Showing posts with label Roberto Aronica. Show all posts
Showing posts with label Roberto Aronica. Show all posts

Thursday, October 10, 2024

Manon Lescaut en Turín

Fotos: Simone Borrasi

Massimo Viazzo

«Manon Manon Manon» es el título del muy original proyecto que el Teatro Regio de Turín ha preparado para el mes de octubre. En una especie de tríptico inédito, en el que se podrán escuchar de manera rápida y sucesiva (y en orden cronológico inverso) las tres óperas líricas enfocadas en el personaje de Manon, ideado en el siglo XVIII por el escritor e historiador francés Antoine François Prévost, que son: Manon Lescaut de Puccini (1839), Manon de Massenet (1884) y Manon Lescaut de Auber (1856). Tres visiones complementarias de la protagonista, siendo la de Puccini la más pasional y rebelde, la de Massenet que a la vez es introspectiva y atormentada, mientras que en la de Auber era más frívola.  El trait de unión de las tres producciones es el director de escena Arnaud Bernard quien, en la búsqueda de homogeneidad y congruencia, se inspiró en tres diversas épocas del cine francés. Quizás, por casualidad, justamente aquí en Turín, es donde se encuentra uno de los Museos de Cine, absolutamente más hermosos. Manon Lescaut de Giacomo Puccini (185401925), compositor a quien el teatro Regio le ha dedicado en esta temporada un robusto homenaje al corolario de las celebraciones del centenario de su muerte, la montó en escena por primera ocasión, justo aquí en Turín, la noche del 1 de febrero de 1893, con la presencia del compositor y que fue todo un triunfo. Para el título pucciniano, el primero de este original tríptico, Bernard lo compensa con el realismo poético, la corriente cinematográfica que se desarrolló en Francia en los años 30 del siglo pasado. Por lo tanto, la ambientación jugaba mucho con el blanco y el negro, los claroscuros y mientras más avanzaba la ópera, se notaba más la intimidad del rasgo de dirección entre continuas referencias entre las proyecciones cinematográficas y las escenas en vivo.  En el fondo aparecían imágenes maravillosas de Les Enfants du Paradis (Amantes Perdidos) y Le Quai des Brumes, (El puerto dela niebla), ambas de Marcel Carné, así como La Bête humaine (La Bestia Humana) de Jean Renoir y Manon de Henri-George Clouzot para lograr una combinación entre el escenario y el cine, en general, acertada, aunque especialmente en la parte final de la ópera, la presencia de imágenes proyectadas lució tan potente (fue emocionantemente perturbador el final de la película Manon de Clouzet) que provocó una cierta desorientación en el espectador que no sabía si concentrarse más en las imágenes o en el canto.  Sin embargo, en un balance, el espectáculo estuvo equilibrado, fino en muchos puntos, y encontró una vía segura y eficiente entre la tradición y la innovación. El elenco fue elegido de manera adecuada, con Erika Grimaldi quien interpretó a Manon con voz lírica, de timbre luminoso, y dio lo mejor de sí en las piezas cerradas (arias y duetos).  El Des Grieux generoso y voluntarioso de Roberto Aronica convenció sobre todo cuando la tesitura salivaba y el canto se hacía más pasional.  Viril y extrovertido fue el Lescaut esbozado por Alessandro Luongo con voz sana y timbre rotundo. Además, fue un lujo tener a Carlo Lepore como Geronte di Revoir.  Entre los comprimarios, se puede recordar especialmente, la prueba de Didier Pieri, en el doble papel del farolero y del profesor de baile, un tenor con una voz bien timbrada y homogénea, y con una musicalidad franca. Renato Palumbo dirigió sin destellos particulares, pero fue capaz de mantener un ritmo teatral convincente, mientras que las intervenciones del Coro del Teatro Regio fueron coordinadas con atención y cuidado por UlisseTrabacchin.



Manon Lescaut - Teatro Regio di Torino

Foto: Simone Borrasi

Massimo Viazzo

«Manon Manon Manon» è il titolo di un originalissimo progetto che il Teatro Regio di Torino ha approntato per il mese di ottobre. In una sorta di inedito Trittico si potranno ascoltare in rapida successione (e in ordine cronologico inverso) le tre opere liriche incentrate sul personaggio di Manon ideato nel XVIII sec dallo scrittore e storico francese Antoine François Prévost: Manon Lescaut di Puccini (1893), Manon di Massenet (1884), Manon Lescaut di Auber (1856). Tre visioni complementari della protagonista, quella pucciniana più passionale e ribelle, quella di Massenet invece molto più introspettiva e tormentata, mentre per Auber Manon è più frivola. Il trait d’union delle tre produzioni è il regista Arnaud Bernard, che per cercare omogeneità e congruenza si è spirato a tre epoche . diverse del cinema francese. E forse non a caso proprio qui a Torino, dove si trova uno dei Musei del Cinema più belli in assoluto.Manon Lescaut di Giacomo Puccini (1858-1924), compositore a cui il Regio ha dedicato nella stagione un robusto omaggio a corollario delle celebrazioni del centenario della morte, andò in scena per la prima volta proprio a Torino la sera del 1 febbraio 1893 alla presenza del compositore, e fu un trionfo. Per il titolo pucciniano, primo di questo originale Trittico, Bernard si è rifatto al realismo poetico, corrente cinematografica che si sviluppò in Francia negli anni 30 del secolo scorso.  L’ambientazione quindi giocava parecchio sul bianco e nero, sui chiaroscuri e più l’opera procedeva più si notava l’intimità del tratto registico tra continui rimandi tra le proiezioni cinematografiche e la scena live.  Sul fondale scorrevano le immagini meravigliose di Les Enfants du paradis (Amanti perduti) e Le Quai des brumes (Il porto delle nebbie), entrambi di Marcel Carné, La Bête humaine (L’angelo del male) di Jean Renoir e Manon di Henri-George Clouzot,  per un connubio tra palcoscenico e cinema in generale ben riuscito, anche se soprattutto nella parte finale dell’opera, la presenza delle immagini proiettate è parsa talmente potente (emotivamente sconvolgente il finale del film Manon di Clouzot) da provocare un certo disorientamento per lo spettatore che non sapeva se concentrarsi di più sulle immagini o sul canto.  Lo spettacolo comunque è stato complessivamente equilibrato, garbato in molti punti, trovando una via sicura e efficiente tra tradizione e innovazione. Il cast è stato organizzato in modo adeguato. Erika Grimaldi ha interpretato Manon con voce lirica, timbricamente luminosa, dando il meglio di sé nei pezzi chiusi (arie e duetti). Il De Grieux generoso e volitivo di Roberto Aronica ha convinto soprattutto quando la tessitura saliva e il canto si faceva più passionale. Virile e estroverso il Lescaut tratteggiato da Alessandro Luongo con voce sana e timbro rotondo. Un lusso poi avere Carlo Lepore come Geronte di Ravoir. Tra i comprimari da ricordare soprattutto la prova di Didier Pieri nel doppio ruolo del lampionaio e del maestro di ballo, tenore dalla voce ben timbrata e omogenea, e dalla schietta musicalità. Renato Palumbo ha diretto senza particolari guizzi, ma ha saputo comunque tenere un passo teatrale convincente, mentre gli interventi del Coro del Teatro Regio sono stati coordinati con attenzione e cura da Ulisse Trabacchin.



Thursday, April 11, 2024

La Fanciulla del West en Turín, Italia

Foto: Daniele Ratti 

Massimo Viazzo

Continua en esta temporada el homenaje a Puccini del Teatro Regio de Turín en el centésimo aniversario de su muerte, con la propuesta de La Fanciulla del West, obra maestra que se puso por primera vez en escena en el Met de Nueva York en 1910 con la conducción de Arturo Toscanini, y un elenco de excepción constituido por Emma Destinn, Enrico Caruso y Pasquale Amato.  Con La Fanciulla del West, Giacomo Puccini, mirando a los albores del siglo-veinte europeo sintió la necesidad de renovarse confeccionando una partitura sugestiva, armónicamente rica y muy original, que presentara también un guiño a las auténticas melodías del folclore americano. Es cierto que muchos melómanos y muchos puccinianos quizás endurecidos no la colocaron nunca (¡injustamente!) en la cima de sus preferencias, y en los teatros no es tan representada como Tosca, Butterfly, Boheme o Turandot.  Pero los paladares muy exigentes la han apreciado siempre por su originalidad e innovación, admirando su flujo orquestal colmado de detalles y matices.  Por ello, era esperada la nueva puesta en escena presentada en Turín, ciudad ligada al título pucciniano desde 1911 donde tuvo algunas de sus primeras representaciones italianas.  Como se sabe, la Fanciulla del West ha tenido un papel importante también fuera de la historia del melodrama dándole probablemente resonancia por primera vez al género western que tantos éxitos le dio al cine estadounidense en los años siguientes.  Fue precisamente el cine lo que inspiró esta producción.  La directora de escena Valentina Carrasco utilizó una aproximación meta teatral poniendo en escena, junto a los personajes del libreto, un verdadero y propio troupe de extras (director de escena, utileros, atrecistas y camarógrafos) que durante la representación de la ópera filmaban en directo una verdadera película western; y en particular de una de las spaghetti western a la italiana, el género ligado al conocido cineasta Sergio Leone que según Carrasco son sus obras, aportaba sangre nueva al western tradicional que para entonces se encontraba decayendo. Las escenas cuidadas por Carles Berga y Peter van Praet (este último también responsable de la iluminación) y los vestuarios de Silvia Aymonimo lucieron en estilo y apropiados contribuyendo con gusto a la ambientación.  En particular los puntos resaltantes de la partitura encontraron una definición más neta con grabaciones en video efectuadas directamente sobre el escenario y proyectadas sobre una pantalla que descendía de lo alto.  El riesgo en producciones como esta es que la visión escénica más allá de ser interesante a la larga puede aburrir.  Nada de esto ocurrió, y Carrasco no perdió nunca el hilo de la narración, con ideas, descubrimientos a veces irónicos, y por momentos de fuerte impacto, así que todo en conjunto se desarrolló con extrema coherencia y tensión.  La baqueta le fue confiada a Francesco Ivan Ciampa, quien guío a la óptima Orquesta del Teatro Regio con ímpetu y buen paso teatral, pero con pocas sutilezas con una gama dinámica reducida y tendiente al forte. La protagonista Jennifer Rowley personificó a una Minnie lírica, convincente, sobre todo en el canto di conversazione, tan importante en Puccini, como tampoco en los momentos más apasionados cuando la orquesta se hacía más pesada y le cubría la voz.  También en la zona aguda la soprano estadounidense no pareció tampoco estar en su punto. Roberto Aronica prestó su robusta voz a Dick Johnson/ Ramerrez mostrando una sana proyección vocal y envidiable facilidad en la zona aguda, mientras que Gabriele Viviani fue un Sheriff (Jack Rance) viril y atormentado, con buen fraseo y de timbre cálido y seductor.  En esta ópera son muchos los papeles de acompañamiento, y en particular los mineros se convirtieron en un verdadero y propio protagonista con más voces. En esta producción todos son de elogiar comenzando por Francesco Pittari (Nick), Filippo Morace (Sonora), Paolo Battaglia (Ahsby) como también Cristiano Olivieri, Alessio Verna, Enzo Peroni, Giuseppe Esposito, Gustavo Castillo, Adriano Gramigni, Alejandro Escobar, y Eduardo Martínez, Enrico Maria Piazza, Tyler Zimmerman, Ksenia Chubunova artistas del ensamble del Regio. También el Coro del Teatro Regio dirigido por Ulisse Trabacchin se distinguió por previsiones y expresividad. 



Thursday, April 4, 2024

La Fanciulla del West - Teatro Regio di Torino

Foto: © Daniele Ratti

Massimo Viazzo

Continua in questa stagione l’omaggio a Puccini del Teatro Regio di Torino nel centesimo anniversario della sua morte con la proposta de La Fanciulla del West, capolavoro andato in scena per la prima volta al Met di New York nel 1910 con la direzione di Arturo Toscanini e un cast d’eccezione costituito da Emma Destinn, Enrico Caruso e Pasquale Amato. Con La Fanciulla del West Giacomo Puccini, guardando al primo Novecento europeo, sentì il bisogno di rinnovarsi confezionando una partitura suggestiva, armonicamente ricca, originalissima, che presenta anche richiami a melodie autentiche del folclore americano. Vero è che molti melomani e molti pucciniani incalliti forse non l’hanno mai messa (ingiustamente!) in cima alle loro preferenze, e nei teatri non è così rappresentata come Tosca, Butterfly, Boheme o Turandot. Ma i palati più esigenti l’hanno sempre apprezzata per originalità e innovazione, ammirandone il flusso orchestrale colmo di dettagli e sfumature. Atteso era quindi il nuovo allestimento presentato a Torino, città legata al titolo pucciniano fin dal 1911 con una delle sue prime rappresentazioni italiane. Come si sa la Fanciulla del West ha avuto un ruolo importante anche al di fuori della storia del melodramma dando risonanza probabilmente per la prima volta a quel genere western che tanti successi negli anni seguenti donò al cinema americano. Ed è proprio al cinema che si ispira questa produzione. La regista argentina Valentina Carrasco utilizza un approccio metateatrale mettendo in scena accanto ai personaggi del libretto una vera e propria troupe di figuranti (regista, attrezzisti e addetti alla cinepresa) che durante la rappresentazione dell’opera girano live un vero e proprio film western, e in particolare di uno spaghetti western all’italiana, il genere legato al noto cineasta Sergio Leone che secondo la Carrasco con i suoi lavori diede nuova linfa al western tradizionale che ormai stava decadendo. Le scene curate da Carles Berga e Peter van Praet (quest’ultimo anche alle luci) e i costumi di Silvia Aymonimo, sono parsi in stile e appropriati contribuendo con gusto all’ambientazione. In particolare i punti salienti della partitura trovavano una definizione più netta con riprese video effettuate direttamente in palco e proiettate su un fondale che scendeva dall’alto. Il rischio in produzioni come queste è che la visione registica seppur interessante alla lunga possa annoiare. Niente di tutto questo: la Carrasco non perde mai il filo della narrazione con idee, trovate a volta ironiche, a volta di forte impatto, il tutto sempre svolto con estrema coerenza e tensione. La bacchetta era affidata a Francesco Ivan Ciampa che ha guidato l’ottima Orchestra del Teatro Regio con impeto e buon passo teatrale, ma con poche finezze e con una gamma dinamica ridotta e tendente al forte. La protagonista Jennifer Rowley ha impersonato una Minnie lirica, convincente soprattutto nel canto di conversazione così importante in Puccini, meno nei momenti più appassionati quando l’orchestra si faceva più massiccia coprendole la voce. Anche in zona acuta il soprano americano non pareva sempre a fuoco. Roberto Aronica ha donato la sua voce robusta a Dick Johnson/ Ramerrez mostrando una sana proiezione vocale e una invidiabile facilità in zona acuta, mentre Gabriele Viviani era uno sceriffo (Jack Rance) virile e tormentato, buon fraseggiatore dalla timbrica calda e seducente. In quest’opera sono moltissime le parti di fianco e, in particolare, i minatori diventano un vero e proprio protagonista a più voci. In questa produzione sono tutti da lodare a cominciare da Francesco Pittari (Nick), Filippo Morace (Sonora), Paolo Battaglia (Ahsby) ma anche Cristiano Olivieri, Alessio Verna, Enzo Peroni, Giuseppe Esposito, Gustavo Castillo, Adriano Gramigni, Alejandro Escobar, e Eduardo Martínez, Enrico Maria Piazza, Tyler Zimmerman, Ksenia Chubunova artisti del Regio Ensemble. Anche il Coro del Teatro Regio diretto da Ulisse Trabacchin si è distino per previsione e espressività.



 

Tuesday, December 5, 2023

Manon Lescaut de Puccini en Triste

Foto: Fabio Parezan

Rossana Poletti

Manon Lescaut de Giacomo Puccini, en escena en el Teatro Verdi de Trieste, podría haberse interpretado como un concierto sinfónico, eliminando cantantes, coro, figurantes y conservando sólo la música. Críticos musicales autorizados afirman con razón que se trata de una obra "sinfónica". Lo cierto es que la trama se basa también en una historia, que el propio Puccini dibujó de manera diferente a su contemporáneo Massenet, y que esta historia está dada por el texto de las arias y por los cantantes que las interpretan, como por su expresividad. Y tal vez, cada tanto hubiera sido agradable escuchar a los cantantes sin tener que gritar para superar el estruendo de la orquesta dirigida por Gianna Fratta, porque Manon es una como mencioné es una ópera sinfónica. Nada que decir de la orquesta del teatro lirico triestino que estuvo espléndida, interpretando admirablemente la perfecta construcción musical del compositor de Torre del Lago, realzando el componente dramático del amor de Manon, que no admite elementos consoladores a la luz de un éxito pesimista de la joven. Puccini seguirá el modelo de esta primera ópera real en su posterior producción con leitmotivs repetidos y citas de sus obras anteriores. La puesta en escena de Trieste, una coproducción entre la Ópera de Montecarlo y el Teatro de Erfurt, se caracterizó por la modernidad. Entraban en escena jóvenes alegres e incluso un poco desprejuiciados, un personaje, el anciano, copiado de la imagen del estilista Karl Lagerfeld, fallecido en 2019, y que fuera director de las marcas Fendi y luego de Chanel. Cabello blanco, cola de caballo larga, traje negro diminuto, corbata larga y estrecha, gafas rigurosamente oscuras, así era el Geronte de Ravoir, interpretado por Matteo Peirone, quien no tiene el mismo físico, pero sigue fielmente el cliché. Los directores suelen buscar el cambio de época en la ópera para desarrollar su idea, pero ciertamente no es sencillo debido al lenguaje arcaico de la ópera que choca demasiado con la imagen en escena. En esta Manon, el director Guy Montavon, recurre sin piedad a lo grotesco, en la escena de las prostitutas subastadas y vendidas a un puñado de lunáticos, aunque esto también puede encajar. Lo que se hace difícil de entender es precisamente el final en el que los dos amantes, Manon y Des Grieux, son abandonados para morir de hambre en una tierra desolada. La historia es muy compleja en su origen, pero en cualquier caso los dos cantan ese abandono en la hora del fin de la protagonista. En esta puesta, en cambio, hay dos habitaciones divididas por vidrio. Manon está encerrada en una celda negra y sucia. En cambio, Renato des Grieux se encuentra en la sala contigua, bien iluminada, donde hay dos paquetes de agua embotellada. Manon le dice "la sed me devora" y le pide de nuevo examinar "el misterio del horizonte, y busca, busca una montaña o una masía". El hombre debe explorar si hay alguien en la tierra desolada, si es posible encontrar agua para saciar la sed de la mujer con fiebre. Está encerrado dentro de la habitación, golpea la puerta que no se abre y dice: "No encontré nada... el horizonte no me reveló nada... Miré a lo lejos en vano". El espectador mira, siente y ve algo completamente diferente. Puede que se le llame “licencia de director” pero a decir la verdad, esa licencia parece demasiado. Las escenografías de Hank Irwin Kittel son indudablemente estructuradas, se desarrollan en una plaza donde llega el carruaje que lleva a la joven Manon y a su hermano a París, donde en un quisco se reparten helados gratuitos Una multitud de jóvenes estudiantes se sienta a las mesas, todo es alegre, pero la música ya muestra signos de una desgracia inminente. En el segundo acto la sala es opulenta, se exponen grandes sofás, esculturas y pinturas modernas que hacen una bella muestra. Manon ha abandonado a Des Grieux, con quien se había fugado por amor, tras enterarse de que Geronte quería secuestrarla, y la encontramos precisamente en este último, coloreada, llena de oro, inmersa en un lujo suntuoso, después transformada en estatua viviente por el viejo pintor, también un poderoso tesorero del estado. Las paredes de la sala cambian de color, marcando un cambio de ritmo en la obra. Al querer volver a fugarse con Des Grieux, a Manon le gustaría quitarse todas las joyas. La codicia será su sentencia: capturada, y encarcelada termina siendo vendida junto a las prostitutas. En el último acto nos encontramos en América en esa tierra desolada, compuesta por las dos salas antes mencionadas. Lana Kos fue Manon Lescaut. Nacida en la bella ciudad barroca de Varaždin, cantada y mencionada en “La condesa Mariza” de Emmerich Kálmán, debutó muy joven a los diecisiete años. En Croacia es una diva, toca el piano, es políglota, lleva una vida rigurosa y posee ya una carrera que abarca más de veinte años sobre la espalda. Su voz es hermosa e imponente con la que atravesó el exigente papel de Manon, y fue aplaudida varias veces por el público. Por cierto, la huelga convocada por los teatros de ópera italianos para el estreno de las temporadas también tuvo lugar en Trieste, por lo que asistí a la segunda función, sin la pompa del debut, sin el himno nacional, sin lentejuelas ni joyas. Kos, cantó a la par de Roberto Aronica (un buen Renato des Grieux), quien soportó el ritmo apremiante y dramático del conmovedor final. Lescaut, hermano de Manon, fue Fernando Cisneros, perfecto en el papel del gascón. El cuarteto de papeles principales incluyó al ya mencionada Matteo Peirone, en el papel de Geronte, quien era también sargento de arqueros y comandante naval, y todos aquellos papeles que lo ven persiguiendo a la pobre Manon. También en el escenario estuvieron Paolo Antonio Nevi, Magdalena Urbanowicz, Nicola Pamio y Giuseppe Esposito.



 



Saturday, July 2, 2022

Otello en Bolonia

Foto: Andrea Ranzi

Roberta Pedrotti

BOLONIA, 24 y 25 de junio de 2022 - Quién sabe qué tenía en mente Verdi y si tenía algo concreto para el papel de Otello. No fue Francesco Tamagno, que estuvo más implicado por voluntad de Ricordi y con quien la relación no fue fácil. De cualquier manera, si Verdi se encontró  componiendo sin la referencia necesaria de un cantante en particular, el músico e inteligente hombre de teatro hubiera sabido cómo tratar con el intérprete y hacer los ajustes "a la medida" resultando hacer verdaderas mejoras en términos de incisividad de la palabra escénica (aplica el ejemplo de “Quella vil cortigiana ch'è la sposa di Otello”) y confirma cómo, más allá de las perplejidades sobre el artista único, era el tipo de vocalidad sobre la que iba conformando el personaje. Una voz heroica, noble, brillante, aguda, alejada de la turgencia verista y para la que, sin embargo, sería un error rechazar la tradición posterior, la que privilegiaba los timbres oscuros y las resonancias de barítono, en un tono ahora más enérgico. , ahora más doloroso. El propio Tamagno en las grabaciones, realizadas a una edad temprana y con medios técnicamente limitados, transmite solo parcialmente la expansión real y el tipo de armónicos. Por lo tanto, la presencia de documentación directa del primer intérprete corre el riesgo de complicar en lugar de simplificar la reflexión sobre la vocalidad de Otello, en el entendido de que volver al contexto original debe ser siempre un punto de partida para una reinterpretación contemporánea, no un modelo a rastrear servilmente. a cualquier costo. Estas son algunas de las reflexiones que surgen al escuchar el Otello de Gregory Kunde, cuando no podemos evitar pensar que este es el que más se acerca a la idea verdiana del personaje. En primer lugar, la textura le encaja a la perfección y la propensión natural a lo agudo que siempre ha caracterizado al tenor estadounidense le ayuda a afrontar en este sentido todos los pasajes más duros con souplesse - Verdi escribe más agudo para Otello que para Manrico, merece la pena recordando haber cursado el bel canto y personajes nobles y caballerescos predispone a una visión caballeresca de la vocalidad y el fraseo, pero el dominio técnico con el que Kunde ha afrontado su nuevo rumbo de repertorio, partiendo del Otello de Rossini, le permite expresar una amplitud incluso antes que volumen, intención, expresión, fraseo. En definitiva, no tiene problemas para hacerse oír en todo el papel y en todo el teatro, pero no es simplemente una cuestión de decibelios o una demostración de vigor: la cuestión está en la sensación de grandeza, autoridad y dramatismo que uno se siente, por ejemplo, en “Sì pel ciel” y es bastante diferente al ímpetu de “Esultate”, donde aún tenemos un triunfador ajeno al próximo desastre, sin esa oscura y profunda implicación que madurará más adelante. Sería en vano enumerar los méritos del Otello de Kunde, pero al menos decir que un “Ora e per sempre addio” atado a la perfección desde el principio y fraseado en un continuo juego de colores sin perder ímpetu y desesperación no que se escuche frecuentemente, como tampoco un “Niun mi tema” tan espléndidamente recitado, cada nota, cada palabra es una roca en el alma destruida. No debería ser una sorpresa: Kunde ahora ha hecho de Otello su caballo de batalla, sin embargo, cada vez, y más cuanto más pasa el tiempo, la consistencia vocal, el refinamiento musical, la profundidad expresiva despiertan admiración e inspiran nuevas reflexiones sobre la obra maestra. de Verdi y de Boito.  En Bolonia también me pareció muy acertada la idea de combinar el Iago de Franco Vassallo con Kunde, quien no tiene la misma profundidad como intérprete, pero nunca acaba en mal gusto y con su voz esbelta hacia lo agudo, más bien claro (no es ¡un defecto!) va bien con el de su colega y con una idea tímbrica más decimonónica. Sobre todo, y sin embargo, por una vez destaca una Desdémona de altísimo perfil, no sólo porque canta bien, muy bien, sino por el calibre de la artista a la hora de dibujar un personaje completo, poliédrico, coherente y cincelado en los detalles: no en vano los tres dúos fueron uno más hermoso que el otro. La voz de Mariangela Sicilia ha adquirido cuerpo y redondez, sobre todo en el registro bajo, sin perder dulzura, control dinámico, seguridad aguda. Consigue ser la niña completamente inocente sin caer en la ingenuidad: no sospecha que su amistoso interés por el destino de Cassio pueda ser malinterpretado porque ama a Otello y está segura de que es amada. Es una mujer noble, educada y orgullosa, es la que ha desafiado todas las convenciones para casarse con el hombre que ama, y ​​de hecho es también una joven esposa ansiosa de una nueva pasión. Valores individuales y perfecta armonía caracterizan a los tres protagonistas del primer elenco, pero también la segunda estuvo bien surtida y equilibrada. Sería difícil para cualquiera competir con el Otello de Kunde y ciertamente no se puede decir que Roberto Aronica sea tan fino musicalmente o tan intrigante como un intérprete, o incluso libre de asperezas ocasionales. Sin embargo, su origen lírico también nos confirma que Otello no es única y exclusivamente cosa de los holdentenoren baritonali sino que uno puede salir con la frente en alto y ofrecer una interpretación convincente con la propia voz, que, aunque robusta, no corresponden al imaginario consolidado en el siglo XX. Con él la joven Federica Vitali es una Desdémona madura, pero ya interesante por la conciencia y convicción con la que afronta el papel sin desfallecer y con un enfoque fresco y participativo. Angelo Veccia fue también un Iago eficaz, venenoso y bien estampado, en equilibrio con sus compañeros. Sin cambios en las actuaciones el resto del elenco, con el genial Cassio de Marco Miglietta, el a veces un poco sufrido Roderigo de Pietro Picone, la incisiva Emilia de Marina Ogii, el Lodovico de Luciano Leoni, el Montano de Luca Gallo y el heraldo de Ton Liu. Los puntos álgidos de la producción, y otras reflexiones, pueden referirse a la dirección escénica y a la concertación, por lo que no sorprende que haya habido reprobaciones en la noche del estreno. En realidad, poco habría que decir del trabajo de Gabriele Lavia salvo que su sólida formación teatral se reconoce en una clara narrativa y en un buen trabajo actoral sobre los solistas, por lo que el espectáculo, siguiendo la tradición, también es apreciado por muchos puntos de vista. Lamentablemente, la producción sufre el traslado de la ubicación original "en cuarentena" al Paladozza -donde debería haberse representado en el otoño del 2020- a los espacios del Municipal. Imaginemos que el sobrio sistema meta teatral de Alessandro Camera (un practicable, una serie de faros, antiguas butacas de platea, la sugerencia concentrada en una gran vela flotante coloreada por las luces del propio Lavia) sirviera precisamente, en un espacio alternativo, para enfatizar la del exilio impuesto por la pandemia, especialmente en relación con las costumbres estrictamente renacentistas de Andrea Viotti. Por la misma razón, se presume que también se decidió delegar cada acción de las masas en un grupo de figuras (jóvenes actores de la Escuela de Teatro de Bolonia Alessandra Galante Garrone). En el Comunale, sin embargo, no sólo la idea hipotética pierde fuerza, sino que sobre todo mortifica al coro semi oculto detrás de un practicable, con los consiguientes problemas incluso de acústica e, incluso, ni siquiera el honor del aplauso procaz, reservado únicamente para la maestra Gea Garatti Ansini. Puede que sea en cierta medida también por eso, pero Asher Fisch pareció luchar por llevar bien las riendas del espectáculo: a ratos busca y encuentra sutilezas, a ratos pierde el control con lags, desequilibrios sonoros, sobresaltos agógicos incluso entre una actuación y otra y sin una correspondencia con las diferentes necesidades del elenco. Lástima, porque el merecido entusiasmo al rojo vivo hacia muchos intérpretes y en particular para Kunde y Sicilia, las joyas de la producción, nos lleva a reservar un lugar especial en nuestra memoria para este Otello. 

Recensione in italiano sul sito L’Ape Musicale:

https://www.apemusicale.it/joomla/it/recensioni/70-opera/opera-2022/13322-bologna-otello-24-25-06-2022

 


Friday, April 10, 2020

Tosca di Puccini - Teatro Carlo Felice di Genova -musicalmenteinsieme.


Renzo Bellardone

In questo periodo di Lockdown, i teatri stanno facendo salti mortali e si stanno inventando di tutto, pur di mantenere vivo il rapporto con il proprio pubblico; in particolare i teatri d’opera hanno ideato piattaforme digitali, streaming e mille altre iniziative finalizzate a tenere vivo anche il teatro e l’opera!
Dal Teatro Carlo Felice di Genova, ad esempio mi giunge questo comunicato, riferito alla loro iniziativa  musicalmenteinsieme.

COMUNICATO STAMPA
La Tosca di Puccini, andata in scena al Teatro Carlo Felice nel dicembre 2014 con l’applauditissima regia “cinematografica” di Davide Livermore. Martedì 28 aprile, alle ore 20:00, sui canali social del Teatro Carlo Felice


Tosca di Puccini, un titolo su cui Davide Livermore lavora da molto prima dello spettacolo che ha inaugurato la Scala lo scorso 7 dicembre. Più di cinque anni fa, infatti, il 20 dicembre 2014, andò in scena al Teatro Carlo Felice una Tosca di cui Livermore firmava regia, scene e luci. Uno spettacolo molto diverso da quello recente milanese, ma apparentato almeno in un aspetto: il taglio cinematografico. Non c’è da stupirsi, dato cheTosca, per Livemore,è“una proto-sceneggiatura cinematografica, dove armonia e poesia creano un flusso narrativo degno di un classico thriller hollywoodiano.” La Tosca genovese di Livermore, a suo tempo molto applaudita e lodata dalla critica, si potrà rivedere martedì 28 aprile, alle ore 20:00, sui canali social del Teatro Carlo Felice, nel consueto appuntamento settimanale del ciclo #musicalmenteinsieme, l’iniziativa in streaming con cui la Fondazione lirico-sinfonica genovese tiene vivo il rapporto con il proprio pubblico fin dall’inizio dell’emergenza coronavirus. Una scenografia che modifica lo spazio creando angolazioni, campi, controcampi e piani sequenza. Allusioni cinematografiche presenti un po’ ovunque: la Roma di Magni e Fellini, la suspense di Nodo alla gola di Hitchcock, l’angelo de Il cielo sopra Berlino di Wenders. I costumi di Gianluca Falaschi che rendono visibile sul corpo stesso dei protagonisti lo scontro ideologico tra lo Stato Pontificio e la modernità illuminista. Queste le caratteristiche principali di una Tosca da rivedere o da vedere per la prima volta per chi l’avesse persa nel 2014. E da ascoltare, grazie a un cast di prim’ordine. Sul podio, il Maestro Stefano Ranzani dirigeva l’Orchestra, il Coro (preparato dal Maestro Pablo Assante)e il Coro di Voci Bianche (preparato dal Maestro Gino Tanasini) del Teatro Carlo Felice. Protagonisti: Maria Guleghina (Floria Tosca), Roberto Aronica (Mario Cavaradossi), Carlos Álvarez (Il barone Scarpia), Giovanni Battista Parodi (Cesare Angelotti), Armando Gabba (Il Sagrestano), Enrico Salsi (Spoletta), Davide Mura (Sciarrone), Cristian Saitta (Un carceriere), Filippo Bogdanovic (Un pastorello). Nelle Note di Regia pubblicate nel programma, Livermore scriveva parole oggi ancora più attuali: “L’Opera è arte, è bellezza, quella che attraverso la grazia espressa in questi giorni dallo straordinario lavoro di oltre 200 anime (tecnici e artisti del Teatro Carlo Felice) scandaglia la vertiginosa profondità della vita, raccontandone i bagliori e gl’inferi.”

Su:


Genova, 27aprile 2020,
L’Ufficio Stampa


Wednesday, October 3, 2018

Cavallaria Rusticana / Pagliacci - San Francisco Opera


Foto: Corey Weaver / San Francisco Opera

Ramón Jacques
Si sono abbassate le luci in teatro e nell’oscurità si è ascoltato una registrazion del tango “Caminito” con la voce di Carlos Gardel; e ad apertura di sipario, con l’inizio del preludio della Cavalleria Rusticana, ci siamo trovati di fronte ad una brillante e luminosa scena situata nel “caminito” appunto, la tradizionale e pittoresca via ubicata nel quartiere di Boca di Buenos Aires in Argentina. La creazione del tenore José Cura, qui convertito a regista e scenografo, è stata inaugurata nel 2012 all’Opera di Liegi e riproposta recentemente al Teatro Colón de Buenos Aires. Una idea originale che si è adattata bene a la trama di entrambe le opere, e che trovava una continuità dato che i Pagliacci cominciavano con il corteo funebre di Turiddu che passava nella medesima via, con alcuni personaggi come Lola e Mamma Lucia che continuavano ad apparire sulla scena Cura ha saputo catturare il dramma e la tragedia, e l’ha adattato all’ambiente bonaerense del quartiere, con attuazioni convincenti degli artisti in scena e nessun momento esagerato. 
Un grande successo è stato il solido cast di voci e artisti capeggiato dal tenore Roberto Aronica, un appassionato Turiddo di voce corposa, calda ed espressiva; e per l’ardente e travolgente Santuzza del mezzosoprano Ekaterina Semenchuk. Primario è stato il contributo di Laura Krumm come Lola e di Jill Grove come Mamma Lucia. Come Alfio, al suo debutto locale, il baritono Dimitri Plantanias, ha avuto un discreto disimpegno soprattutto per alcuni problemi di emissione; che poi ha superato abbastanza come Tonio nei Pagliacci, personaggio per il quale possiede un adeguato physique du rôle. Il ruolo di Canio risaltava per la solida interpretazione del tenore Marco Berti e la delicatezza attoriale e lo splendore vocale di Lianna Haroutounian come Nedda. Corretti sono stati gli interpreti dei personaggi minori e il coro molto partecipe, ha mostrato un alto livello in questo repertorio a cui si adatta con naturalezza. Di fronte all’orchestra, Daniele Callegari, ha mostrato lavoro, conoscenza del repertorio e notevole sicurezza con la quale ha mantenuto il controllo di tutte le forze musicali e vocali dello spettacolo.

Wednesday, September 26, 2018

Cavalleria Rusticana / Pagliacci en San Francisco

Cavalleria Rusticana

Fotos: Corey Weaver / San Francisco Opera

Ramón Jacques

Se apagaron las luces del teatro y en la oscuridad se escuchó una grabación del tango “Caminito” con la voz de Carlos Gardel; y al iluminarse el escenario, con el inicio de la obertura de Cavalleria Rusticana, nos encontramos frente a una brillante y esplendorosa escena situada precisamente en el caminito, la tradicional y pintoresca calle ubicada en el barrio de la Boca de Buenos Aires, Argentina. Es la creación del tenor José Cura, aquí convertido en director de escena y diseñador, que fue estrenada en el 2012 por la ópera de Lieja, y repuesta recientemente en el Teatro Colon de Buenos Aires. Una original idea que se adaptó bien a la trama de ambas óperas, y en las que hubo una continuidad, ya que Pagliacci comenzó con el cortejo fúnebre de Turiddu pasando por la misma calle, con algunos personajes como Mamma Lucia y Lola que continuaron apareciendo. Cura supo captar el dramatismo y la tragedia, y la adapto al ambiente bonaerense de barrio, con actuaciones convincentes, en ningún momento sobreactuadas, de los artistas en escena. Un gran acierto, fue el solido elenco de voces y artistas encabezado por el tenor Roberto Aronica, un apasionado Turridu de voz corpulenta, cálida y expresiva; y por la ardiente y sobrecogedora Santuzza de la mezzosoprano Ekaterina Semenchuk. Primordial fue el aporte de Laura Krumm como Lola y de Jill Grove como Mamma Lucia. Como Alfio, en su debut local, el barítono Dimitri Platanias, tuvo un desempeño discreto sobre todo por algunos problemas en la emisión; que después superó sobradamente en Pagliacci como Tonio, personaje para el que además tiene el adecuado physique du rôle. El papel de Canio resaltó por la sólida actuación y canto del tenor Marco Berti y la delicadeza actoral y el resplandor vocal de Lianna Haroutounian como Nedda. Correctos estuvieron los intérpretes de los papeles menores, y el coro muy participativo, mostró un alto nivel en un repertorio al que se adapta con naturalidad. Al frente de la orquesta, Daniele Callegari mostró oficio, conocimiento del repertorio y notable seguridad con la que mantuvo el control de todas las fuerzas musicales y vocales del espectáculo.



Tuesday, May 24, 2016

La Fanciulla del West de Puccini en el Teatro alla Scala de Milán

Foto:Brescia&Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

La Fanciulla del West vuelve a la Scala después de más de veinte años.  Pero en esta ocasión se trata de una novedad absoluta en el plano musical,  ya que Riccardo Chailly, atraído siempre por la música de Puccini –en los próximos seis o siete años tiene previsto ejecutar todas las operas del compositor  toscano – su investigación sobre las partituras originales es incesante.  A propósito de Fanciulla,  Chailly descubrió que en el estreno americano de la obra  dirigido por Toscanini se hicieron cientos de cambios más o menos considerables respecto a la composición original.   Por ello, el director musical de la Scala decidió proponer al publico justo esa versión  que nunca antes había sido escuchada, así como Puccini la compuso.  Fue la dirección de Chailly el elemento distintivo de esta ejecución, siempre atenta al detalle, al color instrumental y de paso altamente teatral.  Chailly concertó con gran precisión y transparencia y la Orquesta del Teatro alla Scala lo siguió con gran entusiasmo, con el también que contagió al público y naturalmente al elenco que fue en general confiable.  Barbara Haveman, quien sustituyó de último minuto a la Minnie titular (Eva-Maria Westbroeck), cantó con discreta seguridad aunque sus agudos no parecieron estar siempre a punto.  Mejor estuvo el Dick Johnson de Roberto Aronica, solido y robusto como completo en el fraseo.  Lo mismo se puede decir del Sheriff de Claudio Sgura,  que quizás por momentos fue un poco violento. Muy bien estuvieron todos los comprimarios, pero el que destacó fue  Carlo Bosi un Nick cantado con voz nítida, redonda y bien proyectada; y en una noche de gracia estuvo el coro dirigido magistralmente por Bruno Casoni. El espectáculo fue cuidado en primera persona por el director canadiense Robert Carsen (quien se ocupó también de la escenografía y las luces) el cual evidenció al alma cinematográfica del libreto sobre el que está basado el drama de David Belasco. Todo muy legible con inserciones de video obtenidos de celebres películas del oeste.  

La Fanciulla del West - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brecia& Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

La Fanciulla del West torna alla Scala dopo più di vent’anni. Ma questa volta si tratta di una novità assoluta sul piano musicale. Riccardo Chailly da sempre tiene molto alla musica di Puccini - nei prossimi sei/sette anni è in previsione l’esecuzione di tutte le opere del compositore toscano – e la sua indagine sulle partiture originali è instancabile. Chailly ha scoperto, a proposito di Fanciulla, che alla première americana diretta da Toscanini furono fatti addirittura un migliaio di cambiamenti più o meno grandi rispetto alla stesura originaria. Quindi il direttore musicale della Scala ha deciso di proporre al suo pubblico proprio questa versione mai ascoltata, così come Puccini l’aveva composta. E la direzione di Chailly è stata l’elemento distintivo di questa esecuzione, sempre attenta al dettaglio, al colore strumentale e di passo altamente teatrale. Chailly ha concertato con grande precisione e trasparenza, e l’Orchestra del Teatro alla Scala lo ha seguito con grande entusiasmo, un entusiasmo che ha contagiato anche il pubblico e naturalmente il cast, un cast attendibile nel complesso. Barbara Haveman, che ha sostituito all’ultimo momento la Minnie titolare (Eva-Maria Westbroeck), ha cantato con discreta sicurezza anche se gli acuti non parevano bene a fuoco. Meglio il Dick Johnson di Roberto Aronica, saldo e robusto, e anche abbastanza rifinito nel fraseggio. Come pure si può dire per lo sceriffo di Claudio Sgura, forse talvolta un po’ brutale. Molto bravi tutti i comprimari, fondamentali per la riuscita di un’opera corale come questa. Su tutti Carlo Bosi, un Nick cantato con voce nitida, rotonda e ben proiettata, e in serata di grazia il Coro  diretto magistralmente da Bruno Casoni. Lo spettacolo è stato curato in prima persona dal regista canadese Robert Carsen (che si è occupato anche delle scene e delle luci) il quale ha evidenziato l’anima cinematografica del libretto tratta dal dramma di David Belasco: tutto molto ben leggibile con inserti video tratti da celebri film western.