de Odabella en Attila de Verdi que cantaré en abril del 2010 en Marsella. Mi primer Wagner también vendrá pronto, pero con paciencia ya lo comunicare en cuanto sea posible.

Finalmente, ¿Qué es lo que te motiva a seguir adelante con tu carrera?
Me motiva cantar nuevos papeles, pero también viejos, y crear y revivir personajes desconocidos para mí con las palabras y la música con la que fueron compuestos, en algunos casos hace muchos siglos. El teatro y la opera fueron creados para ser interpretados y esa es mi pasión y mi trabajo por lo que ¿que mas se puede pedir?

Consultar: http://www.sylvievalayre.com/

Wednesday, October 7, 2009

L'Elisir d'Amore - Los Angeles Opera

Foto: Giuseppe Filianoti (Nemorino), Nathan Gunn (Belcore), Nino Machaidze (Adina)
Crédito: Robert Millard

Ramón Jacques

La Opera de Los Ángeles presentó el siempre ameno y divertido Elixir de Amor, opera del genero belcantista, que a excepción de la memorable representación de Lucia di Lamermoor con Anna Netrebko en el 2003, había sido olvidado y relegado casi en su totalidad de las temporadas del teatro durante las gestiones de Kent Nagano y James Conlon, en la dirección musical de la compañía. Debido a la austeridad económica por la que atraviesan los teatros líricos en esta región operística del mundo, se repuso la realización escénica de Stephen Lawless y John Engels, coproducida con el Grand Théâtre de Genève, que fue vista por primera ocasión en este escenario en 1996 y posteriormente en 1999. La escenografía dentro de la cual transcurre la acción es de una granja, de buena manufactura y atractiva, pero que con el paso del tiempo ya comienza a lucir obsoleta y rígida, por los altos muros y paredes de madera a la mitad del escenario, que reducen el espacio escénico, limitando el libre movimiento de la amplia compañía de canto, y que obstruyen la brillante luz que proviene del fondo del escenario del fondo haciendo que la parte visual hacia el espectador fuera oscura. En ese sentido la iluminación poco ayudo. Los vestuarios, sin embargo, fueron elegantes y óptimos de acuerdo al ambiente campirano en el que se situó la obra. La dirección escénica de Lawless requirió de movimientos precisos de habilidad y pericia de los personajes, y sin exagerar los momentos cómicos que permite la obra. El personaje de Nemorino fue encomendado al tenor Giuseppe Filianoti, quien le hizo justicia, exhibiendo una voz de grata y refinada tonalidad en el timbre, elegante en el fraseo, claro en la emisión, y correcto en la dicción. Escénicamente actúo cada palabra con la justa medida de jocosidad e inocencia. En su debut americano, la soprano georgiana Nino Machaidze dejó una grata impresión, mostrando encomiables virtudes vocales, como un colorido timbre, agilidad casi pirotecnia en el manejo de la coloratura y en la emisión de agudos. Su juvenil y delicada apariencia la hace una idónea intérprete de Adina, expresiva y caprichosa en su desempeño. Una rotura en el talón de Aquiles dos semanas antes del inicio de la producción evitó el esperado debut local del legendario Ruggero Raimondi en el papel de Dulcamara, pero su sustituto ideal fue el barítono Giorgio Caoduro que cantó con personalidad vocal, ofreciendo un timbre profundo y uniforme y un carácter burlesco y jovial. A su vez, el barítono Nathan Gunn fue solo un discreto Belcore por carencia de autoridad y sustancia en la parte vocal y una rígida actuación. La soprano Valerie Vinzant, dio relevancia vocal y escénica al minúsculo papel de Gianetta. Poco habituado a dirigir este tipo de repertorio James Conlon sorprendió por la lectura que emanó de su batuta, extrayendo de la orquesta la alegre musicalidad y armonía contenida en la partitura, y con alta consideración por las voces. El del coro estuvo muy participativo y tuvo un desempeñó ampliamente satisfactorio en sus intervenciones cantadas.
VERSIONE IN ITALIANO
La Los Angeles Opera ha presentato il sempre divertente e spassoso Elisir d’Amore, un’opera del Belcanto che, ad eccezione della memorabile Lucia con Anna Netrebko, è stato dimenticato quasi totalmente dal teatro californiano durante le stagioni gestite da Kent Nagano prima e da James Conlon poi. A causa dell’austerità economica di cui soffrono oggi i teatri lirici di tutto il mondo si è pensato di recuperare l’allestimento curato da Stephen Lawless e John Engels, coprodotto con il Grand Théâtre de Genève, e visto qui per la prima volta nel 1996. L’azione si svolge in una fattoria, esteticamente piacevole, però il passare del tempo ha reso il tutto un po’ obsoleto con quelle alte pareti di legno, a metà della scena, che riducono lo spazio per i movimenti ed impediscono alla luce di pentrare dallo sfondo rendendo così buia la scena stessa. Costumi, invece, eleganti ed adeguati all’ambientazione agricola. La direzione scenica di Lawless ha richiesto ai cantanti precisione e perizia nei movimenti, senza caricare mai gli aspetti comici. Giuseppe Filianoti, nei panni di Nemorino, ha esibito una bella vocalità di timbrica raffinata, elegante nel fraseggio, limpida nell’emissione e corretta nella dizione. Ha saputo dare ad ogni parola il giusto tono di giocondità e innocenza. Nel suo debutto americano il soprano georgiano Nino Machaidze ha destato grande impressione mostrando indubbie qualità vocali come il colore timbrico, e le agilità quasi pirotecniche con una perfetta gestione della coloratura e sucirazze nell’emissione degli acuti. La figura giovanile e aggraziata la fa apparire come una Adina ideale, espressiva e capricciosa. Una rottura del tendine di Achille occorsa una settimana prima ha impedito a Ruggiero Raimondi (Dulcamara) di debuttare qui a Los Angeles, ma Giorgio Caoduro non lo ha fatto rimpiangere cantando con personalità, timbro omogeneo e carattere burlesco e gioviale. Nathan Gunn è stato un Belcore solo discreto per mancanza di sostanza vocale e un po’ rigido scenicamente. Valerie Vinzant ha, invece, dato una giusta rilevanza al piccolo ruolo di Giannetta. Poco abituato a dirigere questo repertorio James Conlon ha sorpreso per il piglio molto divertito e divertente della sua direzione e soprattutto per la scrupolosa attenzione nei confronti delle voci. Anche il Coro ha saputo ben disimpegnarsi.

Entrevista con Juan Diego Flórez

Foto: Juan Diego Flórez (Almaviva)
Crédito: Javier del Real – Teatro Real de Madrid.


José Noé Mercado

Es una de las figuras actuales del belcanto. Considerado como el mejor tenor ligero de todos los tiempos, al menos desde nuestra época, es muy cotizado en todos los teatros y festivales de mayor importancia en el mundo. Está en apogeo. Su carrera es ejemplo de especialización y conciencia vocal. El peruano Juan Diego Flórez visitó la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México para ofrecer un concierto con arias operísticas y canciones latinoamericanas. Venía de ofrecer otra presentación en Caracas, Venezuela, y se alistaba para ir a cantar en La sonnambula de Vincenzo Bellini, en el Metropolitan de Nueva York, al lado de la soprano Natalie Dessay, conciertos en Europa, la ópera Zelmira de Gioachino Rossini en el Festival de Pesaro, Tonio en la Hija del Regimiento en San Francisco y el Conde Almaviva en el Barbero de Sevilla en Los Ángeles, entre otros compromisos. Su agenda lo mantiene verdaderamente activo y ocupado. Aún así, abrió un espacio para conversar y me recibió en su camerino, en el Auditorio Telmex, un día antes de su concierto.

¿En qué momento vocal te encuentras y qué está pasando en este momento en tu carrera profesional?
Canté I Puritani en Bologna, Italia. Me fue bastante bien. Y, claro, si uno puede decir que está muy bien después de Puritani, que es una ópera muy difícil de abordar si uno la canta a tono y casi sin cortes, quiere decir que en realidad está bastante bien. Es una obra muy arriesgada, que hay que dominar poco a poco. La había cantado ya en Las Palmas y en Viena, pero hasta ahora, digamos, me he sentido plenamente satisfecho con el resultado. Y nada. Sigo con mi repertorio, con belcanto. Sigo visitando a Rossini de vez en cuando y eso me mantiene en buen estado de salud vocal. También estoy cantando Donizetti y Bellini. Ahora voy a hacer La sonnambula en el Met de Nueva York. Igual estoy haciendo óperas nuevas paulatinamente: Purcell, Gluck, dentro de poco Les pêcheurs de perles de Georges Bizet. Aproximadamente una ópera nueva cada año.

Ahora que hablas de Rossini, Bellini y Donizetti, ¿cómo se te ocurrió grabar el cedé de arias de Rubini, el concepto de dedicar el disco a un intérprete? ¿Fue idea tuya o de la disquera?
Normalmente, yo propongo el tema de mis discos. Pero esta vez fue una persona que ya no está quien propuso el tema. Y yo creo que es un poco de lo que hace la Bartoli, por ejemplo.

O Andreas Scholl, si pensamos en el disco de Senesino…
Eso. Creo que más que Cecilia, lo que inspiró a esta persona fue el disco de Andreas Scholl. Por eso hicimos este trabajo dedicado a Rubini. Sólo que había dificultad en encontrar todas las arias que fuesen para mi voz, porque se hizo un disco de arias que él había cantado. No solamente escritas para él, sino que también había cantado, para poder tener variedad.

¿Y de La sonnambula con Cecilia Bartoli, una mezzo cantando el rol protagónico, qué nos puedes comentar? Según se sabe, se le hicieron transposiciones para que ella pudiera cantar algunas partes. ¿Eso te afectó a ti?
No. Eso fue para sus arias y no me afectó a mí. Lo que sí me afectó un poco fue la bajada de la afinación, porque fueron instrumentos de época. Yo, que he cantado La sonnambula 100 veces, me sentí afectado en las posiciones vocales. Fue como cantar desafinado. Entonces me costó un poco: si yo no hubiera cantado antes la obra me habría adecuado más fácil. Pero como es una ópera que he cantado bastante y la tenía en voz, fue un poco difícil adaptarme para esa grabación. Pero es un disco diferente, no es lo que escuchamos en el teatro y ése es su atractivo, con una orquesta de la época y con decisiones estéticas particulares.

¿Supongo que tienes otros proyectos discográficos tienes en puerta?
Sí. Voy a grabar un disco de arias sacras. Otro también dedicado al barroco tardío, arias virtuosas. Aunque aún no sé cuál va a salir primero.

Hace algunos años, en ciudad de México, me decías que en tu repertorio no tenías aún nada para hacer llorar o sufrir al público. Sólo abordabas personajes alegres, simpáticos, que nos hacían reír. En ese sentido, ¿qué ha pasado con tu repertorio y con tu evolución vocal?
Sí, bueno, en mi repertorio hay personajes simpáticos como el Conde Almaviva de Il barbiere di Siviglia que me encanta interpretar. Pero también hay otros personajes que, si se cantan bien, te tocan profundamente, como Arturo en Puritani, Elvino en La sonnambula o el mismo Orfeo. Lo que pasa es que es una forma diferente de tocar al público. No es un “Mimííííííí”, que hace llorar a todo el mundo. Ahí el que no llora no tiene alma o la tiene de criminal. En el repertorio en que yo me desenvuelvo, el sentimiento es, digamos, menos agresivo. Es mucho más refinado. Entonces depende de qué busca la sensibilidad del público. Por ejemplo, al lamento de Orfeo “J’ai perdu mon Euridice” no puedes darle acentos verísticos para llegar a la gente. Ahí tienes que llegar con la línea solamente. Y el canto es lo que está dentro de esa línea que te va a emocionar.

¿Por tus características vocales te has quedado con ganas de interpretar algún papel? Pienso, por ejemplo, en el Duque de Mantua del Rigoletto en España que decidiste no cantar, aunque lo probaste en Lima, Perú.
Sí. En Rigoletto ocurrió eso pero no porque tenga problemas con la orquestación, porque la orquesta es bastante ligera cuando canta el tenor. Lo que pasa es que se trata de una obra que siento un poco baja para mi voz. Digamos que tendría que cantar en la zona central de mi voz. Y en estos momentos de mi carrera estoy, más bien, cantando repertorios agudos y muy agudos. Eso de Rigoletto, entonces, es como salirse del camino y no me parece conveniente por el momento. Creo que en el futuro sí cantaré bastantes Rigolettos, más Mozart, varios Elisir d’amore, óperas un poco más centrales para mi voz, porque es inevitable que pase el tiempo. Y no afirmemos que uno pierde los agudos, pero digamos que es necesario darles descanso. No puedes estar siempre en el repertorio extremo de agudos y sobreagudos.

Me hiciste recordar una frase que también pronunciaste en tu debut en México, en 2003: la voz no gana con los años, como mucha gente piensa, sino que pierde. Elasticidad, agilidad, frescura, agudos. Ahora que sigues siendo joven, pero cada vez con mayor experiencia, ¿cómo asumes esa situación?
Bueno, por eso creo que siempre hay que tener la voz en fitness. Hay que ejercitarla siempre para mantenerla e irla mejorando en lo posible. Porque sí, con los años se va perdiendo juventud en todo, no sólo en la voz. Entonces la técnica es muy importante para mantener la voz fresca. Siempre es importante ejercitarla para que, digamos, lo que uno hace por ella contrarreste la normal evolución de la vida, que nos hace perder en lugar de ganar.

Aunque experiencia interpretativa sí ganas con los años…
Claro. Pero la experiencia interpretativa muchas veces llega cuando ya lo vocal, lo físico, ha bajado. Un aspecto sube, otro baja. Lo ideal sería que los dos suban. Ahí están, por ejemplo, cantantes como Alfredo Kraus, que lograron mantener características vocales de juventud en su edad madura. Mantenerte con los años, ése es el reto. Y para mí es muy importante, sobre todo porque en mi repertorio la gente quiere escuchar los agudos, la coloratura, la frase larga y con muchos matices. Eso es lo que yo canto y para lograrlo dependes mucho de la juventud y la frescura vocal. Si uno no se mantiene en forma, todos esos elementos se pierden. Y en mi caso es muy importante retenerlos porque es lo que requiero en mi repertorio. Si yo cantara, no sé, Traviatas, sería distinto. Ahí no se necesita tanto, porque no es un repertorio muy agudo, no hay sobreagudos y no es una línea particular de lucimiento. Si yo cantara Bohème, necesitaría otros elementos: volumen, centro vocal, mucha expresión, ligar, pero sin coloraturas ni agudos de por medio.

Seguramente has escuchado comentarios que te ubican como uno de los grandes tenores ligeros de la historia operística, si no es que el mejor. Lo han dicho, incluso, figuras de la talla de Luciano Pavarotti y Plácido Domingo. ¿Qué significa esto para ti?
Me siento muy honrado de que algunos grandes cantantes de la historia hayan hecho comentarios favorables sobre mí, porque son mis ídolos. Cuando yo comencé a estudiar en el Conservatorio de Lima, para mí Plácido Domingo o Luciano Pavarotti eran ídolos inalcanzables. Y que ahora comenten y hagan declaraciones elogiosas sobre mí y sobre mi canto es algo que no te lo terminas de creer. Esos son premios que valen más que cualquier otra cosa. Ahora bien, yo soy una persona muy autocrítica y perfeccionista, que siempre está viendo un poco lo negativo para tratar de mejorarlo. Porque, en efecto, creo que uno siempre debe mejorar en su canto mismo, en la actuación, en todo lo que envuelve a la ópera. Eso es para mí lo más importante, porque uno tiene una responsabilidad muy grande con el público. Sí sé que se habla mucho de que soy el mejor de mi repertorio o que Pavarotti dijo que soy su sucesor y todo eso. La gente me va a ver al teatro con muchas expectativas y para mí eso es tan importante que siempre trato de estar al top. Para poder lograr que la gente esté contenta en la función y se vaya satisfecha a casa después de vivir una experiencia musical, de arte, conmigo.

L'Orfeo- Teatro alla Scala

Foto: Luigi De Donato (Caronte)
Crédito: Lelli & Masotti, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Con L’ Orfeo è iniziata al Teatro alla Scala la trilogia monteverdiana firmata da Robert Wilson. Ad apertura di sipario l’impatto visivo ci rimanda alla Venere con Eros e organista di Tiziano (dipinto esposto al Prado), ma qui i due filari ben proporzionati di cipressi confluiscono sullo sfondo stabilendo una prospettiva geometrica tendente ad idealizzare l’effetto naturalistico complessivo. Le pose statuarie dei protagonisti vivacizzate in parte da una gestualità quasi meccanica e rituale atta ad amplificare gli affetti, un’atmosfera prevalentemente livida entro la quale si stagliano volti pallidi e diafani, movimenti composti faticosamente e lentissimi (peculiarità stranote della visione registica wilsoniana) si scontrano però, soprattutto nella prima parte dello spettacolo, con l’intima drammaturgia dell’opera di Monteverdi. Un clima funereo incombe fin dal Prologo (e Orfeo ed Euridice vestono a lutto già al loro primo incontro) venendo così eluse la gioia per gli sponsali tanto desiderati e la gaiezza della festa annunciata, festa intesa anche in relazione alle ragioni della committenza originaria. Meglio l’atto infernale con un aldilà rappresentato da pareti mobili (pareti anche mentali) che si aprono e si chiudono liberando sprazzi di cielo terso. Ma L’Orfeo di Monteverdi non è solo ritualità, né tantomeno solo intimità patetica, e così lo spettacolo stenta a decollare trascurando quella corporeità, quella fisicità che è, invece, la novità più esaltante del nascente teatro musicale Rinaldo Alessandrini, con il suo Concerto Italiano impegnato nella realizzazione del basso continuo, punta su una studiatissima mobilità agogica e se la scelta di alcuni tempi non è abituale (sentire per esempio il ritornello della Musica qui staccato a rotta di collo o per converso il «Qui miri il Sole vostre carole» reso con insolita stupita pacatezza) è pur vero che l’attitudine nel sostenere il recitar cantando risulta sempre idiomatica. In sostanza Alessandrini asciuga la partitura, così poco interessato agli effetti in technicolor, né a facili edonismi sonori, e neppure sensibile al fascino di fuorvianti sirene folcloristiche, percorrendo, invece, la più angusta via verso una possibile verità verginale. Omogeneo il cast nella sua quasi totalità (limpida e aerea l’Euridice di Roberta Invernizzi, commossa la Messaggiera di Sara Mingardo e validissime tutte le parti di fianco, mai indispensabili come in quest’opera). Nondimeno è parsa incomprensibile la scelta di affidare il ruolo di protagonista a Georg Nigl, unico straniero della compagnia, encomiabile solo per l’impegno profuso, ma acerbo nel fraseggio, arido nell’emissione e con palesi problemi d’intonazione, quando nei panni di Apollo (un Apollo cantato da manuale, tra l’altro) c’era Furio Zanasi, l’Orfeo di riferimento di questi anni, conoscitore come pochi dell’arte di far sgorgare musicalità e poesia dalla parola cantata. E il confronto tra i due nel finale dell’opera è apparso impietoso. En attendant Ulisse…

Versión en Español
Con L’Orfeo inició en el Teatro alla Scala la trilogía monteverdiana firmada por Robert Wilson. A la apertura del telón el impacto visual nos llevó a Venere con Eros e organista de Tiziano (pintura expuesta en el Prado), pero aquí dos filas bien proporcionadas de cipreses convergían con el fondo estableciendo una perspectiva geométrica tendiente a idealizar el efecto naturalista total. Las poses de estatua de los protagonistas se animaban en parte por una gestualidad casi mecánica y ritual pareciendo amplificar los efectos, una atmosfera prevalentemente lívida entre la cual se delineaban vueltas pálidas y diáfanas, movimientos compuestos trabajosamente y con lentitud (notable peculiaridad de la visión registica wilsoniana), que sin embargo, se encontraron en la primera parte del espectáculo, con la intima dramaturgia de la opera de Monteverdi. Un clima fúnebre permaneció hasta el fin del Prologo (Orfeo y Euridice vestidos de luto ya desde su primer encuentro) eludiendo así el jubilo por la boda tan deseada y la alegría de la fiesta anunciada, fiesta entendida también en relación a las razones originales de quien comisionaron la opera. Mejor fue el acto infernal con un mas allá representado por paredes movibles (paredes también mentales) que se abrieron y se cerraron liberando destellos de cielo terso. Pero L’Orfeo de Monteverdi, no es solo ritualidad, y mucho menos solo intimidad patética, es así, al espectáculo le cuesta trabajo despegar desatendiendo lo corpóreo, o lo físico, que a su vez es la novedad que mas enaltece al naciente teatro musical. Rinaldo Alessandrini, con su Concerto Italiano empeñado en la realización del bajo continúo, apuntó hacia una estudiadísima movilidad agogica y si la elección de algunos tiempos no fue la habitual (tomando como ejemplo el ritornello de la Música aquí a “rotta di collo” o de manera muy veloz, o hablando del «Qui miri il Sole vostre carole» hecho con insólita y asombrosa calma) también es cierto que la aptitud para sostener el recitar cantando resultó siempre idiomática. En sustancia, Alessandrini secó la partitura, poco interesado en los efectos technicolor o en fáciles hedonismos sonoros, y ni siquiera fue sensible a la fascinación de las extraviadas sirenas folcloristas, recorriendo a su vez la vía mas angosta hacia una posible verdad virginal. El cast fue homogéneo casi en su totalidad (cristalina y sutil la Euridice de Roberta Invernizzi, conmovedora la Mensajera de Sara Mingardo y muy validos los demás interpretes, nunca tan indispensables como en esta opera). No obstante, pareció incomprensible la elección de confiar el papel de protagonista a Georg Nigl, único extranjero de la compañía, encomiable solo por el desempeño profuso, pero agudo en el fraseo, árido en la emisión y con evidentes problemas de entonación, cuando el papel de Apolo, (un Apolo cantado con manual, entre otros) estuvo Furio Zanasi, el Orfeo de referencia de estos años, conocedor como pocos del arte de hacer brotar musicalidad y poesía de la palabra cantada. Y el encuentro entre los dos en el final de la opera pareció despiadado. En attendant Ulisse...

Tuesday, October 6, 2009

Entrevista con la soprano Jane Eaglen

Foto: Jane Eaglen, Alan Woodrow, The Ring, Seattle Opera 2005
Credito: Rozarii Lynch

José Noé Mercado

Si se considera la heroicidad, la histeria, el dramatismo de los personajes que interpreta, uno esperaría encontrarse a una mujer intensa, irritable y freak, con lanzas, pócimas y cuernos a la mano. Pero no. Nada más contrario. Ella no es así. Jane Eaglen es un caramelo. Una mujer risueña, tierna, muy atenta y cordial en su trato, en su plática avalada por una carrera lírica internacional de primera línea. Es enorme, voluminosa, dónde le cabría esa voz y talento si no. Es sencilla pero fresca y correcta en su vestir. Usa gafas ovaladas. Destellan atrás unos ojos con ingenio, que de alguna forma ilustran todo lo que dice. Está frente a mí. Estamos en Guadalajara, Jalisco. “Estoy muy contenta por estar aquí. La gente ha sido muy amigable y me emociona muchísimo la idea de cantar una gala Wagner en México”. De los 5 a los 16 años de edad, Jane Eaglen (Lincoln, Inglaterra, 4 de abril de 1960), estuvo en contacto con el piano. “Sí, al principio, estudiaba para ser pianista y quería, tal vez, ser directora de orquesta. Pero nunca le dediqué mucho tiempo y, la verdad, no me gustaba tanto estudiar piano. A los 17 años de edad empecé a probar de lleno el canto. Como tenía el gusto por cantar y por la actuación, esas dos pasiones no tardaron en mezclarse para que me enamorara de la ópera”.Cómo es una voz “wagneriana” en la infancia. Cómo se sabe si se está frente a una voz dramática en la adolescencia, le pregunto. “Yo pienso que vocalmente soy muy fuerte y que es una característica con la que se nace. Creo que también se puede desarrollar, pero en mi caso seguramente tiene que ver con algo que me cuenta mi mamá: cuando yo era chiquita me podía pasar llorando horas y horas y horas. Supongo que así empezó todo para mí”. Jane se ríe. Hace contacto. Luego continúa con seriedad: “A los 18 años de edad, tuve la suerte de encontrar un excelente maestro de canto, Joseph Ward, profesor del Royal Nothern College of Music, en Manchester. Cuando llegué con él, yo cantaba como un niño soprano, pero a las dos semanas de estar en sus clases me dijo: tú un día vas a cantar Brunilda. Me considero muy afortunada porque mi maestro supo encontrar mi verdadera vocalidad. Y es que es muy peligroso cuando se quiere contener una voz muy grande, como la mía. La gente, los maestros, normalmente se asustan con una voz tan grande y tratan de retenerla. Mi maestro supo dejar salir esa voz sin retenerla para no dañar mi instrumento”. Eaglen se unió en 1984 a la English National Opera. Ahí participó en producciones de La flauta mágica, El barbero de Sevilla y El trovador. Luego fue seleccionada para cantar en un Don Giovanni en la Scottish Opera, en lo que sería su catapulta internacional. Ahí mismo vinieron los protagónicos de Tosca y Norma, mismo rol con el que debutaría, en 1994, en Estados Unidos, en Seattle. Desde entonces, además compartir el escenario con los cantantes más prestigiados del orbe, ha cantado bajo la batuta de directores como Daniel Barenboim, Zubin Metha, Ricardo Chailly, Ricardo Muti, Claudio Abbado, James Conlon, Bernard Haitink, James Levine y muchos más, en los teatros y festivales más relevantes del mundo. “El repertorio que fui siguiendo fue el que mi voz fue capaz de hacer. Todo el tipo de repertorio que mi voz fue capaz de cantar. No la encasillé ni dije: voy a ser wagneriana o verdiana o belliniana. Internacionalmente, debuté con Donna Anna y me sirvió mucho para proyectarme. La canté en diversos teatros, en varios países. De ahí fui abordando cada vez roles más pesados, hasta llegar a Wagner”. Qué va primero en este repertorio, interrumpo pensando en la Brunilda que debutó en 1996 en Chicago y su Isolda en Seattle en 1998, misma que cantó en Chicago en 1999 y en el Metropolitan de Nueva York en 2000. “Depende mucho de cada voz en particular. Yo abordé primero Brunilda. Pero quizás lo más aconsejable sea Elsa de Lohengrin, Elisabeth de Tannhäuser, quizás Siglinda de Valquiria. Con Brunilda e Isolda hay que ser más cuidadosos y esperar hasta estar listo física y vocalmente. “Cuando yo era joven, siempre mantuve la inteligencia para saber decir no. Con el rol con el que más me esperé fue Turandot. Algo que siempre les digo a mis alumnos es que deben aprender a decir no. Si te quieren en este momento, les hago ver, te van a querer también más adelante cando tu voz esté ahí, madura y en forma, sin el riesgo que implicaría abordar roles muy pesados a una edad temprana”.Decido ahondar en su faceta docente, en su pedagogía, ya que ella la ha sacado a la plática. Actualmente, a la par de sus presentaciones, enseña como artista residente en la Universidad de Washigton, además de participar en diversos programas para jóvenes talentos en Seattle, San Francisco y Cardiff.

¿Es complicado encontrar un buen maestro vocal?

No es tan sencillo. Yo creo que es muy complicado encontrar un buen maestro de canto, o uno maravilloso que te enseñe la técnica. Es tan difícil como encontrar a tu pareja. Yo les digo a mis estudiantes que hay mil maneras de hacer las cosas en el canto, se las enseño, pero al mismo tiempo les digo que yo no las puedo hacer por ellos. Ellos tienen que hacerlas solos. Por eso creo que lo más importante para enseñar es haber cantado y muy bien. Yo, por decirte algo, aprendí mucho cuando cantaba al lado de Luciano Pavarotti viendo su boca, su cara, entendiendo lo que hacía. Pero, en la realidad, en la enseñanza del canto hay muchas cosas que enseñan maestros que nunca cantaron o que nunca cantaron bien ellos mismos. Por eso muchas veces no pueden ayudar a sus alumnos. Hay que haber cantado, y también se debe saber teoría vocal y musical, para poder enseñarle el camino a una voz.

¿Hay crisis de voces en la actualidad? ¿Las voces dramáticas de raza se extinguieron?
Es verdad. Estoy de acuerdo en que no se encuentran tan fácil voces dramáticas o wagnerianas como se encontraban antes. Yo estoy presente en muchos programas para jóvenes artistas y es verdad: no siempre se encuentran voces dramáticas. Y, como ya decíamos, cuando un maestro se encuentra una se asusta con esa voz tan grande. Como maestra, tengo esa fortuna de que me llegan voces grandes. Y, bueno, estoy trabajando con ellas. Porque es muy importante la edad: a los 21 años no canté Brunilda. Hay que esperar. Hay que tener cuidado y no abordar todo ese repertorio que se podría cantar por facultad, pero que en el fondo es muy dañino a temprana edad. Además, aunque puedas cantar esos roles dramáticos, cuando eres muy joven, no suenan como deberían sonar.

¿Cuántas funciones debería o podría cantar al año una voz dramática?

Es una muy buena pregunta. Creo que un buen promedio está entre 60 y 65 funciones al año. Es un número estándar, que obviamente varía en cada cantante, porque debes considerar todos los ensayos que tienes que hacer para cantar una función. A veces tienes que ensayar seis semanas para una sola presentación. Hay gente que hace más funciones, hay otra que hace menos. Y, bueno, en mi caso también es complicado porque actualmente ya no me gusta estar tanto tiempo fuera de casa. Seis semanas fuera es demasiado para mí. Sobre este aspecto, también es muy importante cantar las obras que seas capaz y no las que en teoría le corresponderían a tu tipo de voz. Por ejemplo, hay diferencia entre una voz que se escucha cubierta y encima de la orquesta, lo que sería una cualidad dramática, y otra que solamente se escucha por la punta, por los picos de brillo entre la orquesta, pero que no cubre un espacio acústico ni se sobrepone a la sonoridad orquestal inmensa. Las voces dramáticas no sólo debemos escucharnos, sino que debemos llenar de color un espacio sonoro.

A veces se piensa que las voces dramáticas, incluyendo las wagnerianas, por definición son poco bellas o, incluso, feas y ásperas. Pero su voz no es fea, es, de hecho, agradable y con toques de dulzura aún dentro de su fuerza. ¿Cuál es su opinión?
La calidad siempre es más importante que la cantidad. Por eso lo relevante es que nunca estés forzado al momento de cantar. Una voz se escucha fea siempre que quiere forzar y compensar la falta de color o de volumen que se tiene. En mi caso, no hay ninguna necesidad de forzar y puedo cantar con soltura, como si fuera belcanto. Si me escuchaba o no en algún teatro, en realidad no me importaba mucho: yo cantaba como debía cantar, de acuerdo a mi técnica. Muy como Kirsten Flagstad, que tenía una voz muy femenina y bella.

Un aspecto que distingue a Jane Eaglen es su versatilidad. Ése es un aspecto interesante de su carrera. Mozart, Verdi, belcanto, compositores alemanes. ¿Cómo puede transitarse con propiedad en repertorios diversos?
Yo creo que los estilos o los compositores pueden ser distintos. Sí. Pero la técnica con la que cantas es una sola. A mí me gusta vocalizar con Mozart, si voy a cantar Wagner. O, si voy a cantar Mozart, vocalizo con Wagner. De esa manera, la voz se mantiene flexible en todo sentido. Es una misma técnica, y lo que cambia son los colores que utilizo, las intenciones que le doy a una frase o a toda una obra. Lo importante es que tu voz desarrolle y mantenga esa flexibilidad para hacerlo. La coloratura suele ser muy complicada para algunas voces dramáticas. Pero sí puedes tener una voz grande con coloraturas si eres capaz de aligerar un poco la voz. Si practicas, se puede lograr. Las agilidades se complican sólo si no eres capaz de modificar esa línea enorme y robusta que requiere cierto repertorio. Yo parto de la partitura siempre. Eso me da todo el conocimiento que requiero acerca de la interpretación y el estilo. Respeto mucho lo que escribió el compositor, porque ahí está la clave para poder entender, por decir un ejemplo, el cambio de Brunilda de una adolescente a una mujer madura y formada”.

Sabemos de su gusto por Birgit Nilsson. ¿A quién más suele escuchar?
Sí, me gusta mucho Birgit Nilsson. Me gusta escuchar también a Kirsten Flagstad, la número uno. Me interesa la parte interpretativa de Maria Callas. Escucho a George London, a Jon Vickers. Hay muchos cantantes que me gustan, aunque de momento no se me vienen todos a la mente.

Sobre los colegas con los que comparte el escenario, ¿qué puede decirnos? ¿Le falta participar con algún artista de importancia en el repertorio en que se mueve o en algún teatro determinado?
Una de las ventajas de cantar Wagner es que siempre te topas con las mismas personas. Con James Morris, por ejemplo, hace tiempo me tocó hacer una Brunilda y nunca pudimos ensayar. Pero ya en la producción nos pusimos de acuerdo y fue muy sencillo entrar de lleno al escenario sin haber ensayado. Eso me sucede con muchos compañeros con quienes me topo en el mismo elenco en diferentes producciones. Creo que no hay algún director importante con el que me falte trabajar. Ni tampoco compañeros en el repertorio en que me desempeño. Soy muy afortunada por desarrollar una carrera en la que he cantado con todos los artistas importantes de nuestra época. Por otro lado, a estas alturas ya no me importa mucho dónde voy a cantar, sino qué voy a cantar. Ahora ya me puedo dar ese lujo, el de cantar lo que yo quiero. Por ejemplo, el programa que seleccioné para Guadalajara, lo podría hacer fascinada en cualquier otra parte del mundo.

También ha grabado mucho y, en ese sentido, en nuestro tiempo es, de alguna manera, referencial.
Es muy simpática esa situación. No me parece que las grabaciones sean muy representativas de lo que es la voz de un cantante. Cuando yo me escucho, por ejemplo, siempre digo: ésa no soy yo. Porque, además, es muy complicado grabar voces así de grandes. Pero, de cualquier manera, es un honor para mí ser ejemplo para los demás. Aunque no sea mi mayor placer escucharme, la verdad, me siento contenta y afortunada de estar en cedé y devedé.
¿En qué cambia su disposición artística para participar en un concierto, respecto de una ópera?
Es muy diferente. Entre lo más difícil está encontrar el balance adecuado entre la orquesta y el cantante cuando estamos todos en el escenario. En lo particular, prefiero que la orquesta esté en el foso, aunque también es complicado porque muchas veces no escuchas todo lo que está pasando ahí. Se pierde mucho. Por ejemplo, en Bayreuth, en que el foso está de alguna manera cubierto, el cantante no escucha del todo lo que ahí está ocurriendo. Por otra parte, es más fácil sentir la evolución del personaje cuando estás cantando una ópera completa. De esa manera vas llegando completa con todo el contexto que le rodea a tu personaje, con todo lo que le ocurre. Cuando estás en un concierto, tienes que cambiar muy rápido las emociones de un personaje a otro y eso es muy complicado.

¿Tiene rituales antes de salir al escenario?
No tengo un ritual ni nada parecido. Cuando llega el día de la función simplemente trato de estar muy tranquila. Me gustan mucho los videojuegos y suelo jugar en la computadora para estar relajada. Antes escuchaba mucha música de rock, a Whitney Houston, otros géneros para estar tranquila y salir al escenario lo más relajada posible.


¿Qué viene en el futuro, digamos a mediano plazo, para su carrera? ¿Vendría a México para una ópera completa?
En el futuro quiero hacer más obras de Strauss, tal vez, ya que vocalmente es muy similar a Wagner. Pero estoy muy contenta y feliz con Brunildas e Isoldas. Son roles que canto desde hace mucho tiempo, que puedo seguir cantando, y que me han dado notoriedad en el mundo. De alguna manera, son roles que me hicieron grande. Me gusta mucho cantar Bellini, Mozart, Verdi, pero si hay un compositor que me haga sentir en casa es Richard Wagner. Por eso, aunque aborde otros repertorios, cantar Wagner es como volver a casa. Con la actual situación económica, los teatros, la gente, ya no están contratándote con tanta anticipación, como se hacía antes. Ahora estoy cantando un poco menos ópera porque estoy un tanto cansada de viajar tanto. Próximamente estrenaré una ópera nueva en Seattle, compuesta especialmente para mi voz. (la opera es: Amelia del compositor Daron Aric Hagen cuyo estreno mundial esta programado para el mes de mayo del 2010). No puedo decir mucho aún, porque todavía está en proyecto y yo misma no lo conozco bien. Me gusta la ópera contemporánea, aunque muchas veces está mal escrita para la voz. Espero que ésta sí esté bien compuesta. Estoy muy contenta de estar en México. Espero que ese tabú de que la ópera wagneriana es aburrida y cansada cambie un poco. Ésa es mi idea. Ojalá mucha más gente conozca y escuche la música de Wagner. Y, por supuesto, estaría encantada de regresar a México para una ópera completa. Estoy abierta, me haría muy feliz recibir una invitación.


El autor agradecen profundamente la valiosa ayuda del bajo Salvador Rivas Silva para la realización de esta entrevista.