Showing posts with label Olga Peretyatko. Show all posts
Showing posts with label Olga Peretyatko. Show all posts

Wednesday, May 25, 2022

Lucrezia Borgia en Bolonia

Foto: Andrea Ranzi

Roberta Pedrotti 

Esperada desde hace dos años, Lucrezia Borgia, en una coproducción internacional entre Bolonia, Tenerife, Madrid y Oviedo llegó por fin al Teatro Comunale. Sin embargo, la llegada fue tormentosa y los casi diez minutos de aplausos al final no hacen olvidar las disconformidades en a lo largo de la ópera (se notaron algunos vacíos en la sala tras el entreacto) ni la serie de sombras que se agregaron en torno a la puesta escénica, aunque también hubo otros puntos críticos y problemáticos. La visión teatral de Silvia Paoli partía de un asunto claro, y aun sin una lectura previa de las notas del director escénico (personalmente, siempre las veo después: el espectáculo debe explicarse por sí mismo y los escritos son, si acaso, comparación y profundización). El mundo de Lucrezia Borgia es violento y machista, las mujeres -cuando están ahí- son objetos de placer y poder. La protagonista creció en medio del abuso, y es utilizada como moneda de cambio político e intenta construir su propio espacio y su propia autonomía con las únicas armas que conoce: el sexo y la intriga, pero es aplastada por ellas. Bien. El problema es que la realización, en un contexto que hace pensar en el Salò de Pasolini, no funciona como debería y en lugar de dar un buen golpe en el estómago se pierde, sobre todo entre el prólogo y el comienzo del primer acto, en una serie de violencias aparentemente provocativas que terminan en sí mismas, que carecen de objetivo desde el preámbulo. No se va la impresión de que el espectáculo no ha encontrado su cuadratura, dejándolo todo en una superficie de vivos colores, fragmentado además por una incomprensible sucesión de cortinas para los cambios de escena, aunque el sistema de Andrea Belli fue sustancialmente igual para toda la ópera (de hecho, estas pausas no aparecieron en las anteriores representaciones españolas y en Bolonia teníamos además el precedente de los incomprensibles cambios de escena en el Attila firmado por Roberto Abbado: ¡esperamos que las próximas obras hagan más eficiente la máquina del Comunale!). Al final, los tradicionalistas se escandalizaron y hasta esa parte del público que hubiera estado más abierta a una idea atrevida quedó descontenta. Basta pensar en el aporte coreográfico de Sandhya Nagaraja, que podría tener el propósito de ridiculizar al machismo de grupo (se sabe que frecuentemente los autodenominados campeones de la virilidad tienen algo que ocultar), pero cayó en el ridículo también porque tanto en la escena de Rustighello y Astolfo -una amenaza en la niebla que anticipa la atmósfera de Rigoletto y Sparafucile- como en el coro “Rischiarata è la finestra” los tiempos  staccati de Yves Abel acentuaron el riesgo de la parodia. Salvo que aquí no nos encontrábamos en el gran ducado de Gerolstein, ni en Broadway con Mel Brooks, ni en Marte con Corrado Guzzanti. De hecho, la conducción del maestro canadiense (en sustitución del esperado Andriy Yurchevich), muy conocido y apreciado por su participación en obras belcantista, fue la otra decepción de la velada. No sólo la orquesta no se cubrió de gloria, especialmente en la primera escena del prólogo, ni el coro, por cierto, bien preparado por Gea Garatti, se encontró en condiciones de dar lo mejor de sí; y el hueco de la excitación agógica y una sustancial monotonía dinámica crearon varios problemas al espectáculo y enfatizaron todas las debilidades del elenco y de la puesta en escena. Lamentamos constatar, por ejemplo, la evidente incomodidad de Mirco Palazzi (Alfonso), una voz muy noble pero no en perfectas condiciones y por demás obstaculizada por el impresionante desapego de “Vieni, la mia vendetta” como por los vaivenes de la tortura y el abuso que consumió todo alrededor. Estuvo mejor en el dueto con la soprano, e igual estuvo mejor, en general, Stefan Pop, como Gennaro que se anunció indispuesto y quizás por eso renunció a su habitual y atrevida generosidad hacia un canto más controlado que resalta la natural suavidad de su timbre, perfecto para este repertorio, incluso fuera de los límites dictados en condiciones de salud no óptimas. Lamia Beuque fue un educado Maffio Orsini -y el papel requeriría un poco más, en cuanto mordacidad y personalidad- mientras que, en general, no entusiasmó el grupo de aventureros, espías y bandidos a quienes se les otorgó el honor de portar armas a la par, en virtud de experiencia como de veteranía y por la esperanza de la juventud (Cristiano Olivieri, Tommaso Caramia, Tong Liu, Stefano Consolini, Nicolò Donini, Pietro Picone, Luca Gallo). Falta la protagonista, a la espera de un debut capital en la misma sala en la que Mariella Devia lo enfrentó hace veintiún años. También Olga Peretyatko proviene de las Gildas, Lucias y Elviras, pero sabiamente no imita la ambientación de sublime realeza de la soprano de Liguria y construyó su propio personaje con su temperamento, su timbre y su figura. La voz después de la maternidad realmente ha evolucionado, sin perder la elasticidad para honrar la escritura del bel canto (salvo la presencia del dúo “Minacciata è la mia vita” en lugar del aria de Gennaro, ya que se interpretó la versión parisina de 1840, con la virtuosa cabaletta “Si voli il primo a cogliere” en el prólogo). El timbre, aunque ha madurado, mantiene ese regusto ya tan conveniente para las muchachas inocentes o traviesas y aquí reinventado para una figura cuya inocencia ha sido despojada, obligada a la malicia, y a la crueldad, y sin embargo es íntimamente pura y frágil. Es aún más lamentable que la dirección general del espectáculo, entre el podio y la dimensión teatral, permanezca tan incierta e irresuelta, porque en pocas palabras estaría en perfecta sintonía con la Lucrecia Borgia de Peretyatko, en el vestuario de Valeria Donata Bettella a medio camino. entre Luisa Ferida y Doris Duranti, fascinante, fuerte con un poder de papel maché (o celuloide) que en realidad está en manos de los hombres y la devasta en la intimidad. Tenemos pruebas de lo importante que es no ceñirse a priori a las expectativas teóricas y tradicionales de un papel, como tener la inteligencia y la conciencia para ofrecer la propia perspectiva y hacerla interesante. No forzarse a ser otra cosa, sino encontrar el propio camino para darle vida al personaje: así era en la época de Donizetti, basta con mirar los repertorios de las sopranos de la época. Chapeau, por lo tanto, a Olga Peretyatko y una pena si la producción no mostró la coherencia y la plenitud que se hubiera esperado. De hecho, en la primera mitad de la velada no fueron pocas las manifestaciones de intolerancia por parte del público. Si alguno abandonó la sala, pequeños grupos de entusiastas continuaron haciéndose escuchar y los saludos finales continuaron con aprobación unánime. Nadie de la parte teatral se presentó al escenario, pero tras bambalinas ya estaban previstas y justificadas muchas ausencias habiéndose reprogramado el espectáculo con respecto al calendario original (primavera 2020), la superposición de contratos imposibilitaba a todos estar presentes (in primis Paoli, ocupado con ensayos de Tosca en Francia, mientras que en Bolonia las últimas etapas de la obra corrieron a cargo del asistente Paolo Vettori), sin embargo para el público desprevenido no fue una buena señal, sobre todo después de las turbulencias al inicio de la velada Incluso Hugo De Ana se abstuvo de los agradecimientos finales en la apertura de la temporada con Tosca, pero sean cuales sean las razones, siempre son episodios que hacen murmurar al salir del teatro y aumentan la amargura por una noche que se esperaba fuera diferente.

Recensione in italiano: L'Ape Musicale 

https://www.apemusicale.it/joomla/it/recensioni/70-opera/opera-2022/13174-bologna-lucrezia-borgia-07-05-2022



Monday, August 20, 2018

Recital de Olga Peretyatko en el Palau de la Musica de Barcelona

Foto © Antoni Bofill


Ramón Jacques 

Un recital acompañado al piano, en el que se abordaron diversos estilos y repertorios fue el que ofreció la soprano rusa Olga Peretyatko en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, la emblemática y pintoresca sala de conciertos de esta ciudad. Quienes asisten por primera ocasión a este recinto quedan maravillados por la originalidad de su arquitectura y decorados con vitrales, columnas con mosaicos etc. La proximidad entre los artistas con el público y la buena acústica del recinto genera un cierto sentido de intimidad como en este evento.  La destacada interprete comenzó la velada con una serie de tres ‘mélodies’ de Gabriel Fauré como: Les roses d’Isphahan, Clair de lune y Après un rêve, que fue seguida de una secuencia de tres piezas de Franz Liszt: O quand je dors, Loreley y O lieb, so Lang du lieben kansst en las que, si bien exhibió claridad y grata coloración en su canto y su emisión, pareció un poco rígida y poco comunicativa en escena.  Sin embargo, la intensidad fue subiendo de nivel cuando abordó piezas del belcanto, cuyos papeles la han lanzado al estrellato, regalando una alegre y ágil ejecución del aria ‘Oh luce di quest’anima’ de Linda de Chamonuix de Donizetti; así como dos vibrantes arias de Rossini, cargadas de pirotécnica vocal y nitidez como: ‘All’ombra amena’ de Il Viaggio a Reims y ‘Bel raggio Lusinghier’ de Semiramide. Su interpretación de ‘Casta Diva’ de Norma de Bellini no tuvo el resulta deseado, ya que sonó cargada de solemnidad y monotonía, con una dicción no del todo convincente, sin lograr tocar las fibras que normalmente puede alcanzar esta pieza.  Mas afín a su sensibilidad y mas envuelta en el texto se mostró en las tres romanzas de Tchaikovsky como Sred' shumnogo bala op. 38 nr. 3, Ja Li V Pole op.47/7 y en Denj li tsarit. op.47/6, en las que mostró su compenetración con el texto y envolvimiento con la música además de una intensa coloración.  Igual resultado obtuvo con las romanzas de Rachmaninov como: Vocalise, op 34 num 14 y con Vesennye vody, op 14 num 11, y sobre todo con Zdes' khorosho, Op.21, No.7 con la cual brindó uno de los momentos más conmovedores y cálidos de la velada.  No se debe olvidadar que Peretyatko, es actualmente un nombre reconocido en el mundo de la ópera y su presencia atrajo a este recinto a un entusiasta grupo de seguidores que aplaudieron cada una de sus intervenciones.  Al final, debió regalar tres bises: la Vilanelle de Anna dell’Acqua, una canción rusa de Rimsky Korsakov para finalizar con un alegre ‘vals de Julieta’ de Romeo et Juliette. El acompañamiento al piano de Giulio Zappa fue correcto, creando un marco musical adecuado para la voz de la interprete, y que tuvo su oportunidad de mostrarse como solista con: Une caresse à ma femme de Rossini y con las Mazurcas, op 67num 3 y 4 de Chopin.


Recital di Olga Peretyatko - Palau de la Musica Catalana di Barcelona


Foto: A Bofill

Ramón Jacques

Un recital accompagnato al pianoforte, in cui si sono affrontati stili e repertori differenti è stato quello offerto dal soprano russo Olga Peretyatko al Palau de la Musica Catalana di Barcelona, l’emblematica e pittoresca sala da concerti della città. Chi assiste per la prima volta in questo luogo ad uno spettacolo resta meravigliato dalla sua architettura, decorato con vetrate,  con colonne con mosaici. La vicinanza tra pubblico e artisti e la buona acustica genera un certo senso di intimità come per questo evento. La nota interprete ha iniziato con una serie di  Melodie di G. Faurè come: Les roses d’Isphahan, Clair de lune y Après un rêve, seguite da una serie di 3 pezzi di F. Liszt: O quand je dors, Loreley y O lieb, so Lang du lieben kansst nei quali se si è evidenziata bene chiarezza e gradevole timbrica nel suo canto ma l’emissione è parsa un poco rigida e poco comunicativa in scena. Senza dubbio l’intensità si è alzata di livello quando ha affrontato pezzi belcantistici, i cui ruoli l’hanno lanciata verso la celebrità, regalando una esecuzione gioiosa e agile dell’aria “Oh luce di quest’anima” dalla Linda di Chamounix di Donizetti; così come vibranti arie rossiniane colme di vocalità pirotecnica e nitidezza come : “All’ombra amena” dal Viaggio a Reims e “Bel raggio lusingier” dalla Semiramide. La sua interpretazione di “Casta Diva” dalla Norma di Bellini non ha avuto il risultato sperato, già che è suonata carica di solennità e monotonia, con una dizione non del tutto convincente, senza riuscire a toccare le emozioni che abitualmente questo pezzo suscita. Ma alla fine la sua sensibilità e maggior coinvolgimento con il testo si sono mostrate nelle 3 romanze di Tchaikovsky: Sred' shumnogo bala op. 38 nr. 3, Ja Li V Pole op.47/7 y en Denj li tsarit. op.47/6, nelle quali ha mostrato compenetrazione con il testo e coinvolgimento con la musica, con una maggior intensità. Ha ottenuto un uguale risultato con le romanze di Rachmaninov come:  Vocalise, op 34 n. 14 e con Vesennye vody, op 14 n. 11, e soprattutto con Zdes' khorosho, Op.21, No.7  con le quali ha siglato uno dei momenti più caldi e commoventi della serata. Non si deve dimenticare che la Peretyatko è un nome attualmente riconosciuto nel mondo dell’opera e la sua presenza ha attirato in questo luogo un gruppo di ammiratori entusiasti che applaudivano ad ogni suo intervento. Alla fine ha dovuto regalare tre bis: la Vilanelle di Anna dell’Acqua, una canzone russa di Rimsky Korsakov per finire  con l’allegro ‘vals de Julieta’ de Romeo et Juliette. L’accompagnamento al pianoforte di Giulio Zappa è stato corretto creando un tessuto musicale adeguato per la voce dell’interprete e che ha avuto la sua opportunità di mostrarsi come solista con: Une caresse à ma femme di Rossini e con le Mazurcas, op 67 n. 3 e 4 di Chopin. 

Thursday, July 16, 2015

Otello de Rossini en el Teatro alla Scala

© 

Massimo Viazzo

Este Otello de Rossini puesto en escena en el Teatro alla Scala de Milán será recordado sobre todo por el desempeño del elenco, pero no por lo que respecta a la dirección de orquesta y de escena. El triunfador de la velada fue siempre el tenor Juan Diego Flórez. El tenor peruano dio vida a un Rodrigo elegiaco, soñador,  como también electrizante en el desgrane de la coloratura y perfecto en las acentuaciones, haciendo un personaje completo en sus pasiones, desilusiones y reacciones más impulsivas.  A su vez, el Otello de Gregory Kunde pareció a sus anchas en el canto declamado con una punta de altanería en el registro más agudo de la tesitura, mientras que en la zona media-grave el timbre se tornaba grisáceo y anónimo.  Olga Peretyatko (reciente ganadora del Premio Abbiati, que otorga la crítica italiana) encarnó una Desdemona frágil, tierna, con un color vocal luminoso y una técnica solida que la ha permitido un legato cautivante y expresivo.  Solo algunos agudos extremos parecieron un poco tirados hacia fuera.  Bien y a fuego vocalmente, estuvo el Iago de Edgardo Rocha, correctamente ambiguo e intrigante. El elenco fue completado por Roberto Tagliavini (Elmiro) y Annalisa Stroppa (Emilia) ambos muy motivados y seguros, y con una vocalidad sana y robusta. Optimo como siempre, estuvo el Coro del Teatro alla Scala, mientras que la dirección de Muhai Tang no convenció completamente por una cierta monotonía de impostación y falta de finura. El espectáculo firmado por Jurgen Flimm no dejo ninguna señal, ya que fue casi pobre de ideas y de intuiciones dramatúrgicas.  

Otello di Rossini - Teatro alla Scala, Milan

© 
Questo Otello rossiniano andato in scena al Teatro alla Scala di Milano sarà ricordato soprattutto per la prova del cast, meno per quanto riguarda la direzione d’orchestra e la regia. Trionfatore della serata sempre lui, Juan Diego Florez. Il tenore peruviano ha dato vita ad un Rodrigo elegiaco, sognante, ma anche elettrizzante nello sgranare la coloratura e perfetto nelle puntature, un personaggio completo nelle sue passioni, delusioni e reazioni più impulsive. L’Otello di Gregory Kunde, invece, è parso a sua agio nel canto declamato con una punta di spavalderia nel registro più acuto della tessitura, mentre in zona media-grave la timbrica si faceva più grigiastra e anonima. Olga Peretyatko (recente vincitrice del Premio Abbiati, il premio della critica italiana) ha incarnato una Desdemona fragile, tenera, con un colore vocale luminoso e una tecnica solida che le ha consentito un legato accattivante ed espressivo. Solo qualche acuto estremo è parso un po’ tirato via. Ben a fuoco vocalmente anche lo Jago di Edgardo Rocha, giustamente ambiguo e intrigante. Il cast era completato da Roberto Tagliavini (Elmiro) e Annalisa Stroppa (Emilia) entrambi ben motivati e sicuri, e di vocalità sana e robusta. Ottimo come sempre il Coro del Teatro alla Scala, mentre la direzione di Muhai Tang non ha convinto completamente per una certa monotonia di impostazione e mancanza di finezze. Lo spettacolo firmato da Jurgen Flimm non ha lasciato alcun segno, così povero di idee e di intuizioni drammaturgiche.

Saturday, April 25, 2015

I Puritani - Teatro Regio di Torino

Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio
Renzo Bellardone
Una narrazione dalle tinte fosche, ben rappresentata dalla scenografia cupa e goticheggiante di Tiziano Santi. La grande cupola rovesciata sparirà parzialmente alla fine del primo atto e completamente al cambio scena del secondo. Le luci di Marco Filibeck hanno grande importanza ed efficacia con tagli decisamente esaltanti dei colori di scena, dai vari toni di grigio, all’azzurro ed al bronzo ramato; luci molto evocative quando illuminano con spaccature di color fuoco i volti dei danzatori mimi in movimento sopra le tombe. Il regista Fabio Ceresa ha diretto con movimento delle masse e atleticità degli interpreti. Senza antiche credenze Giuseppe Palella ha inserito molto viola nei costumi di scena davvero belli ed azzeccati. Michele Mariotti ha dimostrato le proprie capacità di lettura interpretativa estraendo molta poesia e limitando al minimo l’euforia risorgimentale. Il baritono Nicola Alaimo ha offerto un tono dolce ed accorato con chiaro fraseggio. Olga Peretyatko, con agilità fisiche e presenza scenica ha reso il personaggio di Elvira con cristallinità e limpidezza. Dmitry Korchak ha interpretato Arturo con piglio e bei passaggi di colore, con poetica gestione dell’emissione. Nicola Ulivieri ha offerto il bel timbro,  con possanza vocale e forte immedesimazione, riuscendo a coinvolgere fortemente  il pubblico torinese . 
Fabrizio Beggi e Samantha Korbey hanno dato ottima prova. Di grande interesse i movimenti scenici di ‘Fattoria Vittadini’ che completano alcune scene, ravvivando il momento del ‘velo di Elvira’ qui dalle tinte scure. La prima rappresentazione dell’altro cast, che ha riscosso un incredibile successo di pubblico: Sir Valton ha trovato in Mirco Palazzi un parimenti valido interprete, dalla voce naturalmente brunita e molto possente. Simone del Savio ha convinto per alcune rotondità e felici passaggi, porgendo con dolce armonia. Enea Scala si è imposto con una gran bella complessiva interpretazione e con voce matura ed emissione luminosa. Sia per lui che per l’interprete femminile, applausi ripetuti a scena aperta. Desiree Rancatore si è dimostrata una giustamente affermata interprete: sicura nel ruolo, sempre accattivante e preziosa nelle agilità e nelle coloriture. Il Coro del Regio ha raggiunto traguardi sempre più alti sia per la validità del direttore Claudio Fenoglio, che per i coristi di gran vaglia.  La musica vince sempre

Sunday, March 16, 2014

La Novia del Zar de Rimsky Korsakov en el Teatro alla Scala

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Después de la discutida Traviata inaugural, Dmitri Tcheniakov volvió a la Scala para montar la opera rusa La Novia del Zar (Carskaja Nevesta) en coproducción con la Staatsoper unter den Linden de Berlín, y aunque en esta ocasión el público y la critica expresaron puntos de vista contrastantes, el director de escena ruso proyecto la historia en el mundo contemporáneo. Cuando se abrió la cortina nos encontramos en un estudio de televisión en el que se estaba elaborando un diabólico plan mediático para gobernar Rusia. La creación de un zar virtual que pudiera ser amado y temido por el pueblo para someterlo cruelmente. Para dar la mayor credibilidad posible a esta figura creada en la pc se colocó a su lado una novia de carne y hueso, y esta fue la fuerte idea sobre la que se baso esta producción en el fondo de la cual se entrelazaron los eventos y las turbias pasiones del libreto de Tjumenev, en una ambientación un poco a la mitad del camino entre el gran hermano y el show de Truman.  No se puede negar la extrema coherencia de esta lectura teatral seguida desde la primera hasta la última batuta de la partitura con un escrupuloso cuidado de los detalles y de la recitación.  Optimo estuvo el elenco, dominado por las dos protagonistas femeninas como la frágil y luminosa Marfa de Olga Peretyatko, con un timbre muy puro, una mórbida línea musical y mucha seguridad en el registro agudo; así como la pérfida Ljubaša cantada con la suntuosa voz de timbre aterciopelado de una Marina Prudenskaya en gran forma vocal. El baritono Johannes Martin Kränzle de voz penetrante y solida emisión, personificó con notable presencia escénica al ardiente Grjaznoj, mientras que el tenor Pavel Černoch cantó con expresividad al enamorado Lykov, aunque con alguna aspereza en el timbre. Es de destacar también al insinuante mago Bomelij de Stefan Rügamer, al extrovertido Sobakin del experto Anatoly Kotscherga y el comunicativo Maljuta de Tobias Schabel. Aun carismática, estuvo Anna Tomowa-Sintow en el papel de Doña Saburova. Daniel Barenboim imprimió un ritmo teatral muy conciso y entusiasta a la magnífica partitura de Rimsky-Korsakov, nunca antes presentada en el teatro milanés, y estuvo bien coadyuvado por la Orquesta del Teatro alla Scala y el siempre bien preparado coro dirigido por Bruno Casoni.  

La fidanzata dello zar - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Dopo la discussa Traviata inaugurale Dmitri Tcherniakov torna alla Scala per l’opera russa La Fidanzata dello Zar, una coproduzione con la Staatsoper unter den Linden di Berlino. E anche questa volta pubblico e critica hanno espresso pareri contrastanti. Il regista russo proietta la vicenda nel mondo contemporaneo. Quando il sipario si apre  ci troviamo in uno studio televisivo in cui si sta elaborando un diabolico piano mediatico per governare la Russia: la creazione di uno zar virtuale che possa farsi amare e temere dal popolo per sottometterlo crudelmente. E per dare maggior credibilità possibile a questa figura realizzata al pc si decide di affiancargli una fidanzata in carne ed ossa. E’ questa l’idea forte che sta alla base di questo allestimento sullo sfondo del quale si intrecciano le vicende passionali e torbide del libretto di Tjumenev, in una ambientazione un po’ a metà strada tra il Grande Fratello e il Truman Show. Non si può negare l’estrema coerenza di questa lettura registica perseguita dalla prima all’ultima battuta della partitura con cura scrupolosa del dettaglio e della recitazione. Ottimo il cast, dominato dalle due protagoniste femminili, la fragile e luminosa Marfa di Olga Peretyatko, dalla timbrica pura, la linea musicale morbida, e sicurissima nel registro più acuto, e la perfida Ljubaša cantata con voce sontuosa e timbricamente vellutata da una Marina Prudenskaya in gran forma vocale. Il baritono Johannes Martin Kränzle di voce penetrante ed emissione salda impersonava con notevole presenza scenica l’ardente Grjaznoj, mentre il tenore Pavel Černoch cantava con piglio e vigore la rte dell’innamorato Lykov, pur con qualche asprezza timbrica. Da segnalare anche l’insinuante mago Bomelij di Stefan Rügamer, l’estroverso Sobakin dell’esperto Anatoly Kotscherga e il comunicativo Maljuta di Tobias Schabel. Ancora carismatica, infine, Anna Tomowa-Sintow nei panni di Donna Saburova. Daniel Baremboim ha impresso un ritmo teatrale serratissimo e trascinante alla magnifica partitura di Rimsky-Korsakov, mai eseguita nel teatro milanese, ben coadiuvato dall’Orchestra del Teatro alla Scala e dal sempre preparato Coro diretto da Bruno Casoni.

Monday, September 10, 2012

Rossini Opera Festival 2012

Quest’anno il Rossini Opera Festival di Pesaro ha presentato due nuove produzioni (Ciro in Babilonia e Il Signor Bruschino), un riallestimento (Matilde di Shabran) e il consueto Viaggio a Reims curato dall’Accademia Rossiniana. Ciro in Babilonia giungeva, anzi, per la prima volta assoluta sul palcoscenico del Rof, opera di argomento biblico, drammaturgicamente forse un po’ scontata, ma musicalmente assai interessante. Composta nel periodo delle farse giovanili, ebbe la sua première a Ferrara durante la Quaresima del 1812 non riuscendo mai ad entrare stabilmente in repertorio. Anche le riprese moderne sono state piuttosto rare. La responsabilità del Rossini Opera Festival era, quindi, evidente. Il regista Davide Livermore rifacendosi ai primi kolossal di inizio Novecento sistemava il pubblico del Teatro Rossini in una vera e propria sala cinematografica. I personaggi, con i visi incorniciati da barbe posticce, e che indossavano gli splendidi costumi disegnati Gianluca Falaschi caratterizzati da ampie tuniche mosse da motivi geometrici in bianco e nero, enfatizzavano così la recitazione proprio sullo stile del cinema muto, mentre sullo sfondo la proiezione di immagini sbiadite e tremolanti, alternate alle caratteristiche didascalie, completavano la scena. L’estroso regista torinese prevedeva anche la presenza di figuranti in palcoscenico a rappresentare il pubblico del cinematografo che commentava, emozionandosi al prosieguo della vicenda del «film» che si svolgeva sotto i propri occhi. Insomma, una gran bella idea sviluppata con estrema coerenza e un po’ di ironia. Molto apprezzata anche la parte musicale dello spettacolo guidata da una Ewa Podles, nel ruolo del titolo, ancora in grado di entusiasmare il pubblico con quel suo timbro «antico», di grana grossa, ma caldo e battagliero nonostante la carenza di omogeneità nel registro più grave (comunque elettrizzante) e qualche difficoltà nei fiati. Jessica Pratt, nei panni della sposa Amira, ha realizzato un capolavoro di tecnica e finezza. La purezza dell’emissione, l’intraprendenza nella coloratura e la indubbia maturità interpretativa la pongono oggi ai vertici del panorama belcantistico internazionale. L’ardente Michael Spyres ha donato la sua voce da baritenore al «cattivo» dell’opera, il crudele Baldassarre, con una emissione omogenea in tutta la gamma e una manifesta facilità nell’affrontare il canto più virtuosistico senza perdere in peso vocale. Buone anche le parti di fianco, lo Zambri di Mirco Palazzi, l’Argene di Carmen Romeu, l’Arbace di Robert Macpherson e il sonoro Daniello di Raffaele Costantini. Il Coro e l’Orchestra del Teatro Comunale di Bologna diretti con precisione e proprietà stilistica da Will Crutchfield hanno dato, infine, il loro prezioso contributo alla notevole riuscita della serata.

Musicalmente, il nuovo Bruschino, si è retto quasi completamente sulle spalle di Carlo Lepore e di Roberto De Candia, due vecchie volpi del canto rossiniano. Il primo ha donato la sue voce rotonda e ben timbrata (buone risonanze nel grave) al buffo Gaudenzio, mentre il secondo, in scena con una ridicola gamba ingessata, caratterizzava con una dizione perfetta al meglio le smanie e le eccentricità di Bruschino padre. Più uniforme, seppur corretta, la prova di David Alegret nei panni dell’innamorato Florville, mentre Sofia era impersonata dall’evanescente Maria Aleida, dotata di interessanti sovracuti, ma un po’ troppo flebile nel registro medio-grave. Daniele Rustioni ha guidato l’Orchestra Sinfonica G. Rossini con precisione, ma senza molta fantasia. L’allestimento, curato dal Teatro Sotterraneo, ambientava la farsa in una immaginaria Rossiniland, terra in cui i turisti venivano accompagnati alla scoperta delle meraviglie rossiniane. Ma nonostante l’impianto scenico divertente (sul palco oltre alla locanda «Da Filiberto» c’erano anche un distributore automatico di bibite, un negozio di souvenir, una mappa con le indicazioni per trovare la Gazza Ladra, il Gugliemo Tell o il Barbiere di Siviglia, una toilette...) la prova registica non è parsa completamente riuscita a causa di una serie di gags vecchio stile e un po’ scontate, in un ritmo narrativo complessivo privo di verve.

Grandi ovazioni, invece, per la ripresa della Matilde di Shabran, l’opera che quindici anni fa aveva lanciato Juan Diego Florez tra le stelle del canto rossiniano, e che ancora oggi è strettamente legata alla sua carriera. Florez, ancora una volta, ha incantato il pubblico per la perfezione del suo canto in uno dei ruoli tenorili, il bisbetico Corradino, più impervi e faticosi del repertorio: ha saputo essere spavaldo e tenero, prepotente e sognante, in un vero tour de force pirotecnico di emozioni. Olga Peretyatko è stata all’altezza nel difficile compito di rivaleggiare con un interprete di tal raffinatezza, e la sua Matilde è piaciuta per bellezza timbrica, sicurezza nelle agilità e brillantezza. Nei sovracuti, invece, il soprano russo ha palesato qualche difficoltà. Di grande temperamento e ardimentosa, anche se non sempre vocalmente a fuoco in alto, la prova di Anna Goryachova nel ruolo en travesti di Edoardo, ed esilarante l’Isidoro di Paolo Bordogna, fermo negli acuti e simpaticissimo. Debordante Nicola Alaimo (Aliprando), seppur con qualche forzatura nel registro superiore, e sicuro Simon Orfila come Ginardo. Insomma, un cast di alto livello completato dall’eccezionale direzione di Michele Mariotti a capo dei complessi del Teatro Comunale di Bologna. Mariotti ha diretto con fantasia inesauribile, galvanizzando l’orchestra con gesto preciso e intenso. E così anche un semplice accompagnamento con lui poteva acquistare un insolito motivo di interesse. L’ormai classico spettacolo di Mario Martone, costruito intelligentemente attorno ad una grande scala a chiocciola girevole al cui vertice, incombente ma invisibile, sta il castello di Corradino, è stato registrato dai tecnici della DECCA e troverà prossimamente la via del DVD.

In conclusione, ecco il Viaggio a Reims del giovani cantanti dell’Accademia con la semplice, ma efficace regia di Emilio Sagi, allestito ormai da più di un decennio e palestra per i futuri interpreti rossiniani. Nella prima parte dello spettacolo, ambientato in un «centro benessere», in palcoscenico c’erano solo sedie a sdraio disposte una accanto all’altra, mentre nella seconda a ravvivare la scena trovavamo una fila sospesa di luci accese per la festa imminente. Da sottolineare la coerenza stilistica di tutto il cast nel quale emergeva il Don Profondo di Davide Luciano, già maturo vocalmente e dal punto di vista attoriale e pronto per affrontare esperienze più importanti. E’ piaciuta anche la vocalità sana di Filippo Fontana anche se per propria inclinazione la parte buffa di Trombonok non gli si addiceva molto. Di bel timbro e tecnicamente salda la Corinna di Ilona Mataradze e vocalmente esuberante la Melibea di Raffaella Lupinacci. Elegante e ben timbrato nei centri, ma in difficoltà in zona acuta, il Lord Sidney di Baurzhan Anderzhanov mentre un po’ discontinua seppur dotata di ampia estensione la Contessa Folleville di Hulkar Sabirova, e espansivo il Belfiore di Davide Giusti. Corretta, infine, la prova orchestrale affidata alla bacchetta di Pietro Lombardi.





Sunday, September 9, 2012

Rossini Opera Festival de Pesaro Italia, edición 2012

Este año el Rossini Opera Festival de Pesaro presentó dos nuevas producciones (Ciro in Babilonia e Il Signor Bruschino) una reposición (Matilde di Shabran) y el ya conocido Viaggio a Reims por cuenta de la Accademia Rossinia. Ciro in Babilonia, que llegó en su primera presentación absoluta al escenario del ROF, es una opera de argumento bíblico quizás un poco disminuida desde el punto de vista dramatúrgico pero musicalmente muy interesante. Compuesta en el periodo de las farsas juveniles, tuvo su première en Ferrara durante la Cuaresma de 1812 sin lograr entrar nunca de manera estable al repertorio. También las representaciones modernas han sido algo raro. Por la tanto, la responsabilidad del Rossini Opera Festival era mas que evidente. El director de escena Davide Livermore volviendo a los primeros kolossal de inicios del siglo veinte, situó al público del Teatro Rossini en una verdadera sala cinematográfica. Los personajes de caras con barbas pegadas y que vestían los esplendidos vestuarios diseñados por Gianluca Falaschi, caracterizados por amplias túnicas movidas por motivos geométricos en blanco y negro, enfatizaban la recitación justo en el estilo del cine mudo, mientras que al fondo las proyecciones de imagines descoloridas y vibrantes con leyendas que se alternaban a las características escénicas señaladas, completaron la escena. El creativo director de Turín dispuso también de la presencia de figurantes en la escena que representaban al público de un cinematógrafo que emocionado comentaba el transcurso del «film» que se desarrollaba bajo los propios ojos. En suma, fue una buena idea desarrollada con extrema coherencia y un poco de ironía. Muy apreciada fue también la parte musical del espectáculo, encabezada por Ewa Podles, en el papel principal, que aun puede entusiasmar al público con su timbre «antiguo» de gruesa consistencia pero calido y combativo no obstante su carencia de homogeneidad en el registro mas grave (de cualquier manera fue electrizante) y de algunas dificultades en el fiati. Jessica Pratt en el papel de la esposa Amira, realizó una obra maestra de técnica y finura. La pureza de la emisión, el manejo de la coloratura y la indudable madurez interpretativa la colocan en la cúspide del panorama belcantista internacional. El ardiente Michael Spyres prestó su gran voz de baritenor al malo de la opera, el cruel Baldassarre, con una emisión homogénea en toda la gama y una manifiesta facilidad para afrontar el canto mas virtuoso sin perder peso vocal. Bien estuvieron las demás partes como el Zambri de Mirco Palazzi, la Argene de Carmen Romeu, el Arbace de Robert Mcpherson y el sonoro Daniello de Raffaele Costantini. El coro y la orquesta del Teatro Comunale de Bologna dirigidos con precisión y propiedad estilística por William Crutchfield, dieron al final, su valiosa contribución al notable éxito de la velada.


Musicalmente, el nuevo Bruschino, fue soportado casi completamente por las espaldas de Carlo Lepore y de Roberto De Candia, dos viejos lobos del canto rossiniano. El primero prestó su voz rotunda y bien timbrada (con buena resonancia en el grave) al buffo Gaudenzio, mientras que el segundo, en escena con una ridícula pierna enyesada, caracterizó con una perfecta dicción al menos de la mejor manera el nerviosismo y la excentricidad de Bruschino padre. Mas uniforme, aunque correcta, fue la prueba de David Alegret en el papel del enamorado Florville, mientras que Sofia, fue personificada por una Maria Aleida dotada de muy interesantes sobreagudos, pero que exhibió poco peso vocal y estuvo débil en el registro medio-grave. Daniele Rustioni guío a la Orchestra Sinfonica G. Rossini con precisión pero sin mucha fantasía. La producción escénica creada por el Teatro Sotterraneo, ambientó la farsa en una imaginaria Rossinilandia, tierra en la que los turistas llegaban acompañados para descubrir la maravillas rossinianas. Pero a pesar de la divertida instalación escénica (sobre el escenario además del letrero «Da Filiberto» había una maquina de bebidas, un negocio de souvenirs, una mapa con indicaciones para encontrar la Gazza Ladra, Gugliemo Tell o el Barbiere di Siviglia, un baño...) la dirección escénica no pareció cumplir su objetivo debido a una serie de gags de estilo viejo y un poco disminuidos, en un ritmo narrativo que en complejo estuvo privado de verve.

Grandes ovaciones tuvo la reposición de Matilde di Shabran la opera que hace quince años lanzó al estrellato del canto rossiniano a Juan Diego Florez, y ahora esta estrechamente ligado a su carrera. Florez una vez más encantó al público por la perfección de su canto en uno de los papeles para tenor, el del gruñón Corradino, más difíciles y fatigosos del repertorio, con el que supo ser arrogante y tierno, prepotente y soñador en un verdadero tour de force pirotécnico de emociones. Olga Peretyatko estuvo a la altura en la difícil tarea de rivalizar con un intérprete de tal refinamiento, y su Matilde gustó por la belleza de su timbre, la seguridad en las agilidades y en la brillantez. Sin embargo, en los sobreagudos, la soprano rusa tuvo algunas dificultades. De gran temperamento y temeraria, aunque no siempre vocalmente a fuego en las notas altas, estuvo la prueba de Anna Goryachova en el papel en travesti de Edoardo. Comiquísimo y muy divertido fue el Isidoro de Paolo Bordogna, quien mostró firmeza en los agudos. Desbordante estuvo Nicola Alaimo como Aliprando, aunque se le notó algo forzado en el registro superior y Simon Orfila bordó un seguro Ginardo. En suma, fue un elenco de alto nivel complementado por la excepcional conducción de Michele Mariotti de nuevo al frente de la agrupación del Teatro Comunale de Bologna. Mariotti dirigió con interminable fantasía, y galvanizó a la orquesta con un gesto preciso e intenso, y así, tan solo un simple acompañamiento suyo fue un insólito motivo de interés. El hoy convertido en un espectáculo clásico de Mario Martone, construido inteligentemente alrededor de una grande escalera en espiral en cuya parte más alta, colgando pero invisible, se encontraba el castillo de Corradino fue grabado por técnicos de la Decca y encontrará próximamente la vía del DVD.

Para concluir, se realizó un Viaggio a Reims con jóvenes cantantes de la Accademia, y con la simple, pero eficaz dirección escénica de Emilio Sagi, presentada en escena desde hace mas de diez años para futuros interpretes rossinianos. La primera parte del espectáculo, fue ambientada en un spa o «centro de bienestar», con camastros de playa situados uno al lado del otro sobre el escenario, mientras que en la segunda parte, para revivir el espectáculo se veía una fila de luces colgantes que representaban una inminente fiesta. Se debe subrayar la coherencia estilística de todo el elenco, del cual sobresalió el Don Profondo de Davide Luciano, artista ya maduro vocalmente y desde el punto de vista actoral listo para afrontar experiencias más importantes. Gusto también la sana vocalidad de Filippo Fontana aunque por propia inclinación de la parte bufa de Trombonok no agregó mucho. De bello timbre y técnicamente sólida estuvo la Corinna de Ilona Mataradze, como vocalmente exuberante estuvo la Melibea de Raffaella Lupinacci. Elegante y bien timbrado en el centro, pero en dificultad en la zona aguda estuvo el Lord Sidney de Baurzhan Anderzhanov mientras que un poco discontinua, a pesar de estar dotada de una amplia extensión fue la Condesa Foleville de Hulkar Sabirova. Expansivo fue el Belfiore de Davide Giusti y correcta, al final, fue la prueba orquestal confiada a la baqueta de Pietro Lombardi.


Tuesday, August 21, 2012

Matilde di Shabran - Rossini Opera Festival


Foto Studio Amati Bacciardi

Renzo Bellardone

ROSSINI  OPERA  FESTIVAL  2012 Adriatic Arena - Venerdì 17 agosto MATILDE DI SHABRAN. Direttore- Michele Mariotti. Regia- Mario Martone. Costumi- Ursula Patzak Scene - Sergio Tramonti. Progetto Luci- Pasquale Mari. Orchestra e Coro del Teatro Comunale di Bologna. Maestro del Coro- Lorenzo Fratini. Matilde di Shabran- Olga Peretyatko, Edoardo- Anna Goryachova. Raimondo López- Marco Filippo Romano Corradino- Juan Diego Florez. Ginardo- Simon Orfila. Aliprando- Nicola Alaimo Isidoro- Paolo Bordogna. Contessa d'Arco- Chiara Chialli. Egoldo- Giorgio Misseri. Rodrigo- Luca Visani
Un ambiente buio e tetro,come buia e tetra è  l'atmosfera creata dal padrone di casa,Corradino: la scena si componeessenzialmente di due scale concentriche che ruotando come il soleintorno alla terra nel sistema solare, creando diverse ambientazionie configurazioni che visualizzano  l'imponente scala padronale, lavia di fuga, e forse anche una gigantesca  chiave di violino. Sergio Tramonti ha colto nel segno con la sobria eleganza  che il progetto luci di Pasquale Mari ha raffinatamente essenzializzato. Mario Martone ha diretto il palcoscenico con fedele lettura e con occhio ironico. Sul podio, a dirigere l'Orchestra del Teatro Comunale di Bologna il giovane talentuoso Michele Mariotti che con grande ispirazione e ricercaha diretto entusiasmando sia il pubblico che la buca fin dallasinfonia iniziale prima dolcissima e poi ricca di movimenti. Il Coro -sempre del Comunale di Bologna- è stato diretto dal maestro Lorenzo Fratiniche sa ricavare belle atmosfere e gradevoli vocalità. Il cast di tutta eccellenza, già sulla carta crea fremente attesa, immediatamente confermata e superata dalla realtà del palcoscenico. Nel ruolo del titolo  Olga Peretyatko, duttile e con colorazioni vivide e fresche che estende in virtuosistiche agilità; ben duetta con il grande Juan Diego Florez che da un'interpretazione di Corradino stilisticamente ineccepibile con brillantezza di emissione e puntuali colori confermando il suo essere interprete di riferimento. Corradino, burbero da sempre,  lascia che  il suo cuor di ferro venga tramutato in un cuore innamorato gestito dalle abili scaltrezze femminine, che ricordano l'altro personaggio rossiniano, Rosina...Una Voce poco fa.... Anna Goryachiova è Edoardo: voce piena ed ambrata dai bei riflessi solari. Si muove con piglio deciso, interpretando con sentimento partecipato chiaramente evidenziato attraverso l'emissione.
Il basso Simon Orfila è il torriere  Ginardo: presenza scenica e timbro pieno dalle bellerotondità e colorazioni sta molto in scena, creando addirittura unascenetta esilarante col basso Paolo Bordogna: indossate tendedi scena mimeranno con  un girotondo i corteggiamenti di Matilde a Corradino. Bordogna, molto amato al Rof, offre sempre prestazioni dagrande attore buffo e da grande cantante lirico, come in quest'operadove poetastro da quattro soldi -Isidoro- cerca di ingraziarsi iricchi cantando  loro le lodi e le gesta in un napoletano colorato:voce robusta  e ben dosata viene modulata con tecnica consolidata edefficace. Marco Filippo Romano è il giovane basso che si sta sempre più affermando per la sua vocepotente, il fraseggio chiaro ed i colori scuri che impreziosiscono il bel timbro qui riservato al personaggio di Raimondo Lopez. Aliprando il dottore,rivive attraverso Nicola Alaimo che vivacemente  arricchiscela scena con imponente presenza ed imponenete voce definita nelregistro  basso ricca di sfumature e colorature.  La stizzosa Contessa d'Arco prende vita con la limpida voce di Chiara Chialli  chesi estende in agilità colorate. Apprezzabili  anche le prestazioni di Giorgio Misseri e Luca Visani. La Musica vince sempre.

Friday, September 3, 2010

Sigismondo - Rossini Opera Festival 2010, Pesaro

Teatro Rossini: Sigismondo non giace più tra i ceppi e le ritorte.
(edizione critica di Paolo Pinamonti).
(replica del 15 agosto 2010)

Giosetta Guerra

Michieletto… Michieletto … lo sapevo che dovevo tenerti d’occhio! Ci hai dato una bella lezione di come deve essere un ospedale psichiatrico: luminoso, pulito, lineare, senza fronzoli, con medici e infermieri pronti e disponibili e chissà che poi qualcuno non rinsavisca, come succede a Sigismondo, impazzito per una scelta criminale contro la moglie e rinsavito per averla ritrovata.
Gli attacchi di follia di Sigismondo, re di Polonia, che esplodono in gridi animaleschi, la visione di pluri fantasmi con l’aspetto della moglie Aldimira, la presentazione che il librettista Giuseppe Foppa fa del re (“con tutto il disordine della più tetra fissazione e senza conoscimento… gira l’occhio stupidamente ed ascolta”) e del suo primo ministro Ladislao che non è tanto sano di mente, se, come Jago, trama sotto sotto contro il re e la regina, hanno dato a Damiano Michieletto l’idea di ambientare il primo atto di Sigismondo, dramma per musica in due atti di Gioachino Rossini, in un’ampia corsia d’un moderno nosocomio, tutta bianca, con alti finestroni, letti bianchi occupati da malati mentali con tic e deambulazione precaria, un tavolo centrale, dottori e infermiere che somministrano medicine. Sigismondo, scarmigliato, sguardo assente, dentro un camicione incolore, è trasportato su una sedia a rotelle. Anche il coro è formato da un branco di matti che crea un certo scompiglio. È vero che non si vedono gli appartamenti di Sigismondo, né la casa di Aldimira ai margini della foresta, ma per chi ha perso la ragione un posto vale l’altro ed è certo più salutare stare in ospedale.

Nel secondo atto le pareti diventano di legno marrone e i finestroni divengono vetrages, perché siamo in una sala del palazzo reale di Sigismondo, che fisicamente ha perso i connotati del folle ed è in abiti militari come tutti i coristi. Variando a vista la posizione degli arredi, l’ambiente assume l’aspetto di una sala consiliare, una sala da pranzo, una sorta di ufficio. E i matti? Son rimasti in ospedale? No, no! Quando ti sembra di averli seminati, te li vedi ricomparire sospettosi dietro le grandi finestre, che tentano di aprire anche graffiando i vetri, e pure il re alterna momenti di lucidità a momenti di grande insicurezza. Lo spettacolo è studiato e rifinito in ogni dettaglio e, se non sei un osservatore acuto, neanche ti accorgi che la naturalezza del risultato è l’insieme di una gran quantità di particolari. Gli allestimenti di Michieletto continuano a sbalordirti anche nel ricordo e ti lasciano una sensazione di freschezza. L’idea registica di Michieletto trova un valido sostegno in Paolo Fantin che realizza le scene, in Carla Teti che cura i costumi e in Alessandro Carletti, disegnatore delle luci: un quartetto doc, che riesce a darci in contemporanea la visione di ciò che accade in scena e di ciò che c’è e che succede al di fuori dell’ambiente scenico. Strabiliante. Ricordate l’anno scorso, in quella Scala di seta si vedeva addirittura ciò che accadeva sotto la finestra che si apriva sul fondale. Cioè si vedeva ciò che avveniva nella parte posteriore del palcoscenico sotto il livello del palcoscenico stesso. E anche in Sigismondo si vedono vari piani d’azione: la sala chiusa da pareti, un altro ambiente dietro, i corridoi laterali che vanno fino in fondo. Una magia di vetri e di specchi per dare una sensazione di ordine ad una casa di matti. Roba da matti! Mi piacerebbe veder lavorare questo team. Come regista Damiano Michieletto cura con precisione certosina lo studio dei personaggi e la preparazione attoriale degli interpreti, isola ed esalta le fobie dei malati mentali che gesticolano in modo ossessivo o convulsivo (Sigismondo ripete un informe gesto con le mani tremolanti e vede l’immagine triplicata della moglie, un matto si gratta la testa per tutta la serata).

Altra magia è stata la prova superba di Daniela Barcellona en travesti. Mai l’artista m’apparve sì brava sia nell’arte scenica sia nell’arte del canto. Quasi irriconoscibile nel primo atto nelle vesti informi di un personaggio difficile, estremo e teatralmente scomodo, interpreta col corpo (a volte contorto, a volte raggomitolato per terra, accanto alla gamba di un letto quasi a proteggersi), con le mani (che stringono un cuscino o cercano di togliersi qualcosa dalle dita), con lo sguardo carico di spavento e la faccia percorsa da brividi d’insicurezza, interpreta, dicevamo, le ossessioni, le allucinazioni, gli smarrimenti, le paure, le trepidazioni di un essere mentalmente disturbato. Bisogna vederla e si rimane sconvolti. Nel secondo atto invece prende forma l’uomo nella sua divisa militare di re e anche le criticità mentali appaiono attenuate ma non cancellate. Vocalmente è uscito tutto il mezzosoprano che è in lei, con suoni caldi e rotondi, acuti stratosferici, naturalezza d’emissione anche negli affondi, linea di canto perfetta con grande equilibrio tra i vari registri; la scrittura fiorita e complessa dell’aria di coloratura “Alma rea” seguita dalla cabaletta “Ah, se m’ ami, idol mio”, con la quale Sigismondo chiede perdono alla moglie ritrovata, è eseguita alla perfezione; la voce è solida ed è in un momento di grazia particolare, ma, a mio avviso, è anche la scrittura della partitura che non segue la comune routine rossiniana, anche se alcune parti sono come al solito reimpiegate, ha lunghe frasi musicali, assolutamente adatte alla vocalità del mezzosoprano, una tinta diversa dalle opere che la Barcellona ha interpretato en travesti. Olga Peretyatko (Aldimira che magicamente si moltiplica, prima in tailleur chiaro e cappello maschile e poi in abito bianco con cappellino) ha voce sopranile melodiosa, è una virtuosa con zona grave corposa e zona acuta perlacea, splendida tecnica d’ emissione con l’uso della messa di voce e dei filati. Antonino Siragusa esegue con incisività d’accento e proprietà stilistica gli ampi sbalzi delle arie di Ladislao, la voce chiara e asprigna è ben proiettata nel registro centrale, ma ha minor facilità del solito a svettare in tessitura acuta e sovracuta, dove i suoni sono ingolati. Andrea Concetti, nel duplice ruolo del medico Ulderico e del nobile polacco Zenovito, ha un bel modo di porgere una voce morbida, densa e scura. Manuela Bisceglie, come Anagilda, è un sopranino corretto. Enea Scala nel ruolo di Radoski, confidente di Ladislao, è un bravo tenore.

Michele Mariotti, al debutto nella sua città, dirige con mano leggera l’Orchestra e il Coro del Teatro Comunale di Bologna (preparato da Paolo Vero) e contribuisce al successo di questo spettacolo, che non ci aspettavamo così ben fatto e con tanta bella musica che spesso allenta le tensioni, che ha trasparenze e leggerezze quasi sinfoniche e/o pastorali, delicati duetti carichi di poesia, brevi intermezzi danzanti, oltre al frizzo del crescendo rossiniano. Un’opera da rivedere così com’è rinata a Pesaro. sono sempre stati garanzia al ROF di impegno e qualità, garanzia pienamente soddisfatta anche in questa occasione.