Opera-Musica Foto: Die Feen - Wagner - Théâtre du Châtelet, Paris - 04/2009(c) Marie-Noëlle Robert.
Tuesday, March 13, 2018
Wednesday, March 7, 2018
La Cenerentola - Teatro Municipale di Piacenza, Italia
Foto: Teatro Municipale Piacenza
Renzo Bellardone
Le favole,
non saranno mica solo appannaggio dei bimbi, vero? eh no! Le favole sono la semplice
ricchezza esistenziale di piccoli, grandi e grandissimi; le favole fanno
sgranare gli occhi ai bimbi, possono essere raccontate dai grandi e fanno
intenerire i grandissimi ovvero i giovani di qualche anno fa !!!! Quando poi le
favole vengono raccontate in Musica la fantasia galoppa, la mente vaga per
spazi infiniti ed il ‘core’ si intenerisce.
Il commento
maggiormente udito in teatro domenica 18 febbraio al Municipale di Piacenza è
stato: ‘la più bella Cenerentola che abbia mai visto’ e sinceramente è
difficile scostarsi da tale impressione, in quanto è proprio quello che in
diversi abbiamo recepito. Fresca
realizzazione classica, ma decisamente allegra e ricca di improvvisazioni
necessarie, in considerazione degli inserimenti all’ultima ora in sostituzione
di Pietro Adaini e Pablo Ruiz colpiti da indisposizione. Domenica 18
febbraio il cast è risultato stellare e degno dei più importanti teatri
d’opera: Antonino
Siragusa seppur inserito nelle 24 ore
precedenti, conosce talmente bene la parte che ha saputo esprimere i migliori
acuti che Don Ramiro possa emettere e, conosciuto da anni, vien da pensare che
il vino buono migliora con gli anni. Paolo Bordogna, anch’egli solidamente
nel ruolo ha creato Dandini in modo ben
più che brillante e la vocalità è sempre al meglio così come per Marco Filippo Romano che esprime toni e colori ottimi per un Don Magifico di riferimento: un
trio di cantanti ed amici che da ‘consumati’ protagonisti del palcoscenico non
deludono mai e che anzi ogni volta pare facciano meglio della volta precedente. La scena è
stata realizzata da Enrico Musenich che ha optato
per semplici ed efficaci pannelli
facilmente movibili ed intercambiabili, mentre i costumi classici e
divertenti sono del maestro dei maestri Lele Luzzati, mentre gli accorti disegni delle luci sono stati realizzati da Marco Minghetti ed il non facile compito della regia è stato brillantemente assolto da Aldo Tarabella. La direzione
affidata ad Erina
Yashima
è risultata puntuale ed equilibrata con il rilievo di un attento gesto rivolto
anche al palcoscenico dove Monica Bocci ha realizzato
delle simpatiche coreografie e la sorprendente Teresa Iervolino, la quale con bellissima voce e toni vellutati ha dato vita ad una semplice Cenerentola che
dopo un giro di danza diventa principessa nonostante le invidie delle
sorellastre: Clorinda interpretata da una
bravissima Giulia
Perusi che esprime una cifra di valore e Tisbe, interpretata da Isabel de Paoli decisamente
interessante per vocalità e teatralità. Matteo d’Apolito realizza un interessante Alidoro. II coro, valido
ed importante elemento nell’opera, è stato diretto da Corrado Casati in ottimo affiancamento alla prestigiosa orchestra giovanile Luigi Cherubini. Molto
probabilmente, considerata l’alta qualità espressa, si ritornerà al Municipale
di Piacenza a breve per riconfermare che: La Musica vince
sempre
Sunday, March 4, 2018
Otro canto del cisne: la Orquesta Sinfónica Nacional en la Catedral Metropolitana de México
Fotos: OSN
Por José Noé Mercado
Hay ocasiones afortunadas en las que el
contexto armoniza de manera peculiar con el programa musical de un concierto.
No siempre ocurre y en rigor es poco probable que una obra sintonice su
estética y espíritu en el común de una sala multirepertorio por más renombrados
que sean sus méritos acústicos o ante lo genérico que puede resultar un teatro
aun con una tradición legendaria para ciertos catálogos sonoros. Por eso, la noche del pasado 2 de marzo
resultó una fecha feliz, dichosa, para el público que asistió a la Catedral
Metropolitana de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos, de la
Ciudad de Mexico, para escuchar el concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica
Nacional (OSN), en el marco de la 34 edición del Festival del Centro Histórico,
bajo la batuta de su director titular Carlos Miguel Prieto.
La catedral capitalina, sede de la
Arquidiócesis Primada de México, cuya construcción data de 1573 y habría de
extenderse por más de 250 años, fue ese insuperable escenario para un programa
que, luego de la Sonata pian’e forte
y la Canzona septimi toni de Giovanni
Gabrieli, tuvo como platillo principal la Misa
No. 6 en mi bemol mayor, D. 950 de
Franz Peter Schubert, con la participación multitudinaria del Coro de
Madrigalistas y Solistas Ensamble, agrupaciones del Instituto Nacional de
Bellas Artes que se fundieron en un solo conjunto coral, y las presencias
solistas de la soprano Ekaterina Tikhontchouk, la mezzosoprano Itia Domínguez,
el bajo Sergio Meneses y los tenores Ángel Ruz y Gustavo Cuautli. En el bello núcleo del eclecticismo
arquitectónico de la catedral —ornamentación, pinturas, esculturas, herrería—,
en su centro de intimidad histórica, artística y litúrgica colonial e
independiente, un ensamble de metales de la OSN mostró la viveza de virtudes
estereofónicas de Gabrieli y encaminó el estado anímico de los asistentes hacia
una experiencia que habría de resultar apacible y espiritual, casi mística.
Para la primavera-verano de 1828, año de su
Misa No. 6 si bien sería estrenada de
manera póstuma hasta 1829, Franz Schubert era un compositor de notable relieve
romántico y, además, parecía vislumbrar su propia muerte, que en efecto le llegaría
en poco tiempo, el 19 de noviembre. Esas condiciones estéticas y emocionales
son las que se conjugan en esta misa conformada por seis partes (“Kyrie”,
“Gloria”, “Credo”, “Sanctus”, “Benedictus” y “Agnus Dei”) que fuera
interpretada con reconfortante sensibilidad y estilo por la OSN, el coro y los
cinco solistas. En los primeros incisos pudo percibirse al
Schubert sinfónico que discurre con expresividad en conjunto, sin por ello
perder intimidad y elocuencia; luego, los solistas vocales emprendieron el
vuelo del canto ya construido por el coro con la delicadeza simple del lied,
género del que Schubert era grande y, a la vez, complejo como pocos; hasta
llegar a los dos últimos apartados con pasajes fugados de estirpe bachiana, en los que la ejecución
alcanza un discurso de emocionante serenidad. La principal virtud de las voces y el canto
de Tikhontchouk, Ruz, Cuautli y Meneses fue afirmarse en una emisión con clase,
alejada de la inútil estridencia o de la parafernalia lírica. Se concentraron,
igual que el refinado y versátil canto de Itia Domínguez, en una cierta paz tan
etérea como musical. Las frases de la mezzosoprano fecundaron de belleza,
tranquilidad y esperanza al conjunto solista y viajaron con lirismo por la
atmósfera catedralicia dominada por el conjunto coral.
La interpretación de esta misa, otra
especie de canto del cisne de Schubert, en la que el compositor vienés se
muestra creyente pero no acrítico (la exclusión de algunas frases típicas del
género alusivas a la institución eclesiástica así lo sugieren) constituyó la
primera presentación de la OSN en la Catedral Metropolitana en su historia. Ojalá
no sea la única. Se trató de un concierto breve —repetido en el Teatro del
Bicentenario de León, Guanajuato, la tarde del 4 de marzo—, que apenas rebasó
la hora de duración, pero que por gozoso y bien ejecutado será de larga
permanencia en la memoria de quienes acudieron a su cita.
Wednesday, February 28, 2018
Temporada 2018-2019 del Metropolitan de Nueva York
Crédito fotográfico:
Metropolitan Opera House
Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica
La principal novedad artístico-administrativa de la próxima
temporada es que, adelantando su llegada como Director Musical, Yannick
Nézet-Séguin ocupará ese cargo desde septiembre de 2018 en lugar de hacerlo
desde 2020. Nézet-Séguin dirigirá tres óperas y dos conciertos en el Carnegie Hall en las
próximas dos temporadas, en lugar de las dos óperas por temporada originalmente
programadas. Con la asunción al cargo de Director Musical septiembre de 2018,
Nézet-Séguin también asumirá todas las responsabilidades artísticas conexas y
como estaba originalmente previsto comenzará a realizar un mínimo de cinco
óperas por temporada a partir de la temporada 2020-21.
Como es habitual la Temporada se iniciará con una nueva
producción escénica, en este caso será Samson
et Dalila de Saint-Saëns, confiada a Darko Tresnjak con decorados de
Alexander Dodge, vestuario de Linda J. Cho, coreografía de Austin McCormick e
iluminación de Donald Holder. El estreno será el 24 de septiembre de 2018 con el
protagónico de Roberto Alagna y Elina Garança, bajo la batuta de Sir Mark
Elder.
Tres títulos más se presentarán en nuevas producciones
escénicas y si se suman las reposiciones totalizan veintinueve óperas diferentes
en 27 espectáculos en el curso de la Temporada 2018/2019. Singular importancia
adquiere la presentación de tres Ciclos de la monumental Tetralogía El anillo del Nibelungo de Wagner bajo la dirección de Philippe
Jordan, director musical de la Ópera de París, con inicio el 9 de marzo de 2019.
En los elencos Christine Goerke, Greer Grimsley, Michael Volle, Stefan Vinke, Andreas
Schager, Eva-Maria Westbroek, Stuart Skelton, Jamie Barton, Tomasz Konieczny , Karen Cargill, Sarah Connolly, Gerhard
Siegel, Evgeny Nikitin, Dmitry Belosselskiy, Günther Groissböck, y Eric Owens.
Además de los tres ciclos completos, el Met presentará representaciones
individuales no relacionadas con el ciclo de Das Rheingold el 14 de marzo de 2019 y Die Walküre el 25 de marzo y el 25 de abril de 2019. Las últimas dos funciones líricas de la Temporada serán el
sábado 11 de mayo de 2019 con Diálogos de
carmelitas por la tarde y El ocaso de
los dioses, en la noche.
Nuevas Producciones
Luego de la nueva producción de Sansón
y Dalila que
abrirá la Temporada ,
los títulos que serán ofrecidos con nuevas puestas escénicas son: Marnie de Nico Muhly, La Traviata de Verdi y Adriana Lecouvreur de Cilea. Sansón y Dalila se ofrecerá en ocho oportunidades
entre el 24 septiembre y el 20 de octubre con la dupla Alagna-Garança, y la
participación de Laurent Naouri y Elchin Azizov; mientras que en marzo de 2019 Samson
serán Aleksandrs Antonenko y Kristian Benedikt con la Dalila de Anita
Rachvelishvili, contabilizándose cinco funciones más. Marnie de Nico Muhly tendrá su estreno el 19 de octubre, con la
dirección escénica de Michael Mayer, la batuta de Robert Spano, e Isabel
Leonard en el papel principal (7 funciones). Marnie es una coproducción con
English National Opera, donde la ópera se estrenó en 2017. Desde el 4 de
diciembre de 2018 subirá a escena la nueva producción de La Traviata de Verdi firmada por Michael Mayer. Será protagonista
la soprano Diana Damrau acompañada por Juan Diego Flórez (Alfredo) y Quinn
Kelsey (Giorgio Germont). Estrenando su cargo de director musical Yannick
Nézet-Séguin empuñará la batuta en las primeras ocho funciones. A partir del 5
de abril de 2019, Nicola Luisotti dirigirá a Anita Hartig como Violetta,
Stephen Costello como Alfredo, y a Artur Ruciński alternándose con Plácido
Domingo en el rol de Giorgio Germont, en siete funciones. Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea, con función inicial en la
Gala de Año Nuevo del 31 de diciembre de 2018, será una coproduction entre la Royal
Opera House de Londres, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona; la Wiener
Staatsoper; la San Francisco Opera y la Opéra Paris firmada por David McVicar
con escenografía de Charles Edwards, vestuario de Brigitte Reiffenstuel,
coreografía de Adam Pudney e iluminación de Adam Silverman; en la batuta
Gianandrea Noseda y el protagónico a cargo de Anna Netrebko, quien cantará seis
funciones. Jennifer
Rowley será Adriana los días 23 y 29 de enero de 2019; mientras que el elenco
se completa con Piotr Beczala (Maurizio), Anita Rachvelishvili (Principessa de
Bouillon), Ambrogio Maestri (Michonnet), Carlo Bosi (el Abate) y Maurizio
Muraro (Príncipe de Bouillon).
Reposiciones
Inicia la lista de reposiciones la clásica producción de
Franco Zefirelli de La Bohème de
Puccini que volverá el 25 de septiembre de 2018. Las once funciones programadas
serán dirigidas por James Gaffigan. En los elencos Nicole Car, Vittorio Grigolo,
Angel Blue, Étienne Dupuis, Ailyn Pérez, Michael Fabiano, Susanna Phillips y
Simone Piazzola. Al día siguiente, 26 de septiembre, tendrá lugar el debut
en el Met de Anna Netrebko en el protagónico de Aida en la extraordinaria
puesta de Sonja Frisell. Completarán los elencos Anita Rachvelishvili (Amneris),
Aleksandrs Antonenko (Radamès) y Quinn Kelsey (Amonasro), todos bajo la batuta
de Nicola Luisotti. En las catorce funciones programadas se alternarán con la
soprano rusa, Tamara Wilson, Sondra Radvanovsky y Marjorie Owens. Dolora Zajick
y Olesya Petrova también serán Amneris, mientras que Yonghoon Lee cantará Radamès,
y Roberto Frontali, Amonasro. En algunas funciones Plácido Domingo subirá al
podio orquestal.
Desde el 4 de octubre Jonas Kaufmann y Yusif Eyvazov comparten
el rol de Dick Johnson, en La Fanciulla
del West de Puccini protagonizada por Eva-Maria Westbroek. Sondra
Radvanovsky será Tosca, con Joseph
Calleja como Cavaradossi y Wolfgang Koch como Scarpia, en la producción de Sir
David McVicar estrenada el 31 de diciembre de 2017. Retorna, desde el 30 de octubre, la producción de Sir
Richard Eyre de Carmen con Clémentine
Margaine, con funciones en noviembre, enero y febrero, alternándose como Dion
José los tenores Yonghoon Lee y Roberto Alagna. La producción de Robert Carsen de la única ópera de Arrigo
Boito, Mefistofele, regresa al Met el
8 de noviembre, protagonizada por Christian Van Horn, con Michael Fabiano como
Faust, Angela Meade como Margherita y Jennifer Check como Helena de Troya. En noviembre, Pretty Yende protagoniza Les Pêcheurs de Perles de Bizet, con Javier Camarena como Nadir y
Mariusz Kwiecień como Zurga.
Il Trittico de Puccini, cuyo estreno
mundial se produjo en el Met hace exactamente 100 años, retorna a su escenario
desde el 23 de noviembre. Amber Wagner canta a Giorgetta con Marcelo Alvarez
como Luigi y George Gagnidze y Lucio Gallo como Michele en Il Tabarro; Kristine Opolais es Suor
Angelica; mientras que Plácido Domingo protagoniza Gianni Schicchi, con Kristina Mkhitaryan como Lauretta, y Atalla
Ayan como Rinuccio. Stephanie Blythe será la Frugola en Il Tabarro, la
Principessa en Suor Angelica y Zita en Gianni Schicchi. Bertrand de Billy en el
podio. El 14 de diciembre de 2018 Gustavo Dudamel hará su debut en
el Met dirigiendo Otello de Verdi
protagonizada por Stuart Skelton, con Sonya Yoncheva (Desdemona) y Željko Lučić
(Iago).
Como es habitual en diciembre se cantará La Flauta Mágica en traducción al inglés
en un espectáculo pensado especialmente para las familias (19, 22, 24, 27 y 29 de
diciembre de 2018, y 1, 3 y 5 de enero de 2019). Pelléas et
Mélisande
regresa a partir del 15 de enero de 2019, dirigida por Yannick Nézet-Séguin.
Isabel Leonard interpreta a Mélisande y Paul Appleby como Pelléas, con
Marie-Nicole Lemieux como Geneviève, Kyle Ketelsen como Golaud y Ferruccio
Furlanetto como Arkel en la producción de Sir Jonathan Miller. También en enero el doble programa compuesto por Iolanta -con Sonya Yoncheva y Matthew
Polenzani- y El Castillo de BarbaAzul,
con Angela Denoke y Gerald Finley (24 y 28 de enero y 1, 4, 9 y 14 de febrero).
Además se reponen Don
Giovanni de Mozart (con Luca Pisaroni, Peter Mattei, Rachel Willis-Sørensen,
Guanqun Yu, Susanna Phillips, Aida Garifullina, Serena Malfi, Stanislas de Barbeyrac, Pavol
Breslik, Ildar Abdrazakov y Adam Plachetka); La Fille du Régiment de Donizetti (con Pretty Yende y Javier
Camarena) y Rigoletto de Verdi (protagonizada
por Nadine Sierra y Rosa Feola como Gilda, junto a Vittorio Grigolo y Bryan
Hymel como el duque, y Roberto Frontali y George Gagnidze en el papel principal),
con la controvertida puesta ambientada en Las Vegas de los años 60 de Michael
Mayer.
Falstaff retorna el 22 de febrero, con
Ambrogio Maestri en el papel principal mientras que La Clemenza di Tito, con Matthew Polenzani en el protagónico lo hará desde el 30 de marzo de 2019,
con la clásica puesta en escena de Jean Pierre Ponnelle de 1984. Dirigida por Yannick Nézet-Séguin, Dialogues des Carmélites de Poulenc volverá a la escena desde el 3
de mayo de 2019, Isabel Leonard será Blanche de la Force, Adrianne Pieczonka
Mme. Lidoine, Erin Morley la Hermana Constance, David Portillo será el Chevalier
de la Force, y Karita Mattila la Primera Priora.
Otros espectáculos y transmisiones en HD
La orquesta de la Metropolitan Opera ofrecerá tres
conciertos en la sala del Carnegie Hall los días 18, y 3 y 14 de junio de 2019. Continuarán las transmisiones simultáneas de los sábados
por la tarde en vídeo y audio de alta definición a salas de cine de todo el
mundo. La temporada de transmisiones comenzará el 6de octubre con Aida y continuará con Samson et Dalila el 20 de octubre y La Fanciulla del West el 27 de octubre. El estreno de Marnie se podrá ver el 10 de noviembre,
mientras que la nueva producción de La
Traviata se irradiará el 15 de diciembre. Ya en 2019 la serie se reanudará el 12 de enero con Adriana Lecouvreur, a la cual seguirán Carmen el 2 de febrero, La Fille du Régiment el 2 de marzo y Die Walküre el 30 de marzo. Para finalizar el 11 de mayo de 2019
con Dialogues des Carmélites de Francis
Poulenc.
Más
información en: www.metopera.org
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Yannick Nézet-Séguin
Sunday, February 18, 2018
Saturday, February 17, 2018
El Rapto en el Serrallo de Mozart en Toronto
Fotos: Michael Cooper
Giuliana Dal Piaz
Hace tiempo que los directores teatrales llamados a poner en escena las óperas líricas representan a menudo una amenaza para la correcta representación de obras, ideadas y ejecutadas por primera vez hace más de un siglo: en su avidez de protagonismo, ellos olvidan a menudo que su personal interpretación no puede rebasar los límites de libreto y partitura. Y por lo general, a pesar de la alteración de época histórica, encuentro del todo aceptables las extraordinarias puestas en escena de directores como Michieletto y Ceraso en Italia o Peter Hall en Gran Bretaña. Mientras que, en el teatro de prosa, ningún director se atrevería a cambiar o integrar arbitrariamente un texto de Shapespeare o de Checov, y a pesar de lo que afirmó categóricamente el gran Luca Ronconi acerca de la dirección teatral de una ópera (“... [la ópera lírica es] inalterable en sus elementos constitutivos”) un joven director libanés-canadiense siente hoy tener la libertad de hacerlo con el libreto de unSingspiel de Mozart, El rapto en el serrallo. Haciéndolo, Wajidi Mouawad demuestra ignorar las características históricas y cualitativas del género. Por ser “escritor”, se siente además capacitado para añadir al libreto del Singspiel (cuya versión original por C.F.Bretzner fue modificada por Goyylieb Stephanie por encargo y con la colaboración del propio Mozart) una abundante media hora de diálogos integrativos. De esta manera, la co-producción (2016) entre la Canadian Opera Company y la Opéra de Lyon, que la C.O.C. presenta ahora en Toronto, la obra se vuelve un aburrido musical ético-didáctico, que desvirtua totalmente la opereta cómica de contenido fantástico – como definen el Singspiel las Enciclopedias – en la que, decía Goethe, autor de varios libretos, “la parte de diálogo [es] ágil, sobria, graciosa”. Considerando por lo visto que la fábula original podía parecer “racista e islamofóbica” al público de hoy, Mouawad ha querido reequilibrar el jucio hacia la cultura musulmana. Hace entonces empezar el espectáculo por lo que imagina haya podido ocurrir “después”: en casa Lostados, el padre de Belmonte ofrece una fiesta para celebrar el regreso de su hijo (detalle contradictorio, sacrílego para un musulmán: la cabeza del Profeta es la base que los invitados golpean en el juego del mazo). El que fuera el libreto original se transforma en el relato por los protagonistas de su aventura en Turquía, mientras que los “momentos” musicales se vuelven prácticamente intermedios entre los diálogos de recitativo seco. Escuchamos así a Konstanze abogar en favor de la libertad femenina en el mundo cristiano, así como lo había hecho ante el Pashá; vemos que ella y Blonde guardan un recuerdo respetuoso de los “bárbaros” que las tenían esclavas sin ser crueles con ella, es más, amándolas profundamente; aprendemos que Pedrillo se ha casado con Blonde, a pesar de que haya sido la amante de Osmín y esté embarazada de él. Oímos por Pashá Selím que su odio por Lostados, gobernador de la plaza de Orán y padre de Belmonte, surge del hecho que le ha arrancado la mujer amada, una dama española de ojos azules, sucesivamente esposa de Lostados y madre de Belmonte (!). Oímos al Pashá otorgar la gracias a los presos y sugerir al enfurecido Osmín que “un día llegará a estas tierras una criatura que volverá a tí” – como ya lo había insinuado una escena en la que Osmín juega con una niñita rubia vestida de blanco –.La segunda parte del espectáculo se abre, en el silencio de la orquesta, con el canto de la plegaria entonada por el muezín, con Pedrillo y Blonde en medio de los orantes, pues, obligados a convertirse al Islam, rezan con los demás cinco veces al día.
La alteración del libreto me pareció insultante también para el público, que se apasione o no éste por la ópera: casi todas las esplicaciones añadidas por el director, se encuentran ya en embrión en el libreto original, perfectamente reflejadas en la maravillosa música de Mozart. Está claro que Konstanze tiene un aprecio especial para el Pasha y que éste la ama. Está claro que, a pesar de las protestas de Blonde acerca de su independencia como mujer inglesa, entre Osmín y ella existen tanto la relación física como un cariño especial de parte de Osmín. En sus palabras finales a Konstanze, el Pashá formula el deseo de que ella “no se arrepienta nunca de haber rechazado su corazón”, un indicio de la mentalidad limitada de Belmonte y de la sociedad española del tiempo... Creer que fuera necesario expresarlo de manera explícita, significa no considerar al público capaz de imaginarlo por sí mismo, además de eliminar por completo ¡el espíritu ligero y sonriente del Singspiel vienés! La orquesta, dirirgida por Johannes Debus, y el coro dirigido por Sandra Horst son, como siempre, impecables.
La orquestación es algo penalizada por las largas pausas impuestas por tanto recitativo seco, mientras que el coro, entre las bendas que borran su identidad y sus atuendos escuálidos, se parece más a los presos de un lager que a los miembros de una Corte oriental. Absurdo el traje de Belmonte, ya que a finales del siglo XVIII ese tipo de vestuario estaba todavía en uso para los eventos en la Corte, pero no era seguramente el de un viajero a Turquía. Es extraña también la idea de vestir a los personajes turcos con una túnica monacal gris y presentarlos siempre de pies desnudos. Las escenas tienen, en cambio, cierta tétrica belleza correspondiente a la atmósfera requerida por el director, con dos enormes paralelepípedos grises, desplazados manualmente por el escenario para simular paredes que se van cerrando simbólicamente sobre mujeres y niñas hasta aplastarlas. Detrás de esos elementos, una gigantesca esfera gris en suspensión se abre en la escena final para revelar el harén y la prisión en la que están encerrados los cristianos. El cast me pareció por lo general bueno, desde el punto de vista vocal y teatral. Destacan en particular el talentoso bajo croata Goran Juric (Osmín) y el apreciable tenor canadiense Owen McCausland (Pedrillo). Apropiados, el tenor suizo Mauro Peter (Belmonte) y la soprano canadiense Claire de Sévigné (Blonde). La soprano Jane Archibald hace todo lo posible para interpretar bien el difícil papel de Konstanze pero a su voz le faltan fuerza y coloratura adecuadas y por momentos su agudo degenera en chillido.
Thursday, February 15, 2018
Salome di Strauss - Florida Grand Opera
Foto: Chris Kakol
Gustavo G. Otero
Gustavo G. Otero
La Florida Grand Opera sta completando la 77esima stagione consecutiva, in
questa ci saranno quattro titoli: Lucia di Lammermoor, Salome, Orfeo e Euridice
di Gluck e Florencia ed el Amazonas del messicano Daniel Catan. Le
rappresentazioni si effettuano all’Adrienne Arsch Center for the Performing Art
di Miami e al Broward Center for the Performing Arts di Fort Lauderdale. In media si fanno sette recite per ogni titolo: cinque a Miami e due a Fort
Laurendale. La stagione inizia a novembre di un anno fino a aprile/maggio del
successivo e sebbene la compagnia è conosciuta e apprezzata negli USA il
turismo internazionale non conosce l’esistenza di questi teatri d’opera di buon
livello e ciò può rappresentare un incentivo culturale per intraprendere viaggi
in queste città. La
messa in scena, di taglio tradizionale e molto ben illuminata viene dall’Opera
di Pittsburgh. Pianificata da Boy Ostroff la scenografia ambienta correttamente
la terrazza sulla quale sin svolge l’azione: una scala di sei gradini, due luoghi
uno a livello dello scenario e uno in alto; la cisterna si trova in mezzo sul
piano di sopra; due colonne e due porte entrambe di grandi dimensioni vicino
alla luna incorniciano l’azione. I costumi di Richard. St. Clair brillano sontuosi
mentre le luci di Kevin Mynatt potenziano la scena. Il movimento scenico,
ideato da Bernard Uzan, è prolisso mentre la coreografia di Rosa Mercedes muove
con intelligenza la protagonista a cui somma quattro ballerine per completare
la scena. Il soprano Kirsten Chambers è stata una Salome di grande livello,
attrice molto corretta, giovane e carina è riuscita a superare tutte le insidie
della partitura, danza inclusa, con profonda conoscenza della parte, volume
adeguato e anche il registro vocale. Mark Delavan costruisce un Jokanaan di
mezzi poderosi. Impatta con una voce grande ed espressiva riuscendo a dare il
colore giusto al personaggio. Di buona proiezione è l’Erode di John Esterlin a
cui ha aggiunto recitazione e voce sana e giovane. Corretta l’Erodiade di
Elizabeth Bishop, interessante materiale quello del tenore Benjamin Werley
(Narraboth) e adeguato il mezzosoprano Mariya Kaganskaya nel ruolo del Paggio
di Erodiade, e ugualmente il resto del cast. Sicura la direzione musicale di
Timothy Myers e di buon livello la riposta dell’orchestra sia nel suo
rendimento sinfonico che nell’adeguato bilanciamento con la scena
Friday, February 9, 2018
Cuatro noches de ópera en Nueva York: Bodas de Fígaro – Tosca – Elisir d’amore – Cavalleria/Pagliacci
Fotos: Metropolitan Opera
Gustavo G. Otero / @gazetalyrica
Pocos
teatros de ópera en el mundo tiene un estilo de programación por el cual se
puedan ver entre tres y cinco óperas distintas en el curso de una semana: el
Met de Nueva York (The Metropolitan Opera) es uno de ellos. Vidriera de la
ópera mundial, los grandes cantantes se presentan en su escenario, sus
producciones escénicas -casi todas de corte tradicional- son de alta calidad,
su orquesta tiene un nivel superlativo y, afortunadamente, se recurre a
diversos conductores de orquesta que dan su tinte personal a las obras y no
como en el pasado dónde todo o casi todo se confiaba a la misma persona. Cuatro
espectáculos con cinco obras diferentes, cuatro batutas, tres directores
escénicos y protagonistas estrellas de la lírica actual son el resumen de estas cuatro noches de ópera.
Las bodas de Fígaro: Talento latino femenino
La producción de Sir Richard Eyre, que se estrenó en
septiembre de 2014, traslada la acción a España antes de la guerra civil, el
resto de las marcaciones son de corte tradicional. El marco escénico son tres
cilindros enormes que rotan entre escena y escena y demarcan principalmente el
cuarto de los sirvientes, el de la Condesa y un gran comedor. Muta en el cuarto
a un jardín con un pino y una pequeña casa en lo alto del árbol. Tanto la
escenografía como el vestuario pertenecen a Rob Howell. Muy buena la
iluminación de Paule Constable salvo en el último acto donde faltó algo de la
oscuridad necesaria para la trama. Las tres protagonistas femeninas fueron impecables y las
tres tiene un rasgo en común: son de ascendencia latina. Así Aylín Pérez fue
una Condesa de gran volumen y expresividad, Nadine Sierra una Susanna de perfectos acentos e Isabel Leonard un querible Querubino. Ildar Abdrazakov resultó un potente Fígaro mientras que
Mariusz Kwiecien fue irregular como el Conde. En la segunda parte debió ser
reemplazado por Trevor Scheunemann quien cumplió con dignidad su cometido. Adecuados Maurizio Muraro (Doctor Bartolo), MaryAnn
McCormick (Marcellina) Greg Fedderly (Don Basilio) Ashley Emerson (Barbarina), Paul
Corona (Antonio) y Scott Scully (Don Curzio). Ajustada, precisa y prolija la
batuta de Harry Bicket así como la respuesta de la orquesta.
La nueva
producción de Tosca de Puccini: una noche para recordar
La producción escénica anterior de Tosca, firmada por Luc
Bondy -no gustó al público del Met- se estrenó el 21 de septiembre de 2009 y
entre esa fecha y el 1ro. de diciembre de 2015 se ofreció en 59 oportunidades y
en cuatro temporadas pero el rechazo a la misma determinó que se resolviera
efectuar una nueva producción de corte tradicional. Se recurrió a Sir David McVicar quien planteó una acción
fluida con algunos hallazgos como en la escena del Tedeum, a alguna belleza
visual como la estufa en el segundo acto pero totalmente fuera de credibilidad
ya que la acción transcurre en pleno verano romano, y a puntos de fuga
escenográficos de gran atractivo. La escenografía y el vestuario fueron
confiados a John Macfarlane y la iluminación a David Finn. Estimamos que será
una producción para perdurar. Emmanuel Villaume condujo con seguridad a la orquesta y con
tiempos adaptados a la expresividad de los cantantes. Sonya Yoncheva triunfó como Tosca. Sus medios vocales son
poderosos, su entrega magnífica, su credibilidad absoluta, su color vocal bello
y su lirismo profundo. Vittorio Grigolo con un registro más lírico que dramático
fue un muy buen Cavaradossi. Juvenil, apasionado y creíble, con correcto fraseo
y con una canto pleno de matices y variaciones dinámicas. Željko Lučić tiene todo lo que hay que tener para llevar a
buen puerto la personificación de Scarpia. De buenas prestaciones tanto el
sacristán de Patrick Carfizzi como el Angelotti de Christian Zaremba. Adecuado
el resto del elenco formado por Brenton Ryan (Spoletta), Christopher Job (Sciarrone),
Richard Bernstein (Carcelero) y A. Jesse Schopflocher (voz del pastor); así
como los coros.
L’elisir D’Amore:
Nunca defrauda
Repuesta
por Gina Lapinski la propuesta original de Bartlett Sher, estrenada en
septiembre de 2012, se ve con gusto y es teatralmente entretenida. Los espacios
escenográficos ideados por Michael Yeargan resultan funcionales y agradables. El
vestuario firmado por Catherine Zuber se ve creativo, prolijo y con adecuado
cromatismo. La iluminación de Jennifer Tiptom acompaña bien esta propuesta
tradicional pero bien actuada. Debutante
en la sala, el director de origen venezolano Domingo Hindoyan condujo con mano
segura y adecuados tiempos a la orquesta de la casa. Pretty Yende fue una Adina vivaz que combinó belleza vocal
con buena línea de canto, seguridad musical y agudos de acero. A su lado
Matthew Polenzani fue un Nemorino de rara perfección. Ildebrando D’Árcangelo compuso un
Dulcamara pleno de itálica simpatía y cantado con gracia y estilo. Davide
Luciano fue un muy ajustado Belcore
mientras que Ashley Emerson completó el elenco con eficacia como Giannetta. El coro,
dirigido como es habitual por Donald Palumbo, fue solvente tanto en su desempeño
musical como en sus movimientos en escena.
Cavalleria
Rusticana y Pagliacci: Alagna al más alto nivel
Aparentemente en Nueva York en 1893 se consumó un
matrimonio lírico que perdura hasta hoy: dar en un mismo espectáculo ‘Cavalleria
Rusticana’ de Mascagni con ‘Pagliacci’ de Leoncavallo. El viejo Metropolitan
las ofreció juntas el 22 de diciembre de 1893 en un orden distinto al que ahora
conocemos: primero Pagliacci -idea
muy razonable ya que su prólogo sirve de preámbulo a los sentimientos de la
nueva escuela italiana- y luego Cavalleria
rusticana. Paradójicamente ambas obras cuando fueron puestas en escena con
anterioridad en el Met hicieron dupla con fragmentos del Orfeo y Euridice de Gluck. El programa doble se impuso en casi
todos los teatros del mundo y es así como lo conocemos habitualmente. La producción de David McVicar no parece tener un concepto
en particular. Cavalleria se desarrolla en un escenario giratorio, que sirve de
bar y de plaza. Todos van de negro y Alfio es un pequeño matón de pueblo
mientras que Turiddu las va de galán, la visión no molesta en ningún caso, pero
no ofrece demasiado para recordar. Es mejor la idea de McVicar de presentar un vodevil circense
en la misma plaza de Sicilia donde se desarrolló Cavalleria pero casi 50 años
después para Pagliacci. Aquí todo funciona a la perfección. Roberto Alagna deslumbra en los dos roles de Turiddu y
Canio. Volumen, intencionalidad, entrega, fraseo vibrante son marcas de su
concepción de ambos roles. En Pagliacci brinda una verdadera lección de verismo
y su aria es realmente memorable. George Gagnidze cumple sobradamente en los roles de Alfio y
de Tonio. Notable es la caracterización de ambos personajes y su mutación
cuando canta el prólogo de Pagliacci. Enorme la voz de Ekaterina Semenchuk, un lujo como
Santuzza. Mientras sorprende por su calidad actoral y su entrega vocal
Aleksandra Kurzak como Nedda. Interesante la Lola de Rihab Chaieb así como el Beppe de
Andrew Bidlack y el Silvio de Alexey Lavrov. Correcto el resto de los elencos,
así como el coro. El maestro Nicola Luisotti ofreció una adecuada dirección de la orquesta
Thursday, February 8, 2018
Florida Grand Opera: Salomé
Foto: Chris Kakol
Gustavo Gabriel
Otero
Miami (USA), 02/02/2018.
Florida Grand Opera (Sede Miami: Adrienne
Arsh Center for the Performing Arts) Richard Strauss: Salomé. Ópera en un acto. Libreto basado en la
obra de Oscar Wilde, en una traducción alemana de Hedwig Lachmann. Bernard Uzan,
dirección escénica. Boyd Ostroff, escenografía. Richard St. Clair, vestuario.
Rosa Mercedes, coreografía. Kevin G. Mynatt. Producción escénica de la
Pittsburgh Opera. Kirsten Chambers (Salomé), Mark Delevan (Jokanaán), John
Easterlin (Herodes), Elizabeth Bishop (Herodías), Benjamin Werley (Narraboth), Mariya
Kaganskaya (Paje de Herodías), Edgar Miguel Abréu, Benjamin Werley, Daniel
Gerdes, Dominick Corbacio, Willian Lee Bryan (Judíos), Rafaek Porto, Orlando
Valdes (Nazarenos), Benjamin Dickerson, Simon Dyer (Soldados), Willian Lee
Bryan (Capadocio). Orquesta de la Florida Grand Opera. Dirección Musical: Timothy
Myers.
La Florida Grand
Opera está cumpliendo 77 temporadas consecutivas, en ésta harán cuatro títulos:
‘Lucia di Lamermoor’ de Donizetti; ‘Salomé’; ‘Orfeo y Eurídice’ de Gluck y ‘Florencia
en el Amazonas’ del mexicano Daniel Catan. Las representaciones se efectúan en el
Adrienne Arsh Center for the Performing Arts de Miami y en el Broward Center
for the Performigs Arts de Fort Lauderdale. En promedio se hacen siete
funciones de cada título: cinco en Miami y dos en Fort Lauderdale La Temporada va de
noviembre de un año a abril/mayo del otro y si bien la compañía es conocida y
apreciada dentro de Estados Unidos el turismo internacional no conoce la
existencia de esta casa de ópera de muy buen nivel y que agrega un aliciente
cultural a los viajes a esas ciudades. La puesta en
escena, de corte tradicional y muy bien iluminada procede, de la Ópera de
Pittsburgh. Planeada por Boy Ostroff la escenografía ambienta correctamente la
terraza en la que se desarrolla la acción: una escalera de seis escalones
delimita dos lugares uno a nivel del escenario y otro en alto; la cisterna se
ve en el medio en el rellano de arriba; dos columnas y dos puertas de gran
tamaño junto a la luna terminan de enmarcar la acción. El vestuario de Richard
St. Clair luce suntuoso mientras que la iluminación de Kevin Mynatt potencia la
escena. El movimiento
actoral, ideado por Bernard Uzan, es prolijo y preciso mientras que la
coreografía de Rosa Mercedes mueve con inteligencia a la protagonista a la que
adiciona cuatro bailarinas para complementarla. La soprano Kirsten
Chambers fue una Salomé de gran nivel. Muy correcta actriz, joven y bonita
logró sortear todos los escollos de la partitura -danzas incluidas- con
conocimiento profundo de la parte, adecuado volumen y registro parejo. Mark Delavan
compone un Jokanaán
de poderosos recursos. Impacta con una voz grande y expresiva logrando dar el tinte
exacto al personaje. De buena proyección el Herodes de John
Easterlin a lo que sumó entrega actoral y una voz sana y joven. Correcta la Herodías de Elizabeth Bishop, interesante material el del tenor Benjamin
Werley (Narraboth), y adecuada la mezzosoprano Mariya Kaganskaya en el rol del paje de Herodías al igual
que el resto del elenco. Segura la dirección
musical de Timothy Myers y de muy buen nivel la respuesta de la orquesta tanto
en su rendimiento sinfónico como en el adecuado balance con la escena.
Norma at the Teatro Carlo Felice in Genova
Foto: Teatro Carlo Felice, Genova
Suzanne Daumann
These
days, stage directors and conductors are taking quite a few liberties with the
works they interpret: a pity that nobody has yet found it necessary to rid
Bellini’s Norma of a few of its many lengthy passages at least. It might be impossible anyway to
reshape its dramaturgy to a more continuous kind of suspense. Howsoever that
might be, tonight’s performance left us with rather mixed feelings. Luigi
di Gangi and Ugo Giocomazzi’s staging simply situated the action in some kind
of no man’s land between history and dream, underlined by Daniela Cernigliaro’s
costumes. She put the Gauls into historical clothes, long robes for priestesses
and priests, breeches and tunics for the warriors, whereas the Romans wore
black modern uniforms. Federica Parolini’s scenography was interesting to look
at: dead trees joined together by a thick red thread and strips of brown fabric
hanging from wooden frames were the forest, a round frame with white strips of
cloth was the moon. At least we could speculate about the meaning of all this
symbolic stuff. Luigi Biondi’s lovely lighting gave colors to the backgrounds
and lit these frames in various ways, highlighting the scenes’ contents; the
lighting was one of the two real highlights of the evening. Mixed
feelings prevailed as to our reaction to the singers: Desirée Rancatore’s Norma
was lovely to hear, but she was lacking vocal stamina, strength, depths of
emotion and conviction, and thus, was not very convincing. Even less
convincing, Roberto Iuliano’s Pollione. The other highlight of the show was
Valentina Boi as Adalgisa. She had it all, a lyrical voice, rounded and warm,
juvenile candor, and quite easily stole the scene. The voices blended well in
the ensembles and the choir was remarkable. Mixed
feelings on the whole; the public, however, was delighted, cheers and applause
were plentiful, and all is well that ends well
Doutes de circonstance: Norma au Teatro Carlo Felice
Foto: Teatro Carlo Felice, Genova
Suzanne Daumann
De nos jours, les
metteurs en scène et chefs d’orchestre prennent de plus en plus de libertés
avec les oeuvres qu’ils interprètent: dommage que personne n’ait encore fait un
sort aux maintes longueurs de cet opéra. Il est peut-être impossible de lui
inculquer une sorte de suspense contenu, toujours est-il que ce soir, nous
sommes restés assez indifférents. La mise en scène de
Luigi di Gangi et Ugo Giocomazzi se contentait de situer l’action dans un
espace indéfini entre histoire et rêve, aidé par les costumes de Daniela
Cernigliaro: Elle préconisait des habits historisants pour les Gaulois, longues
robes pour prêtresses et prêtres, blouses et braies pour les guerriers; les
Romains en revanche portaient des uniformes modernes. La scénographie de Federica Parolini était intéressante à regarder: arbres morts, reliés par un fil rouge, cadres dont
pendouillaient bandes de tissu (écorce?), un cadre rond avec des bandes de
tissu blanc, sans doute la lune… Au moins il y avait de quoi spéculer sur la
signification de ces symboles. C’étaient les très belles lumières de Luigi
Biondi qui mettaient en couleur ces cadres et leur arrière-plan et soulignaient
le contenu dramatique des scènes et qui étaient un des
rares points vraiment positifs pour nous. Côté chant, face au
second cast, on est restés tout aussi indifférents: La Norma de Désirée
Rancatore était fort jolie à entendre, mais manquait de stature vocale, de
souffle, de profondeur émotionnelle et de conviction, et de ce fait, était peu
convaincante. Encore moins convaincant, Roberto Iuliano dans le rôle de
Pollione. La révélation de la soirée était Valentina Boi dans le rôle
d’Adalgisa. Candeur juvenile, force et lyrisme, elle avait tout. Dans les
ensembles, les voix se mêlaient harmonieusement, et le choeur était un autre
élément remarquable. Convaincant aussi, plein d’entrain et attentif aux
détails, la direction musicale de Andrea Battistoni. Impressions mitigées
somme toute; le public, en revanche, était ravi, et tout est bien qui finit
bien.
Turandot - Teatro Regio di Torino
Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio di Torino
Renzo Bellardone
Con un atto di
superbia che non mi è né consono nè abituale, asserisco che nulla mi interessa
dei conservatori e dei detrattori in
riferimento alla conteporaneizzazione della messa in scena delle opere liriche
dei secoli scorsi. Senza visione, curiosità e forte introspezione prospettica di
’analisi del mondo che ci circonda, si resta ancorati a tempi che non tornano
più e che i più giovani non possono nemmeno più comprendere. La salvaguardia
della trama ed il profondo rispetto della scrittura sono sacri, ma EVVIVA a chi
sa analizzare, creare , amare, divulgare e magari anche far discutere! Ebbene
dopo aver visto la Turandot al Regio di Torino con la maestosa direzione orchestrale
di Gianandrea Noseda e la visionaria messa in scena di Stefano Poda, credo che si possano definitivamente mandare
in soffitta archetipi ammuffiti e
stereotipate convinzioni! Per chi non l’avesse capito …ne sono uscito stregato
! E non perché (come dice qualcuno) parteggio per gli amici, ma perché le opere
d’arte vanno riconosciute ed io non metto bende sugli occhi, paraorecchi e
cerniere chiuse alle labbra…. Ed in grande rispetto ho atteso qualche giorno
prima di trasferire le emozioni, per non cadere nella trappola dell’eccessivo
entusiasmo scatenatosi nell’immediato.
La sublimazione di Turandot è avvenuta! Si,
Turandot, Liù e tutti i personaggi della narrazione sono stati sublimati e da uno
status che tutti gli amanti dell’opera conoscevano, si è passati ad un etereo
livello impalpabile, ma tremendamente reale. Quando a dirigere è un ispirato
Gianandrea Noseda e la messa in scena è realizzata genialmente da Stefano Poda
ben poco resta da aggiungere, salvo voler essere cavillosi, pretestuosi e conservatori a tutti i costi! Arcieri in bianco, il colore dominante
della scena insieme al nero, appaiono sul palco e vigorosa prorompe la
musica ed il primo livello di
beatidutine viene raggiunto. Rebeka
Lotar nel ruolo del titolo si vede sottratto il
finale, ma riesce comunque ad esprimere la limpidezza del suono e la sicurezza
nell’emissione. Liù commuove fino all’ultima corda grazie alla voce di Erika Grimaldi (cui il pubblico riserva
il più ampio tributo): è poesia allo stato puro, con modulazioni soffici e
vellutate armonizzate da un forte sentimento partecipativo ‘Signore ascolta...’ Jorge de León cresce man mano che l’opera procede per
giungere al ‘Nessun dorma’ del principe ignoto con convinzione e gradevolezza.
Timur è molto ben interpretato da In-Sung
Sim che esprime una cifra notevole per colore, autorevolezza e grazia.
Antonello Ceron è l’apprezzato
Imperatore Altoum, parimenti a Roberto
Abbondanza nel ruolo di un mandarino. Le tre maschere sono interpretate da
voci interessanti, anche Luca Casalin
per il quale hanno annunciato in apertura la non piena forma vocale, ma che ben
sa rendere Pang, come Mikeldi
Atxalandabaso nei panni di Pong; mi sento di spendere un particolare
positivo accenno a Marco Filippo Romano
che con sicurezza vocale e timbricità possente realizza Ping con la giusta
impronta portandolo con autorevolezza ad essere protagonista. Validi tutti gli interpreti ed un plauso al
coro che ogni volta miracolosamente incanta, quindi un plauso anche al
direttore Claudio Fenoglio. Gianandrea
Noseda, visibilmente soddisfatto canta tutta l’opera
mentre la dirige con una particolare dolcezza, votata alla totale sensibilità
in un crescendo di emozioni: se ancora serviva la prova che il maestro si
attesta fra le stelle di massima grandezza del firmamento musicale, dopo la
direzione di Turandot, non se ne ha più
bisogno! In sintonia epidermica con
l’orchestra trae echi di solennità imperiale che affascinano, quasi fosse la
prima volta che quei suoni si odono! Dalla buca e dal gesto di Noseda , si
alzano emozioni evocative dal sapore quasi intimisticamente religioso, di
grande suspense e di totale avvolgimento. L’atmosfera si fa a tratti rarefatta,
complici la musica e l’essenzialità delle scene del creatore Stefano Poda, il quale con la collaborazione
di Paolo Giani Cei ha curato regia,
scene, luci, costumi e coreografie. Le scene: il bianco è imperante e si
replica anche nei costumi, contaminati da qualche tratto di nero; anche le
parrucche sono bianche ed anche i succinti costumi che impediscono la nudità
totale. A questo proposito desidero sottolineare che l’utilizzo del nudo in
questo caso è frutto di ricerca ed indagine psicologica e di comunicazione; pur
trattandosi di una realizzazione sensuale risulta una delle più asessuate, per
scelta registica (vedi nota di regia riportata sotto). L’utilizzo del Butō
con la tenebrosità dei movimenti lenti ed improvvisamente convulsi e
frenetici affascinano e sorprendono sempre, così come è interessante la
moltiplicazione dei personaggi che muovendo la bocca paiono cantare all’unisono,
rendendo addirittura difficile l’individuazione dell’esatto punto di canto.
Forte l’immagine dei tavoli da obitorio con i cadaveri dei giovani decapitati
per ordine della ‘fredda’ Turandot e particolari le luci che la fanno da
padrone con suggestione ed avvolgente scelta. Della regia si può solo pensare
a tutto il tempo che è stato necessario
per raggiungere una narrazione visionaria, che partendo dalla favola del Gozzi,
arriva al novecento e lo supera proiettandosi verso spazi indefiniti e forse
solo sognati.
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