Sunday, June 14, 2015

El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel en Ámsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

“Historias exóticas” es el título de esta doble cartelera conformada por El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel ofrecida por la Radio Filharmonisch Orkest – la orquesta de la radio neerlandesa – en la sala de conciertos Concertgebouw, en su habitual matiné de los sábados al mediodía y que es transmitida siempre por radio. Como es costumbre, la orquesta convoco a un destacado grupo de intérpretes para la ejecución en concierto de dos grandes obras de teatro musical, en un acto cada una, y que continúan siendo poco representadas.  Sobresalió la presencia en el podio del célebre director Charles Dutoit, dirigiendo dos partituras que conoce y domina, y de las cuales extrajo la amplia gama de colores, posibilidades y libertades, que en especial la partitura de Ravel permite, con sus exóticas tonalidades de música popular española como el flamenco y las jotas, de  la cual se desprende una cierta ironía y picardía también contenida en el libreto.  En Stravinsky encontró una precisión musical  que extrajo de la sección de vientos, de las flautas y de la compacta y homogénea sección de cuerdas de la orquesta, y recreó coloridos sonidos de la naturaleza y temas orientales.  Vocalmente destacó la soprano rusa Julia Novikova, como el Ruiseñor, por la nitidez de su timbre y su ágil y virtuoso manejo de la voz.  La obra permitió también el lucimiento de la soprano Lisette Bolle como la cocinera, muy segura en sus intervenciones con voz robusta y de grato timbre. El tenor ruso Anton Rositskiy hizo su aporte como el pescador,  y el barítono David Wilson-Johnson derrochó experiencia como el emperador.  Sobresaliente fue la intervención del coro Groot Omroepkoor, sin duda uno de los mejores de su género.  L’Heure Spagnole se beneficio de la afinidades y cercanía que Dutoit parece tener con la música de Ravel, y con la oscura tonalidad, profundidad y expresividad que dio a su canto la mezzosoprano Julie Boulianne como el personaje de Concepción. El tenor Frédéric Antoun cantó con calidez y elegancia, buen fraseo y clara pronunciación francesa el papel de Gonzalve. Solido y convincente sonó el barítono neerlandés Thomas Oliemans en el papel de Ramiro. 

Così fan tutte en el Liceu de Barcelona


Foto: A Bofill

Carlos Rosas 

El Gran Teatro del Liceu de Barcelona, decidió programar en su cartelera actual Così fan tutte de Mozart, ópera que no era vista en este escenario desde la temporada 2004. Inicialmente se pensaba que la trilogía Mozart Daponte podría verse en tres temporadas consecutivas en este escenario, pero se sabe que la producción de Lluis Pasqual prevista para la temporada 2015-2016 fue finalmente reemplazada por Benvenuto Cellini de Berlioz.  Muchos agradecerán el hecho de que la oferta de títulos es variada, como en un teatro de este nivel deben ser. Para estas funciones el teatro conformó dos elencos, y esta función correspondió al que sería “en teoría” el alternativo. Personalmente no me gusta hacer esta distinción, ni me gusta que los teatros la hagan, porque parecería que los artistas colocados en un segundo elenco son considerados “per se” como de un nivel inferior al del primero, y si su desempeño no es adecuado, la repercusiones de lo que se haga en un escenario importante como este pueden ser contraproducente para ellos. La realidad es que este elenco conformado en su mayoría por jóvenes, pero experimentados cantantes españoles, respondió de manera correcta y satisfactoria. A la soprano Maite Alberola, se le notó un poco rígida en escena poco convencida en su actuación, pero logró compensar con una voz con cuerpo y notable agilidad, algunas dificultades en el registro agudo pero sacó adelante sus arias. La mezzosoprano Gema Coma-Alabert se presenta con frecuencia en este teatro, su Dorabella fue correcta y actuada con gracia, y voz oscura, muy musical y suficiente peso. El tercer papel femenino, el de Despina correspondió a la mezzosoprano Ana Tobella quien sedujo por su la mezcla de brillo su cómico y sutileza vocal. Su personaje mostro desenvoltura.  El tenor David Alegret encarnó un Ferrando con grato y cálido timbre lirico que desde un inicio un tanto frio fue creciendo en intensidad y ganado confianza. Al barítono Borja Quiza mostro sus dotes vocales, pero en escena pareció estancarse y con poca gracia ofreció menos de lo que nos tiene acostumbrados en otras ocasiones.  El único extranjero del elenco fue el barítono sudafricano William Berger como Don Alfonso, con presencia escénica mostró que el personaje es un vividor y un burlón charlatán. Su voz es cálida y rica,  pero más de uno en el teatro estuvo de acuerdo que su cuestionable pronunciación y dicción italiana desmerecen su desempeño.  El Coro funcionó bien en cada una de sus intervenciones y la orquesta bajo la mano de Josep Pons no paso de ser discreta, ya que por momentos sonó errática en los tiempos, poco cuidada, en algunos momentos la música sonó tan ligera que no proyectaba lo suficiente, pero la música de Mozart siempre sale adelante. Para el último dejamos la parte escénica, que correspondió a Damiano Michieletto, la misma producción estrenada hace algunos años en La Fenice de Venecia.  Una versión moderna, inteligente y divertida de contar una historia  situada en la actualidad en un hotel de lujo, sobre un escenario giratorio, en las que se pudo observar la recepción, un bar, habitaciones, todo de buena manufactura diseñado por Paolo Fantin, con vestuarios también modernos de Carla Teti.  Michieletto aprovecho cada espacio para el movimiento y para hacer un trabajo teatral convincente, fluido y con la justa medida de comicidad. Su dirección puede resultar desconcertante, casi grafica, pero es segura, bien pensada. Para apreciarla las puestas no es necesario ser admirador incondicional de Michieletto, si no que se debe tener la capacidad de considerarla simplemente por lo que es: brillante.  Además el director de escena italiano está de moda, y en los escenarios importantes como el del Liceu es donde se debe presentar.  Por ello un acierto del Liceu de ofrecer esta producción.

Ópera al chile - Desvenar, de Richard Viqueira

José Noé Mercado

Richard Viqueira, ya se ha dicho, es un kamikaze del teatro, un transgresor escénico. Puesto que es un creativo que sí crea, un explorador que gusta de rastrear los rasgos epidérmicos y espirituales de su época y entorno cultural para asumir el riesgo de mostrarlos al público, de encararlo con una propuesta estética contundente. A su catálogo de dramaturgo, director y actor, se suma Desvenar, un mole escénico —estrenado el pasado 19 de mayo que se mantendrá en cartelera todos los martes hasta el 4 de agosto en el foro La gruta del Centro Cultural Helénico—, que discurre sobre el concepto del chile en el contexto mexicano. Una obra que, como ocurrió con su particular ópera vial Monster truck de 2012, abona en su faceta musical, en una expresividad sonora de inusual mérito para quien parte más bien como escritor. En la superficie, Desvenar ensalza el triángulo amoroso entre un Cholo que quiere emigrar y alejarse de lo suyo, un Pachuco nostálgico que retorna del sueño americano y una Adelita que se revoluciona a través de la permanencia en su patria, en su patrimonio, que no es un concepto abstracto, un símbolo tricolor o un lugar destinado por los dioses, sino su lenguaje, su comida, su panorama sonoro. Pero en otros niveles, a través de cinco capítulos y un epílogo, Viqueira —acompañado por Valentina Garibay y Ángel Luna—, escarba por medio del chile —fruto, sangre gastronómica, arma, albur, droga, placer, temor, ostentación, estado anímico— nuestra habla cotidiana, la historia que condiciona nuestro acontecer, nuestras temáticas y referencias mediatizadas e insatisfechas. Y lo hace desde la perspectiva política, amorosa, social, filosófica, humorística. Desde esa música ignorada que nos acompaña sin querer, como la venta de los tamales oaxaqueños en las calles o la compra de colchones, estufas, refrigeradores, lavadoras y fierro viejo; desde las cantaletas de ambulantes en los vagones del metro, los discursos retóricos de los gobernantes o los acentos de los ídolos mediático-musicales que nos han forjado. La puesta en escena de Viqueira es frenética, aun en momentos de un melancólico pero disfrutable lirismo. Las actuaciones se entrelazan y fluyen en la casi inexistente utilería como si fueran un monodrama, cual si un solo organismo expresara su esencia, su rabia, su nacionalidad. La voz cantada de Luna es rítmica y envuelve los embates hiphoperos del dramaturgo, la delicadeza revolucionaria de Garibay. Conviene decir que, más allá de apetecer algunos valores clásicos como una afinación más precisa o una emisión más cuidada en alguno de los intérpretes, el público descubre que lo que en apariencia es una obra de teatro se convierte en un auténtico musical, en un drama hilado a través de la música, de canciones, arias, dúos o tríos. Y no porque las escenas sean acompañadas por melodías procedentes de una guitarra o del mismo juego de voces de los actores que son a la vez instrumentos y cantantes, sino porque se percibe la necesidad de contar la historia, de desarrollar la trama, de exponer las reflexiones, la lucha del lenguaje, a través de un vehículo musical. Ahí quedan, por ejemplo, una divertida oda al mole, la balada “Amor de ponzoña” o el bellísimo lamento “Fui piñata de tu amor”. Así podría catalogarse Desvenar como un singspiel nacional, como una opereta mexicana o una zarzuela azteca. Como una ópera al chile. Aunque ese discernimiento poco importa ante su naturaleza creativa transgénero. Multimedia. Operística. Desvenar refrenda a Richard Viqueira como uno de los creativos escénicos más importantes del México actual y esta obra lo inscribe en ese catálogo de pensadores nacionales que hurgan en nuestra identidad hasta desvenarla, a través de un ensayo que recopila y pone en escena el patrimonio inmaterial de los mexicanos. Como el chile, también la mexicanidad tiene venas y corazón palpables. Por eso Desvenar es sobre nosotros los mexicanos. Es nuestra.


Così fan tutte di Mozart - Liceu de Barcelona

Foto: A Bofill
Carlos Rosas
Il Gran Teatro del Liceu de Barcelona ha deciso di inserire nel suo attuale cartellone Così fan tutte di Mozart, opera che mancava da questo palcoscenico dal 2004. Inizialmente si era ipotizzata una trilogia Mozart Da Ponte si sarebbe potuta allestire per tre anni consecutivi, ma lo spettacolo di Lluis Pasqual previsto per la stagione 2015-2016 è stato alla fine sostituito con il Benvenuto Cellini de Berlioz.  Molti avranno gradito un'offerta di titoli variegata come si conviene a un teatro di questo livello. Per queste recite il teatro ha previsto due diverse compagnie, e in questa recita abbiamo ascoltato quello che in teoria avrebbe dovuto essere il cast alternativo. Personalmente, però, non amo questa distinzione, né mi piace quando i teatri la applicano, perché potrebbe sembrare che gli artisti di una seconda compagnia siano considerati di per sé come di un livello inferiore a quelli della prima, anche se comunque in caso di una qualche defaillance in un contesto tanto importante le ripercussioni possono essere controproducenti per la carriera. La realtà è, in ogni caso, che questa locandina composta per lo più da giovani ma collaudati cantanti spagnoli ha offerto una prova assolutamente corretta e adeguata.  Il soprano Maite Alberola è parsa un po' rigida in scena e poco convincente nella recitazione, ma ha compensato con una voce corposa e di notevole agilità nonostante qualche difficolà nel registro acuto emersa nelle sue arie. Il mezzosoprano Gema Coma-Alabert appare spesso sulle scene del Liceu, la sua Dorabella è stata apprezzabile, recitata con grazia, di voce scura, assai musicale e di peso conveniente. Il terzo ruolo femminile, quello di Despina, è stato affidato al mezzosoprano Ana Tobella che ha sedotto con una felice combinazione di brilantezza comica e raffinatezza vocale, oltre che disinvoltura scenica.  Il tenore David Alegret ha incarnato Ferrando con piacevole timbro lirico e dopo un inizio un tantino freddo è andato crescendo in intensità e guadagnato sicurezza. Il baritono Borja Quiza ha esibito le sue doti vocali, ma è parso stanco e a disagio, offrendo meno di quanto non avesse fatto in altre occasioni.  L'unico non ispanico del cast era il baritono sudafricano William Berger nei panni di un Don Alfonso viveur, burlone e ingannatore. La voce è ricca e di qualità, ma più di uno in teatro ha avuto da ridire sulla sua dizione e pronuncia italiana, che hanno penalizzato la sua prova. Il Coro ha ben figurato nei suoi interventi e l'orchestra diretta da Josep Pons non è stata più che discreta, per discontinuità di tempi, scarsa cura del dettaglio, talora tanto flebile da apparire poco udibile, benché Mozart alla fine riesca sempre ad emergere. Per ultimo citiamo l'allestimento scenico, opera di Damiano Michieletto, la medesima produzione che ha debuttato pochi anni fa alla Fenice di Venezia. Un modo moderno, intelligente e divertito per raccontare una storia collocata in un hotel di lusso, su una scena girevole che ci mostra la reception, il bar, le camere, tutto ben disegnato da Paolo Fantin, con costumi pure contemporanei di Carla Teti.  Michieletto sfrutta ogni spazio con fluidità di movimenti e crea un lavoro teatralmente convincente, ben calibrato nella continuità dell'azione e con il giusto pizzico di comicità. La sua regia potrà essere per qualcuno sconcertante, fin troppo esplicita, ma è coerente e ben pensata. Per apprezzarla non è necessario essere ammiratori incondizionati di Michieletto, basta avere la capacità di considerarla semplicemente per quello che è: un allestimento d'altissima qualità.  Oggi il regista italiano va di moda, e teatri importanti come il Liceu devono essere la sua casa. Sicuramente un merito del Liceu aver offerto questa produzione.

L'usignolo di Stravinskij e L'Heure Spagnole di Ravel in Amsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

“Storie esotiche” è il titolo di questa doppia proposta costituita dal Rossignol di Stravinskij e L’Heure Spagnole di Ravel, offerta dalla Radio Filharmonisch Orkest, l’orchestra della radio olandese, nella sala da concerto del Concertgebouw, nei suoi abituali matiné del sabato a mezzogiorno, e sempre trasmessa alla radio. Come d’abitudine l’orchestra ha chiamato un eccezionale gruppo di interpreti per l’esecuzione in forma di concerto di due grandi opere di teatro musicale, un atto per una, e che continuano ad essere poco rappresentate. Eccelleva la presenza sul podio del celebre direttore Charles Dutoit, che ha diretto due partiture che conosce e padroneggia, e dalle quali ha estratto l’ampia gamma di colori, possibilità e libertà, che permette soprattutto la partitura di Ravel, con i suoi toni esotici di musica popolare spagnola come il flamenco e la jota e dalla quale si apprende una certa ironia e malizia così come contenute nel libretto. In Stravinskij ha incontrato una precisione musicale che si evidenziava nella sezione dei fiati, dei flauti e della compatta ed omogenea sezione degli archi, e ha ricreato i colori sonori della naturalezza e dei temi orientali. Vocalmente è emerso il soprano russo Julia Novikova, come Usignolo, per la nitidezza del suo timbro e il suo agile e virtuoso uso della voce. L’opera ha permesso anche di brillare al soprano Lisette Bolle come cuoca, molto sicura nei suoi interventi con voce robusta e bel timbro. Il tenore russo Anton Rositskij ha dato il suo apporto come pescatore e il baritono David Wilson-Johnson ha mostrato esperienza come Imperatore. Eccezionale l’intervento del coro Groot Omroepkoor senza dubbio uno dei migliori nel suo genere. L’Heure Spagnole ha beneficiato dell’ affinità e vicinanza stilistica che Dutoit pareva tenere con la musica di Ravel, e la scura tonalità, profondità ed espressività che ha dato il mezzosoprano Julie Boulianne nel ruolo di Concepcion. Il tenore Frédéric Antoun ha cantato con calore e eleganza, buon fraseggio e chiara dizione francese nel ruolo di Gonzalve, Solido e convincente ha cantato  il baritono olandese Thomas Oliemans nel ruolo di Ramiro

La Juive di Fromental Halévy - Anversa Belgio

Foto: Annemie Augustijns

Ramón Jacques 

La Juive di Fromental Halévy è il titolo più interessante offerto in questa stagione dall’Opera delle Fiandre. Questo grand-opéra di successo, che è stato rappresentato regolarmente nel secolo XIX, è sparito durante il periodo della seconda guerra mondiale, e dalla sua riscoperta 50 anni fa, nonostante si tratti di una delle opere chiave della storia dell’opera, continua ad essere relativamente sconosciuto. Comunque, vedendola dal vivo si può constatare che si tratta di un capolavoro da qualunque parte la si prenda: orchestrale, teatrale, vocale e corale. La città di Anversa conta su un’ampia comunità israelitica, per cui non è così strano che l’opera sia stata programmata, così come non così strana appariva la presenza della polizia armata che vigilava sul teatro e sui dintorni. Però qui non c’era nessuna provocazione, più che la vera rivelazione del contenuto dell’opera, con la sua densa e dinamica musica, ben scritta per le voci e la teatralità dell’efficiente libretto di Eugéne Scribe. La concertazione sicura di Tomáš Netopil ha mantenuto l’emozione e le palpitazioni al massimo con una orchestra che ha risposto bene e all’altezza della situazione. La produzione del Nationalteather di Mennheim ideata da Johannes Leiacher, ha trasposto l’azione all’attualità, con costumi eleganti e moderni, guanti azzurri per i cristiani e gialli per i giudei. La sobria scena, aveva come sfondo l’enorme vetrata di una cattedrale gotica e di fronte una struttura mettalica semovente che illuminava con brillantezza lo scenario. La regia del polemico Peter Konwitschny ha saputo estrarre la complessita dei personaggi delineando una società distorta dagli estremismi e il fanatismo mortale dato dalla mancanza di tolleranza veso il prossimo, con ironia, disprezzo, e alcune esagerazioni. Il coro ha mostrato solidità e omogeneità e una partecipazione artistica attiva che lo ha portato ad interagire con il pubblico cantando in platea. Il tenore Jean-Pierre Furlan ha esibito buoni mezzi vocali, e il potere, il valore e l’impegno di Eleazar. Il soprano Gal James aveva tutto per essere una Rachel memorabile, voce di corpo, modulazioni, bellezza e fuoco interiore Elena Gorshunova ha creato una cappricciosa Eudoxie con la nitidezza del suo timbro e Robert MacPherson ha apportato calore e sostanza a Leopold. Dimitry Ulianov è stato un autoritario Cardinal Brogni anche se vocalmente poco gradevole e sovradimensionato

Hänsel e Gretel - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio di Torino

Ramón Jacques

Dalla sua prima rappresentazione avvenuta a Weimar nel 1893 e diretta da Richard Strauss, al giorno d’oggi, Hänsel e Gretel è rimasta ininterrottamente nel repertorio dei teatri di tutto il mondo, e anche se l’opera è stata rappresentata in varie occasioni al Regio di Torino, solo questa volta la si è potuta ascoltare nella versione originale in tedesco. Quest’opera non è solo per ragazzi dato che in essa si incontrano sentimenti, pensieri e attitudini da adulti. Questo mondo fantastico del racconto di fate è stato captato abilmente dalla produzione del 1991 di Emanuele Luzzati con i simpatici costumi di Santuzza Calì. Il regista Vittorio Borrelli voleva trasmettere questa magia contenuta nel libretto lavorando dettagliatamente sulla memoria e sui gesti dei protagonisti, che giocavano, ballavano come bimbi, ma con lo spessore vocale necessario per cantare la loro parte. Le scene del bosco incantato hanno apportato la cosa di maggiore attrattiva con ballerini del balletto, come angeli che coprivano il sonno dei loro bimbi con una enorme tessuto trasparente. Divertente la scena della strega sexy che cantava e ballava, e che cadendo in una fornace si convertiva in un biscotto. Una maggiore brillantezza nell’illuminazione di un ambinete tanto scuro avrebbe giovato a mettere in miglior risalto lo scenario. Vocalmente il cast si è ben disimpegnato, come il mezzosoprano Annalisa Stroppa considarata una voce nuova del canto in Italia, che ha apportato una voce chiara di timbro pulito, raggiante e fresco, buona tecnica e agilità come Haensel. Come Gretel, il soprano Regula Mühlemann  vantava la sua base balcantistica con una tecnica raffinata e un timbro pieno di armonici che si illuminava negli acuti. Come la strega Natascha Petrinsky che ha cantato con la sua profonda e brunita voce di mezzosoprano, e ha saputo mettere in evidenza la sua carismatica presenza con grazie e ironia. Hanno completato correttamente il cast Tommi Hakala nel ruolo del padre Peter, Atala Schoeck come Gertrud la madre, Bernadette Müller nei suoi interventi come fata così come nel coro dei ragazzi. Un aspetto da considerare è la ricca orchestrazione dell’opera che è stata la cosa migliore della recita sotto la bacchetta di Pinchas Steinberg che ha mostrato abilità e cura nella sua direzione, con la quale ha estratto lo spirito e il gradevole incanto della colorita partitura, così come la semplicità della melodia e lo ha fatto con dolcezza in un clima quasi liederistico



Fausto de Charles Gounod en el Teatro Regio de Turín

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

Asistir a la producción en cuestión resultó una fulgurante y emocionante experiencia al lado de gigantes como Charles Gounod, Gianandrea Noseda y Stefano Poda.  La solemne obertura con colores orgánicos, casi como al final, delineaban inmediatamente la tragedia, la visionaria sucesión de los hechos.  La batuta de Gianandrea Noseda con su habitual y respetuosa humildad para afrontar las partituras, sorprende y fascina por temperamento, delicada sensibilidad y pasión. No decreció e hizo transparente e inteligibles las partes menos vivaces. Un grande de la dirección orquestal que nos catapultó a escuchar el infinito mundo de las emociones, que nos hacen amar la música incondicionalmente.  En el cartel del teatro se leía “dirección escénica, escenografía, vestuarios, coreografía y luces” de Stefano Poda. Conociendo y apreciando el minucioso y completo trabajo del ecléctico Poda, se pregunta uno cada vez. ¿Cómo es que lo hace? En esta ocasión surgió la misma pregunta, antes claro de haber visto el fulgurante espectáculo que puso en escena.  Creó un anillo girador gigante que simbolizaba la búsqueda de la vida y este fue el único y constante elemento sobre la escena.  El estupor se derivó de la eficacia de una escena casi fija, mutable solo en los movimientos del círculo con símbolos dentro como troncos de árbol blancos y deformados que extendían sus ramos el uno hacia el otro, como si un humano tendiera su brazo como ayuda, y se proyectaban hacia un público atónito y fascinado. Las luces fueron un elemento clave para vestir minuciosamente, también a los movimientos escénicos, “al punto”  y nada ocurrió por casualidad o de manera descompuesta, sino con una refinada elegancia y en simbiosis con el fluctuar de las notas. Los colores, del gris dominante, pasaron al cobrizo hasta explotar en el rojo de los vestuarios o al color de la desnudez. El coro y los figurantes estuvieron en continua acciones con movimientos coreográficos, en una suerte de danza tenebrosa, se alternaron con movimientos lentos o de frenéticas convulsiones.  Fausto fue el refinado tenor Charles Castronovo, que se mantuvo bien sobre el escenario y fue particularmente apreciado en su dueto con Margarita y en el terceto con Mefistófeles, gracias a un agradable timbre. Ildar Abdrazakov ofreció una excelente interpretación del diablo con sus colores bronceados y poéticamente redondeados con un tono notable y brutalmente engañoso de lo que el papel requiere.  Margarita encontró en la soprano Irina Lungu la dulzura vocal y la sufrida expresión de la victima predestinada. Con fáciles agudos y brillantez emocionó. Vasilij Ladjuk personifico a Valentin y la apreciada mezzosoprano Ketevan Kemoklidze dio voz a Siebel. El coro muy apreciado, además en lo escénico en una producción de muchos movimientos, se escucho bien amalgamado. 

Faust di Gounod - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese - Fondazione Teatro Regio di Torino

Renzo Bellardone

La solenne ouverture dai colori organistici, così come al finale, tratteggia immediatamente la tragedia, il visionario susseguirsi degli avvenimenti. La bacchetta di Gianadrea Noseda, con la consueta rispettosa umiltà con cui affronta tutte le partiture,  carpisce ed affascina per temperamento, delicata sensibilità ed irruente passione; non ha avuto cali ed ha reso trasparente ed intellegibile anche le parti musicali meno vivaci;  un vero gigante della direzione orchestrale dei nostri tempi, che catapultando l’ascoltatore nell’infinito mondo delle emozioni riesce a far vivere ed amare la musica incondizionatamente. In locandina si legge “Regia, scene, costumi, coreografia e luci di Stefano Poda” e pur conoscendo ed apprezzando il complesso e minuzioso lavoro svolto dall’eclettico Poda, ogni volta ci si chiede: come ci riesce? E questa volta ci si è posto lo stesso quesito, ma non prima, ma dopo aver visto il folgorante e mirabolante spettacolo che ha nesso in scena. Con l’assistenza di Paolo Cei Giani ha creato una ruota gigantesca a simboleggiare il cerchio della vita e questo è rimasto l’unico e costante elemento della scena. Lo stupore deriva dall’incredibile efficacia che una scena pressoché fissa,  mutevole solo nei movimenti del cerchio con simbolici inserimenti quali due tronchi bianchi e contorti che tendono i rami l’un l’altro (come gli umani tendono le braccia alla ricerca di conforto),  riesca a proiettare sul pubblico attonito ed affascinato. Le luci sono l’elemento chiave che il gigante della messa in scena sa dosare minuziosamente, come i movimenti scenici, ‘sulla nota’: nulla avviene per caso o scompostamente, ma con raffinata eleganza in simbiosi con il  fluttuare delle note. I colori, dal grigio dominante passano al ramato ed all’ottone, fino ad esplodere nel rosso dei costumi o nel colore delle nudità. Il coro ed i figuranti sono in continua azione con movimenti coreografici  intrisi di Butoh che in una sorta di danza tenebrosa  alternano  movimenti lenti con frenetiche convulsioni a sinuosità evocative.  Faust è il raffinato tenore Charles Castronovo, che con buona tenuta della scena è stato particolarmente apprezzato nel duetto con Margherita e nel terzetto anche con Mefistofele, anche grazie al gradevole timbro. Ildar Abdrazakov offre una eccellente interpretazione di Mefistofele con i suoi colori bruniti e  poeticamente arrotondati e con il tono autorevole e grottescamente  ingannatore che il ruolo richiede. Margherita  trova nel soprano Irina Lungu, la dolcezza vocale e l’espressione dolce e sofferta della vittima predestinata. Facile negli acuti e con costante limpidezza sa emozionare e rendere partecipi.  Vasilij Ladjuk, impersona Valentin,fratello di Margherita e soldato con impeto ed autorevolezza, con colore caldo ed appasionato. Ketevan Kemoklidze è l’apprezzata mezzosoprano che da voce a Siebel; Samantha Korbey interpreta efficacemente il  ruolo di Marthe, mentre  Paolo Maria Orecchia è un applaudito Wagner. Il coro diretto da Caudio Fenoglio è ogni volta più apprezzato oltre che localmente, anche scenicamente ed in questa produzione di movimenti scenici ce ne sono e parecchi; le voci sono sempre così bene amalgamate da incantarsi all’ascolto. Produzione di assoluto rilievo che va ad incastonarsi tra le migliori del Teatro Regio stesso ancorchè tra le migliori in assoluto viste nel panorama del teatro d’opera contemporaneo. E per tornare a parlare di geni certamente un incondizionato applauso va a Gounot che ha saputo alternare marce, valzer, tristezza e risolutezza in un caleidoscopico amalgama di emozionanti colori. La musica vince sempre.

Monday, June 8, 2015

Marie-Claude Chappuis recital, Friburgo Svizzera

Foto: Christoph Lösche

Ramón Jacques

Il Festival del Lied che si realizza nella città di Friburgo e che ha attirato durante la sua storia importanti interpreti operistici e liederistici, ha inaugurato la sua ottava edizione. La formula in questa occasione è stata modificata, e invece di tenere tutti i recital in una sola settimana, ora si offrono durante ogni stagione dell’anno. Il recital della Primavera corrispondeva a quello affidato a Marie-Claude Chappuis, conosciuto mezzosoprano nata in questa località e fondatrice e direttrice del festival, che ha presentato un programma di melodie e canzoni francesi, genere del quale è una specialista. Il Tempio di Friburgo era lo spazio ideale in cui creare un ambiente confortevole e pieno di intimità per la realizzazione di questo recital, che si incentrava su pezzi di tre compositori, Gabriel Fauré, Francis Poulenc e Eric Satie. Marie-Claude Chappuis sa godere di questa musica che conosce bene e canta con dolcezza e musicalità, dando senso ad ogni parola e ad ogni frase che emette, con dizione nitida ed eleganza. E’ una artista che fa di ogni pezzo, corto o lungo che sia, una storia da raccontare e la sa trasmettere al pubblico per commuoverlo ed emozionarlo. Il primo blocco di canzoni di Fauré è stato luminoso con un calore quasi solare come Après un rêve. La sua grazia particolare e simpatia si sono manifestate nei due cicli di canzoni di Poulenc di cui ha interpretato Avant le Cinéma, senza dimenticar Nous voulons une petite soeur o la nota Les chemins de l’amour, con cui letteralmente e senza la necessità di chiudere gli occhi ci ha trasportati in un’ora e in un luogo del passato. Le canzoni di Satie le ha sfumate con espressività e intenzione" e il suo disimpegno è stato coronato da Adieu de l'hôtesse arabe" di Bizet, con testo di Victor Hugo, senza dubbio la miglior canzone del compositore dalla quale Marie Claude ha saputo estrarre la sensualità e l’esotismo contenuti nel testo, con una tonalità vocale duttile e raggiante. Non dimentichiamo di menzionare la notabili interpretazione musicale offerta da Malcolm Martineau, pianista esperto, e competente, che ha saputo creare una simbiosi e una stretta complicità tra tastiera e voce. Come nota curiosa, questo recital è stato registrato per essere poi trasferito su CD, così si potranno rivivere quei momenti.


Sunday, June 7, 2015

Recital de Marie-Claude Chappuis en Friburgo, Suiza

Foto: Christoph Lösche

Ramón Jacques

El ‘Festival du Lied’ que se realiza en la ciudad de Friburgo y que ha atraído durante su historia a importantes interpretes de ópera y de lied, inauguró su 8ª edición.  El formato en esta ocasión se modificó, y en vez de que todos los recitales se realizasen en una misma semana, ahora se ofrecerán durante cada una de las estaciones del año. El recital  de “Primavera” le correspondió a Marie-Claude Chappuis, reconocida mezzosoprano nativa de esta localidad y fundadora y directora del festival, quien ofreció un programa de Mélodies et Chansons françaises, genero del cual es una especialista. El Templo de Friburgo fue el espacio ideal en el que se creó un ambiente reconfortante y pleno de intimidad para la realización de este recital, que se centro en piezas de tres compositores como Gabriel Fauré, Francis Poulenc y Eric Satie. Marie Claude Chappuis disfruta esta música que conoce bien y que canta con dulzura y musicalidad, dando sentido a cada palabra y a cada frase que emite, con nitidez en la dicción y con elegancia. Es una artista que hace de cada pieza, por más corta o larga que sea, una historia que le cuenta y le transmite al público al que logra conmover y emocionar. El primer bloque de canciones de Fauré, fue luminoso con una calidez casi solar como en Après un rêve. Su gracia particular y simpatía se manifestó en los dos ciclos de canciones de Poulenc que interpretó desde Avant le Cinéma, sin olvidar Nous voulons une petite soeur o la conocida Les chemins de l’amour, con el que literalmente y sin necesidad de cerrar los ojos nos transportó a algún lugar y tiempo en el pasado. Las canciones de Satie las matizó de expresividad e intención, y su desempeñó lo coronó con "Adieu de l'hôtesse arabe" de Bizet, con texto de Víctor Hugo, sin duda la mejor canción del compositor de la que Marie-Claude extrajo la sensualidad y exotismo contenido en el texto, con dúctil y radiante tonalidad vocal. No olvidemos mencionar el sobresaliente marcó musical que ofreció Malcolm Martineau, experimentado pianista, y conocedor, que creó una simbiosis y estrecha complicidad entre su teclado y la voz. Como dato curioso, este recital fue grabado para ser emitido posteriormente en CD, y quienes estuvimos allí podremos revivir esos momentos.


Hänsel y Gretel en Turín - Teatro Regio

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio Torino

Ramón Jacques

Desde la primera representación de Hänsel e Gretel, en Weimar en 1893 conducida por Richard Strauss, al día de hoy, la ópera ha permanecido de manera interrumpida en el repertorio de los teatros en el mundo, y aunque la ópera había sido representada en varias ocasiones en el Teatro Regio de Turín, apenas hasta ahora se escuchó por primera ocasión en su versión original en alemán. Esta obra no es solo para niños ya que en ella se encuentran proyectados sentimientos, pensamientos y actitudes de adultos. Ese mundo fantasioso del cuento de hadas fue captado cabalmente con la producción de 1991, de Emanuele Luzzati con simpáticos vestuarios de Santuzza Calì. El director Vittorio Borrelli, quiso transmitir esa magia contenida en el libreto, trabajando detalladamente en la memoria y actitudes de los protagonistas, que jugaron y bailaran como niños, pero con el espesor vocal necesario para cantar sus partes. Las escenas del bosque encantado aportaron el mayor atractivo visual con bailarinas de ballet, como ángeles cubriendo el sueño de los niños con una enorme y delga tela transparente. Divertida fue la escena de la bruja sexy que bailaba y cantaba, y que al caer dentro un horno se convirtió en una enorme galleta. Mayor brillantez de la iluminación  a una puesta un tanto oscura hubiera resaltado aun más el escenario. Vocalmente el elenco se desempeño bien, como la mezzosoprano Annalisa Stroppa, considerada la nueva figura del canto en Italia, quien aportó una voz clara de timbre pulido, radiante y fresco, buena técnica y agilidad a Hänsel. Como Gretel, la soprano Regula Mühlemann presumió su fondo belcantista con una técnic refinada y un timbre pleno de harmónicos que se iluminaba en los agudos. Como la bruja, Natascha Petrinsky cantó con su profunda y oscura voz de mezzosoprano, y resaltó su carismática presencia con gracia e ironía. Cumplieron correctamente Tommi Hakala como el padre Peter, Atala Schöck como Gertrud la madre, Bernadette Müller en sus intervenciones como hada, así como el coro de niños del teatro.  Un aspecto a considerar es la rica orquestación de la obra, que fue el punto más alto de la función bajo la conducción de Pinchas Steinberg, quien demostró habilidad y cuidado en su conducción, con la que extrajo el espíritu y agradable encanto de la colorida partitura, así como la simplicidad en la melodía, y lo hizo con dulzura y en un clima casi liederistico.

La Juive de Fromental Halévy en Amberes Bélgica

Foto: Annemie Augustijns

Ramón Jacques

La Juive de Fromental Halévy es el título más atractivo que ofreció la Ópera de Flandes en esta temporada. Esta grand opéra que tuvo éxito y fue representada con regularidad en el siglo 19, desapareció durante el periodo de la segunda guerra mundial; y a pesar de fue redescubierta en los años 50, y de ser una de las obras claves en la historia de la ópera, continúa siendo relativamente desconocida. Sin embargo, presenciarla en vivo es constatar que se trata de una ‘obra maestra’ desde cualquier ángulo que se le quiera ver: orquestal, teatral, vocal y coral. La ciudad de Amberes cuenta con una amplia comunidad judía, por lo que no es de extrañar que la ópera haya sido programada, como tampoco lo fue la presencia de policías armados vigilando el teatro y sus alrededores. Pero aquí no hubo ninguna provocación, más que la verdadera revelación del contenido de la ópera,  con su densa y dinámica música, bien escrita para las voces y la teatralidad del eficiente libreto de Eugène Scribe. La segura concertación de Tomáš Netopil mantuvo la emoción y las palpitaciones al máximo con una orquesta que le respondió bien y a la altura de la situación. La producción del Nationaltheater Mannheim ideada por Johannes Leiacher, trasladó la acción a la actualidad, con elegantes y modernos vestuarios, guantes azules para los cristianos y amarillos para los judíos. La sobria escena, tuvo como fondo la enorme vidriera de una catedral gótica, y al frente unas estructuras metálicas móviles, que iluminaban con brillantez el escenario. La dirección escénica del polémico Peter Konwitshchny, extrajo la complejidad de los personajes y esbozó una sociedad distorsionada por el extremismo y el fanatismo mortal que se da por la falta de tolerancia al próximo, con ironías, desprecios y algunas exageraciones. El coro mostró solidez y homogeneidad, y una activa participación artística que lo llevo a cantar e interactuar con el público entre las butacas. El tenor Jean-Pierre Furlan exhibió buenos medios vocales; y el poder, el valor y el compromiso de Eleazar. La soprano Gal James, tuvo todo para hacer una Rachel memorable, voz con cuerpo, modulación, belleza y fuego interior. Elena Gorshunova creó una caprichosa Eudoxie con nitidez en su timbre y Robert Macpherson aportó calidez y enjundia a Leopold. Dmitry Ulianov fue un autoritario Cardenal de Brogni, aunque vocalmente desmesurado y de timbre poco grato. 

Carmen en el Teatro Argentino de la Plata, Argentina

Fotos: Perez de Eulate / Guillermo Genitti - Teatro Argentino

Dr. Alberto Leal

Estrenada el 3 de marzo de 1875 en la Opéra-Comique no fue originalmente bien recibida por el público. Sin dudas, su argumento, liderado por una mujer que vive de una forma muy alejada a la moral de la época y termina asesinada por un soldado devenido en desertor y delincuente, desconcertó al público. Ocurrió lo mismo  con la versión presentada en el Teatro Argentino de La Plata, con Dirección escénica de Valeria Ambrosio, pero obviamente por otros motivos. Muy bien dirigida por el Maestro Tulio Gagliardo, cuidando siempre el balance entre foso y escenario, con gran respuesta por parte de la orquesta y gran trabajo vocal de ambos Coros, aunque desaprovechados teatralmente, esto alcanzó para brindar – a duras penas – una correcta función de Carmen. Antes a adentrarnos en la función, es lógico reconocer que el trabajo de Ambrosio, con respecto a la convocatoria de público, está dando sus frutos. La fórmula es simple pero tiene garantía de funcionamiento. Títulos populares, bajos precios – muy bajos – de las entradas justifican el cambio. Y para los que amamos el medio nada más placentero que ver un teatro lleno como estaba el Argentino el domingo. Por otro lado el edificio – exterior e interiormente- continúa deteriorándose a pasos agigantados. Da pena ver tanta destrucción en un teatro relativamente nuevo. La suciedad exterior y el abandono interior son cada vez más notables y no veo solución a corto plazo. Y volvamos a nuestra descolorida Carmen. Luego de su Tosca del año anterior y la presente Carmen es fácil concluir que la Sra. Anbrosio poco tiene para aportar al mundo de la ópera. No creo que se sienta cómoda en este terreno y lo que ha aportado es un leve make-up, nada más. En esta ocasión integró algunos pocos elementos de la comedia musical – que ese si debe ser su fuerte – pero no gravitaron para nada en el resultado final ni aliviaron el marcado aburrimiento del primer acto. Se usó la versión opéra-comique , con diálogos , pero severamente cortados. Con nulas marcaciones para el coro y solo algunas puntuales para los solistas, esta Carmen navegó gracias al respaldo musical y, en alguna medida, vocal. Lograda la simple escenografía de los dos primeros actos, triste la del tercero y kitsch la del último acto, coronado con un cuadro de una mujer desnuda con las banderillas clavadas en su espalda….al mismo tiempo que se proyectaba el hashtag #NiUnaMenos! (René Diviú). El feo vestuario, con variaciones de tiempo y lugar sin razón alguna, con ambos coros vestidos como si hubieron llegado así de sus casas y los soldados con trajes del “Ejercito de Liberación”, camuflados…no tiene coherencia ni explicación alguna y no ayudan a la representación. No parece existir aquí una idea clara de que se buscaba. (Valeria Ambrosio). 
Correcta iluminación de Willy Landin. Adriana Mastrángelo pareció no moverse aquí con la comodidad que lo hizo en la puesta de Marcelo Lombardero. Su altura y su tipo físico la apartan de la figura de Carmen. Pero cantó con su hermoso timbre, siempre afinada, con buena línea de canto y, por momentos sexy. Ella y Sebastián Sorrarain ( Dancairo) fueron claramente los dos que mostraron mejor dicción francesa. En algunos momentos de los 3 primeros actos fue poco audible (por lo menos desde mi butaca 5ta fila de Platea Alta). Pareció guardar su voz para el último y exigente acto, donde se la escuchó con muy buen volumen,  vibrante, con  gran entrega, generando un magnífico dúo con Enrique Folger (Don José). Es notable que ninguna de sus arias fuera aplaudida. Folger, en uno de sus papeles más logrados, volvió a mostrar su hermoso timbre, su notable volumen, gran temperamento y condiciones de actor. Por lejos lo mejor de la función. Así lo entendió el público premiándolo con una ovación luego de su aria y siendo el más aplaudido en su salida final. El “ES” Don José. En algunos momentos podría pedírsele un canto algo mas matizado, pero es tanta su entrega, tanta la emoción que logra generar, sobre todo en una función notablemente aburrida, que cada una de sus salidas levantaban considerablemente el nivel de la misma. Bravo. Leonardo Estévez (Escamillo) no mostró diferencias con la versión de Lombardero. Agudos forzados, tirantes, voz despareja. Aunque tiene la presencia adecuada, Escamillo no parece ser un rol de los adecuados para sus condiciones vocales. María Bugallo (Micaela) cantó con musicalidad y correcta línea de canto, aunque su voz es demasiado ligera para el rol. A pesar de ello se la escuchó toda la función sin problema alguno, en parte a su timbre rico en armónicos. El cuarteto de contrabandistas – Victoria Gaeta – Rocío Arbizu – Patricio Oliveira y Sebastián Sorrarain – cumplieron una excelente actuación. Sorrarain, que hizo del Dancairo su papel fetiche, ya que lo ha cantado en la mayoría de las representaciones de Carmen de los últimos años, da una clase que como aprovechar al máximo un rol comprimario y convertirlo en un personaje de importancia en la trama. Muy buenos trabajos de Sebastián Angulegui (Morales), Walter Schwarz (Zuñiga) Y Fernando Alvar Nuñez ( Lilas Pastia). El trabajo de Alejandro Ibarra, brinda una coreografía que se destaca particularmente en los interludios donde los “Alter ego” de los protagonistas anticipan la acción siguiente, pero mas allá de lo estético poco aportan a la acción. Logrará amigarse alguna vez con la Opera la Sra. Ambrosio?

CO2 de Giorgio Battistelli estreno mundial en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo

An inconvenient Truth de Al Gore es la base de la nueva ópera comisionada a Giorgio Battistelli por el Teatro alla Scala con motivo de la Expo 2015  Milano.  CO2 es una obra de fuerte connotación ambientalista, en la que la obra tierra se identifica como un enfermo hoy casi incurable dañado irremediablemente por el propio hombre en una caída en espiral hacia la autodestrucción, en un dramático recorrido que nos lleva del edén bíblico a la conferencia de Kioto, pasando por la globalización alimenticia, huracanes y tsunamis. En el último verso del libreto el climatólogo David Adamson con amarga sabiduría afirma “If I am the cause, then I am not also the cure?”  Battistelli organizó la ópera en un prologo. 9 escenas y un epilogo, utilizando formas típicas del teatro musical más tradicional como arias, duetos, coros, y partes declamadas, mientas que la música, compacta y de timbre reluciente, supo ilustrar e narrar dramáticamente le diversas situaciones, con una atención particular a los ritmos percusivos. Robert Carsen organizó un espectáculo de gran impacto visual con un uso casi virtuoso de las videoproyecciones encuadradas en una enorme pantalla de computadora.  Muy bien el joven director Cornelius Meister quien mantuvo las riendas de una partitura casi compleja sobretodo logrando no perder nunca de vista la relación entre el foso y el escenario. El elenco resultó ser muy homogéneo teniendo gran merito Anthony Michaels-Moore (Adamson), Pumeza Matshikiza (Eva), Sean Panikkar (Adamo) y el insinuante David DQ Lee (Serpente). De buen nivel estuvo la prestación del óptimo coro de la Scala dirigido por Bruno Casoni.  Éxito por parte del público. 

CO2 - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo

An inconvenient Truth di Al Gore è alla base della nuova opera commissionata dal Teatro alla Scala a Giorgio Battistelli in occasione di Expo 2015 Milano. CO2 è un lavoro di forte connotazione ambientalista, in cui la terra viene identificata come un malato ormai quasi incurabile danneggiato irrimediabilmente dall’Uomo stesso in una discesa vorticosa verso l’autodistruzione, in un drammatico percorso che porta dall’Eden biblico alla conferenza di Kyoto attraverso globalizzazioni alimentari, uragani e tsunami. Nell’ultimo verso del libretto il climatologo David Adamson con amara consapevolezza afferma “If I am the cause, then am I not also the cure?”. Battistelli organizza l’opera in un prologo, 9 scene e un epilogo, utilizzando forme tipiche del teatro musicale più tradizionale come arie, duetti, cori e parti declamate, mentre la musica, compatta e timbricamente cangiante, sa illustrare e narrare drammaticamente le varie situazioni, con un’attenzione particolare alle ritmiche percussive. Robert Carsen organizza uno spettacolo di grande impatto visivo con un uso quasi virtuosistico delle videoproiezioni incorniciate in un enorme schermo di computer. Bravo il giovane direttore d’orchestra Cornelius Meister a tenere le redini di una partitura così complessa soprattutto riuscendo a non perdere mai di vista il rapporto buca/palcoscenico. Il cast è risultato molto omogeneo, con una punta di merito per Antony Michaels-Moore (Adamson), Pumeza Matshikiza (Eva), Sean Panikkar (Adamo) e l’insinuante David DQ Lee (Serpente). Di livello la prestazione dell’ottimo coro scaligero guidato da Bruno Casoni. Buon successo di pubblico.

Goofy and charming: Rossini’s Cenerentola at the Opéra de Rennes

Foto: Laurent Guizard

Suzanne Daumann

It’s a tradition by now: every two years, the Opéra de Rennes shares its end-of-season production with a large public outside the opera house: telecasts to thirteen Breton towns, live stream on France Musique, and transmission to a big screen right on the square outside of the opera house – everyone is invited to celebrate opera this day.  Rennes, by the way, is the only opera house in France to offer such a possibility. Rossini’s Cenerentola being a feast in its own right, it takes only an intelligent staging and cast for the celebration to be a success. This version of the Cinderella story, let’s remember, is slightly different from what Perrault or the brothers Grimm tell us: The prince and Cinderella meet for the first time in Cinderella’s house, before the ball, and fall in love at first sight. No fairy godmother, no enchanted hazel bush for Cinderella to help with preparations for the ball, but the prince’s tutor, Alidoro, a wise and gentle magician. And Cinderella doesn’t have a vicious stepmother, but a greedy and selfish stepfather. The Cinderella story, come to think of it, is more that just a silly fable to remind girls to be good at all times. The late Jérôme Savary’s staging respects its tender and deeper side.  Resuscitated by Frédérique Lombard, charming and witty, it is situated in the 19th century. The colourful costumes contrast deliciously with the lovely trompe-l’oeuil backgrounds, all in subdued colours. From the overture, the Rossinian spirit is fully present. Darrell Ang conducts the Orchestre Symphonique de Bretagne with precision and finesse in the complicated score with its many tempo and intensity changes. Once or twice, the orchestra covers the singers a bit, but on the whole, stage and pit are finely united. The woodwinds, especially, are much in demand and rise up to the challenge with brio, as always. The two sisters are making a remarkable entry. Anna Steiger, Tisbe, and Jeannette Fischer, Clorinda, are stealing the stage a bit, they are so funny and present, ridiculously capering and cooing, that one almost forgets their remarkable singing. Strawberry and apricot, they are the fruits of the party. Just like the spoilt children they are, they are commenting on every word, every dialogue of the adults, calling their presence to mind every moment. It would be too much, were it not so well done, for instance when Clorinda does the old Harpo Marx stunt and tries to get everyone she meets to hold up her knee. Very fortunately, the rest of the cast is perfectly up to the challenge. Angelina, la Cenerentola, is played by the wonderful mezzo-soprano José Maria Lo Monaco. With her light and ample voice and its soft and golden timbre, she is an ideal Cenerentola, modest and innocent, yet very much present. Pure caramel with salted butter! Well one understands the prince Ramiro who falls in love with her on first sight. Tenor Daniele Zanfardino gives him life and voice. Suave and energetic, an accomplished belcantist, he masters all the difficulties of the part. Mint and chocolate ice cream: who’d have thought that this would go so well with the caramel! The duos are simply delicious, their voices blending together so harmoniously. Another variation from the original story is the character of Dandini, the prince’s valet.  He has to change clothes with his master, in order to find out the real character of the two engaging maidens. The excellent baritone Marc Scoffoni plays him with a kind of comic grace that would also suit an Offenbach opera. A real dandy, he swaggers and dances and prances like a circus horse, seemingly having royal fun all the while. Fine and crisp, here is an apple tart for you. Bruno Praticò, baritone, plays Don Magnifico, the greedy stepfather. An experienced Don Magnifico, he is goofy and yet touching. A glass of red wine, Montepulciano maybe, light and earthy. Luigi de Donato, bass, last but not least, interprets Alidoro. With his warm and soft voice, pure musical chocolate, he delivers his grand aria in Act II with energy and resounding low notes. Delightful, how he sketches a few dance steps with Angelina during the postlude. Delightful, the choreographies by Frédérique Lombart. The choir, conducted by Gildas Pungier, is magnificent, precise and musical, as usual. All in all, a lovely Rossini evening, that ends with largely deserved huge applause, and one regrets not to be able to attend the grand telecast night. 

Recital de Furio Zanasi - Schwanengesang en Nápoles

Alberto Raimondi

En Nápoles, en la sugestivo marco del Salone Margherita, amplia sala circular colocada bajo la Galleria Umberto destinada para caballeriza del siglo XIX y XX y luego a cafè-chantant, tuvo lugar la esplendida ejecución del último ciclo liederistico de Schubert Schwanengesang, con el barítono Furio Zanasi y el pianista Massimo Viazzo. Zanasi, conocido mas como cantante de barroco y sobretodo un monteverdiano de referencia (ha interpretado el papel de Orfeo un centenar de ocasiones) ha mostrado siempre afinidad con el mundo del lieder alemán. Aquí, su interpretación de la Schwanengesang estuvo muy atenta al sonido de la palabra, y se distinguioo  por la belleza del timbre, siempre rotundo y sinuoso, y por un fraseo natural y muy musical.  Por su parte, Massimo Viazzo no se limitó acompañar la voz, sino que además resalto con gran sensibilidad en el timbre y la refinada técnica a las fascinantes figuraciones melódicas y rítmicas que Schubert diseminó en la partitura.  Los Schwanengesang fueron precedidos de una conmovedora ejecución  de 3 Canti dell’Arpista una muy notable antología  ya completamente madura,  aunque fue compuesta por el compositor austriaco con apenas dieciocho años. En el futuro de estos artistas se vislumbra una cita en el Festival Cervantino de México con Die Winterreise.  

Burlesque et charmant : La Cenerentola de Rossini à l’Opéra de Rennes

Foto: Laurent Guizard

Suzanne Daumann

C’est désormais une tradition : tous les deux ans, l’Opéra de Rennes partage sa production de fin de saison avec le plus grand nombre. Retransmission sur grands écrans dans plus de dix villes en Bretagne, captation radio, et retransmission sur écran sur la place de la Mairie – ainsi l’opéra invite à la fête. C’est d’ailleurs la seule maison d’opéra en France à proposer une telle action.La Cenerentola de Rossini étant une fête à elle seule, il suffit d’une mise en scène soignée et une distribution au diapason pour qu’elle soit vraiment réussie. Cette version du conte de Cendrillon, rappelons-le, se distingue un peu de ce que racontent Perrault ou les frères Grimm. Le prince et Cendrillon se rencontrent avant le bal et tombent immédiatement amoureux l’un de l’autre. Ce n’est pas une marraine qui va aider Cendrillon à visiter le bal du prince, mais le précepteur de celui-ci, Alidoro, une espèce de magicien bienveillant. Et Cendrillon n’a pas une belle-mère, mais un méchant beau-père. L’histoire de Cendrillon, à bien y réfléchir, n’est pas simplement une niaise fable pour inciter les filles à bien se tenir. La mise en scène du regretté Jérôme Savary tient compte de son côté tendre et profond. Ressuscitée par Frédérique Lombard, charmante et loufoque, elle est situé au 19ème siècle. Devant les belles coulisses en trompe-l’oeil, tout en teintes atténuées, les costumes hauts en couleurs se détachent délicieusement.  Dès l’ouverture, l’esprit rossinien est bien présent. Darrell Ang dirige l’Orchestre Symphonique de Bretagne avec précision et finesse dans la partition compliquée avec ses changements de tempo et d’intensité. Une ou deux fois, l’orchestre couvre un peu les chanteurs, mais dans l’ensemble, fosse et scène sont bien unis. Les vents surtout sont souvent sollicités et jouent leur rôle avec brio, comme toujours.  Les deux sœurs font une entrée remarquable. Anna Steiger, Tisbe, et Jeannette Fischer, Clorinda, volent un tantinet la scène à leurs collègues, tellement elles sont présentes, drôles, roucoulant et roulant avec ridicule, et l’on en oublie presque qu’elles chantent aussi remarquablement. Fraise et abricot, elles sont les fruits du festin. Telles des enfants gâtées, elles commentent chaque mot, chaque échange des grandes personnes, rappellant constamment leur présence. C’en serait trop, si ce n’était pas si merveilleusement bien fait, comme quand Clorinda, façon Harpo Marx, essaye constamment de draper une jambe par-dessus le bras d’une victime innocente. Fort heureusement, l’ensemble de la distribution est largement capable de relever le défi. Angelina, la Cenerentola, est incarnée par la merveilleuse mezzo-soprano José Maria Lo Monaco. Avec une voix ample, légère, au timbre doux et doré, elle est une Cenerentola de rêve, modeste et innocente, cependant bien présente. Du pur caramel au beurre salé ! L’on comprend bien le prince Don Ramiro, qui en tombe amoureux  à première vue. C’est le ténor Daniele Zanfardino qui lui donne vie et voix. Suave et énergique, belcantiste accompli, il maîtrise toutes les difficultés de la partie. Une glace menthe – chocolat, qui eut cru que cela  aille si bien avec le caramel ! Le duo de l’Acte I est un pur délice tant leurs voix se mêlent harmonieusement.  Un autre écart de l’histoire originale est le valet du prince, Dandini. Il doit endosser les habits du prince, afin de sonder le caractère des deux filles avenantes. L’excellent baryton Marc Scoffoni le joue avec une bouffonnerie élégante qui siérait bien à un personnage offenbachien.  Il se dandine, danse et sautille comme un cheval de cirque et semble s’amuser comme un prince. Croustillant et fin, voici une tarte aux pommes.  Don Magnifico, le beau-père pochtron et avide, est joué par Bruno Praticò, baryton, un Don Magnifico expérimenté, loufoque et néanmoins touchant. Une coupe de vin rouge, Montepulciano peut-être, léger et terreux.  Luigi de Donato, basse, last but not least, interprète Alidoro. Avec sa voix chaude et douce, du pur chocolat musical, il délivre son grand air de l’Acte II avec force et conviction et des notes basses résonnantes. Ravissant, comme il esquisse quelques pas de danse avec Angelina lors du postlude de l’air. Ravissant, l’ensemble des chorégraphies de Frédérique Lombart. Le chœur est magnifique comme toujours sous la direction de Gildas Pungier, précis et musical comme il se doit.  Une belle soirée rossinienne somme toute, qui se termine par des applaudissements amplement mérités, et l’on regrette de ne pas pouvoir participer à la grande soirée de la transmission sur les grands écrans.